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ElaTalE
Capítulo 0 (Parte II)
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9 años después...
Elanor ya no era una niñita rechoncha, era una linda jovencita. Seguía teniendo la misma personalidad afable de siempre.
Y Flowey seguía siendo el mismo... Sabía porqué. Lo que no se había cuestionado es de dónde había sacado la paciencia para continuar atado a los límites del Inframundo. Más allá de quedarse en la mera entrada, no pasaba de la luz que se colaba por las mañanas.
La última vez que vio a Frisk, le dijo que viviera feliz y cuidara a sus papás. Le hizo prometer que no volviera a usar su don especial, que no comenzara de nuevo otra aventura.
Frisk siempre tuvo la intención de volver y visitarlo. Pero respetó la promesa. Se enfocó en seguir siendo el mejor amigo de los monstruos.
Al menos esa era la mejor explicación que teorizaba. Evitaba imaginar que fuera porque lo había hartado. Ciertas noches, antes de haber conocido a Elanor, se sumía en su locura, gritando y diciendo lo crueles que eran todos, Frisk, Toriel, Asgore, Papyrus... Cómo nadie se animó a volver a visitar el sitio y hacerle compañía, ¿Tanto lo odiaban? Pues si así era, él también los odiaba.
Rato después, no los odiaba más, les encontraba razón para no querer arriesgar sus almas y repetir el incidente que sólo Frisk logró reparar.
Un día le gustaba sentirse solo, otros días estaba histérico por el hecho de estarlo. Tiempos en los que simplemente decidía dejar de pensar y volverse un recuerdo distante.
Se lo merecía y al mismo tiempo no...
Pasando meses que ya no tenía noticias de ellos, fue que llegó esa elfa a su hogar. Era una oportunidad para comenzar a jugar con una cara nueva. Aunque rechazó esa chance.
¿No quiso hacerlo?
Ella volvió al día siguiente, y al siguiente, y a la mañana del siguiente. Elanor escalaba esa montaña sólo para acompañarlo; que pasara un buen rato. Permaneció leal a su amistad durante años. Ni siquiera le supo a rutina. Le traía cosas nuevas del pueblo donde vivía, aparte de enseñarle algunas palabras de su idioma, como él después le enseñó cómo el suyo. Le contó quienes fueron los reyes de los monstruos, eventualmente diciéndole cómo un humano los liberó.
Seguía omitiendo importantes detalles, no sólo por la inseguridad de cómo lo juzgaría, sino porque quería realmente dejarlo atrás. Tal vez... sólo tal vez, ella podía hacer una diferencia.
...
- ...Flowey, ¿Estás aquí?
Venía con una linterna para seguir el rumbo sin tropezarse. Su amigo aparecía en cuanto lo llamaba.
- Howdy!
Se arrodilló para estar a su altura. Arrumando delicada su tallo, para darle un abrazo de confianza.
- Te extrañé. Me estaba aburriendo allá - Alumbró por un rato la entrada- Mis hermanos estaban algo fastidiosos. Creo que los despisté.
Flowey no había conocido a sus hermanos en persona, lo que sí, Elanor le había mostrado algunas fotografías de su familia y de la ciudad.
- ¿Necesitas agua? ...Dime por favor que no quieres salchichas.
- ¿Salchichas? – Le guiñó un ojo y sacó la lengua con un tono juguetón.
El tema era en referencia a un personaje que le simpatizaba de unos libros de fantasía medieval, Ramsay El Bastardo. Un sujeto de carácter salvaje y cruel, conocido por despellejar vivo a sus enemigos. Adoraba comer salchichas.
Si bien Flowey carecía de su alma y no podía experimentar sentimientos de la misma forma como los humanos o los monstruos, por un buen tiempo sus actitudes más "psicópatas" no habían hecho acto de presencia.
Elanor volteó otra vez, alumbrando la entrada.
- No quiero que descubran este lugar. Empezaré a poner trampas o agujeros para que nadie venga...
- ¿Trampas? ¿Quieres que te ayude con las trampas? – Sonrió.
- Oh, te conozco. Sé qué harías cosas terribles...
Le mostró en los bolsillos de su mochila algunas sogas y herramientas. Dándole una mirada cómplice que Flowey no tardó en responder.
Los hermanos de Elanor continuaban explorando la zona. Estaban muy acostumbrados a la montaña Ebott. Y las historias sobre tesoros perdidos ya no le eran tan llamativas a su hermano mayor. De todas formas, gustaba de pasear ahí, jugar y hasta entrenar.
