Hola!
Aquí traigo la tercera y última parte de este pequeño relato, que como ya he dicho, surgió de la canción apologize de One Republic.
Como ya advertí sigo el hilo de la canción por lo que esto es un drama (drama-dramón) ya que, como bien sabréis, la canción habla de una persona herida, una persona que ha sido dañada tantas veces por la persona a la que quiere que, en un determinado momento ya no puede más y considera que ya es tarde para reparar cualquier error cometido y que un "lo siento" no basta.
Quería aclarar que, en estos dos capis que hemos leído, en ningún momento Oliver ha estado enamorado de ella. Felicity es su amiga, su compañera y la quiere, pero no hay amor ahí, por lo que el daño que le hace es inconsciente, aunque no por ello duele menos, y sí, tal como decía uno de los comentarios, hemos llevado a Oliver al punto en el que perdonarlo va a ser muy difícil.
Ese es el punto de la canción, ¿no?
Ya veremos lo que pasa en este capi. En esta ocasión me he decantado por algo más sencillo en vez de un gran golpe al alma de nuestra geek favorita, porque ya ha pasado bastante la pobre, pero (si algun ha sufrido desengaños lo sabrá) cuando la confianza en alguien ha sido dañada, a veces una simple tontería te hace decir "basta".
Espero que sepáis entender más o menos este capi, no es que haya quedado muy contenta con la idea, pero no conseguía nada mejor y... bueno es un drama... la canción termina mal, la historia termina mal... creo que eso era algo que todos teníamos más o menos claro.
Así que... bueno... aquí os dejo con esto...
Por favor, no me odiéis...
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La tercera vez que pidió disculpas, Felicity estaba harta.
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oOoOo
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Felicity tardó casi seis semanas en salir del hospital, pues la herida había roto varios vasos y afectado a su hígado. Incluso después de salir tuvo que seguir bajo vigilancia, acudiendo a revisiones periódicas. Había estado en quirófano durante casi seis horas y durante los primeros diez días había estado prácticamente inconsciente, porque los médicos la tenían continuamente sedada.
Durante uno de los pocos momentos de lucidez que había tenido había encontrado a Oliver sentado al lado de su cama con la cabeza gacha, y a Diggle más al fondo, mirando por la ventana. Aún así se dirigió al que estaba más lejos, sintiendo que los sedantes volvían a arrastrarla.
-Digg. No… familia… -murmuró.
-Felicity… -Oliver se acercó a ella con urgencia, pero ella ya estaba prácticamente dormida otra vez.
-No llames… familia –susurró.
Ya era tarde.
Su padre y su hermano habían llegado hacía tres días. Pero hasta el momento que llegaron, y en los momentos en lo que conseguían que se fuesen a descansar, Oliver no se había separado de su cama ni un segundo. Estaba agotado, su ropa estaba arrugada, tenía una barba considerable y unas ojeras enormes, pero se negaba a marcharse, temiendo que si la perdía de vista un solo momento, algo fallase.
Helena ya no estaba para hacerle daño, pues la bala que la había alcanzado cuando huía de los federales en Kansas la había dejado mal herida y los médicos no habían podido hacer nada por ella, pero eso no quería decir que estuviese a salvo. Había sido una herida grave y en cualquier momento su situación podría complicarse.
Oliver se frotó los ojos mientras recordaba aquella maldita noche…
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Había llegado a casa de Laurel casi asfixiado por la angustia, solo para encontrarla tranquilamente trabajando en la pequeña mesa del salón, mientras escuchaba música. La había observado por la ventana, tan tranquila y serena, tan viva… y el corazón le había vuelto al pecho, su respiración se había normalizado. Tuvo que apoyarse en la pared para calmar el mareo que sintió ante la sensación de alivio que invadió su cuerpo. Sintiéndose más tranquilo hizo un recorrido por toda el área en busca de Helena, no dispuesto a dejar que esa perra se la jugase y lo pillase desprevenido, pero no parecía haber señales de ella. Estaba empezando a plantearse llamar a la puerta de Laurel y quedarse con ella para asegurarse de que estaba a salvo cuando su teléfono volvió a vibrar.
Diggle.
Un escalofrío lo recorrió al darse cuenta de que su guardaespaldas podía haber tenido razón. No había rastro alguno de Helena por allí, ¿podría ella haber pensado, por alguna loca razón, que Felicity era un mejor objetivo? Era una locura pero…
Ni siquiera pudo hablar, nada más descolgar el teléfono escuchó la frenética voz de Diggle sobre las sirenas de la ambulancia.
