Y como reza esa popular frase: "La vida sigue su curso" The Beatles, no andaban tan perdidos. Pasaron unas cuantas semanas más.
La mesera a insistencia de su mejor amiga tomó terapia, la psiquiatra le prohibió acercarse a Flowers por un indeterminado tiempo.
Brandon por su lado, fue rechazado de centenares de trabajos. A pesar de esto, su novela de corte lobístico, poco a poco escalaba peldaños en la cima de los más vendidos.
Brandon constantemente recibía llamadas de editores, deseosos en promover su carrera de escritor macabro. Sin embargo los rechazaba, aún no estaba preparado para ser un escritor de tiempo completo. Mucho menos sabia sobre las redes sociales comentaban, acerca de él y su novela. Pese a que usaba el internet, no le gustaba perder el tiempo con esas redes sociales, llámese: Facebook, Twitter, etc de etc.
Estaba sufriendo el fenómeno de J. K. Rowling.
Una cierta tarde. Brandon decidió ir a la cafetería llamada, "El búho pizpireto".
Así, que se cambio de ropa. El gato con su lenguaje felino, le rogó que no lo dejara solo. Entonces recordó todos los fenómenos raros que ocurrían en su departamento.
Aunque roció cada esquina con agua bendita y rezó como nunca lo había hecho. Los fenómenos se seguían manifestando.
En el fondo de su ser, amaba estas cosas de lo contrario no escribiría historias de terror. Sin embargo, el poltergeist ha sido en cierto modo, agresivo con ellos. Sin pensarlo más carga al gato y juntos abandonan el departamento.
Afuera, en el pasillo, Brandon toca la puerta de los señores de apellido, Cunningham. Un muchacho veinteañero abre la puerta.
—¡Buenas tardes! Se encuentran los señores Cunningham. Necesito pedirles un gran favor —el gato quiere bajarse de sus brazos.
—Son mis abuelos —afirmó el chico—, van a tardar un buen tiempo en volver.
Brandon al escuchar esto suelta al gato y antes de que el minino vaya hacia otro lado. Lo carga de nuevo, el gato se contorsiona durante el vuelo.
—¡Disculpe! Usted ¿Quién es? —preguntó el muchacho.
—Soy Brandon Flowers y tú ¿cómo te llamas?
—Brandon Flowers, el escritor que esta en boga. Todavía no he comprado el libro tampoco lo he podido descargar. Pero todos mis amigos comentan que su novela es magnifica; la trama es muy perturbadora. ¡Gustas pasar! Ese gato quiere escapar.
Brandon se ríe nervioso y enseguida se introduce.
El muchacho lo dirige a un pequeño sillón individual, Flowers de inmediato se sienta.
—¡Me llamo Jay! ¿Gustas algo de tomar? —pregunta, escombrando la mesita de té, a un lado de Brandon.
—¡Sí! ¿tienes café? ¡Un café, por favor!
—Enseguida te lo traigo. Por cierto ¿ese gato es tuyo? Si gustas también tengo comida para el —sus ojos titilan—. Ya recuerdo. Mis abuelos me contaron de un vecino latoso que cada rato les pide favores.
Jay metió la pata, así que sonríe y huye a la cocina. Entre tanto, Brandon suspende el plan de ir a la cafetería, porque aún no supera el daño que le hizo a Barbie. El gato de Flowers quiere afilarse las garras en el brazo del sillón, pegado en la esquina opuesta del sillón individual. Brandon lo regaña.
—No te preocupes. Ese sillón ni resortes tiene —Jay regresó de la cocina— ¿Cuántas cucharadas de azúcar, te sirvo? ¡Lo siento mucho, se nos termino la crema!
—Sírveme tres, por favor; y sobre la crema no hay problema.
Jay le prepara su café, Brandon observa el lugar de manera discreta. Luego de esto, Jay carga al gato y lo coloca cerca de una lata de atún. El gato incrusta su cabeza adentro de la lata. Jay se aleja del gato. Toma una silla para sentarse cerca de Brandon. Le pregunta que se siente ser famoso. Flowers tartamudea un largo lapso. Jay se desespera y le lanza otra pregunta:
—Muy bien, al menos estas ganando mucho dinero —Jay, se rasca uno de sus codos. Brandon preocupado, se mete todo un panque en la boca.
—Woah! sabia que los escritores eran excéntricos pero no tanto. Si fuera tú, desde mañana iría a recoger todo mi sembradío de repollos.
