Sakura se despertó acalorada, con las sábanas arrugadas a los pies de la cama. Llevaba ya dos días en los que no había podido quitarse de la cabeza lo sucedido el sábado o, para ser más exactos, lo mucho que había disfrutado de la noche. La imagen de un atractivo y despeinado hombre de ojos negros como la noche rondaba por su mente, atormentándola con los recuerdos incluso en los momentos más inoportunos.

Volvían a su cabeza sus cálidos besos, pero sobre todo recordaba a la perfección la delicadeza con que sus enormes manos la tocaban, haciendo que su cuerpo vibrara como las cuerdas de una guitarra bien afinada. O el brillo pícaro de sus ojos cuando llegaba al final.

Desde el primer beso apenas habían podido apartar las manos del cuerpo del otro, lo justo para que Sasuke abriera la puerta de su casa. Había estado tan centrada en su contacto que ni siquiera recordaba cómo llegaron al dormitorio; la imagen estaba borrosa tras una maraña de brazos, piernas y lenguas.

Sasuke provocaba en ella emociones que nunca había sentido; había tenido otras relaciones, sí, pero Sasuke la atormentaba con el anhelo de la anticipación, se moría por sentir más, mucho más, y él parecía más que dispuesto a complacerla.

Era el primer hombre que despertaba de ese modo sus sentidos; las capas de ropa que aún los cubrían no evitaban que sintiera la calidez de su piel, o la dureza de sus músculos sobre sus dedos.

Metió las manos por debajo de su camiseta oscura y el calor se intensificó tanto que pasó a su propia piel. Sin despegarse de su boca, Sakura tiró para deshacerse de la camiseta que cubría su bronceado torso.

Adivinando las intenciones de su compañera, Sasuke levantó los brazos y separó los labios lo justo para sacársela por la cabeza.

Sakura estaba tan acalorada que su propia ropa le picaba en el cuerpo; ella misma se deshizo de lo que pudo sin despegarse de él. Enterró la cara en su cuello, y el olor de su piel la hizo estremecer hasta la punta del cabello: aquel hombre olía a calor, a perfume masculino, pero sobre todo olía a peligro; era imposible estar entre sus brazos y no entregarse por completo a él, abandonándose y ofreciendo todo lo que él deseara reclamar.

Cuando quiso darse cuenta, perdida en las sensaciones que Sasuke despertaba en ella, los dos estaban completamente desnudos y enredados. Por fin, con suma delicadeza, Sasuke se separó de su cuerpo, y Sakura notó el frío que la separación dejaba en su piel. Sin soltar su mano, Sasuke la condujo hasta la cama y la empujó suavemente para que se estirase sobre ella. Sakura no se lo esperaba, por lo que al caer lo arrastró consigo y los dos aterrizaron riendo en el lecho. Resultaba difícil de creer que acabaran de conocerse; la complicidad en sus gestos, en su manera de comunicarse, daba a entender que se conocían desde siempre o al menos desde hacía mucho tiempo.

La risa por la caída se cortó en cuanto Sasuke volvió a devorar su boca; un gruñido de satisfacción escapó de sus labios, el sabor de su aliento la embargó por completo, el sabor del cóctel que habían compartido junto con el suyo propio activó el intenso hormigueo de su vientre.

Las manos de Sasuke estaban por todas partes, inflamando y adorando cada recodo de su cuerpo, y su boca seguía el camino trazado por sus hábiles dedos…

El sonido del timbre la sacó de sus pensamientos. Se sorprendió a sí misma cuando comprobó lo que los recuerdos le habían hecho, estaba temblorosa y acalorada. Tan excitada que sentía las mejillas ardiendo. Suspiró molesta por su vívida imaginación, parpadeó varias veces para salir de su ensimismamiento y se levantó de mala gana para comprobar quién estaba al otro lado de su puerta.

¿Quién narices la visitaba a esas horas? Vale que se levantara pronto para asistir a su sesión diaria de gimnasio, pero fuera quien fuese el que llamaba a la puerta, podría haber usado antes el teléfono, reflexionó molesta al tiempo que se ponía las zapatillas y la bata.

No le sorprendió encontrarse con su hermano y con su cuñada al abrir. Eran los únicos capaces de levantarse antes que ella.

