Disfrutando los Placeres.
Sus labios eran la perdición, era la tensión de los placeres más increíble que pudiera encontrar. Pero nada era perfecto, y una ese contacto se rompería pronto, pero trataría de que no. Por eso mismo presiono aún más con sus manos el rostro de Bella contra el suyo. Provocando la profundización del beso. Para luego escuchar el mejor de los sonidos que su oído podría escuchar, un gemido de placer de la boca de Bella.
Estaba gimiendo por lo que él le provocaba. Si bien había experimentado muchas veces con otras mujeres, ella era diferente. Lo estaba elevando a lo más lejos de que nunca antes pudo haber estado. Era el placer mismo de besar a un ángel. Su propio ángel.
-¡Cullen! – grito alguien a lo lejos.
Pero muy lento Bella fue recobrando la conciencia, alguien los estaba llamando desde lejos. Pero los labios de Edward, eran una tentación, un expreso directo al pecado, como decían las malas lenguas era un verdadero demonio.
-¡Cullen! – gritaron de nuevo.
Esta vez fue Edward quien se quejó, terminando el beso por completo, alzando la vista y parándose, miro quien lo llamaba. Era el estúpido de Newton. Ahora que quería, y justo cuando estaba de lo mejor con Bella.
-Cullen, te necesito… dios que belleza, tu nombre…- dijo newton tratando de sonar sexy, mientras Bella se paraba, pero su cara era de confusión. Mientras que la cara de Newton era una cascada de baba, esa belleza que tenia Cullen, entre sus brazos, no podía ser real. Ella era como una ninfa, sobre todo en el marco de esa visión. Con su pelo castaño un poco desordenado y desparramado por sus hombros, aumentándose por el efecto que el fondo de la naturaleza de Forks le brindaba.
Y realmente Bella, estaba hecha una furia. No era justo, por fin iba recién a empezar a disfrutar de su día con Edward. Y llega este palmazo que de la estaba mirando como si fuera el mejor trozo de carne y eso le cargaba, así también la miraba de repente Jacob en Phoenix. Y ahora se le venía a la mente el vivido recuerdo de la cara de Jacob, cuando se le insinuaba, y sobre todo cuando estaban con Leah. Era una desagradable cara de gozo que daba repulsión.
-Swan, quien mierda eres, porque nos interrumpes así… ¿quién te crees que eres? – dijo Bella, un poco molesta. Si bien ese tonto le había interrumpido su beso. Su beso con Edward Cullen. Y le evocaban los recuerdos más desagradables de su antigua vida.
-Swan, ¿Cuánto? – insistió Newton.
-Te dije que no te importa – le repitió Bella.
-Que mierda quieres Newton… se me acaba la paciencia. Y créeme que no quiero entrenar con tu cara – le dijo Edward. Con su postura desafiante. Acallando cualquier pretensión de discutirle algo.
-Yo…. Este, Cullen…-
-Apúrate, que no me gusta que gasten mi apellido – dijo Edward perdiendo cada vez más la paciencia.
- este, la cosa es que este fin de semana hay una fiesta, en la casa que colinda con el río. La estamos organizando nosotros, queríamos saber si venías… tu sabes… lo que ero implica…-
-Si lo sé, no soy estúpido. Pero de verdad no sé. Veré como resultan al final las cosas. – le contesto indiferente Edward. - ¡Ah! Y Newton, ándate y para de babear, antes que te rompa la cara. – termino Edward.
Newton, como alma quien la lleva el diablo se fue raudamente, si Cullen te ofrecía romperte la cara, era mejor que huyeras, antes que cambiara de parecer. Sin duda era un maldito.
Bella estaba sorprendida. Sin duda Edward Cullen era un tipo que era imposible de imaginárselo. No correspondía a ningún tipo de encasillamiento. Imposible, escapaba a todo rigor y selección.
-Que significa que tu vayas a ese tipo de megas fiestas – Bella sabia la calidad de esas fiestas, ella también había participado en Phoenix, era necesario unos bueno cojones para seguirle el ritmo a esa destrucción en masa. Y sobre todo con Edward Cullen al lado, lo mínimo era esperarse eso.
-Problemas, complicaciones, diversión, entretención, o sea todo lo que pueden esperar en una fiesta – dijo honestamente Edward.
-Entonces si eres tan demandado porque no vas y te dejas de complicaciones. – dijo Bella entre su inocencia y lo simple de ver su realidad.
Edward se dio vuelta hacia ella, y con sus dos fuertes y poderosas manos volvió a sostenerle el rostro de Bella. Y mirando profundamente sus ojos, le hablo en aquel tono, que pidiera lo que pidiera se o daría. Aquel tono que si te pedía sexo ahí mismo, ella sería la primera en desnudarse y suplicar.
-Porque tenía planeado pasarlo contigo, ya que si voy a esa fiesta, no las disfrutaría, además prefiero pasar el tiempo contigo. Es como si el tiempo no existiera, aunque suene paradójico. – le explico Edward.
-Mmm y que haríamos…-
-No sé, cualquier cosa, quizás salir por ahí. –
-Como por ejemplo ir al cine… - dijo tentando Bella a Edward.
