NO A LA NEGACIÓN

Capítulo 3 Obediencia

Draco Malfoy podía tener el don de la inoportunidad, pero también podía tenerlo en otro momento en el que Harry no viera una estancia en la enfermería tan de cerca.

Las hormigas se alborotaron por el jaleo a su alrededor y salieron como acto de bienvenida. Un festín se les acercaba.

—¿Sabes, Potter? Ser un Malfoy es muy difícil —recitaba Draco sosteniendo a Harry cada vez con menos dedos—. Y ser un Malfoy gay significa el destierro. ¿Te mereces tanto sacrificio?

—Draco, por favor... —Harry se veía ya comido por las hormigas porque Draco no tenía otra cosa que hacer que ponerse existencialista en ese momento. Temió por su vida y temió aún más por el alma de Draco, a quien creía que conocía pero no lo parecía.

Un trotar no muy lejos se acercaba tan rápido que cortaba el viento. Draco miró para ver qué era y su mano quedó libre. No hubo gritos, sólo un golpe seco que había traído el viento. Ante ellos, el majestuoso Firenze. Harry estaba a sus pies sosteniéndose la cabeza con la mano.

—Harry Potter, de aquí has de marchar. Terribles criaturas se acercan para llevarte.

—Si sigo con Draco no tendrán que venir, ya me llevará él en bandeja.

—Exagerado. No entiendes mi humor.

—Humor mortífago.

Firenze golpeó sus pezuñas con fuerza para cortar la conversación, visiblemente molesto a la luz de la luna.

—Harry Potter, sal del bosque. Y lleva el amor contigo —dicho esto, Firenze se fue galopando entre el follaje.

Harry se puso detrás de Draco y le dio golpecitos para que se moviera en la dirección que había tomado Firenze. Había dicho que se llevara el amor con él y se suponía, aunque no lo pareciera, que Draco era esa persona. También le había dicho que salieran del bosque, pero no iba a hacerle caso a todo.

Por mucha resistencia que pusiera Malfoy, Potter conseguía arrastrarlo sin necesidad de usar la varita. Era sospechoso que Draco no se hubiese ido ya dado que se asustaba de su sombra, por lo que Harry le miraba cada vez más convencido de que tramaba algo. O eso o había comprado todo el valor del mundo.

Iban directo al lago por el camino que estaban tomando. Los aullidos de los licántropos se escuchaban a los lados y Draco dio un repullo que asustó aún más a Harry. Estaban más asustados que la primera clase con Snape, y ese listón estaba muy alto.

Draco se comió su orgullo y se dio la vuelta.

—Vamos a volver. Esto cada vez estás más oscuro y no conjures lumus, que nos conocemos —Harry tuvo un intento de risa que se vio cortado por el silencio.

De repente, el ambiente estaba frío polar. El vaho escapaba de su boca y el sentimiento de miedo evolucionó a terror. No podían moverse, no podían hablar. Sólo podían esperar lo peor.

Negras túnicas volátiles aparecieron de la nada, cubriendo el cielo sobre sus cabezas. No tenían cara ni cuerpo tangible y el miedo dio paso a algo peor: el frío.

Los dementores habían llegado.