Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de dryler, yo solo me adjudico la traducción.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
La cosa en mi pecho se desvanece con el tiempo a un sordo murmullo, pero mi mente cansada todavía no me deja dormir. Reproduzco los eventos en el corredor una y otra vez hasta que ni siquiera estoy segura de qué pasó, si algo pasó. Para el momento en que me despierto de un sueño irregular, por tercera vez, estoy convencida de que todo fue un sueño. Aun así, no puedo dejar de lado la imagen del puño blanco. Quiero entender la emoción detrás de ello. ¿Era dolor? ¿Enfado? ¿Frustración? Fuera lo que fuese, era fuerte.
Me despierto por última vez un poco antes de las seis. Me siento mareada y desorientada. Mi convicción de anoche se ha derrumbado de nuevo en duda, y me debato entre pensar que era un sueño y que era realidad, mientras me preparo para ir abajo.
Vacilo enfrente de la puerta, tratando de decidir si debería tener miedo de lo que podría encontrar en el otro lado, o divertida que algo que puede incluso no haber sucedido esté afectándome con tanta fuerza. Empujo la puerta antes de que pueda obsesionarme más.
En la débil luz de la mañana el pasillo parece totalmente no amenazante. La esquina que me ha atormentado durante toda la noche es tenebrosa y oscura, pero vacía. No hay absolutamente nada que temer al respecto. Salgo de mi habitación y me detengo, esperando a ver qué reacción esta cosa en mi pecho tendrá, pero se mantiene igual; la garantía de que todo era un sueño, o al menos una pesadilla, aumenta.
Las habitaciones del frente de la planta baja están vacías, así que deambulo por los pasillos que me llevan más profundamente dentro de la casa en busca de Adelaide o Church. Mientras camino, me encuentro con dobles puertas abiertas que revelan estantes del piso al techo con filas y filas de libros. Yo estoy en el umbral, mirando a lo que deben ser miles de libros. ¿Qué lee un autor de renombre mundial?
Ruidos de actividad por el pasillo quitan mi atención de la biblioteca, y comienzo a seguir los sonidos. Termino en la cocina viendo a Adelaide hacer el desayuno. Su enfoque se divide entre la estufa y algo que ella sigue buscando fuera de la ventana. Ella no se da cuenta de mi presencia.
—Buenos días.
Se da la vuelta rápidamente con una mirada de asombro que se transforma rápidamente en una sonrisa.
—Buenos días, cariño.
—No fue mi intención asustarte.
—Simplemente no estoy acostumbrada a los visitantes, eso es todo. ¿Cómo dormiste? Espero que la tormenta no te mantuviera despierta.
—No, apenas me di cuenta después de un tiempo.
Ella asiente y vuelve a la estufa. Un pequeño pájaro vuela más allá de la ventana, y su cabeza se levanta para mirar hacia fuera. Se mantiene congelada por un par de momentos, los ojos fijos en el paisaje fuera de la ventana, con la espátula suspendida sobre la sartén, y luego aparta la vista de nuevo.
—¿Estás buscando algo?
—Oh... Sólo pensé que algo estaba por ahí —responde con desdén, antes de añadir en voz baja—: No había nada.
Sus palabras traen el recuerdo de ayer por la noche de nuevo al frente de mi mente, y la incertidumbre le sigue rápidamente.
—¿Hay alguien más en la casa? —pregunto vacilante. Ella se ve sorprendida por un momento antes de responder.
—No, sólo nosotros tres. ¿Por qué lo preguntas?
—No importa, es tonto. —Ella me mira con ojos escrutadores. Giro la cabeza para evitar su mirada.
—Tal vez deberías decirlo de todos modos. Podría hacerte sentir mejor.
Miro hacia atrás rápidamente.
—Me siento bien.
—No creo que hayas dormido bien en absoluto, Bella.
No me atrevo. Decirlo en voz alta es reconocer que creo que podría haber sido real.
—Te dije acerca de mis primeros días aquí, ¿verdad? Estoy segura de que voy a entender.
—Pero eras una niña.
Ella me sonríe amablemente, y calurosamente dice:
—Los veintitantos años que has pasado en esta tierra no han sido tan largos como piensas.
Vacilo un momento más, antes de ceder ante mi curiosidad.
—Me pareció ver a alguien en el pasillo de arriba anoche.
Adelaide mira hacia otro lado, pensativa.
—Bueno... esta es una casa antigua. Las casas viejas tienen una forma de ocultar piezas del pasado dentro de ellas.
—No entiendo lo que quieres decir.
—Fantasmas.
—¿Qué?
—Tenemos un fantasma.
—¿Un fantasma? —pregunto con escepticismo.
—Sí, lo que queda de una persona después de que su cuerpo muere.
—¿Estás hablando de espíritus no corporales de los muertos?
Adelaide se ríe suavemente.
