CELEBRIDAD DEL MES
Traducido por Lucero Silvero (Beta Traductora FFTH)
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es de blueberrytree, originalmente publicado en portugués. Únicamente me adjudico la traducción.
No copies, no plagies, no publiques en otros sitios sin permiso.
.
Capítulo dedicado a Lore Avila, quién esperaba ansiosa por esto ;)
.
DÍA 2
El despertador sonó indicando que ya eran las ocho de la mañana y que debería de empezar a prepararme para un día agitado junto a Edward. Me tomé una ducha y seguidamente me vestí, optando por un jeans oscuro y una blusa azul marino de tirantes finos y escote pronunciado.
Al llegar a la cocina vi a una joven desconocida conversando con Zafrina.
— Buenos días — dije y ambas respondieron de igual manera.
— No nos conocemos, soy Carmen — la mujer habló con un fuerte acento español. Era muy bonita, tenía la piel morena cremosa y largos cabellos negros. Diría que cercana a los treinta años.
— Bella — respondí, dándole un apretón a su mano.
— ¡Buenos días! — Edward habló detrás de mí. Aparentemente, acababa de tomarse un baño. Vestía únicamente un pantalón jeans que permanecía por debajo de sus caderas — Voy directo a la mesa, estoy hambriento.
— ¡Ay, Dios mío! — Dijo Carmen abanándose a mi lado — ¡Mira que guapo se ve!
— ¡Carmen, eres una mujer casada! — Zafrina la reprendió.
— ¿Y eso que tiene que ver? Estoy casada, no ciega. Únicamente estoy expresando lo que la chica aquí no fue capaz de decir mientras permanecía con la boca abierta —Carmen me apuntó. Cerré automáticamente la boca y mis mejillas enrojecieron. Zafrina me miró sonriendo y mi vergüenza fue aún mayor.
— Mmm… me voy junto a Edward, quiero decir, a la sala… para comer… con Edward… — dije saliendo de la cocina antes de que pudiesen avergonzarme aún más.
— ¿Cómo fue tu primera noche aquí? — Edward preguntó mientras le ponía manteca a un pan tostado.
— Excelente, ya estoy acostumbrada a dormir en la cama de extraños — respondí y Edward se atragantó con su comida.
— ¿Todo bien aquí? — Zafrina preguntó juntándose a nosotros en la mesa.
— Sí, simplemente me… distraje — Edward respondió carraspeándose.
Desayunamos en silencio y de vez en cuando mis ojos involuntariamente se posaban en el torso desnudo de Edward, pero tan pronto me daba cuenta de mi desliz, desviaba la mirada. Observé que Carmen, a mi lado en la mesa, al contrario que yo, no tenía problema alguno en escudriñarlo. Zafrina, sentada al costado de Edward, cada pocos minutos lanzaba sonrisitas como quien dice "sé lo que estás mirando, niña".
Edward subió a su habitación para terminar de prepararse mientras yo me cepillaba los dientes y tomaba mi bolsa. Nos encontramos en la entrada de la casa y el me presentó a Demetri y Marcus, los nuevos funcionarios que Jessica había contratado.
Félix, seguridad de Edward, llegó en una Mercedes S55 AMG negra y nos abrió la puerta para que pudiéramos ingresar al banco trasero. Él nos llevaría hasta el estudio en donde Edward haría una sesión de fotos.
— ¿Esas fotos son para alguna revista?
— Sí, son para Seventeen — dijo mientras buscaba su paquete de cigarrillos en los bolsillos de su pantalón—. Félix, ¿crees que alguien nos está sigue?
— No, todo está limpio.
— Excelente — respondió con un cigarrillo entre los labios y abriendo la ventana — si sale una foto mía fumando, Jessica querrá matarme.
— ¿No te molesta la forma en la que ella te trata? — pregunté.