-Si puede ser, y luego ir a comer. No sé, estoy dispuesto a lo que quieras. – dijo Edward ya recogiendo sus cosas, para partir a las ultimas horas de clase.
-Mmm me parece buena idea, podríamos ir al cine y luego ir a comer algo. O si hay como una especie de bar, también puede ser, pero el problema sería mi identificación…- dijo Bella.
-Eso déjamelo a mí, tú tranquila que el viernes saldremos tú y yo – dijo Edward encantándola una vez más.
-¿Es una cita? – dijo Bella un poco temerosa. Como que había algo que la hacía pensar que Edward Cullen no era el tipo de citas. Pero no sabía había algo que la atraía de él profundamente y tenía que confirmar sus pretensiones a la vez.
-No sé honestamente, veamos que sale de aquí para el viernes, ¿te parece? – maestro pensó Bella, genial, ni se comprometía no se corría, estaba bien. Pero sin duda sabían que ambos deseaban lo mismo. Estar juntos.
Edward y Bella, entraron nuevamente al gran edificio, naturalmente, el beso había quedado atrás, no se estaban ni abrazando ni sosteniendo las manos. Era naturalidad pura, ellos solamente. En eso Tanya vuelve a pararse en frente de ellos. Sin escatimar en la marida sobre ellos, sobre todo la inquisidora, como buscando cuan cercanos eran. Pero no pudo descubrir nada, mientras tras ella se posicionaban otras "barbies", según Bella. También rubias platinadas una a cada costado de Tanya.
-Edward, cariño, ¿iras a la fiesta el viernes? Me podrías pasar a buscar y disfrutaríamos de algunas cosillas – dijo Tanya, sonando provocativa, pero para Edward resultaba estar escuchando la peor canción que pudo haber escuchado. Mientras Bella no podía creer lo estúpida que era esta pobre mujer. No entendía cuando la gente no la quiere ver acaso.
-No, Tanya, no voy a ir, ahora si nos disculpan estamos un poco atrasado a clase – dijo Edward, ahora tomando la mano de Bella, con el fin de que lo siguiera, y entrara con él a esa clase.
-Pero como, ¿tienes mejores planes? Si es así podemos ir juntos, ya tú sabes cómo te gusta salir conmigo –
La paciencia a Edward en ese instante se le acabo. Y noto por primera vez en el día la cantidad de miradas que se posaban sobre ellos, era abismante, sorprendentemente eran muchas, casi toda la escuela los miraba. Atentamente sin desperdiciar ni un segundo de su actuar.
-No Tanya, no creo que te gustaría ser el violín en una cita…-
Y todos los testigos aguantaron la respiración. Gran sorpresa gran, Edward Cullen tenía una cita, en uno de los días más importantes de todos, donde estaba la fiesta que reivindicaba el status quo de la escuela. Determinaba quienes seguían siendo populares o quiénes no. Era la fiesta que había que asistir como fuera. Y Edward Cullen, el bad boy, el objeto deseado, el chico, no asistiría. Tenía una cita.
-Y se puede saber con quién tienes esa cita, porque si es conmigo es una extraña forma de pedírmelo – dijo Tanya, que para karma de Edward, todavía tenía la concepción de que ellos debían estar juntos si o si, por haber sido escogidos la pareja ideal, hace un tiempo atrás. De verdad era una estupidez.
Bella no cabía en la sorpresa que estaba viendo, era increíble era chica, como tan, tan, simplemente no habían palabras para describirla, la había superado con creces.
-Tanya como se te ocurre que saldré contigo, ¿por quién me tomas? – dijo Edward totalmente desesperado de la situación. Tendrían que irse, estaba el desastre con creces, todos ahora se preguntarían con quien saldría el viernes, y él no quería arriesgar más a Bella, sobre todo a la envidia de las perritas falderas, que lo seguían. Eran peligrosas y unas verdaderas brujas. – Me hartaste, no quiero que te me cruces más ¿ok? O también lo tengo que dibujar. Vámonos, me harte de la situación – dijo finalmente Edward, pero caminado en dirección contraria al salón. Y con Bella firmemente agarrada de la mano.
-Edward, calma, para. A donde vamos – dijo Bella intentando parar a Edward.
- Nos vamos, me harte. Vamos apúrate – dijo cortante Edward.
-Pero no podemos… las clases todavía no terminan –
-Me hartaron estos imbéciles, que se creen, andar cuestionándome. Como se creen. No podemos seguir así, nos harán la vida imposible, súbete al auto – dijo Edward realmente molesto. La paciencia se le había acabado.
Bella estaba impávida.
-Edward lo lamento, nunca quise ser un malestar – dijo Bella
-A que viene eso…- dijo Edward sin comprender.
-A que por mi culpa, te exasperaste y puede que tengas castigo luego, yo lo siento de verdad…-
-Pero mensa, tú no tienes la culpa de nada. Solo de hacerme uno de los días más gratos en esta estúpida escuela. Calma no te sientas culpable. – dijo Edward tomando la mano de Bella, y mientras salían de la escuela. Iban a dirección contraria al camino que deberían seguir para ir a la casa. Extrañándole a Bella.
