¿Seguimos? ¡Sí! ¿Paramos? ¡No! xD


Suspiros, suspiros y más suspiros era todo lo que se podía percibir en el ambiente, eso, y los gruñidos de Vegeta mientras hacía levitar el agua de la piscina a su alrededor. Bulma había decidido no decir más nada, solo debía esperar hasta el otro día, por lo que volvió a sentarse a tomar el sol junto a la piscina y leer un libro mientras el tiempo pasaba. No había logrado leer más de dos páginas en la hora que llevaba Vegeta ahí; primero la distrajo la cantidad de tiempo que él permaneció bajo el agua sin salir, e incluso se acercó a la piscina preocupada de si estaría bien, el saiyajin se burló de ella, recordándole cuán superior era su raza; posteriormente, Bulma se había asombrado de ver cómo Vegeta había creado una esfera de aire que lo contenía en el centro de la piscina, y se puso de pie para observarlo ya que el guerrero tenía los ojos cerrados, él había abierto los ojos de repente y ella se había caído a la piscina del susto, y por supuesto, el saiyajin se había burlado de lo tonta que era. Así, Bulma decidió poner la silla de espaldas a él, pero no podía evitar espiar de tanto en tanto, realmente se admiraba de lo maravilloso del poder de Vegeta, de que más allá de la destrucción, pudiese incluso manipular las leyes naturales.

-Mujer. -Le llamó él, ella no volteó intentando ocultar que solo hace un momento lo estaba observando.

-¿Qué?

-Ven acá. -Ella se levantó dubitativa, Vegeta se encontraba sentado en el borde de la piscina, con sus pantorrillas sumergidas en ella. -Siéntate - Le dijo y ella obedeció. Al instante, una esfera brillante de agua salió de la piscina y flotó por encima de los dos, moviéndose lentamente hacia Bulma, la luz del sol la atravesaba formando pequeños y hermosos arcoíris, la científica no pudo evitar sonreír con emoción, y de reojo le pareció ver a Vegeta mirándola fijamente. La esfera flotó sobre la mujer para terminar cayendo intempestivamente sobre su cabeza.

-¡Ahhh...estúpido! -Gritó ella mientras el guerrero real se reía incontrolablemente. Bulma le empezó a dar débiles puños en sus pectorales mientras se reía también. -¿Acaso eres un niño? -Vegeta le sostuvo las muñecas suavemente, como deteniéndola, mientras se seguía riendo. El contacto de sus manos la puso nerviosa, y el saiyajin pareciendo notarlo la soltó rápidamente. Se miraron a los ojos por un instante, pero un golpe en la puerta los interrumpió. Bulma se levantó, y acomodándose la bata un poco abrió la puerta, dejando entrar a algunos hombres que dejaron dentro de la habitación lo que parecían unos carros con varias bandejas. Bulma cerró la puerta y volteó hacia donde estaba Vegeta, moviendo lentamente las piernas en el agua. -Ven a comer, animal. -Le dijo ella con una sonrisa.

Obviamente, la cantidad que Bulma había contemplado como suficiente, no lo había sido. Ella había tenido su parte y terminaba su postre de frutas y helado, mientras Vegeta seguía devorando los platos principales del otro lado de la mesa.

-Ya no voy a pedir más comida. -Advirtió ella. -Van a creer que acá se está hospedando un elefante. -El saiyajin observó los platos que todavía le faltaban por terminar y respondió.

-Ok. -Dijo mientras se llevaba una cucharada de arroz a la boca. -Guárdame postre. -Ella apenas sonrió y siguió comiendo.

-Trataré. -Dijo, y se sumergió en sus pensamientos. Vegeta estaba actuando extrañamente decente con ella, otra vez. ¿Por qué lo hacía? Ella sabía bien que él en cierto modo necesitaba de su inteligencia y dinero para poder seguir entrenando, pero lo había considerado muy orgulloso para realmente aceptarlo y estar allí comiendo tan tranquilamente con ella. De tanto en tanto lo veía sonreír, no maléficamente sino casi como si estuviera feliz, tranquilo, y no podía evitar sonreír también.

-Esta comida es mejor que la que hay en tu casa.

-Obviamente, acá hay varios cocineros internacionales, en mi casa solo está mi mamá, los robots, yo.

-Tu comida es la peor.

-Hey.

-No es fea, simplemente es inferior a las demás que mencionaste.

-No en todo puedo ser la mejor. -Vegeta levantó una ceja.

-Esa línea parece que me la hubieras robado.