Aldaron le encantaba usar varas que hallaba, caídas de los árboles, e imaginaba que era un valiente guerrero, en espera de rescatar princesas o de enfrentar monstruos temibles. Tal como en los cuentos clásicos.
- La perdimos... – Musitó el menor.
Maeglin había crecido al punto de que era ahora el más alto de los tres. Se había hecho físicamente fuerte; no estaría fuera de lugar en un equipo de fútbol americano. Su vestimenta había cambiado notoriamente. Ya había dejado atrás las ropas suaves y ahora usaba una coraza de metal más un cinturón. La verdad es que lucía como un futuro aprendiz de alguna guardia.
Aun así, no le gustaba pelear. Sólo intervenía cuando alguien intentaba molestar a sus hermanos o a sus amigos. Apenas un suave empujón bastaba para mandar a los tipos abusivos contra las paredes y sin ganas de buscar más problemas.
- ...No la veo por ninguna parte. – Volvió a hablar, afligido.
Estaban algo habituados que Elanor los despistara y los terminara perdiendo. Llegaban a sospechar que no quería que la siguieran. Lo único que sabían aparte de lo fácil que se escabullía, es que tenía un amigo que vivía en los alrededores. Ya para esos años, Elanor les contó sobre "Flowey". Y la reacción de Aldaron fue de risa.
- Déjame adivinar ¿Es una flor?
Elanor terminaba esas conversaciones incómodas a bofetones.
- Siempre regresa...Relájate, Mae.
- ¿Y si está perdida? - exclamó inquieto - ¿Y SI NOS PERDIMOS?
- No la hemos perdido, sólo le dimos ventaja. Fear not, lil bro.
Una vez más, escalaron la montaña.
Para cuando estaban aproximándose dónde estaba ella. Ya había puesto las trampas.
Había un muffin con un papel que anotaba: Cómeme.
- Elanor, ¿Crees que tengo 6 años?
Aldaron pasó por el lado del muffin y ¡Waka! Le cayó una bolsa repleta de piñones. Se fue quitando los piñones con cuidado, retrocedió y ¡Slip! Se resbaló con una cáscara de banana.
- ¡Woah! ¡Mae! - Su hermanito lo agarró a tiempo - Ohhh...Muy bien, Elanor. Muy bien jugado...Ya sabemos que estás aquí.
Elanor le hizo señas a Flowey y le susurró.
- Mira esto…
Tomó un piñón y le prendió fuego, se lo lanzó sin importar las consecuencias.
La cola llameante voló hasta que le dio a Maeglin, entre su armadura. El pobre gritó en pánico, agitándose y agarrado de Aldaron en socorro. Lamentablemente lo zangoloteaba fuerte.
Flowey y ella no paraban de reír.
- ¡Hahaha!
- ¡Aldaron! ¡FUEGO!
- ¡Espera, aguarda!
Pateó el piñón en fuego lejos de su hermanito.
- ¡Elanor! Te estás pasando. Puedes hacerme a mí tus travesuras, pero no a Mae.
- Vete, Aldaron.
Usó un megáfono improvisado con hojas.
- ¡Que se vayan, este lugar ya tiene dueños y no son ustedes!
- No recuerdo que tú seas la dueña.
- No lo soy. Pero llegué primero.
Flowey estaba aferrando una cuerda, a saber qué cosa iba a caer si lo soltaba.
- ...Mi amigo tiene... manos resbalosas, yo que tú, me voy.
- ¡Ha claro! Tu "amigo" el que vive en Villa Imaginación... ¡Pues dile que salga! Espera, déjame adivinar - Se agachó para mover unas cuantas flores silvestres - ¿Este es "Flowey"? ¡No, ya sé! Este, este otro. Dile que no sea mala hierba y se presente. O mejor aún... Hace amigos reales, no tienes ninguno excepto a Mae y a mí.
Maeglin tragó saliva - Eso no fue muy amable, Aldaron.
- ¡Oh, relájate! Se lo digo por su bien. Nunca nos ha presentado al tal "Flowey" y ahora se nos esconde. No quiero que siga de adulta pensando que es... bueno... - susurrando - real.
No pudo evitar medir la broma de sus palabras a su malhumorada hermana. Claro, a la flor no le pareció grato que lo trataran de "imaginario". Flowey soltó la cuerda y cayó una bolsita encima de la cabeza de Aldaron, no le hizo ni un poco de daño, estaba liviano.