—Hola, bichito, ¿ya estás mejor?— saludó su hermano, mientras se inclinaba para darle un beso en la mejilla. Ni siquiera esperó a escuchar su respuesta. Dos segundos después había perdido el interés en ella y se centraba en su prometida. Sakura no se lo tuvo en cuenta; no era un secreto lo enamorados que estaban y lo difícil que les resultaba separarse.

—Bueno, cariño— le dijo a Hina —te dejo con Saku. Nos vemos esta tarde.— Y, antes de que ella pudiera responder, la atrajo hacia sí de la cintura y la besó.

Sakura giró la vista, molesta, no por el beso en sí, estaba acostumbrada a ver a Naruto y a Hinata besarse, lo hacían a todas horas, sino porque, al parecer, la muy bruja tenía pensado atormentarla otra vez desde las primeras horas del día y algo le decía a Sakura que su hermano iba a entrar en la ecuación. Si no era ésa la razón, la cosa se podía poner peor, porque Hina era la persona más insistente que había conocido nunca y ahora lo sería mucho más, ya que tenía que organizar su propia boda y estaba dispuesta a obligarla, usando sus mejores armas, a que la ayudara.

—Chicos, voy a dar me una ducha o llegaré tarde a donde sea que tenga que acompañar a Hina.—

Su hermano le hizo un gesto con la mano, sin dejar de besar a su chica, indicándole que podía marcharse.

Sonrió al ver que su cuñada parecía bastante afectada por el beso. Estaba claro que Naruto sabía cómo manejarla.

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Mientras el chorro de agua caliente despejaba su cabeza, Sakura iba repasando lo que tenía previsto para el día. Su padre, milagrosamente, había conseguido que Melissa Moon aceptara firmar un contrato para una saga con ellos y ese mismo día el abogado de la afamada y misteriosa escritora iba a llevarles los papeles necesarios para cerrar la transacción.

*Estoy feliz, estoy feliz…* se repitió mentalmente *y ni siquiera Hinata y sus intentos por lanzarme a los brazos de su hermano van a fastidiarme el día. Melissa Moon es nuestra y estoy feliz, feliz. Y, por si fuera poco, soy más que capaz de ayudar a una novia histérica a organizar su casamiento. Dirijo Beating, uno de los sellos más importantes del país en literatura romántica, así que una boda será pan comido, o eso espero.*

Cuando bajó al salón, perfectamente arreglada con un vestido ceñido de diminutas flores verdes sobre un fondo rojo y unas botas altas, más que la directora de un sello editorial romántico parecía una It Girl marcando tendencia. Y es que, además de ser una mujer atractiva que cuidaba su cuerpo, era una mujer elegante que se perdía por un buen par de zapatos y un bolso.

En cuanto oyó sus taconeos en la escalera, Hinata levantó la vista de la revista de novias que había estado leyendo. Al parecer iba más que preparada con todas las publicaciones del quiosco, así como tarjetas de muestra y demás para las invitaciones del enlace. A Sakura se le cayó el alma a los pies al ver tanta variedad; al parecer organizar una boda para su cuñada era más difícil que dirigir un sello editorial.

—Hola, cariño— la saludó la novia histérica, aunque no lo parecía tanto. Su actitud se acercaba más a calculadora. *Peligro, peligro*, se activaron las alarmas de Sakura —Necesito tu ayuda para elegir el papel para las invitaciones, hay más de trescientos modelos y me voy a volver loca. Me gustan casi todos— dijo mientras hacía un gesto con la cabeza que señalaba la bolsa que había dejado junto al sofá.

—Vale, Hina— aceptó ella resignada —Cuenta conmigo, voy a ser una dama de honor modelo, pero soy incapaz de ayudarte en nada antes de desayunar o al menos de tomar un café bien cargado. Por no comentar que, gracias a tu inesperada visita, me he perdido la clase de Pilates y al majestuoso profesor que la imparte. Lo que se traduce en que tienes que compensarme con un delicioso cruasán.—

—Si no te conociera, diría que no te alegras de verme— bromeó con una gran sonrisa.

—Invítame a desayunar y verás cuánto me alegro de verte— le siguió el juego.

El rostro de su cuñada se iluminó peligrosamente. —¡Perfecto!, conozco el lugar ideal para ello. ¡Te va a encantar!—Sakura no contestó, se limitó a mirarla incrédula mientras iba al armario de la entrada y sacaba su chaqueta. Los lugares perfectos de su cuñada eran sitios estirados y esnobs en los que o te quedabas con hambre o te miraban mal por no llevar un Dolce & Gabbana tapándote el culo o colgado del hombro.