-¡Te lo advertí! –gritó- ¡Te dije que esto iba a pasar y…! ¡Oh, Dios… Oliver!
-¿Dónde estás? –todo rastro de sangre parecía haber abandonado el cuerpo de Oliver, pero fue capaz de ponerse en marcha y dirigirse a toda prisa hacia el callejón en el que tenía la moto.
-Vamos camino al hospital pero… -su voz entrecortada se rompió- Dios, Oliver… no creo que aguante. –susurró.
Como si sus palabras hubiesen sido un presagio, Oliver pudo escuchar de lejos como los monitores empezaron a pitar y los sanitarios empezar a gritar que había entrado en parada. Diggle empezó a gritar que hicieran algo por ella y luego ya no escuchó nada más.
Por un momento se quedó paralizado con el pie sobre el acelerador. No podía… Ella no podía… Respirando hondo para enfocarse, empezó a trabajar a toda velocidad. Se quitó la chaqueta y la escondió junto con el arco en un lugar que parecía ser bastante seguro. Sin molestarse en cambiarse el pantalón, se pasó una toalla por la cara, dejándosela ligeramente emborronada de lo que podía parecer algo verde o negro, se puso una camisa que llevaba en el cajón y arrancó. La moto derrapó en la entrada de urgencias del hospital y, sin ni siquiera quitarle las llaves, Oliver corrió hacia la entrada. Estaba a punto de preguntarle a la enfermera por el paradero de Felicity cuando escuchó los gritos de Diggle, exigiendo que alguien le diera información sobre la chica, y se dejó guiar por ellos.
Lo encontró discutiendo con una enfermera que se negaba a darle información por no ser familiar de la paciente. Mientras se acercaba a él lo vio dar un puñetazo a la pared y llevarse las manos a la cabeza con frustración. Oliver sabía que Felicity había sido herida, probablemente por una flecha, y que estaba lo suficientemente mal como para no poder salir de esta, pero no estaba preparado para lo que vio cuando Diggle se dio la vuelta.
Sangre.
Sangre por todas partes.
Abarcando la mayor parte de su camisa, manchando su pantalón y tintando sus enormes manos.
Casi se quedó paralizado ante la visión porque, o Felicity había estado mucho rato desangrándose o Helena se había ensañado con ella, y no sabía qué opción era peor, porque la segunda querría decir que la chica habría sufrido una enorme tortura y la primera que si él no hubiese sido tan estúpido, ahora ella no estaría tan grave… si es que seguía viva.
Diggle reparó en ese momento en su presencia y se dirigió hacia él a grandes zancadas, lo agarró del cuello y lo estampó contra la pared.
-¡Esto es culpa tuya! –gruñó. -¡Dijiste que la protegerías y cuando tenías que hacerlo, la abandonaste!
Oliver no podía discutirlo. La verdad de sus palabras lo golpeó y el sentimiento de culpa que ya tenía se convirtió en un peso sobre sus hombros y en un nudo en la garganta que casi no le dejaba respirar.
-¿Está…? –no fue capaz de terminar la pregunta, y John debió ver algo en su mirada porque tomó una gran bocanada de aire y lo soltó.
-No lo sé… no me dicen nada. –se quejó. –Consiguieron reanimarla dos veces durante el trayecto –la mandíbula de Oliver apretó ante la nueva información –pero cuando llegamos aquí había vuelto a entrar en parada y ¡ahora nadie me dice nada! –gritó mirando a la enferma que se había negado a darle información. –Tengo… tengo que llamar a su familia… ellos…
-Yo lo haré. –Oliver habló con voz decidida y segura. Era culpa suya que Felicity estuviese en aquel hospital, él era el responsable de dar la noticia a su familia. Diggle lo miró con duda, pero al final terminó asintiendo. –Ve a casa a ducharte y cambiarte, no sería bueno que la familia llegue y te vea así.
Diggle se miró de arriba abajo, la sopa ensangrentada, las manos completamente rojas… sí, la familia se aterrorizaría si lo viese así. Con un simple asentimiento se dirigió hacia la salida, pero antes de salir hizo una pausa para preguntarle a Oliver dónde había dejado su "material". Después de recibir la información, Diggle se marchó y Oliver lanzó un suspiro de alivio. Por lo menos no había perdido por completo a su equipo.
Llamó a recursos humanos de su empresa y en unos minutos tenía el teléfono de contacto de la familia de Felicity.