—No, no exactamente. —Se vuelve de nuevo a la estufa, antes de lanzarse rápidamente en otra conversación—. ¿Te he contado sobre la vez que me perdí en los jardines cuando era pequeña? La casa es tan grande que mi madre no se dio cuenta de que había vagado fuera hasta al menos dos horas más tarde. Ella no me dejó fuera de su vista durante meses después de eso. De todos modos, ella estaba horneando, y se suponía que yo tenía que estar jugando en mi habitación, pero era el primer día soleado desde que habíamos llegado a Ferndale. Así que decidí que iba a jugar afuera, sin decirle a mi madre, por supuesto. Ella habría dicho que no.
…
—¿Está su aparatito listo?
—Comience cuando lo desee —contesto, al pulsar el botón de grabación en el pequeño dispositivo plateado puesto entre nosotros en la mesa de café.
—Bien. —Toma una respiración profunda y cuidadosamente se ajusta la manga de la camisa—. Supongo que debería empezar desde el principio, lo que precipitadamente pasa a ser una de las partes más importantes de mi historia. Yo, señorita Swan, nací de la muerte.
—¿Quiere decir que su madre murió en el parto?
—Voy a tener que insistir en que no me haga ninguna pregunta. La única manera de contar una historia correctamente es decir las cosas de la manera en que está destinada a ser contada, y las preguntas solo la sacan de la narrativa y la ponen en algún otro lugar que no está destinada a estar, en todo caso. Hay que dejar que una narrativa siga su curso natural.
—Lo siento.
—También voy a tener que insistir en que no haga eso. No puedo soportar las disculpas; la gente tan rara vez las dice en serio. No es que esté diciendo que no lo sienta, parece una mujer joven muy genuina. Simplemente es una regla general. En cuanto a usted teniendo algo por qué disculparse, yo diría que sin duda no lo tiene. Tenía la intención de decírselo antes de empezar, pero estoy seguro que ha notado que estoy muy entrado en años, como el vino, pero con menos resultados positivos —termina con una sonrisa juguetona.
»Ahora, ¿dónde estaba? Oh, sí. Nací de la muerte. Esa es una de las declaraciones más dramáticas que he hecho, estoy seguro. Fue en Chicago, 1918, en medio de una epidemia de gripe. La experiencia fue formadora en una forma que es difícil de comprender, y mucho menos describir, pero no tengo ninguna duda de que hubiera sido un acontecimiento mucho más traumático si no fuera por la presencia de mi padre. Él era todo lo que uno podría desear en un padre. Él me creó, me enseñó y me ha amado incondicionalmente. No tuve una madre hasta años más tarde, pero cuando la tuve, fue perfecta, bien valió la pena la espera. Pero ahora me he saltado mucho en mi narrativa. Me temo que en las historias personales es mucho más difícil mantener el rumbo que en las ficticias; se siente la necesidad de explicar las cosas antes de tiempo.
La energía en mi pecho se está empezando a construir, pero no es tan fuerte o tan rápida como la reacción que tengo a sus libros. Estaba esperando que fuera abrumadora, algo que pusiera la sensación que recibo de los libros en vergüenza, pero es menos, mucho menos. Es una imitación superficial y débil de la sensación a la que estoy acostumbrada.
—En mi nacimiento sólo estaba mi padre y mi médico, el mismo hombre por cierto. Aunque supongo que no habría sido mi padre si él no fuera mi médico.
Abro la boca para preguntar qué quiere decir cuando capto el brillo en sus ojos. Me está probando, esperando a ver si voy a romper su regla. Aprieto los labios fuertemente.
—Bien —dice alegre, y me sonríe ampliamente—. No tomé bien mi vida. Me pareció muy difícil en muchos sentidos... aunque ciertamente no fui de ayuda para ajustarme. Tengo una tendencia a sobrepensar las cosas —añade con complicidad. Hay un humor detrás de sus palabras que no entiendo, pero me resisto a la tentación de pedir una explicación.
»Mi padre nunca perdió la paciencia conmigo. Él siempre estaba allí para ayudarme y animarme cada vez que lo necesitaba, que era a menudo. Me temo que era un niño muy necesitado, muy serio también. Con frecuencia él afirmaba que se beneficiaba de nuestra relación tanto como lo hacía yo, que mitigaba una soledad profunda de muchos años. No me cabe duda de su sinceridad; él era un hombre muy sincero. Simplemente no entiendo cómo pudo sentir el compañerismo cuando mi existencia colocaba tanta responsabilidad exclusivamente en él.
»Los primeros años fueron los peores. Yo era un recién nacido muy enojado, así como impulsivo. Es una mala combinación en exceso, como estoy seguro de que se puede imaginar. Me da vergüenza decir que me desquitaba a menudo con mi padre, a pesar de que sin duda no lo merecía, más aún porque él nunca me llamó la atención por mi comportamiento hacia él. Es verdaderamente el hombre más notable que he conocido.
