CAPITULO 3.- AFRONTANDO EL DESTINO

Lo primero que hizo al entrar en su habitación, fue abrir su ventana para poder despejar un poco el olor a humedad que rodeaba su habitación y dejarse caer pesadamente sobre su cama. Estaba cansada, no de envalde había viajado cerca de 14 horas desde la Republica de San Lorenzo a Hillwood. Suspiraba tranquilamente mientras sostenía fuertemente en la mano el regalo que su amado cabeza de balón le había dado en aquella cajita de bambú.

FLASHBACK

-¿Que es Arnold?

-Ábrela y lo sabrás, sé que será de tu agrado Helga.

Al abrir la caja, una expresión de duda aprecio en su rostro, no porque lo que contenía esta no fuese de su agrado, claro que no… era un regalo de su amado cabeza de balón, así que ella sabía que le encantaría, pero lo que ignoraba del regalo era su posible uso.

-Emm… Arnold, es mui bonito… no quiero sonar grosera, pero ¿Qué es?

Arnold sonrió por la cara de la rubia –Es una higa.

-¿Una qué?

-Una higa, veras… una higa es un amuleto con forma de puño y con el dedo pulgar de esta asomado entre el dedo índice y el cordial. En muchos lugares se utiliza contra el mal de ojo.

-¿El mal de ojo?, ¿Eso existe?

-Bueno Helga, son muchas las creencias existentes de parte de muchas culturas, pero este amuleto en especial te lo regalo por que fue el primer regalo de mis padres al llegar a la selva.

-Arnold, pero... si tus padres te lo regalaron, no creo que sea correcto que tú me lo des a mi… no quiero sonar grosera Arnoldo, pero, creo que no puedo aceptarlo.

-Helga, por favor…

-Arnold, es que…

-Está bien, hagamos algo, guarda ese amuleto muy bien, porque en algún momento iré por él, ¿hecho?

-Hecho cabeza de balón.

FIN FLASHBACK

Estaba recordando cada momento en la selva, que si no hubiera sido por los gritos en su casa, se hubiera transportado mentalmente al lugar en el que estuvo horas atrás, a su viaje mágico, como le llamaba ella. Los gritos eran cada vez más fuertes, era obvio saber de donde provenían y quienes gritaban.

Cansada de escuchar gritos e insultos cada vez más ofensivos, se decidió a ir a ver qué era lo que pasaba, así que sin pensarlo dos veces se fue a la habitación de sus padres, pero antes de que pudiera siquiera abrir la puerta, escucho las palabras que increíblemente hicieron que su pequeño pero valiente corazón, se quebrantara.

-No lo entiendes Bob Pataki, solo pido arreglar las cosas…-Decía la voz de una mujer que obviamente era su madre…

-¡No Miriam, lo que vi en esa cafetería era muy lógico!, dime una cosa, ¡Cuánto tiempo tienes viéndote con ese tipo?, ¿Acaso son unas semanas o unos años?

-Ya te dije que solo es mi amigo, Bob… necesito amigos, hablar con alguien más que no se la pase todo el tiempo trabajando.

-¡Si es eso lo que necesitas, cómprate un perro o mejor ve a platicar con Olga!

-Olga vive muy lejos, además Helga aún es muy chica como para entender los problemas de los adultos.

-Me da igual lo que pienses, he tomado una decisión y no voy a cambiarla.

-¿A qué te refieres con eso Bob?

-¡Miriam, quiero el divorcio!

-¿Qué? Esto no puede ser verdad, ¿el divorcio?, mis… mis padres se van a separar…- Decía para sí, en ese momento la pequeña deseaba con todas sus fuerzas que todo fuera solo un mal entendido, no podía creer lo que su padre había dicho.

Estaba consciente de que su familia, nunca había sido como tal una familia, pero el tener a sus padres separados era algo que iba más allá de sus límites. Sin entender ni querer preguntar más, solo salió corriendo hacia su habitación para tratar de asimilar lo que había escuchado.

Entro a su ático aun aturdida, solamente para refugiarse en lo único que siempre la había escuchado, el altar de su amado Arnold.

-Oh! Arnold! Mi amado cabeza de balón, no sé qué está ocurriendo en mi familia, entre Bob y Miriam. Como quisiera que estuvieras a mi lado para aconsejarme y decirme que es lo mejor en esta situación. Mi querido amor, mi Arnold… mándame entre pensamientos la cura para los problemas familiares…

-¿Helga?, Helga, ¿Estas… puedo pasar?

Helga reconoce la voz de Miriam llamando a la puerta y se apresura a ocultar el altar tras sus largos abrigos…-Si Miriam… puedes pasar.

-Helga, hija… necesito hablar contigo, es sobre…

-Sobre el divorcio, ¿cierto?, ¿Olga sabe de esto?