Oliver podía decir, sin lugar a dudas, que esa llamada fue una de las cosas más difíciles que había tenido que hacer en su vida.
Su padre había respondido el teléfono con una voz tan alegre y jovial como la de Felicity, y a Oliver se le apretó el nudo que tenía en la garganta con tanta fuerza que casi no le salió la voz. Solo hizo falta decir que era Oliver Queen y que llamaba desde Starling City para que el hombre empezase a preguntar frenéticamente por su hija. Estaba muy alterado y Oliver no conseguía hacerse escuchar, estaba empezando a pensar seriamente que al señor iba a darle un infarto cuando una voz más joven respondió al teléfono.
-¿Señor Queen? –preguntó con voz profunda y segura. –Soy Phillip Smoak, el hermano de Felicity, ¿Qué ha ocurrido?.
Oliver le contó la historia a grandes rasgos: Helena quería una información valiosa y había amenazado a Felicity para conseguirla. Ella había avisado a la policía pero Helena había conseguido escapar y la había atacado en venganza. No podía darle más datos porque doctores se negaban a darle información a nadie que no fuera de la familia.
El joven aseguró que estarían allí lo antes posible, Oliver le prometió que no se marcharía hasta que ellos llegasen, y luego puso a su servicio el jet privado de la familia, que los recogería en Metrópolis en media hora para trasladarlos al hospital.
Al colgar esa llamada realizó otra para preparar todos los detalles del viaje y luego se valió de su nombre para sacar información a cuanta enfermero/a veía pasar. Cuando Diggle volvió, veinte minutos después, ya limpio y cambiado, y le informó que había recogido su arco y su chaqueta, además de entregarle una muda de ropa limpia, Oliver pudo agradecérselo con nueva información sobre el estado de la chica.
-Está en quirófano. –dijo con voz tensa. –al parecer hay algún órgano dañado y están haciendo todo lo posible para repararlo. También ha necesitado varias transfusiones de sangre. Su familia viene en camino.
Diggle asintió y se sentó en la pequeña sala de espera. Oliver se aseó y se cambió en un baño cercano y luego se sentó frente a él. Llevaban casi dos horas en silencio cuando John habló, con voz suave y tranquila.
-Siento lo de antes. –y parecía totalmente arrepentido. –No ha sido culpa tuya. Helena estaba chiflada y… fue idea mía tenderle aquella trampa. –Oliver sacudió la cabeza.
-Tenías razón… prometí que la protegería y no supe hacerlo. –dijo con pesar.
-No sabías que estaba en peligro… no podías…
-Tú lo sabías. –interrumpió con voz tensa, y Diggle apartó la mirada. –Y yo… Sigo sin entenderlo… -su voz sonaba rota. -¿Por qué decidió Helena atacarla a ella? ¿Por qué sabías que iría a por Felicity?
Diggle lo miró fijamente durante un largo minuto y luego sacudió la cabeza.
-Ni siquiera te das cuenta… -murmuró con incredulidad. Oliver lo miraba con confusión y él especificó. –Es… cómo la miras… como si fuera la cosa más bonita que has visto tu vida. Como la tratas… como si fuera la única cosa buena e inocente que te rodea. Como la proteges… como si tuvieras miedo de que alguien pudiese apartarla de tu lado… Puedo verlo cada día, cómo te suavizas cerca de ella… Helena debió verlo también.
-Lo haces sonar como si estuviera enamorado de ella. –bufó Oliver.
-¿Y no es así?
Oliver se tomó un largo rato para pensar en la respuesta a esa pregunta. ¿Estaba enamorado de ella? ¿La quería? Diggle decía que, inconscientemente, la protegía pero a la hora de la verdad ni siquiera había pensado en ella… Quería a Felicity. Se había convertido en una persona muy importante para él y en un gran apoyo, pero ¿amarla?
-Creo que… -hizo una pausa para buscar las palabras adecuadas. –Ella es importante para mí. –reconoció.-Es una parte muy importante de mi vida… pero estoy enamorado de Laurel.
-¿Estás seguro? –Oliver asintió. -¿Sabes que ella está enamorada de ti? –Oliver cerró los ojos y después de un momento asintió. Sí… después de lo que había pasado tras el funeral de Tommy ella se había mostrado indiferente, pero no pasó mucho tiempo hasta que sus sentimientos por él fuesen notables. –Bien, -Diggle puso un tono serio, un tono de advertencia. –Estoy seguro de que Felicity va a salir de esta –aseguró- así que en cuanto se recupere tienes dos opciones: espabilarte de una vez por todas y darte cuenta de que lo de Laurel es una simple ilusión infantil y aprovechar lo que tienes frente a tus narices; o elegir una relación muerta. Si eliges lo segundo, espero que le dejes claro a Felicity que nunca va a pasar nada entre vosotros y que lo más adecuado es que pase página y busque alguien más adecuado.