— Hay veces que sí, pero forma parte de su trabajo. Sé que no es bueno mantener una imagen así, más aun cuando el ochenta por ciento de mis fans son adolescentes, pero es algo que infelizmente me gusta. Ya intenté dejarlo por un mes. Fue horrible, nunca me sentí tan estresado en mi vida. Estoy intentando disminuir la cantidad que consumo, sé que puede perjudicar mi voz y es con ella que me gano la vida — confesó—. Dios, creo que Jessica está consiguiendo hacerme un lavado cerebral, estoy incluso repitiendo sus palabras.
— ¿Puedo hacerte una pregunta personal?
— Bella, estás viviendo conmigo, hacer una pregunta es lo de menos — rió soltando el humo de su boca por la ventana.
— ¿Pasa algo entre ustedes?
— No — respondió secamente, girando el rostro hacia la ventana y exhalando con fuerza el humo por la nariz. Permaneció serio y no volvió a girar su rostro en mi dirección. Momento incómodo, perfecto. Observé el paisaje a través la ventana y me asusté cuando Edward finalmente volvió a hablar — ¿Y tú?
— ¿Qué cosa?
— ¿Estás con alguien?
— ¿De verdad, Edward?
— ¿Qué pasa?
— Ni siquiera tengo tiempo para mí, ¿crees que lo tendría para otra persona?
— Entonces, ¿desde que empezaste a trabajar con esto no has tenido ningún relacionamiento? — preguntó y mi mente automáticamente pensó en James.
— Ninguno que haya valido la pena — respondí y giré mi rostro hacia la ventana.
Permanecimos en silencio hasta llegar al local en donde las fotos serían hechas. Edward saludó al personal encargado y estuvo algunos minutos conversando con el fotógrafo. Tan pronto las informaciones fueron intercambiadas, se giró en mi dirección.
— Tengo que cambiarme de ropa y toda esa tontería.
— Está bien, te esperaré aquí.
— ¿Estás enojada conmigo, Bella? — preguntó presionando el dedo índice en mi estómago.
— Deja de hincarme — dije golpeando su mano levemente—. No estoy enojada.
— Entonces sonríe.
— No, vete. Estás atrasando al personal.
— Me iré después de que me des una sonrisa.
— No.
— Solamente una sonrisa — dijo con un puchero en los labios. Dios, es tan irritante… Me encanta—. Así — dijo enseñándome la sonrisa más idiota del mundo. Sus dientes blancos y perfectos estaban expuestos, y sus ojos casi no eran visibles, pues estaban pequeños debido a la sonrisa que ocupaba su rostro. Me mordí el interior de la boca para no reír.
— Para, no lo haré.
— ¡Nunca! Estoy viendo cómo te muerdes la boca. Vamos, sonríe… — dijo. Sin conformarse llevó sus manos hasta las comisuras de mis labios y los extendió, formando, en contra de mi voluntad, una sonrisa—. Ahora únicamente necesito encontrar cinta adhesiva y estarás lista.
— Eres ridículo — dije cuando soltó mis labios, sin embargo, una de sus manos se instaló en mi mejilla y tan pronto la acarició, una sonrisa automática se formó en mi rostro.
— ¡Ah! Así me gusta — dijo guiñándome el ojo—. Ahora ya puedo continuar con mi día.
Edward se fue al camerino y yo me senté en un sofá – frente al local que el fotógrafo preparaba para la sesión – con mi cuaderno en la mano. Escribí un poco sobre el día anterior, anotando informaciones que serían importantes a la hora de escribir el artículo.
El sonido de la máquina fotográfica disparando hizo que levantara la cabeza para observar lo que sucedía delante de mí. Edward tenía una chaqueta de cuero verde musgo, una blusa blanca por debajo de ésta y un pantalón de jeans negro. Posaba sin vergüenza alguna, haciéndome pensar que si no fuera un increíble cantante, sin duda alguna, podría tener una carrera como modelo.
