DECLAIMER: LOS PERSONAJES PERTENECEN A TOE ANIMATION LA HISTORIA ES MIA
JAULA DE ORO.
—Mi familia era de clase alta, gente de la nobleza si quisieras llamarlo de otra manera. Nací en Londres en el año de 1895, era un día oscuro y nublado, en una gran mansión rodeada de inmensos arboles y hermosas flores, especialmente los tulipanes, ya que esos eran las favoritas de mi madre, un denso clima, podías ver las grises nubes cubriendo el Sol completamente, lo cual eso me ponía triste, ya que yo adoro los veranos. En los salones apenas se podían iluminar las velas debido a la oscuridad de afuera. En un gran cuarto decorado con las mas finas y caras telas, colchones y almohadas que podrías encontrar, se encontraba mi madre llena de sudor en la frente acostada en una cama bien decorada con adornos florales, gritando por el dolor que alguna vez le cause, por las grandes contracciones y la sangre que le caía en sus partes intimas, junto a ella la ayudaban unas cuantas muchachas del servicio, limpiándole el sudor y animarla a seguir pujando. Mi padre, es un conde de una de las familias más prestigiadas, ahora que lo pienso, creo que lo único que quería era un heredero para dejarle sus riquezas, no demostraba arrepentimiento con todo lo que hizo, o todo el dolor y melancolía que pasamos por él, la verdad, pienso mas bien que se encontraba demasiado orgulloso sobre todo "los logros" que ha hecho y todos los esfuerzos de mantener la mansión a pie.
"Tanto mi madre como mi padre pensaban que sólo tendrían a un heredero, al nacer yo, fue lo primero que pensaron, de no haber sido que pocos minutos después de haber nacido, mi madre volvió a sentir otra contracción demasiado fuerte, aun después de que yo, el supuesto único hijo, naciera. Mi padre no se encontraba en casa pienso yo que debió haber estado demasiado ocupado como para no estar en el nacimiento de su primogénito, mi madre se encontraba demasiado asustada y por poco se desmayaba por el susto de que tal vez estuviera esperando dos hijos en vez de uno. Las del servicio la ayudaron a seguir pujando por segunda vez, gastando casi todas las fuerzas que le quedaban a mi madre, ya que, ella era muy joven, en mi nacimiento ella debió haber tenido unos 19 o 20 años, su cuerpo aun no estaba lo suficientemente preparado para tener un hijo y más si fueron dos en el mismo parto. Después de varios minutos de seguir pujando, había nacido mi hermano gemelo.
"Habíamos heredado los cabellos brillantes como los soles de mi madre, pero para mi desagrado habíamos heredado la mayoría de las facciones del rostro de mi padre. Sin duda como todo hijo sin excepción, resultamos ser una perfecta combinación de ambas. Desde pequeño yo jamás me sentía cómodo entre las reglas de la mansión de mi familia, se lo vuelvo a repetir, éramos ricos, y mi padre se sentía totalmente orgulloso de que jamás se nos hayan bajado las monedas. Vivíamos en total comodidad, teníamos todo garantizado, nada nos podía faltar, ni comida, ni agua, incluso algunos familiares míos gastaban dinero en algunas prendas que nadie necesita. La tarea de mi madre consistía únicamente en sonreír y obedecer, descartando también en criar a los hijos que ambos concebían. En toda mi niñez, mi padre jamás fue cercano a ninguno de nosotros y pocas veces lo veía a lado de mi madre, veía en sus ojos, el gran sacrificio que tendría en faltar a una importante celebración por compartir un mínimo momento con nosotros, su familia, creo que si tenía razón a lo primero que dije, sólo le interesaba tener un heredero y por desgracia ese heredero era yo, por ser el mayor de los dos. En las pocas veces que salíamos a pasear—Ya que siempre nos encontrábamos dentro de la mansión—Veía a los necesitados, por supuesto, a los que desgraciadamente no tenían para sobrevivir, me sentía triste y melancólico al observar a la gente necesitada, no era lastima, si no un gran sentimiento de protección hacia ellos, veía los ojos de mi madre y ella al mirarla me di cuenta de que ella también pensaba lo mismo que yo, al igual que mi hermano el sentimiento de protección hacia ellos era grande, demasiado. Fue esa la primera vez que fuimos a ver a los niños sin padres—O como los llama mucha gente, huérfanos—Fue ahí la primera vez que veía a mi madre realmente feliz, el brillo en sus ojos era muy notorio, y al parecer no fui él único que se