Capítulo 2: Las mujeres y Klaus
Esa tarde se enteró de todo, o casi todo. La profecía de la caída de los Mikaelson la preocupó, Caroline ya sabía que si Klaus moría, ella también. Era extraño, pero mantener a Klaus con vida era un asunto prioritario de momento. En otros tiempos ella participó en complots para deshacerse de él, pero ahora su vida dependía del maldito híbrido. Lo bueno de todo el asunto es que Lucien, el primer vampiro convertido por Klaus, estaba ahí para ayudar a que esa maldita profecía no se cumpla y que todos estén a salvo.
O al menos eso creía ella, porque la cara de Klaus decía todo lo contrario. No parecía nada contento con la presencia de Lucien, y menos con el hecho de que ella esté bajo su protección. Celos quizá, y aunque en parte le hacía gracia pensar que el híbrido podía sentir celos por ella, también le daba rabia pensar que ese miserable creía tener algún derecho sobre ella. Nunca fueron nada, a pesar de lo que pasó entre ambos una sola vez. Y a pesar de saber que él siempre sintió por ella algo más que una simple atracción. "Ya no pienses en eso, son tiempos pasados", se dijo intentando apartar esas ideas de su mente. Ella estaba ahí para solucionar sus problemas, no para involucrarse con Klaus una vez más.
Pero hablando de problemas, sucedía que el asunto que la llevó a New Orleans estaba ligado a los originales más de lo que quisiera. Los Strix eran una sociedad secreta de vampiros fundada por Elijah, y por lo tanto tenían la línea de sangre de este. Entonces, ¿por qué la buscaban a ella? Más que buscarla eso era una persecución, y no entendía las razones. Aunque Klaus tenía una interesante teoría al respecto.
—Tristán me odia, quiere hacerme daño —empezó a decir Klaus—. Y la mejor forma de hacerle daño a alguien es destruir lo que ama. Su familia, sus amigos, su pareja, en fin, todo. Quizá por ahí va el asunto.
—Claro, tiene sentido —le dijo Lucien pensativo—. Quizá a falta de una pareja han buscado el último interés de Klaus del que se tiene conocimiento...
—A ver a ver, paremos aquí. ¿Qué rayos quieren decir con eso? ¿Qué me persiguen para dañar a Klaus? ¿Es eso?
—Es lo que creo —respondió el híbrido.
—¿Qué? ¡No! Además como podrían saber que alguna vez tú y yo...—Sin querer miró de reojos a Lucien, este parecía bastante divertido con la situación. Además acababa de darse cuenta que estaba admitiendo lo que se había pasado negando por mucho tiempo—. No tendían forma de saberlo, me parece idiota.
—No encuentro otro motivo para que te persigan tanto, Caroline. Pero si tiene que ver conmigo ya puedes quedarte tranquila, iré ahora mismo a ver a Tristán y le ordenaré que deje de perseguirte.
—¿Y crees que le importe? —le preguntó Lucien—. No se te olvide la parte en que te odia y mucho.
—Querido amigo, creo que me conoces bastante bien para saber lo mal que le va a las personas que no hacen mi voluntad cuando lo deseo, ¿verdad? —le dijo Klaus mostrando una sonrisa, una que algo de maldad tenía. Ah vaya, ¿cómo se le había olvidado eso? Klaus podía ser un demonio cuando se lo proponía. Y solo por esta vez no diría nada, porque después de todo la beneficiada sería ella.
—Entonces, ¿nos vamos?— Lucien se puso de pie mientras ella los miraba a ambos, ¿acaso planeaban ir ya a hacerle frente a ese Tristán?
—Vamos.— Klaus también se paró, entonces ambos estaban listos para partir. Y Caroline que no tenía idea de qué hacer, igual se puso de pie para seguirlos—. ¿Tú a dónde crees que vas?
—Pues con ustedes.
—No es seguro. Estás a salvo ahora y acá te quedarás, ¿entendido?
—Klaus, ¿desde cuándo me das órdenes? —dijo ella cruzándose de brazos y mirándolo molesta. Bien, entendía que todo eso era por su seguridad, pero no iba a permitir que la traten como una inútil.
—Caroline, quédate acá —dijo ahora con voz más serena—. Quiero garantizar que estés a salvo, pero no podré si no ayudas. Quédate en la mansión, luego podrás irte donde quieras. Lejos de mi si te aparece, ya que veo estás ansiosas por alejarte de mi tentadora presencia.— Al terminar de decir eso estaba sonriente. La miraba sin parpadear, ella tragó saliva. Una vez más esa mirada la ponía a temblar, y además sus palabras daban justo en el clavo. Huir de su tentadora presencia era lo que necesitaba.