Brandon logra pasarse el panque. De inmediato explica la razón por la cual, no ha podido recoger el dinero.
—Envié mi novela después de haber sido rechazada once veces. Estaba incrédulo de que la doceava seria la efectiva. No obstante, la suerte por fin se puso de mi lado —sorbe su café para hacer una pausa dramática—. Honestamente, no sé nada sobre esto. ¿Con quién ir, con quién voy, tengo que ir al banco? Pero todavía no les pago la enorme deuda que les debo.
Brandon agarra otro panque.
—Si lo deseas te puedo ayudar. Estoy estudiando la carrera de contador; pero en mis ratos libres organizo, reventones en discotecas, clubes y demás sitios. Tengo muchos amigos que saben de esto, sin exagerar, algunos estuvieron en Wall Street.
Jay acaricia al gato que se junto con ellos.
—¿En verdad lo harías?
Jay afirma con el rostro.
—Serías mi representante —dijo Brandon.
—Sí algo así.
Ambos cierran el convenio estrechando las manos.
Jay alargó su estadía para poder ayudar a Flowers. En los sucesivos días, Brandon pago todas sus deudas económicas. También compro varios caprichos lujosos para él y para Jay.
Su novela seguía subiendo como la espuma. Todos los medios impresos se peleaban por una exclusiva de Flowers. Jay tenía que dar la cara por él, en ciertas ocasiones.
Una vez en una convención de ciencia ficción, escaparon de una turba de fanáticos obsesivos.
Brandon disfrutaba mucho la compañía de Jay. Así, una mañana cuando se estaba preparando, para su primera entrevista en televisión, a nivel nacional.
Brandon le confesó su error garrafal, le platicó acerca de Barbie. Jay se perturbó bastante; mas en lugar de reprocharle su bajeza, le preguntó la razón de su proceder. Brandon negó con la cara y respondió en tono triste:
—¡No lo sé!
El ambiente se estaba tornando depre (triste), por eso cambia de tema. Jay le da indicaciones de cómo actuar frente a la cámara. Brandon comienza a sudar.
—Tranquilo, relájate, estarás bien —comenta Jay, guardando el gato en la jaula para gatos.
Frente de un espejo, Brandon le da un último amarre a su pajarita. Los tres se aproximan a la puerta de salida, en el departamento de Flowers. La puerta de salida se encuentra cerrada. Ante los ojos de ellos, súbitamente se abre sola. Los dos quedan pasmados, más Jay.
—¡No puede ser, viste eso! —se toca la cabeza con las manos— ¡La puerta se abrió sola! —No sale del asombro.
—Eso no es nada, en la madrugada se pone mejor —Brandon sonríe con malicia y continua diciendo:
—Porque no te quedas a dormir esta noche. Así sabrás a que me refiero.
Jay lo mira aún asustado por lo sucedido.
Horas más adelante. Brandon y Jay, vestidos de forma muy elegante. Llegan al estudio de televisión. Detrás de cámaras. Brandon respiraba para no sufrir de pánico escénico, Jay lo tranquiliza con un comentario sarcástico.
—Tu departamento está embrujado, entonces, por qué te da pánico hablar en público —gesticula con las manos.
—Los fantasmas no te juzgan —sentencia y se seca el sudor de su frente.
Entre tanto. El famoso conductor Dave Keuning, anima al publico con su monólogo y sus agudas observaciones, desde su asiento. La gente aplaude emocionada.
Brandon ya no aguanta más. Camina en círculos desde su lugar. Jay le hace una señal al productor ejecutivo, éste se acerca hacia ambos. Jay al tenerlo cerca, le pregunta cuándo dará inicio la entrevista. El productor abre la boca pero es interceptado por el llamado a Brandon, por parte de Dave Keuning.
Jay empuja a Brandon para que salga.
Brandon mantiene el equilibrio, muy nervioso saluda al público y sin más distracciones toma asiento en el sillón cercano al entrevistador.
—¡Buenas Tardes! Es para mi todo un honor, tenerte a ti como nuestro invitado —comenta al tiempo que le estrecha la mano.
—¡Muchas gracias! —Brandon se sonroja. El público se conmueve de ternura.
Arranca la entrevista. El presentador Dave Keuning, lo colma con las consabidas preguntas. Brandon responde con elocuencia cada pregunta, pese al pánico escénico.
Minutos mas tarde. Falta tan sólo una pregunta para terminar la entrevista. Dave Keuning juega con su cabello. Brandon tose discretamente.