Oliver, experto en ocultar sus sentimientos, contuvo la mueca que le produjo la última frase, y asintió, prometiendo pensar bien las cosas.
-Hagas lo que hagas, no le rompas el corazón. Dudo que te aguante una más.
Con eso dejó claro que sabía que algo había pasado antes de su desaparición, aunque Oliver estaba seguro que no sabía qué era exactamente. Después de eso cayeron en un nuevo silencio donde cada uno se culpaba a sí mismo de la situación en la que estaban.
Habían pasado dos horas cuando una pareja de hombres, uno joven que tomaba del brazo a uno mayor para servirle de apoyo, irrumpió en la sala de espera y se acercó al mostrador en busca de información.
Rápidamente, Oliver y Diggle se acercaron a ellos, a tiempo de escuchar a la insoportable enfermera repetir su frase favorita: "no podemos dar información sobre los pacientes a nadie que no sea de la familia". Oliver quedó fuertemente impresionado cuando aquel señor de apariencia frágil contestó a la enfermera con tono furibundo.
-No es "una paciente", es mi hija, y como no me diga ahora mismo como está mi niña le juro por dios que haré que la echen. –amenazó.
La chica hizo una mueca de disgusto, soltó la lima de uñas con la que se había estado entreteniendo, y se adentró en las puertas en busca de información sobre Felicity. Volvió minutos después y recitó con voz aburrida.
-Felicity Smoak, 24 años, ingresada por herida de arma blanca en el abdomen. Se le ha realizado una cirugía de emergencia finalizada con éxito hace unos quince minutos. Si quiere más datos tendrá que esperar a que venga la doctora. –Sin más preámbulos, tiró la carpeta con la información sobre la mesa, retomó su lima de uñas y les dio la espalda.
-Debería darle vergüenza… no está hecha usted para trabajar de cara al público. –se quejó el hombre.
Oliver le daba toda la razón e hizo una nota mental de conseguir un despido para esa… señorita.
-Señor Smoak –Oliver llamó la atención del hombre mayor tanto como la del joven, mientras extendía su brazo. –Soy Oliver Queen, hablamos hace un rato.
Después de las presentaciones y de ponerse al día con la información sobre Felicity, todos se sentaron impacientes a la espera de la aparición de la doctora. Por suerte no se hizo de rogar y apareció poco después para informarles que Felicity había superado con éxito la operación, la hemorragia había sido detenida y el hígado debidamente reparado, pero tendría que pasar un mínimo de tres días en la UCI bajo estrecha vigilancia. Podrían visitarla dos veces al día.
Oliver había movido hilos entre los altos cargos del hospital y Felicity había sido trasladada a una habitación de máxima seguridad donde era monitoreada constantemente por varios enfermeros puestos exclusivamente para ella y donde su familia podía estar con ella constantemente. Su hermano se lo se lo había agradecido con lágrimas en los ojos y su padre lo había apretado en un fuerte abrazo.
Desde entonces se habían turnado para estar con ella, aunque la familia de Felicity no entendía por qué él y Diggle sentían la necesidad de estar allí metidos todo el día, aceptaban que eran sus amigos y estaban preocupados. Cuando ellos se iban a descansar, Oliver y Diggle se quedaban con ella, y cuando volvían, Diggle se marchaba y Oliver se quedaba sentado en el pasillo, cerca de su habitación.
Sabía que no había necesidad de quedarse estando su familia allí, pero el sentimiento de culpa y la preocupación no lo dejaban respirar con facilidad cuando se alejaba más de un par de metros de su habitación.
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El día que los doctores dejaron de sedarla y Felicity estuvo consciente y centrada, eran Oliver y Diggle quienes la acompañaban. Diggle estaba repantigado en el sofá jugueteando con su teléfono y Oliver tenía las manos en los bolsillos de su pantalón y miraba por la ventana.
-Hey. –El suave susurro bastó para llamar la atención de los dos hombres que se acercaron a ella con una enorme sonrisa de alivio.
Conforme los días pasaban el estado de Felicity fue mejorando y él poco a poco consiguió despegarse de encima la sensación de peligro inminente y empezó a irse a casa descansar, aunque seguía pasando mucho tiempo en el hospital con ella.