—Entonces vete de una vez —contestó ella en el tono más rudo posible. Como siempre, cubriendo lo que sentía por él con hostilidad. Y lo peor es que esos trucos ya no funcionaban con Klaus, él ya sabía porqué actuaba así, él estaba bien enterado de lo que ocultaba tras esa máscara. Solo le sonrió y adelantó el paso al lado de Lucien.
—Nos vemos luego, amor.
Al fin sola, aunque la verdad no estaba muy segura de quedarse en ese lugar sin compañía. Era una mansión grande y solitaria, excepto por el hecho de que en la habitación de Klaus aún había una pelirroja desnuda. Afinó sus sentidos y escuchó el sonido de la ducha. Esperaba no volver a verla, aunque si estaban en el mismo lugar quizá era inevitable. No hubo tiempo de preguntarle a Klaus quién era esa mujer, qué significaba para él. "Tampoco debería importarte ustedes no son nada", se dijo segura. Aún así quería saber, maldita sea. Solo tenía una hora de volver a ver al híbrido del mal y ya le estaba trastornando la vida.
Se quedó sentada revisando el celular, les aviso a todos en Mystic Falls que ya estaba a salvo y que pronto resolvería el problema, o al menos eso esperaba. Tuvo que llamar a Bonnie para calmarla, su amiga no tomó nada bien que esté en New Orleans con Klaus. Le aseguró varias veces que no pasaba nada, que ella sabría manejarlo, que él la ayudaría y luego adiós. La verdad tampoco estaba muy segura de que las cosas fueran a salir bien, solo quedaba esperar.
Después de hablar con Bonnie empezó a revisar el celular para perder el tiempo mientras esperaba el retorno de Klaus y Lucien. Primero las redes sociales y luego sin querer la galería de fotos. Claro, sin querer. Fue como si sus dedos se guiaran solos, bajó hasta la fecha en que sabía tenía fotos de él. De él y ella juntos también. Era como torturarse a sí misma, es más, debió borrar esas fotos hace mucho pero dale con guardarlas. Primero una foto de él con una sonrisa apenas despertando. Otra foto de ellos juntos sonriendo, un selfie, una incluso con Lucien. Tantas fotos y tantos recuerdos. Damon lucía sonriente, ¿cómo se dejó engañar? Él era un buen mentiroso, hasta sus ojos tenían un brillo especial, ambos parecían felices.
"Pero todo fue mentira", se dijo con tristeza. En ese momento sintió deseos de arrojar ese celular contra la pared, no quería ver esas fotos nunca más. Todo eran falsas ilusiones, ideas tontas que se hizo de querer ser feliz con alguien que nunca la amó, que no la merecía. Se obligó a apartar la mirada de esa foto de ellos dos juntos, y cuando dejó el celular a un lado por poco se le escapa un grito de sorpresa. Cerca de ella estaba parada Rebekah.
—Vaya, vaya. Entonces Nick tuvo razón. Viniste tú misma por él.
—¿Qué?— Apenas estaba asimilando que la chica estaba frente a ella y encima le sale con eso.
—Ya sabes, él tenía la profecía de que finalmente te dejarías de estupideces y de negar lo evidente para venir por él.
—¡Eso no está pasando! —gritó de lo más indignada—. No he venido por él, es más ni debería estar aquí. Esto ha sido una desafortunada coincidencia.
—Claro, fingiré que te creo.
—No necesito que me creas, Rebekah. No me interesa lo que pienses.
—Caroline querida, menos de esto, ¿si? No es necesario que finjas conmigo, ¿acaso me quieres ver la cara de estúpida? No insultes mi inteligencia. Siempre supe que se te derretía todo por Nik.
—Si claro, sigue inventando historias.
—Barbie por favor, ya estamos bastante grandes como para andar engañándonos.
—Escucha bien —dijo poniéndose de pie—, solo vine porque los Strix me persiguen por alguna razón, Klaus solucionará el asunto y luego adiós, ¿entendido? Deja de inventarte novelas.
—Ya veo...—dijo pensativa—. Me imagino que ya estás enterada de la profecía y todo lo demás.
—Si —respondió ya más tranquila, prefería cambiar el tema antes que la siga picando con lo mismo—. Y la verdad espero que todo se solucione, sé que no podría hacer mucho para ayudarlos.