dio cuenta de eso, hasta mi hermano disfrutaba de la compañía de los demás niños, llegó incluso a hacerse amigo de uno de ellos. Yo también lo disfrutaba, adoraba ver a esos mismos niños que antes tenían su mirada triste y abandonada, y ahora viendo como el brillo en sus ojos aumentaba y su felicidad crecía, inclusos algunos que eran mayor que yo, que pienso yo son los que tienen menos posibilidades de sonreír debido a que apreciaron más experiencias que los más pequeños. Pero después me invade la pregunta ¿Por qué mi madre no tiene esa misma sonrisa que cuando se encuentra en la mansión? Apenas tenía cuatro años y ya me había dado cuenta de eso, al principio empecé a ignorar mi inocente pregunta, y había decidido no compartirla con nadie, mucho menos con mi madre. Pero conforme los años pasaban veía siempre lo mismo, veía a mi madre sonreír de lado en lado cada vez que jugaba con los niños o les contaba cuentos o bailaba con ellos, pero cuando se encontraba en la mansión y más junto a mi padre, veía como lentamente ese brillo desaparecía al igual con su sonrisa, eso hacia que disfrutara menos de las visitas que les hacíamos a los niños. Trataba de animarla a volver a ver su sincera sonrisa y no la falsa que siempre ponía en las fiestas de aristocracias, pero por más que intentaba no lograba hacerlo, y sólo me decía que descansara en mi alcoba. Al principio me sentía muy enojado y celoso de aquellos niños, ¿Por qué ellos pueden sacarle una sonrisa a mi madre y yo no? Ignoraba completamente si mi hermano se sentía de la misma manera, pero los celos en mi fueron desapareciendo al volver a ver las sonrisas de aquellos niños, al parecer comprendía el porque mi madre sonreía aquí y no en la mansión, me deje muy en claro de que no era feliz ahí, si no afuera, en donde pudiera ayudar a los demás.
"La relación con mi hermano gemelo, no fue buena, pero tampoco mala. Éramos dos polos opuesto, distintos el uno por el otro, empezando por nuestras vestimentas, toda madre le gusta vestir a sus mellizos con las misma ropas, nosotros en cambio, odiábamos vestirnos igual, aunque yo lo hacía ver más ese disgusto que mi hermano menor, podría mencionarte que mi hermano menor le gustaba vestir de ropas blancas o colores derivadas a estas, yo en cambio odiaba el blanco, me gustaba más los colores oscuros por lo que siempre vestía así, parecía más una ventaja que un simple capricho ya que a mucha gente le facilitaba más diferenciarnos entre los dos. A parte de las vestimentas, la manera de pensar era muy distinta, lejos de hermanos gemelos, parecíamos dos seres completamente distintos, mi hermano era él que respetaba las reglas, mientras yo las rompía, mi hermano era él que ensayaba sus practicas de etiqueta, mientras que a mi me aburrían en absoluto y llegué incluso a reprobar algunas de ellas, mi hermano siempre él educado, caballeroso y refinado, que no le gusta perder, mi hermano, el hombre más complicado que podrías haber conocido. Por la gran diferencia que nos teníamos, nuestros familiares y amigos más cercanos tomaron algunos nombres de la clásica obra de Ballet "El Lago De Los Cisnes", agarrando "El Cisne Blanco" y "El Cisne Negro" y cómo algunas sirvientas notaban nuestro gran interés por las rosas, llegaron a apodarnos como "Rosa Blanca" y "Rosa Negra" en honor a esos dos cisnes, que al igual que nosotros, éramos totalmente parecidos pero a la vez demasiado distintos. Aunque mis padres estaban satisfechos con la gran educación que recibíamos, mi hermano no, por más que odie, deteste, o le dificulta algo, jamás le gusta perder, lo ha odiado desde temprana edad, creo que en eso tengo excesiva culpa, recuerdo cuando de niños nos peleábamos demasiado, como era el mayor, yo ganaba siempre, y ahora que lo pienso le humillaba la idea de perder contra mi o contra otro, eso es lo que más teme, la humillación, y pienso que no es el único, esa es una de las pocas cosas que tenemos en común, odiamos la humillación, aunque digo, ¡¿Quién no lo haría?! Nadie puede decir que no odia la humillación y si uno llega a decirlo estaría mintiendo. Ambos odiábamos la humillación y sin embargo, nos lo dábamos el uno al otro. Yo se la daba cuando peleábamos con la fuerza física, y el me la daba en los castigos cuando hacíamos algo incorrecto…
—¿Te culpaba por algo que no hacías? —Intuyó Isabella, interrumpiéndolo.
