Capitulo III

–-¡Vanessa! –-me llamó Emmett desde la cocina.

Dejé el libro, que estaba leyendo, encima del escritorio y bajé las escaleras corriendo. Cuando entré vi que Esme estaba junto a Emmett terminando de preparar mi cena.

Me senté a la mesa.

–-Bueno, a ver que te parece –-Emmett me puso el plato delante –-la hemos hecho entre los dos.

Habían hecho una empanada rellena de atún con tomate ¡mm… Deliciosa!

–-Está buenísima –-les felicité después de saborear el primer bocado.

–-Gracias, Vanessa. –-un sonrisa iluminó el rostro de Esme.

Papá entró en la cocina y se sentó junto a ella.

Comí, lentamente, saboreando delicadamente aquella fabulosa empanadilla.

–-Y dime Vanessa… –-mis ojos se posaron en Esme –-¿hay algún plan para mañana?

–-¿Plan? –-pregunté confusa.

–-¡Pues claro que hay un plan para mañana! –-gritó Alice, entusiasmada, entrando en la cocina seguida del resto de hermanos.

–-¿A dónde nos llevarás, Alice?

–-¡Al centro!, –-comenzó a danzar por toda la cocina gesticulando de emoción mientras explicaba –-compraremos los muebles que queráis para cada una de vuestras habitaciones, ropa, complementos, zapatos, música, pelis…

–-¡Alice! –-la regañé.

Paró de moverse al instante.

–-… en definitiva mañana ¡nos vamos de compras! –-me sacó la lengua y salió de la cocina.

No estaba enfadada conmigo, simplemente era su reacción al hecho de que no la hubiera dejado fantasear todo lo que ella hubiera querido.

Poco a poco fueron saliendo de la cocina mientras yo terminaba de cenar.

–-¿Te importa que me quede? –-preguntó Edward cuando todos habían salido ya.

–-No, claro que no.

Terminé de comer bajo la atenta mirada de sus ojos dorados.

–-Déjame que te ayude.

–-Tranquilo, no es mucho.

Perno no sirvió de nada. No me hizo caso y cogió un paño. Enjuagó y secó mientras que yo fregaba.

–-No hacia falta, lo hago todas las noches –-aclaré.

–-Si, pero hoy has tardado menos.

–-Gracias.

Su majestuosa sonrisa torcida apareció en su rostro provocando que mi corazón latiera más deprisa y me quedara en las nubes. Un golpe secó me sacó de mis ensoñaciones. ¿Pero como podía provocarme esto? ¡A mí!, que era mitad vampiro. ¿Se debía a mi parte humana?

–-¿Qué ha sido eso? –-pregunté confusa

–-Parece que Emmett ha tirado el jarrón del cuarto de Rosalie.

–-¡¿Qué? ¿Emmett está en el cuarto de Rosalie?

–-Si –-hizo una mueca.

–-¿Y el resto donde estás? –-ya me temía yo algo.

–-Han salido. Esme y Carlisle han ido a dar una vuelta por el pueblo y Alice y Jasper han ido a la parte este del bosque.

–-Creo que nosotros también deberíamos salir de aquí, no quiero escuchar nada de lo que pase aquí esta noche y dudo que a ti te guste leer sus pensamientos.

Volvió hacer una mueca.

–-Venga, vamos.

Le cogí de la mano y tiré de él hasta la puerta. Atravesamos el bosque, corriendo, hasta llegar al río. Mejor dicho hasta una gran roca que había al lado de él. No una roca cualquiera, era mi roca. Me senté en ella al igual que lo haría Edward después.

–-¿Sigues oyendo sus pensamientos?

–-Si, aunque con menos intensidad.

Le sonreí.

–-Es hasta donde más lejos me deja ir papá. No le gusta que me aleje mucho.

–-Es un sitio bonito.

–-Aquí vengo a pensar. El sonido del agua me tranquiliza y ellos –-señalé a unos pajarillos que estaban picoteando en la hierva –-me ayudan a pensar, me escuchan.

–-¿Los pájaros? –-preguntó confuso al igual que extrañado.

Negué con la cabeza.

Él frunció más las cejas.

–-Los animales –-aclaré –-los animales me ayudan a pensar. Losé suena extraño pero me siento tranquila y segura con ellos.

Nos quedamos callados durante unos minutos.

¡Genial, Vanesa! Ahora pensará que eres una semivampira medio loca. ¿Por qué hablo más de la cuenta? ¡Ah, ya! Por que no me sé callar.

–-¿Te puedo preguntar algo?

–-Lo que quieras –-respondió seguro.

–-¿Puedes leer la mente a los animales? Ya sé que es una tontería pero tengo curiosidad.

–-No, no puedo. Lo he intentado alguna vez. Mi don se limita a seres con conocimiento, a seres que pueden pensar.

–-A lo mejor alguien tiene ese don. Sería fantástico poder saber como se sienten y qué piensan. ¿No crees?

–-Bueno, no es que me interese mucho lo que piense un pájaro y mucho menos una cucaracha, son asquerosas –-nos reímos –-. Pero si, no estaría mal saber lo que les pasa por su cabeza.

Me sonrió.

