Y aquí está finalmente la tercera parte… creen que ya se pasa de cursi? OoC?
Díganme qué les parece?
III
Cuando le dijeron que Jaime Lannister finalmente estaba en su poder sintió casi la misma satisfacción que la primera vez que fue reconocida como reina de todo Poniente: la parte culminante de su venganza estaba por llevarse a cabo. Aunque su primer impulso fue acabar en el instante con la vida del hombre, no quería que sus primeros movimientos desde el Trono de Hierro fueran arbitrarios, aun cuando todo mundo debía estar consciente de la culpabilidad del hombre, era necesario que su sentencia fuera resultado de un juicio justo. Se lo debía a su pueblo y se lo debía también a Tyrion, quien la había aconsejado y servido bien desde que sus caminos se habían cruzado por primera vez. A pesar del rencor que parecía guardarle a su hermano por alguna misteriosa razón, también parecía tenerle cariño. Ella sabía mejor que nadie lo complicadas que podían ser las relaciones entre hermanos, y por lo que sabía de Tyrion, el guardaba mejores recuerdos de su relación con Jaime de los que ella tenía respecto a Viserys.
Sentía más desconfianza de la que estaba dispuesta a admitir respecto a captura del hombre. En realidad ni ella ni su gente tenían mérito alguno en ello. Lannister prácticamente se había entregado. Supo que se había negado a huir por permanecer al lado de una mujer herida que no podía moverse, y ella dio por sentado que se trataría de Cersei Lannister, su hermana y amante. Pero ni era Cersei Lannister, ni era tampoco el tipo de mujer por la que un hombre común arriesgaría la cabeza. No se engañó en ningún momento con la historia de que la mujer era rehén de Lannister. Después de hablar con el viejo maestre le quedó claro que aquello no era más que una desesperada estratagema para protegerla, pero a pesar de no entender el motivo que el Matarreyes podría tener para ello, no creyó que hubiera algún altruismo puro en ello. Sin embargo, cuando lo vio arrodillarse y suplicar humildemente por el cadáver de la mujer, Daenerys se vio obligada a aceptar que el hombre le tenía algún tipo de cariño a la muchacha.
Y quizás Daenerys nunca lo odió tanto como entonces, porque había pasado toda su vida negando la posibilidad de que existiera algo de bondad en ese hombre y él le había arrebatado la posibilidad de seguir odiándolo libre de cualquier cargo de conciencia, porque cuando la vida le concedió el deseo de tenerlo rendido a sus pies, se encontró sintiendo pena por él.
Si él ya había aceptado la muerte de la chica y era evidente que le importaba, quizás lo más noble hubiera sido dejarlo en el error, después de todo, ella no tardaría mucho en morir de verdad. Tal vez resultaba más cruel enfrentarlo a la triste condición en que Lady Brienne se hallaba. O probablemente darles unos últimos minutos juntos era un acto de bondad. Supuso que todo dependería de la intensidad de sus sentimientos.
De modo que, cuando le dijo al hombre que ella estaba viva pero en condiciones muy difíciles, no estuvo segura de si lo hacía para castigarlo o para mostrarle clemencia. Sin embargo tuvo que aceptar que su actitud durante el último día de su juicio mejoró considerablemente, dejó a un lado la actitud cínica, prestó atención a cuanto se decía e incluso llegó a hacer un par de aclaraciones, aunque no mostró el menor interés por defenderse y se negó a hablar sobre la muerte de Aerys.
A pesar de todo el resultado del juicio fue el que ya todos esperaban: fue sentenciado a muerte al ser encontrado culpable de una larga lista de crímenes de los cuales Daenerys solamente podía estar completamente segura de unos cuantos. Desgraciada o afortunadamente, la muerte de su padre, el intento de asesinato del chico Stark y la traición al trono por haber mantenido una relación ilícita con la usurpadora Cersei Lannister, eran suficientes para hacerlo pagar con la vida.
Él ni siquiera parpadeó cuando la sentencia fue promulgada, se limitó a asentir ligeramente como prueba de que había escuchado. No pidió clemencia ni pareció sentir temor, simplemente solicitó, otra vez haciendo gala de humildad y buenos modales, que se le permitiera ver por última vez a Lady Brienne. Y ella, otra vez sin saber porqué, accedió.
Tal vez influyó la historia que había escuchado acerca de las aventuras de la muchacha. Ver su cuerpo tan joven y tan maltratado, observar en sus ojos la frustración de la constante lucha para articular cada simple palabra, para hacer el más ligero movimiento. El entender que se estaba dejando morir por creer que probablemente el hombre que amaba estaba muerto, otra vez. Había tanta tristeza en su rostro deforme, en sus brillantes ojos azules, que no fue capaz de resistirse a la petición de Lannister. Incluso accedió a ocultarle a la muchacha que la sentencia ya había sido dictada y le permitió a Lannister asearse para lucir presentable frente a ella.