Tardaron unos quince minutos en llegar a la cafetería donde iban a desayunar. Sakura contempló a Hinata totalmente atónita, pero ésta se mantuvo impasible ante sus miraditas asombradas.

Le llamó la atención el aire bohemio que destilaba el local. ¿De dónde había sacado su cuñada semejante sitio? El lugar se ajustaba más a sus propios gustos que a los de su amiga y, pese a estar solamente a dos calles de su oficina, jamás se había percatado de su existencia ni había oído hablar de él y, a juzgar por la familiaridad del camarero con los pocos clientes, era evidente que el establecimiento llevaba bastante tiempo abierto.

Había dos mesas ocupadas; en una de ellas había dos chicas jovencitas, probablemente universitarias, con un libro de Sartre en las manos. Entonces fue cuando se fijó en las paredes, en las que colgaban retratos de París y del mayo Francés, Baudelaire, Racine... La cafetería era el sueño de cualquier escritor, seguro que había inspirado a más de uno. Con cara acusadora, se volvió hacia su cuñada.

—¿Cómo narices has encontrado este local?— preguntó al ver que las miradas no causaban efecto y Hina no soltaba prenda. Su cuñada se echó a reír.

—Sabía que te encantaría.—

—Y me encanta, lo que me sorprende es que te guste a ti — le recriminó directamente.

—Vamos, no seas mala. Vale que resulta un pelín pordiosero, pero me chifla el ambiente… hippy— refunfuñó sin convencer a nadie —Las faldas hippies quedan de muerte con cualquier blusa— añadió intentando parecer convincente.

Sakura rompió a reír.

—¿Pordiosero? ¿Hippy? Sí, se nota lo mucho que te gusta la cafetería.— Apartando la mirada de Hina, se dedicó a observar todo lo que la rodeaba —Es un lugar agradable, está limpio y sólo porque no hay gente que vista tus diseños o los de Karl Lagerfeld no quiere decir que sea pordiosero— la criticó riendo, mientras volvía a centrar la atención en Hinata.

Hubo un movimiento en la mesa de al lado y, cuando giró la cabeza, se quedó atrapada por la oscura mirada de su ocupante. Al entrar se había dado cuenta de que había alguien sentado, incluso había visto a un hombre demasiado concentrado en aporrear su portátil, por lo que no había podido verle el rostro y apenas el cabello. Pero ahora sí lo veía y Hinata también, puesto que se levantó de un salto y dijo, en voz lo suficientemente alta como para que las otras dos chicas de la cafetería se volvieran con abierta curiosidad:

—¡Sasuke, qué casualidad! Tú por aquí.—

Sakura supo en ese instante que la casualidad, al menos en este caso, no tenía nada que ver.

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Sasuke estaba concentrado en su trabajo. Desde que había llegado a Londres, siete años atrás, recién licenciado en Lengua Inglesa, había acudido puntual a disfrutar del café que servían Pierre y su mujer en el Pierre's Coffee.

Era más que un cliente habitual, era probablemente el cliente más fiel que había tenido Pierre en toda su vida profesional. Y en ninguna de sus visitas había soñado con encontrarse allí a su hermana y a su pelirosa perdida.

Sasuke llevaba tres días en los que había sido incapaz de escribir una línea, pero en cuanto entró en ese pequeño mundo tan conocido y familiar, donde el olor del café recién hecho se mezclaba con el de los cruasanes y las medias lunas, se vio invadido por las nuevas ideas con tanta rapidez que le costaba teclear al mismo ritmo que fluían sus pensamientos. Los detalles para su próxima novela pasaban por delante de sus ojos como en una película. Él sólo tenía que convertirlos en palabras.

Y entonces una risa musical y familiar lo había arrancado de golpe de sus pensamientos. Y al levantar la cabeza, allí estaba ella, con su gloriosa sonrisa y un mechón de su sedoso pelo enrollándose en su dedo una y otra vez, mientras regañaba divertida a su amiga; pero Sasuke estaba demasiado concentrado en ella como para darse cuenta de quién era su acompañante.

La visión le cortó la respiración y por poco derramó el café que aún quedaba en su taza. Seguía con la vista fija en ella cuando la joven giró la cabeza y lo miró. Sasuke vio que sus mejillas se encendían. Sonrió para sí al adivinar en lo que estaba pensando, lo mismo con lo que pensaba él día y noche desde hacía tres interminables días. Entonces oyó la voz de su hermana y quedó más aturdido y desconcertado de lo que había estado nunca. ¿Qué hacía su Sakura con su hermana?

