CAPÍTULO 2 FUEGO EN EL CIELO
Ben Cheney tenía veinticuatro años, era trabajador a tiempo parcial en la gasolinera de la calle Watts y no sabía que esa calurosa tarde de verano iba a morir.
Su turno estaba siendo especialmente aburrido, bastante más que los días anteriores; no eran muchos los atrevidos que se animaban a salir a las siete de la tarde en pleno agosto y con un sol de justicia. El asfalto ardía como un condenado a pesar de que muy pocos coches habían pasado por la gasolinera. Quería marcharse a su casa de una puñetera vez, necesitaba sentarse frente al ventilador mientras se tomaba una cerveza fría con tan sólo unos calzoncillos puestos; la estúpida gorra que llevaba con el logotipo de la gasolinera se le pegaba a la cabeza por el sudor, los mosquitos se estaban cebando con él y para colmo Fred, el vagabundo que solía dormir en la esquina de esa misma calle, se había refugiado del sol bajo el techo de la gasolinera. A Ben no le importaba porque donde estaba no molestaba mucho; siempre que no molestase a los posibles clientes le daba igual que el hombre se echase una siesta bajo la sombra.
Lo malo es que llevaba al menos dos horas sin moverse.
Ben le había estado observando desde que llegó tambaleándose para finalmente echarse. No estaba seguro, pero podían ser más de dos horas las que llevaba ahí tirado…Quizás el viejo se había pasado con el vino de tetrabrick….o quizás le había dado una puñetera insolación. No sabía qué hacer. Quería comprobar que ese viejo loco chiflado estaba bien, pero no podía dejar su puesto de trabajo. Esa era una norma que si la incumplía podía acabar en despido y, a pesar de que odiaba su trabajo, no podía permitirse el lujo de perderlo.
Desde su puesto tras la caja registradora y rodeado de chicles y bolsitas de patatas y snacks observaba a Fred. Bajo esas gruesas capas de ropa y desde esa distancia no podía asegurar que el viejo respirara con normalidad. Se quitó la gorra, se pasó la mano por el pelo humedecido por el sudor y suspiró sonoramente.
Oh, vamos…Sólo serían dos minutos.
Iría a ver cómo estaba Fred; si resultaba estar durmiendo la borrachera se aguantaría las ganas de darle una tremenda patada en el trasero. Si se diese el caso la otra opción…si Fred no estuviera en condiciones llamaría a emergencias y listo.
No iba a tardar nada.
Cogió las llaves de la puerta, puso el cartel de "Vuelvo en cinco minutos" y cerró para que ningún ladronzuelo de poca monta pudiera robarle en la tienda. Cada paso que daba atravesando la zona de surtidores era una gota más de sudor que se le escurría por la frente. No le extrañaba nada que a este hombre le hubiera dado una lipotimia con toda esa ropa que llevaba encima. Cuando llegó a su lado, Ben se agachó un poco aunque se retiró enseguida. El pobre condenado olía como los mil demonios, no quería saber el tiempo que llevaba sin ver el agua en persona.
—Fred….¡Fred! —no quería tocarlo con las manos porque no sabía dónde exactamente había estado ese abrigo con anterioridad, pero tampoco podía dejarlo ahí. Alargó el pie y le zarandeó con cuidado — Fred…¡Oh, venga! Tengo que volver a la tienda…¡despierta de una puta vez! —dijo dándolo con un poco más de fuerza.
Como si le hubieran dado una orden infranqueable, Fred despertó.
Justo en ese momento Kate conducía como una loca por las calles de Manhattan para llegar lo antes posible al Memorial Hospital. Su hermano Embry, de diecisiete años, se había levantado algo enfermo. En un principio Kate no le dio la mayor importancia, los síntomas eran parecidos a otro de los muchos virus que a su hermano le "encantaba" coger. Siempre había sido un niño bastante débil y enfermizo; todo el mundo les decían a ella y a su madre que eso pasaría cuando el niño tuviera cinco o seis años, cuando su cuerpo tuviera más defensas. Su hermano cumplió cinco, seis, dieciséis años…y seguía igual. Ahora, a punto de cumplir la mayoría de edad, seguía con lo mismo. Incluso peor.