El jovial elfo recogió la bolsa envuelta en paños.
- No entiendo esta broma.
De los paños se asomó UNA TARÁNTULA.
Los ojos de Aldaron se paralizaron y lanzó de inmediato la bolsa.
- ¡MAE! ... – Ahogado, igual buscó conservar la calma- Re... Retirada, vamos Mae, vámonos, vámonos…
Lo intentó empujar, pero no lo movía un centímetro.
- ¡Mae! Maeee...
Fueron cayendo más bolsas con arañas entre las ramas de los árboles, rebotaban y salían casi en gesto tímido hacia los elfos.
- Tuviste razón, poner más de una mejoró el plan -Se contuvo la risa- Eres un genio, Flowey.
- Lo sé – Volvió a guiñarle.
La tarántula se había liberado de los paños en los que había sido envuelta, y corría ahora en dirección a Aldaron.
Se acercó a él dando pequeños saltos, y ofreciéndole lo que era en apariencia una media luna.
- ¿Gustas comprar una media luna horneada por arañas? Todo el dinero se utilizará para ayudar a arañas reales que siguen en las ruinas.
Las trampas y bromas pesadas de Elanor no le parecían nada divertido a Maeglin. Era el momento oportuno para salir, porque Aldaron se veía incapacitado para defender.
No escucharon que la tarántula hablara, simplemente la vieron venir. El gran Maeglin era incapaz de aplastarla, al igual que le sucedía con cualquier otro animal o ser vivo, la rodeó en su huida. Llevaba a Aldaron consigo, bajo su brazo derecho, como si fuera un libro, con tal de escapar de allá tan rápido como fuera posible.
La araña volvió a guardar su media luna y se retiró.
Se habían divertido de lo lindo junto a Elanor, viendo huir al par de hermanos.
- Muahaha… Esto ha sido inolvidable, tenemos que hacer más trampas como estas.
- Para eso necesitamos más víctimas. A ver si vienen pronto.
Volvieron a su guarida, seguidos por las arañas. Extrañamente también mantenían gran distancia con Flowey. Adentro de la guarida, se recostó entre unas almohadas, y él le hacía compañía.
Flowey parecía tan ausente como ella, aunque sólo pretendía. Estaba observándola en lo que la veía reposar. Y pensaba…Pensaba ¿Cuánto había pasado desde la última vez que se había divertido así en grande?
Esa carencia de alma, parecía que ya no era un problema, la flor tenía emociones. Se había reído con las trampas, como en otras ocasiones que se divertían. También se enfadaba cuando discutía con ella sobre otros temas, luego se perdonaban al día siguiente o a las horas.
Ya le había contado a Elanor sobre su... dificultad emocional. Ella lo apoyó.
Siempre se divertía con ella, lo hacía reír, lo hacía sentir feliz. Y eso era lo principal: SENTIR.
No había logrado lazos con otros monstruos, ni con su propia familia. Con excepción de un esqueleto que vivía en su propio mundo.
Le había dicho también que su relación con los monstruos del Inframundo no era buena. Que lo pasó bastante mal. Es por esto que ella se empeñó más aún en cuidar su amistad con él; hacer lo posible por alegrarle los días por delante.
A pesar de cómo era, ella era una verdadera amiga. Y eso le hacía sonreír sincero.
Esa misma noche se le ocurrió preguntar de la curiosidad sobre si ella no tenía otras amistades con quien compartir su tiempo.
- Elanor, hey…
- ¿Qué pasa, Flowey?
- ¿Eso que dijo el bobo de tu hermano es cierto? ¿No tienes más amigos?
- No... Sólo tú.
- ¿Por qué?
- Pues… - Llevó la mirada hacia el techo - Los elfos tienden a tratar de ser perfectos en todo... No puedo ser yo misma. Contigo puedo decir que me gustan las cosas de terror. Me gusta romper una que otra regla, me gusta el humor ácido. Me da risa hablar de Hitler.
Flowey no pudo evitar una risita perversa al recordar chistes relacionados a él y todo lo que era políticamente incorrecto.
- Hitler hubiera sido un gran amigo.
Elanor se rió también, ella lo tomó como broma, sin saber si Flowey lo decía en serio.
- ...Me alegra haberte conocido.
Acarició sus pétalos de forma suave. Flowey tomó muy a gusto sus mimos, tenía suficiente confianza con ella. Frotó su alegre rostro entre las palmas de ella.
