III
Me iba acercando en silencio. Solamente una pequeña luz iluminaba en donde aquella chica estaba, cantando casi a susurros y apoyada en una de las puertas de casilla de caballos, exactamente donde el andaluz blanco suele estar.
Ahora, solamente eran unos cuantos pasos de diferencia entre ella y yo. Pero, para mi mala suerte, la chaqueta que llevaba puesta se atascó con un rastrillo, provocando que éste cayera y un estruendo se escuchara por todo el silencioso lugar al volcar un par de baldes.
Ella soltó un grito volteándose rápidamente hacia el origen del sonido.
"Lo- lo siento, no debería estar aquí." Se disculpaba rápidamente mientras tenía la intención de salir, pero antes de eso me acerqué para mirar si estaba bien, siendo así que le impedí el paso.
"Pues entonces somos dos." Comenté intentando relajar el ambiente. "¿Qué haces aquí sola? Entiendo que la fiesta es demasiado pero ¿por qué has salido corriendo?"
Ella no contestó a ninguna de mis preguntas instantáneamente sino que me mostró una hoja de papel algo arrugada que llevaba en la mano, suponiendo que -antes- era una carta.
"Hija, lamento mucho no poder asistir a nuestra reunión del día anterior pero últimamente no me encuentro del todo bien de salud. No quiero que te preocupes demasiado, debe ser algo de la edad, lo sabes. Intentaré resolverlo pero, por favor, no intentes dejar a tu padre solo. Cuando logre recuperarme iré a verlos pero por el momento les pido paciencia. Los quiero a ambos. -Con amor, tu madre, Sarah."
La chica no había hecho ni pronunciado absolutamente nada durante el instante que me dispuse a leer aquella carta. Su madre había enfermado y ella no podría verla o ayudarla. Ahora entendía su reacción.
"Lo siento tanto. No quiero traerle problemas señorita pero, tengo que irme." Intentó tomar de regreso la hoja que ahora estaba en mis manos pero lo evité, ahora siendo yo quien la tomaba a ella. Se sorprendió ante aquel movimiento inesperado, forzándose a sí misma a mirarme a los ojos por primera vez. En su rostro, tan delicado, claramente se podía ver una expresión de confusión y temor combinados.
"No tienes porqué disculparte de nada de lo que hagas. Descuida, no temas." Me había perdido completamente al mirar sus hermosos ojos claros, como el agua más cristalina que hubiera podido ver alguna vez, acompañados de un brillo único. "Te ayudaré con tu madre."
"Pero... Señorita Winter, yo no-" Corté con lo que diría colocando delicadamente un dedo encima de sus labios, esos que se miraban tan suaves y rosas. "No quiero peros. Yo te ayudaré porque así lo he decidido. Además, puedes llamarme por mi nombre, Elsa." Le sonreí, consiguiendo que ella hiciese lo mismo pero al instante dirigía su mirada hacia abajo, tímida de aquello. "¿Cuál es tu nombre?"
Con una mano le retiré el flequillo que me impedía observarla, al mismo tiempo tomándola del mentón para que me mirase. Aquel hermoso rostro tan delicado merecía ser visto, no podía esconder su propia belleza solamente por timidez. Era hermosa en todo el esplendor de la palabra.
Nuevamente regresó aquellos hermosos orbes hacia mí. "Anna."
"Es un lindo nombre, Anna."
Un pequeño error al final. Corregido.