Por eso Kate pensó que lo de esta mañana se trataba de un síntoma vírico más.
En eso no se equivocaba.
Embry había estado toda la mañana y parte de la tarde metido en la cama sudando casi a chorros y con una fiebre cada vez más y más alta…y hacía escasos treinta minutos había comenzado a respirar de una forma muy superficial, apenas movía su pecho en cada respiración. Tal era la superficialidad de esas respiraciones que J¡Kate le había acercado un espejo a la nariz para comprobar que se formaba vaho. Entonces no dudó en sacar a su hermano de la cama con ayuda de un vecino y bajarlo hasta su coche para llevarlo a toda prisa hasta el hospital más cercano a que le administraran algún tipo de antibiótico o suero….Si Kate hubiera estado pendiente de las noticias de ese día, habría sabido que su hermano ya había contraído el virus NS10.
Pero no sabía nada de eso.
Se enteró de eso cuando dio un volantazo para no chocarse en una de las intersecciones por la velocidad a la que estaba conduciendo. Fue entonces cuando su hermano se despertó aturdido en el asiento trasero. El movimiento del coche lo llevaba de un lado a otro; se sentía como si estuviera bajo el agua, como si sus oídos, sus pulmones y su boca estuvieran sumergidos en el agua y lodo. Tampoco veía bien. Era como si sus ojos no pudieran enfocar realmente. No lo hacían. No podían hacerlo.
Porque estaba muerto.
En cambio podía oír con claridad, mucho mejor que cuando sus constantes vitales funcionaban a pleno rendimiento. En realidad sólo podía oír algo, no era el ruido del tráfico y de las bocinas del exterior. No era el ruido del motor del coche de su hermana. No. Era un sonido constante y rítmico. Un sonido que le hacía salivar, que le hacía desear algo…aunque técnicamente no era posible.
Boom.
Boom.
Boom.
Si el muchacho hubiera estado vivo habría asemejado ese sonido con los latidos del corazón de su hermana mayor. Pero en ese momento en el que el virus recorría todo su torrente sanguíneo con más fuerza que nunca ya no la reconocía como su hermana. Ya no era Kate. Sólo reconocía el sonido que desprendía su cuerpo. Y ese olor. Tenía hambre. Su cerebro, epicentro y dueño de todo su sistema nervioso infectado, le pedía alimento.
Carne.
Carne caliente. Como un animal que deseaba a su presa con todas sus fuerzas Embry se levantó del asiento trasero y se abalanzó hacia adelante para atacar a Kate. Por supuesto que lo hizo. Primero le dio un mordisco superficial en la cara, apenas arañó la piel de su hermana con los dientes.
—¡Embry! —gritó Kate —¡Embry, por el amor de Dios! —se giró para ver qué demonios intentaba decirle su hermano, pero sólo se encontró con un par de ojos blanquecinos desenfocados —¡Cálmate, por favor! ¡Ya llegamos al hospital!
Pero a Embry le daba igual llegar o no al hospital. Cada segundo que pasaba era un segundo más que se ponía rabioso por no conseguir lo que quería. Sólo quería conocer de primera mano el caliente lugar del que procedían esos malditos y atrayentes ruidos. Tenía la necesidad de acabar con ellos porque, de alguna manera, sabía que así iba a obtener su alimento.
De nuevo mordió a Kate.
Y esta vez fue en serio. Sus dientes arrancaron un pedazo de carne del cuello de Kate mientras esta veía todo desde el espejo retrovisor. En ese extraño segundo en que Embry la mordió comprobó con un deje de morbo cómo su hermano le clavaba los dientes en la piel y se manchaba los labios con su sangre. La había mordido. La había mordido y la había arrancado parte de su cuello. Por extraño que pudiera parecer no le dolía, miraba esa cruel herida a través del espejo y no sentía dolor. No era consciente de las calles ni de los demás coches, sólo de su reflejo macabro en ese espejo. Eso le hizo perder el control del coche.
