Declaración: Los personajes de Naruto no me pertenecen, lo único mío aquí es la historia. –
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Genie I
Capítulo 3: Un Uchiha.
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Hinata estaba algo aburrida de ver la televisión. Aquel día no tenía ánimos de verla y eso era terrible porque en ese departamento era lo único que podía hacer. Se preguntó si podría salir a recorrer la ciudad, quería salir algún día, pero esperaría a Naruto para decirle.
Tocaron unas veces la puerta asustando a los dos moradores del apartamento.
– Kurama… ¿debería abrir? – Susurró temerosa.
– Abre, ante cualquier cosa estaré ahí para protegerte. – Los dos se miraron unos momentos más y asintieron antes de actuar.
La puerta se abrió demasiado lento para el gusto del muchacho al otro lado.
– ¿Eres Hinata? – Le preguntó.
– ¿C-Cómo sabe mi nombre? – La muchacha terminó de abrir la puerta. El chico se sonrojó, era muy linda.
– T-Tengo esto para usted. – El joven se sorprendió por haber tartamudeado en un momento como ese. La chica lo miró sacar las dos grandes cajas y dejarlas sobre la mesa. Luego le entregó un ramo de bellas flores blancas con una nota de color anaranjada resaltando. – Ahora por favor firme aquí. – Le indicó con un bolígrafo sobre el papel ahora en manos de la chica.
Ella tomó su tiempo solo para dibujar unos cuantos garabatos sobre el papel, como si recién estuviese inventándolos. Obviamente, así era. Se despidió del muchacho que demoró unos momentos en irse, estaba embobado y para Kurama eso le era evidente.
La nota anaranjada tenía la inscripción: "Son regalos para ti Hinata-chan, espero que te gusten. –Naruto"
– Son de Naruto-kun. – Le comentó algo sorprendida al zorro, él también estaba sorprendido.
Se trataba de un bello vestido en tonos pastel color morado, junto con un collar y zapatos negros. Cuando Hinata apareció ante Kurama con el conjunto puesto hasta el zorro quedó anonadado por la belleza de su ama.
– Te ves preciosa ama. – Confesó algo avergonzado el zorro de nueve colas.
Ella sonrió feliz y con unas pequeñas lágrimas saliendo de su cara, el animal iba a acercársele a brindarle su cariño pero las llaves sonaron en la puerta de entrada y el Uzumaki entró contento e impactado por la deslumbrante perfección de su genio.
– H-Hinata-chan… – La mujer no esperó a que entrase, solo de un momento a otro se vio abrazado por ella. La abrazó sintiendo el cuerpo femenino temblar en sus brazos. – ¿…Qué? – Ella lloraba, así que la separó y miró con cuidado. – ¿Estás bien? Si no te gusta yo…
– Naruto-kun esta es la p-primera vez que alguien me regala algo. – Confesó aun hipando por el llanto. – Estoy muy contenta, gracias. – Lo abrazó de nuevo.
– Yo… me alegro que te gustase y quería… – Obtuvo la mirada atenta de ella y el zorro. – Invitarte a una fiesta. – Ninguno de los dos comprendió a qué se refería. – Un matrimonio de hecho, ¿te gustaría ir conmigo?
Ella observó unos instantes más los ojos azules y asintió con un bello sonrojo en sus mejillas. – Me encantaría Naruto-kun.
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Hinata estaba totalmente absorta mirando con detalle la oficina de Naruto. Habían pasado ahí antes de irse al matrimonio puesto que el Uzumaki había olvidado algo en su lugar de trabajo. No es hasta que Hinata repara en un objeto en especial, una reliquia de plata que estaba en un lugar de la oficina siendo completamente ignorada por todo este tiempo.
– ¡S-Sakura-chan!
– ¿Ah? – Preguntó Naruto mirándola de repente. - ¿Me llamaste?
– N-No yo solo… – Avergonzada miró una y otra vez a la reliquia y al rubio. – ¿Puedo llevármela?
– ¿Eso? – Apuntó con sus morenas manos y al ver la afirmativa de Hinata asintió. – Por supuesto dattebayo.
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Con sus perlados ojos recorría la iglesia llena de curiosidad, miraba cada rincón, cada detalle y a cada persona presente ahí. Nunca había estado en una "boda" y aunque Naruto le había dicho que no tenía de qué preocuparse estaba muy nerviosa por no arruinarlo. Era una especie de cita –como le llaman los humanos- pensó sonrojándose un momento, miró al rubio a su lado él estaba radiante, era un muchacho muy guapo.
Vio la cara de alivio de Naruto cuando la mujer pelirroja de lentes –que al parecer era la casada- le comunicó que el "tío Jiraiya" no había podido asistir y felizmente agregaba que le había obsequiado la "Luna de miel" en la ciudad de Kumo.
