SE SABE PÚBLICAMENTE
Hermione estaba peinándose frente al espejo, y entonces un pelo le hizo cosquillas en la mejilla. Al ir a quitarlo se dio cuenta de que no era suyo, pues era rubio platino. La chica agudizó los sentidos, debido a la experiencia en batalla de los meses anteriores, pero antes de que pudiera reaccionar, Malfoy se le había echado encima.
El chico le tapó la boca, impidiendo que gritara o articulara ningún tipo de sonido. Con la mano libre le hizo señas para que no dijera absolutamente nada. Cuando liberó su boca su mano rodeó su cuello, con más bien poca delicadeza. La Gryffindor escuchó sonidos al otro lado de la puerta, en la habitación contigua. Cerró los ojos, esperando el final. La mano firme que rodeaba su cuello no desistía en su apretón. Apretó los ojos, y unas lágrimas los encharcaron contra su voluntad, le costaba respirar.
-¡Aquí no hay nadie!,-sonó la fuerte voz de Draco, que terminaba de soltarle el cuello y le tocaba con curiosidad la mejilla, extrañado ante la lágrima furtiva de Hermione-.
El Slytherin le hizo un gesto a la Gryffindor, para que guardara silencio, y le señaló la ventana, que estaba entreabierta. La chica sonrió levemente, sin estar segura de si aquello era una trampa, pero antes de poder sopesarlo con seriedad, huyó por la ventana, dejando atrás a un Slytherin más amable de lo que jamás había podido imaginar.
Entonces Hermione se despertó, encharcada en sudor, como todas aquellas noches en que las pesadillas de la Gran Guerra le perseguían. Aquel podía haber sido su final, y el rubio, sin explicación alguna, le había salvado la vida. Aún se preguntaba por qué, pero nunca se había armado de valor para preguntárselo, y creía que jamás tendría suficiente como para poder hacerlo.
La chica no podía pegar ojo. Sabía que el lunes sabría si tendría que irse de aquella horrible habitación habitada por seres humanos ruidosos y escandalosos, y también sabría quién sería su compañera, o quizás su nuevo compañero de Sala. Deseaba que fuera Ginny, pero aquello era imposible, pues debía ser de último curso. ¿Qué tal Harry? Prefería no darle vueltas, al menos no demasiadas, pues no dependía de ella.
O-O-O-O-O-O
Draco estaba en su propia habitación, sin poder pegar ojo. No podía parar de recordar la imagen de Hermione mordiéndose el labio inferior.
-Maldita zorra,-susurró en la intimidad de su cama, rodeada por los doseles plata y verde-.
Recordó su voz susurrante contra su oído y notó un tirón en la entrepierna. No era la primera vez que se ayudaba de ciertas artes para liberar tensiones, y tampoco sería la última, pero era noche cerrada y no le apetecía ponerlo todo perdido. Pensó en visitar alguna habitación femenina, pero todas eran compartidas y estaban ocupadas en aquel momento, por lo que la situación era mucho más compleja de lo que él habría deseado.
-Debí dejar que se la cargaran aquella noche,-susurró-. Tal vez no…,-admitió sonriendo con picardía-, tal vez en la Sala tenga mi recompensa,-y se durmió fantaseando con la castaña-.
O-O-O-O-O
Cuando Hermione se sentó aquella mañana en la mesa de Gryffindor y sintió una helada mirada sobre su persona, un escalofrío recorrió su cuerpo. Miró con decisión hacia la mesa de Slytherin y allí estaba Draco, que la saludó levemente con la cabeza, dándole a entender que, efectivamente, la estaba observando.
Draco la miró sin ningún tipo de vergüenza. En aquellos momentos estaba tan caliente que creía que si tocaba la mantequilla la desharía.
-¿Cómo va eso, Elvis?,-saludó a su amigo cuando se sentó a su lado en la mesa-.
-Muérete,-fue todo lo que dijo el chico, mirando amargamente el zumo de calabaza que tenía frente a sí-.
-Desde luego, cuando te enamoras eres un borde,-el rubio rió ante su gracieta, y siguió con mirada lujuriosa el primer par de piernas que vio-. ¿Conoces a esa?,-preguntó con poco disimulo, señalando a la dueña de las piernas infinitas-.
-Va conmigo al Hospital. Es de Ravenclaw. Se llama Susan,-le informó Blaisse viendo como la chica se giraba para saludarle con la mano-.
-Gracias, Merlín, y gracias a ti, Blaisse…
-¿Por qué?
-Pues…, por presentármela, claro,-el rubio se colocó levemente la corbata cuando le hizo una señal con la mano, para que se acercara a ellos-.
-¡Me la había pedido yo!,-susurró el moreno, cabreado-.
-Ahora tienes novia, no querrás ponerle los cuernos, ¿verdad?,-el rubio sonrió tiernamente, como si realmente se creyera lo que estaba diciendo-.
