CAPITULO 2

Reina Caboosey

No lo consiguió.

Rachel, a pesar de su visionado compulsivo de videos de Barbra, no consiguió pegar ojo durante toda la noche. O tal vez sí, pero fueron tan pocas horas que apenas le sirvieron de descanso.

Aquella conversación con Quinn no se apartó de su mente. No entendía el cambio de actitud de la rubia, que siempre se había mostrado desafiante o simplemente, ignoraba cualquier cosa relacionada con su vida lejos del instituto. Y esa excusa de que quería ganar las nacionales y solo con ella lo conseguiría, le resulto terriblemente falsa. De todos los componentes del coro, Quinn era la que menos dedicación tenía en lograr objetivos. Para ella, el Glee club era una simple excusa más para estar cerca de Finn, por lo que aquel pretexto no tenía validez alguna para Rachel. Algo tramaba, sin duda. Algo que a buen seguro iba a terminar perjudicándole. O tal vez lo hacía influenciada por Finn, y la preocupación que el chico siempre mostró con ella desde que tuvo aquel desafortunado accidente con él. Sin embargo, lo que la morena no sabía era que Quinn tampoco consiguió dormir en toda la noche.

Había roto su promesa de no acercarse a Rachel, ya que aquella era la única manera de evitar que saliese a relucir su pasado, y con él su gran secreto. Y todo porque la conocía, porque sabía que a la morena, aun siendo ingenua y bastante maleable, no se le escapaban muchos detalles que los demás ignoraban por completo.

Había mantenido el tipo durante dos largos años desde que supo que Berry estaba en el mismo instituto que ella. Y lo había hecho a base de insultos, de burlas y todo tipo de artimañas para que su odio se viese realmente compensado de alguna forma, aun sintiendo la necesidad de tenerla a su lado. Rachel no lo sabía, pero Quinn habría dado lo que fuera por no tener que tratarla de aquella manera, por haberla podido abrazar aquel día que le mostró su apoyo, cuando estaba embarazada, o en decenas de ocasiones más en las que siempre estuvo a su disposición, y ella la rechazó.

Pero en aquél estúpido instituto no había nadie que mereciese la pena, no tenía a nadie en quien confiar con la que compartir una amistad, que tenía claro que Rachel no merecía. Ella ya tuvo su oportunidad y terminó fallándole cuando más la necesitaba. No iba a tropezar con la misma piedra del pasado, y por ello debía seguir mostrándose como siempre lo hizo con ella.

La mañana llegó y todo seguía igual. No tuvieron contacto alguno durante las clases, excepto en la hora del ensayo en el club, dónde Rachel mostró los montajes fotográficos que el doctor había realizado con su futura nariz, demostrándole a todos que seguía empeñada en seguir adelante con la operación, y llevándose la repulsa del resto de sus compañeros. Ésa vez, ni siquiera Santana estuvo de acuerdo.

Y fue al término de los ensayos cuando Rachel se decidió a hablar con Quinn de nuevo, pero su intento de asaltarla en el pasillo fracasó en el mismo instante en el que la rubia ni siquiera se detuvo a mirarla se decidió a detenerla. Quinn no le dio opción alguna, y terminó apartándola con brusquedad, antes de huir emprendiendo una veloz carrera a través del pasillo, perdiéndose entre los alumnos que se encontraban en él.

Y ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar para tratar de averiguar que le sucedía cuando una voz la interrumpió.

Rachel, ¿Has visto a Quinn?— Fue Finn quien la cuestionó sacándola de su aturdimiento.

Eh… si, me acaba de esquivar y se ha ido corriendo hacia allá— se giró señalando el camino que segundos antes había seguido la rubia.

Maldita sea— espetó nervioso.

¿Qué ocurre?, ¿Qué le pasa a Quinn?— cuestionó tras notar el nerviosismo del chico—¿Está bien?

Nada—se excusó— sólo tengo que encontrarla.— Añadió segundos antes de seguir los pasos de Quinn , dejándola de nuevo a solas y completamente confusa.

No entendía nada, aunque viendo la actitud de ambos era más que evidente que habían discutido. Que Finn habría vuelto a meter la pata con ella, o tal vez Quinn había perdido la paciencia por milésima vez con él. Así que tratando de no pensar demasiado en ello, y postergando su conversación con la rubia, decidió seguir con su rutina de clases, regresando hacia a su taquilla donde debía recoger algunos de los libros que iba a necesitar. Sin embargo, no contaba con una nueva interrupción, y menos aun viendo de donde procedía.

A apenas unos metros de ella, justo alrededor del tablón de anuncios que permanecía anclado al final de aquel pasillo, un murmullo procedente de un grupo de alumnos, que entre risotadas y cuchicheos formaba un corro alrededor del tablón, le llamó la atención. Y eso no presagiaba nada bueno, sobre todo para alguien como ella, que siempre solía ser la víctima en ese tipo de actitud grupal

Se temió lo peor.

Cerró su taquilla y tras lograr templar un poco la ansiedad que ya empezaba a vislumbrar, se dispuso a averiguar lo que provocaba aquel murmullo. Ya estaba acostumbrada a enfrentarse a esas burlas, por lo que mientras caminaba hacia ellos, no podía evitar pensar en el discurso que de nuevo, una vez más, debía pronunciar para intentar zanjar cualquier tipo de burla que la tuviese como cabeza de turco.

