DISCLAIMER: Stephanie creó Twilight y yo tomo prestados sus personajes para esto...

¡Disfruten y nos leemos abajo!


Capítulo 2

"Reencuentros inesperados"

Aro Vulturi era un hombre sofisticado y muy hermoso. Era alto, delgado y de aspecto gallardo, a pesar de su edad. Los años parecían no pasar sobre él o, por lo menos, no pasaban en vano. Seguía siendo el mismo caballero aristócrata que había llevado a Bella a Italia para darle el entrenamiento necesario y una excelente educación. Siete años de esfuerzo continuo la convirtieron en la hermosa mujer que era, con todas sus habilidades y su inteligencia más que desarrolladas. Él estaba orgulloso de sus frutos.

Ice era su creación. Un diamante en bruto, ahora pulido.

La reunión de informes con Aro duró exactamente una hora de reloj. Todos salieron de la sala de reuniones con la misma cara de tensión. Alice se paró cuando entraron a la sala de estar.

Era la primera vez —oficial— que permitían que Alice conociera la Casa Central. Había sido la eterna novia de Jasper, pero él no podía hacerla parte de su doble vida hasta que lo suyo fuera totalmente seguro. Así que una vez comprometidos, Aro le había dado la autorización para llevarla al Palacio. Aunque por supuesto, el Palacio Vulturi era muy reconocido por su sofisticación y cuando se hacía un evento la gente que era invitada se regodeaba por sus lujos. Era un honor estar invitado a una fiesta allí. Por supuesto, los mismos agentes siempre eran invitados, por eso también es que se les respetaba demasiado. La mansión tenía tantas habitaciones que podía resguardar a muchos invitados y aquellos que se quedaban, la mayoría, gozaban de una excelente velada y al día siguiente, de un día de campo excelentemente preparado, porque la organizadora siempre era Bella, por eso es que sus fiestas siempre eran frecuentadas por importantes personajes.

Alice había estado todo el tiempo con Nessie, que había estado sollozando un resto después del funeral, era la única que podía hacerlo.

—Mi querida Alice —Aro besó la mano de Alice delicadamente, como todo un caballero— Es un gusto recibirte en la familia.

Jasper estaba tenso a un lado de Aro. Alice sonrió. Bella captó la sonrisa y la actitud de Jasper. Probablemente él no tenía idea de nada, como había sospechado la noche anterior cuando le avisó de su compromiso.

—Jasper, deberías de enseñarle a Alice el resto de la mansión y su habitación aquí. Aunque me imagino que querrán compartirla, ¿no?

Jasper hizo un movimiento imperceptible con la cabeza que todos captaron. En casa tenían sus códigos y los movimientos siempre eran sutiles, porque era con lo que más trabajaban. Se alejó con Alice por el pasillo, mientras le señalaba los lugares por donde iban pasando.

—¿Cómo esta mi bella, Renesmee? —Renesmee entendió la palabra italiana utilizada por su padrino, quien estiró sus brazos y ella se empinó sobre él.

Aro era el padrino de Nessie, y no Emmett, porque él no había estado totalmente de acuerdo con la decisión de Bella. En ese tiempo, su relación no había ido muy bien, aún así estaba en Italia con ella, pero no se contactaba mucho con ella. En cambio, Rosalie estaba todo el tiempo cerca.

Ese era otro punto de discusión.

Rose quería un hijo, pero Emmett no.

El hecho de que Bella hubiese quedado embarazada tan joven, cuando Rose quería fervientemente un hijo era un verdadero problema. Por eso Rose la había defendido en todo momento y Emmett tuvo que tragarse sus palabras.

Aún así, ambas comprendían a Emmett, porque lo que ellos hacían era demasiado peligroso como para poner en riesgo también la vida de un hijo. Por eso Renesmee era la niña más protegida del universo. Sobre todo porque su padrino era el ser con más poder de toda la tierra. Bueno, tal ver era exagerar un poco, pero sí, Aro Vulturi tenía demasiado poder.

