Me desperté de golpe, ahogando un grito que estuvo a punto de salir de mi boca. Estaba empapado en sudor y con el corazón latiendo a mil por hora. Cada milímetro de mi cuerpo parecía estar temblando y sentía que me estaba ahogando. Me llevó minutos enteros tranquilizarme. Jamás había sentido esta sensación antes, ¿sería miedo? No lo supe, jamás había tenido miedo antes. Había tenido una pesadilla, y por lo perturbada que estaba mi mente se podía decir que había sido una pesadilla horrible. Pero no me acordaba de nada, tan sólo me daba la sensación de haberlo pasado mal con una pesadilla. Volví a tumbarme en la cama y cerré los ojos para volver a dormir, pero inmediatamente en mi teléfono móvil empezó una melodía poco conocida. Cogí el celular frunciendo el ceño, era la alarma la que me había despertado, pero no recordé el haberme descargado la canción que estaba sonando, y mucho menos el ponerla de alarma. Seguro que Tweek había vuelto a trastearme el móvil… De repente me encontré a mí mismo sonriendo a la nada. Casi automáticamente, agité la cabeza para sacarme esa sonrisa. Una imagen vino a mi mente de repente: Tweek mirando a la nada. Mi corazón pareció encogerse de repente, la pesadilla tenía que ver con Tweek. Toqué mis labios y respiré hondo, recordando lo que había pasado el día anterior.

Con la mochila a la espalda, demasiado cargada diría yo, salí de casa rumbo a la de Tweek. Como suponía, estaba esperándome enfrente de su casa, tan sonriente como siempre y con un termo de café en la mano. Le saludé y él hizo lo mismo. Empezamos a caminar, y cuando faltaba poco para llegar a la escuela le cogí de la muñeca, sin mucha brusquedad, para que se girara a mirarme.

-Ey, ¿qué demonios fue lo de ayer? –Pregunté sin añadir más detalles, yendo al grano.

-Un beso. –Dijo, remarcando lo obvio.

-¿Por qué así de repente? –Volví a preguntar, y ésta vez pareció que Tweek se puso algo nervioso.

-Ngh… Los besos de-demuestran cariño, ¿no? –Preguntó mirando a otro lado, evitando mi mirada.

-Supongo.

-Pues yo… Yo… ¡Yo t-te tengo mu-mucho cariño! ¡Ack! –Gritó de repente, tapándose la boca con la mano que tenía libre después.

-Sí, y yo, pero no hace falta que lo grites a los cuatro vientos. –Dije riéndome algo nervioso al comprobar que varios estudiantes se nos habían quedado mirando.

Miró a todos lados y enrojeció por completo al ver que muchos de los que nos miraban eran de nuestra misma clase. Tweek ya sabía lo que iba a hacer, y los que miraban también lo sabían. Con mi típica cara de póker les enseñé a todos mi dedo corazón. Jamás me cansaré de hacer ese gesto, pues es un perfecto detector de idiotas… Siempre me pregunté a mí mismo por qué a la gente le molesta que un chico le enseñe el dedo medio a la gente y que después esa misma gente se divierta hablando mal de otras personas; sinceramente, jamás entenderé cómo la gente puede ser tan cruel.

Solté a Tweek y juntos entramos a la escuela, como cada mañana. Recorrimos los pasillos hasta llegar a nuestro salón, y como siempre, nos sentamos en los asientos de atrás. Todo tan monótono como siempre… El Sr Garrison, nuestro profesor desde primaria, pidió la tarea y como suele hacer se la pidió a todos menos a mí. Y la razón de ello es que por múltiples razones los profesores tienen por norma ignorarme, salvo cuando hay un examen. Unos dicen que tengo autismo, otros que soy demasiado problemático y otros que soy demasiado raro y les doy miedo; y esto no es sólo lo dicen los profesores, sino todo el instituto. Y sinceramente, es otra de las tantas cosas que no entiendo. No tengo autismo, no soy agresivo, no me gustan los problemas, no hay ninguna razón para tenerme miedo. Si esas son las razones por las cuales soy ignorado y despreciado, ¿entonces por qué no le hacen lo mismo al team de Stan? Ellos se han metido en miles de problemas que muchas veces han acabado afectando negativamente al resto del pueblo. Pero, ¿qué hay de mí? Soy un chico casi transparente, mi presencia no altera nada; por ello me llaman "el chico fantasma". Y eso demuestra la ignorancia y la idiotez de todos mis compañeros de clase, pues se contradicen a ellos mismos al ignorarme por ser problemático y por dar miedo y a la vez llamarme fantasma.