-Pero la casa está para el otro lado. – dijo extrañada.
-Lo sé, no vamos a la casa. Vamos a Port Angels. –
-Y que hay en Port Angels. –
-Bueno hay varias cosas, de partida una librería que deseo pasar. Luego unas tiendas de ropa, y otras cosas interesantes que ver – dijo Edward.
-Mmm, suena como un buen plan. – dijo Bella.
Edward luego le sonrió sutilmente. Y partieron raudamente a Port Angels.
Estaban llegando a Port Angels, y Bella miraba detenidamente todo, por fin se estaba dando cuenta como era esa zona del estado de Washington, sin duda era muy distinta a lo que había visto en el Phoenix, aquí era todo más verde. Y todavía no le tocaba el invierno, pero se veía que hacía mucho frio. En todo el día no se había sacado su chaleco.
Mientras Edward se le seguía sosteniendo firmemente su mano, y de vez en cuando le hacia un leve cariñito.
En eso suena el celular de Edward.
Edward tuvo que soltar la mano de Bella, y pescando su celular, vio que era Emmett. Viendo la hora, todavía estaban en clase, así que lo más seguro debió haber sido que este estuviera en problemas o en algún baño de la escuela.
-¡¿Qué paso?! – pregunto Edward
-¿Dónde te has metido? –
-¿Por qué paso algo? –
-Sí, las yeguas de la escuela estan con las hormonas revolucionadas, te estan buscando –
-No, de verdad que paso –
-Solo queremos saber dónde te has llevado a Bella. –
-Por ahí, volvemos después de la hora de comida. –
-Ok, pero avísale a mamá puede que se preocupe por ella –
- Si ok, ¿algo más? –
-Sí, ¿Qué mierda te fumaste? –
-¿Por qué? – verdaderamente extrañado le pregunto Edward.
-Porque te escapaste de la escuela, pero con alguien, especialmente con alguien, y sabemos que no es para que te haga un favor, precisamente. –
-Emmett, hermano de verdad no es de tu incumbencia, nos vemos más tarde – corto abruptamente Edward.
-¿Qué pasó? – pregunto un poco preocupada Bella.
-Nada importante, ni que valga la pena – dijo Edward.
-Seguro…. – dijo Bella, probando la veracidad de Edward.
-Si, a todo esto tengo que hablar para avisar que llegaremos después de la comida. – dijo Edward, marcando el teléfono del celular de su mamá. - ¡Mamá, hola!, oye este, Bella me acompañó a Port Angels, volvemos después de la cena, a si que no nos esperen ¿ok?... si eso te quiero… si mamá… la cuido con mi vida…. Te quiero ¡Bye! – corto finalmente Edward.
-Ja ja, no puedo creer que seas así. – dijo Bella.
-¿Por qué? – pregunto extrañado Edward.
-nunca me había encontrado con una persona así. – Dijo Bella con un dejo de melancolía.
-Bella... que pasa... tú sabes que puedo confiar en mí – dijo Edward, a partir del cambio de mirada de Bella. Su rostro prácticamente se modifico completamente y la tristeza llegaba a sus ojos.
-No es nada, de verdad. –
-Entonces porque se fue la alegría de tus ojos –
-No quiero hablar de eso Edward, por favor. –
-¿Paso algo en Phoenix? –
-Pasaron muchas cosas allá –
-Bella, obviamente pasaron muchas cosas…-
-Pero, además de mis padres…- dijo Bella interrumpiendo a Edward.
-Dime, entonces…-
-Es un poco complicado –
-Soy todos oídos, no soy tonto o eso es lo que creo –
-No sé –
-A ver quizás con un exquisito café en la librería que tengo que pasar te ayude, ¿verdad? –
-¿Por qué quieres saber con tanta insistencia? –
-Porque me importas y me preocupas, y además quiero saber – dijo Edward con un dejo de picardía en sus ojos.
-Edward, de verdad, no me acomodaría decirte, es entre vergonzoso y pedante lo que me paso – dijo Bella.
-Vamos, de seguro lo puedo manejar, ¿confías en mí? – dijo Edward intimidando con su mirada profunda a Bella.
-Si –
-Bueno entonces demuéstralo – dijo Edward, y a la vez sorprendiendo a Bella con un leve toque en sus labios.
Edward y Bella entraron a la librería, la cual tenía anexada a ella una cafetería, no estaba muy llena, habían unas cinco personas adentro. Y en la tienda había un señor en la caja, leyendo. Que al sonido de las campanas de la entrada despegó su vista del libro y miro a las personas que estaban entrando.
-Hola, Edward. Hace tiempo que no te aparecías por acá. ¿Qué te había pasado chico? – le pregunto el dueño de la tienda.
-Hola, señor Wilde. Pero he tenido unas complicaciones en la escuela. –
-Bueno, está bien. Pero quien es la Diana1 que te acompaña en esta ocasión. Primera vez que te veo acompañado Edward. Me estas sorprendiendo – dijo cómicamente.