El fotógrafo lo incentivaba a cambiar de poses y le pedía que se moviera a través del escenario. El ambiente consistía en una habitación que podía pertenecer a cualquier adolescente. Edward se levantó de la silla en la que estaba sentado – en donde posó para las primeras fotografías – y avanzó hasta un estante de libros. Tomó un libro entre las manos y simuló hojearlo, mientras el fotógrafo capturaba cada movimiento. Después de algunos minutos, el hombre bajó la máquina y una mujer se dirigió hasta Edward, quitándole la chaqueta y arreglándole el despeinado cabello.
Las sesiones fotográficas eran aburridas y duraban más tiempo del necesario. Edward se acostó en una cama y los clics empezaron una vez más. Abrí mi cuaderno y anoté unas cuantas observaciones.
— ¿Es mi nombre el que estoy viendo en tu cuaderno? — Edward preguntó sentándose a mi lado, logrando despertarme de mí letargo.
— ¡Hey, sin espiar! — dije cerrando el cuaderno.
— ¿Es ese tu diario, Garrapata? ¿Será que si lo abro encontraré mi nombre junto a Bella Swan dentro de un corazón? ¿Es por eso que no me lo quieres mostrar, verdad? O mejor aún, has escrito tu nombre con Cullen al final, ¿no?
— ¡Claro que no, Perro! — Dije metiendo el cuaderno en mi bolso—. Es el cuaderno que utilizo como borrador para ayudarme en el momento de escribir el artículo al final del mes. Y, por favor, ¿tengo que cara de adolescente que escribe el nombre de la persona que le gusta en un diario? Soy más vieja que tú, niño.
— Tienes tres años más que yo, eso no es nada… ¿Y escuché bien? ¿La persona que te gusta, no? — preguntó golpeando su hombro con el mío y guiñándome el ojo. Agh, de seguro hace éstas cosas para avergonzarme.
— Sabes que no fue eso lo que quise decir.
— Lo sé — respondió con una sonrisa—. Pero en un poco más de veinticuatro horas me di cuenta de lo divertido que es burlarme de ti. De vez en cuando te avergüenzas y tus mejillas se enrojecen.
— ¡Cállate! — dije, pero fue en vano, mis mejillas fueron calentándose y Edward soltó una carcajada.
— ¿Ves? Te has quedado roja… Te asemejas a Pikachu.
— ¿A quién? — pregunté seria. Me las pagarás.
— Pikachu… El Pokemon.
— Edward, no se compara a una mujer con una cosa amarilla, que hace un sonido irritante y por encima, es obeso— dije aparentando estar enojada. Merezco en lo mínimo un Emmy por mi actuación.
— Bella, no quise decir… él no es obeso, es tierno — intentó justificarse un nervioso Edward.
— Tierno es el sinónimo universal de obeso, Edward.
— Bella… eh… no te llamé de obesa, eres delgada, a decir verdad… no tan delgada al estilo anoréxica, sino que tienes un cuerpo normal, ¿sabes? Pero no normal de esos sin sal, normal bueno, ¿entiendes? Tienes incluso un buen trasero… quiero decir, no es que haya mirado tu trasero, pero es que… — él sudaba y no paraba de tocarse el cabello, dejándolo más despeinado que nunca. Tanta era su confusión con las palabras que no me aguanté y comencé a reírme a carcajadas.
— ¿Bella? ¿Qué…? ¡No puedo creer que hayas fingido estar enfadada!
— ¿Cuál es el problema? En veinticuatro horas te diste cuenta de lo divertido que es burlarte de mí y yo me di cuenta de lo genial que es verte nervioso. Ahh… y gracias por el elogio a mi trasero.
— No puedo creer que haya hablado de tu trasero.
— Hablaste, pero admito que la parte más divertida fue cuando empezaste a limpiarte el sudor de la frente. Imagino las cosas que podré arrancar de ti en esos momentos.
— Agh, no pongas eso en tu artículo.
— Claro que lo pondré, ¿o crees que me perdería la oportunidad de decir que el queridito de América elogió mi trasero? — Dije guiñándole el ojo—. Sacando las bromas, Edward, no tienes que preocuparte con lo que vaya a escribir. Nada será publicado sin tu autorización. Únicamente tienes que ser tú mismo, del resto me encargo yo — dije propinándole un golpecito en la rodilla.
