Los personajes son de Stephenie Meyer.
Summary: De pronto, la más grande desgracia, se puede convertir en la mejor experiencia de tu vida, si es un sexy mecánico el que te echa una mano… y no precisamente con el coche.
Pareja: Nessie/Jacob.
Servicio completo
―¡Demonios! ―grité de frustración. Era el décimo octavo intento, y el estúpido Shelby no arrancaba. Estaba retrasada; se suponía que tenía que estar en la playa hace una hora, y si bien arreglarme me había llevado más tiempo del que había pensado, el reciente incidente simplemente no me permitiría llegar.
Mis amigos del instituto habían organizado una fiesta en la playa para celebrar el inicio de las vacaciones de verano. Pude haberme ido con ellos en una de sus camionetas, pero no, yo quería ir luciendo mi nuevo clásico que había logrado comprar con el salario del medio tiempo en la librería, y la generosa cooperación de mis padres. Que razón tenía mi madre cuando me habló sobre la diferencia entre un auto viejo y un clásico. Según ella, los clásicos servían. Y el mío, simplemente era viejo.
Inhalé hondo y despacio, intentando despejar mi mente para pensar con claridad. Un mecánico. Necesitaba un mecánico, así de sencillo. El rostro se me desiluminó tan pronto como apareció la luz. Bueno, estaba en medio del bosque, justo a mitad de la carretera Forks-La Push. ¿De donde sacaba a un mecánico aquí? Teléfono móvil.
Giré hacia el asiento del copiloto, cogiendo mi bolso de mano y revoloteando en él hasta encontrar el móvil. Las risas escaparon de mis labios; marcaría a la línea de información y pediría el número del mecánico más cercano. Quizá tardara un poco pues era un miércoles, la mitad de la semana. Esa era la razón principal por la que la carretera estaba desierta, en cambio, los fines de semana siempre había tráfico por la gente que bajaba a la playa.
Deslicé la tapa del móvil y marqué con prisa el 040*. En lugar de escuchar una amable voz preguntando si podía ayudarme, apareció el horrible tonito que indicaba que la llamada había fallado. Genial. No había señal en la maldita carretera.
Salí del auto, decidida a encontrar algún punto donde pudiera realizar la llamada. Caminé varios metros (al norte, al sur, al este y al oeste), me subí al capó, incluso trepé un par de árboles y las jodidas rayas no aparecían. Las lágrimas estaban a punto de aparecer, cuando frente a mí pasó mi salvación. Era el mecánico de La Push, solo lo había visto de lejos un par de veces.
―¡Hey, amigo! ¿Podrías ayudarme, por favor? ―grité. Me planté en medio de la carretera bloqueándole el paso, cuando se detuvo me acerqué limpiando cualquier rastro de llanto de mi cara.
―Hola, nena. Dime lo que necesitas y quizá pueda hacer algo por t i―me respondió desde su asiento. Su voz era grave y rasposa, demasiado sensual. Colocó un brazo sobre la puerta para poder asomarse bien por la ventana. Su piel morena estaba cubierta de firmes músculos, que se marcaban perfectamente bajo la camisa blanca de botones que llevaba puesta. Sus ojos –oscuros, profundos y misteriosos– recorrieron todo mi cuerpo sin sutileza alguna, para finalmente clavarse en mi mirada.
―Eh, yo… mi auto se averió y necesito llegar a First Beach. Intenté llamar a un mecánico pero aquí no hay señal y eres la primera persona que pasa ―expliqué. Creí escuchar que murmuraba algo sobre su suerte, pero no distinguí exactamente el qué.
―Estamos de suerte ―dijo saliendo de su auto, con una brillante sonrisa que me cautivó de inmediato. Tan pronto lo observé por completo, el aire abandonó mis pulmones. Este tipo estaba condenadamente sexy―. ¿Estás bien? ―preguntó sosteniéndome de la cintura con una de sus grandes manos.
―Mmm, sí. Aquel es mi coche ―respondí señalando el Shelby.
―Qué belleza ―dijo caminando a mi espalda. Seguramente se refería al auto, aunque en realidad lo atrapé viéndome el trasero. Cuando notó que lo había visto subió la mirada y el muy cínico me guiñó un ojo. Me sonrojé inmediatamente; eso me había calentado.