—Deje esta pregunta al final, porque la temática que maneja tu novela es algo delicada. Por ende, asumo que tu respuesta es igual de delicada; e incluso tendrás mucho que decir.
Brandon mira con timidez la cámara.
—Muy bien, la última pregunta es… pero antes diré que: Tu novela es más perturbadora que la de Mario Puzo. Ahora si: ¿Cómo rayos sabes tanto del mundo de la mafia?
—¡Mi novela es de hombres lobo! con tintes sobrenaturales. En ningún momento hago mención de la mafia —expresa con dejo de sorpresa.
—¡Tranquilo señor Flowers, no se sobresalte! Insisto, su novela habla de eso. De hecho en la pagina número 134, mencionas a Al Capone.
Dave Keuning agarra el libro, lo abre para mostrar el nombre. Brandon se desmaya por la conmoción. ¿Cómo es posible esto? Quizás la editorial jugó sucio; le dieron atole con el dedo.
Dave Keuning, envía a comerciales. Mientras los médicos atienden a Brandon.
El reloj del estudio marca las seis de la tarde. Jay agradeció la oportunidad y ofreció disculpas por lo ocurrido con Brandon. Posteriormente, se lo lleva encima de su carro. En el camino de regreso a casa, Brandon despierta.
—No puede ser; esto no es posible; no, no entiendo nada —empieza a perder el juicio.
—¡Mejor te llevo a un hospital, luces muy alterado! —dijo Jay, preocupado.
—Descuida, estoy bien. Somos humanos y nos equivocamos constantemente. Hasta cierto punto es normal —Brandon está divagando.
—¿En serio, te sientes bien? —lo mira con inquietud.
—Estoy bien no te preocupes —junta sus manos sobre sus piernas, Jay exhala nervioso.
Y sin adivinarlo, Brandon lo sujeta por el cuello.
—¡Escúchame mocoso; si me llevas al hospital, juro que te mato!
Jay pierde el control se sale del camino. El carro se estampó contra otro carro; estacionado en la entrada del apartamento de ambos.
—¡Estúpido demente por poco nos matamos! ¡Por tu culpa me lastime la pierna! ¡Ay¡
Jay gime de dolor. Brandon lo ignora, igual dolido se encamina hacia su cuarto. Jay gruñe y deprisa lo sigue.
Después de un largo recorrido. Brandon y Jay, llegan a la entrada del departamento de Flowers. Un señor de ochenta años, vestido de forma elegante, aguarda en la puerta. Brandon y Jay, no conocen a este fulano.
—¡Buenas noches! ¿Quién de los dos, es el señor Brandon Flowers? Tengo algo muy delicado a tratar.
Brandon y Jay, se miran por un par de segundos. Luego de esto, Brandon responde:
—No quiero ser grosero, pero, qué es eso tan delicado a tratar conmigo —comenta al tiempo que abre la puerta.
—¡De acuerdo, usted es Brandon Flowers! Su nombre es un seudónimo o realmente, es su nombre de pila —pregunta el señor. Introduciéndose al cuarto como si nada.
—¡A que viene la pregunta, es mi nombre de pila!
Brandon y Jay, también se meten al cuarto.
—No sea maleducado. Le hice esa pregunta, porque los escritores de novelas, por lo general usan seudónimos. En fin, me urge hablar con usted de hombre a hombre; preferiblemente a solas.
Jay hace un gesto de desaprobación. Brandon le suplica que los deje solos.
—¡Esta bien! Los dejare a solas. Brandon si necesitas ayuda, grita, estaré cerca —menciona enojado; y cojeando sale del cuarto. Después de su partida, Brandon cierra la puerta.
—Adelante, tome asiento.
—No, gracias. Señor Flowers, no vine a tomar el té con usted.
Usted destruyo mi imagen con esa novela que publico. Usted narro eventos desagradables de mi vida privada y no sólo eso. Usted revelo algunos de mis crimenes más sórdidos. ¿Cómo carajos se entero de todo esto? Ni mi biógrafo privado sabe tanto de mí.
—¡¿De que demonios está hablando?! —gritó Brandon, a una corta distancia del señor.
—No se haga. Usted es demasiado joven para saber tanto de mi persona. Usted, todavía no existía cuando yo era aquél. Señor Flowers, ¿Quién carajos? Le chismorreo todo esto.
—Discúlpeme. Señor… nunca menciono su nombre. Bueno, señor amenazador; estoy tan confundido y extrañado como usted o mucho peor.
