EL CASO DE LA CABAÑA EMBRUJADA


2

Hijos de la tierra

El menhir parece saludarlos con su rostro de piedra. Ondas de luna lo iluminan tenuemente, el claro está libre de ramas y el cielo libre de nubes, por lo que no hay interferencia para las luces cósmicas de las estrellas. Shining Armor se siente en otra época cuando se sienta sobre la estera que le ofrece Zursodda, la loba negra de intensos ojos celestes. Se siente algo incómodo con su mirada, pues da la impresión de que siempre está planeando algo.

—Les presento a los Guardias Reales Hawkguard y Shining Armor —dice feliz el tío de Fluttershy.

—Sacred Lion, no sabía que vendrían invitados —dice Merlín, y le sonríe a Shining Armor.

—Ellos necesitan hablar urgentemente con el Pueblo Mágico —les explica el caballo pinto—. Alguien secuestró a una bebé y acusan a los duendes de robarla.

—¡Sí, creo que se llama Apple Bloom! —grita Larkgazer interrumpiéndolos— ¡Mi mamá habló de eso todo el día!

—Eso es ridículo —dice Soren, no parece tener más de dieciséis años, aunque sus ojos parecen los de un anciano—. Los duendes roban dulces, no bebés.

—¿De casualidad no hay un ser mágico que sí robe bebés? —pregunta Hawkguard.

La mirada que le lanzan le deja en claro que no debe seguir esa línea de preguntas. Shining Armor mira extrañado el menhir, y recuerda algunos dibujos de estructuras megalíticas que vio en sus libros de historia cuando era potro. Había oído sobre el poblamiento de Equestria, de cómo los antepasados equinos construían esas estructuras moviendo las rocas con magia, pero por alguna razón pensaba que ningún poni sería capaz de hacer esos tallados tan hermosos.

—Sin la ayuda del Pueblo Mágico, la Primera Migración de ponis jamás habría sobrevivido en este continente —dice Merlín, y sus ojos parecían tan antiguos como un diamante—. Bueno, sin la ayuda del Pueblo Mágico, los ciervos y los grifos.

—Por eso algunos ponis los llaman "el Bello Pueblo" —dice Larkgazer, sonriendo orgulloso, como si hubiera dado la respuesta acertada en una clase.

—¿Primera Migración? —pregunta con curiosidad Shining Armor. Merlín lo mira como si hubiera dicho una blasfemia.

—¿Es que no les pasan Historia en clases?

—Jamás cuando yo estudié, y no importa —interviene Hawkguard—. Nos prometieron que podríamos hablar con sus seres mágicos y hasta ahora no veo nada.

Aquel círculo se ríe ante el comentario del sargento, y el unicornio siente un escalofrío recorrer su lomo. Piensa en todas las historias sobre aquelarres de adoradores de Nightmare Moon que oía de potro, y aunque Larkgazer parece ser un buen potro, Zursodda y Merlín tienen algo que lo incomoda, algo fuera de lugar, como si fueran cerámicas prehistóricas entre los platos de su madre.

Sacred Lion levanta una pequeña y alargada flauta nativa de las Tierras Medias. Shining Armor había visto una igual en un museo de Canterlot. Merlín saca de un morral un instrumento extraño, que parece ser el antepasado de todos los violines, una tabla alargada de tres cuerdas y un pequeño arco para frotarlas. Zursodda comienza a afinar un instrumento aún más curioso, algo parecido lejanamente a la guitarra, pero con muchas clavijas a lo largo de un solo lado de su mástil. Soren saca un hermoso laúd, finamente hecho, y Larkgazer una sencilla armónica.

—¿Trajeron algún instrumento? —pregunta Merlín apoyando su extraño violín sobre una pierna.

—No, ¿era un requisito importante traer un instrumento musical? —pregunta Hawkguard, evidentemente confundido.

—Sí, pero no teman, creo que con nosotros bastamos —dice Merlín—. Zursodda, ¿ya está afinado tu sitar?

—Puedes morder limones si piensas que voy a revisar cada cuerda de este mastodonte —bromea la loba negra, y Shining Armor siente algo muy parecido al terror cuando sus gélidos ojos celestes se clavan él.