-Ja ja, gracias señor Wilde. Pero ella es Bella, es una amiga muy pero muy especial. –
-Hola, soy Isabella Swan, pero me gusta que me digan Bella. – dijo Bella presentándose formalmente al señor Wilde, extendiendo su mano, para saludarse. Pero en vez de darle el saludo completo, le tomo la mano y la beso caballerescamente. Sorprendiendo tanto a Edward como a Bella. Y Bella sorprendida dirigió su mirada a Edward, tratando de descubrir que había detrás de tanta galantería de parte del amigo de este. Pero solo encontró en la mirada de Edward, un brillo especial, que detonaba un orgullo, profundo. Ese orgullo que se veía en las parejas. Sobre todo cuando la mujer recibía gestos de galantería y el hombre en este caso se sentía totalmente orgulloso de "su" chica. Bella después de esto sólo sintió con más fuerza el agarre de la mano y el brazo de Edward alrededor de su cintura.
-Un gusto preciosa. Bella. Siente como en casa. Cualquier cosa que necesites me avisas –
-Wilde, ella va a estar conmigo – dijo Edward tratando de hacerle entender que Bella no estaba sola.
-Querida, no le hagas caso a este chico. Es un embustero –
-Ja ja, no se preocupe señor Wilde, soy muy difícil de sobrellevar, tengo un humor de perros. –
-Yo sabía, que esta chica era de armas tomar. Sin duda Edward tu gusto encontró su cauce, chico. Apúrate antes que te la ganen. – dijo pícaramente el señor Wilde.
-No se preocupe. Ya estamos trabajando en eso señor Wilde. – dijo Edward.
Ambos se internaron en la librería con una risa, en los labios. Edward fue a las partes de los estrenos académicos. Que justo estaba destacando una nueva edición de unos de Nietzsche, que sin duda era de sus favoritos. Sorprendiendo a Bella, quien lo miraba a distancia. Estaba conociendo a un Edward sin máscaras ni condiciones como en la escuela. Estaba viendo al Edward natural. Aquel que la recibió con unos pantalones en posición pecaminosa, y una actitud de cuidado. Era nuevamente cuando ella se preguntaba ¿Quién era ese chico?
Mientras Edward estaba inserto en el análisis de los libros de uno de sus filósofos alemanes favoritos, Bella se dirigió a un área en donde decía Literatura Inglesa. Lamentablemente, se acordó de la destruida colección que dejo en Phoenix. Tenía unos libros geniales. Y sus favoritos que sin duda ahora debían ser ceniza en su casa.
Se topo con un libro que desde afuera le llamaba la atención. Era una obra de arte, era de una edición de lujo sin duda. Las costuras eran sutiles y maravillosas. Cuando se acercó, sintió que sus ojos se llenaron de irrigación, se estaba aguantando para liberar aquellas lágrimas. Era de su autora favorita lejos. Jane Austen. Era una recopilación de lujo de todas las novelas. Bella lo tomo entre sus manos y lo sintió vibrar, ese libro la estaba llamando. Sin duda en las noches extrañaba leer a su autora favorita. Era un placer. La interpretaba tanto.
-¿Te gusta? – le pregunto Edward al oído sorpresivamente, provocando un pequeño salto en Bella.
-¡Qué!, ¡Ah!, si Jane Austen es mi autora favorita. Y mis libros bueno, quedaron calcinados al igual que todas mis otras pertenencias. –
-Bueno entonces lo llevamos –
-¡Qué!, No, no podemos, o sea no puedo. No tengo dinero –
-Dije que lo llevamos, o sea que si lo llevamos. Pago yo –
-No, no puedo aceptarlo –
-Si puedes, lo aceptaras como un regalo de mi parte –
-No Edward, no puedo –
-Vamos preciosa, no me compliques la existencia más de lo que ya está, dame el libro. – y la mirada de Edward era penetrante y desafiante. Pero sobre todo intimidante. Bella en ese instante se sintió completamente desnuda ante él. Era como si estuviera a sus pies, ofreciéndose en bandeja de plata a sus servicios. Estaba perdiendo la cordura acaso. O estaba descubriendo los placeres de Edward Cullen.
-Edward…-
-No, no esta vez vamos, te quiero mostrar algo. – dijo Edward tomándole una de las manos y a la vez tomando el libro, que lo junto con unos dos libros nuevos de Nietzsche.
La llevo al área de los clásicos universales. Ese hombre estaba llevando a la locura a Bella, Edward no se encajaba con ningún perfil tradicional de acuerdo a los personajes tradicionales de la escuela. Sobre todo en los que se refieren a los "bad boys".
-Edward, de verdad que me sorprendes. Filosofía contemporánea primero. Ahora con los clásicos, de verdad que me tienes completamente descolocada. – le dijo Bella.
-Ja ja, cariño soy como una caja de bombones. Exquisitamente lleno de sorpresas. – dijo Edward tentando nuevamente al auto control de Bella.
-¿Qué pretendes detrás de todo esto Edward? –
-Mmm ¿quieres la verdad? –
-Completa y sin cesura –
-Quiero…-
-Chicos ¿escogieron ya algo? – los interrumpió el señor Wilde.