—No quieres revelar la identidad del tipo/a soplón. De acuerdo, yo no vine a tomar el té.
Brandon observa como el señor sin nombre, rebusca dentro de su gabardina. Rápido saca una pistola. Brandon quiere gritar pero el nudo en la garganta se lo impide. Pese a que no puede gritar, sí se puede mover. Más temprano que tarde, inicia la huida. El señor loco comienza a disparar y entre la ráfaga de balazos, revela su nombre:
—Voy a vengarme por todo el daño que me hiciste con tu estúpida novela. Desearas nunca haberte metido con Stefan Ricci.
Brandon corre los más rápido que puede. Pero una bala atina en su brazo, la sangre no tarda en salir. Brandon se esconde en su habitación. Herido y temblando de miedo asegura la puerta. Con los nervios de punta, no sabe que hacer. Intenta llamar a la policía, no lo logra a causa de sus dedos torpes.
—Cálmate, Brandon, cálmate; has salido de peores. A quien engaño es mi fin —jadea y sigue presionando la herida en su brazo derecho.
Corre rápido hacia la ventana. Mala idea, la ventana es pequeña no cabe por ahí. No encuentra un lugar seguro para esconderse. Resignado, se refugia en una esquina de la habitación. Su cama funge como muralla. El viejo loco anda muy cerca. Brandon chilla de impotencia, no quiere morir de esa forma. Su llanto es interrumpido por un chistido.
—¡Mi plan no salio tan bien como lo imagine!
El joven mira por todos lados, no hay nadie, más bien no ve nada. Entonces de dónde proviene esa voz.
—Sera mejor que me manifieste. Crees que oyes voces por la pérdida de sangre. No soy una alucinación, estoy en una dimensión distinta a la tuya, es complicado de explicar. Ahora bien si no te ayudo. Tu podrás verlo con tus propios ojos (no físicos).
La misteriosa voz se manifiesta ante Brandon. Es un hombre de estatura alta, delgado, tez blanco, (parece un foco); cabello corto de color café claro, color de ojos azules, nariz y boca regules: tiene dientes de conejo. Viste con un traje de los años, entre los cuarenta o cincuenta. La parte trasera de su saco luce perforado y manchado.
—No puedo detener por más tiempo a Stefan Ricci. Por tanto, pon atención a lo que te voy a decir.
—¡Eres mi ángel guardián!
—Algo por el estilo. ¡Brandon no te duermas! —el raro hombre lo regaña.
—Entonces ¿qué eres?
—Enseguida lo sabrás, pero primero déjame presentarme —el raro hombre se sentó junto a él, presiona su herida con cuidado. Brandon siente frió aunque la sensación es cálida.
—Nací en la década de los años veinte. Mis padres me bautizaron como… mierda, es un nombre muy largo. No tengo tiempo para esto. Abreviando, me bautizaron como: Chris Martin. Sin embargo, las enfermedades eran un horror en aquellos años. Mis padres murieron a causa de esto. Siendo huérfano fui adoptado por ese malnacido de Ricci. Al comienzo todo era rosa/gris, después fue negro, y al final fue gris.
Chris se carcajea y sigue relatando.
Crecí y me entere que Stefan Ricci era el jefe de la mafia (un capo de poca monta). Me negaba a seguir sus pasos aunque el maldito controlaba los míos. El me obligo a perder mi castidad con una prostituta, ella era vieja; ella tenía 43 y yo 22. Por cierto, por culpa de mí, tú ya no eres virgen.
—A que te refieres —pregunta Flowers, en tono débil, se está desangrando.
—¡Deprisa Chris el chico se muere! Bueno, aunque no quería perder mi castidad con ella. De cualquier modo, siempre he sentido debilidad por las mujeres. Y tu amiga Barbie, no es miss pero tiene sus encantos bien definidos. Para un rato estuvo muy bien. Disfrute mucho ese encuentro. Aunque tenia miedo de fracturar tu p… Cuando hago el amor soy muy salvaje.
Chris de nuevo se carcajea.
—¡Eres un demonio! —Brandon se recargó en un hombro de Chris.
—¡No, como crees! Si eso fuera no hubiera armado todo este borlote. Déjame terminar de narrar —le lanza una mirada seria —; ¿en qué me quede? ¡Ah ya!
Ricci no me dejaba ser yo. Sino por el contrario me obligaba hacer cosas en contra de mi voluntad. Por su culpa me manche las manos de sangre. En fin, es una historia muy larga de contar. De hecho, la mitad de la historia, la relate en tu novela de corte lobístico. Sin embargo, te voy a decir lo más importante. Prepárate para otra mini historia.
