Feliz viernes trece!
Tener los ojos vendados y quedar a merced de un vampiro no era algo que él llamara seguro, sin embargo era de las cosas más excitantes que había hecho. Hacía todo más intenso, tenía que valerse de los demás sentidos cuando no podía usar la vista.
Kaname había usado un trozo de tela para vendarle los ojos, como extra tenía sus manos sujetas por las muñecas a la altura de su cabeza. Había notado que cuando le tapaba los ojos Zero gritaba y al quitarle la tela se notaban restos de lágrimas. No podía quejarse si Zero lo disfrutaba tanto.