-Si señor Wilde. Estos libros de Nietzsche y este de la señorita Austen. Ahora quiero que bella escoja un clásico, pero no se cual. – le dijo Edward.
-Ok, no te preocupes. Pásame esos por mientras, y les mandare a preparar unos cafés. ¿Alguno en especial princesa? –
-Eh… un capuchino, gracias señor Wilde –
-Ok, y para ti Edward, ¿lo de siempre verdad? –
-Sí señor Wilde, muchas gracias. De inmediato vamos, antes escogeremos un libro más –
-No te preocupes chico, hay tiempo – dijo el señor Wilde antes de irse hacia la caja con los libros y luego hacia la cafetería.
-Bueno, cual es el clásico que más te gusta o es tu favorito – le pregunto Edward a Bella.
-Mmm, no se hay varios, pero no sé… ya con ese libreo Edward está bien. De verdad… -
-Bella, ¿cuál es tu clásico favorito? – le insistió Edward.
-A ver no se si es clásico, completamente. Pero es Drácula. Si lo sé puedo ser patética. Pero en verdad, me gusta ese libro y…-
-Shh, está bien no te he dicho nada – dijo Edward quien para callarla le puso su dedo índice sobre sus labios. - ¿está bien ok?, lo llevaremos ahora ese café que estoy desando fervientemente. – dijo Edward mientras Bella asistía con la cabeza y unos ojos notablemente sorprendidos.
Edward buscó el libro, y tomando una edición de lujo, lo llevo a la caja donde estaban el resto de los libros que habían escogido ambos. Edward tomó la mano de Bella y se dirigieron a la cafetería, en donde la mesera ya los estaba esperando con sus cafés.
-Hola Edward – dijo coquetamente la mesera.
-Hola…- dijo Edward sin mirarla, pero Bella aún así un poco molesta, como era posible que todas las mujeres le coquetearan.
-Te traje tu café, y con un regalo del señor Wilde. – dijo acercándose a Edward.
-Steff, de verdad no necesito tu filtreo con Cullen, no ves que anda con su chica, bueno Bella toma asiento, que los muffin, van por mi cuenta y son un regalo para ti – dijo sorpresivamente el señor Wilde. Y la cara de la chica se deformó, y miro a Edward nuevamente buscando su mirada, pero no la encontró. Edward estaba mirando a la chica, atentamente a su rostro. Que le pasaba a este hombre, quien era esta chica que lo tenía babeando. Seguía preguntándose la mesera mientras que Wilde la apartaba y le insistía que se fuera.
Bella levantando las cejas, tomo asiento y se maravillo, con los muffin que tenía en frente. Y su café desprendía un olor espectacular. Ya estaba gozando de placer. Mientras levanto su mirada y se la topo con Edward a quien le brillaba la mirada, mientras tomaba su café y lo acercaba a sus labios, tomando un pequeño sorbo.
-¿De qué es tu café? – le pregunto Bella a Edward.
-Mokachino. Chocolate con café –
-Ja ja, chocolate. Mmm rico, ¿inter cambiemos? –
-Mmm, no. Me gusta mi café. No tengo muffin ¿Por qué debería intercambiarte mi café? –
-Te doy muffin –
-Mmm, tendría que pensarlo. – dijo Edward
-Ja ja, eres malo, juegas con mis sentimientos. –
-No, yo no juego, solo estoy jugando con mis posibilidades –
-Eres un tramposo –
-No Bella. Nunca jugaría con tus sentimientos, son algo más que valiosos, son realmente un tesoro. –
-Deja de decir tanta cosas, Edward – dijo Bella tratando se bajar la tensión y de tratando de romper el encanto de la mirada de Edward.
-Bueno, está bien. Bella tenemos una conversación pendiente. –
-Edward, no sé…. –
-Bella por favor, quiero conocerte más. Estar más cerca de ti. Necesito saber que te paso. Puedes confiar en mí. –
-Ah…- suspiro Bella.
-Va a ser como nuestra terapia. Tú te confiesas conmigo y yo me confieso contigo – le dijo Edward como explicándole un sabroso plan.
-Ja ja. Menso, bueno a ver por donde empiezo…-
-Por el principio cariño. – dijo Edward poniéndose cómodo y a la vez acercando su mano a las de Bella dándole un apoyo simbólico y verdadero. El cuerpo de Bella estaba teniendo reacciones raras, tras el toque de Edward, fue una especie de corriente la que la atravesó dejándola sin respiración.
-Bueno, este yo en Phoenix, tenía un novio. Se llama Jacob Black. Pero pasó algo. – le dijo Bella, mientras que la reacción de Edward fue arisca, frunció el seño, y demostró una mirada un poco más inquisitiva y profunda escudriñando en las profundidades chocolates de Bella. – Bueno lo que paso ese día, el del incendio, fue como el día maldito. A la salida de la escuela, vi en el estacionamiento a mi ex, con una amiga, besándose. Y ahí se confirmaron muchos temores, y comportamientos extraños que había sucedido. Lo lamentable que paso justo el día que se incendio la casa. Y sólo los volví a ver cuando me dieron el alta en el hospital luego que tus padres me fueron a buscar. Y en realidad no quiero saber más de ellos. – le dijo Bella.