— Créeme, me gustaría decirte que estoy fingiendo ser otra persona, pero no puedo hacerlo, Garrapata. Me siento cómodo a tu alrededor — dijo observándome con una sonrisa tímida.
— Mmm… ¿La sesión ya terminó? — pregunté desviando la mirada.
— No, aún están arreglando el escenario externo. Es aburrido, lo sé.
— No lo es…
— Si lo es, no necesitas mentirme.
— Está bien, es aburrido — dije riéndome—. ¿Las muchas fotos que sacaron no son suficientes?
— Siempre me hago la misma pregunta. ¿Tienes hambre?
— Aún no. ¿Crees que tomará mucho tiempo?
— Unas dos horas más — suspiró—. Saldré a fuera para fumar y ver cómo están las cosas, ¿vienes?
— Okay.
El escenario del área externa estaba casi listo cuando llegamos. La decoración era similar a un refectorio de un colegio. En una gran mesa de madera estaban ubicados algunos libros y bandejas con alimentos, dando a entender que era la hora del recreo. Edward mal pudo terminar de fumar su cigarrillo cuando fue reclamado para cambiarse de ropa. Cuando volvió tenía el cabello impecable y el uniforme escolar típico de los jugadores de fútbol. Las fotos comenzaron y me puse el auricular del IPod en los oídos, esperando a que la sesión terminase de una vez. Apretando play, la suave voz de Edward se escuchó.
El resto de la sesión de fotos duró por las de dos horas y media. Casi salté de alegría cuando Edward me comunicó que ya nos podíamos marchar.
— Hay un pub cerca de aquí que hace unos sándwich deliciosos, podemos irnos allí hasta la hora de mi próximo compromiso. ¿Está bien para ti? ¿O quieres volver a casa?
— Por mí no hay problema. Una hamburguesa y una cerveza serían geniales ahora.
El pub era próximo al lugar en donde nos encontrábamos y en unos pocos minutos Félix no llevó allí. Él ingresó al lugar con nosotros, pero rechazó la invitación de Edward para sentarse en nuestra mesa, optando por quedarse en el bar tomando Coca Cola y mirando el juego que pasaba en la televisión del lugar.
Nos sentamos en un lugar más recebado y una mesera nos entregó el menú. Sus ojos prácticamente salieron de sus orbitas cuando notó que sentado en su frente estaba, nada más y nada menos, que Edward Cullen. Intentaba aparentar tranquilidad, pero la forma en la que su mano temblaba cuando anotó nuestros pedidos no dejó duda de lo cuán nerviosa realmente estaba.
— Pobrecita, de seguro es fan tuya — comenté.
— Parecía un poco tensa, ¿no? Ya vine varias veces aquí y nunca la vi, debe ser funcionaria nueva.
— Disculpe, ¿eres Edward Cullen? — una mujer pelirroja preguntó llegando cerca de nuestra mesa.
— Sí — respondió él sonriendo.
— ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío! — la joven comenzó a repetir e hizo señas con las manos a una mujer que imaginé sería su amiga—. Te dije que era él, Brittany.
— ¡Oh mi Dios! ¡A lo lejos no estaba segura, pero ahora puedo ver que es él! — la mujer que, por lo que entendí, se llamaba Brittany, le comentó algo a la otra y parecía que se desmayaría en cualquier instante.
— ¿Todo bien? — Félix apareció al costado de Edward, demostrando que por más que atento que estuviera al juego, prestaba mucha más atención a su cliente.
— Todo está bien, Félix. Si hay problemas te llamo.
— Okay, señor Cullen — respondió volviendo a su lugar en el bar.
— ¿Podemos sacarnos una foto contigo?
— Claro — Edward respondió levantándose.
— Eres Bella Swan, ¿no? — la joven preguntó dejándome completamente sorprendida. ¿Cómo diablos sabe mi nombre?
— Sí.