…
Me dirijo a la biblioteca tan pronto como soy despedida por la tarde, las preguntas creadas por las palabras crípticas de Ethan Church corriendo por mi cabeza. ¿Su madre murió durante el parto? ¿Su padre tiene que ser un médico, porque conoció a la madre de Church cuando estaba trabajando? ¿O quiso decir algo más? ¿Por qué su padre era solitario antes de que su madre muriera? ¿Era una relación sin amor? Si es así, ¿es consciente de eso Church?
También tengo preguntas más generales como: ¿Por qué no utiliza ningún nombre? ¿Es Ethan Church su nombre real, o se trata de un seudónimo? ¿Por qué habla de sí mismo durante su infancia como si fuera un adulto consciente? ¿Por qué la energía en mi pecho es más débil cuando las palabras vienen directamente de él?
Si voy a conseguir o no respuestas a cualquiera de estas preguntas, no estoy segura. Tengo la sensación de que tal vez no.
Encuentro un descanso de mis múltiples pensamientos entre los estantes de libros. Mis pensamientos se tranquilizan mientras me centro en la sensación táctil del cuero suave y los encuadernados gastados bajo mis dedos. Casi todos los libros son viejos. La mayoría son famosos clásicos, muchos desconocidos, y hay secciones enteras de libros en idiomas que no leo. En un rincón de la habitación hay una fila de estanterías llenas de ediciones de tapa dura de sus obras, múltiples copias de cada título con diferentes portadas para cada reimpresión.
Los que he leído están en medio y al final de la sección. Acerco una escalera con ruedas para mirar los libros que están arriba. El primero de ellos, titulado Palabras de Despedida, tiene una fecha de publicación de 1938, y hay cuatro ediciones posteriores en la misma fila, no tantas como algunos de los posteriores.
Saco la edición más antigua y me siento bajo la luz gris que entra por una de las grandes ventanas. La sensación en el pecho que poco a poco ha ido desapareciendo, así como poco a poco se construyó, de repente se expande en el impulso consumidor que acompaña a los libros.
La historia de un joven condenado a una vida que nunca quiso por las últimas palabras de su madre está lleno de ira, tristeza y una sensación vívida de autoodio que deja una inquietud dentro de mí que no tiene nada que ver con la pulsante energía. Es crudo de una manera en que los otros que he leído no lo son. Me siento casi como si estuviera mirando en el alma de alguien, y no estoy del todo segura de si tengo o no su permiso.
Ethan Church tendría sólo veinte años cuando se publicó. Tanto dolor en un hombre tan joven. Encaja con lo que me ha dicho. Ni siquiera hemos llegado a la adolescencia, sin embargo, y ya se habla de estos sentimientos. Simplemente no había comprendido exactamente cuán profundamente serio era.
Regreso el libro a su lugar y resisto la tentación de sacar el siguiente. Se está haciendo tarde. Adelaide probablemente ya ha iniciado con la cena. No quiero que tenga que venir a buscarme. Cuando me aparto noto un libro del otro lado de la habitación con una cubierta extraña que es de color púrpura. Es muy familiar.
Arrastro la escalera detrás de mí, para poder llegar hasta el estante superior para verlo. Es exactamente lo que yo pensaba que era. Azul Violeta de Zoe Lacroix, traducido por Isabella Swan. Exploro los otros libros en el estante y encuentro una copia de todos los libros que he traducido. Supongo que no debería sorprenderme. Está obviamente familiarizado con mi trabajo, y él dijo que tenía copias en su biblioteca, también dijo que tenía unos pocos, pero supongo que quiso decir todos.
De repente me siento muy consciente de que él ha leído mi trabajo. Abro Azul Violeta en una página al azar. Hay notas garabateadas al azar en los márgenes, en los espacios entre párrafos, en trozos de papel y notas post-it puestas entre las páginas. Estoy casi segura de que están escritas en el mismo puño y letra de las cartas, pero es estrecho en los pequeños espacios y anotado de una manera que implica un sentido de urgencia o tal vez de frustración. No puedo entender nada, pero extrañas palabras tales como "significado", "presagio", "breve", "superflua", y algo acerca de un "sacrificio de flujo de palabras para aumentar la comprensión de los eventos".
Dado el temblor en la mano derecha de Church, y los movimientos limitados y rígidos que le he visto hacer con la izquierda, no parece probable que él haya escrito esto. ¿Se lo dictó y Adelaide escribió? Tal vez debería tratar de encontrar algo que sé que ella ha escrito y ver si es la misma letra.
Pongo Azul Violeta de nuevo en el estante y me doy cuenta de que uno de los otros libros está puesto curiosamente contra el que está junto a ese. Lo saco y encuentro una gran hendidura provocada en la contratapa. Hojeando las páginas llenas con el mismo tipo de notas, me parece que las hojas de la última mitad del libro tienen la misma abolladura, como si algo muy pesado aterrizó con fuerza en el lado izquierdo del libro cuando estaba abierto. Casi parece como un puño.
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Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai.
