Este capítulo está dedicado a Shinobu… madre, ya sabe, es para usted. 3 Si encuentran faltas ortográficas, háganmelo saber. Revisé al menos cuatro veces el escrito, pero siempre se me pasan cosas. ¡Espero que lo disfruten!

Advertencia: Cran/Staig, lemon y lenguaje soez.

Disclaimer: Esta pequeña historia es de mi propiedad; así mismo los personajes no son de mi creación, son originales de Trey Parker y Matt Stone. Las canciones aquí expuestas son total propiedad de The Veronicas con "Mouth shut", y Adele con "Someone like you".


Capítulo 2

"El amor es una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita"

Marcel Proust


Desde los días de juventud se aventuró al mundo de la bebida, muchos estaban seguros de que seguiría los pasos de su padre y más de ello, que se convertiría en el heredero del bar, a pesar, muy a pesar de que no era el primogénito. Bebía la quinta copa de whisky, siempre fue fuerte ante el licor, pero esta vez el escozor lo dejaba mucho más liado de lo que le gustaría; debía ser culpa del cansancio, sí, probablemente.

Se dejó caer en el sofá de cuero blanco y observó el lugar una vez más, ahí todo se terminaba. Sus cosas ya estaban en casa de su madre, asentadas por el momento. Debía buscar un nuevo departamento, pero las cosas no habían salido precisamente bien las últimas semanas. Parecía ser que la mala suerte y las terribles decisiones lo perseguían hasta el cansancio.

Bebió un trago más, el último en aquel lugar. Cerró los ojos decaído. No quedaba más, y necesitaba convencerse de ello antes de atacar con frías palabras. No más cursilerías ni palabras románticas, no más engaño ni consuelo. Estaba vez no cerraría la boca ante unos ojos felinos. En aquella ocasión lo terminaría.

I kept my mouth shut from the start

La puerta se abrió, pero Stan no se atrevió a levantar la mirada. Dejó que el pelirrojo lo llamara por su nombre un par de veces. Esa dulce voz. ¿Cómo se escucharía rota? No debía pensarlo, eso retrasaría las cosas y sabía bien cómo terminaría: en una nueva discusión y la relación más destrozada, pero en curso. Un error.

I guess I left you in the dark

Las luces se encendieron, dejando que Broflovski al fin diera con la cabellera de ébano. Dejó el portafolio a un lado de la elegante mesa de centro, sobre la alfombra del vivo color chocolate. Se acercó sigiloso al mayor, este aún seguía con la mirada baja sosteniendo el vaso vacío. Un suspiro fue lo que salió de labios del azabache.

You thought you knew me but you don't

Se levantó y miró a los orbes jade que intentaban descubrir lo que sucedía. No sería la primera vez que estaban en aquella situación y el pulso de ambos se aceleró. La garganta de Kyle comenzó a secarse, pero no tanto como los zafiros vacíos de Stanley. Tenía los ojos en blanco. La fría mano del abogado abordó en una caricia a la mejilla de su pareja, pero éste la detuvo.

You say you'll love me but you wont
When you find out who I am

El silencio sepulcral se apoderó de ambos, de la habitación y el aire que respiraban estaba cargado en pereza tardía. Kyle nunca estaba al pendiente de Stan; siempre se veía más concentrado en el trabajo que cualquier cosa. Stan se mantenía las tardes sin mucho que hacer a excepción de ver la televisión. ¿Cuándo fue la última vez que cenaron juntos o que salieron por el parque por simple ocio?

I kept my mouth shut for too long

La presión en sus labios no se hizo esperar. Debió saber que no sería tan fácil terminar, pues estaba dando pase libre a seguir el beso que de pronto no se veía tan malo. A eso se refería: no podía acabar con aquello porque nunca fue tan fuerte, no con Broflovski, su mejor amigo desde siempre. Si terminaba, entonces la amistad también, siempre lo supo, por eso saboreó el salado de las lágrimas. No podía callarse, no esta vez. Se repitió sin excito.

All this time you got me wrong

¿Cuándo fue que comenzaron a desvestirse? Ahora permanecían entre caricias sobre el sofá. Kyle lloraba y las manos le temblaban; tenía las mejillas rojas y la mirada de Stan estaba más que perdida en el pasado, donde todo brilló alguna vez y las consecuencias no se veían tan malas. Qué equivocado estaba. Las cosas nunca debieron salir de aquella manera.