- Ojalá pudiera vivir aquí contigo.
- ¿Por qué no? - Preguntó él, con una mirada traviesa.
- ...Mis padres se sentirán mal si los dejo, incluso mis hermanos...
La elfa ya había reflexionado sobre esto. Consideraba que había pasado el tiempo suficiente para expresarle su idea. Lo miró de forma seria y le contó.
- ...Hace tiempo me dijiste que te quedaste solo, y que los monstruos no te tratan bien. Así que... ¿Quieres venir conmigo?
¿Qué pensarían sus padres y sus hermanos sobre su "amigo"? Y ni hablar de todos los habitantes que se enteraran de la famosa flor parlante.
- No será fácil al principio. Pero yo te voy a proteger. Nunca te voy a dejar solo.
Primero sonrió como respuesta, no su sonrisa malvada o "psicópata", sino su sonrisa de flor adorable. Le llamaba la atención ir afuera, conocer el mundo exterior.
Durante el tiempo que llevaban compartiendo no se habían topado con otro monstruo, salvo a la distancia. Los Froggit, por ejemplo, que siguieron residentes en las ruinas evitaban a Flowey, y cuando pasaban cerca, se alejaban rápidamente. Puede que sólo les causara mala espina, o que habían conocido ya de antemano sus "pastillitas amistosas".
- ¿Y cómo iremos?
Elanor entonces colocó una maceta frente a él, la fue llenando con tierra.
- ¿Qué haces? ¿Es una maceta? ... ¿Es para hacer una trampa?
Elanor usó una palita para ir moviendo la tierra alrededor de Flowey, y este la observaba inocente con lo que ocurría. Lamentablemente descubrió que Flowey estaba repleto de raíces, como las de los árboles. Eran gigantescas. Se extendían hacia todos lados.
- Esto es un problema...
Buscó alguna otra herramienta, sólo tenía tijeras de podar. Al levantarlas, su amigo se puso altamente nervioso.
- ¡Aleja eso de mí!
- ¿Sabes qué es esto?
- ¡Sí! ¡No lo uses! ¡Apártalo!
- No lo haré. Tranquilo.
La asentó en el suelo y Flowey aprovechó para lanzar las tijeras, de un latigazo con una de sus lianas. Cayeron por el agujero.
- Hey, cálmate, uff...No te pueden hacer daño solas, sólo quien las use. Y no lo iba a hacer… Quería llevarte en esta maceta. No es para hacer trampas, es para transportarte. Pero...No sabía lo aferrado que estás.
- Creí que lo habías deducido, ¿Cómo crees que puedo seguirte?
- Oh... Cierto. Tienes razón... - Suspiró decepcionada- Voy a pensar esto con más cuidado. Voy a investigar estos días. Como dé lugar, te voy a sacar de aquí, Flowey.
...
Pasó una semana, en la que Elanor continuaba visitándolo y pasando con él las tardes y noches. De día se dedicaba a estudiar la situación sobre cómo sacarlo de la montaña.
Un día regresó un poco antes del atardecer. Estaba lloviendo fuerte y llevó consigo una capucha negra para cubrir su vestido púrpura.
- ¡Flowey! -Su amigo apareció a su lado- ¿Bonito clima, no? Debes estar contento.
- Llegaste – Sonrió alegre.
Elanor se hincó junto a él.
- Yo también estoy feliz de verte, pero igual estoy nerviosa.
Le contó que sus padres iban a hacer una mudanza de emergencia, que de hecho, varias familias lo harían.
- Eso significa que no podré venir más aquí... Hoy mismo te voy a sacar. Así tenga que cargar todas tus raíces –Suspiró, preocupada - Ojalá no te haga daño si lo hago. No pienso irme sin ti...
- Claro que no me harás daño. Somos amigos inseparables – contestó animado.
- ¡Ha! Por cierto…
De su mochila sacó una cajita de color blanco con un listón rojo. Las mejillas de la elfa se ruborizaron ligeramente, pero Flowey no entendió qué le pasaba.
- Esto...es para ti... Es un regalo.
- ¿Un regalo? ¿Para mí?
Los ojos de Flowey se agrandaron, sorprendidos y rebosantes de felicidad. Él no había pensado en un regalo para ella, vaya que tendría que buscar uno muy bueno. Algo mejor que los postres de las arañas. Ni en algo tan típico como las flores doradas de sus tierras. Él mismo era una, así que no tenía sentido darle un racimo.