Para el próximo mordisco que le propinó Embry, Kate ya estaba muerta.
Dos segundos después de que eso pasara Ben, tras descubrir el estado en el que estaba Fred y en lo que se había convertido, vio con horror cómo un coche azul perdía el control y se dirigía directamente hacia ellos tras arrancar de cuajo uno de los surtidores de gasolina. Lo último que vio Ben antes de morir fue una gran boca de fuego alzarse sobre su cabeza. Él nunca lo sabría, pero casi el noventa por ciento de la población mundial lo envidiaría durante los próximos días…toda esa gente hubiera preferido morir en ese momento, ese día y de esa manera….
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Después de la explosión hubo un tremendo momento de confusión en el que las horribles noticias que acabábamos de escuchar quedaron en un segundo plano. Todos los que estábamos en la sala de ocio fuimos casi corriendo a asomarnos por los ventanales; no muy lejos de donde estábamos, a dos o tres manzanas como mucho, se alzó una breve bola de fuego hacia el cielo. La alarma y los teléfonos empezaron a sonar como locos.
—¿Qué cojones ha pasado? —preguntó Mike.
—Ha sido muy cerca de aquí —murmuré —Humo negro, chicos…¡la gasolinera de la calle Watts! —grité —¡Moved el culo de una puta vez! ¡Vamos, vamos, vamos!
Al parecer mi grito de guerra los hizo espabilarse ya que después del momento de confusión inicial todos se apresuraron a prepararse. Comenzó el caos organizado…Yo les seguí, evidentemente. El humo del incendio era más negro que la vida y si a eso le sumamos una explosión de la hostia era evidente que no me había equivocado. Sin duda alguna el incendio provenía de la gasolinera.
Seguí a los chicos hasta la barra y bajé con ellos mientras los primeros empezaban a preparar los equipos. Sin molestarme a quitarme los vaqueros tomé prestados unos pantalones protectores y una chaqueta. Cogí uno de los cascos y me dirigí al camión número tres de la brigada listo para subirme.
Una mano en el hombro me lo impidió.
—¿Dónde coño crees que vas? —no me sorprendió nada ver a Jasper. Le miré a los ojos mientras me ponía el casco.
—Nada, aquí…me apetece dar una vuelta y me he subido al camión a ver la puñetera ciudad, no te jode…Voy a echar una mano. El fuego se ha originado en una gasolinera, por el amor de Dios…
—¡Estás fuera de combate! No puedes venir, sería peligroso en tu estado…¡estás enfermo! Quítate ahora mismo ese traje, baja de ahí y no me toques la moral. Tenemos que salir de aquí como si tuviéramos un petardo en el culo —negué.
—Ni hablar —terminé de sentarme en el camión —Estoy con vosotros, no voy a quedarme aquí sentado mientras se presenta una salida tan peligrosa —Jasper apretó con fuerza su casco…y finalmente se subió al camión.
—Eres un jodido cabezota. Si te pasa algo es responsabilidad completamente tuya y solo tuya —murmuró —Para la suerte que nos estás dando te podrías haber quedado en tu puta casa, tío….con lo tranquilos que estábamos —ese comentario casi me hizo sonreir.
—Tengo síndrome de abstinencia…necesito adrenalina.
—Sí, y un puñetero inhalador para tus pulmones bien jodidos —dijo Jasper sin molestarse en mirarme —Al menos tenemos equipos de oxígeno por si la gripe no te deja vivir —murmuró irónico.
No pude contestarle; en menos de dos minutos llegamos al lugar del siniestro. Antes de que el camión parase definitivamente los chicos y yo ya estábamos en el suelo. Podía parecer un poco macabro por mi parte, pero echaba de menos la acción que me brindaba mi trabajo.
La situación era un maldito caos.
Un coche, al parecer un Ford azul casi tan viejo como mi camioneta estaba completamente en llamas; la pobre persona que lo conducía no tenía la mínima posibilidad de sobrevivir, eso si no había fallecido durante el tremendo impacto. El coche se había llevado por delante el surtidor número tres de la gasolinera. Lo había derribado y arrastrado unos metros hasta casi chocarse con la pared de la tienda veinticuatro horas. Gracias a los cielos los surtidores tenían un mecanismo inteligente que hacía que los depósitos se cerrasen de forma hermética en caso de fallo, choque o cualquier tipo de inconveniente, minorizando así el riesgo de explosión.