Antes de permitirle entrar, el maestre le explicó una vez más el estado en que la mujer se encontraba: era incapaz de emitir una palabra coherente, de sus labios únicamente escapaban silabas sueltas sin sentido alguno, y sus movimientos eran torpes, limitados y ni siquiera parecía darse cuenta de lo que sucedía a su alrededor. No estaban seguros de si su condición era permanente, y además se negaba a comer. Se encontraba tan débil que de seguir así no viviría más de un par de días.
Lannister sólo asentía con la mirada fija en la puerta de tras de la cual se encontraba Lady Brienne, parecía no prestar mayor atención al maestre, ansioso por deshacerse de él y finalmente entrar en la habitación. Cuando el maestre terminó su explicación él le dirigió un mirada larga y profunda antes de susurrar un gracias ronco y vacilante, pero sincero.
Era en verdad un hombre muy atractivo y, en ese momento, sin su máscara de arrogancia, sus ojos reflejaban un brillo suave, que en otras circunstancias habría despertado la simpatía de Daenerys. El asesino de su padre sería ejecutado en una semana y por alguna razón ella se encontró mostrándole clemencia.
Antes de que él pudiera cruzar la puerta ella lo detuvo.
—Quítenle las cadenas —le ordenó al guardia que lo escoltaba.
Otra vez, Lannister le dio las gracias, esta vez de forma rápida antes de entrar a la habitación. Dio un par de pasos y luego, al ver a la mujer se quedó congelado por un momento. Aparentemente las palabras del maestre no habían logrado prepararlo completamente para lo que iba a encontrar.
Ella estaba inmóvil en la cama, con el rostro vuelto a la pared y una de sus manos colgando ociosamente por el borde de la cama. Rendida, sin oponer la menor resistencia parecía simplemente esperar que la vida la abandonara. Lucía tan delgada que casi parecía pequeña.
Lannister tragó saliva antes de acercarse a ella.
—¿Moza? —la llamó inseguro.
Por primera vez en días ella fue capaz de reaccionar a un sonido. Giró el rostro y cuando sus ojos se encontraron con los de él emitió un jadeó largo y profundo. Incluso, débilmente, trató de incorporarse.
Entonces él corrió a su lado, se sentó en la orilla de su cama y la abrazó con fuerza. Ella con las pocas energías que le quedaban trató de imitarlo.
El momento fue intenso, pero breve. Al cabo de un instate él se separó y la acomodó en la almohada. Ninguno de lo dos parecía cómodo con el contacto físico, no parecían acostumbrados a él, aunque en los ojos de ambos se podía ver que también estaban ansiosos por repetirlo.
—¿No tienes hambre? —le preguntó él con naturalidad, tomando una manzana de la bandeja intacta que se hallaba a un lado de su cama.
Ella abrió la boca y por el sonido duro, casi parecido a un gruñido, Daenerys dedujo que trataba de pronunciar su nombre: Jaime. Él también pareció entenderlo así.
—Por supuesto que soy yo. ¿A quién más esperabas? —bufó casi con fastidio— Esto tiene buena pinta —añadió mirando el plato, después de morder sonoramente la manzana que sostenía en la mano—, casi tan buena como aquel estofado cerca de Harrenhal, ¿lo recuerdas? —Ella asintió de forma casi imperceptible.
—Te ca…tu…ron po mi… ulpa… —la mujer jadeó rendida por el esfuerzo que requerían esos pocos balbuceos.
—Nadie me capturó. Y aun si hubiera sido así, no sería tú culpa. No te sientas tan importante, moza —mintió con descaro.
—¿Tú… bre? —murmuró con esfuerzo, después de tragar el bocado.
A él le tomó unos segundos entender lo que trataba de decir, luego, fingiendo que le había comprendido perfectamente y que todo era normal, contestó:
—Por supuesto que estoy libre. ¿Me ves con alguna cadena? —preguntó, y sólo entonces reconoció la presencia de Daenerys, con una mirada suplicante le rogó que lo ayudara a mentir, y ella no pudo hacer otra cosa que ceder.
—Lady Brienne, usted y ser Jaime son mis huéspedes —dijo secamente.
El rostro de la muchacha se relajó de inmediato y el suspiro de alivio que escapó de su pecho pareció quitarle un enorme peso de encima.