¿O quizás él mismo debía envolverse en un bonito papel y entregarse como obsequio a ella? Eso sonaba a una gran idea.
¿Pero qué sería el regalo que ella le dio?
- ¡Oh! ¿Es la maceta?
- No, claro que no.
Elanor pensó detenidamente. Tenía una mala noticia. Revisó su mochila.
- ¡La maceta! ¡NO! ¡Maldita sea! ¡La maceta! ¡La he olvidado! ¡Agh!
Flowey seguía viendo la caja con listón con curiosidad; su atención se distrajo cuando Elanor se alteró a causa de no hallar la maceta. La buscaba por todas partes y vaciaba su mochila, sin encontrarla.
- ¿No hay maceta? Hum...
Pensaba que si Elanor se iba de vuelta a buscar la maceta, ya no le daría tiempo de regresar, entonces tenía que hallar otra solución.
- Bueno, hay otra alternativa – Dijo confiado- ¿Qué te parece si te quedas? Podremos seguir divirtiéndonos, hay mucho que hacer aquí.
Los monstruos que conocían a Flowey no habrían sentido seguridad ante esas palabras, pero lo decía de manera tan animada y con una sonrisa... ¿Cómo no creer que tenía buenas intenciones?
- Anda, quédate...Sólo un ratito más.
- Flowey… Ya te lo había dicho…
- Pero Elanor. Soy tu mejor amigo, ¿Cierto?
- Sí, lo eres.
- Y tú eres mi mejor amiga. Somos inseparables. Por eso…- Puso una mirada triste - Por eso debes quedarte.
Flowey estaba tan encantado con ella, creía ferviente que nadie ni nada los apartaría de su lado. Y sin ella, no se veía capaz de soportar el resto del tiempo solo, como antes. No quería sufrir esos lapsos depresivos, no de nuevo.
Elanor contaba los segundos. Si se quedaba un rato más, no iba a tener tiempo para sacarlo de ahí. Tenía motivos para no quedarse, no le podía decir en detalle sobre repentina mudanza. Lo que le parecía más urgente era salvarlo a él.
- Flowey, tú confías en mí ¿Verdad?
Su amigo dejó de sonreír. Contestó con seriedad – Claro que sí.
- Voy a llegar. Te lo prometo.
-¡Espera! …Quédate. Por favor, Elanor. Quédate conmigo.
- Flowey. Voy a volver. Sí alcanzo. Sólo espérame.
Le dio un abrazo fuerte, el suficiente para no arruinar sus pétalos ni romper su tallo.
- Y no abras tu regalo hasta que llegue yo, ¿De acuerdo? Es importante que no lo hagas sin mí.
- De acuerdo ¡Te voy a esperar! Pero si demoras – Le guiñó – abriré el regalo sin ti.
- Gracias, Flowey. Ya vengo… ¡Y no toques ese regalito!
Salió de la cueva y se dejó caer sentada, agarrando vuelo y así tratando de llegar a toda velocidad a su hogar.
La lluvia cesó al día siguiente.
Flowey se quedó estático, observando la luz del sol colándose encima de él.
La semana siguiente, Flowey siguió en ese estado, abandonando su expresión alegre.
El mes siguiente, Flowey pensó que Elanor finalmente se aburrió de él.
Meses después, Flowey culpó a la familia de Elanor, ellos seguramente la trataron de loca y la obligaron a abandonarlo.
Flowey dejó el regalo en un cuarto del castillo, no lo abrió.
Algo en él, algo dentro del vacío que formaba su entidad, había... Había una extraña fuerza que lo llenaba.
Negar ser abandonado una vez más, lo llenaba de determinación.
La luz de esas estrellas de cuatro puntas reaparecían por los sectores. La flor soltó una risa fuerte, mientras se dejaba llevar con su demencia.
- TENEMOS TOOOOODO... EL TIEMPO DEL MUNDOOOO... HAHAHAHAHAHAHAHAHAHAHA...
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Espero que no haya salido ambiguo este episodio, es evidente que Flowey usó RESET. No vayan buscando fórmulas incorrectas a mi historia, no es canon, aunque intento ser lo más certera posible.
Y sí, hice un ultra micro cameo de un personaje de GoT xD jajajaja Descuiden no hago fics de eso, no hacen falta.
Ahora se viene el menjunje, see ya!