Now we're in this way too far

Por supuesto que el judío entendía el final del asunto; probablemente un hola fuese mucho más pesado y una sonrisa sería demasiado hipócrita al encontrarse, pero si ya todo había culminado, entonces no quedaba de otra más que aprovechar lo último que quedaba. No intentaría rescatarlo, en cambio dejó que sus dientes se clavaran sobre la piel de Marsh. Una última primera vez, como esos días donde la luna no se coloreaba en gris.

I'm about to break your heart
Tear everything we had apart

Se abrazaban desnudos, dejando que el viento pegara tras sus espaldas, en besos agresivos se lastimaron a rasguños y mordidas. Que el sabor metálico les durara para el resto de sus vidas; después de todo, lo necesitaban para el largo camino, el que definitivamente no volvería a cruzarse. Las palabras estaban de más desde el principio y aún así al fin el moreno se digo a dictar algunas palabras:

—Es el fin… —murmuró al tomarlo por la cintura—, lo sabíamos. Yo no…

—No digas ya nada —susurró Kyle haciéndose el fuerte. Stan supo que mentía, nunca fue bueno en ese ámbito.

Decidió callarse. Supuso que hablar sólo reafirmaría el que Broflovski se negara a dejarlo ir. ¿Qué no eran los mejores amigos? Se habían alejado tanto que aseverar sería una vil mentira.
Porque nunca se sintieron tan cansados de llevar una conversación con más de seis frases en ella. Las cosas pueden quedar manchadas si no se les protege, porque el polvo cae y es cuestión de quitarlo, pero el olvido y descuido es lo que destruye todo.

'Cause I'm feeling lost
When I'm in your arms
The reasons are gone
For why I was holding on to you

Podía dejar todo ahí. Interrumpir el movimiento de caderas y soltar la cintura que se elevaba dejando caer todo el peso sobre sus piernas. Las lágrimas en el pulcro rostro manchado en rojo… ¿No podía Kyle detenerlas? Le costaba trabajo dejarlo ir de esa manera. Odiaba ser tan vulnerable al llanto de ese hombre. Detestaba que todo tuviera un final tan cutre. No quedaba solución, ¿qué más daba llenarse de placer ante la despedida?

I tried so hard
To be the one
I don't like who I've become

Stanley Randall Marsh comprendió entonces que la única razón de seguir lastimándose con tanto fervor, era que se mantenía callado. Jamás expresó lo que realmente sentía y dejó que el dolor paulatino estropeara la poca amistad que mantenía con el judío. Porque la relación murió antes de siquiera comenzar. Aún así, le haría el amor; Kahl lo merecía, que le entregara su ser esa única noche.

Won't keep my mouth shut anymore
I've had my share of closing doors
Now I know I'm not afraid

—Lo siento, Kyle… No puedo más —besó su cuello y fue el turno del pelirrojo de mantener el silencio—. Lamento no poder amarte… En serio intenté ser el indicado para ti —besó su mentón esta vez, sin querer había comenzado a llorar también. Sonreían ambos con melancolía. Nunca se pertenecieron y aún así intentaban darse todo.

I know exactly what you'll say
But I'm sorry it's too late

Lo que una vez creyeron ver en un futuro, estaba disperso y distante, perdido en algún lugar del espacio que una vez compartieron sinceros. Se besaban. Kyle intentaba con todo su ser aferrarse a lo que no existía. Tal vez el cariño prevalecía, pero uno distinto al que él quería; un sentimiento ligado a los recuerdos, ese al que llamamos nostalgia. No tenían razones más allá para amarse.
—Kyle —murmuró el moreno—, no puedo amarte cómo quisieras —hizo una pausa necesaria para mirarlo a los ojos, estos permanecían perdidos—. No puedo amarte… lo siento de verdad.

'Cause I'm feeling lost
When I'm in your arms
The reasons are gone

Seguidos por la culpa no retrocedieron. La espalda de Broflovski fue posada sobre la piel del sofá. Esa vista rompía en añicos la fuerza de Stan, pero no se detuvo. Besó su cuello y bajó hasta los hombros, endulzándose el olfato con el delicioso aroma a cítricos. Le gustaba ese perfume, mas no lo volvía loco.
—Se acabó… esta vez no… —susurró bajo los rizos rojizos. Lo escuchó jadear, a causa del llanto y no de placer. Esta vez, no regresaría.
Decidió complacerlo. Sostuvo la delgada cintura, y entró de una sola estocada; lo hizo con calma antes de embestirlo.

