Disclaimer: YOI no me pertenece, lastimosamente.

Advertencias: Rated M. Este fic contiene BL, angst y violencia explícita. No apto para todos así que si no te sientes cómodo con temas subidos de tono y/o el tema del canibalismo/wendigos, eres libre de buscar algo más acorde a tus gustos para leer.


N de Nosotros


Mi nombre completo es Jean-Jacques Leroy y hasta este punto de mi vida, todavía podía pronunciarlo sin temor a que algo malo fuera a pasar. De hecho, desde el primer día que te vi, me aseguré de presentarme debidamente aunque siempre he tenido la duda de si me prestaste atención o si solo me viste como una molestia.

Como soy tendiente a necesitar atención y también a fallar en ciertas materias, tuve que dedicarme a buscar quien me ayudara en ese entonces y quien seguiría ayudándome hasta el final de mis días en la escuela. Luego de una corta búsqueda, resultó que la mejor opción que tenía era el estudiante que hacía poco había llegado a la escuela, no te lo tomes personal, claro que me llamaste la atención desde el primer momento en que te vi, pero si no hubiera sido porque todos mis otros compañeros ya no me tenían paciencia, entonces seguramente no hubiese terminado rogándote por ayuda todos los días cuando terminaban las clases.

Y accediste, gracias al cielo. Fue toda una sorpresa cuando al terminar la lección extra de ese día de historia y unos pocos ejercicios de matemáticas, comenzamos a caminar hacia nuestras respectivas casas y resultó que vivíamos convenientemente cerca. Apenas a cuatro calles de distancia. Yo estaba tan feliz que no cabía en mí mismo de la alegría y te lo demostré todas las veces que pude. Logré que me dieras tu número de teléfono y aunque eras bastante malo para darle uso, por lo menos respondías mis mensajes de texto cuando te decía que nos juntáramos antes de ir a la escuela para caminar juntos.

Los días se comenzaron a volver rutina, en la mañana ya sin tener que escribirte, siempre estabas esperándome en el mismo punto, y cuando no aparecías yo terminaba en tu casa aguardando a que estuvieras listo para poder cumplir con nuestra sagrada rutina. Íbamos a la misma clase, almorzabamos juntos, tú te ibas a la biblioteca o simplemente a descansar en uno de los jardines de la escuela cuando me tocaba práctica del club de Hockey y luego regresábamos juntos para ir a estudiar a una de las dos casas.

¿Recuerdas cuánto intenté que entraras al club conmigo? Teníamos apenas 13 años, o 14, ya no estoy tan seguro, pero realmente disfrutaba pasar tiempo contigo. Más de lo que me gustaba estar rodeado de otras personas. Siempre he sido muy sociable, o mejor dicho, lo he intentado. No resulta porque según tú soy demasiado egocéntrico pero no lo puedo evitar, es decir, esta genialidad que ves en mí, no se mantiene sola. Al menos sí aceptabas que te acompañara las veces que salías a trotar por las calles cercanas al bosque, aunque en principio te había cohibido mi acoso por descubrirte un fin de semana haciéndolo, finalmente accediste a tener un compañero tan ruidoso como yo.

Me río solo de recordarlo. Igual que sonrío como idiota cuando rememoro el primer beso que te robé, he de confesar que se trataba solo de una broma casta, simplemente quería ver tu expresión de sorpresa pero en vez de eso el asombrado fui yo cuando comenzaste a corresponder y terminamos en una posición que casi nos mete en problemas estando en tu habitación, justo tu madre había decidido ir a ofrecernos algo de beber. Y claro que me bebí todo después de eso, me había quedado sediento de tu contacto.

No lo entendía del todo bien, o eso supongo. Teníamos apenas 16 años. Toda una vida por delante, muchas horas pasando juntos el tiempo, creando memorias dulces y otras no tanto, pero todas las tengo guardadas en mi mente y pecho. Alguien debería haberme dicho que las iba a necesitar poco tiempo después, así hubiera tomado más fotografías, te hubiese escrito más y te habría querido de mejor manera.

Solo éramos amigos que se besaban cada vez que podían, que querían compartir sus primeras veces y que tenían la tendencia a dejarse llevar más de la cuenta cada vez que se les daba la oportunidad. En teoría era una relación sana, una que tal vez mi padre no aprobaría pero no podía importarme menos. Estaba cumpliendo su sueño al jugar hockey e intentar ganar una beca deportiva, lo mínimo que me debía era aceptar en silencio a la única persona de la que nunca he sido ni seré capaz de apartarme.

Hablo de tí, no seas idiota. Siempre se trata de ti.

El tiempo fue cruel con nosotros, no nos dejó disfrutar mucho más. Acababa de cumplir 18 años, tu todavía tendrías 17 por unos meses hasta alcanzarme. Habíamos salido al trote obligado del día sábado por la mañana y terminamos encontrando una nueva ruta en el bosque y que se veía peligrosamente interesante, por supuesto que con esa edad y con las hormonas elevadas, nos pareció una buena idea.

