Ni Glee ni sus personajes me pertenecen
Capítulo 3
31 de Octubre de 2010
Rachel paseaba por los pasillos de la escuela con una sonrisa divertida entre sus labios, observando a cada uno de los estudiantes que estaba vestido para la ocasión del día, ella se ríe internamente al ver la apariencia de cada uno y niega con la cabeza antes de arribar a su casillero.
_ ¡Feliz Hallowen, Rachie! – la saluda, alegremente, Brittany.
_ Buenos días, Britt. – sonríe en respuesta y al voltear a verla, se tapa la boca de la sorpresa.
_ ¿Te gusta mi disfraz? – inclina su cabeza para un lado, con su particular rastro de inocencia.
La morena examina enteramente a su compañera que estaba vestida con unos mini short junto con un top negro que dejaba a la vista su vientre plano y el escote y toda la piel que estaba siendo expuesta, manchada de grasa. Escucha un gruñido por parte de Santana que se acerca a ellas con la chaqueta en mano y tapando a Brittany.
_ Brittany, el disfraz de mecánico es para la fiesta de esta noche, no para que lo andes mostrando ahora. – le regaña, dirigiéndole miradas filosas a los futbolistas que pasan por el pasillo.
_ Pero Artie dijo que quería ver cómo era mi disfraz. – frunce el ceño, confundida.
_ Tal vez… - toma la palabra, la diva – Él quería decir que lo quería ver esta noche, Britt, no ahora a la mañana.
_ Además de que Sue te va a matar si no te ve con el traje de porrista.
_ Creo que tengo uno de repuesto en los casilleros de animadoras. – se encoge de hombros.
_ Pues démonos prisa, hasta luego, Hobbit. – arrastra a la rubia lejos y Rachel solo puede despedirse con la mano, resignándose al apodo que le dio la latina.
_ ¿Acaso esa era Brittany vestida de mecánico? – se escucha la voz de Quinn, llegando al lado de la morena.
_ Ella malentendió las palabras de Artie y vino vestida así. – niega con la cabeza con diversión y cierra su locker para centrarse totalmente en la rubia – Buenos días, Quinn.
_ Buenos días. – le sonríe mientras se dirige a su casillero para sacar sus cosas - ¿Iras a la fiesta?
_ No me invitaron. – se encoge de hombros, recargándose al lado de donde está la porrista.
_ Reformulo lo que dije, iras a la fiesta. – dictamina, mirándola de soslayo.
_ Pero Quinn, ¿no escuchaste lo que dije?
_ Te pasare a buscar a las ocho, no hay objeción.
_ Me encerrare en mi cuarto. – se cruza de brazos, dándole una mirada desafiante.
_ Oh, no te conviene verme enojada, Berry. – la morena ni se inmuta y la porrista mira a sus alrededores, viendo que hay ya muy pocos estudiantes rondando por el pasillo - ¿Por favor? – se muerde el labio inferior y la mira fijamente a los ojos.
Rachel se tensa al ver ese gesto, siempre que la otra chica lo hacía, le provocaba una sensación de ternura y aflojaba a cualquier petición que ella le pedía.
_ No caeré de nuevo en eso, Quinn. La otra vez que me hiciste eso termine viendo esa horrible película de terror y después tuve pesadillas toda la noche, sin mencionar las ojeras que tuve al otro día, temprano. – hace un puchero y la rubia se ríe.
_ No puedo creer que actividad paranormal te haya asustado tanto, casi más me dejas sin brazo esa noche.
_ Eso no fue gracioso. – le reprende.
_ Oh, vamos. Ya me disculpe y te dije que la próxima vería todo lo que tu quisieras.
_ ¿De verdad? – pregunta con inocencia.
_ Lo hare si vas conmigo a la fiesta. – sonríe cuando escucha a la morena bufar.
_ ¿Por qué no me sorprende tu chantaje? – rueda los ojos y se encamina hacia su salón, seguida por Quinn.
_ Es solo una fiesta, no una película de terror. – trata de convencerla.
_ Quinn, no me invitaron. – empieza a exasperarse por su insistencia.
_ Pero entraras conmigo, no te van a decir nada ¡vamos, Rachel! - la morena detiene su andar y mira sorprendida a la joven quien frunce el ceño - ¿Qué?
_ Lo has dicho.
_ ¿Qué cosa?
_ Mi nombre, lo has dicho. – siente un calor interno y su mente pide que nuevamente la rubia diga su hombre.
_ ¿Nunca lo había dicho? – recibe una negación con la cabeza – Pues… ¿iras a la fiesta conmigo, Rachel? – le pide nuevamente.
_ Lo hare. – responde de inmediato y Quinn festeja internamente.
