DISCLAIMER: VOCALOID y sus respectivos bancos vocales no me pertenecen a mí si no a YAMAHA y CRYPTON MEDIA, La saga en la que está basada esta historia le pertenece a AKUNO-P (MOTHY) al usarlos solo lo hago con fin de entretenimiento personal.
GERMAINE AVADONIA. SALVADORA DE UNA NACIÓN.
PARTE 3
El plan consistió en introducirnos en el baile de máscaras que se ofrecería por el cumpleaños número quince de la princesa. Estábamos entre los invitados, entré sin mi armadura, ocultando mi rostro bajo una máscara, usando un ostentoso vestido y llevando mi espada entre la crinolina y el corsé.
Kachees usaba su antifaz y un traje negro. Parecíamos una pareja de nobles.
—Y entonces lo vi —digo en voz alta.
Cada loco con su tema, ningún ebrio me mira, sonrío y termino con lo que queda de mí quinto trago de la noche.
Me siento mareada, pero sin embargo mi pasado sigue a flote en mi mente. Como quisiera olvidar lo que pasó después de verlo nuevamente…
Es curioso, en el baile de máscaras por un momento fui feliz.
Kachees me ofreció bailar un poco, nuestros hombres entrarían en cuanto el reloj marcara las doce, la hora en que la princesa haría su entrada al baile y un brindis por su cumpleaños.
Bailamos, al compás de las cuerdas, que tocaban una bella melodía…
— ¡No soy más que una miserable! —grito y una vez más nadie me mira. Creo que el siguiente trago esperará.
Entonces fue cuando lo vi, tan cerca de mí, usaba un antifaz negro y vestía ropa de sirviente.
Mi hermanito, llevaba pasteles en una bandeja.
Lo tomé por el brazo y lo jalé hacia un rincón, sin que Kachees me viera.
—Allen, tienes que huir de aquí —dije —Cuando el reloj marque las doce y la princesa aparezca para hacer el brindis, la resistencia aparecerá, la mataremos y derrocaremos esta dictadura. —dije revelándole el plan.
— ¿Germaine? —preguntó confundido, al ver solo mi máscara.
Me quité la máscara y él se quitó el antifaz, lo abracé fuertemente como cuando él era un pequeño niño de cinco años.
Mi hermanito estaba tan diferente, su cabello estaba casi del mismo largo que el mío, lo sujetaba con una coleta, era más alto e incluso miraba diferente.
—Germaine, agradezco tu confianza, gracias por decirme lo que harán, ahora sé qué debo hacer —dijo mirándome y me abrazó fuertemente.
—Lamento haberte dejado solo en este horrible lugar —susurré y le di un beso en la frente. —Ahora vete —dije y lo solté.
— ¡BRUNO, DAME OTRO TRAGO! —grito y le extiendo mi vaso.
—Germaine, ya estas bastante ebria —dice.
— ¡SÍRVEME O TE REBANO! — grito poniendo mi mano en el cinturón.
Me sirvió, me encanta que hagan lo que yo quiero.
— ¡A mi salud! —digo y de un solo sorbo dejo mi vaso a la mitad.
La princesa salió a hacer el brindis, llevaba la cara cubierta por un bello antifaz de destellos dorados, su vestido era precioso, amarillo con detalles en negro, su cabello rubio iba suelto y llevaba una hermosísima horquilla de plumas negras.
En cuanto dijera algo, su final estaría marcado.
—Buenas noches —dijo con una horrible y chillante voz.
Miré a Kachees y supe que el momento había llegado.
— ¡LIBERTAD! —Grité y corrí entre todos los invitados con espada en mano, hasta llegar a la princesa, esquivando a los soldados, tomé a la chiquilla por los hombros. Extrañamente ella no opuso resistencia.
La tomé fuertemente y la amenacé con el filo de mi espada en su cuello.
— ¡ACABA CON LA TIRANA!, ¡HAZLO!, ¡CORTA! —aquellas exclamaciones venían de los invitados y soldados, nadie quería a la hija de la maldad con vida.
Todos los presentes eran unos completos hipócritas, solo estaban allí por el deseo de esa caprichosa niña, nadie la quería. Todos la odiaban.
— ¿Qué esperas?, Dales gusto —dijo la ¿princesa?
Le di un sorbo pequeño a mi bebida y apoye mi cabeza en la barra, sí que me encuentro mareada, me siento mal. ¿Por qué estoy recordando todo esto?
Las puertas del castillo se derrumbaron, dejando entrar a todo mi regimiento. Pero estaba inmóvil, Azul me miraba, los nobles me miraban, mis hombres me miraban, incluso los que eran parte del ejército enemigo me miraban, esperaban a que matara a la princesa. Todo había terminado, estaba a solo un corte de la libertad de la nación, pero, no podía hacerlo.
Ella no era la princesa.
La tomé del cabello y la hinqué.
— ¡No la mataré, merece un juicio justo! —grité con miedo en la voz.
Todos gritaron enfadados, era claro que no necesitaba juicio, pero no sabía que hacer tenía que salvarla, no era ella, no era la princesa, no era el horrible monstruo que había causado pobreza y muertes.
— ¡Tiene razón, hay que encarcelar a la princesa y hacer un juicio justo!—gritó Azul mirándome confundido.
Me enderezo un poco y le doy otro pequeño sorbo a mi bebida el mundo a mi alrededor tambalea.
Kachees se la llevó a la prisión del pueblo, donde la encerraron.
— ¿Por qué no la mataste? —me preguntó en la oficina de la prisión.
—No es la princesa —susurré.
— ¿Qué? —preguntó con miedo.
Fuimos hasta su celda.
Estaba hincada, en sus manos tenía un rosario de cuentas de madera y rezaba en voz baja.