— Me lo imaginé, todo el mundo no para de hablar de la mucha suerte que tienes por pasar un mes con Edward. ¿Podrías quitarnos la foto? — me pidió entregándome una cámara.
Primero saqué una fotografía de Brittany con Edward, quien ni siquiera reaccionó cuando ella le pasó la mano por el abdomen. Después fue el turno de la pelirroja, quien se presentó a Edward como Victoria, parpadeando incansablemente. Casi le pregunté si tenía algo dentro de los parpados. Les devolví la cámara y ambas se despidieron dando dos besos a Edward y apenas saludándome a mí.
— ¿No te molesta? Solamente faltó que se arrojaran encima de ti.
— Dios, mujeres arrojándose encima de mi… ¡Que tortura! — Respondió riéndose y haciéndome poner los ojos en blanco—. Estoy jugando, pero hablando en serio, forma parte. Algunas fans deben de considerarme hermoso, otras deben considerar mi dinero más hermoso aún. Sea cual sea el motivo, son fans. No cuesta nada quitarse una foto o darles un autógrafo, ¿entiendes? Lo que me molesta más es lo que están haciendo ahora — dijo mirando en dirección a las mujeres que no paraban de teclear sus celulares.
— ¿Qué exactamente están haciendo?
— Apuesto a que están contando en Twitter que acabaron de verme. Siempre sucede eso. En algunos minutos más fans aparecerán y junto a ellos algunos paparazzis.
— ¿Quieres irte?
— No. Quiero comer mi hamburguesa y tomar mi cerveza contigo, aquí.
— Está bien, si eso es lo que quieres, eso es lo que haremos.
— ¿Eso quiere decir que puedo querer cualquier cosa y lo haremos?
— No fue eso lo que quise decir, pero dependiendo de tu idea de diversión puede que acepte — respondí con una sonrisa. Era fácil ver lo mucho que le gustaba a Edward flirtearme, era todo en broma y no hacía daño alguno responderle de la misma manera.
— Definitivamente pensaré en alguna manera de entretenerla, señorita Swan.
— Aquí están sus pedidos — la camarera habló interrumpiendo nuestra conversación. Colocó los platos en la mesa y en seguida volvió con las cervezas — ¿Puedo servirle en algo más?
— No, gracias — él sonrió y juro que ella soltó un gemido.
— Cualquier cosa que necesites puedes llamarme, me llamo Abby.
— Sin problemas, Abby — él respondió y ella se retiró de nuestra mesa.
— No deberías flirtear con ella.
— No estaba flirteando con ella.
— ¡Claro que sí! Todo sonrisas…
— Estaba simplemente siendo simpático con ella. Eso se llama carisma, ahora eso que tú estás sintiendo son celos, pero no te preocupes, sonreiré para ti también — dijo con una estúpida sonrisa estampada en el rostro.
— Claro, estoy muriendo de celos — respondí poniendo los ojos en blanco y agarrando mi cerveza para tomarla, pero antes de que pudiera llevarla a mis labios, Edward estiró la botella de mis manos—. ¡Hey! ¿Cuál es tu problema?
— ¿Estás loca? Beber sin brindar, siete años sin follar.
— ¿Realmente crees esas tonterías?
— Prefiero no arriesgarme — dijo levantando su botella.
— ¿A qué brindaremos? — indagué, levantando mi cerveza y colocándola frente a él.
— A nuestros días juntos.
— A nuestros días juntos — repetí chocando mi botella con la suya.
Comimos y tomamos nuestras cervezas y Edward decidió que aún sobraba tiempo para una más. Nuestra segunda cerveza no fue tan bien apreciada como la primera, ya que algunas fans aparecieron pidiendo fotos y autógrafos. Edward siempre les respondía con cariño y la forma en la que hablaba con ellas no transparentaba otra cosa que no fuera gratitud. Cuando las personas se alejaban de nuestra mesa, se quedaban observándonos y yo me sentía un poco incómoda, como si analizasen cada uno de los movimientos que hacía.