–-A mí me parece fascinante. Podríamos aprender tantas cosas. De las hormigas aprenderíamos su perfecto orden para hacer las cosas, la esencia de la miel gracias a las abejas, la gracilidad de la gacela, la rapidez del guepardo, la ferocidad del león, el volar: de todas las aves…

–-Pintado así suena tentador. Tendré que darte la razón, lo has conseguido.

–-¿Conseguido? ¿El qué? –-pregunté confusa.

–-El que quiera aprender tantas cosas de los animales.

Me volvió a sonreír.

Yo hice lo mismo.

–-Ahora ¿te puedo hacer yo una pregunta? –-me miró directo a los ojos.

–-Claro.

–-¿Qué se siente al poder volar?

No me esperaba esa pregunta.

–-Es una libertad única. Dejar que el aire te roce y refresque la cara al surcar el cielo es fantástico, ves todo desde otra perspectiva. Es indescriptible.

Se quedó pensativo, mirando el cielo. Un cielo lleno de estrellas relumbrantes y resplandecientes llenas de energía, de vida. Sin darnos cuenta nuestros cuerpos se fueron tumbando y quedé recostada en su pecho, el trazaba líneas con sus dedos en mi espalda.

–-¿Edward?

–-¿Si?

–-¿Qué te pasó para que llegaras a ser así?

–-Fue en 1920 cuando unos amigos y yo hacíamos una expedición por las montañas –-hizo un pausa –-. Nos gustaba respirar aire puro y limpio, despejarnos de nuestras vidas en la ciudad, por eso salíamos al campo, a la montaña. Ese día estábamos haciendo escalada, Hyde había llegado a la cima. Jim y yo estábamos sujetos a una cuerda mientras subíamos y Mathiu estaba abajo sujetándola. Solo era veinte metros. Pero la cuerda no aguantó nuestro peso. Recuerdo como se rasgaba, veía que íbamos a caer y no nos podíamos agarrar a nada porque justamente estábamos en el tramo más liso de la pared y había muy pocos salientes. Al final la cuerda no aguantó más nuestro peso y caímos al suelo. El impacto me provocó muchas hemorragias internas y me rompí varios huesos.

–-¿Qué le pasó a Jim? –-pregunté curiosa.

–-Él cayó casi encima de mí por lo que se puede decir que mi cuerpo amortiguó parte de su impacto. Aún así se rompió algunos huesos y se produjo varios cortes. Nos llevaron al hospital tan pronto como pudieron. Cuando llegamos yo estaban en las últimas así que me dejaron en una habitación, solo, y se centraron en Jim. Yo no podía abrir los ojos, me pesaban demasiado, y el dolor que tenía en el cuerpo también me lo impedía. Noté como alguien entraba en la habitación, una enfermera, Esme. Cogió mi cama y atravesamos el hospital, me llevó hasta la morgue que estaba deshabitada. Estaba al borde de la inconsciencia cuando me dijo lo que era y lo que iba hacer. Sentí sus dientes atravesando mi piel y como la ponzoña se abría paso mientras desgarraba mis venas. El dolor era insoportable. Cuando abrí los ojos todos mis sentidos estaban muy desarrollados y podía notar todo muchísimo mejor. Esme me explicó y me enseñó ayer como soy ahora: "vegetariano".

Nos quedamos callados un momento.

–-Pero ¿qué pasó con tus padres? Te echarían en falta al ver que no llegabas a casa ¿no?

–-Mis padres ya habían muerto a causa de la gripe Española que por aquel entonces arrasaba en el país.

–-Lo siento –-dije apenada.

–-No te sientas mal, no pasa nada, ocurrió hace muchísimo tiempo y casi no me acuerdo de ellos.

Me removí en su pecho.

Nos quedamos en silencio durante un rato. Yo, apoyada en su pecho, podía notar la respiración de Edward. El sueño poco a poco iba haciendo presencia en mí y me provocó un bostezo.

–-Deberíamos volver. Vamos a casa.

Se levantó con migo en brazos y me depositó en el suelo, al lado de la roca.

–-¿Tú estás loco? Ni loca vuelvo ahora, a saber que siguen haciendo…

Alzó una ceja.

–-En ese caso te llevo, tienes sueño y tienes que dormir.

Me cogió en brazos.

–-¡Bájame! No podemos ir, lo escucharé todo y tú les leerás la mente sin querer o ¿queriendo? … –-alcé una ceja –-… podría ser muy pero que muy perturbador… ni quiero imaginarme a Emmett…

Solté una risita.

No tubo con qué arrebatármelo, se dio por vencido, y me dejó en el suelo, enfrente de él. Me di la vuelta y me senté al lado del árbol más cercano, Edward me imitó y se sentó junto a mí.

–-¿Me cuentas otra historia?

–-¿Qué quieres que te cuente?

–-¿Has conocido a los Vultutis? –-le pregunté mientras apoyaba la cabeza en el tronco.

–-Si, los conocí por casualidad.

–-Cuéntamelo –-insistí –-por favor.

Comenzó a contarme aquella historia de su existencia en la que aparecían los Vulturis. Poco a poco dejé de oír su dulce voz mientras que los ojos se me iban cerrando lentamente. Noté que su frío brazo pasaba por mis hombros y me atraía hacia su pecho donde, minutos después, me quedé dormida.


¿Qué os parece?

Ya se que no es Edward/Bella originaL pero está bien cambiar de vez en cuando.

Gracias por leer y darme vuestras opiniones.

Besos!

¿rr?