-Emmm no hija… tu hermana Olga aún no sabe nada, ni siquiera sé si esto de verdad pasara, estoy muy confundida. ¿Tu cómo te enteraste?

-Bueno… es difícil no escuchar los gritos de Bob por toda la casa.

Helga podía notar los cristalinos ojos de su madre, la conocía poco, pero podría atreverse a decir que si decía algo más, esta se soltaría a llorar.

-Miriam digo mama, ¿que fue exactamente lo que paso?

-Helga, es una larga historia que… por el momento no podrás entender, solo… quiero saber si cuento contigo hija.

Ella sabía que Miriam nunca, pero nunca había sido un ejemplo de madre a seguir, pero, más sin embargo era su madre y pasara lo que pasara, ella estaría ahí apoyándola.

-Tenlo por seguro mama-Al decir esto la abrazo como nunca lo había hecho en su vida, a fin de cuentas era su madre y nada cambiaria este hecho.

Al día siguiente, hubiera deseado mil veces que una gran orquesta la hubiera despertado o mejor aún, que un terremoto hiciera que el techo cayera encima de su rostro, pero no, lo que la tenía que despertar eran los furiosos gritos de su papa, pro suerte era sábado y agradecía el no ir a la escuela, ya que el humor que esa mañana se propició en su ser, habría logrado dos cosas, uno, golpear al primero que se atreviera a ofenderla y dos, hubiera logrado que la sacaran del salón gracias a su impaciencia en clase, para su suerte el Sr. Simmons era el maestro del grupo de quinto grado y al menos con ella, tenía más paciencia que con los otros alumnos.

-Qué más da- Pensaba Helga- Ya estoy despierta y por más que quisiera no poder volver a dormir…-Pensaba mientras esperaba que lo somnolienta se le quitara, cuando de repente escucho un fuerte golpe, se levantó de inmediato, se puso sus pantunflas rosas y salió corriendo por las escaleras, no llegaba aun a la sala, cuando vio frente a sus ojos platos y platos rotos.

Se asustó al principio, pero se armó de valor y fue a la cocina, de donde provenían los sonidos de vajillas rotas…no podía creerlo, la cocina estaba hecha un desastre, inclusive las ventanas, todo estaba roto, la cafetera rota, el horno tirado en el piso, el intento de desayuno escurriendo en las paredes… pero lo que más le causo dolor, por así decirlo, fue ver a su madre llorando y tirando todo lo que estuviera a su paso.

-Miriam, ¿qué paso aquí?, ¿Dónde está Bob?, escuche sus gritos y bueno… decidí bajar…

-¡Vete a tu cuarto Helga, vete de aquí!-Grito fuertemente Miriam mientras rompía los empaques de comida de la alacena…

-Miriam, dime que pasa. Sé que discutieron pero, dime que paso, si no me dices no podre ayudar.

-¿Ayudar?, ¡Helga por favor!, tú no puedes ayudar en nada, ¡en nada escuchaste!, ahora vete, ¡vete!- Gritaba a la vez que lloraba y terminaba por sentarse en el suelo sucio de la cocina.

-Mama, basta por favor… no quiero verte así- Decía la niña en un tono dulce pero triste, al momento en que se sentaba junto a ella.- Soy tu hija Helga G. Pataki, dime que paso, ¿Qué te puso así?

Miriam sin dejar de llorar, señalo con su dedo índice un sobre que estaba sobre la mesa. Helga lo tomo con suma curiosidad y saco lo que parecía un documento, al sacarlo del sobre, no podía creer lo que veía, una pequeña lagrima salió de su rostro y miro a su madre, la cual parecía mirarla con vergüenza y temor a ser juzgada.

-¿Por… por qué mama?, ¿Por qué hiciste eso?- Le preguntaba con un tono de frustración en su voz al momento en que soltaba la fotografía que se encontraba en el sobre.

-Helga… hija… so…solo déjame, déjame explicarte que paso…

-Mama, dime quien es el, ¿Quién es el tipo con el que te estas besando en la foto?

-Helga, tu sabes que quiero a tu padre pero… él me ha descuidado tanto… yo, yo solo quiero un poco de amor Helga, quiero sentirme mujer por primea vez en mi vida…

-Entonces, ¿es verdad? ¿Tienes un amante?, ¿es por eso que Bob te ha pedido el divorcio?

-Helga, tu padre ha complicado todo…era solo un momento, una aventura.

-¡Mama, cómo pudiste hacer algo así… por favor! ¡Eres una mujer casada!

-¡Basta Helga!, soy una mujer casada, pero este matrimonio no es del todo mi felicidad... solo me siento un objeto más a lado de tu padre… Hija, perdóname…-Miriam soltó un gran llanto l terminar de decir esto, Helga por su parte lloraba sin querer, ella sabía que lo que tenía en la mano, era la prueba inaudita de la infidelidad de su madre.