―¿Qué pasó exactamente? ―preguntó intentando levantar la cubierta del capó. A pesar de ser un modelo de hace décadas, el capó se abría desde un botón en el interior como los autos modernos; así que me apresuré a entrar al auto y presionar el botón.
―No lo sé. Estaba bien y al minuto siguiente, simplemente se apagó.
―¿Has tenido cuidado con el cambio de velocidad? Se supone que estos coches son hechos para correr y cambiar la velocidad como te plazca, pero no puedes esperar lo mismo después de varios años. Si no tienes cuidado de hacerlo con delicadeza, suelen desajustarse y casi siempre se apagan ―explicó.
―Oh, no lo sabía. Murió justo mientras hacia el cambio, debió haber sido eso ―respondí. El chico caminó para colocarse junto a la ventanilla donde me encontraba sentada y se agachó hasta quedar a la altura de mi rostro.
―Si es eso, sé perfectamente lo que tengo que hacer. Tengo la experiencia suficiente para saber como tratar a linduras así ―por el tono de su voz, y las expresiones al hablar, estaba segura de que era uno de esos tipos que adoraba follarse a cuanta mujer se le atravesara. De esos tipos a los que nunca les haría caso. Antes.
Con un poco de lentitud se arremangó la camisa hasta la mitad del brazo. Ver sus brazos al descubierto, hiso que me preguntara como se vería el resto de su cuerpo sin un trozo de tela.
―Hace calor ―no había notado que en realidad había hablado en voz alta, hasta que lo escuche responder entre risas.
―Es una tarde relativamente fresca, pero te entiendo. Aquí hace calor, también puedo sentirlo ―vaya si hacía calor, mi entrepierna estaba que ardía. Y eso que el tipo, no había hecho nada.
―Confío en usted, mecánico. Haga lo que crea conveniente ―él rió, pero evidentemente había coqueteo mutuo. Se irguió y comenzó a trabajar en la parte delantera del auto. Yo me quedé dentro, si salía a verlo mientras trabajaba era probable que no me controlara. Estaba preocupada, y no precisamente por mi seguridad, porque tuviera miedo de que él me hiciera algo; al contrario. Si veía en acción a ese sexy hombre, no dudaba que saltaría sobre el y lo violaría. De tan solo imaginar la escena, mis panties había sufrido graves y húmedas consecuencias. El gemido que se me escapó, me hizo abrir los ojos, solo para llevarme la vergonzosa sorpresa de que el mecánico me estaba observando.
―Una válvula se desconectó, tengo que fijarla y asegurarme de que no se volverá a salir ―tenía las manos un poco sucias de aceite y en un intento de querer limpiar las finas gotas de sudor que empezaban a aparecer, terminó manchándose la mejilla. Se dio cuenta de su descuido y frotó sus manos en su pecho, limpiándoselas.
―Lamento hacer que te ensuciaras ―me disculpé.
―No hay problema. Si no quiero lucir sucio, hay una buena solución ―con tortuosa lentitud, comenzó a desabotonarse la camisa, para después quitársela y dejar al descubierto sus muy bien marcados abdomen y pectorales. Seguro mi boca estaba abierta y chorreando baba.
―Tengo que encenderlo. ¿Me permites? ―inquirió. No pude responderle, solo asentí y me moví al asiento del copiloto mientras él abría la puerta para subir. Antes de poder sentarme, alcancé a escuchar un gemido ahogado de su parte. Me giré precipitadamente, y lo primero que pude ver fue su enorme erección dentro de los vaqueros.
―¿Sabes? A veces es peligroso usar faldas tan cortas ―jadeé ante su confesión. Era verdad, esta falda era la mas corta que tenía, y de hecho solo estaba usando unas pequeñas bragas rosas. No había tenido mucho cuidado en no enseñar de más al cambiar de asiento y el chico se había llevado una buena vista. Y gracias a ello, estaba excitado; los dos estábamos excitados. Traté de mantenerme en calma, respiré hondo y lo miré a los ojos.
―Es peligroso si tienes miedo de excitar a algún chico, y creo que eso no me asusta en absoluto. Además, es más práctico. ¿No cree, chico mecánico? ―¡Dios! Estaba siendo una completa zorra, pero lo único que quería era que el mecánico me tomara ahí mismo.
