THE ONLY EXCEPTION
.
3.
.
-¡Joder Cato! –grita Peeta al chico que está enfrente nuestro.
Peeta me mira y yo a él con una expresión de sorpresa. Después vuelve a fijarse en su amigo en la puerta con una sonrisa de oreja en oreja. Él me suelta y me deja ir.
-Yo… no quería interrumpir. –el amigo posa su mirada a Peeta para luego pasarlas a mí. –Hola. –me saluda.
-Ho… hola. –tartamudeo.
-¿Qué haces aquí? –le pregunta Peeta molesto.
-Llamé al hotel y me dijeron que ya no te hospedabas allí así que supuse que tus padres ya te habrían encontrado. –cuenta. –Me dijeron que estabas en tu habitación… y mira qué sorpresa.
-Yo… -intento entrar en su conversación. –Me encanta escuchar conversaciones de chicos pero ahora mismo esto es muy incómodo. ¿Podríais ir en otra parte? –miro a Peeta directamente.
-Claro. –responde y se aclara la garganta. –Vamos. –le dice a su amigo mientras camina por la puerta.
-Espera… -le dice su amigo. -¿No me vas a presentar?
Peeta suelta un suspiro profundo y le dedica una mirada asesina.
-Katniss, éste es mi molesto amigo Cato. –Cato me dedica una gran sonrisa. –Cato, ella es Katniss. Mis padres son sus tutores.
-Encantado Katniss. –me saluda muy amablemente. -¿Tutores?
-Si, si larga historia. –contesta Peeta sin importancia. –Luego te cuento. Vamos.
-Hasta pronto Katniss. –consigue decir Cato antes de salir empujado por Peeta.
-Adiós. –susurro.
Y es así como acaba mi sueño de ser besada.
.
PEETA'S POV
-¿Qué demonios era eso? –pregunta Cato nada más cerrar la puerta de la habitación de Katniss.
-Algo que no deberías haber visto. –aclaro.
-¿Quién es ella? –pregunta muy interesado.
-Katniss Everdeen. Quedó huérfana y mi madre era mejor amiga de la suya así que mis padres la han acogido. –explico.
-¿Y estabas apunto de hacer lo que creo que estabas a punto de hacer? –pobre, se ahoga con sus propias palabras.
-Está buena. –suelto yo.
-Si, ya lo he visto peo Peeta… ¡Es tu hermana! –grita.
-¡Claro que no es mi hermana! –grito yo de vuelta. –No tenemos relación alguna.
-Pero tus padres son sus tutores. –sigue. –Lo que es lo mismo… tenéis los mismo padres.
-¿Y qué?
-¿Y qué? Peeta… no es una chica cualquiera que te puedes enrollar con ella y luego dejarla… ¿qué pasaría si se enteran tus padres?
-Vaya… no había pensado en eso. –digo pensativo.
-De nada amigo. –sonríe satisfecho pero le doy un codazo. -¡Ouch!
-Pero he perdido un beso y seguro que una de las buenas. –le apunto con los dedos. –Ahora me debes una.
-Si quieres te lo doy yo… -y hace morritos acercándose a mí.
-¡Idiota! –y le aparto de un empujón.
-Ejem… -mi padre de repente carraspea delante nuestro al final de las escaleras.
-Papá… -digo sorprendido.
-Buenas tarde señor Mellark. –saluda Cato mientras se endereza pero se aguanta la risa por el momento que nos ha pillado mi padre.
-Buenas tardes Cato. ¿Cómo está Plutarch? –pregunta mi padre.
-Bien señor. –contesta Cato educadamente. Vayaaa…
-Mándele mis saludos y también a tu hermana Glimmer.
-Se los haré llegar. –me mira de reojo Cato.
-Ahora, si nos disculpas me gustaría discutir algunas cosas con mi hijo. –me mira Haymitch y esto no puede ser nada bueno.
-Por supuesto señor. –me mira Cato. –Iré a saludar a Annie.
-Te veo después. –consigo decirle antes de irse.
-Suerte. –susurra.