Sabía que no tenía por qué reclamarle, ella conocía a su padre, a su madre, conocía claramente a su familia, no eran el ejemplo a seguir pero, el ver en ese estado a su madre la hacía sentir mal. En su cabeza pasaban tantas cosas, imaginaba lo egoísta que había sido Miriam al salir con otra persona y olvidarse de su familia, le sorprendía en gran manera que no le dedicara tiempo a ella que era su hija pero si a un posible amante en su vida… esto último le hizo llorar aún más y sin decir más, solo abrazo a su madre que estaba en el suelo y le dijo entre sollozos –No sé que cuales fueron tus razones pero, eres mi madre y prometí apoyarte en lo que pasara.

-Gracias hija… gracias… no sabes cuanta falta me hace el sentirme madre…

Así transcurriendo algunos minutos, quizás, los minutos que comenzaban a marcar un fuerte lazo familiar entre ella y su madre.

No podía esperar, tenía tantas dudas en su cabeza, sentía que explotaba de coraje y curiosidad, lo único que podía tranquilizarla era hablar con alguien, alguien en quien confiaba como una hermana.

-Helga, que sorpresa.

-Phoebe… disculpa que venga sin avisar, pero… de verdad necesito hablar contigo.

-Claro Helga, pasa… dame unos minutos, mientras puedes ir subiendo a mi habitación.

Una vez estando sola en la habitación de su amiga, esta subió llevando algo para almorzar, no era necesario investigar que su amiga no había comido nada desde que se levantó, por lo general siempre era así, si Helga no se preocupaba por si propia alimentación, ella si lo haría.

-Listo Helga, mama hizo unos emparedados, galletas y jugo-Decía alegremente la oriental mientras ponía la charola en la cama-Ahora si Helga, cuéntame, ¿qué es lo que te pasa?, ¿Se trata de mantecado?

-No Phoebe, ¡ojala se tratara de ese tonto cabezón!

-¿Entonces?

-Es… es mi familia Phoebe, sé que no es una sorpresa el que ellos sean el problema, pero… esto de verdad me está afectando…-Termina por decir esto con un gran suspiro.

-Bueno Helga, te escucho. ¿Ahora que paso?

La pequeña rubia de ojos azules le contaba con lujo de detalle todo a su amiga, está por su cuenta, no podría creer lo que Helga le contaba, podía entender que su familia no le prestara mucha atención, o que su hermana Olga viniera de visita y que eso la molestara, pero… lo que le estaba diciendo iba más allá de lo que pudo haber imaginado. No quiso interrumpirla, solo escuchaba el relato de su amiga y trataba de procesar esa información para así, poder ayudarla en su problema.

-…Y entonces la deje en la cocina llorando y le dije que tenía que salir a tomar aire fresco.

-Ya veo…entonces, dices que no conoces al señor de la foto.

-No Phoebe, no lo conozco. Ni siquiera se distingue bien, solo sé que al parecer Miriam se ha visto con él en más de una ocasión y Bob sospechando esto la mando a investigar.

-Cielos Helga, eso sí es gran problema, ¿crees que tu papa solucione esto?

-¡Claro que no!- Gruñía mientras se paseaba por toda la habitación- Si fue el mismo Bob quien le pidió el divorcio a Miriam, y eso no lo escuche esta mañana…

-Eso quiere decir que…

-Que Bob sospechaba desde antes que Miriam se veía con alguien y al pedirle el divorcio necesitaba pruebas… como la foto de esta mañana- Suspira y se tira en la cama.

-Bueno Helga, lo adecuado aquí es que tu papa te explique cómo están las cosas. Respecto al divorcio ¿has tratado de hablar con Olga de lo que pasa?

-Claro que no, te aseguro que ella no sabe de esto. Sigue viviendo en su burbuja de "Familia feliz por siempre".

-Helga, es que si tu papa continúa con la idea del divorcio, sabes lo que significa, ¿cierto?

-Creo imaginarlo Phoebe… significa que se repartirán todo, la casa, el auto, los ahorros de los seguros de estos años, la empresa de localizadores de Bob…

-…incluyendo a ustedes Helga…-Mencionaba la oriental en un tono temeroso y angustiado- Si tus padres se divorcian, tú y Olga por ser menores de edad se tendrán que ir con alguno de ellos.

Este último comentario solo dejo un ambiente silencioso y lleno de tristeza. Helga miraba perdidamente el techo de la habitación de su amiga, mientras que la oriental presentía que la lejanía de Arnold, no sería el único problema para su amiga.


Espero que les guste este tercer capitulo, lo interesante esta a punto de comenzar! Si se preguntan quien es el nuevo novio de Miriam no dejen de leer! Besos! :3