— ¿Señor Cullen? Creo que lo mejor sería que nos fuéramos, la entrada ya está algo llena.
— Está bien, pediré la cuenta — Edward respondió llamando a la camarera. Cuando ella volvió con la cuenta, él tomó una tarjeta de crédito para pagar.
— ¿Cuánto alcanzó mi parte?
— Cero — respondió.
— Estoy hablando en serio, Edward. ¿Cuánto es?
— ¿Realmente crees que te haré pagar tu parte? Yo te invité.
— Puedo pagarlo.
— No estoy dudando de que puedas hacerlo. Únicamente digo que por esta vez, corre por mi cuenta — dijo entregándole la tarjeta a la camarera. Mientras firmaba el papel, calculé más o menos cuanto había dado el total de mi cuenta y retiré el dinero de mi bolso. Tan pronto Edward se levantó, metí el dinero en su bolsillo trasero.
— Bella, si querías tocarme el trasero, no necesitabas la excusa de meterme dinero en el bolsillo — retiró el dinero de su bolsillo y se giró en mi dirección con una sonrisa torcida los labios. Estaba avergonzada. Observó mi pantalón buscando algún bolsillo. No encontró ninguno. Entonces su mirada se movió hasta el escote de mi blusa—. Toma, agarra este dinero antes de que me vean metiéndolo en un lugar totalmente inapropiado.
— ¡No quería tocarte el trasero!
— Sí, intenta convencerte de eso — dijo dándome la espalda y siguiendo a Félix.
Descendimos las escaleras del pub con Félix en frente nuestro y tan pronto llegué al último peldaño, escuché la conmoción del área externa.
— Voy a ver lo que está sucediendo afuera. Espérenme aquí, ¿okay? — Félix dijo de manera calmada, como si estuviese acostumbrado a pasar por eso.
— Sí — respondimos al unísono.
— ¿Estás bien? — Edward preguntó poniendo una mano en mi hombro.
— Estoy un poco asustada. Cuando salía con los otros famosos siempre había conmociones, pero nada como esto.
— ¡Edward! ¡Edward! — las fans gritaban afuera.
— Cálmate, el auto está allí afuera. Será bien rápido — Edward dijo y en el mismo instante Félix regresó.
— Bella, sal tu primero con el seguridad del pub. Algunas personas no te conocen y es más fácil moverte primero. Edward, ven conmigo.
Cuando la puerta se abrió, entré en pánico. Millones de jovencitas estaban esperando por Edward y los flashes de los paparazzis me dejaban ciega, dificultando mi camino hasta el coche. El seguridad del pub, notando mi confusión me estiró, logrando que mis pies apenas tocasen el piso. Abrió la puerta del automóvil e ingresé en el banco trasero, segundos más tarde Edward estaba a mi lado. Algunas fans golpeaban el vidrio y Félix intentaba mover el auto sin atropellarlas. Los fotógrafos continuaban incansables con sus cámaras.
— Creo que voy a desmayarme — dije cerrando los ojos e inhalando profundamente.
— Cálmate — Edward respondió—. Félix, ¿será que puedes apurarte más?
— Lo estoy intentando, señor.
— Intenta relajarte, ya estamos saliendo — Edward dijo intentando calmarme.
Algunos minutos después Félix consiguió salir en la interestatal. Abrí los ojos y Edward me observaba con preocupación.
— Ya estoy mejor — avisé.
— Lo siento — exhaló con fuerza—. Deberíamos de haber salido en el momento que vi a las chicas difundiendo la información.
— Tonterías, no divertimos mucho.
— No parecías divertida un momento atrás.
— No estoy acostumbrada, solamente es eso. Es insana la manera en la que las personas actúan cuando te ven.
— Con el tiempo te adaptas — encogió los hombros.
— No sé cómo puedes hablar tan naturalmente de esto.
— Esta es mi vida en los últimos años, es el precio que se paga.
— ¿Existe algún momento en el que te arrepientes?
— No.