—Al contrario, ayudarías bastante. Creo que tu presencia podría confortar a Klaus, no la ha pasado bien últimamente.— Y ahora parecía más seria, no estaba bromeando.
—¿Por qué dices eso?
—Caroline, el hecho que te hayas convencido que Klaus es el malo para negar lo que sientes por él no significa que sea verdad. Él ha cambiado mucho, te sorprendería en muchos sentidos.
—No estoy interesada en saber de sus "grandes cambios"
—¿Ah no? —dijo arqueando una ceja—. Y yo que quería contarte todos los chismes.
—Por favor, no finjas que te agrado. Nunca te caí bien.
—Es cierto, siempre intenté entender por qué a Nik le gustaba tanto una bebé rubia que se la pasaba asustada y negando sus deseos con él. Pero así y todo eres mi cuñada favorita, las últimas han sido un desastre.
—¿Qué?
—Pelirrojas, ya sabes, ugh. Las rubias estamos destinadas a dominar el mundo.— Sin querer se le escapó una sonrisa. Nunca odió a Rebekah, aunque ella provocara la muerte de Elena en el puente. Si hasta sabía de su breve romance con Matt, y aunque claro que se indignó por eso luego al hablar con él sobre lo que pasó entre ambos comprendió que Rebekah era más que la "Barbie Klaus". Era una bella mujer que cuando amaba lo hacía con todo el corazón, que solo quería eso. Amar y ser amada.
—Lamento decepcionarte, no he venido por tu hermano, he venido a salvar mi vida. Quizá hoy mismo me vaya.
—No seas así, siquiera quédate una noche, vamos de fiesta o algo. Vamos, Klaus necesita una distracción.
—Yo no pienso ser esa "distracción".
—Idiota, no te estoy diciendo que te lo cojas para distraerlo. Solo pasar el rato, nada más, como amigos si eso te tiene más tranquila. Esto de ser híbrido original, jefe de familia, rey de New Orleans y padre a la vez tendría loco a cualquiera.
—¿Qué dijiste?— "Padre a la vez", lo escuchó bastante claro. Eso tenía que ser una puta broma, ¿qué rayos acababa de decir?
—¿Cuál parte? —preguntó Rebekah con una sonrisa divertida, estaba conteniéndose para no reírse en su cara de sorprendida.
—Padre...
—Ah si, padre.
—¡Pero qué mierda! ¿Acaso Klaus adoptó? ¡De qué me estás hablando!
—A ver Caroline, creo que vamos a tener esta charla, qué lamentable. Cuando papá y mamá se quieren se meten en la cama y rezan mucho para que la cigüeña les lleve un bebé y...
—¡No puedes estar hablando en serio! ¿Un hijo biológico?
—Hija —aclaró ella—. Se llama Hope.— No se la creía, entonces era en serio. Klaus era padre de una niña. No tenía idea de eso y no sabía cómo sentirse—. Él tampoco sabía que podía procrear hasta que pasó, así que...
—¿La madre es la pelirroja esa? ¿Aurora? —preguntó con horror. Si era así entonces Klaus vivía con la madre de su hija, era una relación estable, y...
—Oh no, Aurora es como nosotras. Es más, ni la menciones, harta me tiene esa mujer. Felizmente viniste a ver si la zorra entiende de una vez que es pasado y tú eres la actual, como no la agarro a patadas a esa psicópata de mierda.
—Ah bueno... —se sintió en cierta forma más tranquila, y hasta alegre de saber que el score marcaba Caroline 1 – Aurora 0.
—Me imagino que igual quieres saber quién es la madre.
—Tengo curiosidad claro, no es que me importe, no estás en la obligación de decirme.
—Te lo diré, porque no te va a gustar y me encanta ver tu cara de trauma. Quizá recuerdes a Hayley Marshall.
—Si, algo. La amiga de Tyler, nunca volví a verla.
—Es ella.
—¡Qué! —gritó fuerte—. Pe... pero... ¡Yo creí que apenas se conocían! ¿Cómo? ¿En qué momento?
—No me hagas explicarte eso, Caroline.
—¡Es que no puedo creerlo!— Y si eso era cierto, significaba que se involucró con ella en Mystic Falls. Cuando ellos aún tenían "algo".
—Si te tiene más tranquila, según se dice solo fue una sola vez como quien no quiere la cosa.
—Nadie tiene sexo "como quien no quiere la cosa", Rebekah.