Mi padre me apunta la oficina y sin decir ni una palabra me meto y me siento el sillón enfrente de su mesa de despacho.
-¿Me quieres decir por qué demonios te gusta enojarme? –comienza la batalla.
-No me gusta ese lugar papá. –suelto. –Sabes que no me gusta que me encierren.
-Es el mejor internado de toda Europa Peeta. –explica. –Allí te enseñarán todo lo que debes saber para manejar nuestra empresa.
-¿Y Cato? Él va a ser el encargado de manejar la compañía de su papá pero no le envían en un internado lejos de su familia. –discuto ya que no me parece justo.
-No estamos hablando de Cato sino de ti.
-Es lo mismo papá. Sólo te gusta alejarme de aquí.
-Claro que no es así.
-¡Claro que sí! Tú siempre has pensado que soy un desperdicio de hijo. –ya no aguanto más.
-Si dejaras de hacer lo que haces siempre… -murmura mi padre. –Aprende a comportarte.
-¿Lo dices por las fiestas? –pregunto.
-Por todo. Lo peor es que creo que haces todas esas cosas para llamar la atención.
-¿Piensas que suspendo, bebo y me emborracho para llamar la atención?
-Si. Y no sé por qué.
-Pues, quizás no sea por eso… quizás sea porque no quiero manejar tu compañía. –suelto sin pensarlo.
Mi padre queda paralizado ante mis palabras. Desde niño ya me ha estado diciendo de que la compañía lo llevaré yo algún día y ahora le vengo con el cuento que no lo quiero. Que no quiero su estúpida compañía.
-¡¿Cómo puedes decir eso Peeta Mellark?! –grita enfadado.
-Estoy cansado papá… cansado de tu compañía porque adónde quiera que vaya siempre me estáis persiguiendo. –explico. –Puede… puede que quiera hacer otra cosa…
-¡¿Cómo qué?! –se levanta. –¡¿Emborracharte, drogarte y vivir de un centro de rehabilitación a otro esperando a que yo te mantenga?!
Las duras palabras de mi padre se han clavado tan dentro de mí. ¿Cómo siquiera puede pensar en eso?¿Tan mal hijo piensa que soy? Me duele… me duele que él piense eso de mí.
-¡¿Y qué?! –me levanto yo también. -¿Viene de familia no? Tú también fuiste un borracho… de tal palo tal astilla…
Mi padre levanta la mano pero se detiene. Detiene el golpe que me iba a dar en la cara. Me duele y siento haberle dicho eso pero sus palabras hacía mí no me han dejado contestarle de otra forma.
-Peeta Mellark, a partir de ahora recibirás las clases desde casa. –dice secamente. –Como castigo tendrás todas tus salidas controladas hasta nuevo aviso y para que aprendas a comportarte como un hombre trabajarás en la empresa cuando yo te necesite. ¿Entendido?
¿Estudiar en casa? ¿Salidas controladas? ¿Trabajar en la empresa? ¿Es que no acaba de oírme? Creo que mi padre se empeña en destruir mi vida.
-Peeta. –vuelve a decir pero ahora más duro.
-Si, papá. –me doy la vuelta.
Salgo por la puerta sin mirar atrás y entonces me doy cuenta que alguien nos ha estado espiando.
-¿Estabas escuchando? –pregunto mirando a la chica intentado subir las escaleras sin hacer ruido. La verdad es que la imagen es bastante cómica: cuerpo erguido y pisando suavemente cada escalera.
-¿Me hablabas a mí? –Katniss se da la vuelta cómo si nada.
-No, a la pared. –le miro irónicamente. -¿Qué escuchaste?
-Yo… -tartamudea y se sonroja. –Escuché algo pero fue sin querer venía de la cocina a por un vaso de zumo y pasé por aquí… y… y… -balbucea. -¿Te parece divertido?
-Si. –intento ocultar mi diversión ya que ha hablado tan rápido que no he entendido ni media palabra. –En fin, supongo que nunca puedes evitar a las cotillas.