Rosa Negra rió sin alegría.
—¡Hubiera querido que así fuera! —Exclama—. Todo lo contrario Isabella, han sido varias ocasiones, pero te contare una que en verdad afecto mi orgullo.
"Mi hermano y yo pensábamos salir al jardín a escalar unos arboles y recoger los frutos de estas, él se me había adelantado excesivamente y no iba a dejar que me ganara, tenía el orgullo muy alto, trate de ir mucho más rápido, mis piernas se cansaban el sudor en mi frente no se hizo esperar, llegue a un momento de cansarme demasiado, los pasillos de la mansión eran grandes y no culparía a nadie de perderse ahí, sólo tenía 7 años de edad y en verdad estaba agotado de correr pero mi hermano se había perdido totalmente fuera de mi vista, aceleré demasiado mis pasos que no me fije lo que tenía enfrente. Antes de que me diera cuenta, había chocado contra el jarrón favorito de mi padre y aquel jarrón chocó contra el suelo saltando en mil pedazos, esa fue una de las escasas veces que me asuste, miles de pensamientos rondaban en mi cabeza al ver ese jarrón en pedazos ¿qué iba a hacer? ¿cómo podría remplazarlo? ¿qué es lo que me hará?, me había asustado en tal modo de salir huyendo de la escena del "crimen". Al llegar hasta los arboles del jardín, estaba muy agotado y el aire me faltaba, respiraba con dificultad, me tomé unos segundos en verificar si mi hermano había llegado y no me había equivocado, estaba encima de un gran manzano con unas cuatro o cinco manzanas rojas en sus manos, se encontraba sonriendo sentado en una de las ramas, todavía no se había dado cuenta de mi presencia. Él al verme cambio totalmente las facciones de su rostro, su rostro feliz y llena de alegría—Algo muy usual en él—cambió drásticamente al ver mi rostro lleno de miedo y temor. Muy preocupado, mi hermano trató de bajar en aquel gran árbol, pero tenía demasiadas manzanas en sus brazos que no se fijó en donde pisó en una rama, se cayó del árbol y afortunadamente sólo le quedo una herida en la rodilla en vez de una fractura veía como Francis trataba de contener lagrimas y ahogar sollozos, él siempre fue el más cauteloso de los dos quiero decir que rara vez se lastimaba, por lo que suponía que iba a ser más difícil desnudar el dolor para él. Yo inmediatamente me fui hacia él ayudándole a caminar, habíamos dejado las manzanas en el suelo sin haberlas recogido, mi primer pensamiento en dejarlas ahí fue en regresar después por ellas, pero después se me había olvidado por completo. Mientras lo ayudaba a caminar hacia el servicio para que le vendará la horrible herida que hasta asco me daba con sólo echarle una mirada, mi hermano fue preguntándome sobre lo que me había pasado, con mucha confianza hacia mi hermano gemelo, le había contado todo lo del jarrón y de lo asustado que estaba respecto a la reacción de nuestro padre, le agradecí de que sólo escuchara y asintiera en vez de criticarme como normalmente lo hace. Lo había llevado hasta el servicio e inmediatamente ellas fueron a buscar las vendas y el alcohol, mientras una de las muchachas lo sentaba en una pequeña cama medica. Por todo el escandalo que se dio en toda la mansión, hizo que llamará la atención de nuestro padre, mientras caminaba pudo darse cuenta del jarrón roto en medio del pasillo, manchando con los líquidos que llevaba dentro la fina alfombra roja de terciopelo, él, muy enojado fue hacia donde estaban curando a mi hermano, yo aun me encontraba a lado de él, en cuanto llegó, palidecí y me encontraba asustado ¿qué le diría? ¿ya se habrá dado cuenta? ¿lo habrá visto? Aun recuerdo sus palabras, cuando preguntó…
"—Espero que uno de los dos me responda con la verdad—Su mirada era fría como el hielo y sus facciones estaban duras y sus labios se encontraban en línea recta, tenía sólo 7 años de edad, no era sorpresa que esa facción de su rostro me haya asustado—.