―¿Chico mecánico? ―sonrió ante el sobrenombre. Se giró en su asiento y se acercó peligrosamente a mí―. Soy Jacob Black, y estoy dispuesto a probar dicha practicidad si lo deseas.
―Renesmee Cullen. ¿En tu asiento o en el mío?
En un segundo Jacob estaba sobre mí, jalando la palanca lateral, provocando que me cayera encima cuando el asiento se reclinó de golpe por completo.
Sus piernas se hallaban a cada lado de las mías, empujando su cuerpo y haciendo que su dureza se frotara sobre mi centro. Efectivamente, la falda era muy práctica, ahora estaba enroscada en mi cintura, dejando mis piernas libres y mi intimidad a merced de las manos de Jacob.
Sus labios atacaban los míos con pasión, y sus manos, ¡Oh Dios, sus manos! Era capaz de hacer maravillas con ellas. No había notado en el momento en que me desabotonó la blusa y había desabrochado mi sostén, solo me di cuenta cuando sus rasposas manos masajeaban mis senos y pellizcaban mis pezones. Mis gemidos eran incontrolables, quería sentirlo dentro de mí. Con las manos temblorosas traté de deshacerme de sus vaqueros, pero estaba tan excitada que apenas era capaz de controlar mis movimientos. Jacob se dio cuenta de mis intenciones, se levantó y con prisa se quitó el pantalón y los bóxers, liberando su hinchada y roja polla.
Antes de volverse a recostar, me alzó de la cadera y sacó la falda por mis piernas. De inmediato lo volví a tener sobre mí, y en un solo y rápido movimiento, me penetró. Me dolió un poco al principio, nunca había estado con alguien que tuviera la polla tan grande como la de Jacob. Pero en cuanto empezó sus estocadas, el placer invadió mi cuerpo por completo. El ritmo cada vez se hacía más frenético. Sus labios no abandonaban mi cuerpo; cuando no estaba sobre los míos intentando devorarme con ansias y enredando su lengua con la mía, se encontraban succionando con avidez mis sensibles pechos.
Jacob tenía mas potencia que cualquier Mustang último modelo y sabía perfectamente lo que hacía. Lo hacía rápido y profundo, cuando sentía que estaba a punto de alcanzar el orgasmo, se detenía y volvía a comenzar lentamente. Me hacía sentir que tocaba el cielo, pero al mismo tiempo como que explotaría en cualquier momento. Cada vez que chillaba quejándome, él solo me mostraba esa sonrisa traviesa de la que ya me había enamorado. Podía sentirlo palpitar en mi interior, no tardaría mucho en correrse, y yo estaba a punto de hacerlo también. Rogaba internamente porque esta vez no se detuviera, si lo volvía a hacer moriría aquí mismo con él entre mis piernas. Con una estocada que llegó mas profundo de lo que creía capaz, finalmente nos corrimos. Fue tan intenso (el mejor orgasmo de mi vida), que Jacob cayó un tanto exhausto sobre mí y con cuidado se retiro de mi interior. Sentía su respiración errática hacerme cosquillas en el cuello, pero sus manos seguían masajeando mis senos.
―Ni creas que con eso has pagado mis servicios como mecánico. Deberías pasarte por mi taller, quizá te enseñe como usar la palanca ―susurró en mi oído, tomó mi mano y la llevó a su polla, donde juntos la empezamos a acariciar.
Nuestro deseo parecía no acabar, lo hicimos varias veces más (en cada asiento y en cada posición que el estrecho espacio nos permitía), tantas que perdí la cuenta. En un par de ocasiones oímos pasar unos autos en la carretera, pero eso no nos frenó, ni siquiera de hacerlo sobre el capó cuando supuestamente ya nos estábamos despidiendo.
Por: DessieCBCWCDF
040* En mi ciudad, este es el número para pedir los datos sobre cualquier establecimiento, empresa o servicio que necesites.
Chicas, les recuerdo que entre más reviews dejen, más rápido actualizamos. Esta es la forma en que nosotras nos damos cuenta que tan bien es recibido este nuevo proyecto. Muchas gracias, y besos! :)
