Mentí.
No actualicé.
Realmente estaba trabajando :c
Las estrellas te guiaron el camino, pero nadie dijo nunca que sería fácil, liso, ni bueno.
Es más. No deberías haber hecho caso a simples astros de luz suspendidos en el espacio.
Castiel aspiraba el pedazo de tela en largos periodos de tiempo, alzando posteriormente la mirada hacia el cielo para fijarse en las constelaciones que le brindaban toda la compañía que necesitaba.
Mientras descansaba la cabeza contra el árbol, pensaba en el camino que los dioses le tenían preparado. Esperaba poder llegar a ser grande, a ser un héroe digno del más allá, como los hijos de los dioses.
Esperaba poder limpiar su nombre, vengarse por los acontecimientos pasados.
Esperaba una señal que le demostrara que su vida no iba a acabar de aquella manera. Evocando recuerdos sobre el pasado en cualquier segundo a solas, siendo un paria y una vergüenza para los suyos.
Se volvió a fijar en el cielo, en como los brillos de las estrellas le permitían escuchar las voces de los dioses, pero ese día estaban extrañamente silenciosos.
No era secreto que los Berserks eran una raza creada por los Dioses, y ese mismo hecho les otorgaba ventaja, secretos y habilidades de las que muchas otras razas carecían.
Los Berserks habían sido instruidos en la lectura de estrellas, cada vez eran menos los que recordaban esa capacidad, pero favorablemente para él su familia era de esas que creían en las tradiciones, que las habían impuesto como algo sagrado, y el leer las estrellas era una de esas cosas que se legaban con cada generación.
El idioma de los Dioses. Él sabía hablarlo. Y ojalá lo hubiese leído aquel fatídico día, pero no.
Aquel día permanecieron en silencio, como este.
La inquietud inundó su cuerpo. ¿Qué maldito problema pondrían ahora en su camino?
Esperó durante horas. Dos. Tres… Hasta que la luna se colocó como matriarca del cielo, y los árboles y todo el pasto se bañó con sus rayos.
Sus sentidos percibieron un ruido, pequeños pasos a gran velocidad, como si un niño estuviese correteando por el bosque. Castiel guardó el pedazo de tela.
¿Los Dioses le enviaban un niño?
Sin embargo lo que apareció fue mucho más. Mucho más alta. Mucho más bella. Mucho más singular que un simple niño.
De entre los árboles apareció una mujer. Hermosa. Y desnuda.
El aliento se le quedó atascado en la garganta.
Era imposible, las estrellas brillaban en su piel y le hablaban más que el propio cielo. Aunque el pelo se le pegara al cuerpo y le permitiera ver las estrellas, seguía sin entender parte de sus mensajes. ¿Era esto lo que le ayudaría? ¿Una mujer desnuda perdida en el bosque iba a ser su salvación?
Se ató la bolsa al cinturón y alzó su cuerpo lentamente. Era dos metros de hombre, aterrador si se veía como el monstruo que era, pero en ese momento, parecía un cachorro. Añorante y confundido que no entendía el plan de los Dioses.
Dio unos cuantos pasos, saliendo de la penumbra que le otorgaba las hojas del árbol y se mostró a la luz de la luna. Si el cielo se mantenía en silencio, tal vez ella le mostrase su camino. Quería saber, ¿qué era? ¿Una enviada de los dioses? ¿Una criatura del bosque? Fuese lo que fuese, se acercaría.
De manera mecánica y sin que él hubiera terminado de procesarlo sus pies ya habían comenzado su camino.
¿Era real o su mente le estaba jugando otra mala pasada?
Necesitaba descubrirlo.
*.*.*.*
Aquella impresionante bestia llamada hombre se estaba acercando.
Y ella estaba desnuda.
Ahora desnuda y caliente. Maldita sea.
Podía percibir su poder, ¿un Einherjar? ¿Tal vez un Berserker?
No sabía diferenciarlos porque jamás había visto a ninguno de ellos, pero sabía como eran sus auras.
Aquel bardo hombre, dos metros de puro músculo y masculinidad se veía terrorífico, si lo hubiesen visto alguna de sus compañeras habrían salido gritando y lloriqueando, pero a ojos de Orfeo era hermoso, casi como un Dios, con un aura atrayente y peligrosa.
Justo sus favoritos.
Y estaba caminando directamente hacia ella.
Si llevara bragas necesitaría un cambio.
Cuando lo tuvo a dos pasos ella retrocedió tres, con cada paso que él se acercaba ella retrocedía dos, no con miedo sino tentando, probando si realmente era tal su curiosidad como para seguirla, porque de ser así su plan ya podía comenzar a formarse en su mente.
Sus pies se movían ligeramente, hacia atrás, como si danzara. Los de aquel hombre eran pesados, fuertes. Realmente parecía que la estaba arrinconando, pero no puedes cazar algo que ya te estaba cazando a ti.