For why I was holding on to you
I tried so hard
To be the one
I don't like who I've become

Kyle se aferraba al cuello de Stanley. Sus brazos temblaban, al igual que su cuerpo entero. Sabía que esa sería su despedida, y no logró evitar que algo se removiera en su pecho. Siempre estuvo consciente de que amaba a su amigo, pero que éste jamás lo quiso lo suficiente, aún así, decidió no escucharlo.

I kept inside of me for all this time

Se otorgaron un beso, lento y para ambos tortuoso. El final, y el futuro no sería ya igual. Ambos entendían que el tiempo curaría las heridas, pero el pelirrojo no sabía si de verdad lo quería. Nadie ocuparía el lugar de Stan. Jadeó sobre sus labios y movió sus caderas buscando hasta el último atisbo de calor.

Thought that I could make it work if I just tried

Gozaron sus últimas carisias. Los besos pasionales y las respiraciones agitadas, tal vez todo eso estaba mal; pero seguían siendo un par de masoquistas aún cuando el nirvana golpeaba sus cuerpos en descargas eléctricas.

But I'm sorry to admit that I have lived a lie

Fueron adictos a la mentira por más de ocho años. A los toques falsos y a la falta de cosquillas en el estómago. Ciegos a los males de una relación disfuncional, pero disfrutaban del sexo: sin amor coexistente entre sus labios, no podían decir si de verdad habían hecho el amor, o simplemente entregarse al orgasmo.

'Cause I'm feeling lost
When I'm in your arms
The reasons are gone

Razones perdidas y delirios infinitos. Stanley nunca debió aceptar algo que jamás sería. No podía darle a su mejor amigo todo lo que merecía

For why I was holding on to you
I tried so hard
To be the one
I don't like who I've become

Se quedaron en silencio. Kyle escondió el rostro en el pecho que una vez le pareció cálido. Lloró hasta el cansancio y se entre tanto desasosiego, se quedó dormido.
Cuidado que los logros no son siempre lo que parecen; cuando falta la chispa en la vida, la gloria sabe a fracaso.

I kept my mouth shut for too long
Now I know that it was wrong

Después de tanto sollozar, Kahl quedó a disposición de Morfeo, éste lo acogió con prisa llevándolo lejos de la cruda realidad. El moreno se vistió con ansia y una dolencia en el pecho. En plena penumbra, llevó a quien una vez fue su pareja en brazos, hasta la ancha cama. Lo arropó con delicadeza y cubrió el delgado cuerpo con las sábanas.

I wish I told you from the start
That this was never meant to last
We should've never gone this far

Admiró las pecas sobre las mejillas níveas, las largas pestañas pelirrojas y ¿cómo pasar por alto la preciosa nariz respingada? Sin mencionar los delgados labios rosados. Kyle se merecía algo más que un simple idiota con algo de suerte.
Recargó un casto beso sobre los rizos despeinados. Salió de la habitación cerrando con sumo cuidado.

Won't keep my mouth shut anymore

Lloró como nunca, en total silencio, recargado en la pared. El adiós nunca supo tan mierda en el pasado. Quería a Kyle, y le dolía no poder amarlo. Ya no realizaba mantenerse callado y seguirse engañando.
Salió rápido, o estaba seguro de que querría volver a sus brazos.

La necesidad de embriagarse se hizo presente, pero también sabía que ese no era el camino correcto. Algo que podía agradecer al judío, sería la gran fuerza que lo obligó a tener frente al licor. No quería ni imaginar dónde habría terminado si el llanto de Kyle no le hubiera llegado al corazón. Esa mirada lo salvó más de una vez, por eso se odiaba, por amar a alguien más y no a quien siempre sintió la inmensa necesidad de cuidar y proteger, tal como había hecho con él.

La vida es mierda.

La lluvia de septiembre lo mantuvo empapado hasta llegar al bar, su bar. A pesar de terminar la carrera en bioquímica, rescindió haciéndose con aquel lujoso establecimiento a petición de su padre. No era él, ese no podía ser Stanley Marsh. ¿Es que había olvidado cómo se luchaba por los sueños? Por más ridículo que su idea se priorizara, Stan siempre seguía su instinto y corazón.
Dejó de ser él en cuanto abrió las puertas a una relación sinsentido y lejos de obtener un futuro salubre.