O-O-O-O-O-O-O
Draco respiró profundamente sobre el pecho de Susan.
-Ha sido genial, querida,-dijo bajándosela de encima-. Hay que…, hay que repetirlo,-añadió a duras penas, intentando recuperar el aliento y subiéndose los pantalones-.
-Cuando quieras,-dijo la chica colocándose el uniforme debidamente-. ¡Oh, por Merlín! Llegaré tarde,-y se fue corriendo de los baños de Prefectos, donde Draco la había llevado sin que ella fuera siquiera consciente-.
-Ahora sí, ahora puedo enfrentarme a cualquier cosa,-y sonrió triunfante. Nada ni nadie podía con su control, al menos si él era suficientemente rápido como para adelantarse a los acontecimientos-.
O-O-O-O-O
Hermione entró con paso dubitativo en la vieja Sala de Libros. Estaba inquieta, algo nerviosa. No estaba segura de si haberse enfrentado a Draco de aquella manera había sido algo juicioso. Habría jurado que la mirada escalofriante que le había regalado durante el desayuno escondía algo, pero no estaba segura de qué podía ser.
-Llegas tarde, Granger,-sonó una voz entre las sombras-.
-Eso no es cierto. Llego cuando quiero llegar,-respondió ella, impetuosa y desafiante, olvidándose de pronto del miedo que había sentido hacía pocos instantes. No sabía por qué, pero tenía la extraña sensación de que junto a Malfoy no corría riesgo alguno, aunque claro, tal vez estaba completamente equivocada-.
-Pero qué chula eres,-escupió Malfoy con una sonrisa que, para su suerte, las sombras ocultaban a la vista de la chica-. Eso no es típico de una buena Gryffindor,-continuó el chico, divertido-, si McGonagall se enterase moriría de la vergüenza-.
-Espero que mueras ahogado bajo una estantería, Malfoy. Pero hoy no pienso ayudarte.-le cortó la muchacha, harta de las tonterías del rubio-.
-¿Te pica que no te diera las gracias ayer?,-el chico se acercó levemente a la leona-. Orgullo león…, era evidente que no podías ser perfecta, Granger,-un relampagueante brilló pasó fugaz por la grisácea mirada del Slytherin-.
-Paso de ti,-dijo ella-. Sólo tengo que aguantarte los fines de semana, y durante unas pocas horas para los Servicios. No vas a amargarme el día,-el rubio no pudo evitar reír levemente-.
-Tienes razón, Granger. Sólo los fines de semana. No es como si viviéramos juntos, ¿verdad?,-sonrió cual angelito y giró sobre sus talones, dispuesto a continuar con su trabajo-.
Hermione no era tonta, y una lucecita se encendió de pronto en su cerebro. Los Premios Anuales siempre eran los dos mejores alumnos del último curso, a menos que hubiera algún problema de comportamiento por parte de alguno de ellos. En ocasiones eran simplemente dos de los mejores. Hizo cuentas mentalmente, ¿quiénes eran los mejores alumnos de la clase? Estaba ella, por supuesto, y luego…, estaba Zabinni, era muy bueno, Ron no era de los mejores aunque Harry si que lo era… Hizo alguna cuenta mental más. ¿Era posible que Malfoy y ella fueran los Premios Anuales, y si era así, cabía la posibilidad de que el chico ya lo supiera?
-¿Qué estás insinuado?,-exclamó tras pocos minutos de intensas cavilaciones-.
-¿Yo?,-el chico se giró, sonriendo cual angelito-. Nada,-y ensanchó la sonrisa, disfrutando el ataque de pánico en el que estaba entrando la chica-.
-Deberías saber que cuando sonríes de esa manera tan maquiavélicamente angelical nadie cree una palabra de lo que dices, Malfoy,-Hermione frunció el ceño, desconfiada-.
-Deberías habérselo dicho a la bibliotecaria. No me costó ni cinco minutos convencerla para ayudarte con todo esto,-la sonrisa seguía prendada de sus labios, como si se negara a ir de allí.
-No has respondido a mi pregunta,-se acercó levemente, con mirada amenazadora-.
-No sé nada, Granger,-respondió con seriedad-. Y en el caso de saberlo,-sonrió con maldad-, jamás te lo diría,-terminó susurrando contra su oído-.
Hermione empezó a hiperventilar. No podía compartir Sala con aquel enviado del demonio rubio. Simplemente no podía.
-Deja de hacer teatro, anda,-el rubio empezó a girarse, dispuesto a darse la vuelta y a ignorar a su compañera de tareas de fin de semana, pero antes de que le diera tiempo vio como la Gryffindor se derrumbaba y tuvo suficientes reflejos como para cogerla en el aire, antes de que se golpeara la cabeza contra la fría y dura piedra del suelo-.