-¿Ese maldito te traiciono con tu amiga? – dijo Edward con un tono profundamente de enojo.
-¡Ah!, Edward no me vengas con eso, es como si tu nunca hubieras salido con dos chicas a la vez. – dijo Bella tratando de cortar y cambiar el tema, de verdad no quería seguir hablando.
-O sea si, Bella he salido con dos chicas a la vez, pero nunca tan estúpido como tener una novia oficial y traicionarla con su amiga. Si yo tengo una relación oficial, seria fiel. Con pensamiento, palabra, obra y misión. – dijo Edward acercándose al rostro de Bella. Mientras esta estaba nuevamente sin respiración, totalmente deslumbrada por lo dicho por Edward, y por la seriedad de mismo.
-Ah – suspiro nuevamente Bella.
-Y qué paso con el tarado, te dijo algo más. ¿Te prometió buscarte acá? – le pregunto Edward.
-No, yo le pedí que no lo quería ver nunca más en mi vida. Pero con uno, Seth, deseo seguir en contacto. Se podría decir que es el único amigo que deseo mantener, en realidad era el único amigo verdadero que tenía. –
-Bueno haremos lo posible para comunicarnos, con él verdad. –
-Gracias Edward, de verdad – dijo Bella acercándose al rostro de este y depositándole un lindo beso en la mejilla.
Siguieron conversando de cosas triviales, y se terminaron los cafés y los muffin. Estaban terminando de recoger los libros, y Bella se acuerda, que necesitaba por lo menos comprarse dos mudas de ropa. Por lo menos antes de que saliera con Alice, pero el problema era que le daba una cosa muy cercana a la vergüenza a pedirle otro favor más, luego de que este le compro los libros.
-¿Qué pasa? – le pregunto Edward al ver que ella estaba abstraída en sus pensamientos.
-¡¿Qué?! No este nada, no este –
-Bella… que pasó –
-No, este es que me acorde, que necesito unas mudas de ropa… y –
-¡Ah! De veras que algo habíamos acordado. Pero podemos adelantar algo. Estaría bueno que tuvieras una chaqueta que te pueda abrigar más. Para el sábado ya tengo una salida preparada y necesitarás unos buenos zapatos. Pero el viernes saldremos a comprarte más ropa y luego a nuestra cita ¿ok? – le dijo Edward.
-Gracias – dijo Bella con una amplia sonrisa en el rostro.
Pasaron lo que quedaba de tarde viendo unas mudas para Bella. Los dos seguían hablando de cosas triviales, pero cosas que los acercaban cada vez más. Eran ese estilo de conversaciones que eran banales, de anécdotas de sus cortas vidas. Pero que a la vez les permitían descubrir casi todas las cosas que tenían en común, las cuales no eran pocas. Pero sobre todo siguieron disfrutando del tiempo, juntos. Eran simplemente un chico con una chica, nada de pasados y de reputaciones. De pérdidas y de descubrimientos. Eran simplemente dos personas conociéndose y viendo lo parecidos que eran. Estaban sorprendidos, era increíble la química que tenían, nunca hubieran pensado anteriormente que en esas condiciones conocerían a una persona tan semejante.
-Uf, no doy más por favor, ¿nos podemos ir a la casa? – dijo cansadísimamente Bella.
-Si eso te iba a proponer. Mañana igual hay escuela y estoy muerto – dijo Edward, haciendo andar al automóvil.
Estaban saliendo de Port Angels, cuando en eso empieza a sonar el celular de Edward nuevamente y este logra ver que lo llaman esta vez desde la casa.
-¿Bella, puedes hablar tu? –
-Si no hay problema. ¿Aló? – contesto Bella.
-¡Bella, cariño!, ¿Cómo estan y donde vienen? – les pregunto por el teléfono Esme.
-Este recién estamos tomando la carretera para Forks, saliendo de Port Angels –
-¿Están bien?, terminamos de comer, les dejare la comida en la cocina. Ya que nos vamos a ir acostar. Cariño lo que te quería pedir, por favor es que mañana te quedes con migo para solucionar y ponernos de acuerdo con tus cosas. Además llego un sobre a nombre tuyo… -
-Si Esme, no hay problema mañana me quedaré en casa contigo. Oye y ese sobre dice quien es el remitente – dijo Bella, pero al mismos tiempo Edward hizo una especie de pucherito con su boca, al enterarse de que Bella no iría mañana a la escuela con él.
-No cariño, pero lo he dejado en cima de tu cama, para que lo veas cuando llegues. Nos vemos en un rato, dile a Edward que maneje con cuidado. –
-Gracias Esme, nos vemos en un rato – termino diciendo Bella y cortando la comunicación.