Hina le hizo un gesto para que se sentara con ellas mientras guardaba el documento de Word en el que estaba trabajando, cerraba el portátil y le daba el último sorbo a su café, ya frío. Dio gracias a los de arriba, a saber, Dios, Buda, Alá… por la suerte que había tenido; se había evitado volver al pub todos los fines de semana para ver si la suerte le sonreía y la encontraba.

Estaba tan animado que cuando el pensamiento le vino a la cabeza se quedó paralizado; ¿y ahora qué hacía? ¿Fingía ante Hinata que no la conocía? Seguramente lo mejor sería tantear el asunto, ver cómo se comportaba Sakura con él y seguirle el juego para no meter la pata. Era evidente, al verlas juntas, que ambas mujeres eran grandes amigas.

Se acercó a su mesa y las saludó educadamente, pero sin dar muestras de que las conocía a ambas. Sakura se preguntó si sería consciente de lo sumamente excitante que resultaba su voz. Entonces Hina se levantó y con una media sonrisa pintada en su bonito rostro de hada hizo las presentaciones.

Sakura estuvo a punto de gritarle; la muy bruja estaba disfrutando mucho de la situación, ¡hasta había fingido no saber nada y los había presentado! No tuvo más remedio que seguirle el juego; miró a Sasuke, que parecía que fuera a atragantarse al oír la palabra cuñada.

Poco faltó para que se cayera al suelo al intentar sentarse en la silla vacía, a su lado. ¡Su cuñada! ¡Su cuñada! ¿La cuñada encantadora a la que él llevaba meses negándose a conocer? Pero ¿qué demonios le pasaba a su hermana con las palabras? Esa cuñada no era encantadora, era preciosa, divertida, inteligente… Iba a tener que hablar con Hina para que aprendiera a usar los términos correctos.

De repente un pensamiento cruzó por su cabeza y sintió que se aligeraba un poco el peso que lo había atormentado los últimos tres días. De modo que su relación con Hinata fue la razón de que saliera huyendo cuando se topó con la fotografía de ambos en su dormitorio.

Sasuke se dio cuenta de que Sakura también guardaba las apariencias; parecía enfurruñada con Hinata, pero en ese momento no tenía tiempo para adivinar la razón, ahora tenía que conseguir que Sakura aceptara cenar con él y que Hina no pillara sus intenciones. Porque, si su hermana se enteraba, iba a estar burlándose de él los próximos cien años.

Durante las dos horas que estuvieron frente a frente, Sakura se mostró natural; siguió tratándolo como a alguien al que acababa de conocer, aunque de vez en cuando la pillaba mirándolo fijamente. No se mostró tímida en ningún momento, sino que fue la Sakura que él había conocido en el pub, ocurrente y graciosa. El contrapunto ideal para su querida, mandona e indecisa hermana. En varias ocasiones estuvo tentado de agarrarle la mano por debajo de la mesa, ansioso por volver a tocarla aunque fuera de un modo tan superficial; no obstante, se contuvo para no alertar a su hermana.

Hinata parecía no sospechar nada y Sasuke pensó que igual Sakura prefería contarle la verdad en privado o tal vez evitar el tema, porque o mucho se equivocaba o su entrometida hermana también la había acosado a ella para que lo llamara y le pidiera una cita. Hina no tenía tacto y, cuando se empeñaba en algo, insistía hasta ganar por cansancio.

Por lo que la idea de cenar con ella se volvía cada vez más necesaria, se dijo. Tenían que reescribir su historia. Confabularse para que ninguno de sus hermanos llegara a sospechar la verdad de lo ocurrido entre ellos.

Al final, cuando se levantaron para marcharse, la jugada no había salido tal y como él esperaba; sin embargo, era un comienzo: al día siguiente cenarían los cuatro en casa de Hinata, ya que después de tenerlos casi dos horas enseñándoles muestras y más muestras de invitaciones de boda, la futura novia había sido incapaz de decidirse por ninguna. *Típico de Hinata*, pensó, pero, al menos esta vez, a él le venía perfecta su indecisión.

Al día siguiente tendría la oportunidad de hablar con Sakura en privado, aunque fuera al terminar la cena. Algo era algo y, después de todo, la fortuna le había sonreído.

Continuara…