O-O-O-O-O-O-O
Blaisse entró en la habitación de Alice golpeando levemente antes la puerta.
-Hola,-dijo con timidez-.
-¡Elvis!,-gritó la anciana, emocionada-. ¡Has venido! Me dijiste que vendrías y has venido.
-Claro que sí,-dijo el chico, sonriendo nerviosamente-.
-¿Lo ves? Te dije que vendría,-dijo la mujer hablando al vacío-.
-Ehhh, ¿con quién hablas?,-el chico la miró con desconfianza-.
-Con Sally.
-¿Quién es Sally?,-se alejó levemente de la anciana senil-.
-Ella,-dijo señalando el aire, como si fuera evidente-. Es mi duende. Me dan pastillas para que deje de verla, pero es mi mejor amiga…,-explicó la mujer-. Tiro las pastillas por la ventana y así Sally y yo nos veremos para siempre,-sonrió con dulzura-.
Blaisse abrió los ojos enormemente. Aquella mujer estaba mucho más loca de lo que le había parecido en un primer momento.
-¿Vas a cantarme algo?,-preguntó ella, dando palmas-. ¡Que cante, que cante!,-coreó al ritmo de las palmas-.
-¿Cantar?,-el Slytherin estaba desconcertado-.
-¡Siiiiii! Elvis va a cantarme cosas. Luego podremos bailar,-dijo ella, feliz e incorporándose-.
-¿Bailar?,-el moreno sonreía como si le faltara un tornillo de los gordos-.
-En horizontal,-susurró la mujer empezando a reírse como una psicópata-.
-¡Aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhh!,-el moreno salió corriendo de la habitación, dispuesto a no volver jamás a hablar con una abuelita, por más inocente y buena que pareciera a primera vista-.
Blaisse se chocó de frente con Ginny, que le miró con odio.
-¿Qué demonios te pasa, Zabinni?,-escupió la pelirroja con muy poco tacto-.
-¡Ginny!,-dijo llamándola por su nombre de pila y olvidándose de pronto de la rivalidad entre casas. La estrechó entre sus brazos con fuerza, feliz de ver a alguien conocido-. ¡Me alegro tanto de verte! Una vieja psicópata quiere que le cante y luego quiere hacerme cosas poco decorosas en su habitación,-finalizó soltando a la pelirroja del estrecho abrazo-.
-¿Cosas poco decorosas?,-la chica ladeó la cabeza, sin llegar a comprender del todo de qué le hablaba el chico. Se alejó un poco del Slytherin, que parecía tener ganas de abrazarla de nuevo-.
-Quiere…, bailar en…, horizontal,-explicó acercándose mucho a la pelirroja para que nadie más le oyera-. ¡Debemos decírselo a la enfermera! Además, no está tomándose sus pastillas, quiere ver a su duende cada día y se niega a dejar de hacerlo.
La Weasley le miró con el gesto desencajado, y forzó una sonrisa. ¿Acaso Zabinni había perdido su poco juicio en el hospital?
-Vamos a hablar con una enfermera, anda,-le sujetó por el brazo, como si tuviera miedo de que le diera una crisis nerviosa de un momento a otro-.
O-O-O-O-O
Draco tumbó a Hermione sobre la dura piedra del suelo y la observó levemente. Así tumbadita e inconsciente parecía un angelito recién caído del cielo. Un angelito despeinado, pero un angelito a fin de cuentas.
-Granger,-susurró el muchacho, no muy seguro de si debía avisar a la bibliotecaria, o tal vez a la enfermera-. Granger,-repitió zarandeándola levemente-. Estupendo, ahora está inconsciente. Esto ya no tiene gracia…,-se sentó a lo indio, con las piernas cruzadas y estudio las facciones de la Gryffindor-. No pueden juzgarme por esto…,-le quitó un mechón de pelo que cruzaba su bronceado rostro-. Por supuesto que no,-se inclinó sobre su rostro-.
Hermione abrió de pronto los ojos, como si estuvieran controlados por un resorte, y vio la cara de Malfoy a escasos centímetros de la suya.
-¡Ahhhhhhhhh!,-gritó incorporándose y alejándose de él-. ¿Se puede saber qué haces, pervertido?
-¿Acaso no es evidente?,-dijo el chico cruzándose de brazos-.
-Te escucho,-dijo ella imitando su gesto, de forma defensiva-.
-Estaba observando si aún respirabas,-dijo arrastrando las palabras, dándose suficiente tiempo a sí mismo para pensar si aquello tenía algún sentido. Lo tenía-.
-¿Y no habría sido mejor idea llamar a la enfermera?
-Rezaba porque no respirabas. Ella te habría ayudado…,-se encogió de hombros, como si fuera evidente-.
La castaña suspiró.
-Me dejas exhausta, Malfoy,-dijo harta de sus tonterías-.