Entró con una sonrisa deshecha. Catherine lo notó al instante, pero no le reprochó. La nueva mujer de su padre, hecha de miel —figurativamente—, dulce y sensata. Las cosas estaban mal desde el principio. Lo único que Marsh deseaba era aferrarse a alguien que lo escuchara y en aquel tiempo donde el brillo podía alcanzarse; en el que todo se veía seco en el panorama, pero aún así quedaba esperanza, la mano de Kyle fue quien lo alentó a seguir adelante.

Los clientes comenzarían a llegar en una hora exactamente, pero el moreno sí que no tenía las ganas ni la motivación para mostrar una gran sonrisa y dar la bienvenida. El establecimiento "Marriot", gozaba de portar orgullosamente cuatro estrellas y a pesar de que las ganancias estaban envueltas en los cielos, el segundo hijo del señor Marsh prefería no tocar un centavo de sus ganancias. Le gustaba trabajar como barman y de las propinas vivir. Normalmente el sustento nunca fue un problema, puesto que la paga de Kyle ayudaba a ambos.

Todo termina. Nada es eterno. Eso se repetía constantemente Stanley al surcar los recuerdos dentro su atrofiada cabeza.

Un grito que resonó en el establecimiento entero, lo sacó de divagaciones. En la cocina se llevaba a cabo la tercera guerra mundial. Tweek salió corriendo por la gran puerta blanca de la cocina, seguido por Clyde. Stan solamente pudo frotarse el puente de la nariz con la frustración a tope; mientras tanto, su madrastra le obsequiaba una sonrisa dulzona.

—Yo me encargo —dicho aquello, la rubia salió camino a la cocina.

La rutina diaria podía sacarle también una sonrisa de vez en cuando. Sucedía que Christophe, perdía fácilmente los estribos. No buscaba menos que la perfección en los platillos, cosa que era de esperarse de un chef con gran talla profesional y para rematar: también francés; esos tipos se lo tomaban demasiado en serio.
Después estaba Tweek, quien se alteraba fácilmente al intentar mantener en calma su estación, hasta que alguno de los otros dos idiotas de Clyde o Bárbara lo hacían estallar y el rubio terminaba en una esquina lanzando vasijas a la voz de: "es mucha presión", o como acababa de suceder, el chico salía corriendo desesperado por un poco de aire fresco.

Contempló el ancho espacio que daba entre la enorme barra hasta llegar al recorrido de las mesas. Demasiado pulcro. Las paredes tapizadas en un elegante empapelado a tonos caoba. Las pequeñas mesas de roble, perfectamente limpias y con una vela nueva —como cada noche— en el centro con su distintivo aroma a cítricos; las luces colgando del techo, en una preciosa araña que alumbraba cada una de las catorce mesas circulares. Los muebles del área privada que asemejaban también un diván más que otra cosa. Un par al fondo, donde las iluminaciones en azul metálico daban el aspecto característico de las estrellas.

Posteriormente se hallaba aquel que le robaba el sueño. Estaba siendo un completo hijo de perra por pensar en él.

— ¡Jesucristo! ¡Déjenme tranquilo! —Apareció una sonrisa en los labios de Stanley.

Tweek hacía su número otra vez, diciendo que se iría del bar porque todos conspiraban contra su bizcocho de chocolate y ron. El moreno lo detuvo con un movimiento al sujetarlo de la cintura y girarlo a él hasta quedar de frente. El rubio expresaba todo un poema. Sus temblores pararon por completo y ahora se concentraba en un tic recién adquirido: el balbucear con el labio inferior tiritando de por medio.
Stanley se limitó a desabotonar la filipina, tan solo para regresar los botones a donde correspondían. Tweak siempre lo hacía mal, algo que le causaba suma ternura. Con sólo eso y un "estarás bien", el chef repostero logró calmarse y regresar a su estación.


No se arregló demasiado. Utilizó ropa cómoda y ligeramente casual. Una camisa de algodón negra, que se apegaba perfectamente a su cuerpo sin exagerar. Un saco azul marino que llevó sin abrochar, al igual que unos pantalones simples en negro de denim y zapatos oxford. El móvil sonó, y pudo comprobar que se trataba de McCormick. Un mensaje de texto:

"Adelántate, llegaré un poco tarde. Te enviaría un mapa con la dirección, pero dudo que pierdas de vista el lugar cuando está frente a mi trabajo. Te espero ahí, ¡es en serio, Fucker!"