Con una por noche teníamos suficiente.
Ahora nuestra tarea principal era intentar por todos los medios apagar el maldito fuego del coche y evitar que el tanque terminara de reventar por la gasolina de su interior.
—¡Alejad a la gente! —gritó Jasper —¡Vamos, vamos! ¡Ya!
Una gran multitud de curiosos se acercaron a ver este macabro espectáculo. Con lo jodidamente peligroso que era y aún así la gente se acercaba más y más. Gracias a los cielos empezamos a oír no muy lejos las sirenas que nos indicaban que la policía venía en camino. Necesitábamos refuerzos y los necesitábamos ya.
Entre Félix y yo preparamos una de las mangueras de anhídrido carbónico, más conocido como nieve carbónica por su consistencia. Me bajé la visera del casco y me acerqué hacia el coche incendiado con esa mole de carne que era Felix y con la manguera entre mis manos.
—¿Preparado? —gritó mi compañero desde atrás.
—Dale caña, campeón.
Un segundo después empecé a bombardear el coche con esa nieve blanca. Esta mierda era la ideal para apagar fuegos provocados por acelerantes como la gasolina; la alta cantidad de dióxido de carbono eliminaba el oxígeno que daba de comer al incendio. Entonces se obraba la magia y las llamas se extinguían poco a poco. De esa manera le iban a dar mucho por el culo a las malditas llamas.
El olor de la gasolina quemada, el dióxido de carbono y mi puñetera gripe me provocaron un pequeño ataque de tos, pero no paré en mi empeño. Jasper y Mike se acercaron a nosotros como equipo de apoyo.
—¡Vete, Edward! —dijo mi amigo —Puede seguir otro en tu lugar.
—¡Y una mierda! Este fuego lo apago yo como me llamo Edward Masen —no estoy seguro de lo que murmuró Jasper, pero estoy seguro de que no fue nada bueno.
—¿Habéis aislado todas la tomas eléctricas? —gritó Felix.
—Ya está hecho, amigo…los chicos están terminando de revisar el cuadro eléctrico—dijo Mike —¡Necesitamos que vayáis enfriando la zona a la de ya!
No hizo falta que Newton terminara su frase. Dos compañeros ya estaban preparados para enfriar la zona, teníamos nuestros culos sobre los depósitos de la gasolinera, es decir, una cantidad imposible de combustible con el que no nos convenía nada jugar. Los tanques estaban cerrados impidiendo que los gases se inflamaran y liaran una buena, pero no podíamos correr riesgos. Mientras nosotros avanzábamos según íbamos apagando el fuego, nuestros compañeros iban enfriando el perímetro.
Por el rabillo del ojo vi cómo dos patrullas de policía acordonaban la zona haciendo retroceder a los más curiosos hasta dejarlos en el límite de la zona de seguridad.
—¡Chicos, un poco más!
Las últimas llamas se extinguieron con otra bocanada más de dióxido de carbono. En cuanto el coche estuvo libre de fuego Félix se apresuró a ir a por el camión para remolcar al automóvil fuera de la isleta de la gasolinera; aún podía quedar combustible en el depósito. En cuanto en grandullón bajó del camión enganchamos el Ford para sacarlo de ahí. Fue entonces cuando vi las dos figuras totalmente calcinadas en el interior.
—¡Dos víctimas! —le grité a Jasper.
—Y aquí otras dos. Al parecer el coche no sólo se chocó contra el surtidor. Ya es mala suerte estar en este sitio en ese justo instante…
Quise contestar a mi amigo, quise acercarme hasta él para averiguar lo que había pasado…pero no pude. Me alejé todo cuanto pude de la zona del siniestro y me quité el casco entre jadeos ahogados. Mientras había estado en activo no me había dado cuenta del estado en el que se encontraba mi cuerpo, de lo cansado que me encontraba. Me quité la chaqueta empapada de mi propio sudor y me quité la camiseta llena de agujeros que me había puesto esa misma tarde.