Sin embargo, lo que vio tras aquel tumulto no era ni por asomo lo que esperaba. De hecho, incluso le costó comprender que realmente estaba sucediendo aquello.

Un tablón, un póster…Lucy Caboosey.

Rachel se descompuso y lo hizo con razón. Un póster con la imagen de Lucy, su amiga Lucy a la que hacía años que no veía, presidía el tablón y debajo de la misma una frase devastadora; Reina de la promoción.

El desconcierto no tardó en sorprender a Rachel, que rápidamente se vio envuelta en multitud de preguntas que no acertaba a cuestionar en voz alta, pero que sí la golpeaban una y otra vez en su mente. ¿Qué demonios hacia Lucy allí?, ¿Qué sentido tenia aquello?, ¿Quién había encontrado aquella foto y de dónde había salido?

Rachel trataba de comprender que estaba sucediendo y lo hizo intentando comprender lo que hablaban los chicos, pero la confusión era tan grande para ella, que no atinaba ni siquiera a prestar la suficiente atención a sus conversaciones. Y menos aun cuando pasados varios segundos, notó como el murmullo aumentaba y algo les hacía girarse en dirección a uno de los extremos del pasillo. Rachel imitó el gesto y observó como Quinn, completamente fuera de sí corría hacia ellos desesperada, provocando aún más las burlas y las risotadas en el resto de los chicos. Se postró un par de segundos frente al poster, y de un rápido tirón lo arrancó del tablón para luego, volver tras sus pasos y perderse de la misma forma a como había aparecido.

Completamente desconcertada, Rachel no supo que hacer, ni por qué Quinn había hecho aquello. Lucy desapareció de su vida hacía dos años, sin un adiós, sin un hasta luego, sólo con aquella misteriosa y extraña nota que dejó en su buzón, y nunca más supo de ella. Sólo recibió estúpidas y falsas excusas que sus padres le hicieron llegar, y que nunca terminó de creer. Y de repente, cuando menos lo esperaba y menos pensaba en ella, descubría su imagen en un poster, en mitad de su propio instituto y con Quinn poseída por el demonio haciéndolo pedazos. Una locura que ni siquiera sus mejores amigas, Brittany y Santana parecían conocer. Al menos eso creyó cuando las vio aparecer por el pasillo, y se decidió a cuestionarlas.

—¿Qué ha pasado ahí?—fue Santana la primera en preguntarle a Rachel, tras ver como el barullo de estudiantes comenzaba a disolverse.

Una locura— Balbuceó ante la pregunta de la latina—¿Alguna de vosotras conoce a Lucy?

¿Lucy?...mm, ¿De qué año es?, no hay ninguna animadora que se llame Lucy, ¿Verdad Santana?

¿De qué estás hablando Berry?— se interesó Santana ignorando la intervención de Brittany.

De Lucy Caboos…—no pudo terminar aquel apelativo porque realmente le dolía tener que decirlo, pero fue más que suficiente dejarlo entrever para que tanto Santana como Brittany entendiesen el significado— Quinn ha quitado el póster del tablón de una chica que se llama Lucy y quería saber...

¿Quinn?se adelantó Santana— ¿Que Quinn ha quitado qué?

No tuvo que responder nada, porque en ese mismo instante Lauren aparecía también junto a ellas, e interrumpía la conversación dejándolas completamente fuera de lugar.

Lucy Caboosey –espetó desafiante— ahora todo el mundo sabe quién es esa mentirosa.

Fue la carcajada de Brittany tras escuchar el Caboosey al completo, lo que logró que tanto Santana como Rachel reaccionaran por fin, y lo hicieron de manera dispar.

No…no me lo puedo creer—balbuceó la latina—¿Qué has hecho que? se apresuró a preguntar completamente sorprendida.

¿Conoces a Lucy?—intervino Rachel

Lucy Quinn Fabray, ¡Es una perdedora!— musitó desconcertándolas aún más. Tanto que Rachel perdió el habla por completo y permaneció boquiabierta, mientras Santana seguía cuestionando a Lauren para saber qué es lo que había hecho y cómo había conseguido averiguar aquello. Brittany, al igual que Rachel, escuchaba atenta la historia de Lauren.

Una tarjeta de crédito como llave, el historial estudiantil de Quinn Fabray y tener la ayuda del compañero perfecto para extraerlo del despacho de Figgins, fueron las claves que Lauren les regaló a modo de experta en desenmascarar mentirosas.

—¡Oh dios mío!—exclamó Santana dejándoles entrever que ella conocía la verdadera historia de Lucy— Esto se pone interesante— susurró divertida alejándose de ellas . Santana jamás habría delatado a Quinn, pero por aquel entonces y tras las peleas que ambas tuvieron por culpa de Finn y de Sam, su amistad pendía de un hilo que a buen seguro, iba a terminar tensando con aquella valiosa información que había recibido de Lauren.

Brittany no tardó en seguir los pasos de la latina, mientras Lauren hacia lo mismo en sentido contrario.

Solo Rachel permaneció en aquel lugar por algunos minutos más, enmudecida y tratando de comprender todo lo que había descubierto en aquél breve instante. Aunque era una completa odisea lograrlo, sin duda. Su cordura solo alcanzaba para repetir el nombre de "Lucy", una y otra vez, al tiempo que la imagen de Quinn jugándole malas pasadas, burlándose de ella y lanzándole granizadas a la cara, comenzaban a proyectarse en su mente como fotogramas de una película sin fin.