Guardó el aparato en su bolsillo trasero y tomó las llaves del auto así como los de la residencia. Se quedó pasmado al girar el pomo con la diestra. Apretó los labios y tras suspirar salió y cerró de un gran portazo. Parpadearon las luces delanteras y traseras de un Honda Civic en brillante color negro. Tenía una fina capa de polvo encima, y era de los automóviles más caros del estacionamiento. Craig siempre fue un aficionado de los vehículos deportivos.

Cuando se adentró y tomó el volante, más imagines llegaron para atormentarlo. Apretó el acelerador en cuando el coche fue encendido, y condujo a una velocidad que seguro Kenneth le reprocharía, pero él no estaba ahí para verlo de todas formas. El siguiente semáforo marcó color para detenerse, cosa que Tucker por supuesto no respetó; un Acura rojo produjo un chillido al detenerse con mucha fuerza, al igual que el conductor culpable.

— ¡Estás en rojo, idiota! —gritó con una voz tan aguda que el moreno tuvo que cubrirse los oídos, aunque después y ya era tarde para evadir tan desesperante matiz.

Le mostró el dedo corazón y atinó a encontrarse con unos orbes brillantes en esmeralda. Le importó una mierda el susto que le metió y siguió su camino sin siquiera disculparse. No sería la primera vez que le gritaban cuando estaba tras el volante. Los insultos ya estaban hechos costumbre y pasarse altos una tradición. Aunque ya figuraba penado con una multa. Se podía decir que estaba calmado a comparación de sus días como universitario.

Cuando llegó al bar no vio señales del rubio fastidioso, pero tampoco quiso esperarlo y se adentró encontrándose con un ambiente muy distinto al que creyó. Si bien por fuera el local no atraía mucho la atención, por dentro era todo un espectáculo a la vista. Tucker se dio a la tarea de criticar y poner una nota alta como aplauso. Un ambiente para el adulto joven, así se describía a pocas palabras.

Tomó asiento frente a la barra, no estaba tan llena, pero sí tenía suficiente clientela. Levantó una mano y el barman se limitó a pedir una disculpa como permiso para atender a otros primero. Craig rodó los ojos, detestaba esperar mucho por algo. Enseguida fue atendido por un moreno de ojos azules, un tono más fresco que los propios. Otro aplauso, bastante rápido a su parecer. ¿Es que atendió a tres personas en cinco segundos? Se quedó intrigado.

— ¿Qué puedo servirte esta noche?

—Martini sucio.

—Fuerte desde el inicio, me gusta, tienes estilo —halagó Stan, quien preparaba el trago en el proceso y fue así que lo terminó en un santiamén.

Tucker enarcó una ceja a lo que el otro respondió con una tenue sonrisa y regresó a atender al siguiente cliente.

Ya habían pasado suficiente tiempo y el rubio no se dignaba a responderle las llamadas. ¿Un caso a última hora? Comprendía que Kenny tenía un trabajo en el que se necesitaba de su constante presencia… pero ¡Joder, que si salió fue por causa suya y no propia! Llegó una joven castaña apoyando al moreno que lo había atendido desde el principio. Un poco después se le unió una rubia… La conocía bien. Cuando ésta ultima buscó atenderlo, le giró la mirada, ni siquiera le respondió cuando preguntó si quería otro trago. Que se jodiera.
Después lo vio, al castaño al fondo del bar, atendiendo una mesa y minutos después entrando a lo que parecía ser la cocina.

El corazón se le detuvo por unos segundos, estaba seguro, a la mierda la lógica; el corazón dejó de latirle por esos míseros diez segundos.

Hizo una mueca árida y levantó la mano, para su suerte de nuevo fue el chico de cabello oscuro quien lo atendió.

— ¿Cuál es el trago más fuerte que tienes?

Stan dudó unos minutos y se rascó la barbilla con el índice. Pensó en darle el mejor trago y no el más pesado.

—No está en el menú, pero haré una excepción para ti… ¿Te apetece una perla negra?

—Quiero alcohol, no refresco. —Se quejó el más alto.

Tucker estaba consciente de cómo se preparaba esa bebida, lo que no sabía era que… Un poco de ese licor alemán, bastaba para noquearte en cuanto el viento frío te pegara en la cara después de consumirlo. Sólo los valientes la tomaban, decían; pero sobrevivir al día siguiente era el infierno.

—Nadie la prepara como yo, ¿qué dices? Puedo hacerte algo más si gustas.

— ¿Eres así con todos tus clientes?