-Perdona pero ¿me estás llamando cotilla? –pregunta incrédula.
-Se le llaman así a las personas que escuchan conversaciones ajenas ¿o me equivoco? –contesto vacilante.
-Ya te dije que pasaba por aquí y no pude evitar escuchar. Si me quieres creer, bien, y si no, ese es tu problema. –se da la vuelta y vuelve a subir las escaleras.
-¡Espera! –se detiene y vuelve a mirarme. -¿Te gustaría tomar algo? Un café o lo que sea… necesito salir de esta casa por un par de horas…
-Tu padre te acaba de prohibir la salida. –contesta.
-Se refiere a las salidas de noche. –aclaro. -¿Vienes?
-Díselo a tu amigo… o a tu hermana…
-Cato y Annie no serían buena compañía para mí ahora mismo. Créeme. –sonrío al pensar tomar algo con alguno de esos dos. –No pararán de bombearme con preguntas.
-¿Y quién te dice que yo no voy a hacer lo mismo?
-Supongo que correré el riesgo. –alzo las cejas. –Además, quiero conocerte. Vamos a vivir juntos ¿no?
Noto como ella se pone nerviosa y traga. Joder, la imagen que veo ahora de ella desde aquí abajo y ella arriba de las escaleras… no puedo contener recorrerla de pies a cabeza con la mirada y creo que lo ha notado porque no aparta sus ojos de las mías… sus piernas largas y delgadas, su piel aceitunada, su rostro angelical, esas curvas que mataría a cualquiera, esos labios carnosos que estuve a punto de probar si no fuera por el idiota de Cato… y esos ojos grises… que me cautivaron desde esa noche en el Sub.
-¿Se te ha perdido algo? –pregunta una vez he terminado de observar su cuerpo hermoso. Ella es hermosa… preciosa.
-¿Quieres venir? –pregunto una vez más desviando su pregunta.
-Está bien. Espera, voy a por mi bolso. -y sale corriendo hacia arriba.
¿Qué te pasa Peeta? ¿Acaso no recuerdas lo que te dijo Cato? No, ella es una chica prohibida pero… ¡Joder! Eso me hace desearla más. Ella es como la manzana prohibida en Edén y yo me muero por probarla.
-Hola hermano. –saluda Annie sacándome de mis pensamientos. -¿Qué tal con papá?
-Mal. –suspiro. –Estudiaré en casa, tengo las salidas controladas y ¿sabes qué mas?… voy a trabajar con él en la empresa.
-¿Qué? ¿En serio? –Annie se sorprende. –Vaya, debe de estar bastante enfadado. Le dijiste algo seguro.
-No le dije nada. –acordándome de mi metedura de pata. –Bueno, todo eso es mejor que volver en la cárcel de Graham School… te he echado de menos, a ti y a mamá. –y la estrecho entre mis brazos.
-Yo también Peet… -me devuelve el abrazo. –Vamos a merendar con Kat y así la conoces mejor.
-¿Y Cato? –pregunto.
-Se ha ido hace rato, dice que ya te llamará. Venga vamos, Kat debe de estar leyendo en su habitación.
-No puedo Annie, voy a salir. –me disculpo.
-¿Te acaban de castigar y ya vas a salir? –pregunta incrédula.
-No me voy a ningún club. –aclaro. –Sólo quiero dar una vuelta. Hace meses que no visito a mi novia.
-¿Novia? ¿No te referirás a…?
-¡No! ¡Por dios Annie… ni la menciones! –la corto antes de que termine su frase.
-Ya estoy… -habla Katniss bajando las escaleras y después frena cuando ve a Annie.
Annie la sonríe como tonta y luego me mira a mí por lo que intento mirar en otra parte.
-Os vais… ¿juntos? –pregunta Annie y sé que se lo está pasando bomba con esto.
-Annie… -Katniss intenta sonreír. –Peeta quería dar una vuelta ¿te quieres venir?
-¡Oh no! –Annie me mira a mí. –Yooo… tengo muchas cosas que hacer. Id vosotros.