¿Quién de ustedes dos rompió mi jarrón favorito? —Su voz dura y llena de recelo hizo que hasta mi hermano se asustará aunque él no tenía nada que ver, él sólo estaba lastimado, al parecer nuestro padre ni siquiera le importaba si mi hermano se encontraba bien de la herida o no, después de todo, para nuestro padre, él no sería el heredero, si no yo, él que le importaba si tenía o no la mejor educación y refinación posible era yo, por ser el primogénito de la familia. Había tragado saliva, sabía que era el momento de confesar "mi travesura". Al parecer mi padre había notado mi extraño comportamiento, ya que posó su mirada en mi, su expresión dura y fría no se hizo esperar lo que hizo que me asustara aun más.
"—Keith, ¿tu lo hiciste? —Me pregunto, ese era mi nombre, algo raro y poco usual. Recuerdo que justo cuando iba abrir mi boca para confesarlo, una voz tersa me había interrumpido.
"—Padre, Keith no rompió tu jarrón favorito, fui yo —Me volteé hacia mi hermano totalmente impresionado por lo que estaba diciendo, él se estaba sacrificando por mi, estaba dispuesto a tomar mi lugar, lo miraba sin entender, pero él sólo me negó con la cabeza haciéndome un gesto con lo labios dándome a entender que no hablará, mi padre dejó de fijar su mirada en mi para posarla en mi hermano, exigiéndole una explicación a lo que esta diciendo—. Corrí por la mansión porque quería salir al jardín a jugar con Keith, él ya estaba afuera y yo quería alcanzarlo —Bajó la mirada—. Y por accidente choqué contra tu jarrón y lo rompí.
Mi padre seguía mirándolo fijamente, mientras lo examinaba con la mirada y veía su herida, no hizo ni una mueca, ni mirada de asco, ni de preocupación si la herida se le infectaría, mantuvo firme su mirada sombría , levantó la mirada posando sus ojos en los de mi hermano.
"—¿Cómo te hiciste esto, Francis? —Señala su herida, al menos el nombre de mi hermano era mucho mas común que Keith, incluso llegaba a sonar como el nombre de un príncipe.
"—Cuando tropecé contra el jarrón uno de los pedazos me hizo esta herida.