Sin mayor trámite, Lannister tomó la cuchara con guisado y la colocó delante de su boca. Daenerys fue incapaz de disimular su sorpresa cuando vio a lady Brienne aceptar el alimento dócilmente, masticarlo con calma y luego tragarlo con cierto esfuerzo. Le hizo una seña al maestre y éste, con curiosidad, acudió a contemplar la escena.
—¡Por los siete, moza! ¿Qué pretendías ganar matándote de hambre? No hemos tenido ya suficientes guerras sin que Tarth decida atacar Roca Casterly como venganza? ¿O acaso sólo buscabas que tu padre me matara al ver el estado en que te regreso a su lado? Ya eras bastante fea antes de que decidieras quedarte en los huesos.
Ella abrió la boca dispuesta a protestar, pero él aprovechó para hacerla tragar otro bocado.
Ambos parecían ignorar cualquier presencia ajena a ellos, Daenerys se preguntó si por lo menos se daban cuenta de que ella estaba ahí, en una esquina, observando lo que pensó sería un reunión dramática y sentimental, y fue en realidad el encuentro casual de dos viejos conocidos.
Sin embargo, había algo en sus miradas que le dejaba claro que era aquello que no se decían lo que verdaderamente importaba, esa ternura escondida con palabras bruscas y duras expresaba más amor que un millón de palabras dulces.
La magia realizada en esos momentos resultaba difícil de describir. Lo que hasta momentos atrás era poco más que un cuerpo sin alma, ni vida, se convirtió de pronto en una persona capaz de reaccionar, de reír, de enojarse; incluso, en un par de ocasiones, Daenerys la vio levantar el brazo haciendo el amago de golpear a Lannister cuando éste la provocaba con algún comentario.
Comió la mitad de lo que había en el plato y hubiera seguido haciéndolo si el maestre no hubiera recomendado que, dado su estado, empezara alimentándose con cantidades muy pequeñas varias veces al día.
—Me debes una cerveza, moza –le dijo con una mirada de complicidad—. ¿Puede beber? –añadió , dirigiéndose al maestre.
Él asintió y Daenerys, por curiosidad principalmente, permitió que les llevaran la cerveza.
—Por la mujer con la cabeza más dura que he conocido en mi vida –exclamó con su más deslumbrante sonrisa burlona.
Lady Brienne giró los ojos, pero a pesar de todo bebió dócilmente cuando él acercó el vaso a sus labios.
Débil como estaba no tardó mucho en quedarse dormida, con el hombre cerca de ella sosteniendo su mano. Entonces ella le dirigió una mirada al guardia y sin una sola palabra Lannister salió de la habitación y dócilmente, sin necesidad de cadenas, regresó a su celda después de nuevamente darle las gracias por permitirle esos minutos.
Durante los siguientes días les permitió una breve visita diaria, y con tristeza entendió que la muchacha probablemente no era tan ingenua como aparentaba y empezaba a sospechar que la situación de Lannister no era tan despreocupada como se empeñaban en hacerle creer. Se negaba a comer si él no estaba presente y aunque lentamente mejoraba, todos temían que con la muerte de Lannister ella volviera a su estado anterior.
Desgraciadamente no había nada que pudiera hacerse para evitarlo. Era cierto que el nuevo reinado Targaryen estaba en deuda con Lord Selwyn que la mujer se había ganado su simpatía y compasión, pero de ningún modo iba a perdonarla vida del asesino de su padre.
El día anterior a la ejecución, quizás sintiendo el nerviosismo de todos a su alrededor, ella también estuvo inquieta y ansiosa.
Antes de despedirse, el silencio entre ellos se prolongó más de lo necesario, él se rehusaba a mirarla a los ojos y quizás en eso ella encontró las primeras pistas de que algo no iba bien. O quizás era simplemente que se conocían demasiado bien y podían leerse con cada mirada y movimiento.
—¿Ves… aña na? —tartamudeó ansiosa.
Nadie entendía cómo era posible que en tan sólo unos días el Matarreyes hubiera logrado entender a la perfección los balbuceos incoherentes de Lady Brienne, pero así era, el hombre parecía leer sus ojos más que escuchar su incoherentes palabras. La miró fijamente por unos instantes y Daenerys estuvo a punto de creer que en esa ocasión no había sido capaz de traducir sus tartamudeos en una frase coherente, pero se equivocó.
—Yo siempre vuelvo, moza. Soy como tu sombra —sonrió, pero esta vez con una tristeza mal disimulada— , a donde quiera que mires ahí estaré.
—Ju… me … ras –aquello no necesitaba traducción: "Júrame que volverás"
Vio a Lannister tragar saliva antes de regresar a su sonrisa cínica
—No más juramentos, Brienne. Ya hemos hecho demasiados. –Finalmente se atrevió a mirarla, aunque de forma muy breve.