-Gracias Granger. Muchas mujeres suelen decirme eso, y luego lo acompañan de algo más…,-el muchacho le lanzó un beso en el aire a la chica y rió entre dientes-.
-No comprendo cómo te soportan durante tanto tiempo seguido. Un minuto es todo un record,-sonrió con maldad, haciendo clara alusión a su poco aguante como amante-.
El chico se llevó una mano al corazón, como si aquello le hubiera dolido profundamente.
-Esto…, esto ya es personal, querida,-se levantó y se fue del lugar dando un portazo-.
-¡Malfoy!,-gritó cuando fue consciente. El chico se había ido sin haber hecho absolutamente nada de las tareas que tenían asignadas-.
O-O-O-O-O-O-O-O
-No toma ninguna pastillas, ¡las lanza por la ventana!,-decía un agitado Blaisse-. Ella me lo ha confesado,-susurró a la jefa de las enfermeras, una atractiva joven que le miraba con interés-.
-Ella dice que ha sido usted quien ha intentado propasarse…,-le atacó la chica, mirándole con seriedad-.
-Eso es ridículo,-dijo el chico poniéndose en pie-. ¿Acaso vas a creer más a esa vieja chiflada que a mí?, ¿es que tengo pinta de ser violador de ancianas seniles?, ¿la tengo, Ginny?,-preguntó a la Gryffindor, que le miraba con los ojos fuera de las órbitas desde la otra punta de la habitación-.
-Yo mejor me voy…,-dijo la Weasley poniendo pies en polvorosa-.
-Debería tratarme de usted, caballero,-dijo la enfermera poniendo las manos en jarras sobre sus caderas-.
-Lo haría si viera que tienes un ápice de raciocinio. No entiendo cómo ostentas este puesto, querida. Incluso un mono amaestrado lo haría mejor.
-¿Cómo osa?,-dijo la pelirroja, recolocándose el pelo-.
-Oso porque puedo,-dijo el muchacho sonriendo con prepotencia-. De hecho ahora mismo voy a hablar con mi padre. Tiene tanto poder que en menos de cinco minutos estarás en la recepción del Hospital, pero pidiendo dinero.
-¡No serás capaz!,-la mujer abrió los ojos enormemente-.
-¡Pruébame!,-retó el chico, calculando mentalmente la edad de la mujer-. Si ni siquiera eres la jefa de enfermeras oficial. ¡Sólo estás de prácticas!,-la acusó con un dedo amenazador-.
-No importa que esté de prácticas. ¡Mi tutora está de baja por enfermedad y eso me da todo el poder!,-la joven se sonrojó claramente, avergonzada y cabreada con el joven que tenía delante-.
-¿Poder para qué?,-dijo el moreno, con desdén-.
-Para esto,-y la pelirroja se abalanzó sobre Blaisse, partiéndole la boca de un beso. Zabinni abrió los ojos, sorprendido. A continuación los cerró y tomó las riendas de la situación-.
O-O-O-O-O
Cuando llegó la noche Blaisse tenía cara de cansado, Ginny le miraba desde la mesa de Gryffindor con preocupación. Al salir del despacho de la enfermera jefa había oído muchos más gritos. Malfoy parecía realmente ofendido por algo, y Hermione le miraba con odio contenido desde su sitio en la mesa. Harry observaba a sus amigos con preocupación, ¿qué demonios les habría pasado, y por qué parecía que tuviesen algún tipo de relación con las serpientes? Agitó la cabeza cuando escuchó la voz de Dumbledore.
-Buenas noches queridos alumnos. Creo que ya sabéis todos que hoy se hará oficial qué alumnos ocuparán la plaza como Premios Anuales del Colegio,-hizo un silencio que a Hermione le pareció que duró siglos. La muchacha miró a Malfoy fugazmente, el chico parecía no prestar la más mínima atención a lo que el Director pudiera estar diciendo-. Me alegra decir que uno de los puestos va para la casa valiente, la de los leones, ¡Hermione Granger!,-un aplauso atronador sonó desde la mesa de la Casa, acompañado de varios vítores-. Muy bien, muy bien,-dijo el anciano, invitando al alumnado al silencio-. El otro Premio Anual es…,-se ajustó las gafas mientras leía-. Vaya…, creo que esto ayudará realmente a la complicidad entre Casas,-sonrió abiertamente-, ¡Draco Malfoy, de la Casa Slytherin!,-el chico se puso en pie, pidiendo más vítores y aplausos por parte de sus "súbditos", como les llamó mentalmente, a diferencia de Hermione, que se había quedado sentada, colorada por la vergüenza de ser el centro de atención-.
-Por favor, que alguien me mate,-susurró Hermione mientras observaba a Draco que sonreía abiertamente a todo el mundo que estaba a su alrededor-.
FIN DEL CAPÍTULO