– Así que es ella… – Hinata se sentía observada, y más que eso, ya que la mujer estaba demasiado cerca de ella analizándola. – Es muy linda. – Concluyó sonrojándola.
– Gracias, lo sé dattebayo. – Agradeció complacido el Uzumaki.
– ¡Ella no es de tu propiedad idiota! – La pelirroja le pegó a Naruto por su comentario y el rubio solo le sonrió a modo de disculpas. Al parecer ese comentario debió haberla incomodado de alguna forma, pero cada vez que lo pensaba una chispa de alegría le recorría el cuerpo.
Mordió su labio inferior tratando de controlar sus latidos.
En la celebración se dirigieron a saludar a un muchacho pelinegro con ojos del mismo color que iba acompañado de una sonriente y despampanante rubia de ojos azules. Ella se llamaba Ino y era una de las futuras representantes de la empresa InoShikaCho, empresa que une a tres familias adineradas.
El muchacho pelinegro era el mejor amigo de Naruto, Uchiha Sasuke; el actual dueño de las empresas Uchiha. Él tenía una mirada oscura y penetrante, esta misma le miraba con demasiada insistencia. Tanta era su fuerza que logró ponerla nerviosa unos momentos llegando a no poner tanta atención en lo que su invocador rubio y la otra muchacha hablaban, no sabía exactamente cómo evitar al chico y menos cuando Naruto le avisó que iría al baño e Ino se separó del Uchiha para ir por una copa dejándolos solos.
– V-Voy a ir afuera p-por aire fresco. – Logró decir incómoda.
Alcanzó a llegar a un balcón, pero para cuando iba a tomar aire aliviada lo vio detrás de ella, asustándola.
– ¡Sasuke-san! – Logró nombrarlo antes que él la arrinconase contra la reja intimidándola.
Lo sabía, él era completamente diferente de Naruto.
– ¿Quién eres realmente y qué buscas? – Exigió demandante.
– No… No le entiendo.
– ¿Estás con él por el dinero? – Hinata tardó unos segundos pero terminó comprendiendo, él estaba protegiendo a su amigo; o eso intentaba.
Sonrió dulcemente apartándolo lento. – Sasuke-san, no se preocupe.
– Él está enamorado de ti. – Le dijo serio. – Nunca lo había visto así por alguien. – Aquello la había impactado y sus latidos se sintieron bombear rápidamente, de inmediato sus mejillas se sonrojaron.
– Yo… También le amo. – Confesó avergonzada. – N-No tiene que preocuparse por él.
La realidad instantáneamente le recordó lo que era en realidad su relación con el rubio y el por qué estaba ahí. Ella no era nada más que una genio y Naruto solo había sido el humano que la había invocado, dueño de dos deseos y su compañía obligada hasta que él desease. Si estaban ahí solo era porque él necesitaba de compañía y ella no había dudado en aceptar, eran eso y nada más.
– Así que aquí estaban… – La voz del rubio los obligó a mirar hacia el salón, desde donde el rubio entraba algo nervioso.
– Vinimos por aire fresco. – Comentó sin emoción alguna el Uchiha copiándole su frase.
Para cuando el joven de cabellos negros se retiró Hinata se sintió algo incómoda. Estaba algo triste por lo pensado anteriormente, porque a pesar de que todo fuese una farsa… Le hubiese gustado que fuese real.
Era una egoísta, ¿no?
– Hinata-chan, ¿estás bien? – La voz preocupada de su invocador hizo que reaccionara, pero cuando iba a decirle que no había de qué alarmarse el Uzumaki la pilló de improviso cuando puso su gran palma en su frente. – Al parecer no tienes fiebre… – Comentó bajo.
Para ella, el calor de inmediato se agolpó en sus blancas mejillas. Sus latidos descontrolados en su corazón le indicaban peligrosamente que podría sufrir un colapso, así que con sus últimas fuerzas empujó al rubio y corrió hasta entrar al salón. Por supuesto, sabía que él la seguiría pero, ¿qué le diría?, ¿acaso tenía explicación para lo que acababa de hacer, de suceder, de sentir y pensar?
"–Yo… También le amo."
Había dicho anteriormente… ¿Era real? Iba hasta el patio de aquella gran mansión, necesitaba aclarar su mente. La mano morena la sujetó del brazo antes de llegar al destino y de un movimiento la tiró hacia sí, para cuando reaccionó Naruto estaba abrazándola.
– ¿Acaso Sasuke-teme te dijo algo? – Comenzó sin separarse.
– No. – Negó totalmente convencida pero con voz baja.
– ¿La estás pasando mal? – Preguntó haciéndola sentir horrible. Él estaba ahí con sus amigos y ella lo había arruinado. – Si quieres podemos irnos y-
– Naruto-kun… – Le interrumpió y lo miró fijamente. – Gracias.
Los azules ojos la miraron sorprendidos. Naruto unió su mano con la de ella y así volvieron junto a todos los demás, como si nada hubiese pasado.
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