Kachees la tomó por los hombros y la levantó, llevaba aún puesto el antifaz. Azul se lo quitó, pero el rostro bajo él, era el de la princesa, pero también era el rostro de alguien a quien amo.
— ¡Mentiste! —me gritó y puso a la princesa frente a mí.
Una lágrima resbaló por mi mejilla, de mis ropas tomé una cinta, me acerqué a ella, le quité la horquilla y amarré su cabello en una coleta.
— ¡BASTARDO, TÚ MATASTE A MICAELA! —gritó Kachees al verlo.
— ¡NO, ELLA ESTABA MUERTA CUANDO LA ENCONTRÉ! —gritó él.
— ¡TE MATARÉ AHORA MISMO! —Gritó Kachees desenfundando su espada.
— ¡BASTA! —Grité haciendo a un lado a Kachees— ¿Por qué Allen? ¿Por qué la dejaste ir? —pregunté mirando a los ojos a mi pequeño hermano.
—Porque la amo, ella es mi hermana, mi gemela —dijo.
— ¿Y yo, que no soy tu hermana también? —pregunte llorando.
—No es lo mismo, ella tiene mi sangre, ambos crecimos en el mismo vientre, es un vínculo especial—respondió.
— ¡POR DIOS ALLEN, TE VI CRECER, DI TODO POR TI!, ¡Te abandonaron en la puerta!, Leonarth y yo te criamos, ella lo mató, ¡ELLA MANDÓ A MATAR A NUESTRO PADRE! —grité entre sollozos.
—No Germaine, ella no hizo eso, yo mismo maté a Leonarth Avadonia, lo hice para poder estar al lado de mi gemela sin que nadie se opusiera. —dijo.
Mis ojos se abrieron por la sorpresa y sentí algo quebrarse en mi interior…
Le di una bofetada y salí de la celda con los ojos cubiertos de lágrimas.
Kachees, quien se había mantenido en silencio, me siguió e intentó calmarme.
Le conté la historia de Allen, nuestro padre y la razón de por qué decidí levantar una revolución.
El me habló con la verdad, me confesó que su nombre no era Kachees, sino Kyle, el príncipe que se negó a casarse la soberana de mi país debido a su amor por Micaela, me dijo que durante el incendio del bosque de Elphegort, encontró a Allen con el cuerpo sin vida de Micaela entre sus brazos.
Mi hermano era un asesino.
Le doy un trago más a mi bebida, al parecer este será el último vaso que tome, me siento mal, muy mal.
La princesa estaba libre, había sido suplantada por su gemelo, el cual nadie sabía que tenía, afuera de la prisión un gran grupo de gente gritaba que debíamos terminar con la hija del mal, el juez se negaba a hacerle juicio a la princesa, solo Azul y yo sabíamos la verdad.
—Debemos ejecutarla, la gente está enardecida —dijo el director de la prisión.
—Hagan lo que quieran con ella, yo me voy —dije.
No pude hacer nada para salvar a mi hermano, la gente seguro hubiera enloquecido al dejar libre a "la princesa", además, era un criminal, había matado a su propio padre y a una chica, la dueña del corazón de Kyle.
—Germaine, lo siento no se puede hacer nada —dijo Kyle.
—Lo sé —respondí.
—Perdóname por ser yo quien lo ejecute mañana —dijo.
—No hay nada que perdonarte, alguien debe hacerlo —dije y me acerqué a él, lo abracé, cerré los ojos y le robé un pequeño beso de sus finos labios.
—Lo siento, mi corazón pertenece a Micaela —dijo tomando mi cara entre sus manos.
—Lo sé —respondí con lágrimas en los ojos.
Kachees secó mis lágrimas con sus pulgares, me sonrió amargamente, cerró los ojos, inclinó su cara hacia mí y delicadamente posó sus labios sobre los míos, en un beso breve, cálido y tranquilizante.
—Ve con cuidado —me susurró al separarnos.
—Lo haré—susurré.
—Pudiste ser mi príncipe —digo y me termino el sexto trago.
— ¿Cuánto te debo esta noche? —pregunto al chico que limpia un vaso.
—Tres piezas de plata —dice sin vacilar.
—Tienes suerte de que este ebria y que no pueda manejar mi espada correctamente —susurro y saco de entre mis ropas dicha cantidad que pongo en la barra.
Salgo tambaleante, no me importa ser una mujer ebria afuera de un bar, de todas formas duermo en la posada de al lado.
Degollado, así murió Allen, no pude evitarlo, huí, huí como una maldita cobarde. Y me uní al ejército especial de Elphegort, pero solo me llaman cuando necesitan un gran esgrimista.
— ¡HA, SOY LA MEJOR ESGRIMISTA DE TODO LUCIFENIA! —grito.
Entro a la posada, tambaleante.
— ¡CLARA! ¡MI BUENA AMIGA, TU NO SABES NADA DE DOLOR! —grito.
—Germaine, por favor —dice poniendo su dedo índice frente a sus labios—siempre es lo mismo, creo que tendré que llevarte a tu cuarto—me dice y me toma por el brazo.
Desde que llegué a este lugar, Clara siempre me conduce a mi cuarto por las noches.
Subimos escaleras, esto debería ser un mérito de batalla, subir la escalera estando completamente ebria.
No tengo idea de cómo llego, solo sé que me saco la ropa, me recuesto y mi cama es muy blandita, se me olvida que tiene pulgas ¿o eran chinches? ¡Como desearía tener a alguien para ensuciar más estas asquerosas sábanas!
Lo siguiente que sé es que estoy cansada y ¡Puf, me duermo al instante!
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—Pero… ¿Qué? —pregunto al descubrir que hay algo raro en mi cama.