—Me refiero a que fue sexo casual y sin compromisos. Luego llegó el embarazo, después de muchas discusiones decidieron tenerlo. Hayley está bajo protección de la familia, pero ella y Klaus apenas tratan por su hija, nada más. Ella está casada con un hombre lobo además.
—Ah... entiendo.— Eso sonaba bastante civilizado, incluso para Klaus. Ni siquiera podía imaginarlo como padre, jamás imaginó una situación como esa. Era muy extraño, no sabía ni como sentirse al respecto—. ¿Y él...?
—Es un buen padre, adora a Hope, daría todo por ella. La vida si es necesario.— Rebekah lo dijo todo, como si se oliera lo que ella quería saber. Sin querer se sintió conmovida. Alguna vez le dijo a Klaus que si alguien era capaz de amar, era capaz de ser salvado. Y él amaba a su hija según decía Rebekah. Eso era hermoso, sin duda Klaus había cambiado mucho desde la última vez que lo vio.
—Vaya, vaya. Parece que la inoportuna visita aún no se digna a largarse.— El momento fue interrumpido por Aurora. Ya hasta se había olvidado de ella, pero la pelirroja apareció muy campante. La miró de pies a cabeza, la desprecio en realidad. Caroline se paró muy firme. Oh no, claro que no iba a dejar que esa mujercita intente reducirla.
—Creí que tú te habías largado ya —dijo Rebekah—. Ya me estás aburriendo, Aurora. No necesito que estés detrás de mi, sé cuidarme sola.
—Y yo tengo que cuidar que nada te pase para mantenerme con vida, no te creas especial Rebekah. Si no fuera por eso no tendría piedad contigo —entendió rápido. Entonces, así como Lucien fue convertido por Klaus, Aurora fue la primera mujer convertida por Rebekah. Vaya lío todo eso.
—Cielo, es muy temprano para la comedia —se burló Rebekah—. Si fuera tú, también querría ser yo, descuida. Pero nunca me llegarás a los talones. Ya sabes donde está la puerta, lárgate.— Eso no pareció afectarle a la pelirroja. Aurora la miró de nuevo, parecía lista para el contrataque.
—¿Y tú? ¿De qué cloaca saliste? —le dijo a Caroline—. Eres bastante inoportuna, ¿sabes? Si no tienes nada mejor que hacer te lo diré, vete de mi vista.
—No me iré solo porque tú quieres —respondió ella molesta—. Y para que te enteres de una vez, no me interesa tu patética existencia. Entiendo que estás algo así como "marcando territorio" con Klaus, ni te preocupes por eso, no me interesa.
—¿En serio? No me lo creo. Así que tú y tus rubios cabellitos se van a ir lo más lejos posible de "mi hombre", ¿quedó claro? No quiero rameras aprovechadas cerca de él.
—No pienso soportar estupideces, esto no es una pelea por nadie, ya te lo dije. A mi Klaus no me interesa.
—Entonces, ¿qué esperas? Largo de aquí.
—Oye tú, no te creas dueña de esta casa, no vas a echar a nadie —le dijo Rebekah con molestia.
—No Rebekah, yo me voy. No pienso aguantar esta ridícula escena de celos.— Estaba molesta, lo único que quería era golpear a esa estúpida hasta dejarla inconsciente. Pero no era tonta, sabía que esa vampiresa podría acabarla rápido, era más antigua y más fuerte que ella. Cogió su cartera y se alistó para salir, dio unos pasos fuera de la sala, pero pronto se detuvo. Aún tenía algo que decir—. Solo para que lo sepas, si yo quisiera a Klaus lo hubiera tenido hace mucho. Y si lo quiero ahora, solo me bastará con decirlo y lo tendré, ¿quedó claro? —le dijo con burla. La verdad no estaba segura de eso, pero quería devolverle el golpe.
—Maldita estúpida...—Aurora avanzó molesta hacia ella, pero Caroline aceleró el paso.
—¡Adiós segundona!
Con la satisfacción de haber puesto en su lugar a esa vampiresa igualada, Caroline salió de la mansión Mikaelson. Klaus le había pedido que se quedara por su seguridad, pero si pasaba un rato más bajo el mismo techo que esa Aurora no iba a sobrevivir. ¡Pero qué mujer más insoportable! ¿Quién se había creído que era para hablarle así? Que se joda, no pensaba entrar en su jueguito. En serio, qué manía tenía Klaus de meterse con gente detestable. Lo bueno era que ya estaba fuera de esa mansión, necesitaba aire puro para relajarse y asimilar eso de que Klaus era padre.