No me encontraba bien.
El ataque de tos que me dio fue de los que hacen historia; demasiado bien se había comportado mi cuerpo estando aún convaleciente. Tuve que separarme de los restos humeantes para poder respirar bien. Me llevé una mano al pecho desnudo mientras seguía tosiendo. Necesita agua, necesitaba respirar...Sentía silencio a mi alrededor, pero no me molesté en mirar qué demonios sucedía ahora. Sólo era consciente del poco aire que llegaba a mis pulmones.
Entonces sentí algo en mi cabeza. Algo frío sobre mi sien febril...una pistola...Escuché con horror como quitaban el seguro.
—No se te ocurra moverte, hijo —murmuró una voz de hombre. Intenté mirar de reojo; era un hombre a punto de jubilarse vestido con un uniforme de policía. Alcé las manos para que viera que no iba a hacer nada.
—Soy bombero…soy compañero….Me…me he quitado la chaqueta, sólo es eso…
—Eso ya lo se, hijo….—en mi campo visual apareció quien menos esperaba ver; la guapa morena del Volvo. Esa que acaparaba mis pensamientos más ridículos y también los más calientes. Tragó en seco y miró a su compañero. Luego me miró a mi…y también sacó su pistola, aunque no me encañonó. Se limitó a empuñarla apuntando al suelo.
—Swan….posible infectado —murmuró el hombre.
—¿Qué? —grité —¿Cómo que infectado?
—¡Cállate y no te muevas! —en ese momento la gente que se arremolinaba en el perímetro de seguridad pareció despertar. Se oyó un "oh" generalizado…muchos de ellos se apartaron unos cuantos metros más…otros se largaron de allí como si les persiguiera el diablo —Te llevaremos al hospital lo antes posible…tranquilo, muchacho…—miré a mi morena particular. La pobre no sabía que hacer, me miraba a mi y luego miraba a su compañero.
—No…¡no estoy infectado! Sólo tengo la gripe…¡sólo es eso, joder! —la pistola se pegó más a mi sien —¡Jasper!
—Swan, llama al Centro de emergencias especiales. Diles que tenemos un nuevo caso de….
—¡No estoy infectado! —gracias a Dios llegó Jasper. Mi amigo miró horrorizado la escena y no me extrañaba nada…
—¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Por qué retienen a mi compañero? —Jasper miró a los dos agentes —Soy el jefe de bomberos del escuadrón número dos del distrito de Manhattan, joder…Ahí hay dos cadáveres más. Deberían esclarecer las causas del accidente en vez de retener aquí a mi compañero.
—Diles que no estoy infectado, por favor…¡dicen que tengo el puto virus ese, Jasper! —dije desesperado.
—Swan…llama a emergencias —repitió el agente ignorando completamente a Jasper. La morena, Bella, no se movió de su sitio —Llama ya…
—Hey, no…¡no! —dijo el rubio cuando vio que la morena llevaba su mano al walkie —No, no está infectado…Sólo es la gripe. La puta gripe…
—Harry —murmuró la morena.
—Parece la gripe pero no lo es —murmuró el tipo de la pistola —Swan, llama de una puta vez…
—¡No! ¡No llames! —gritó Jasper —Lleva fuera de combate una semana….¡una semana! Ese virus evoluciona en horas, ¿no?
—Me da igual. Este muchacho tiene los síntomas y…
—Harry —repitió la chica.
—¡Y he dicho que llames de una puta vez a emergencias!
—¡No! —grité.
El disparo nos sobrecogió a todos. Sobre todo a mí. La bala no había salido de la pistola del tal Harry, más que nada porque yo seguía en pie…y con vida.
Había sido Bella la que había disparado.
La poca gente que quedaba cerca de la cinta de seguridad desapareció; si lo llego a saber le hubiera pedido que disparara antes para alejar toda la zona de curiosos. Cuando la miré aún mantenía la pistola en sus manos por encima de la cabeza y en su cara se podía ver un rastro de inquietud. Había lanzado una llamada de atención sobre nosotros.
