CAPITULO 3
Lord Leegan era un noble escocés perteneciente a una rama del clan Andrew, uno de los más antiguos y nobles de Escocia. Su padre era noble señor de sus dominios, daba un trato igualitario hasta el menor de las personas a su servicio. Él enseñó a su hijo que los hombres eran iguales ante Dios y por lo tanto el hombre no es quién para subyugar a otro, le enseñó que el trabajo ennoblece al hombre y lo hace digno de respeto, aún más que un título nobiliario.
Sus hijos Eliza y Neal habían sido educados bajo esas premisas, aunque Eliza era consciente de su belleza y por lo tanto algo orgullosa era una joven gentil. Neal, el hijo menor, sería el heredero del título y las tierras de su padre, por lo tanto desde niño había sido preparado para ello.
Su padre se hizo cargo personalmente de su educación secular, en la fe y en el arte de la defensa personal. Era diestro en el manejo de cuan instrumento de defensa estaba a su alcance. Lord Leegan tenía un don especial, don que había heredado a su vez de su padre, él podía sentir cuándo una persona era un ser de oscuridad.
Generaciones atrás, su familia se había dedicado a proteger a los suyos y a sus familias de aquellos entes que trataban de hacer a los demás tan miserables como lo eran ellos. El horror, la peste, la falta de fe, la indiferencia era un mal que avanzaba entre los hombres, pero esta familia luchaba desde su trinchera para hacerle cerco y no dejarlos avanzar. En algunas ocasiones habían logrado detenerlos por completo, durante algunas temporadas, aunque al volver al mundo para llenarlo de maldad, siempre había un Leegan dispuesto a detenerlos.
Pero esta ocasión era diferente. Su familia estaba siendo atacada sin piedad. Primero los Andrew en Inglaterra, ellos habían dejado Escocia traicionando a su clan, buscando el beneficio que el Rey Inglés ofreció a los nobles escoceses para tratar de terminar con la resistencia.
Ofreció tierras, títulos, y "derechos" indignos amparados por la ley. Como siempre, la ambición es la perdición para los hombres y en este caso en particular así fue.
La familia Andrew fue atacada y durante décadas no hubo poder humano que detuviera "el mal" que estaba sobre ellos. Durante ese tiempo fueron blanco de los más atroces crímenes, uno a uno fueron cayendo. Cada familia emparentada con ellos, hombres, mujeres y niños, aun los más pequeños. Nada escapaba a la furia del mal que los atormentaba. Los bienes, las tierras y las riquezas que quedaban atrás no eran reclamadas por nadie. No se saqueaban las casonas, las joyas estaban ahí, lo único que faltaba era el anillo y sello que cada cabeza de familia tenía. El símbolo de su estirpe y su poder.
El abuelo de Lord Leegan sabía que ese mal no se detendría, así que instruyó a su hijo para que pudiera defender a los suyos si esa "maldición" llegaba a ellos. El conocimiento fue transmitido de padre a hijo. Neal era el último eslabón en esa cadena y por esa razón su educación siempre fue diferente a la de sus primos. A la edad de 10 años sabía lo suficiente, aunque no todo, a sus primos les parecía que era un tanto "oscuro" les intimidaban sus ojos color ámbar, que parecía que los traspasaba y los estudiaba. Neal se sentía un poco rechazado por sus familiares por esa razón levantó un muro invisible para evitar ser herido en su joven corazón y su mente sabía que era diferente a ellos, Neal estaba consciente de su destino y su papel en la vida.
El bisabuelo de Neal no estaba equivocado, así como las sombras irremediablemente ganan espacio a la luz al terminar el día, así la sombra del mal llegó a Escocia y cubrió poco a poco a los Andrew.
Una a una las familias fueron tocadas y sus vidas cambiaron por completo. Ellos, todos y cada uno dejaron esta tierra en medio de las circunstancias más terribles. Lord Leegan sabía que no tenía tiempo, cuando llegaron noticias de las tierras altas de Alba, anunciándole que Lord William Andrew, su familia y personas a su servicio habían sido atacados semanas atrás, la única sobreviviente de la familia fue la pequeña Candice que en esos días estaba de visita en casa de los Leegan.
Él envió a su esposa y a su hija a Inglaterra con instrucciones para que se ocultaran hasta que él, su hijo y su sobrina las alcanzaran y así buscar refugio. Lord Leegan pudo sentir esa tarde que algo pasaría, lo sabía…
Lord Leegan había sido emboscado en su castillo durante la noche, él había tenido que salir al encuentro de los seres que le atacaban dentro de las murallas de su casa. Luchó con valentía hombro a hombro con sus hombres, entrenados por él mismo. Sin importar el número relativamente pequeño de atacantes, eran superiores en fuerza y salvajismo.