Nos quedamos un par de minutos en silencio. Katniss en las escaleras, yo de pie al final de ellas y Annie a mi lado sin parar de lanzarnos miraditas. Noto que Katniss le abre mucho los ojos a ella y luego se sonroja. Mmm… roja como la manzana prohibida.
-¿Estás lista Katniss? –decido romper el hielo.
-Si. –exclama enseguida y baja las escaleras que le quedan. –Adiós Annie.
-Adiós pequeña. –le alboroto el pelo y salgo corriendo hacia el ascensor.
-¡Peeta! –corre tras mío.
-¡Katniss corre! –grito.
Y como siempre tan lenta, sólo es capaz de ver nuestra sonrisa de triunfo antes de que e cierre la puerta.
.
Beetee me da las llaves de mi adorable Audi R8 tras haberlo aparcado delante del portal de nuestro edificio.
-Gracias Beetee. –agradezco.
-A sus órdenes señor. Que disfruten del paseo, srta. Everdeen. –dice antes de marcharse dentro del edificio.
-Katniss, Beetee por favor. –contesta mi compañera. –Gracias.
Le abro las puertas del copiloto a Katniss y ésta me mira sorprendida. Si Katniss, puede ser todo lo grosero que quieras pero atiendo muy bien a las mujeres.
-¿Un R8? ¿En serio? –pregunta sonriendo mientras se mete en el coche.
-Si. –contesto una vez que he rodeado el coche y sentado al volante. –Un regalo por mis 16 años. En ese entonces mi padre era muy enrollado.
-Sólo tenéis diferencias. –suelta. –Los arreglaréis.
-¿Te puedo pedir un favor?
-Claro.
-No le cuentes a Annie mi discusión con papá.
-Está bien. –contesta honestamente. –Así que, ¿a dónde me llevas?
Adónde tú quieras nena.
-Vamos a pasar por el Starbucks y por una pastelería que me encanta y después… te llevaré a conocer a mi novia. –sonrío mientras arranco el coche.
-¿Tu novia? –pregunta y noto una ligera decepción por su parte.
-Te va a encantar. –la miro.
-Qué bien. –intenta decirlo con ganas.
O soy yo… o ¿está celosa?
Arranco el coche y nos metemos en el tráfico de Manhattan. Pasamos por un Starbucks que está a cinco manzanas de la casa para comprar un frapuccino de chocolate (mi debilidad) y un batido de mango para Katniss. Después entramos en la pastelería "Le Capitole" mi favorita en toda Manhattan y compramos unos bollos de colores y macarons.
Katniss no ha abierto la boca desde que salimos de casa. ¿Acaso dije algo malo? No, no creo. Así que para aligerar un poco el ambiente dentro del coche, después de todo nos queda para rato, decido encender la radio.
"You were a problem child
Been grounded your whole life
So now you runnin' wild
Playin' with them good girls
No that ain't your style.
You think you're hot shit
And ooh I love it
I love it yeah, yeah"
Katniss y yo damos un respingo al escuchar la canción. Mierda, esta no. Ahora no es la adecuada. En vez de aligerar creo que esto lo va a hacer más pesado.
"Stumblin' but yeah you still lookin hella fine
Keep doin' what your doin' and I'ma make you mine"
JO-DER. Escucho la canción y no puedo apartar la mirada de los muslos desnudos de Katniss. Concéntrate Peeta, que estás conduciendo. Ahora me doy cuenta que quizás no sólo deban prohibir beber alcohol si vas a conducir sino también traer a chicas hermosas contigo.
"Well you're a hot mess and I'm fallin' for you
And I'm like hot damn, lemme make you my boo.
'Cuz you can shake it, shake it, shake it
Yeah you know what to do
You're a hot mess
I'm lovin' it hell yes!"
Katniss apaga la radio.
-Lo… siento… es que… no me gusta la canción. –se disculpa.
-No te preocupes… -digo aunque muy dentro de mí le da las gracias por haberlo hecho o sino iba a aparcar y a saber lo que le voy a hacer.