—¡Callaos de una maldita vez todos! —gritó con rabia mientras las ambulancias llegaban al lugar —Deja de llevarte por la histeria, Harry…¡Tienes que mirarle los ojos! ¡Mírale los ojos!
Jasper y yo nos miramos. Harry tragó el seco. La morena bajó el arma. Mientras tanto el equipo de médicos de una de las ambulancias revisaba los cadáveres calcinados del exterior del coche.
—Swan, ven aquí y espósale —abrí mucho los ojos. Jasper dio un paso al frente.
—¿Cómo?
Bella puso el seguro a su pistola y sacó las esposas. Si no hubiera estado en esta situación tan extrema podía haber hecho algún comentario caliente y poco caballeroso en cuanto a las esposas…pero no era el momento ni el lugar. Con una fuerza que no se apreciaba a simple vista me cogió de los brazos desnudos y me los llevó a la espalda para esposarme.
—No quiero correr riesgos con esto—me aclaró el policía —Abre bien los ojos, muchacho…
Miré de reojo a Jasper, pero aún así le hice caso a Harry. Luego sentí un fogonazo de luz haciéndome que me doliera la puta cabeza. El muy cabrón me había enfocado directamente a los ojos con una linterna super led. Segundos después la apagó y miró a la chica.
—Swan, quita las esposas a este hombre…—Jasper respiró tranquilo, aunque sabía de sobra que yo no tenía nada extraño. Swan, Bella….en resumidas cuentas, la morena, volvió hacia mi y se puso a mis espaldas —Aún así no estaría de más que te revisara un médico.
—Eso ya está hecho, amigo —dije de manera irónica mientras las delicadas manos de Bella me quitaban las esposas —Si no de qué iba a tener los bolsillos llenos de antibióticos —miré de reojo a Bella. Bien…ella a mi me ignoraba…
—Esto es de locos —murmuró Jasper mientras yo me ponía de nuevo mi camiseta aún carraspeando —¿Os han dado información sobre ese virus? Nosotros no sabemos una mierda sobre eso, sólo lo que hemos visto por la televisión…—Bella frunció los labios y Harry negó.
—Tampoco sabemos mucho más. Ese jodido bicho se está extendiendo como la pólvora. Cuando han querido cerrar las fronteras el maldito virus ya estaba volando por medio mundo —el gesto del hombre se puso aún más serio —Ya sabeis como van de rápido estas cosas…
—No…no puede ser tan malo como aparenta —murmuré.
—Sí lo es, hijo….sí lo es….—miré de soslayo a Bella, pero ella me apartó la mirada al segundo. Se notaba a la legua que no estaba cómoda.
—¿Qué le has mirado a mi amigo? ¿Cómo sabías que no estaba infectado sólo mirando sus ojos?
—Sólo nos han dado nociones básicas de cómo funciona este virus…De todos modos me parece que ni los médicos ni los especialistas tienes ni puta idea de qué es todo esto. No entiendo por qué a vosotros no os han informado de la última hora…
—Hemos tenido una tarde movida —murmuró Jasper. El policía suspiró.
—A parte de los síntomas típicos de una gripe, los infectados por este virus tienen los…
Un grito aterrador y desde el fondo de la garganta de quien lo emitiera impidieron al agente continuar con su explicación. Él y Bella se llevaron las manos a su revolver de manera instintiva.
—¿Qué coño ha sido eso? —dijo Jasper mirando hacia todos lados.
—Oh…Oh, Dios…Oh, Dios….—miré a Bella. Estaba aún más pálida de lo que ya era y miraba en una dirección fijamente. Sacó de nuevo su arma y se posicionó para disparar.
Miré hacia donde todos miraban.
Por todo lo sagrado…Si esta tarde había tenido alguna duda sobre lo que Jasper podría haber visto en el incendio del Anatómico Forense, ya se habían despejado por completo. Era de locos lo que estaba viendo delante de mis narices.