El saiyajin se fue por unas horas después de haber comido, tiempo en el cual Bulma pudo darse un baño y descansar. Estando sola nuevamente recordó el porqué estaba ahí, la depresión empezó a abrazarla una vez más, y suspiró con frustración. No podía creer que había perdido tantos años de su vida junto a Yamcha, que se había equivocado y él se había burlado así de ella. "Todo es tu culpa, Bulma, siempre estás muy ocupada siendo rica y maravillosa para prestarme atención y por eso pasó esto", recordó sus palabras y una lágrima se escapó de sus ojos, ¿cómo se atrevió a culparla por su infidelidad?, "eres una mujer fría y vacía, nunca me diste el calor que buscaba", pero si ella le había dado todo de sí, ¿cómo podía decir tal cosa? ¿Acaso Yamcha nunca había entendido su personalidad? Ella no podía ser domada, pero sí le había dado todo de sí, todo su corazón. Cuando recobró la conciencia, ya el cielo se había oscurecido, se levantó algo desorientada y vio la figura de Vegeta fuera de la habitación, junto a la piscina, caminó a ponerse unos jeans y luego salió.

-Vegeta. -Lo llamó, él volteó, tenía otra ropa, un buzo negro y jeans, parecía haber estado en casa de ella.

-¿Qué?

-Iba a ver una película…¿quieres…acompañarme? -Bulma se sintió algo estúpida al preguntar, seguramente le diría que no, pero nuevamente, ¿qué hacía él allí? ¿Por qué había regresado? ¿Y por qué ella sentía alivio de verlo nuevamente? Vegeta pareció meditar un momento y luego caminó hacia donde ella estaba, mirándola intensamente, sin ella saberlo estaba observando sus ojos enrojecidos.

-Ok. -Dijo entrando a la habitación, ella lo siguió. -¿Qué es una película?

-¿Ustedes no tienen películas? -Preguntó Bulma curiosamente mientras él se acostaba en la cama, su corazón dio un salto, ¿qué estaba haciendo? ¿Dónde se iba a sentar ella entonces? -Ya has visto la televisión, ¿no? Proyecta imágenes de sucesos reales y también de historias inventadas, una película es una historia que es actuada por seres humanos.

-Qué estúpido, ¿por qué hacen eso?

-Para divertirnos, emocionarnos, con historias diferentes a nuestra realidad. -El saiyajin se limitó a chistar. Bulma seguía de pie, buscó el control y encendió la televisión, dirigiéndose a un canal pago, ingresó sus credenciales y buscó una película que a él le pudiera interesar. -Creo que tengo la película perfecta para ti.

Finalmente, Bulma se había sentado del otro lado de la cama, lo cual no causó que Vegeta se inmutara en lo absoluto. El Saiyajin estaba acostado, con su brazos cruzados bajo su cabeza como almohada, mientras miraban una película de Bruce Lee. Ella estaba sorprendida de que él parecía realmente interesado y hasta le hacía preguntas sobre el significado de determinadas situaciones. Tres películas después, el sueño empezaba a vencer a Bulma, y se quedaba dormida por ratos, hasta que Vegeta la despertaba con alguna nueva pregunta. Cuando los créditos de la película empezaron a moverse en la pantalla al ritmo de la música, Bulma volteó hacia donde estaba Vegeta.

-Ya está bien, ¿no? -Le preguntó mientras se frotaba los ojos, pero él tenía los ojos cerrados, el movimiento tranquilo de su pecho mientras subía y bajaba le indicaba a la científica que se había quedado dormido. Bulma sintió sorpresa y curiosidad de verlo en un estado tan vulnerable, otra vez, pero esta vez no por haber sido herido, sino por haber estado desprevenido, frente a ella, quien realmente no era ningún tipo de amenaza para él. Entonces, por segunda vez en su vida, Bulma se permitió observarlo largamente, apreciar la curva perfecta de su nariz, su barbilla, sus cejas tupidas y relajadas, los músculos de su cuello y pecho que se perdían bajo la camisa que vestía, sus labios, pequeños y entreabiertos, y no pudo evitar inclinarse hacia él para admirarlo más de cerca. Sí, Vegeta era en extremo atractivo, todo el tiempo, sin falta, pero en ese momento, vulnerable y en paz, a ella le parecía todavía más apuesto.

-¿Qué haces? -Le preguntó él sin abrir los ojos.

-Nada. -Respondió ella echándose hacia atrás, él abrió los ojos y le agarró la muñeca antes de que pudiera moverse más. Bulma miró sus dedos alrededor de su muñeca y luego lo miró a los ojos por algunos segundos silenciosos.

-¿Qué haces aquí? -Le preguntó él. -¿Por qué estás de tan mal humor?