De hecho, me gusta esta soledad. Aíslo mi mundo, aíslo mi voz, aíslo mis sentimientos, me aíslo a mí mismo. Pero no es aislamiento total, pues aunque cierre las puertas hay alguien que tiene la llave, ese alguien es Tweek. Creo que él es el único que me conoce realmente, el único que tiene en cuenta mi existencia. Por ello no me considero infeliz, pues no estoy solo. No me gusta hablar de esto, tampoco pensar demasiado, pero hay veces que es inevitable. En cuatro años dejaré el instituto e iré a la universidad, me alejaré de este pueblucho que sólo sabe crear problemas y empezaré una nueva vida lejos de aquí. Dejaré de ser el chico fantasma y conoceré a gente nueva. Porque no soy una mala persona, sólo tuve mala suerte. Claro que no apartaré a Tweek de mí, no soy tan estúpido como para alejar lo único bueno en mi vida de mí.

Pero volviendo a ese día, las clases ya habían terminado y todos estábamos ya en los pasillos listos para volver a casa.

-¡Ack! Podríamos darle d-de comer a los patos esta t-tarde. –Propuso Tweek jugueteando con sus pequeñas manos. -¡Los p-pobres están a-asustados por culpa de Cartman y sus a-amigos! Ngh… A veces los apedrean.

Hice un ruido parecido a "hm" y asentí con la cabeza para darle a entender que le estaba escuchando.

-Ngh… M-me dan un poco de miedo los patos, pe-pero estando tú no pasará nada. –Agregó, sonriéndome de esa manera tan cálida… No entendía cómo sus sonrisas podían cambiar tanto depende de la situación, simplemente eso no cabía en mi mente.

-Aparta. –Ordenó una voz detrás de mí.

Me giré para ver de quién se trataba, era ese tal Gregory, un creído malcriado que sólo por ser rico e inteligente se creía el rey del mundo.

-Puedes pasar por al lado. –Respondí, mirándole fríamente. No me agradaba para nada su supuesta superioridad.

-Aparta. –Respondió, intentando intimidarme con la mirada. Lo que él no sabía es que a mí también se me daba bastante bien jugar a las miraditas frías.

-No eres nadie para ordenarme nada. –Dije intentando mantener mis impulsos de partirle la cara. La gente que se cree superior sólo por su posición económica me ponía enfermo.

-Soy Gregory Fields, ¿acaso no basta con eso? –Preguntó arqueando su ceja derecha.

-No. –Respondí sin dejarme intimidar.

-¿Y tú eres…? –Preguntó, irguiéndose todo lo que podía. –Ah sí, el chico fantasma. Entonces, ¿a qué esperas? ¡Desaparece!

Eché un poco el cuerpo para atrás y fruncí levemente el ceño. Estaba algo confundido y a la vez me sentía ridículo, pues me habían herido y no sabía cómo responder. Le miré a los ojos, brillaban como dos bombillas. Sin saber por qué me sentía como si estuviese encogiendo, como si quisiese desaparecer de verdad.

-¡Él es Craig Tucker! ¡E-estudiante del instituto de South Park! ¡Ack! Y tú eres sólo una… ¡Una marioneta! ¡Un idiota sin p-personalidad que cree ser adorado pero sólo es utilizado! ¡Gah! P-pueden que te quieran, ¡pero sólo por tu dinero! Y si te crees mejor q-que Craig… ¡Te equivocas! ¡I-idiota! Y además… ¡Los gnomos de los calzoncillos irán a por ti! –Gritó Tweek rápidamente, como si sólo le hubiesen dado tres segundos para hablar y uno de ellos lo hubiese gastado en respirar.