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I loved you with the flying red, now it's turning blue
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Felicity parecía estar bien, tanto física como psicológicamente, un psicólogo la había evaluado por si tenía algún trauma después de su ataque y la había encontrado perfectamente. Su padre y su hermano estaban pletóricos ante la estupenda recuperación que estaba experimentando y no paraban de agradecerle a Oliver todas las molestias que se había tomado para garantizarle unos cuidados más que óptimos; y Diggle estaba más que feliz al ver que mejoraba día tras día. Oliver también estaba contento con su mejora, por su puesto. Ella estaba allí, estaba bien, y no parecía enfadada u ofendida porque él no hubiese acudido en su ayuda. Lo trataba completamente igual que antes. Solo parecía haber una pequeña diferencia en ella, y él era el único que había reparado en ello: ya no lo miraba igual. El brillo que solía encender su mirada al mirarlo ya no estaba. La suavidad y el cariño que traslucía cada vez que le hablaba ya no estaba en su voz ni tampoco en su toque… Antes se sentía especial cuando ella le dedicaba esa sonrisa tan cálida que parecía hecha solamente para él, ahora le sonreía y le miraba de la misma forma que lo hacía con Diggle y con Phillip, y por alguna extraña razón… eso le molestaba.
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Le costó más de tres meses después de que ella saliese del hospital, darse cuenta de que no quería que Felicity lo viese como un simple amigo. Quería que volviese a verlo como antes… pero como seguía sin tener claros los motivos ni sus sentimientos por ella, no hizo nada al respecto. Le había prometido a Diggle que no iba a hacerle daño de nuevo y pensaba mantener su promesa.
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Le llevó dos meses más darse cuenta de que Felicity ya no era solo una amiga ni una parte importante de su equipo. Ya no la miraba con los mismos ojos con los que veía a Thea. La veía como una mujer. De eso se dio cuenta la noche que (como venía siendo costumbre desde que Helena la había atacado) había realizado una ronda rápida por su apartamento y la había encontrado medio desnuda enredada en los brazos de otro. Se había ido de allí casi al momento, no queriendo observar esa escena e impactado por la oleada de emociones que había sentido, la predominante: los celos.
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Pasó las siguientes dos semanas analizando cada uno de sus sentimientos por ella, lo que quería realmente, a dónde quería llegar. Quería tener todo claro antes de tomar una decisión porque si algo sabía era que no iba a lanzarse a por ella y estropearle una relación (una que ella ni siquiera se había molestado en mencionar que tenía) si no estaba seguro de que era para darle algo importante. Algo mejor.
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El día que ella entró en el sótano del Verdant con esa suave sonrisa que solía dedicarle a él Oliver decidió actuar. Estaba decidido. Esa sonrisa era suya. Lo había sido en algún momento y estaba decidido a recuperarla.
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Le costó.
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Le costó tiempo, esfuerzo y paciencia. Sobre todo paciencia, porque ella ya no estaba dispuesta a confiarle su corazón una vez más. Pero él estaba dispuesto a luchar por ganarse su confianza. Sabía que tenía que ir con cuidado pues, a estas alturas, una pequeña metedura de pata lo arruinaría todo, pero Oliver solo necesitaba que ella le diese una oportunidad más. Una sola. No tenía planeado volver a cagarla así que una sola oportunidad sería suficiente.
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La consiguió.
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Felicity no sabía cómo las cosas habían terminado de esa manera, solo sabía que un día, de pronto, Oliver empezó a cambiar su comportamiento con ella. No se trataba de que le prestase más atención o de que se preocupase más por ella, porque eso siempre lo había hecho (sobre todo después del "accidente", como ella seguía llamándolo), era otra cosa… la forma de hablarle, la forma de tocarla -constantemente y con algo parecido a la ternura-, pero sobretodo era su forma de mirarla. A veces le daba la sensación de que cuando entraba en su campo de visión, algo resplandecía en su mirada.
En un principio trató de ignorar todos esos detalles, pues dos veces antes ya había cometido el error de ver cosas donde no las había. Sabía que Oliver nunca la había visto más que como una amiga. La quería, pero no estaba enamorado de ella. No podía culparlo por ello. Asumió que las cosas eran así y siguió con su vida, aprendiendo a mirarlo como a un amigo más, y justo cuando parecía que podía avanzar junto a alguien más, él empezó a comportarse de esa manera. Y lo hacía tan obviamente que (aparte de provocar un permanente ceño fruncido por parte de Diggle) era imposible de obviar y confundir.