-Y ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? –
-Bueno, que todos se estan yendo acostar, y que la comida nos la dejaron en la cocina. Y que mañana no podré ir a la escuela, ya que vamos a terminar de coordinar mi traslado hacia acá. Dijo de sobre manera de que manejaras con cuidado. –
-Si claro como no…- completo Edward en tono cómico. Y este se giro para ver el rostro de Bella, esperando el feedback de la broma que acababa de realizar, pero cuando la vio, en sus ojos descubrió un sesgo de preocupación. Y tomando sólidamente una de las manos de Bella le preguntó – Y ¿Qué es lo que te dijo mi madre para que te pusieras en esa actitud de tanta preocupación? –
-Llegó un sobre a mi nombre y sin remitente. –
-Y estás preocupada por…. – dijo Edward sin entender mucho el porqué de la preocupación por Bella.
-Es muy raro que me llegue algo a menos de 48 horas de haberme mudado… -
-Si sin duda muy raro. Esperemos que no sea algo nada malo. –
-Y ¿que malo podría ser? –
-No sé, tu eres la que está preocupada. Pero lo que mi retorcidamente puede que diga. Es que no te extrañes si resultan ser los que provocaron el incendio en tu casa. –
-Y tu porqué crees que fue provocado el incendio y no algún hecho no intencional – pregunto un poco más escéptica Bella.
-Porque al momento de que mis padres se enteraron del incendio la única forma en que haya pasado esa catástrofe es mediante la provocación de ese incendio. Tus padres eran inocentes, y al parecer no tenían enemigos tan directos. –
-Si en eso tienes razón, mis padres no poseían enemigos tan directos, nunca antes vi alguna señal de amenaza, pero aún así es una sorpresa ese sobre. Que realmente no sé si me quiero enterar quien lo mandó –
-Bueno calma. No creo que sea algo tan grave. La única pena que me molesta ahora, es que mañana no me vas acompañar. –
-Bueno tampoco lo tenía presupuestado ya que, si iría mañana lo haría como una estudiante enrolada en la escuela. –
-Mmm eso significaba que Alice pasaría al lado tuyo todo el tiempo… -
-Bueno si, si es mi compañera de clases. Tú no estás en las mismas clases que yo. –
-Como me gustaría cambiar eso… -dijo Edward descolocando nuevamente a Bella.
-¿Por qué lo dices? –
-Porque me encanta pasar tiempo contigo, es como el disfrute de un placer, pero el placer más dicho y predilecto que he podido sentir en años. –
-Suenas como si lo hubieras estado buscando por años… -
-Es que en verdad así ha sido, nunca antes me he sentido así, no quiero alardear por mi experiencia, pero es verdad la tengo, no soy un santo. No soy un monje. Pero tú provocas placeres diferentes, placeres que estoy muy dispuesto y dichoso de disfrutar. –
-¡Edward!, para, no de verdad. Ja ja, es que suena tan extraño. Ja ja – continuo Bella riéndose, incrédula por la confesión de Edward.
-Pero ¿Por qué? –
-Porque no te creo. Es que esto no puede ser real. En menos de 48 horas que nos conocemos, y ya casi estamos en las declaraciones profundamente sentimentales. Cuando ni tú y yo creo que estamos dispuestos a enfrentar algo más serio. No creo que sea necesario, no creo que lo necesitemos. –
-A sí que no quieres algo serio… -
-No, no quiero nada serio, mi antiguo novio me dejo hastiada de las relaciones. Quiero sentir la libertad. –
-Y esa actitud sólo por la situación que resulto todo – dijo extrañado y sorprendido Edward.
-Es que mira lo que ha sido el día de hoy. Si las miradas mataran, estaría más profunda que cualquier otra ruina romana. Había por lo menos tres mujeres dispuestas a matarme por solo estar cerca de ti, o compartir contigo. El problema es que no estoy dispuesta a este ataque gratuito a mi persona, por estar cerca de ti. –
- O sea dices que no quieres estar conmigo –
-No quiero un intento de asesinato por estar contigo. Pero deseo que lo sepas, me encanta estar contigo. Es casi como si fuera una fuerza externa que nos impulsa a estar alrededor tuyo, pero no obligada, si no al contraria disfrutando del placer que generas. Pero estoy asustada. No quiero una relación ahora, estoy asustada. No quiero sufrimiento por un buen tiempo. Ya tengo bastantes problemas por ahora. –
-Te entiendo Bella, si yo también estoy un poco asustado, por el hecho de que esta atracción no es normal, pero lo único que te pido, que no me alejes de ti. Me gusta mucho estar contigo. Acepto lo que me des aunque sea un patético papel como un amigo más en tu nueva vida. –
-Edward, no eres patético. Al contrario, eres la primera persona que quiero que este acá siempre a mi lado. No podría alejarte de mí, sería como mutilarme. Pero solo ahora te puedo ofrecer mi amistad, la más profunda y la más fiel y confiable. Pero no más. Todavía estoy curándome. –
Edward se hizo un costado en el camino, estaciono el auto, pero aun andando, encendió una de las luces al interior, para poder ver bien el rostro de Bella. Y tomando con una de sus manos el mentón de ella. Le dijo viéndola profundamente a los ojos.
