El tercero ya. Otra para el Quinesob.
Disclaimer: todo aquello relacionado con Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling.
Ella
Luna siempre había estado muy agradecida de Ginny Weasley, la primera y casi única persona con la que pudo sostener una conversación de más de diez minutos sin que estallara en risas o la declarara un caso perdido.
Desde su primer año en Hogwarts hasta el último, su relación se había desarrollado en forma si bien rápida, bastante peculiar.
Cuando se conocieron, la misión de Luna era sostener a la mandrágora y la de ella manejar la tierra. Simplemente otra clase de herbología, aburrida como tantas otras pero más fácil que muchas… En un momento dado, cuando ya se les había permitido descubrir sus oídos, alguien gritó a lo lejos:
—Hey, Lovegood, ¿por qué no buscas unos Snorkacks acá? ¡Debe estar repleto!
Un coro de risas estalló de inmediato, incitado por su compañero. A pesar de que llevaban apenas un par de meses en Hogwarts, Luna ya se había hecho fama de excéntrica. El hecho de que su padre fuera nada más que Xeno Lovegood no hizo más que acrecentar las habladurías.
—¿Pero cómo quieres que busque por acá… —empezó a decir ella con calma—, si los Snorkacks han habitado siempre las zonas áridas?
Otra vez, risas, muchas más que antes y menos disimuladas. Ginny Weasley, que había compartido toda la clase junto a ella, ni siquiera sonrió. Hizo una mueca y, alzando la voz sólo lo necesario para ser audible —daba la impresión de ser una niña bastante tímida—, se atrevió a responder.
—¿Y tú por qué mejor no te vas a buscar neuronas? ¡Debe estar repleto!
Antes de que el pequeño Ravenclaw pudiera responder, la profesora Sprout interrumpió la disputa.
—¿Qué es esto? Mejor será que sigan con su trabajo o tendré que quitarles puntos, lo siento mucho. Continúen, sólo queda media hora para terminar.
El chico que había molestado a Luna estaba rojo de la indignación, pero la amenaza de quitar puntos a su casa seguramente lo asustó lo bastante como para guardarse todo comentario que hubiera planeado hacer. La chica, por su parte, estaba totalmente atónita; por primera vez desde que llegara a Hogwarts, alguien la había defendido de verdad. No por pena ni por conveniencia. De verdad.
Ginny ya había tomado las orejeras y parecía lista para continuar con su trabajo.
—¿Prefieres que esta vez yo sostenga la planta, o lo hacemos como antes? —le dijo, como si en ningún momento hubieran sido molestamente interrumpidas.
—¿Por qué me has defendido? —soltó Luna, sin resistirse—. Podrías haberlo dejado, después de todo ya estoy acostumbrada y a ellos los divierte.
—Pues, no sé… No me parece correcto que te traten así —dijo, al tiempo que sus orejas empezaban a tomar un color más escarlata—. Además, ¿cómo puedes permitírselo? Por más que a ellos les divierta, no creo que debas resignarte a que te traten así…
Ginny parecía muy intrigada al respecto, pero lo único que Luna atinó a hacer en respuesta fue ladear levemente la cabeza y murmurar algo por lo bajo y que a la joven Weasley le sonó como a un "costumbre". No volvieron a tocar el tema.
También había sido Ginny quien le habló del Ejército de Dumbledore, cuando éste era aún un simple proyecto. Aunque no eran compañeras de casa, se juntaban bastante y si les era posible viajaban juntas en el Expreso de Hogwarts; lucharon juntas en el Ministerio y entre ambas —junto con Neville, claro— armaron el plan para robarle la espada de Gryffindor a Snape.
Era, en resumidas cuentas, la primera amiga que Luna tuvo en Hogwarts.
Sí, algunas veces una sonrisilla se escapaba de sus labios si mencionaba los más recientes descubrimientos de su padre, y en ocasiones miraría a su alrededor antes de contestarle algo referente al tema, pero se daba cuenta de que con ella era distinto, porque no era una actitud constante sino dependiendo de la situación o contexto en que se encontraran, nada más.
Más o menos a mitades de su tercer año, un Ravenclaw dos años mayor que ella había salido con el apodo de "Lunática". Lunática Lovegood, ni más ni menos. Como tantas otras veces, no le dio mayor importancia. Aunque al comienzo a Ginny le desagradó en exceso, poco a poco le fueron encontrando el lado gracioso; y de nuevo, ahí estaba ella ayudándole, casi inconcientemente.
A pesar de que los horarios escolares limitaban el tiempo compartido, y considerando el hecho de que Ginny sí tenía mayor facilidad para socializar, en aquellos años transcurridos Luna había llegado a tomarle gran cariño, tanto a ella como al pequeño grupo del ED que fue al ministerio, y le estaba enormemente agradecida.
Agradecida por haber mandado a aquel niño a buscar neuronas; por haberse sentado junto a ella en el tren cuando todos los demás se mostraban reticentes; por dejar que le preguntara qué le había sucedido al darse por finalizado el funeral de Dumbledore, que ahora sus ojos se veían llorosos; por no dejarla atrás al ir a buscar la espada, habiendo tantos más entre los cuales elegir.
Por haber sido ella la primera que vio en Luna algo más que a una lunática.
Sobre la Viñeta: Humm... cortito, pero algo es algo. Ya escribí el que sigue, así que en cualquier momento subo.
Saludos y, si leíste, gracias.