—¿Vas a venir esta navidad, tío Aro? —preguntó Nessie interrumpiendo los pensamientos de Bella. Cierto, la Navidad se acercaba.

—No, no lo creo. La pasaré con mi hermano Marco… ¿lo recuerdas?

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La navidad era un suceso importante para todos. Era el momento en el que podían tomarse un descanso de sus dobles vidas y disfrutar sólo de una de ellas. Aro les prohibía entrenar durante ese tiempo y no los enviaba a ningún tipo de misión, porque las misiones en época navideña le traían malos recuerdos.

Había sido una navidad en donde había empezado todo, la razón de la existencia de la corporación y la creación de dobles vidas para sus agentes, con el fin de mantenerlos resguardados.

Aún así, Bella nunca se tomaba en serio lo del descanso. Seguía entrenándose secretamente en su casa, en un mini gimnasio que había hecho especialmente para esas fechas. Y también a Renesmee le gustaba jugar con ella a ejercitarse o practicar tiro al blanco.

Bella pensaba que lo mejor era mantener a alerta a su hija y por eso le pagaba clases de defensa personal en el colegio y ella misma iba con ella a las prácticas de tiro al blanco, que era el deporte favorito de la niña. Y ahora que Seth había partido y ella estaba particularmente decaída, no se le imaginaba qué otra cosa podría levantarle el ánimo más que las cosas que ambas compartían con mucha alegría.

Ambas con el cabello tomado en unas colas altas y vestidas con un cómodo conjunto deportivo, dirigían sus respectivos arcos a un centro.

—¡Ja! ¡Toma eso, má'! —chilló Nessie dando un salto cuando su flecha se clavó perfectamente en el centro.

—¡Muy bien! —la alabó Bella, aplaudiendo— Ahora me toca a mí.

Tensó la cuerda del arco y tiró firmemente de ella con la flecha, lo soltó suavemente y un segundo después la flecha estaba clavaba exactamente en el centro del círculo. Nessie chilló y se tiró sobre su mamá.

—¡Eres genial, mamá! ¡Salió perfecto! —Bella rió y sostuvo a su hija como pudo entre sus brazos. Puso uno de sus traviesos rizos tras la oreja.

—No es para tanto, Renesmee, ahora vamos —mientras hablaba la bajó de sus brazos y le tomó la mano— ¿Qué te parece un rico chocolate caliente, películas y palomitas de maíz?.

En la entrada la mujer con aspecto de duendecillo las esperaba con una sonrisa en los labios. Nessie corrió entusiasmada y se lanzó sobre ella. Bella puso una mueca divertida.

—Cualquiera diría que quieres más a tu tía Alice que a tu propia madre —se quejó, sin dejar de lado el matiz de diversión. La niña se rió al igual que el duendecillo— Hola, Alice. ¿Qué haces por aquí?.

—Supuse que estarían aquí, así que ahora las llevaré al centro comercial.

«Qué bien, un centro comercial», pensó sarcásticamente Bella. Compras era una palabra que no combinaba con Isabella Swan.

Alice alzó las cejas al ver el gesto contrariado de su mejor amiga.

—Vamos, Bella. ¿Qué te harán unas compras? —se burló de ella— Hace mucho que no nos veíamos…

La morena se encogió de hombros, resignada, y se subió a su Mercedes Guardian dispuesta a seguir al Porsche amarillo de Alice que estaba estacionado justo frente a ella. Renesmee optó por la traición a su madre y se fue en el llamativo automóvil de su tía. Bella no sabía si reír o llorar. Por supuesto que no se habían visto, pasaba de misión en misión.

Las pocas compras que Alice había dicho que serían, antes de empezar a recorrer tiendas, se convirtieron en millones y millones de bolsas con todo tipo de ropa y accesorios de marcas caras para cada una de ellas, y más para Bella, porque Alice tenía algo así como un alma caritativa —o alma compulsiva, en realidad— y amaba comprarle ropa.

Finalmente, Alice las arrastró a su propia tienda, con la ropa que ella misma había diseñado, por supuesto.