Stan rió entre dientes; cierto, nunca fue tan limpio con los demás.

—No, supongo que no —respondió después de tanto— . Te ves algo afligido, quería hacer mi buena acción del día.

—Puedo decir lo mismo —remarcó. Se notaba en sus ojos ligeramente rojos. Estuvo llorando, o se encontraba drogado, pero al verlo lo suficientemente cuerdo, dedujo sería la primera.

Como criminólogo. Craig había desarrollado esa habilidad de leer a las personas, cosa que desde un principio le fue bastante fácil. Gozaba de ser también muy observador, dándole de esa manera un peldaño más arriba. Quizás hasta más.

Stan chasqueó la lengua y su sonrisa se apagó, creyendo que era demasiado obvio su estado.

—Stanley —llamó Catherine—, puedes tomarte el día, cariño, ya lo sabes, no tienes por qué trabajar si no tienes ánimos.

El moreno asintió dándole las gracias.

—Que sean dos perlas negras, de cortesía.

Marsh ya preparaba ambas bebidas sin escuchar un no a cambio. La cosa estaba en que necesitaba un poco de compañía y ¿por qué no la de un completo extraño?
Al fin el teléfono celular de Tucker recibió la tan esperada llamada del policía. No tardó en contestar y sólo fue para escuchar una disculpa a cambio y una oferta de trabajo. No sabía cómo Kenneth se las arreglaba. ¡Ni siquiera le había dicho que lo despidieron! Seguro el muy pendejo indagó de más esa semana o dos que estuvo ausente.
Al medio día… Una entrevista. Ya no tenía qué perder.
Lo dejaron plantado con la excusa estúpida de que un amigo lo necesitaba en esos momentos. Seguramente estaba más que metido en la cama de alguien.

No importaba ya que tenía la bebida con una base negra al fondo frente a las copas para martini vacías.

Al poco tiempo, Stan acompañó al criminólogo en la barra del lado de la clientela.
Bebieron juntos en silencio. Marsh reía cada cierto tiempo, al sentir un poco de su opresión liberada y tal vez éste no lo supiera, pero el que Craig le otorgara de su compañía, sumaba un logro a cualquiera.

Se fueron añadiendo más y más copas de alcohol y el primero en recargar la cabeza en la barra, fue el egresado de bioquímica.

Nevermind, I'll find someone like you… I wish nothing but the best for you too… —cantaba un Stanley ebrio.

Don't forget me, I beg, I remember you said: —continuó Craig.

Ambos cantaron al unísono el siguiente verso. Estaban totalmente colados a causa de la bebida.

— "Sometimes it lasts in love, but sometimes it hurts instead"

— "Sometimes it lasts in love, but sometimes it hurts instead"

El menor soltó una risita melancólica. Mientras Craig caía con la vista azulina al castaño que parecía haberlo notado ya.

Sometimes it lasts in love —balbuceó Marsh.

But sometimes it hurts instead —dictó Tucker, casi como verso y sin entonar melódicamente.

La siguiente acción del ex docente, sorprendió a más de uno en aquel bar: al afectado, de quien había sido robado un beso febril; Catherine, la cual miraba expectante sin saber muy bien qué hacer hasta que vio a Stanley corresponder; después estaba Clyde, éste apretó la pequeña libreta que sostenía en la palma derecha. ¿Le mostraba así que ya se había olvidado de todo?

No, Craig Tucker necesitaba hacérselo creer.

El rubor de Marsh no tenía precedentes. Se encontraba con las mejillas sumamente rojas. La piel blanca se encargó de aparcar énfasis. El segundo beso llegó y fue el bioquímico quien atacó. Necesitaba deshacerse de la necesidad de volver a brazos de Kyle. Lo veía… había muchos más hombres por ahí que el pelirrojo o el rubio. A veces el licor te hace perder la noción, la cordura y por mucho las ideas.


No notaron que ya habían cambiado de escenario.

No se dieron cuanta cuando ya estaban desnudos en la cama de Tucker, arañándose y sugerentes entregándose a la pasión.

Tampoco indagaron mucho en la razón o la consecuencia.

.

.

Beber sacude tu mundo, lo deforma y crea la ilusión óptica más desentonada y preciosa. El licor vil traidor se escapa cuando su fechoría está escrita, marcada y pasa a la historia siendo leyenda personal. Es como matarte a ti mismo y renacer. Caes en la dicha. Se lleva los males, te deja el placer incoloro de un futuro inexistente.