Cuando ella se dejó caer en la cama, otra vez como si toda voluntad hubiera abandonado su cuerpo, Daenerys supo que lo había comprendido al fin.
—El maestre asegura que en unos días más estarás lo suficientemente fuerte para regresar a Tarth. A casa, con tu padre –le aseguró, falsamente animado.
Ella lo ignoró. Giró el rostro hacia la pared y no volvió a moverse.
—Adiós, Brienne.
El hombre se mantuvo de pie por un largo rato, esperando una respuesta que nunca llegó. Finalmente se dirigió a la puerta y salió sin volver la vista atrás.
Aquella misma noche, justo cuando se había obligado a olvidar el tema y no volver a pensar en Lannister hasta el momento de su ejecución, uno de los guardias se presentó con un mensaje del Matarreyes: solicitaba una audiencia.
Y, otra vez, la curiosidad pudo más en ella y accedió a verlo. Pidió la presencia de Tyrion y esperó al hombre, pensando que la cercanía de la muerte lo habría vuelto cobarde y acudía a ella para rogar por su vida. Pero, se prometió a sí misma, ella no perdonaría.
—Es bastante tarde ya, ser, y hay una reunión a la que debo acudir. Necesito descansar, después de todo, mañana es un día muy importante… para ambos. De modo que diga lo que tenga que decir, pero sea breve.
Lannister se mordió los labios y asintió; por su expresión quedaba claro que no albergaba muchas esperanzas sobre el éxito de su solicitud. Lo vio dirigirle una fugaz mirada a su hermano, tragar saliva y con la mirada fija en el piso luchar por dejar salir las palabras. Daenerys no podía imaginar algo que resultara más doloroso para un hombre arrogante como el tener que suplicar.
—Brienne… Lady Brienne necesita regresar a su hogar. Para recuperarse, pero… primero necesita mejorar un poco para poder viajar, y no va a lograrlo si…
Guardó silencio, pero tanto ella como Tyrion entendieron lo que calló. Si él moría la mujer, sintiéndose culpable, se daría por vencida otra vez y no tardaría mucho tiempo en seguirlo. Jamás volvería a Tarth.
Entonces, era ésa la tabla a la que pensaba aferrarse para salvar su vida: Evidenciar lo ligada que estaba su existencia a la de la doncella de Tarth.
—Y lo que usted sugiere es…
—Le pido tiempo… unos días más para que ella pueda viajar, permítame acompañarla a Tarth, con su padre a su lado podrá salir adelante —declaró muy despacio—. En cuanto ella esté a lado de Lord Selwyn yo regresaré; lo juro por…
—¿Lo jura por su honor, ser? –lo interrumpió con ironía.
—No. No por mi honor. Por el de ella —dijo con presteza, como si hubiera adivinado que su honor valía muy poco para cualquiera.
—¿Y qué garantía tengo yo de que esto no es más que un pretexto absurdo para escapar?
—Si mi prioridad fuera huir no estaría ahora aquí —aseguró, y en su mirada se notaba que trataba de contenerse y mantener su tono humilde y educado.
Daenerys tuvo que admitir que tenía la razón en eso. Lo capturaron porque inexplicablemente le pareció más importante la seguridad de Lady Brienne que su propia vida.
—Lamento que ni su honor ni el de ella me basten como garantía de que regresará —replico con más dureza de la que sentía.
—Entonces tal vez si incluyo el mío podamos cerrar el trato —intervino Tyrion para su sorpresa—. Ofrezco mi cabeza, en caso de que la de mi hermano no esté puntualmente de regreso en la fecha que su majestad señale.
Daenerys lo miró por un largo rato, tratando de encontrar la menor sombra de duda o desconfianza en el hombrecillo. No entendía si verdaderamente confiaba a tal punto en su hermano, o simplemente no la creía a ella capaz de tomar la cabeza de un Lannister que le había sido leal a cambio del otro que había matado a su padre.
—Me conoce bien, my Lord –le dijo a Tyrion acercándose a su lado, e ignorando momentáneamente la presencia del Matarreyes—. No permito burlas a mi persona. ¿Está dispuesto a jugarse la vida por su hermano? Sabe bien que no me temblaría la voz para ordenar su muerte si él no regresa.
—Lo sé bien —aseguró Tyrion convencido— También sé que Jaime regresará.
Daenerys miró a los hermanos, sabía muy bien que Viserys jamás habría hecho algo así por ella. También sabía que ella jamás habría sido tan ingenua para confiar tan ciegamente en su propio hermano…
—Tiene dos lunas, ser Jaime. Si llega con un día de retraso la cabeza de su hermano será el adorno principal de la Fortaleza Roja.
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