Neal estaba en la habitación de su padre, tal y como él se lo había ordenado, estaba vestido con la pequeña armadura que su padre le había adaptado en el momento y mirando a través de la mirilla de la ballesta que él mismo había fabricado bajo la dirección de su padre. El niño estaba plantado en medio de la habitación con las piernas separadas con el corazón latiendo desbocado dentro de su pecho, le sudaban las manos, gruesas gotas de sudor resbalaban por sus sienes cayendo como gotas de lluvia salada en el piso de mármol.
-¡Calma Neal! Controla la respiración, ese miedo que tienes transfórmalo en atención, agudiza tus sentidos, respira con calma –eran las palabras de su padre cuando le entrenaba- Concéntrate y respira… respira.
Se escucharon pasos fuera de la habitación, Neal se acomodó la ballesta recargándola en su hombro, moviendo sus pies para lograr una mayor estabilidad, no se movió, simplemente esperó para enfrentar a lo que sea que entrara por la puerta.
-Neal –escuchó su nombre tras la puerta de la cómoda tras él-
-¡No hagas ruido! Y pase lo que pase no salgas –dijo el niño con seguridad sin dejar de apuntar a la puerta de la habitación-
-Pero… Neal ven aquí ¡Escóndete!-insistió la voz apagada-
-No… no me voy a esconder, debo protegerte ¡Cierra la boca de una vez por todas! No me dejas concentrar- susurró con impaciencia el chico.
El sonido de pisadas se hizo más fuerte, el chico movió el dedo que tenía en el gatillo.
-¡Neal! -Escuchó fuera de la puerta de la habitación-
El chico no se movió
-¡Neal! –Insistió la voz-
Él permaneció estático
-¡Neal! ¡Soy yo! Abre la puerta y déjame entrar.
Sin apartarse de la mirilla de su arma el chico contestó.
- Si eres mi padre sabrás cómo abrir la puerta –Neal contestó con calma y contuvo el aliento-
Se escucharon sonidos metálicos tras la puerta y después el picaporte giró
Lord Leegan entró con rapidez a la habitación, la puerta del armario se abrió y salió una chiquilla rubia de cabello rizado que se lanzó a los brazos del Hombre.
Lord Leegan abrazó con cariño a la niña cerrando los ojos por un momento, Neal los miraba tratando de controlar la respiración, temblando, aliviado de que su padre estuviera con ellos.
Lord Leegan miró a su hijo y lo atrajo a su pecho, tratando de fundirse con él para no dejarlo solo como sucedería en pocos momentos, levantó al chico rodeándolo con los brazos, tratando de controlar las lágrimas que parecía que lo traicionarían en cualquier momento. Acarició la castaña cabellera de su hijo y deseo con todas sus fuerzas que tuvieran más tiempo… tiempo que se había terminado.
Lord Leegan después de soltar a su hijo caminó hasta su escritorio, sacó una bolsa de piel y un libro, se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano, respiró profundo y se volvió para mirar a su hijo a los ojos.
-Neal debes entrar por el pasadizo y salir del otro lado de los muros
- ¡No padre no me iré sin ti!
-Yo te alcanzare en Inglaterra, toma estos son Títulos nobiliarios de los Leegan, cuídalos hijo y llévate a tu prima contigo.
-No no te dejaré, lucharemos juntos –protestó el chiquillo-
-¡Escúchame bien Neal! ¡Nos están exterminando! Debes proteger a tu madre, a tu hermana y a tu prima en mi ausencia, eres el hombre de la casa, así que entra al pasadizo.
Abrió una puerta a un lado de la cabecera de la cama, hizo que Candice entrara primero,
Lord Leegan abrazó a su hijo por última vez, Neal se tensó en brazos de su padre, sintió cómo un escalofrío recorría su espalda.
-Está aquí –susurró al oído de su padre-
-Lo sé-
Tomó al chico y lo metió por la pequeña puerta que cerró de inmediato.
-¡Vete! –sentenció con voz severa- ¡Te lo ordeno!
Neal no se fue se quedó mirando por las rendijas de la madera labrada. Vio a su padre plantado en medio de la habitación, tranquilo, con el arma presta mirando hacia la puerta. De pronto Neal pudo ver desde su escondite cómo su padre era levantado en vilo por un hombre relativamente delgado pero muy fuerte. Vio a su padre salir volando por la habitación y estrellarse salvajemente en el muro de piedra.
Lord Leegan era hábil, luchó con valentía y agilidad, logró hacerle daño al hombre que enfrentaba, un hombre normal habría caído, pero éste no era normal, ni siquiera podría decirse que se trataba de un hombre.