Acabado el camino y con un árbol obstaculizando su huída la piel en su espalda se raspó con suavidad contra la corteza. En los labios de Orfeo floreció una sonrisa petulante, una que planeaba muchas cosas, todas misteriosas y conocedoras únicamente por su portadora.
Esperaba con todo su ser que aquel hombre fuese la ayuda que había pedido desde que tuvo uso de razón y se dio cuenta de su situación.
Esperaba que la curiosidad de aquel guerrero fuese mayor que todo lo demás, porque así lo necesitaba.
Orfeo le hizo un movimiento de mano, incitándolo a agacharse para susurrarle en la oreja. Un secreto, gritaban sus ojos, te voy a contar un secreto.
*.*.*.*
No parecía que fuera una diosa, se dijo Castiel, o por lo menos no le entraban ganas de luchar contra ella a la primera de cambio para lograrse el Valhala, como ocurrió hace cincuenta años tras encontrar en unas costas de Groenlandia a una mujer, la cual resultó ser la Diosa Tique.
Aquello no acabó muy bien.
Ella parecía más... Una profecía. Las estrellas de su cuerpo le mostraban una canción, de las mejores que había leído, nada parecido a lo que se cantaban en las tabernas de Drakenheim o de Jormund, allí solo había canciones de peste. Pero ella no, la suya le estaba reclamando, de alguna forma.
Descubrió su nombre entre las estrellas de esa joven, pensó que lo había olvidado hacía tiempo, pero no, ahí estaba.
Su nombre. Había desaparecido junto a su amada. Pocos eran los que lo mencionaban ya.
Se siguió acercando, sin siquiera pensar que ella podría estar jugando con él. Él solo seguía la voluntad de las estrellas, las que le habían guiado hacia la casi inmortalidad, hacia el poder, y muy a menudo, hacia el silencio.
Barajó la posibilidad de hablar y decirle que era una profecía, que debía acompañarla, pero le pareció una total falta de respeto hacia ella. En ese momento, era su guía, su musa, su diosa. Ella sería su salvación. Algo en su interior le decía que ella podría apagar los remordimientos que no se detenían dentro de él.
No se agachó, no sería suficiente, hincó una rodilla en el suelo, quedando a la altura de los senos de la ninfa, fijando la vista en ellos. Leyó de su pecho hasta sus pies, de arriba abajo, evitando hacer ningún tipo de sonido con la garganta.
De nuevo, sus estrellas cantaban.
Alzó sus orbes plateados lentamente y esperó a que ella le contara lo que quería contarle. Reconocía esa mirada, la mirada que guardaba mil secretos, aunque solo uno fuese destinado para él. Pestañeó, descubriendo las facciones cicatrizadas que recorrían su rostro. Su ojo derecho, y casi todo ese lado de la cara, curtido por cicatrices de garras. Aun así, parecía un hombre apuesto. Aguerrido, pero apuesto. Y sobretodo intimidante.
*.*.*.*
Orfeo observó sus ojos. Él parecía estar hipnotizado, y quizás lo estuviera. No eran muchos los hombres que la ignoraban, y no era por echarse flores, sino que pocos resistían el encanto de una ninfa, mucho menos una que parecía un manto de estrellas.
Se sentía como una planta carnívora atrayendo a su presa, una araña tejiendo la tela alrededor de él.
Se sentía como Ptono, cerrando el collar alrededor de su cuello.
Quizás lo fuese, quizás se estuviese poniendo a su nivel, porque dudaba que ese guerrero se imaginase a qué tipo de situación lo iba a llevar.
Si lo que su mente había planeado salía bien pronto habría un Dios furioso clamando por la cabeza de aquel hombre.
Debería sentirlo, pero mejor tú que yo. Y estoy segura de que si alguien puede lograrlo no soy yo.
No dejó que la lástima le picara, eso sería una ofensa, porque él se veía como un gran guerrero. Uno que sin duda podría ganar una guerra cruzada contra Ptono.
Acarició su mejilla sin mostrar ninguna expresión, sus ojos dorados lo observaban, detallando cada cicatriz, cada célula. Él iba a ayudarla, quisiera o no, y no iba a permitir que se echara atrás.
Poco a poco la telaraña se estaba volviendo más grande, el olor más asfixiante.
Estaba decidida. Podría haber sido cualquiera, pero no, él era quien estaba allí. En el sitio correcto en el momento correcto.
Y saldría victorioso. Y ella sería libre.
Su mano descendió hacia su barbilla y los dedos danzaron en una caricia, una caricia que se volvió brusca.
Con poca fuerza tiró de su mentó hacia arriba y sus labios cubrieron los del guerrero. Primero explorando, esperando que no la rechazara.
¿Quién rechazaba a una ninfa? Solo un loco. ¿Quién la rechazaba a ella? Nadie. Ni los Dioses.
Tenía el pecaminoso conocimiento amplio de una fulana que es capaz de complacer tanto a hombres como mujeres y la apariencia dulce y atrayente de una ninfa.
¿Qué más se podía pedir?
Ella libertad.
Algún día actualizaré Rot. No prometo nada porque ya ven lo que pasa xd