El día aún no había acabado y Félix partía en dirección al próximo compromiso de Edward. Él tenía una grabación de tres músicas de su nuevo CD para un programa online. La trasmisión en sí ocurriría en dos semanas, pero Edward explicó que esos programas eran grabados siempre con antecedencia.
Edward concedió una pequeña entrevista al canal y después avanzó hasta la silla que estaba en medio del estudio. Por primera vez escuché las pistas del nuevo CD. Él hacía una versión acústica, diferente de que sería encontrada en el álbum y parecía transmitir cada palabra con tanta emoción que en ese instante fue fácil entender porque tenía tantos fans. Él era hermoso y más aún cuando cantaba, pero lo que en verdad llamaba mi atención era la pasión que tenía por su música.
Cuando todos estaban satisfechos con las canciones grabadas, me quedé un poco triste. Podía escucharlo cantar por más algunas horas.
— Las canciones son hermosas — comenté cuando estábamos en el coche rumbo a casa.
— Gracias — respondió con una enorme sonrisa en el rostro—. Fue CD arduo de grabar, pero estoy orgulloso del resultado.
— Deberías estarlo, me quedé un poco decepcionada por no escuchar más. Quiero una copia del CD tan pronto se publique.
— ¡Te daré una copia autografiada!
— ¿Con dedicatoria incluida?
— ¡Pues claro! ¿Quién diría que Bella Swan es mi fan, he?
— No soy tu fan, pero sabes cómo es, pasaré un mes en tu casa, tengo que darte algunos elogios de vez en cuando.
— Me siento usado — fingió estar dolido.
— Bienvenido a Hollywood — respondí riendo — ¿Sabes que estoy bromeando, no? Naciste para hacer esto. Hacía tiempo que no veía un artista tan apasionado por su propio trabajo.
— No continúes que me sonrojo — dijo riéndose, pero parecía sinceramente tímido. Decidí cesar mis elogios por ese día.
Llegando a casa la cena nos esperaba. Conversamos sobre la programación del día siguiente y él me contó que tenía una fiesta en la noche, el lanzamiento de una película de la que formaba parte de la banda sonora. La película era protagonizada por Charlotte Bovier, quien coincidentemente, había sido mi celebridad número seis. Cuando terminamos de cenar, Edward se retiró de la mesa y me deseó buenas noches.
Manteniendo mi rutina del día anterior, me tomé un baño y me fui a dormir, pero así como el día anterior, alguien golpeó mi puerta después de que me haya abrigado debajo de los edredones.
— ¿Garrapata?
— Entra.
— ¿Todavía estás interesada en escuchar las otras canciones de mi CD? — preguntó atajando en una mano una guitarra y en la otra una botella de vino.
— ¡Claro! — respondí saltando de la cama en el mismo instante.
— ¿Te molestas si hacemos esto en el balcón de mi habitación?
— No. Es allí donde la magia sucede, ¿no? — pregunté jugando y él se carcajeó.
Sentarme en el balcón de la habitación de Edward – con Nessie durmiendo en mi regazo y una copa de vino en la mano – mientras él tocaba las bellas canciones de su nuevo disco y haciendo pausas solamente para beber de su vino o fumar un cigarrillo, hizo que comprendiese perfectamente lo que la fan que habíamos encontrado hoy había dicho. Realmente era una persona con suerte por pasar al mes con él.
Extra: Vino, cigarrillos y ojos cerrados
Permanecíamos en el balcón de mi habitación. Ella estaba sentada en el piso con Nessie en sus brazos y una copa de vino, por la mitad, en las manos. Sus ojos de vez en cuando se enfocaban en mí y otras veces observaban el cielo lleno de estrellas. Sin embargo, lo que más me fascinaba era cuando en medio de una canción la observaba y ella estaba con los ojos cerrados y una sonrisa en los labios. El viento soplaba y sus cabellos volaban, pero eso parecía no incomodarle.
Decir que estaba atraído por ella no era necesario, pero había algo más. Esa comodidad que sentía a su alrededor era algo que no sabía cómo explicar.