Neal, a diferencia de los otros chicos, sabía que los monstruos existían… esa noche su padre estaba enfrentando a uno.
Lord Leegan trató de apuntar su arma pero el ser que le atacaba fue más fuerte y lo sometió lastimando una de sus piernas, el dolor hizo que Leegan cayera al piso. Se escuchó una risa leve que podría hacer al más valiente estremecerse.
El ser delgado, se acercó despacio, como un felino que se regodea ante la presa, su andar era ligero, gallardo, alto, con una voz suave y varonil que parecía imposible pudiera pertenecer a alguien como él, le habló.
- ¡Por fin nos conocemos! Vaya que te has convertido en un verdadero problema. Me has causado más de un inconveniente Leegan, pero… ya no más.
El hombre levantó el brazo de Lord Leegan con violencia, tanto que se pudo escuchar un crujido dentro de sus carnes. Le arrancó el guante y acercó la mano a su rostro.
-¿Dónde está tu anillo?
- No lo tengo, lo perdí –dijo entre resoplidos tratando de controlar el dolor que le desgarraba por dentro-
El hombre delgado rió
-¿No me digas? Perdiste el emblema de tu familia, tu sello, el anillo de los Andrew. ¡Me insultas si piensas que voy a creerte! ¡El anillo! –sentenció mientras giraba el brazo de Leegan, arrancándole un grito espeluznante-
-No lo tengo se lo di a alguien más para que lo ocultara
El hombre delgado lo miró desde su altura y esbozó una leve sonrisa de medio lado al tiempo que levantaba una ceja.
-Pues no fue a tu esposa ni a tu hija, estas eran las únicas joyas que traían –dijo mientras sacaba un par de guardapelos con las iniciales LA grabadas en las superficies-
Pasó las joyas frente a los ojos de Leegan, éste abrió los ojos desmesuradamente se liberó del agarre del despiadado ser y se lanzó sobre él con rabia al entender la verdad. El hombre cayó al piso y los guardapelo rodaron. Leegan se lanzó a alcanzarlos, los tomó apretándolos a su pecho y lloró.
-Veo que aún tienes fuerza Leegan ¡Asombroso! Según pude ver en las miniaturas de los guardapelo tienes un hijo varón-
Neal se estremeció dentro de su escondite.
-¿Dónde está? –Preguntó mientras pisaba el brazo maltrecho de Leegan-
-Vamos Leegan, no te resistas, tarde o temprano tendrás que ceder dime dónde está.
- N…no
- ¿No? Oh es una pena que tengas que morir tan pronto – Neal escuchó decir al hombre que desde su altura miraba con desprecio a su padre-
El hombre giró una pierna de Lord Leegan de manera salvaje, arrancándole un grito desgarrador.
-Dime don…
-¡Está muerto! ¡Maldición! ¡Está muerto! –Gritó Leegan entre sollozos- Mi heredero está muerto… por… por eso envié a mi esposa y a mi hija solas.
Mi hijo cayó del caballo y murió la primavera pasada.
-¡Vaya! Es una pena, me habría gustado ser yo quién terminara con la vida del último Andrew… pero la fatalidad, amiga mía, se me adelantó.
Neal ahogó un grito, que desde lo profundo de su pecho quería salir, al ver cómo el hombre ultimaba a su padre
La silueta se irguió y el jovencito sólo pudo distinguir un par de ojos color zafiro que refulgían en la sombra.
Neal despertó cubierto de sudor, trató de incorporarse pero el dolor de su costado se lo impidió. Pasó la mano por el vendaje que Candice le había hecho después de curarlo. Instintivamente tocó un anillo de oro que tenía en uno de sus dedos, un águila con las alas extendidas y las letras L y A entrelazadas. El anillo símbolo de los Leegan-Andrew.
Lo presentía, había llegado el momento, la oscuridad estaba cerca, podía sentirlo, debía proteger a Candice.
Candice… estaba en peligro, lo sabía, los ojos zafiro la amenazaban en sus sueños…
Continuará…
De mi escritorio
Karla, Lucero, Coquette, Eileen, gracias por su tiempo y por leer esta historia
Magnolia querida:
Muchas gracias nena por darme de tu tiempo para leer esta historia, para mi es muy importante que tú la sigas, te admiro mucho y que te agrade hasta ahora me anima mucho. Gracias
Valdemar:
He de decirte que cuanto vi tu nombre me sentí verdaderamente intimidada, tienes historias magníficas, además, sabiendo que te gusta analizar y señalar algunas cosillas que mejorar de las historias que llaman tu atención.
Gracias por leer y espero que esta extraña historia cumpla tus expectativas.