Trató de resistirse, trató de ignorar todos sus avances, trató de obviar todos esos sentimientos que él siempre había producido en ella, pero… ¿qué es lo que siempre pasa con el amor? Que no se puede controlar. Apenas sin ser consciente de ello, Oliver se fue apoderando de su corazón y ella estaba aterrorizada porque esta vez no se trataba de una fantasía o de una ilusión creada en su cabeza, era algo real y más profundo que todo lo que había sentido anteriormente. Las posibilidades de salir herida eran mil veces mayores ahora. Aun así, la noche en que Oliver la tomó desprevenida en el sótano del Verdant y le rogó que le diese una oportunidad, que confiase en él, lo hizo.
El problema llegó al ver que esa confianza no parecía serle devuelta.
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Ella había estado comportándose de forma extraña.
Desde que las cosas habían avanzado entre ellos, poco a poco, todo parecía haber ido sobre ruedas y sabía que Diggle había tenido la razón todo el tiempo. Había visto algo allí donde él había estado ciego al mirar. Por suerte había sido capaz de verlo a tiempo, y ella se había convertido en el pilar que sostenía su vida. Ciertamente, sabía que les quedaba mucho por avanzar y sabía que su confianza en él seguía siendo frágil, pero iba con pies de plomo y confiaba en que el tiempo fuese poniendo todo en su lugar. Era el hecho de que todo parecía ir tan bien lo que dejaba en evidencia el comportamiento extraño de Felicity.
Generalmente se dirigía a la fundición después del trabajo, exceptuando por las tardes que se tomaban libres para disfrutarlas juntos, pero durante las últimas tres semanas había faltado tres veces. Cuando había preguntado por su paradero ella había balbuceado a cerca de trabajo extra. Oliver sabía que mentía, no solo porque era su jefe, sino porque podía leerla como un libro abierto. Además, había visto unas ligeras sombras moradas en su brazo, parecidas a una mano, pero ella había jurado que había sido durante uno de sus entrenamientos. Oliver sabía que mentía, SIEMPRE iba con extremo cuidado cuando se trataba de ella. La policía había estado a punto de atraparlo cerca de dos veces en esas últimas semanas y cuando intentó averiguar por qué no le habían advertido de que la policía sabía su localización, ella había balbuceado sin saber dar una respuesta adecuada. El día que fue a recogerla a la empresa para salir a almorzar y le informaron que hacía media hora que se había marchado con otro caballero, casi se volvió loco pensando que alguien la había secuestrado. Un rápido vistazo a las cámaras de seguridad le hizo saber que Felicity no había sido coaccionada para abandonar el edificio ni mucho menos: iba tranquilamente al lado de ese desconocido, aunque no parecía especialmente contenta de verlo allí.
Fue por eso que decidió seguirla.
Se dijo a sí mismo que solo quería protegerla, que no era que no confiase en ella… solo quería asegurarse de que estaba a salvo.
Había hecho un seguimiento de su rutina y sabía que ese miércoles se saltaría su habitual visita al Verdant para ir a algún lugar desconocido, así que esperó a que saliese de Queen Consolidated y la siguió hasta una pequeña cafetería perfectamente camuflada entre dos enormes pubs. Ella entró y se sentó en una mesa donde ya la aguardaba un tipo, para mosqueo de Oliver, bastante bien parecido. No supo de lo que hablaron pero podía verlos reír. Después de unos veinte minutos vio como Felicity le entregaba una carpeta de documentos y se despedía con una sonrisa. No la sonrisa que se le da a cualquier desconocido, era una sonrisa muy parecida a las que le daba a él.
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Felicity suspiró cuando por fin entró en el sótano del Verdant. Había sido un día eterno y lo único en lo que podía pensar era en poner los equipos en modo búsqueda y arrastrar a Oliver a su casa para tomar algo de cena y acurrucarse junto a él en la cama. Sonrió al verlo sentado en su puesto habitual, como si hubiese estado esperando por ella, pero al ver la cara de seriedad con que la miraba su sonrisa se borró.
-¿Qué ha ocurrido? –preguntó, poniéndose tensa inmediatamente.
-Eso es lo que quiero averiguar. –La voz de Oliver sonó fría. –Siéntate. –casi ordenó. En cualquier momento ella habría objetado algo ante su tono autoritario, pero la cara de Oliver le advertía de que se dejase de juegos.
-¿Hay algún problema? –él asintió.
-El problema es que me has estado mintiendo. –lo dijo suavemente, y a Felicity le recorrió un escalofrío por toda la columna. Casi le daba más miedo así que furioso.
