DIGIMON 2023
La tercera generación
Por: Ariadna
Cap 3: Nuevamente en la isla de las aventuras…
-así que este es el Digimundo…
los diez chicos habían aterrizado algo bruscamente entre los árboles y matorrales del conocido lugar digital…
-¿y bien? – Joshua se puso de pie. - ¿y ahora qué?
Los niños se miraron entre sí, nadie sabía por donde comenzar.
-mamá dijo que buscáramos a "nuestros" digimons… - recordó Taro, aún no familiarizado con el ambiente. – deben de estar por algún lado, ¿no?
Conny miró su digivice.
-¡miren! La maquinita está mostrando un montón de puntos brillante no muy lejos de aquí, ¿qué será?
-creo que podríamos averiguarlo. - Kotomi supuso, también mirando su digivice. – es mejor que quedarse aquí sin hacer nada…
Pum! Pum!
-¿qué es ese ruido?
-¿cuál ruido, Karu? – replicó TK. – yo no escucho nada…
-¡presta atención! – lo calló Taro.
El chico rubio hizo un gesto de desagrado, pero se calló.
Pum! Pum!! PUM!! PUM!!!
El ruido se hacía cada vez más fuerte y cercano… todos los niños pudieron escucharlo sin necesidad de mantener silencio… y no se oía como nada bueno…
-¡¡¡AAARGHHH!!!
¡Un enorme monstruo con cara de ogro había aparecido entre los arbustos! Era de color verde y tenía un gran mazo en su mano derecha que lo mostraba muy amenazador junto con su grito de guerra…
Ante su grito los chicos gritaron también.
-¡¡¡AAAAAAHHHHHH!!!
-¡¿cómo pueden estar ustedes en la isla File?! – interrogó el ogro, que no parecía querer esperar a una respuesta… - ¡¡se supone que la isla está protegida de Kwakiutls como ustedes!!
-ah, disculpe… - Naota apenas logró sacar las palabras de su boca. – es usted… ¿...un digimon…?
-¡claro que soy un digimon! ¿Qué esperaban encontrar aquí, Kwakiutls? ¡Soy el gran Ogremon!
A los gemelos este nombre les era familiar, su madre lo había mencionado antes de la partida…
Con mucho esfuerzo, Nami trató de sonreírle amigablemente.
-este… señor Ogremon, nuestros padres nos mandaron aquí para buscar a nuestros digimons… - indicó a los demás. – somos los niños elegidos…
-¡tonterías! – exclamó Ogremon. – no nos engañarán de nuevo con eso, por mucho que se les parescan ustedes, ¡nunca lograrán apoderarse de los digimons y los emblemas sagrados!
Parece que la hija de Mimi sólo logró hacer que el monstruo se enfureciera más… retrocediendo unos pocos pasos hasta que…
-¡¡¡golpe del mal!!!
De manera sorprendente, una bola de energía salió del puño del digimon y pasó rozando la mejilla de la muchacha, que por suerte había sido apartada del blanco por Alex.
-¡¡corran!!
Kotomi no lo pensó dos veces, tomó a Karu con su brazo derecho y con el otro agarró de la mano a TK, y fue la primera en salir arrancando.
Nami se había puesto a llorar del susto, pero Alex la tomó de la mano y la llevó con los demás. Naota ayudaba a Taro a correr más rápido, y eran seguidos de cerca por Joshua, Conny y Sae.
El gran Ogro no se quedó quieto, y comenzó a correr tras ellos, persiguiéndolos en la espesura del bosque. Arrojaba una y otra vez su ataque, derrumbando grandes árboles y matorrales, pero eso lo le causó problemas, pues a si mismo se impedía el paso libre… poco le importó, sólo tenía en mente acabar con los niños, pero no pensaba con claridad, y los perdió de vista luego de unos minutos…
Los diez chicos estaban agotados después de esa corta, pero desesperada carrera…
-que manera de comenzar esta aventura… - acotó Sae, sarcástica.
-¿dónde está Kotomi? – preguntó Joshua, al ver que los dos Ishidas más su pequeño primo no estaban con el grupo.
-¡¡TK!! ¡¡KARU!! – comenzó a llamarlos Taro, preocupado.
-shhh!!!