Entonces a lo lejos se comienza a divisar el muelle. Sonrío.
-¿Muelle? –pregunta ella mirando con más atención enfrente. -¿Dónde vamos?
-Ya lo verás. –sonrío misterioso.
.
KATNISS' POV
Demonios. ¿En serio me va a presentar su novia? Seguro que será una de estas chicas tipo top models. No puedo parar de imaginarme diferentes chicas: morenas, rubias, pelirrojas con el cuerpo de infarto. No me puedo creer que me haya invitado a salir sólo para conocer a su novia. Esto es muy… extraño.
Pero entonces llegamos a un muelle y a Peeta se le esboza una gran sonrisa. Dios, ¿por qué tiene que ser tan perfecto?
-¿Muelle? –pregunto confundida mirando con atención la vista de enfrente. -¿Dónde vamos?
-Ya lo verás. –sonríe de un lado.
Por favor, qué calor.
Peeta aparca en un parking privado y después, muy emocionado me lleva a un barco.
-Peeta, me estoy asustando. –le digo siguiéndole.
-Tranquila, vamos tenemos que comprar los billetes. –me coge de la muñeca y me arrastra para ir más rápido.
En un momento ya estamos delante de una cabina y Peeta compra dos billetes para el ferry. La chica del mostrador muy sonriente, y demasiado atenta para mi gusto le entrega los billetes a Peeta rozándole un poco las manos. No sé por qué pero tengo ganas de arrancarle todo ese pelo rubio a la chica que acaba de tocar a Peeta.
Mi compañero no le hace ni caso y al obtener los billetes me mira muy sonriente. Miro a de reojo a la chica del mostrador y me dedica una cara de pocos amigos. Si, querida, este chico está conmigo… y me va a presentar a su novia. Mierda. Quizás por eso está tan ilusionado.
-¿Estás bien Katniss? –me pregunta mientras nos apoyamos en la barandilla del ferry. -¿No me digas que te mareas?
-No… no… -contesto. –Lo que pasa es que… me siento extraño. Digo, me vas a presentar a tu novia.
Peeta comienza a reír a carcajadas. ¿Qué le hace tanta gracia?
-Te va a encantar. Y seguro que a ella también le vas a gustar. –me guiña un ojo.
-¿Estás coqueteando conmigo Peeta Mellark?
-Puede… ¿funciona? –sonríe divertido.
-No creo que a tu novia le parezca bien.
-Lo entenderá. –suspira y mira a lo lejos. -¿Impaciente por conocerla?
-Ohh… si… -digo con ironía.
-Pues ahí está.
¿Dónde? Joder, ¿trabaja en la ferry? No, pues al parecer no era ningún top model.
-¿Dónde? –pregunto impaciente.
-Ahí Katniss… -apunta hacia el mar abierto.
WOW. La Estatua de la Libertad.
-Me gusta venir a visitarla cada vez que llego a Nueva York… -suspira. –O cuando tengo problemas.
-Yo… -estoy demasiado sorprendida. –Esperaba de verdad conocer a tu novia.
Peeta comienza a reír en carcajadas y no puedo evitar acompañarlo. Su risa es tan contagiosa.
-No tengo novia Katniss… al menos una humana no. –me mira con los ojos llorosos de tanto reír.
-¿Sabes que esto es preocupante, verdad? –le digo divertida. –Tu novia es una estatua…
-Shhh… que te va a oír. –y otra vez comienza a reír.
Observarlo así, divertido, despreocupado… me cuesta mucho imaginarlo en todas aquellas situaciones que Haymitch mencionó en la oficina: borracho, drogado… Me lo imagino y me dan escalofríos. Si él es un… ángel.
-¿Te gusta? –de repente su tono de voz cambia radicalmente, ahora es como un susurro, suave… esos que te mandan corrientes eléctricas.
-Me encanta. –digo admirando con asombro la gran estatua delante de nosotros.
-A mi también. –me giro y lo encuentro mirándome fijamente. ¿Se estaba refiriendo a mí?