-No te he mentido en ningún momento. –aseguró.
-Me has estado ocultando algo. –aceptó el. Ella desvió la mirada. -¿Quién era ese hombre?
-¿Qué…?
-El hombre al que has visto hoy. ¿Quién era?
-¿Me has seguido? –Felicity no sabía si sentirse indignada o furiosa.
-Estaba preocupado por ti.
-¿Y eso hace que automáticamente yo pierda mi privacidad? –acusó –¿Es que a caso no puedo tener una vida que no esté relacionada contigo en todos sus aspectos? –Oliver se pasó las manos por la cara con frustración. La conversación no estaba yendo como él quería.
-Sabes que sí. Lo que no entiendo es por qué tienes que ocultarlo. ¿Quién era ese hombre, Felicity? ¿Qué había en esa carpeta?
Felicity entrecerró los ojos mirándolo atentamente durante unos minutos, como si quisiera leer dentro de él.
-Dime que no estás pensando que era algún policía al que le di información sobre ti. –pidió con voz tensa.
-Sé que jamás harías eso. –aseguró él. Y ella asintió. Sabía que era sincero. –Sé que jamás me traicionarías y es por eso que te confío mi vida cada noche.
Tras unos minutos de silencio en los que ella volvió a mirarlo con esa mirada tan profunda, volvió a hablar.
-Confías en mí con tu vida, es cierto, pero… ¿confías en mí con tu corazón, Oliver? –lo dijo en apenas un susurro, casi con miedo de preguntar.
-¿Qué…? –Oliver tragó con dificultad, debido al nudo que se le acababa de formar en la garganta.
-¿Crees que no me he dado cuenta cómo me mantienes al margen de tu sentimientos, de lo que piensas? ¡Ni siquiera duermes conmigo una noche entera, como si temieras que te fuese a atacar si pasas mucho rato a mi lado! –su voz se empezaba a alterar y tomó una bocanada de aire, porque sentía cómo las lágrimas llegaban a sus ojos. –Me pediste que confiase en ti, que te diese una oportunidad, y a pesar de que estaba aterrorizada, lo hice. Pero tú no lo hiciste conmigo. No confías en mí.
-Confío en ti. –pero no sonaba convencido. Sonaba… resignado, como si supiese que en algún momento esta conversación fuese a tener lugar.
-Claro, acabas de demostrarlo siguiéndome. –acusó.
Un tenso silencio reinó en la estancia durante un largo rato, hasta que ella habló de pronto.
-¿Cómo te hiciste la cicatriz del muslo? –él desvió la mirada. –O el tatuaje, ¿qué hay de él? ¿Dónde te hiciste ese dragón? –más silencio. -¿Ves?, no confías en mí. –negó ella. –Sé sincero. ¿Quién pensabas que era ese hombre, Oliver? –él apretó los labios y ella dejó escapar una carcajada amarga. –Después de todo lo que ha pasado… Me he arriesgado a ir a la cárcel por ti mil veces, te he perdonado lo indecible, he puesto mi vida en peligro por ti y sabes que no dudaría en volver a hacerlo si fuera necesario, he estado a punto de morir por ti, literalmente… pero a pesar de todo eso ¿confías tan poco en mí que crees que sería capaz de engañarte con otro?
-No sería tan extraño. –Oliver se encogió de hombros.
-Tal vez no lo será en tu mundo, pero en el mío impera algo que se llama respeto. –espetó furiosa. Oliver cerró los ojos sabiendo que acababa de meter la pata aún más.
-Lo que quería decir es que… no sería extraño que buscases en otra persona lo que yo no puedo darte. –murmuró, y ella frunció el ceño. –Yo no… no puedo… -se pasó las manos en la cara, frustrado por no saber expresarse- No puedo ser como tú, Felicity. No puedo darte todo lo que tú me das, por lo menos no en igual medida. Por eso no me resultaría extraño que decidieses buscarlo en otra persona. Sería lo justo, lo que te mereces.
Felicity lo miró con la incredulidad marcada en el rostro.
-¿Y crees que no lo sabía? ¿Crees que cuando decidí aceptar esta relación no sabía que tenías problemas y que las cosas iban a ser complicadas? Porque lo sabía, lo tenía muy claro. –aseguró. -Lo que no esperaba era que en lugar de trabajar en ello, de tratar de solucionarlo, ibas a dedicarte a desconfiar de mí en algo tan… vano como una infidelidad… Creía que estábamos por encima de eso…
La decepción en su voz era tan palpable que Oliver apretó la mandíbula y cerró los ojos para no ver el dolor reflejado en su mirada.