Alice no solía presumir su línea de ropa, a menos que tuviera una verdadera razón para meterla allí. En vez de dedicarse a pasarle todo tipo de conjuntos para que se los probara entró directamente a la parte trasera del local que era su oficina personal dentro de esa sucursal. Y comenzó a revolver en un perchero.

—¡Aquí está! —chilló triunfal, sacando un vestido— Esta es mi mejor creación y está hecha exclusivamente para ti.

Bella abrió la boca de la impresión. El vestido era precioso. Renesmee también chilló.

—¡Mamá, pruébatelo!

—Es azul —soltó Bella muy sorprendida. Y Alice sonrió misteriosamente.

Se observó en el espejo. Era un vestido sencillo de color azul, era strapless y caía delicadamente sobre sus rodillas. Alguien carraspeó tras ella.

Alice sonreía alegremente.

Yo sabía que te quedaría perfecto.

¿Bella estás lis… —la miró boquiabierto. Después de unos segundos carraspeó incómodo— Te ves preciosa, Bella. El azul te queda maravillosamente bien.

Se sonrojó.

El azul era su color favorito.

¿Vamos? —le tendió la mano y ella asintió lentamente.

Alice sonrió cuando pasaron a su lado y se alzó para susurrarle al chico, sabiendo que Bella escuchaba: Cada vestido azul que diseñe para Bella será por ti.

Suspiró frente al espejo del probador. Los recuerdos eran cada vez más fuertes desde la noche en que había muerto Seth. Las palabras de su asesino seguían dándole vueltas en la cabeza.

«Será como si no hubiese existido»

Eran las mismas palabras que ella había utilizado diez años atrás cuando se había ido de Forks, embarazada y con el corazón destrozado.

Movió la cabeza con disgusto. No valía la pena atormentarse después de tantos años, no tenía por qué hacerlo si ya lo hecho estaba hecho. No había vuelta atrás después de todo.

Alice observó los movimientos de su amiga, mientras se miraba al espejo, y también trató de descifrar los diferentes sentimientos que habían cruzado sus ojos en cuestión de segundos. Ella sabía que ese vestido le iba a traer recuerdos, porque la niña que estaba a su lado, mirándola maravillada, era la prueba fehaciente de que Bella no se había ido por ya no amar a su hermano, sino por una razón mucho más fuerte que nadie entendía y que Aro ocultaba demasiado bien.

Sin embargo, Alice sabía que eso estaba destrozando lentamente el buen corazón que alguna vez había tenido Bella. Y nadie sabía por cuánto tiempo iba a aguantar y ella pensaba estar ahí cuando ella decidiera hablar todo lo que no había hablado.

Renesmee jaló el vestido de su madre para que la mirara. Ella también estaba embutida en un bonito vestido de color amarillo, hecho especialmente para ella.

—¡Qué bonito, Ness! —exclamó con una muy bien disimulada alegría, notó Alice. Alzó una ceja, interesada. ¿Desde cuándo la Bella Swan que ella conocía podía esconder tan bien sus sentimientos?. Se respondió sola cuando vio la brillante sonrisa de la niña y el efecto que causaba en Bella esa alegría.

Fue apabullante.

Nessie instó a su madre a girarse sobre sí misma para admirar el vestido, y Bella insistió a su vez para que su hija hiciese lo mismo. Y ambas rieron en armonía, divertidas en su pequeño mundo.

Alice salió de su ensoñación cuando Bella la llamó.

—¿Te pasa algo, Alice? —preguntó Bella. También se había puesto muy perceptiva, anotó mentalmente la duendecillo.

—No es nada, sólo me quedé pegada. Creo que atiné muy bien —sonrió Alice— Son para que los usen en mi fiesta de compromiso con Jasper.

—¡Tío Jasper y tía Alice se casarán! —chilló Renesmee emocionada— ¡No me lo habías dicho, mamá!.