Nos salimos de la ruta, tampoco recuerdo la razón. Y dimos con un hermoso claro que tenía un pequeño pero agradable lago en el que decidí que sería una brillante idea bañarme. Claro que casi me congelé y cuando salí temblando de pies a cabeza me regañaste hasta el cansancio mientras intentabas hacerme entrar en calor. Sé que con otros no eres tan abierto para decir las cosas y te agradezco por haberme tomado tanta confianza que eras capaz de comentarme hasta las más mínimas cosas que pasaban por tu mente. Yo era feliz escuchándote y también era feliz cuando me escuchabas.

Éramos perfectos el uno para el otro.

Tan perfectos que cuando uno empezaba con una caricia, el otro la elevaba a mayor potencia para corresponder. Y viceversa. ¿Ves que sí puse atención a tus tutorías? Dejando de lado mi charla, aquí estábamos, yo a medias vestido y tu abrazándome y frotando mis brazos para generar el calor que acababa de perder. Me había perdido en tus labios ya más de veces de las que era necesario contar.

Beka… ¿Podemos? pregunté jadeando mientras recuperaba el aliento luego del último beso. Usualmente no te preguntaba y tomaba todo lo que quería, pero esta vez planeaba hacerlo diferente mientras mis manos se tomaban de tu camiseta que estaba ya sobrando.

¿Crees que diré que no? –tu voz monótona me hizo reír y te ayudé a quitarte las prendas lentamente hasta que quedaste igual que yo, solo con ropa interior.

Tu cuerpo no necesitaba de mucho más que existir para elevar mis deseos, y al parecer yo surtía un efecto parecido pues luego de haber estado prácticamente encima tuyo mientras me brindabas calor, me dejaste reposar sobre el tierno pasto del claro, encima del desastre que eran nuestras ropas para comenzar a subir mis niveles de calor de otra manera. Y se sentía jodidamente bien. Tenías la manía de lamer mi piel en toda su extensión y jamás iba a quejarme de eso, tampoco de las mordidas que me dabas de vez en cuando. Solo que esta vez aplicaste demasiada fuerza al hacerlo en mi labio que terminó dejando escurrir unas gotas junto con el sabor metálico dentro de mi boca.

¿Quieres que la primera vez sea de modo rudo? No es que me queje comenté sin poder evitar quitarle seriedad al momento.

Calla y déjame limpiarte –seguramente en ese momento me encontraba demasiado encendido, o ilusamente ciego.

No noté que ya no me sonreías, tampoco descubrí el cambio en tus ojos. Incluso cometí el error de cerrar los míos mientras probabas de mi sangre y succionabas la herida que me habías hecho. Mientras tus manos me sostenían de las caderas, mis brazos se encontraban cruzados por sobre los tuyos, enterrando los dedos en tu espalda. Todo iba bien, mi cuerpo ya se encontraba a una temperatura más que aceptable, yo diría que incluso más caliente de lo necesario pero eso era efecto de tu presencia.

En este punto necesito hacer una pausa. Porque el mero recuerdo de la primera herida me hace temblar y mi mente parece bloquearse. No entiendo bien cómo sucedió. Es decir, era lo normal. Te estabas dedicando a mi cuello cuando diste una mordida. Un poco fuerte pero estuvo bien. El problema fue cuando seguiste ensañándote con ese punto, cuando mis jadeos de placer se fueron tornando quejidos agobiados. Cuando de un momento sentí mi piel rasgándose y la sangre caliente brotando de la herida mientras que un grito de dolor en su más puro estado emanaba a la fuerza por mi garganta.

Sinceramente me costó entender lo que había ocurrido cuando las lágrimas llenaron mis ojos. Busqué tu mirada y tu expresión…

Otabek, ¿Q-qué demonios te pasa? ¡¿Qué acabas de hacer?! exclamé exaltado mientras te veía sin reconocerte. Por alguna razón sabía que había algo diferente en tí pero no entendía que era.

Yo no… Yo… –fue lo único que dijiste.

Con fuerza te empujé, siempre había sido más fuerte que tú pero supuse que por la misma herida ahora me había costado más. tomé mi camiseta para presionarla contra mi cuello mientras pensaba en qué jodida excusa iba a poner para aparecer así en el hospital, rogando porque mis padres no se enteraran de mala manera. No quería que te culparan tampoco, es decir, cualquiera puede emocionarse haciéndolo, ¿No?

D-diremos… diremos que me atacó un oso o algún zorro, tiene que haber uno por aquí, cualquier animal salvaje de la temporada sirve comenté sin mirarte mientras meditaba en cómo vestirme sin soltar la tela que impedía que me manchara todavía más de sangre. La misma capa de pasto natural estaba pintada con las oscuras manchas.