Iba pensando en eso mientras deambulaba por la ciudad. Había tenido muy poco tiempo para recorrer la zona, al menos un vistazo panorámico. Ya que quizá a la mañana siguiente esté fuera de New Orleans lo mejor sería recorrerla, conocer al menos un poco el sitio, tomarse unas fotos. Fingir que era una inocente turista recorriendo el barrio. Eso funcionó al menos un rato, intentaba que se le pase el enojo por la pelea con esa Aurora, y de paso la sorpresa por "Papi Klaus", pero no podía dejar de pensar en todo aquello. La vida de Klaus había dado un giro sorprendente, y en el fondo ella solo quería saber más.
Caroline anduvo buen rato paseando por la zona, hasta tuvo la suerte de ver un desfile de artistas por la calle. Todo muy bien hasta que le dio sed, así que se metió al primer bar que encontró. El lugar estaba silencioso, apenas unos cuantos clientes conversaban y bebían tranquilamente. Mejor, lo que necesitaba era calma. Se acercó a la barra, había una chica de espaldas, al parecer la bartender del lugar.
—Hola —saludó ella de lo más amable. La chica se giró y le sonrió—. ¿Me das una cerveza, por favor?
—Claro, ¿helada?
—Muy helada.— La chica se acercó a la nevera y sacó la cerveza que pidió, Caroline puso el dinero sobre la barra y abrió su bebida—. ¿Hay zona Wifi?
—Por allá —señaló una mesa, la chica cogió un papelito y se lo acercó—, aquí tienes la clave.
—Gracias —cogió su cerveza, la clave, y fue a sentarse en el rincón señalado. Empezó a seleccionar las mejores fotos para subir al Instagram y para enviarle a Bonnie, andaba muy concentrada en eso que ni escuchó que la puerta se abría y alguien pasaba.
—Camille...—La voz se le hizo familiar. En realidad esa voz era inconfundible.
—¿Qué haces aquí? Pensé que andabas muy ocupado.— Era la chica de la barra, seguro ella era esa "Camille".
—Estoy buscando a Marcel, no lo encuentro por ningún lado.— Claro que la voz era inconfundible, porque era la voz de Klaus. Decidió no girarse, si la veía ahí iba a empezar una escena por salir de la mansión cuando le dijo que no lo hiciera. Esa parecía una conversación casual, así que solo afinó los sentidos para escuchar "con discreción".
—¿Y por qué yo debería saberlo? No soy su niñera, y hace días que no lo veo. No tengo idea en qué andan todos ustedes, solo espero que se estén cuidado.
—Todo va a salir bien, descuida.
—Siempre tan confiado, yo te sugeriría que mantengas los ojos bien abiertos. Nadie es invencible —le parecía raro que Klaus acepte que esa chica, quien quiera que sea, le hable de esa forma tan dura. Él no era alguien que aceptaba que lo cuestionaran, en realidad apenas su familia lo hacía. Y ella también lo hizo, por eso era extraño. Una parte de Caroline pensó estúpidamente que ella era la única que tenía derecho a tratarlo así.
—Ya veo que estás muy preocupada —le dijo Klaus con voz suave.
—Ustedes me preocupan.— "Espera un momento", se dijo Caroline desconfiada. El corazón de Camille latía acelerado, como si estuviera nerviosa. Como si Klaus le provocara eso.
—¿Te preocupas por mi? —preguntó ahora Klaus otra vez con esa voz suave, casi seductora. Ya no aguantó más y se giró. La chica estaba quieta, pero se notaba aún a lo lejos sus mejillas rojas. Pudo ver a Klaus de lado, sus ojos estaban fijos en esa mujer. "Ah no, pero a este idiota lo mato", se dijo rabiosa. ¿Entonces se acostaba con Aurora pero parecía muy interesado por lo que sintiera esa Camille? ¡Maldito Klaus Mikaelson! ¿Encima hacía esa escena delante de ella? ¡Cómo se atrevía! Si horas antes parecía muy interesado en ella, hasta celoso. Un sinvergüenza, eso es lo que era. Sin decir nada, dejó la botella a un lado y se puso de pie, no podía seguir ahí. Pasó por su lado, solo entonces él la vio. El rostro le cambió por completo, como si estuviera en evidencia. Ella lo miró seria y siguió su camino, no pensaba hablar con él—. Caroline... —lo escuchó decir—. ¿Qué haces aquí? Te pedí que no salieras de la mansión.