—Se me olvidó, pequeña, lo siento —se disculpó Bella. Miró el reloj sobre el escritorio de Alice y suspiró— Tengo que irme ya —se metió de nuevo dentro del vestidor, mientras seguía hablando— Tengo que ver a unos clientes en media hora, debo organizar la fiesta navideña para el hospital de Chicago.

Alice se paralizó.

—¿Alice te podrías quedar un momento con Nessie? —Bella salió con el vestido en mano, mirando a su hija, por lo que no notó la extraña reacción de su amiga.

—C-claro.

—Genial, nos vemos en un rato —se despidió de un beso en la mejilla de ambas y salió rápidamente.

Jasper notó la inquietud de su prometida apenas la vio entrar al departamento de la mano de su sobrina. Y también notó su sobresalto al verlo instalado cómodamente en uno de los sillones de la sala, lo que era extraño, porque vivían hace varios meses juntos.

—Ah, hola, amor —saludó Alice, aún nerviosa.

—¿Ocurre algo? —Alice lanzó una mirada nerviosa a Renesmee que husmeaba en un mueble donde habían fotos. Negó con la cabeza. No podía decirle nada en presencia de la niña.

—Tía —llamó de pronto Nessie, interrumpiendo la conversación visual de la pareja. Tanto Alice como Jasper se acercaron al llamado— ¿Quién es él?

Era una foto de hace un par de años atrás. Que había sido tomada en un cumpleaños de Alice, porque ella había insistido en que tenía que tener una foto con su hermano. Y la había puesto en esa repisa apenas la hubo revelado, sin esperar que un par de años después Nessie o Bella podrían verla, al entrar a su departamento. No se lo esperaba y no estaba lista para decir nada de nada tampoco.

—Él es… —empezó Jasper, mirando a Alice con preocupación.

—Mi hermano —respondió Alice finalmente— Es mi hermano —repitió suavemente tomando el marco y mirando la foto donde salía un hombre de cabellos cobrizos y de mirada verde sonriendo. Era la primera vez que había sonreído de verdad en años, desde que ella se había ido y le había costado una enormidad lograrlo. Por eso era su favorita— ¿Es muy apuesto, no?.

—Sí —asintió la niña seriamente. Ambos notaron su ceño fruncido.

—¿En qué piensas, pequeña? —preguntó Jasper.

—En nada —dijo ella sonriendo después de una pausa—. Tía, me habías dicho que veríamos una película.

Alice le dio la razón y la tomó de la mano para guiarla al mueble donde tenía muchas películas. Renesmee se emocionó, diciendo que tenía muchísimas películas más que ella y su madre en el departamento, y eso que ellas tenían casi todas las películas del mundo, textualmente.

La pareja se rió ante el eufemismo de la niña. Aunque no le extrañaría, conociendo cómo se había criado ella y su madre. Ellas podían tenerlo todo si querían, porque no era difícil conseguirlo.

Alice escondió disimuladamente el retrato de su hermano mientras Renesmee estaba concentrada viendo la película y se felicitó mentalmente cuando unos minutos después Bella llamó para avisar que ya estaba llegando y Nessie perdió total concentración del filme.

Bella llegó veinte minutos después, contenta por el inminente éxito de su último evento antes de Navidad. Relató brevemente que las cosas estaban saliendo tal como esperaba y que ella misma iría a supervisar que ese día todo saliera perfecto, provocando que Alice se ahogara con el café que estaba bebiendo.

—¿Estás bien? —preguntaron en sincronización Bella y Jasper, Alice soltó una risita por eso.

—Sí, sí, estoy perfecta —respiró hondamente y bebió otro sorbo de su café para tranquilizarse— Y Bella, ¿incluso en estas fechas supervisas tus eventos?.

—Por supuesto que sí —dijo Bella pretendiendo sonar ofendida y luego rió— Ya sabes que siempre superviso, ¿por qué debería de ser diferente esta vez?.

—Claro, no debería ser diferente —dijo Alice pensativa.