-Como te dije acepto lo que me des. Estaré ahí siempre que me necesites. Solo déjame ayudarte en esta cura, déjame curarte. Déjame estar cerca de ti, estar contigo, no me importa el titulo de mi puesto, solo déjame estar junto a ti. – dijo Edward alzándole el rostro y a la acercó hacia él, y con su boca levemente abierta, capturo los suaves labios de Bella, como nunca antes, la corriente eléctrica que corrió por ambos por igual, fue más profunda y más impactante que antes, la mano de Edward avanzó con más premura hacia la nuca de Bella, acercando el rostro aún más en contra del rostro de Edward, pero lo que de verdad sorprendió fue que Bella, alzó sus manos hacia el cabello de Edward intensificando aún más su cercanía. Lo único que Edward estaba seguro era que quizás, existía la posibilidad de que Bella realmente le correspondiera sus sentimientos. Pero ¿Cuáles sentimientos?
Se despegaron con un sutil sonido entre sus bocas, y Bella con un coquero rubor en sus mejillas, acaricio el rostro de Edward. sus ojos brillaban en los del otro. Era como si estuvieran con un secreto que ambos solamente sabían. Estaban en su burbuja cuando otro llamado, pero esta vez de sus cuerpos les rompió el encanto. Estaban sonando fuertemente sus estómagos.
-Bueno creo que es hora de ir alimentarte. –
-Si estoy muerta de hambre, no me había dado cuenta. –
-Vamos a casa. –
Tras esto Edward retomo el camino hacia Forks, pero algo había cambiado, era como si ellos mismos no podían controlar sus cuerpos, necesitaban tocarse, Edward tomaba firmemente la mano de Bella mientras ella se la sostenía con la otra, le hacía cariño con la otra. Era una caricia cómplice, de cariño aunque más profundo y más significativo que una simple amistad, había algo más y se sentía.
Llegaron a la casa, y estaba con algunas luces encendidas, las esenciales para que Bella y Edward entraran. Bajaron las cosas, y Edward se ofreció a subirlas. Mientras Bella se quedaba en la oficina para preparar la comida.
Edward vio hacia la habitación de sus padres, estaban conversando, y de seguro era sobre, Bella pero este no quería saber más, él ya se sentía con el conocimiento necesario para confiar en ella y sobre todo para protegerla sobre todas las cosas. Como un fiero león.
Bajando hacia la cocina y vio que Bella, estaba llenado unos vasos con jugo, la comida ya estaba caliente, y servida. Y a Edward nadie le quitaba la sonrisa que se le estaba formando en el rostro. Bella le daba la espalda, y cuando ya dejo los vasos sobre la mesa, los brazos de Edward la rodearon por la cintura, atrayéndola contra él, y susurrándole en el oído le dijo;
-Gracias por la atención querida –
-¡Ay!, tonto me asustaste, ya está servido, hay alguna novedad –
-No, estan casi todos durmiendo, pero come, por favor –
Los dos empezaron a comer, casi en silencio. Tenían hambre. Pero todo estaba bien, todo estaba tranquilo. Cuando terminaron de comer, Bella lavó lo platos, a pesar de la queja de Edward, pero este insistió en secar. Y luego los dos subieron. Pero esta vez la habitación de los padres de Edward estaba a oscuras.
Ya estaban en la sala de estar del piso de ambos, cuando dividendo las cosas que habían adquirido, y Bella entrando distraídamente a su habitación, se encuentra con el sobre, que le había dicho Esme anteriormente. Lo tomo entre sus manos y abriéndolo, su cara cambio, era blanco como un fantasma.
-Edward – dijo con un temor que helaba hasta los más cálidos climas. Y la reacción de Edward no era de esperarse, corrió hacia Bella y entró a la habitación de ella.
-¡¿Qué paso?! – pregunto casi desesperadamente Edward.
-Edward… ay Edward me estan buscando, me estan buscando…. – dijo Bella lanzándose en el refugio de los brazos de Edward, quien la estaba conteniendo, pero la impresión de su rostro era evidente pero también reflejaba un miedo en él, que quería decir Bella con que la estaban buscando, quien la estaba buscando.
-Calma, nadie te va hacer daño mientras este yo acá. Nadie te va a tocar. No mientras estés conmigo, calma cariño –
-Tengo miedo, Edward, ¿Qué pasara ahora? –
-Nada, nada te pasará. Yo estoy acá. – dijo Edward abrazando a Bella, pero esta ya estaba temblando. Por lo cual se recostaron en la cama de esta.
Y quedándose así, Edward le seguía murmurando palabras de seguridad en su oído, mientras esta se estabilizaba y abrazándolo fuertemente cae en los brazos de Morfeo. Mientras Edward, la abrazaba más fuerte contra él, y le besaba constantemente en su coronilla, solo deseando darle la seguridad que ella deseaba en ese minuto.
Bueno eso es
Espero que les guste… una nueva entrega de este naciente fic…
Dedicación, a todas aquellas que me agregan en sus alertas y favoritos muchas gracias de verdad
En especial a mi Beta Mrs. Koko…
Nos vemos
Besos
Saludos
Cami
1 Haciendo referencia a la diosa de la mitología romana, Diana era la diosa virgen de la caza y protectora de la naturaleza. Su diosa griega equivalente en la literatura es Artemisa, si bien en cuanto a culto era de origen itálico.