—Espera, ¿se conocen? —dijo Camille. Ella ni giró a verlo, siguió de largo.
No quería escuchar sus excusas de híbrido sinvergüenza que andaba de coqueto con todas. Podía incluso pasar de largo a la maniática pelirroja esa, pero no lo de Camille. No quiso reconocerlo, pero le dolió. Verlo hablarle tan suave, tan preocupado por ella, tan pendiente. Eso era diferente, eso involucraba sentimientos. Y no quería pensar que Klaus sintiera por esa mujer lo mismo que por ella. Si es que aún la seguía queriendo. Avanzó rápido alejándose del local, pero pronto Klaus le cerró el paso, ella apenas pudo detenerse y se chocó con él.
—¡Quítate! —le gritó molesta.
—Te dije que no salieras, que era peligroso.
—Ya sé lo que me dijiste, y no me interesa. Estoy bien, ¿no ves? Ya puedes regresar con tu amiga Camille, de seguro está muy preocupada por ti.
—¿Acaso estás celosa?
—¡Claro que no!
—Claro que si.
—Klaus, muévete. No me hagas perder la paciencia —lo empujó a un lado, pero él la tomó del brazo. Caroline se detuvo y lo miró. Parecía arrepentido, lo notaba en sus ojos.
—Lamento si eso te afectó, no era mi intención.
—No digas estupideces.
—No es lo que piensas. Camille es solo una amiga muy especial, nada más.
—¿Nada más? ¿Y por eso buscaste como amiga a una rubia tan parecida a mi? —se le escapó eso, pero de verdad lo pensó.
—Ella no es tu reemplazo. No hay nadie como tú en este mundo, Caroline. Tú eres inigualable.— El desgraciado, como siempre, tenía todas las palabras precisas para hacerla caer.
—¿Y entonces...?
—Camille es mi terapeuta. Es psicóloga, hablamos mucho, me ayuda con algunos temas. Y bueno, ella sabe de mi, de mi familia, de todo lo que pasa en New Orleans. Es lógico que se preocupe por mi.
—Claro...— No sabía si creerle. ¿Era solo amistad? Podría ser, al menos del lado del Klaus. Pero del lado de esa Camille no, ella escuchó como su corazón se aceleraba. Camille sentía algo por él, eso no lo dudaba.
—No puedes pensar que busqué a otra mujer para reemplazarte.
—No pienso eso.— Oh oh, estaban tocando un terreno delicado que tenía que evitar a toda costa—. Ya olvídalo Klaus, es mejor volver a la mansión. La verdad es que no soportaba a esa Aurora, pero estaré bien. Encontré a Rebekah.
—¿Y todo bien?
—Perfecto, me hablo de ti. De tu hija.— La expresión de Klaus cambió otra vez, parecía más relajado.
—Entonces sabes de Hope.
—No mucho, solo que es tu hija con esa Hayley, nada más.
—¿Y qué piensas de eso?
—No lo sé, yo...bueno, aún no lo asimilo. Es tan raro todo esto.
—Dímelo a mi, al principio parecía cosa de locos.
—Lo imagino. Pero de verdad Klaus, me alegra que las cosas sean diferentes ahora.
—¿Cómo diferentes?
—Amas a tu hija, que estás dispuesto a todo por ella. Si eres capaz de amar, puedes ser salvado —repitió las palabras que le dijo aquella vez. Klaus sonrió entonces, se acercó más a ella, sus rostros estaban muy cerca. Caroline se quedó sin respiración, esos labios la estaban tentando otra vez.
—El amor salva, ¿verdad Caroline? Es ahora que me doy cuenta que tenías razón. Por ella dejaré de ser lo que fui.— Una vez más se sintió conmovida. ¿Qué fue de la imagen del híbrido malvado? Ya no existía, para nada. Tenía claro que él seguía siendo tan implacable como antes, pero ahora tenía una personita que amar y proteger.
—Me alegra —le dijo con una sonrisa, y lo decía con total sinceridad.
—Ven, es hora de volver a la mansión. El tema de Tristán aún lo estoy solucionando, pero descuida, todo estará bien.
—Eso espero —caminaron juntos un momento, entonces él la miró de lado. Sonreía, tenía un gesto divertido.
—¿Quieres conocerla?
—¿Cómo?
—A mi hija, ¿quieres conocerla?— No supo que responder un instante, pero sonrió también.
—Claro que quiero —contestó. Ya se le hacía ilusión conocer a la bella bebé que cambió la vida de Klaus.