Ya más tarde cuando Bella y Nessie se fueron a su casa Jasper logró abordar a su novia y sonsacarle la información que le había ocultado. Y comprendió perfectamente su actitud. Eso los iba a meter en un grave problema… Se supone que ellos no debían verse hasta la fiesta de su compromiso, muy lejos de Chicago. Pero también entendió que iba a ser inevitable, de todas formas.

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Observó su reflejo en el enorme espejo que tenía a un lado de su también enorme armario. El vestido era de un color gris brillante amarrado tras el cuello y con un escote en V muy generoso. El corte le realzaba los pechos y eso, en conjunto con la caída hacía que pareciera alta y de largas piernas, aunque éstas no se vieran. Llevaba la espalda totalmente descubierta, exceptuando por lo que tapaban algunos mechones de su cabello.

Aunque ella tenía bastantes vestidos para sus eventos, Alice había insistido en que llevara uno de sus modelos más bonitos, para que las mujeres le preguntaran por él y ella la recomendara. Una verdadera tontería, porque todo el mundo sabía que los mejores vestidos de toda la tierra eran, sin duda alguna, los que diseñaba Alice Cullen, futura Hale.

—Te ves muy bonita, mamá —la alabó Renesmee desde la entrada de su habitación, ella sonrió y le indicó que se acercara.

—Pues tú eres mucho más bonita —dijo Bella, acomodándole el cuello del abrigo— ¿Estás lista para irnos?.

—Síp —asintió.

—Bien, ¿no te molesta quedarte con Alice y Jasper, cierto? —Nessie negó y Bella sonrió para sus adentros. Claro que no iba a molestarle. Alice había planeado toda una noche para entretenerla y una habitación para cuando se durmiera. Por supuesto, ella no se iba a quedar toda la noche en la velada. Se aseguraba de que los invitados estuviesen bien instalados y cómodos en su fiesta y luego se iba a su casa, pero aún así la hora de salida dependía de cuanto se extendiera el cóctel previo a la cena.

Tomó su abrigo negro y se lo puso antes de salir del departamento y cerrar con llave. Normalmente, cuando iba para alguno de sus eventos salía muchísimo más temprano, pero Alice había prometido pasar a buscar a Nessie a las ocho en punto. Y allí estaba, embutida en su abrigo de marca de color morado.

Tomó la mochila de Nessie y su mano.

—Espero que sea una muy buena noche —dijo Alice alegremente.

—Eso espero yo también —sonrió Bella— Pero ya sabes que mis fiestas son las mejores de todo Chicago y hasta, me atrevería a presumir, de todo Estados Unidos.

—Vaya que eres presumida —se rió Alice.

—Adiós, cariño, te pasaré a buscar mañana, como acordamos con Alice, ¿de acuerdo? —la niña asintió y recibió gustosa un beso en la frente de parte de su madre.

Se despidió con la mano de ambas y luego se subió a su auto para dirigirse al salón de eventos Swan. Era un sitio que el mismo Emmett había diseñado para los propósitos de Bella, desde que sus eventos habían cobrado más fama de la realmente necesaria. Había tenido tanto éxito en su empresa que se compró un sitio más grande y le pidió a su hermano que le diseñara el lugar ideal para que todas las fiestas posibles fuesen celebradas ahí. Era llamada la mansión Swan.

Era un edificio de tres pisos, hecho de piedra y de vidrios. Tenía un amplio jardín con dos piletas situadas estratégicamente para darle una mayor impresión estética, que estaba dispuesto para fiestas en el exterior y tenía un montón de salas muy amplias que era habilitadas dependiendo de la ocasión y de quien contratara a la organizadora, o sea, Bella.

Bella dirigió su auto al estacionamiento que estaba tras el edificio y entró como siempre por la puerta trasera, que era en realidad la entrada principal a la oficina. Tenía un hall con cómodos sillones para la espera, un minibar y una oficina cerrada, pero de vidrio, que era la suya. Sólo ella y sus empleados entraban por ahí el día propio de la fiesta, porque los invitados y anfitriones de fiesta entraban por la entrada principal delantera, ya que contrataba a gente para que se encargara de los autos y llevarlos al estacionamiento.