-Si te digo seguramente te burlarás.

-Ja, no me interesa tanto lo que me digas como para hacerlo… -Bulma frunció el ceño y pensó si decirle o no.

-Terminé mi relación con Yamcha.

-¿Quién?

-El hombre de pelo corto y cicatriz en la cara que siempre está conmigo, lo mataste una vez incluso.

-Ah, ese.

-Así que, estoy acá tratando de relajarme y olvidar mis penas, y tú, ¿qué haces aquí, Vegeta? -Vegeta le soltó finalmente la muñeca y se sentó sobre la cama.

-Ya te lo había dicho, estoy aquí para fastidiarte ya que tú fastidiaste mi día con tu incompetencia. -Bulma lo miró fijamente y abrió y cerró la boca un par de veces antes de hablar.

-Pero tú sabes que no me fastidia tu presencia, ¿cierto? -Vegeta sonrió con algo de malicia. -Entonces, ¿qué haces aquí?

-No tengo nada mejor que hacer. -Respondió él secamente. Bulma se levantó de la cama, rompiendo el contacto visual con Vegeta, pero sintió sus ojos sobre ella mientras buscaba una botella de vino y unas copas, volviéndose a sentar al lado de él.

-¿Quieres?

-Ni creas que vas a tomar eso otra vez.

-¿Ah?

-La última vez que tomaste ese líquido te estabas comportando de forma vergonzosa y hasta…

-¿Hasta qué?

-Nada, simplemente no vas a tomarlo. -Le dijo quitándole la botella sin ningún esfuerzo.

-¿Quién eres? ¿Mi papá? -Le dijo mientras trataba infructuosamente de quitarle la botella. Vegeta la echó hacia un lado, fuera del alcance de ella, y los ojos de Bulma se llenaron de furia. -Vegeta, dame la botella. -El saiyajin se limitó a arrancar el corcho con sus dientes y tomarse la botella en un trago largo e ininterrumpido. -Noooooo…¿por qué? ¿Cómo puedo estar desconsolada sin tomar vino?

-Ya cállate. -Bulma se levantó de la cama y caminó hacia el teléfono.

-Voy a pedir otra. -Amenazó infantilmente, y antes de que pudiese terminar de marcar, Vegeta le quitó el teléfono de las manos riéndose. Bulma comprendió que todo lo que estaba haciendo era divertirlo, y suspirando se devolvió a la cama y se recostó boca arriba, magullando entre dientes. Vegeta volvió también a la cama y se sentó al lado de ella, fijando su mirada nuevamente en sus ojos turquesa. -¿El amor existía en tu planeta? -Le preguntó ella sin mirarlo, el saiyajin apretó los labios y torció los ojos. -Es decir, ¿la gente se casaba? ¿Tenía familias?

-Por supuesto, es apenas natural. En el caso de los saiyajines, ya que hombres y mujeres tenían la misma fuerza, eran asociaciones entre seres de capacidades muy similares, genes fuertes...relaciones de conveniencia. -Le indicó Vegeta. -Para poder tener hijos fuertes que ayudaran al crecimiento y evolución de nuestra raza. -Vegeta apartó la mirada cuando notó que ella se la devolvía con ojos pensativos.

-¿Sin amor?

-No sé, yo no creo en tales idioteces.

-¿Pero si crees en asociarte con alguien? -Vegeta tragó en seco, no entendía hacia dónde iba ella con sus preguntas.

-No creo que exista una mujer cuyas capacidades me igualen, así que no tendría sentido.

-¿No quisieras que existiera? La mujer perfecta…

-La mujer perfecta -Repitió irónicamente el príncipe. -Fuerte, competitiva, valiente…inteligente, hermosa, terca…-Las últimas palabras las dijo en voz baja. -...astuta...adinerada…-Bulma sintió su rostro enrojecerse, ¿acaso la estaba describiendo? -No necesito eso en mi vida en este momento. -Finalizó él con voz dura. Bulma se levantó y se sentó sobre la cama, acercándose a Vegeta para mirarlo a los ojos, él retrocediendo levemente.

-¿Tú crees que…? -Las palabras se atoraron en su garganta, así que decidió mejor mirar hacia otro lado y no terminar su frase.

-Serías perfecta si fueras una saiyajin. -Le dijo Vegeta, Bulma sintió su corazón acelerarse, y no quiso voltear por temor a lo que encontraría en los ojos de su acompañante. Vegeta se levantó de la cama y sin que ella pudiese decir nada, abrió la puerta de vidrio que daba hacia la terraza y se fue volando.