Noto cómo se me ruborizan las mejillas. ¿Acaso dejará de crear este efecto en mí? No, no lo creo… y espero que no.
.
El camino a casa ha sido mucho más cómodo que el viaje de antes. Yo estaba tensa por lo de la "supuesta" novia y ahora no puedo parar de sonreír cuando recuerdo cómo apunta con su dedo a la Estatua de la Libertad. En ese momento, sólo quería saltar de alegría. No tenía novia y extrañamente eso me ponía muy contenta.
De vuelta a casa hablamos de cosas triviales: cómo era mi vida en Portland, cómo era su vida en Londres, nuestras amistades, Annie… empezamos a conocernos mejor y cada vez que lo hacía, cada vez que le conocía mejor más me costaba imaginarme a ese chico perdido en esas cosas horribles.
Llegamos al portal donde ya nos esperaba Beetee. Peeta apaga el motor y sale corriendo a abrirme la puerta. Mmm… me podía acostumbrar a esto.
-Gracias. –susurro y sin darme cuenta le ofrezco mi sonrisa más coqueta.
-De nada, preciosa. –susurra de vuelta mirándome con esa mirada que me encanta y esa sonrisa en un lado que me mata.
Preciosa. Esa también es una de las cosas de las que me puedo acostumbrar. Cada vez que me dice de esa manera juro que algo dentro de mi revolotea y luego me hace cosquillas. Nunca nadie antes me había llamado con algo tan dulce… y eso me gustaba. Dios, hay tantas cosas que me gustan de este chico y sólo le conozco hace ¿Cuándo? ¿Ésta mañana?
Le da las llaves de su R8 a Beetee y le murmura un "Gracias". Entramos por la puerta principal y saludamos a Brutus con una gran sonrisa y nos metemos en el ascensor.
Y nuevamente comienza la tortura.
-¿Estás bien? –pregunta Peeta sonriéndome con diversión.
-Si. –trago. -¿Te parezco divertida o algo?
-Eres muy divertida Katniss. –dice muy despacio.
Y por fin la tensión se corta cuando se abren las puertas. La casa está en silencio. Entramos y nos dirigimos hacia el pie de las escaleras. Pensándolo bien, dónde había comenzado todo esto.
Me disponía ya a subir pero me paro y le vuelvo a encarar.
-Gracias Peeta. –sonrío. –Me lo he pasado muy bien… y gracias por presentarme a tu novia.
-Yo también me lo he pasado muy bien. –sonríe ante nuestra broma privada. –Creo que también le has gustado.
-¿Eso crees? –digo divertida.
-Bueno… a mí me gustas, no veo por qué a ella no.
Y ahí estaba de nuevo. Esas palabras, el coqueteo… Me quedo quieta en mi sitio por un momento y observo su expresión de picardía. Sonriendo de lado y esos ojos brillantes de color azul mar donde no me importaría sumergirme.
-Me debes un beso ¿lo sabías? –de repente salta.
-¿Yo? –digo inocentemente. –Más bien te lo debe tu amigo. Él fue el que nos interrumpió.
-Cierto. –sonríe.
-Pídeselo a él. –bromeo.
-Oh… créeme que intentó dármelo. –ahora sonríe ampliamente. –Aquí en las escaleras y ccn morritos y todo.
Estallo en carcajadas. Me imagino a los dos chicos rubios, grandes y fuertes. El del pelo más corto inclinándose con los morritos y Peeta mirándolo con miedo.
-Habría pagado por verlo. –intento parar de reír.
-No es gracioso. –advierte intentando parecer serio. –Me quedé traumado.
-Ohhh… -susurro. –Quizás podría ayudarte a olvidarlo.
KATNISS EVERDEEN. ¿TE LAS ESTÁS INSINUANDO?
-¿Harías eso por mí? –susurra inocentemente pero veo cómo sus ojos brillan con intensidad.
JODER. ¿Cómo hemos pasado a tener una conversación de colegas a esto? Y lo peor es que yo soy la que lo empezó.