El lugar de atención al cliente estaba ubicado de tal manera que Bella tenía entrada a la parte del servicio y de los salones. Y esta vez, el salón principal y los balcones eran el lugar donde se llevaría a cabo.

Bella dejó su abrigo y su bolso en la oficina y salió al salón principal, donde los garzones estaban dándole un último toque navideño. Sonrió muy pagada de sí misma y en cuestión de segundos, recibió al director del hospital y a su esposa, quienes eran los anfitriones de la fiesta.

El sitio no tardó en llenarse de los murmullos de las conversaciones de los invitados que iban llenando cada vez más el salón. La gente se veía satisfecha por el momento en el lobby. El comedor era único y se encontraba subiendo las escaleras de mármol que estaban justo en el centro. Y también tenía una amplia pista de baile. Los más jóvenes a veces se dedicaban a subir y bajar constantemente. Del comedor al salón principal y viceversa. Pero esta vez la gente no era tan joven.

Bella se metió en la cocina e inspeccionó una vez más el comedor. Caminando tranquilamente, se dedicaba a saludar a un que otro doctor que la reconocía y la mantenían en una breve conversación hasta que ella considerara prudente abandonarla sin parecer descortés y seguir recorriendo todo.

Regresó a la entrada donde el director aún seguía recibiendo a algunos pocos invitados.

—Sus invitados parecen satisfechos con su elección, doctor Reynold —se anunció Bella, delicadamente. El hombre mayor le sonrió de regreso.

—Lo sé muy bien, todo gracias a usted —Bella sonrió cordialmente ante el halago, pero no dijo nada— ¡Ah, pero qué bien! —exclamó de pronto mirando tras ella, donde estaba la entrada— Mire, déjeme presentarle a un joven doctor muy talentoso que se acaba de integrar a nuestro hospital. ¡Edward!.

Bella se paralizó, mientras los sonidos de la música y los murmullos parecían desvanecerse. Respiró hondo tratando de tranquilizar sus pulsaciones. Vamos, Bella. Existen más Edward's en el mundo, se reprendió mentalmente. Y se giró.

No podía ser cierto. Esto no podía estar pasándole a ella.

—Edward, te presento a la creadora de los mejores eventos de todo Chicago, Isabella Swan.

Bella lo miró y él le devolvió una intensa mirada, conteniendo una mueca. También la reconoció de inmediato. La atravesó con sus ojos verdes, haciéndola sentir extraña. Si cuando joven, Edward había sido un chico muy apuesto, los diez años que habían pasado, no lo habían hecho en vano sobre él. Seguía teniendo el mismo cabello cobrizo desordenado que a ella tanto le gustaba y la firmeza de sus facciones tan varoniles, pero los años habían acentuado y mejorado un cuerpo de escuálido adolescente, para transformarlo en el de un verdadero hombre, fuerte y varonil.

—Bella, él es Edward Cullen.


Diana: ¡Uh! Por fin ha hecho aparición nuestro amado Edward. Aunque en un principio, cuando comencé a escribir mi idea era hacerlos esperar más, pero esto le da más emoción a la historia. Como verán, es algo que los toma por desprevenidos, así que veamos como se las arregla Bella en el siguiente capítulo. Por supuesto, yo ya lo sé.

Espero que les haya gustado y perdonen si me salté algún error, porque estoy subiéndolo para cumplir con ustedes, porque ahora mismo voy saliendo y estoy apurada, así que eso.

Se me había olvidado decirles que voy a actualizar sí o sí los sábados. Supongo que pueden esperar una semana, hay varios fics muy entretenidos para leer por ahí, e incluso en fictionpress también hay historias muy buenas, personalmente les recomiendo 'Polos Opuestos' de xSmile.

Muchas gracias a: luuli_s, Roxa Cullen Malfoy, Miranda Kliese, viszed y danibellacs por dejar reviews, ya saben que son el alimento de los autores.

Y recuerden, dejar reviews es bueno para la salud.

¡Cariños!