Los susodichos hicieron callar a los demás apareciendo por unos arbustos.
-¡vean! – indicó el más pequeño.
Detrás de esos arbustos la extensión del bosque se terminaba… y un lugar completamente distinto comenzaba… parecía una enorme juguetería, llena de juegos, hasta colgados de los árboles, como frutos… y todo el suelo se veía rodeado de huevos de colores…
-wow! – dijo Naota, ajustándose los anteojos. - A esto se le llama cambio de ambiente…
-¿y porque habrá tantos huevos por todas partes? – Alex cuestionó. – no es que estemos en pascua, ¿o si?
-¿Pascua? – Nanami no entendió el comentario.
-es una fecha en el año donde en occidente se reparten huevos de chocolate y de colores a los niños, traídos por un conejo, el día de la resucitación del hijo de dios. – le explicó el chico.
-¿huevos, conejos y el hijo de dios? Um, menos mal que soy budista… los occidentales son raros…
Alexander se encogió de hombros.
-por eso soy ateo…
-¡hey, la parejita! – Joshua les llamó la atención desde mucho más adelante, pues el par se había quedado atrás. – no se retrases, ya se pueden declarar su amor en otro momento, ¿saben? ¡no tenemos todo el día!
-¡¡Josh!! ¡¡te voy a matar por eso!!
El mayor del grupo tuvo que nuevamente salir arrancando, esta vez de su hermano, que con el comentario había dejado completamente rojo a él y su acompañante…
El pelirrojo siguió corriendo, feliz de la ventaja que le tenía al menor, pero no esperó toparse con… otro digimon.
-¡¡Kwakiutls!! ¿¿Cómo lograron llegar a la Ciudad del Inicio??
El digimon, esta vez, tenía una cubierta color rojo, era más bajito, de aspecto menos amenazador y grandes ojos azules, pero la verdad, se veía tan enojado y dispuesto a atacar como el anterior…
Joshua sudó frío. Estaba demasiado cerca para evitar un ataque directo…
-eh… momento, ¡momento! – hizo un gesto de tiempo fuera, ya exasperado. – primero que nada, no somos ningunos kiwis o como quiera que nos llamen. ¿De cómo llegamos aquí? Pues no estoy seguro, lo único que sé es que mi papá me dijo que teníamos que venir, y nosotros, de tontos, le hicimos caso, que si hubiesemos sabido de este recibimiento mejor nos quedamos en caso y ya…
-¡¡ay, Josh, mejor cállate!! – otra exasperada era Sae, que por su temperamento corto, no dudó mucho en reventar. Se dirigió al digimon. – mire, lamento que mi hermano haya interrumpido su día, pero por favor no lo rostice ni se lo coma, ¿sí? Aún nos puede ser útil. Nosotros no vinimos con intenciones de molestar, así que si quiere nos muestra la salida rápida a nuestro mundo y no nos ve más, porque con todo este asunto de "otros mundos", digivices, monstruos digitales, padres héroes, fin del mundo y demases, pues realmente quedé un poco choqueada con el asunto y…
-¡hey, yo me estaba quejando primero! – interrumpió Joshua.
-¡pues estaba harta de oír tus quejas!
-¡y yo estoy harto de oír las de los dos! – exclamó Alex, aproximándose. – es el colmo, ¿cómo escogen justo este momento para decir lo que piensan, cuando estamos bajo peligro inminente? ¡Dejen de decir tonterías!
-¡pues tú también te estás quejando! – replicó indignada Sae.
-oígan…
-¡a callar!
Increíblemente, el resto de los elegidos miraban a los tres hermanos discutir tan tontamente enfrente del confundido digimon, que no entendía nada… todas las caras se posaron en Conima, como pidiendo que calmara al resto de los Izumis, pero ella sólo se alzó de hombros.
-dejenlos actuar.
-¿a que te refieres?
-siempre hacemos eso cuando tenemos problemas. Creamos una discusión que nos hace terminar a todos enojados, y desapareciendo en distintas direcciones… - la pequeña sonrió. – la verdad que ni con papá ni con tío Wallace nos funcionó nunca, pero con los profesores o cualquier otra persona, siempre es efectivo.