Uno de los cadáveres, una persona totalmente calcinada y aplastada después del accidente, estaba atacando a uno de los paramédicos. Le estaba mordiendo. Le agarraba con una fuerza sobrehumana, le tenía totalmente apresado mientras le mordía en el hombro. Los gritos del hombre eran escalofriantes. Bella y Harry empuñaron sus armas y avanzaron poco a poco hasta el lugar donde estaba ocurriendo el ataque. Miré a Jasper totalmente acojonado; eso no lo podía negar.
—Esto es imposible —susurré.
—No…no lo es —me contestó el rubio.
—¡Joder! ¡Mierda! —gritaba el hombre —¡Me está mordiendo! ¡Me está desgarrando!
—¡No te muevas! —le gritó Harry al médico —¡Voy a disparar! ¿De acuerdo?
A ese pobre hombre no le dio tiempo a responder. Otro disparo resonó en la calle. Y esta vez impactó justo en la cabeza de esa cosa que estaba atacando al médico. Una cosa estaba clara. Harry, a pesar de los años que llevaba encima tenía una puntería de puta madre.
Despacio, muy despacio nos acercamos los cuatro a ver el estado del médico.
—No le toquéis la herida —murmuró —Está infectado.
—Mierda —murmuré.
El hombre se retorcía de dolor en el suelo mientras se agarraba el hombro con fuerza. A su lado descansaba el cadáver de esa cosa que un día atrás había sido una persona. Dios mío….¿qué coño era esto? Harry se agachó a una distancia prudencial ante nuestra atenta y acojonada mirada.
—Vamos a llamar a los servicios especiales, hijo —el hombre parecía no oírle. Sólo sollozaba y se retorcía en el suelo —Cálmate, pronto pasará todo.
—Me voy a convertir en una cosa como esa, joder…—dijo llorando —No quiero convertirme en eso….
—¡Hostia puta! —todos nos giramos al escuchar el grito de Bob, uno de mis compañeros —¡Necesitamos médicos aquí! Una de las víctimas del interior está viva —Bella y Harry se miraron y luego nos miraron a nosotros.
—Eso no es técnicamente posible. Simplemente la temperatura del interior y el humo ha tenido que acabar con ellos —expliqué.
—Pues ven aquí y míralo por ti mismo —dijo Bob levantando su mano para que la viéramos; se había quitado el guante…tenía sangre en la mano—Una de estas personas acaba de morderme la mano al intentar sacarla —silencio…silencio absoluto. Harry se levantó del suelo dejando ahí al pobre médico llorando y murmurando.
—Pues ya podeis ir despidiéndoos de vuestro compañero —nos dijo a Jasper y a mi en un susurro—Ese pobre tipo tiene razón…acabará convertido en una cosa de esas…
—Me niego a creer eso —murmuré —Necesitamos ambulancias, necesitamos ir al hospital…
Pero a esas alturas yo no sabía que nuestra visita al hospital supondría el principio de nuestro final. Para entonces, el hospital ya se había convertido en una puta ratonera infectada….
Qué os ha parecido el capítulo? Ya empieza la acción, jejeje. Qué os ha parecido Bella como policía? En el próximo capi tendrá más protagonismo e interacción con Edward…
Muchisimas gracias por todos vuestros comentarios
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Este ha sido un capi de transición…Bella irá tomando también más protagonismo y veremos qué les sucederá a los infectados.
Muchisimas gracias por apoyar esta locura, de verdad! Nos leemos la semana que viene, un besote!
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO
—Tenemos que salir de aquí —murmuró Bella.
—No podemos irnos…Nuestro compañero Bob aún está dentro, no sabemos nada de él —Bella se levantó y me encaró.
—¿Has mirado a tu alrededor? —espetó —Mira cómo la gente corre por los pasillos huyendo de algo que ni siquiera conocen. ¿Quieres esperar a tu amigo? Bien, hazlo…espera aquí sentado a que salga por esa maldita puerta un poco más muerto que antes. Quizás te agradezca el hecho de haberle acompañado hasta aquí con un mordisco en el culo…—abrí mucho los ojos —No te preocupes…si pasa eso con mucho gusto te meteré una bala en la cabeza…