— Esa es mi favorita — dijo en cuanto la canción terminó—. Pero es un poco extraño escucharte cantando una canción sobre la inseguridad.
— ¿Por qué?
— No lo sé. Normalmente las personas inseguras tienden a trabarse y tú no te has trabado en ningún momento.
— Yo era bastante inseguro cuando era adolescente. En realidad, creo que dejé de ser así cuando noté que la mayor ambición de mi vida era convertirme en un músico reconocido. Fue como una epifanía. El resultado de eso fue mi primer video en You-Tube — confesé tomando un cigarrillo y encendiéndolo.
— ¿En serio? Tenía una visión completamente distinta de ti.
— ¿Cómo es eso? — cuestioné curioso.
— No lo sé. Imaginaba que eras el casa nova del colegio y que seducías a las chicas cantándoles las músicas románticas del momento — ella dijo y me carcajeé.
— No. Únicamente utilizo a la música para seducir a las mujeres cuando las traigo a mi balcón — dije expulsando el humo por la boca y guiñándole el ojo.
— Y después reclama cuando le llamo Perro — la escuché murmurar y sonreí inmediatamente por el comentario.
— Estoy bromeando, Garrapata. Eres la primera persona que me hace compañía aquí mientras toco, para serte sincero. Normalmente me gusta estar solo, pero es muy agradable compartir esto contigo.
— Aquí es tan agradable — dijo vaciando la tercera copa de vino y acostándose en el piso con los ojos cerrado. Estaba deslumbrado.
— ¿Quieres que toque alguna música más? — pregunté.
— Sí. Sedúceme — habló intentando parecer seria y creo que incluso sexy, pero una carcajada sonora acabó saliendo de su boca—. ¿Cómo puedes decir esas cosas sin reírte y encima sonar tan sensual?
— ¿Me crees sensual?
— Agh, no fue eso lo que dije. Deja de usar mis palabras contra mí.
— Fue exactamente eso lo dijiste. Que mi voz es… sexy — hablé intentando hacer una voz que por su carcajada no sonó para nada sexy.
— Si es así como seduces a las mujeres no es de extrañarse que hayas dicho que nunca follaste en esta habitación — dijo entre risas.
— ¿Te estás divirtiendo, no?
— Más que nunca — respondió intentando atajar la carcajada.
— Entonces continuaré siendo tu mejor forma de diversión — dije arrojando el resto de mi cigarrillo en el cenicero y agarrando la guitarra.
Comencé a tocar y ella continuó acostada en el piso. La canción salía sin esfuerzo de mis labios y Bella aparentaba adorar el sonido que yo producía. Sus manos se movían sobre su cabeza y seguían la melodía de la canción, pareciendo ser llevadas por el viento. Se detuvo de repente, giró el rostro por completo en mi dirección y me dio una sonrisa que inmediatamente retribuí. Que hermosa visión.
Con el final de la canción ella se levantó y me deseó buenas noches. Continué tocando una canción más y cerré los ojos. Por más de que ella ya no estuviera allí, yo aún conseguía verla perfectamente con los ojos cerrados.
¡Hola!
Lo sé, me quieren matar... Bueno, tengo excusa esta vez... me internaron :'( Sí, y fue horrible... tengo el estómago sumamente sensible y siempre que exagero con la comida termino vomitando y con mucho mareo... y bueno, me hospitalizaron para aplicarme vitaminas y esas cosas. Detesto las agujas D: Y después cuando salí no pude actualizar porque no tenía crédito, recién ahora pude cargar…
Pero bueno, ya está aquí para ustedes :D Muchísimas gracias a todas las personas que dejaron reviews, favoritos y alertas, me alegra el día al saber que les gusta esta historia que me encanta traducir.
Las actualizaciones serán cada tres días. El siguiente será publicado el martes a más tardar ya que tengo capítulos de otras historias que betear.
Las imágenes del capítulo ya están disponibles en el Tumblr.
Las cosas se están poniendo interesantes entre el Perro y la Garrapata... Y esto recién empieza ;)