Y era cierto, el pobre digimon rojo veía extrañado al trío de niños que no paraban de hablar y gritarse por la tontería de "quien se queja primero". Era algo con lo que no estaba acostumbrado, pues los Kwakiutls que él conocían no hablaban mucho… por no decir nada, si no era estrictamente necesario…
Al parecer el plan estaba resultando, y los demás comenzaban a alejarse poco a poco, hasta que Kotomi notó que su digivices estaba brillando más intensamente que hace un rato atrás, cuando habían llegado.
-esto se encendió de nuevo… - murmuró.
El resto de los digivices comenzaron a iluminarse también. Haciendo callar a todos, y mirar como la luz se intencificaba…
-¿¿Digivices?? – exclamó el digimon. - ¡¡los Kwakiutls no pueden tocar los digivices!!
-eso es lo que tratamos de decirle a todos aquí. – explicó TK, suspirando. - ¡no somos Kawaiis, somos niños elegidos!
El pequeño monstruo rojo se sorprendió aún más. Estaba alucinando, pensó, ¡no veía niños elegidos desde hace más de mil noches!
-niños elegidos… niños elegidos… - por primera vez, lo vieron sonreír. – encantado de conocerlos, nuevos niños elegidos. Yo soy Eleckmon, el guardián de la Ciudad del Inicio.
Los chicos sonrieron también. ¡por fin un buen recibimiento!
-encantados igualmente. – saludó Nanami. – yo soy Nami, y él es mi hermano Nota… - la muchacha fue introduciendo uno a uno a cada compañero de viaje. - … y ella es Kotomi, y su hermano TK…
-¿TK? – Eleckmon parecía familiarizado con el nombre. – la coincidencia es demasiada…
el niño pareció entender a lo que el digimon se refería.
-todo el mundo dice que me parezco al papá de Karu, mi tío TK, por eso me dicen así…
-¿o sea que es cierto lo de la leyenda? ¿Qué los nuevos elegidos siempre estarían relacionados con los anteriores?
-no sabemos nada sobre una leyenda. – respondió Taro. – pero nuestros papás nos dijeron que ellos fueron los elegidos antes que nosotros…
-y ellos nos pidieron que buscáramos a unos digimons… - agregó Conny, para volver al tema principal. - ¿nos podría ayudar a buscarlos, por favor?
-¡claro que puedo ayudarlos! – dijo Eleckmon, que parecía ya desbordar de felicidad. – yo mismo he cuidado de los huevos sagrados durante todo este tiempo, junto a Ogremon…
Un escalofrío recorrió el cuerpo de los niños. Como si hubiese sido llamado, escuchando su nombre… el monstruo apareció.
-¡¡Jaja, aquí están, Kwakiutls!! – exclamó al aire. – no te preocupes, Eleckmon, me desaré de ellos en un par de seg…
-¡¡Alto!! - antes de cualquier movimiento, el digimon rojo se interpuso en el camino del ogro verde. – no son Kwakiutls, ¡son humanos! ¡los hijos de TK y los demás!
Ogremon miró con algo más de detenimiento a los niños, haciendole caso a su compañero.
-es cierto que se le parecen, pero…
-¡pero nada! Tienen digivices, ¡miralos bien! – insistió. - ¡hay que llevarlos con los huevos sagrados cuanto antes! Los niños elegidos han venido a salvarnos…
Interludio para comerciales … (Nah, es broma… ^^)
Ogremon aún no estaba del todo convencido de la autenticidad de los niños, pero no podía negar que los gemelos le recordaban demasiado a cierto par que conoció mucho tiempo atrás… así que junto a Eleckmon, condujo al grupo hasta una extraña cueva, al pie de la montaña más alta del lugar (la montaña Mugen, claro), y por dentro la cueva se transformaba en un pequeño templo al estilo romano, que no podía verse bien desde las afueras.
-¿por qué nos trajeron aquí? – Kotomi aún desconfiaba, al igual que Ogremon, de las intenciones de sus nuevos amigos. Su padre siempre le había advertido que no confiara en cualquiera…
porque es aquí donde querían llegar. – respondió rápidamente Eleckmon.
El animal digital, una vez dentro de la cueva, buscó más al fondo, un botón aún más escondido que la misma cueva. Y lo presionó. Tras eso, una puerta cubierta de rocas se abrió, y quince canastos, cada uno de un color distinto, se pudieron ver. Diez de ellos brillaron.