Sacred Lion inicia la música, tocando unas notas tan dulces que no parecen hechas por esa flauta de madera adornada por plumas. De inmediato, ambos Guardias Reales se tranquilizan, se relajan como pocas veces antes, como si esa melodía fuera capaz de espantar todos sus temores, todos sus pecados y preocupaciones. Pueden cerrar los ojos, y lo que ven son los bellos paisajes semiáridos de las Tierras Medias, con un águila atravesando un cielo azul, libre de nubes, entre montañas rojizas.

Y entonces, comienza a tocar Soren su laúd. Es un sonido tan distinto, una música que de inmediato los lanza hacia los bosques de coníferas y acebo de Cerinia, un sonido que los lleva a su mente el aroma de madera mojada, de estructuras de piedra levantándose contra un cielo blanco y un pasto insultantemente verde para el frío invierno que lo cubre. Tan diferentes, y, sin embargo, encuentran la forma de oír en concordancia.

La mirada de Shining Armor se detiene en la fogata. Mientras la música de la flauta y el laúd bailan en el aire, le parece que las llamas también bailan, al ritmo de una melodía que progresivamente acelera.

Casi cae de espaldas cuando Merlín grita, una sílaba corta que es acompañada por las notas de su violín, la armónica de Larkgazer y el instrumento llamado sitar de Zursodda. El fuego se alza como una torre, y le parece que Hawkguard grita tanto como él.

Le parece ver un corro de criaturas. No serían más grandes que la cuchara con la que su hermanita Twilight endulza el té, pero lo sorprendente es que están dentro de la fogata. De hecho, le parece que el fuego se ha condensado en la forma de esas criaturas, pequeñas y con la apariencia de ratones, pero con sus colas acabadas en pequeñas llamas a semejanza de las colas de los leones. También tienen melenas, aumentando el parecido, pero es difícil lograr descifrar su apariencia pues están hechos de fuego puro.

Si te levantas cada mañana sintiéndote deprimido y mal
si sientes que estás vacío y no puedes parar de llorar
cuando el miedo se adhiere hasta a tu corazón
porque enfrentar al mañana te causa temor
si te rindes, tu camino nunca lo va a encontrar.

Todavía no se recuperan de la impresión que les causa ver a esas cosas surgir de la hoguera, cuando el bosque se desborda de criaturas extrañas, fantasmales, mágicas.

De potro, a Shining Armor le gustaban las obras de títeres. El unicornio Merlín, el mismo que está tocando el violín prehistórico a su lado, hacía a veces espectáculos con títeres que representaban seres muy parecidos a los que ve acercarse. Ve a los monstruos de los dibujos de Big Macintosh, los monstruos de las historias de su abuelo, monstruos que no pensaba ver jamás en su vida. Criaturas que le traen recuerdos.

"¿Qué rayos es esto?"

Un tropel de seres salta, ríe y baila, monstruos del tamaño de un dragón bebé, morados, de dos brazos y dos piernas con tres dedos, con ojos sin párpados que parecen diamantes blancos. Con manchas rojas en su pecho, orejas puntiagudas y aterradores dientes triangulares, como los de un tiburón. Pero lo que más le sorprende son sus sonrisas, casi del ancho de sus cabezas. Los duendes.

Bajan de los árboles otras criaturas elásticas, y lo primero que puede pensar es en aves. Están cubiertos de algo que parece plumón o musgo, y le da la impresión de que si los toca, su casco quedaría húmedo. Sin embargo, son muy coloridos, pintados con vivos tonos multicolores que recuerdan a las coloraciones de los abejarucos, arrendajos y oropéndolas, con rojos ojos sin párpados que recuerdan a los de una rana arborícola. Los elfos.

Del suelo surgen rechonchas criaturas, sin dejar agujeros bajo ellas, como si estuvieran formándose a partir de la propia tierra. Criaturas amarillentas, con el pecho y la mandíbula de colores blancos, ojos negros con pupilas blancas y grandes púas en la espalda, de colores marrones, blancos, negros, grises o rojos. Su forma recuerda a la de un armadillo, y tienen dos afiladas garras en cada extremidad. Los enanos.