Déjame ayudarte, l-lo siento… –susurraste al fin sonando como te recordaba. No te lo impedí aunque no te miraba. Preferí ponerme los pantalones mientras tu presionabas la camiseta contra mi cuello.

No pueden decir que no lo intenté. Fue tarde cuando sentí que dejabas de apretar. Casi me dio un paro cardíaco al sentir otra vez la sangre bajando desde mi cuello por mi hombro.

¡Otabek! ¡En serio me estás asustando! Si no vas a ayudar al menos no me dejes desangrarme aquí pedí comenzando a alterarme de nuevo.

Te ayudaré. Pero cállate… Cállate –murmuraste en un tono que no reconocí.

Y yo cometí el error de girarme. O de tratar de girarme. Tus manos me hicieron gemir cuando se tomaron de mis brazos con una fuerza que jamás me habías mostrado y sentí tu lengua como si fuera algo diferente mientras me limpiabas las marcas de la sangre gruesa que todavía caía. ¿Qué demonios creías que estabas haciendo?! Por todos los astros.

Seguí en mi ignorancia hasta que tus dientes volvieron a clavarse en esa zona. El dolor fue tan agudo que tuve que gritar de nuevo, de manera más desgarradora que antes. Peor fue cuando al fin logré mover lo suficiente el rostro para entender que estabas masticando un trozo de carne cruda... Carne que acababas de quitarme.

Mi garganta se llenó de bilis y tuve que inclinarme para vomitar sobre mis propios pantalones. De algún modo al fin supe que ya no estabas en tus cabales y traté de escapar de la imagen de placer que me mostrabas mientras saboreabas lo recién tomado dejando escurrir por la comisura de tus labios mi rojo líquido vital. ¿Era en serio?

Cuando volviste a mirarme fijo, ya habías dejado de ser tú otra vez. Tus ojos se habían tornado completamente negros, aterradores e incomprensibles. Eran un foso en que seguramente podría hundirme si no tenía cuidado. Pero no estaba en mis manos cuidarme ese día. Y lo aprendí de la manera más dolorosa que se podía.

Puedo decir que di la pelea contra aquello que se había apoderado de ti. Porque simplemente no podías ser tú, ¿Cierto? Intenté golpear a esa cosa que tenía tu rostro y cuerpo, intenté correr, intenté escapar, intenté tantas cosas, pero cada nuevo ataque se iba tornando más brutal, más sangriento y luego ya tuve no solo un trozo menos en mi cuello, sino que mis brazos fueron perdiendo pedazos al igual que mi torso, mi vientre… Inclusive mis piernas a pesar de que en algún punto estuvieron cubiertas por mis pantalones.

Mi garganta ya no podía más de los gritos. Gritaba por agonía, gritaba por mis padres, gritaba por auxilio, gritaba hasta tu nombre para que pudieras volver en ti. Pero al parecer incluso eso era un sueño improbable, un futuro imposible. Sea lo que sea en que te hayas convertido estaba acabando con mis fuerzas y además del dolor la pérdida de sangre ya había sido excesiva y no era capaz de mantener los ojos abiertos por un minuto ni mucho menos de moverme. Con suerte logré levantar un brazo para tomarte del cabello aunque terminé ensuciando tu mejilla con mi propia sangre mientras veía a tu cuerpo seguir masticando con ansias ese último pedazo que me habías arrancado.

Fue una caricia lo que finalmente te di, pero esa cosa, lo que fuera, no entendía el gesto y a cambio me dio una mordida en la mano que me hizo seguir llorando, mientras podía ver como se aseguraba de tomar incluso un trozo de mi muñeca reventando tejidos y venas en el camino. Entonces sí que llegué a saber con certeza que no era una pesadilla.

Hubiese preferido que el nosotros fuera eterno. Ahora mientras cierro los ojos sé que se acabó, no hay forma de que me recupere de esto, con una sonrisa me despido de ti. Solo lamento no alcanzar a decirte cuanto te he querido todo este tiempo. Cuánto te sigo amando en estos segundos en que mi respiración comienza a entorpecerse por la tos sanguinolenta que me provocan las heridas en mis órganos. Voy a morir ridículamente ahogado por mi propia sangre, ¿No es eso gracioso?

Por favor Beka, sonríeme tú también una última vez.

Por favor…

Beka.


Notas Finales:

Hola otra vez.

Este capítulo es un recuerdo, del punto de vista de JJ de lo que ocurrió la primera vez que Otabek se transformó (por así decirlo) y forma parte de la explicación de todo lo ocurrido con ellos cuando todavía tenían una vida normal, como se puede ver, el contexto en el que se encuentran es diferente a lo canon, pero es por necesidades de la historia.

Gracias por leer si llegaste hasta aquí y se siguen agradeciendo los comentarios.

Grazzie también a Maiev-S que betea esta historia y que creyó que podría ser publicada a pesar de lo wrong de la misma.

Au revoir!