_ Vamos, diva. Se nos hace tarde para matemáticas. – apura, sacando de su trance a la pequeña chica.
…
Sala de coro.
_ ¿Te paso a buscar por tu casa para ir a la fiesta? – escucha Rachel y voltea a ver con disimulo a Sam que estaba al lado de Quinn.
_ No, ve directo a la casa de Lindsay. – responde la rubia sin quitar la vista de su libro.
_ ¿No vas a ir? – pregunta, confundido.
_ Si voy a ir, Sam.
_ ¿Entonces porque no quieres que te pase a buscar? – la porrista suelta un suspiro y cierra el libro antes de mirar a su novio.
_ Porque quiero ir en mi propio auto y la última vez que estuvimos juntos en una fiesta, te emborrachaste hasta las venas y después me tuve que volver caminando a casa. – le resume.
_ Pero te prometo que esta vez me voy a moderar y…
_ No, Sam. No insistas. – le corta con frialdad.
La morena se remueve incomoda en su lugar, todavía le cuesta creer que Quinn la ponga primero que su novio aunque sea bajo mentiras u ocultamientos. Su amistad era algo de ellas dos, un secreto que compartían, era algo que a veces incomodaba a Rachel porque no podía hablar tan abiertamente con la rubia en público, solo cuando había unas pocas personas desconocidas para ambas pero eso con los días se fue convirtiendo en algo a lo que acostumbrarse.
_ No sé qué es lo que te pasa últimamente, me evitas la mayoría del tiempo y el viernes pasado, prácticamente, me corriste a patadas de tu casa. – sube un poco más el tono de voz.
Rachel se encoge más en su asiento, ese viernes había ido a la casa de Quinn para pasar el rato, mismo día en que terminaron viendo la película de terror.
_ Caíste de improvisto a mi casa, Sam. Estaba cansada y no estaba de ánimo para nadie, ni siquiera para ti. – se excusa.
_ ¡Íbamos a cumplir un mes ese día! Obviamente te quería dar una sorpresa. – explota, llamando la atención de los demás del coro.
_ Así que Barbie y Ken si tienen problemas en el paraíso. – se burla, Santana.
_ Cállate, López. – gruñe entre dientes.
_ No te desquites conmigo, Fabray. Tu problema está al lado tuyo. – levanta la barbilla, desafiante.
_ Mira…
_ ¡Muy bien! – salta, Rachel de la silla - ¿Qué tal si empezamos algunas coreografías? – ofrece y recibe suspiros cansados por parte de sus compañeros menos de Quinn que tenía todavía el ceño fruncido hasta que una leve sonrisa aparece en su rostro, agradeciendo internamente la interrupción.
_ Quinn… - susurra, Sam.
_ Hablamos después, voy a tratar de distraerme con esto de la coreografía. – guarda su libro en el bolso y se levanta para juntarse con los otros chicos que miraban los bailes propuestos por Brittany y Mike – Gracias. – susurra cuando se posiciona al lado de Rachel.
_ No me gusta verte de mal humor. – responde en voz baja mientras se encoge de hombros y frunce el ceño cuando ve los pasos que hace Brittany.
…
_ Voy a ir a una fiesta esta noche. – avisa, la morena, a sus padres que estaban en el living viendo la televisión.
_ ¿Y bajo el permiso de quién? - le interroga, Leroy y la chica rueda los ojos, sentándose frente a ellos.
_ Creo que ya estoy en la edad para hacer ciertas cosas. La fiesta será en la casa de una de las porristas y estarán casi todos los chicos de Glee.
_ ¿Sabes dónde está esa casa? Si estarás ahí, no te puedes despegar de los chicos y contrólate con las bebidas alcohólicas. – le advierte, Hiram.
_ Quinn… - los dos hombres, rápidamente la miran – Me vendrá a buscar e iremos juntas hasta la fiesta.
Ellos se quedan en silencio, pensando en la situación y Rachel siente tensarse cada vez más.
_ Está bien. – dice finalmente, Leroy y la diva frunce el ceño.
_ ¿"Esta bien"? ¿No vas a darme otro discurso de que tenga cuidado con Quinn o que no me fie de ella? – los mira con desconfianza.
_ No, cariño. Te dejamos ir pero con la condición de que te cuides y nos mandes mensajes en caso de emergencia.
_ ¿Bien? – dice con cautela mientras se levanta pero antes de irse nuevamente para su habitación, les apunta – Mas les vale que no estén tramando nada o sino ya verán como reacciono. – les advierte.
_ No haremos nada, querida. – responden con falsa inocencia y la joven los mira, suspirando y yéndose a su cuarto.
7:53 p.m. y Quinn se bajaba de su auto para recoger a Rachel. Toca el timbre de la casa y empieza a jugar con sus llaves en la espera. La puerta se abre y ella sonríe esperando ver a la pequeña morena pero en su lugar encuentra a un hombre alto con lentes, aspecto serio.