Ven que algunos árboles se transforman en yeguas terrestres, las yeguas más hermosas que habían visto en su vida. Es como si la Princesa Celestia no tuviese cuernos ni alas, y aún así, sienten que aquellas yeguas podrían ser más hermosas que la misma Princesa. Las ninfas.

De las flores dormidas surgen como aves unas criaturas que recuerdan bastante a los murciélagos, pero sus cabezas son grandes y redondeadas, de color morado muy claro, casi grisáceo. El resto de su cuerpo es de un negro claro, los ojos son pequeños y dorados, con adorables pupilas negras, y grandes orejas redondeadas, bordeadas con un morado más oscuro. Las hadas.

Ven a dos alegres criaturas acercarse. Lejanamente parecidos a conejos, o ardillas, o a gatos, o a una hermosa mezcla de aquellas tres criaturas, con colores azules o blancos. Pueden notar que tienen dos colas. Los nix.

Y ambos Guardias se miran a la vez. Están igualmente sorprendidos, confundidos y asustados. Pero nada los prepara para lo que ocurre a continuación.

Un tronco seco se tambalea, primero tímidamente, luego violentamente. Y ven que surge un monstruo que nunca habrían pensado ver en otro sitio que no fueran sus pesadillas. Es gris y alargado, como un hurón, pero grueso como el tronco de un roble, y una gran melena negra rodea su cabeza, blanca con manchas negras lejanamente similar a un tejón. En el lomo tiene también abundante pelaje negro, y su cola acaba en un frondoso mechón de pelo blanco. Pero es el rostro lo que los asusta: un poco similar al de un lobo, pero de mandíbulas anchas como las de un cocodrilo, y con dos colmillos parecidos a los de un jabalí asomándose.

—Aquel monstruo no estaba en los dibujos del potro —murmura Hawkguard.

—No es un monstruo —dice Sacred Lion—. Es un Fallentree Dancer, el último que queda. Y es mi amigo.

—¿Esa..., criatura habla? —pregunta asustado Shining Armor.

—No habla mucho, pero sí lo hace —le dice Merlín.

—No se asusten, ninguno de ellos mata —bromea Zursodda—. Al menos, ninguno mientras estemos nosotros. ¿Cuáles eran sus preguntas?


El Bosque inmortal parece aún más aterrador de noche. Pero eso no detendrá a Applejack, ni a sus dos amigas. Rarity, en realidad, sí está asustada, pero no tanto como Fluttershy, que está temblando de terror, a pesar de que ella conoce los bordes de la foresta gracias a su tío.

—¿Están preparadas? —dice Applejack mirando a sus amigas. No las quiere obligar a hacer algo que detestan, y continuaría sola de ser necesario. Pero preferiría estar acompañada.

Rarity y Fluttershy se miran a los ojos. La unicornio lleva puesto un atuendo sencillo, una bufanda verde claro con un pequeño gorro verde oscuro y una manta color amarillo en su lomo, que sin embargo no parece del todo adecuada para explorar el bosque de noche, más parece un conjunto para recorrer el prado durante el día. Fluttershy trae unas alforjas rosas con estampados de flores, y Applejack no puede imaginar qué contienen, y espera que sean cosas útiles.

—Yo..., yo —susurra Fluttershy. La poni terrestre piensa que para la pegaso es una experiencia horrible entrar al Bosque, y no es capaz de someterla a tal tormento.

—Puedo ir sola, no se preocupen —dice ella—. Espérenme aquí.

—Espera, Applejack —dice Rarity de inmediato, dando un paso al frente. Y para sorpresa de ambas, Fluttershy también se adelanta, intentando dejar de temblar, para decir con una voz que intenta sonar decidida:

—Iremos contigo.


El diseño de algunos seres mágicos se basan en Pokémon, aquí están los diseños:

Duendes: Sableye.

Enanos: Sandslash.

Hadas: Noibat.

Nix: Meowstic.