—Seguía impresionado, mi hermano, Francis, estaba contando exactamente lo que le había dicho, exceptuando lo de la herida del jarrón, aun recuerdo que mi padre, le había dicho a Francis que en cuanto le vendarán su herida fuera a verlo a su despacho a solas, Francis no me había dirigido la palabra, no quiso escuchar mi opinión al respecto, tal como lo dijo mi padre, Francis fue al despacho de mi padre y yo sólo me debatía en mi interior en ir a echar una mirada o tratar de escuchar algo o no, sabía que yo tenía algo de derecho en saber por lo menos que le hará mi padre a mi hermano, me había acercado a la cerradura de la puerta mirando por el pequeño orificio de la perilla. Recuerdo que no alcancé a oír lo que mi padre decía—aunque no necesité oírlo ya que sabría lo que pasaría—sólo veía a mi hermano con la cabeza baja asintiendo mientras veía a mi padre mover los labios de una manera amenazante, veía en sus ojos la gran decepción que era su hijo, si tan sólo supiera que la decepción que él sentía era para mi y no para él, veía en sus ojos como su hijo mas educado, fuera capaz de correr en los pasillos de una mansión si desde que era un crío le enseñaron esa regla. La respuesta la tenía yo, porque yo era el culpable de aquel pequeño desastre, la culpabilidad me cubría y mi orgullo había sido dañado por ese pequeño accidente, mi hermano menor… ¡Mi hermano menor era él que me estaba protegiendo! Cuando lo mas usual era que fuera al revés. Repentinamente él sólo había hablado por mi sin importar lo que yo sentía o lo que yo opinaba respecto a lo que estaba diciendo, pero por mi estúpida cobardía no podía hacer nada. Se que sonaría fácil entrar al la puerta y decirle a mi padre "¡Yo lo hice, él no!", pero se que el castigo me incluiría a mi y a mi hermano Francis por haber mentido de esa forma, y lo echaría más a él en problemas. De la manera más cobarde también lo protegía . Decidí sólo a alejarme de ahí ya no soportaba el tenso ambiente de la habitación.
"Había decidido ir en busca de mi madre, al menos ella podría alegrarme un poco el día, sólo necesitaba un sonrisa de parte de ella para sentirme mejor conmigo mismo, sólo eso necesitaba de ella. Rondaba por los pasillos siguiendo con la mirada en busca de mi madre, pero lo único que percibí, fue un suave sonido retumbando en mis oídos, poco a poco siguiendo las notas con mi mente me fui dando cuenta de que alguien tocaba una melodía, no era un gran misterio en descifrar quien era.
"Recuerdo que mi madre solía tocarnos a nosotros, notaba la sonrisa que se dibujaba en su rostro cuando cerraba los ojos y dejaba que sus dedos fluyeran con la suave textura de las teclas, movía sus dedos hacia las teclas sin importar el orden de las notas originales, siempre encontraba la forma de cambiar la melodía a una mejor. Recuerdo un poco la melodía que nos dedico a los dos, era hermosa, suave y pacífica. Cada día el recuerdo de la melodía se desvanecía lentamente en mi cabeza, por esa razón en mis momentos mas difíciles, basta con sólo cerrar los ojos y tratar de recordar aquella melodía que mi madre compuso mientras la imaginaba sonreír, aunque sólo fueron muy pocas. Ella me enseñó todo lo que se, mis principales motivos por las que hacia esto era principalmente para mantener firme su memoria. En tiempos atrás vivía creyendo que mi madre era desgraciada, melancólica y triste por jamás haber cumplido su sueño de poder ayudar a los niños de todo el mundo. Aun recuerdo las palabras que le contestó mi padre ante su petición.
"—Entiende con tu país es más que suficiente —Sus palabras habían sido tan firmes y claras que mi madre ya no supo que responder ante su actitud, desde ahí comencé a ver como su vida se derrumbaba lentamente.
"Trataba de hablar con mi madre respecto a sus deseos de poder salir al mundo, la entendía perfectamente, yo también lo quería, para mi madre era su deseo más grande, poder salir de esta jaula de oro y ser libre de hacer lo que desee, sabía lo que ella sentía, las cuatro paredes nos consumían poco a poco. Cada lado de aquellas paredes tenían sus propios nombres: La Desolación, La Soledad, La Angustia y La Agonía. Mi madre dentro de esas cuatro paredes me había enseñado una ventana hacia el mundo, una manera algo pobre de apreciar las maravillas afuera de esta jaula, pero servía de algo. Aquella ventana te mostraba una mezcla de colores y brillos hacia todo lo que veías y diferentes formas y distintos tamaños que se movían con forme los segundos pasaban, sin duda una hermosa vista algo pequeña pero suficiente para poder apreciar las maravillas del mundo, por desgracia sólo podías verlo con un solo ojo cuando lo que más deseábamos era tenerlo enfrente de nosotros, poder respirar el aire libre e independiente, visita cada lugar que nos rodeaba, pero para mi madre sólo era eso, un sueño, un sueño que desgraciadamente jamás logró cumplir.
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