_ Am… buenos noches, señor Berry. – saluda con nerviosismo, era la primera vez que pisaba la residencia de la diva y también que conocía a uno de los padres de ella.
_ Buenas noches, Quinn. – devolvió el saludo sin cambiar su expresión.
_ Eh, vine a buscar a Rachel.
_ Pasa, Quinn. Mi hija todavía está preparándose. – se hace a un lado y la joven duda antes de dar los pasos adentro del lugar – Puedes sentarte.
_ Gracias pero…
_ Siéntate. –replica nuevamente el hombre y la chica acata a la orden – Bien, Quinn… aprovechando que mi hija está todavía ocupada, quisiera hacerte algunas preguntas.- recibe un asentimiento por parte de la joven – Muy bien, tengo entendido que son amigas ¿no es así? – otro asentimiento – Quinn, mi hija es lo más valioso que tengo en la vida, la vi crecer, caminar, hablar y cantar. Siempre velo por su bienestar y daría lo que sea para protegerla…
_ Señor…
_ Pero a veces hay cosas que no puedes evitar y lugares en los que ella estará sin la protección de nosotros. Uno de esos lugares es la escuela… ¿sabes lo difícil que fue para nosotros verla llorar todos los días porque la bañaban en esos pegajosos granizados? – Quinn se mueve incomoda y baja la mirada a sus manos – Y todo ello empezó por una persona, ¿sabes quién fue?
_ Yo. – responde en un hilo de voz, sintiendo la culpa crecer en su interior.
_ Por eso mismo es que yo voy a estar pendiente de ti, Quinn. No quiero ningún juego sucio o truco, no quiero que mi hija vuelva a casa llorando y diciendo que todo fue una mentira. – le advierte.
_ Señor, con todo el respeto, no tengo ninguna intención oculta de lastimar a Rachel. Estoy tratando de hacer las cosas bien, retractarme de mi horrible comportamiento que tuve con ella y…
_ ¡Papa! – ambos voltean a ver a la morena que estaba con semblante serio, con las manos en la cadera.
Quinn suspira aliviada e Hiram desvía la mirada al notar el tono severo de su hija.
_ No puedo creer que lo hayas hecho, papa. Asustar a Quinn de esa forma. – niega con la cabeza y se acerca a la rubia - ¿Estas bien? ¿Seguimos siendo amigas? – reacciona dramáticamente y la porrista sonríe por primera vez desde que entro a esa casa.
_ Tranquila, seguimos como siempre. – le tranquiliza en un susurro y la morena suspira.
_ Papa, ya déjala tranquila, está más pálida de lo que es. – le reprende y él se encoge de hombros.
_ Solo quería estar segura de las cosas. – se defiende.
_ Debí pensarlo cuando accedieron tan rápido y después ocultaron mis tacones.
_ ¿Escondieron tus tacones? – pregunta intrigada y divertida.
_ No es divertido, Quinn. Tenía todo preparado y los últimos veinte minutos me la pase revolviendo todo mi cuarto porque no los encontraba y al final los tenía mi papi en su recamara. – se acaricia el puente de la nariz y vuelve su atención a Hiram – No puedo creer que se hayan complotado para hacernos caer en esta trampa.
_ Cálmate, Rachel. Solo son dos padres preocupados por su hija. – le habla con suavidad y la diva baja su temperamento – Bueno… aclarada las cosas ¿nos vamos?
_ Vámonos. – se levanta de un salto y agarra de la muñeca a Quinn, encaminándose a la salida.
_ Avísame cuando llegues, cariño. – grita, Hiram después de que la morena haya cerrado la puerta.
_ Ahora se lo que sienten los chicos cuando se enfrentan a los padres de sus novias. – piensa en voz alta, la rubia y provoca una risa en la otra.
_ Perdón por eso, debí haber sabido que planearían algo así.
_ Está bien, Rachel. Fue algo que había que aclarar y sé que va a costar ganar la confianza de tus padres pero bueno, como dicen todos, tiempo al tiempo ¿no? – dice mientras le abre la puerta del copiloto a la diva.
_ Tienes razón. – sonríe y se desplaza al interior del automóvil.
_ Y por cierto… - se agacha a la altura de la ventanilla cuando cierra la puerta – Te ves hermosa en ese disfraz de caperucita. – le guiña un ojo y se va a su lado del auto, sin ver como las mejillas de Rachel se ponen totalmente rojas.
Una vez acomodadas en el interior con los cinturones puestos, Quinn arranca y agarra la palanca de cambios.
_ ¿Lista para tu primera fiesta de Hallowen?
_ Más que lista.