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And you say
Sorry like an angel, heavens not the same with you
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-Lo siento… sé que he cometido un error y… perdóname.
-No.
La respuesta fue tan rápida, segura y fuerte que Oliver abrió los ojos inmediatamente, con el cuerpo en tensión.
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And that I'm afraid
It's too late to apologize, it's too late
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-Estoy harta… -su sonaba amarga mientras sacudía la cabeza -Estoy cansada de que me pidas perdón, Oliver.
-Felicity, no…
-No quiero seguir así. No puedo hacerlo. –especificó.
-Felicity, no… por favor… -Oliver ya sabía hacia donde se dirigía esta conversación y se maldijo a sí mismo por meter la pata de esa manera y provocar todo esto. –Solo ha sido un malentendido.
-No se trata de un malentendido que no confíes en mí. –negó. Lo miró a los ojos tratando de hacerle entender. –Estoy cansada de sufrir, Oliver. Sé que no lo haces conscientemente, pero el caso es que me haces daño y he llegado a un punto en que… ya no puedo más. –las lágrimas rodaban por su cara a este punto y ella trató de secarlas rápidamente.
-Solo ha sido un malentendido. –repitió él. Sonaba casi desesperado. –Yo confío en ti. Te quiero. –Felicity cerró los ojos ante la frase que había estado deseando escuchar desde la primera vez que la había besado y que él solo le estaba dando ahora, cuando ella estaba terminando con todo.
-Lo sé. –dijo con voz rota. –Pero tienes problemas, Oliver… No… no estás preparado para tener una relación.
-Lo estoy. Te quiero. –sus manos la tomaban de la cara, obligándola a mirarlo, obligándola a ver la desesperación en su mirada.
-Eso ya no es suficiente. –Oliver sintió como si acabase de abofetearlo. -Tienes que aprender a dejar salir los demonios que llevas encerrados dentro. –susurró. –Tienes que aprender a confiar en la gente.
-Confío en ti. –volvió a susurrar.
-No con tu corazón… y yo no puedo aceptar menos que eso. –le dolía en el alma tener que hacerlo, pero se alejó de él.
-Trabajaré en ello. Buscaré ayuda si eso es lo que quieres. –sonaba como una promesa, aunque los dos lo escucharon como lo que era, un ruego.
-Lo que quiero es que seas feliz.
-Entonces no me dejes. –dijo con la mandíbula apretada.
-Seguiré aquí. –aseguró.
-Pero no conmigo.
-No.
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Said it's too late to apologize, it's too late
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Oliver cerró los ojos dejó la caer su cabeza hacia atrás.
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-Solo ha sido un malentendido… -su voz sonaba gruesa por las lágrimas que se negaba a derramar.
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It's too late to apologize, it's too late
Said it's too late to apologize, it's too late
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Lo curioso de la confianza es que es cuesta muchísimo ganarla pero solo basta un segundo para perderla… Por su ignorancia y su indecisión, él había perdido la confianza de ella; la había dejado muy dañada y pendiendo de un hilo. Sus traumas, su inseguridad acerca de sí mismo alrededor de otros le había hecho cometer un pequeño error que había sido suficiente para dar al traste con lo poco que había conseguido… ella estaba muy dolida, por todo, y ya no estaba dispuesta a aguantar más.
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Said it's too late to apologize, it's too late
Said it's too late to apologize, it's too late
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-A veces no se necesita más que eso. –se lamentó ella.
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I'm holding your rope
Got me ten feet off the ground...
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oOoOo
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Sé que muchas me estáis maldiciendo y que consideráis que Felicity ha hecho una montaña de un grano de arena, pero tenemos que entender que ella ha puesto el 100% de sí misma en esa relación y que espera lo mismo a cambio... sin llegar a obtenerlo. Ella no es una mártir, está cansada de pasarlo mal, así que lo mejor es cortarlo.
Tan real como la vida misma.
Con este final tan amargo me despido (solo hasta que pueda volver a actualizar "Hanging by a monment!") a menos que se me ocurra alguna locura nueva...
Pero antes de irme quería agradeceros a todos los que os habéis tomado un minuto para darme vuestra opinión o para añadir mi historia o a mi a favoritos. ¡Me llena el alma saber que no lo hago taaaaaan mal como imaginaba!
Podéis darme una última alegría haciéndome saber qué opináis de esto.
Hasta pronto!