Mi pobre cerebro trabajaba cien veces más que de costumbre intentando asimilar lo que acababa de pasar y lo que Tweek acababa de decir. Me había defendido cuando yo estaba intentando desaparecer. Cuando salí del shock lo primero que vi fue a Gregory, pálido y temblando de puro terror. Después dirigí inconscientemente mi mirada a Tweek, estaba respirando entrecortadamente y tenía los puños apretados con fuerza. Tweek daba miedo, había que reconocerlo. Parecía estar a punto de tirarse encima de Gregory para hacerle una bonita operación de cirugía estética sin anestesia y como instrumentos quirúrgicos sus dos puños. Por lo que recordaba, hace tan sólo un par de horas Tweek había ingerido una cantidad importante de café barato de la cafetería del instituto; y es sabido que la cafeína y la ira no son una buena combinación. Definitivamente Tweek iba a perder la cabeza en algún momento y le iba a partir la cara al inglés, y eso no era nada bueno. Quería que Gregory se llevase su merecido, pero tampoco quería verle en el hospital porque a fin de cuentas tampoco era tan malo, tan sólo tenía sus momentos. Si hubiese sabido que tan sólo iban a ser un par de puñetazos no me hubiese preocupado, pero sabía por experiencia propia que la delicada imagen de Tweek era engañosa, y que si él se lo proponía podía mandar al hospital a quien quisiese.

De entre el público que en poco tiempo se había formado a nuestro a nuestro alrededor se escuchó una voz rasposa murmurando algo que parecían maldiciones en otro idioma, posiblemente francés. Un chico castaño que si mal no recuerdo se llama Christophe, se hizo paso entre la multitud. No iba a nuestra clase, pero lo conocía de haberlo visto unas cuantas veces en la oficina del señor Mackey castigado. Christophe se quedó observando en silencio unos segundos y después negó con la cabeza.

-Sea lo que sea que haya hecho este idiota, ya me ocupo yo de él. –Dijo el chico mirando al inglés, que seguía pálido como un trapo.

Y sin alegar nada más, lo agarró del brazo y se lo llevó a rastras de ahí. Suspiré aliviado y le di las gracias mentalmente al demente que se acababa de llevar a Gregory. Tweek ya se había tranquilizado un poco, así que aproveché para pedirle que nos fuésemos de una vez a casa. La conversación que mantuvimos de camino se basó en un completo silencio, sólo roto por un simple "adiós". Supongo que los dos teníamos mucho en lo que pensar. Entré a casa y dejé la mochila en el primer peldaño de la escalera. Con paso desganado me "arrastré" hasta la cocina, donde sólo estaba Ruby. Mi padre entraba a trabajar por la mañana y terminaba sobre las cuatro de la tarde y mi madre entraba a las dos y media, justo después de hacer la comida y volvía sobre las ocho; lo que nos dejaba a mí y a mi hermana comiendo solos.

-Hola hermano, te esperé para comer. –Dijo Ruby al tiempo en el que empezaba a comer.

-Espera, ¿quién eres tú y qué has hecho con mi desagradable hermana que me odia? –Pregunté alzando las cejas, sorprendido. Mi hermana NUNCA me daba la bienvenida, NUNCA me llamaba hermano y NUNCA me esperaba para comer. Quizás Tweek si tuviese razón con eso de que los extraterrestres raptan personas y las cambian por clones.

-Idiota. –Dijo fingiendo estar indignada. Era extraño, ese insulto no iba cargado con un increíble desprecio como el que solía utilizar a todas horas cuando hablaba conmigo. –Que me muestre fría no significa que no te quiera. –Dijo de repente, poniéndose un poco sonrojada. –Y no creas que repetiré esto. –Me sacó el dedo corazón.

Vale, definitivamente esa era la verdadera Ruby. Estaban pasando demasiadas cosas raras en muy poco tiempo, y mi pobre cerebro tenía ganas de irse una buena temporada de vacaciones para tranquilizarse, pues no dejaba de procesar información extraña. Suspiré y decidí empezar a comer sin darle más vueltas al asunto, después me esperaba una larga tarde llena de patos asustando a Tweek.


Hola de nuevo! Sé que me salen cortos los capítulos, pero qué se le va a hacer... Va a ser un fic de capítulos cortitos, para que sean más fáciles de digerir y que no os aburran. No creo apropiado para este fic meteros cinco mil palabras del tirón en cada capítulo, porque os daría un corte de digestión con sólo verlo u.u Y ojo, no digo que los fics que son de capítulos largos son peores ni nada parecido, sólo digo que hay cierto contenido que es mejor ponerlo poco a poco y otro que es mejor ponerlo de golpe. No sé si me explico...

Gracias por las reviews, por los seguidores y por los favoritos; ayudáis muchísimo :D

Nos vemos en el próximo capítulo, y CUIDADO, los gnomos de los calzoncillos están al acecho.