Mis pies comienzan a andar por sí solas y despacio e inocentemente deposito un casto beso en sus labios.
Sus labios. El manjar más dulce que he probado en mi vida. Suaves, carnosos, deliciosos… o como diría Annie. Exquisitos. Ahora entiendo lo que quería decir mi querida amiga. Hmmm… esto es mucho mejor que la imaginación.
Desde que nos interrumpió su querido amigo, había estado imaginándome cómo sería besar a este chico rubio de ojos azules. Y creo que mi imaginación se quedó totalmente corta.
Recupero mis sentidos y me aparto, mirándole directamente en sus ojos y sonriéndole de una manera inocente. Él me mira con ojos de asombro y esta vez noto un brillo diferente en sus ojos. Me sonríe de vuelta mientras poco a poco me alejo.
-Deuda pagada. –susurro y me doy la vuelta para irme.
Pero entonces, antes de pisar el primer escalón, me agarra de la muñeca y tira de ella con fuerza. Mi cuerpo choca con el suyo con fuerza y con su otra mano libre agarra mi cuello y atrapa mis labios con los suyos.
Este beso es muy diferente al de antes. Este es mucho más profundo, pasional… más salvaje. La mano que agarraba mis muñecas se desliza hasta mi cintura y me aprieta más a él. La mano que está en mi cuello comienza a enredarla en mi pelo. Sin darme cuenta, mis manos se agarran a su cuello, acariciándolo de arriba abajo.
El beso se profundiza cada vez más. Gimo y entonces, tomándome por sorpresa me mete la lengua. JO-DER. La mía también está impaciente por unirse a él y qué demonios, ¿a qué esperas? Nuestras lenguas se encuentran y se enroscan. Sabe tan bien. Su mano en mi cintura me aprieta más a él. Mis manos se han enredado en su lacio pelo rubio sin ni siquiera pedirme permiso y sorprendiéndome de nuevo, su mano que estaba en mi cuello ahora acaricia mis mejillas con sus nudillos. Me estremezco ante su contacto tan dulce y separa sus labios de los míos.
Ambos jadeamos por la falta de aire. Sus ojos ahora tienen un color más intenso y me sonríe. Yo le sonrío de vuelta. Esto debió de pasar hace algunas horas pero me alegro que no haya pasado. Éste ha sido el mejor beso que me han dado. Así que tengo que agradecer a su amigo por interrumpirnos.
Su mano suelta mi cintura dejándome libre y yo también hago lo mismo con su pelo. Ya muero de ganas por hundir de nuevo mis dedos en ese cabello tan suave.
Cuando recuperamos el aliento y ya una vez totalmente separados me doy cuenta que no hemos apartado la mirada del uno del otro. ¿Qué pasa?¿Es que este momento tan maravilloso podía continuar? Una corriente eléctrica recorre todo mi cuerpo y se concentro en mi… centro. OH DIOS. ¿Qué es esa sensación?
-Ahora sí. Deuda pagada. –finalmente decide cortar el silencio.
-Debería… irme. –tartamudeo como una tonta. –Supongo que te veré después.
-Te veo después. –sonríe.
-Si. –y ya está. Me doy la vuelta y subo las escaleras.
Noto que él aún sigue en su sitio observándome mientras subo. El cosquilleo sigue ahí.
¿Qué cojones me está haciendo este chico?
.
PRIMER BESO! ¿Os ha gustado? ¿Qué os ha parecido el capitulo? Bueno, espero que os haya gustado.
LO SIENTO MUCHO SE ME HA OLVIDADO ACTIVAR LOS REVIEWS ANÓNIMOS! AHORA YA PODÉIS COMENTAR LOS QUE NO TIENEN UNA CUENTA FF… LO SIENTO CREÍ QUE YA LO HABÍA SOLUCIONADO :(
Quiero dar las gracias a: isicullen, Alas De Fuego, believedreamtribute, torposoplo12, Mackie Uchiha, Fran Weasly, Carla Mellark y magaly.
GRACIAS POR LOS REVIEWS, FOLLOW Y FAVORITES!