Cada chico siguió su instinto y se acercó al huevo que sentía, le correspondía. Ninguno se equivocó… los tomaron con las manos y… al contacto, cada huevo se resquebrajó.
-¡ya lo rompiste, Taro!
-¡el tuyo también se rompió, TK!
-no están rotos. – explicó Conny. – es que se están abriendo…
y así era, cada digihuevo se agrietó cada vez más, hasta que once pequeños digimons bebes aparecieron, con sus cabezas y ojos enormes… y sonriendo.
-¿cómo? – Joshua sostuvo a unos gemelos. – de este huevo salieron dos…
-siempre fue un huevo doble, - le aclaró Eleckmon. - aunque hubo un momento en que estuvieron separados… de todas formas, es un fenómeno que nadie puede explicar…
-¿entonces estos son los digimons? – se preguntó Sae. Mientras miraba de cerca y con ternura al Pabumon que tenía en sus manos. - ¡¡que lindos!!
Nami y Conny hicieron exclamaciones similares. Kotomi no dijo nada, pero internamente reconoció que el Punimon que tenía ahora en su poder era adorable…
-¿y no hablan? – interrogó Naota, mientras examinaba a su Yuramon. - ¿o es que hay que enseñarles a hablar como a los bebes humanos?
Los dos digimons adultos cruzaron miradas, sin entender.
-los digimon aprenden a hablar cuando digievolucionan. – dijeron. - No hay que enseñarles.
-¿digievolucionar? Los adultos nos contaron sobre eso de la evolución. – contó Sae. – pero no entendí cómo…
-el tiempo lo dirá, yo creo… - respondió Ogremon.
La chica no quedó muy conforme con la replica, pero calló y siguió observando su digimon. Entre todos, tomaron a sus nuevos compañeros y salieron tanto del cuarto secreto, como de la cueva.
-¿qué pasará con los otros huevos? – Kotomi se refirió a los cinco digihuevos que quedaron sin abrir.
-se quedarán ahí hasta que otros cinco elegidos aparezcan o sean necesitados, supongo. –intuyó el digimon rojo.
Los diez chicos, ahora con sus digimons, resivieron de lleno la luz del sol que aún había afuera, y con ella, los pequeños monstruos digitales tuvieron que cerrar los ojos para no ser cegados. Karu sostenía con cariño a su digimon cuando este comenzó a temblar…
-¡hey, algo malo le pasa! – gimió el pequeño.
Pero antes de hacer nada más, una luz rosa conectada con el digivices volvió a rodear al diminuto ser y…
Yukimibotamon shinka… ¡¡Nyaromon!!
¡Digievoluionó! Ahora el digimon estaba un poco más grande, adoptando la forma de la cabeza de un gato amarillo, con una cola a rayas.
-uf, es un alivio poder hablar nuevamente… - comentó con una amplia sonrisa. – es un placer conocerte, Kari, esperemos que nos complementemos bien, tal como tu madre y yo lo hacíamos, ¿si?
-¿tú eras el digimon de tía Kari? – preguntó Taro, un poco nervioso.
-tanto como el Botamon que traes es las manos era antes compañero de Tai.
Alex miró incómodo a su propio Botamon (curiosamente, tenía uno muy parecido al de Taro). No estaba seguro de querer saber lo que le podía decir él al respecto de Michael…
Conny pareció darse cuenta de eso, y aprovechó la mano suelta de su hermano para tomarla con la suya, y apoyarlo un poco…
-bueno, - prosiguió Joshua. – estamos en el Digimundo, tenemos los digivices, tenemos nuestros digimons, ¿ahora que nos falta?
-enfrertarse a los Kwakiutls… - finalizó Ogremon, sombríamente…
Continuará…
Notas:
¡finalmente el cap tres!
Lamento la larga espera, en serio. Más aún porque este cap estaba escrito desde Julio del año pasado, pero lo tenía en uno de mis cuadernos y con tantas cosas que hacer, me daba flojera dedicarme a esto, lo siento =P
Pero ahora me estoy organizando mejor, continuaré todo lo que tengo pendiente y haré mi mejor esfuerzo, ¿les parece? ¡Apóyenme, sí!
Espero comentarios ^^
