Capítulo 3

Pasó una semana y no supe nada más. Y luego pasaron varias más, y comenzaba a asustarme. Los niños preguntaban por su padre de una forma cada vez más insistente y yo no tenía una respuesta para darles. Solía pasar los días con Beatrice, cuidaba a su niña mientras ella y su esposo Julien trabajaban. No tenía mucho más que hacer, los ganadores ya estábamos económicamente salvados; y su pequeña Ema, de 5 años, era buena amiga de Amelie. En ocasiones Enzo, el hermano de Beatrice y mejor amigo de Gaetan traía a su hijo Jack, que se llevaba especialmente bien con Lucien. Lo cierto es que los cuatro habíamos sido amigos desde la adolescencia y ahora las tres familias nos llevábamos muy bien. A veces incluso los niños se llamaban primos entre ellos.

Beatrice siempre intentaba tranquilizarme, pero cuando se cumplieron tres meses de la ausencia de Gaetan yo estaba especialmente asustada. Para reconfortarme, mi amiga me invitó a cenar, solas las dos para poder hablar con tranquilidad.

-Beth, esto está delicioso. Siempre has sido genial en la cocina.

-Oh no es nada, es increíble lo que unas simples especias pueden hacer. También es el favorito de Julien. –Al hablar de su esposo recordé al mío. Comencé a reflexionar mientras mi rostro se oscurecía, entonces ella me interrumpió- Vamos, estoy segura que Gaetan come muy bien también allí donde está.

-Si esta vivo aún.

-Sophie no seas tonta, no hables así. Estará todo perfecto, ya verás.

-Admiro tu fe, quisiera que me la contagiaras. –Entonces me tragué otro delicioso bocado y tomé un poco de vino.

-Desde que Haymitch te dijo que deberías empezar a beber le has tomado el gusto –sonreí.

-Bueno, él es un borracho, pero yo una catadora de buenos vinos, y si mal no recuerdo me sigues el ritmo bastante bien –reímos un poco.

-Tengo una idea. Deberías volver a ver la lista y buscar en los registros de tu padre. Viajaron uno por familia ¿no? Si hablas con el resto de los miembros de otra familia, quizá puedan decirte algo.

-Me gusta tu actitud Beth, gran idea. ¿Vendrías conmigo? Si voy a espiar en la habitación de mi padre como si tuviera 15 años, quisiera hacerlo contigo. –Se rió sonoramente.

-Claro, ¡quien pudiera volver a tener 15!

Condujimos en mi auto hasta la mansión de la gobernación donde vivían mis padres, en el centro del distrito. Los sirvientes nos dejaron pasar aunque les pedí que no despertaran a mi madre o a mi hermana Marie. Nos deslizamos hacia el despacho de mi padre y con el mayor orden y silencio comenzamos a revisar los libros. En la lista de convocados a la supuesta negociación sólo la minoría tenía teléfono, y me decidí a llamar a quien estuviera en el distrito más cercano al nuestro. Sólo una familia estaba tan alejada como nosotros y aún más, en el 12, los Mellark.

Asediada por los nervios y los fantasmas marqué el número, del otro lado de la línea una mujer atendió alarmada. Claro, había olvidado que era de madrugada, y para colmo de males caí en la cuenta que estaba hablando con el Sinsajo, que había cambiado su apellido luego de su boda. Me dio algo de vergüenza, pero el miedo pudo más y me expliqué. Katniss no se molestó, sino que logró tranquilizarme: su esposo la había llamado para decirle que el tren había partido hacía pocas horas y llegarían en la mañana. Le agradecí con todo mi corazón y sigilosamente volvimos a salir a la calle.

-¿Qué te dijo? –inquirió Beatrice ni bien salimos de la mansión.

-Su esposo la llamó. Es extraño que pudiendo hacerlo Gaetan no se hubiera comunicado también. Esto me huele mal, pero se supone que llegarán por la mañana.

-Sólo queda esperar Sophie. Si quieres me quedaré contigo, para que la espera no sea tan larga. –Sonreí y le agradecí.

-Oye Beth, realmente eres mi hermana del alma ¿lo sabes?

-Basta tonta, no seas cursi. –Volvimos a reír, me relajé un poco. Como bien dijo, sólo quedaba esperar a la mañana.