De mala gana acepte mi destino. Me convertí en su brazo derecho, los otros del clan me envidiaban por esto. Pese a ser un asqueroso mafioso, cumplía mi trabajo con eficiencia. No obstante mi verdadera vocación era la de ser escritor. Por eso en mis ratos libres, escribía acerca de mis proezas de mafioso.
Brandon se quedo dormido, Chris sacude fuertemente su hombro.
—¡Discúlpame! Te estoy oyendo —dijo en tono súper débil.
—¡Ya ni yo! —rueda los ojos—. Aguanta Flowers, ya voy a terminar.
Hasta que un día de otoño. Salí a dar un paseo y allí me tope con la esposa del imbécil de Ricci. Después de un intercambio de miradas y risitas, terminamos en la cama. Tras una intensa jornada de sexo rudo. Ella me regalo una máquina de escribir; la hermosa máquina que reposa en tu mesa de centro. Captas, el regalo de tu abuelo. Todo marchaba bien para mí. Hasta que un imbécil que se hacía llamar "mi amigo", fue de chismoso con Ricci.
Una mañana de primavera. Me encontraba tranquilo escribiendo con mi máquina, en mi cuarto. Para mi infortunio, olvide cerrar la puerta. Ricci, entró sin hacer ruido. No me dio tiempo de volverme en mi sito. Descargo medio cargador en mi espalda, las balas perforaron los pulmones, los riñones…: Ya te lo imaginas. Caí encima de la máquina, mi sangre se coló por las hendiduras en las teclas. Supongo que debajo del teclado se formo un enorme charco.
Chris se calla por un momento. Brandon mira hacia la puerta.
—Falta poco para que derribe esa puerta. Brandon, ese desgraciado me mato de manera cobarde. No permitiré que te mate de la misma forma. Permíteme, controlar por última vez tu cuerpo.
El viejo loco, abre la puerta. Brandon saca el revólver del velador. El viejo loco se abalanza a los brazos de la muerte. Brandon le dispara en el pecho. El viejo cae cerca del velador. Brandon se acerca para burlarse de él, el viejo le apunta con la pistola… Los ojos de Ricci, se ensanchan. Su cerebro niega que Chris Martin, se encuentre enfrente de él.
—¡Tú! Cómo es posible que sigas vivo. ¡Yo te mate! Fue lo mejor que hice en mi vida —se ufana el maldito viejo.
—Pues, en este momento, estaremos en términos iguales. ¡Vete al infierno maldito cobarde!
Ricci, jala del gatillo por última vez, la pistola está vacía, cero balas. Todas se las agoto disparando en la sala. Sin ton ni son. La única bala que tenía se la dedicó a la puerta. Chris, hace un gesto de maldad pura. Pero primero, se lame los labios, se alisa el pelo… El viejo, desangrándose, implora piedad. Chris mueve la cabeza como diciendo "Sí ten fe". Sin más preámbulos, le da el tiro de gracia con el revólver. El viejo muere al instante. Chris se siente satisfecho, liberado.
—Finalmente, allí está. Indica que mi misión a terminado.
Chris sale del cuerpo de Brandon. Sin embargo todavía hay cosas por aclarar.
—No me quiero ir, sin disculparme. Por todo el tiempo de haberte atemorizado, a ti y a tu gato. Por cierto, ¿dónde está el gato? —mira hacia abajo.
—Se encuentra en el departamento de mi amigo Jay —dijo Brandon, observando el cadáver.
—Bueno, me divertí mucho asutandote. Mi intención nunca fue hacerte daño. Sólo use tu cuerpo, para mostrarle al mundo la canallada de éste animal. Sobre todo mi injusta muerte. Sin embargo, gracias a ti y gracias a como sucedieron los hechos. Pude vengar mi muerte, aunque mi objetivo no era eso.
Brandon lo mira con extrañeza. Chris continua hablando.
—¡Y como te salve la vida, me salve de ir al infierno! —Chris sonríe— No quiero llorar. ¡Adiós, muchacho! ¡Gracias por todo! Nunca te olvidare.
—¡Yo tampoco! —dijo Brandon con un nudo en la garganta.
Abrazados se separan. El espiritu de Chris va hacia el rayo de luz. Brandon le dice adiós con la mano y con la otra seca las lágrimas.
Los oficiales saturan la habitación.
—¡Brandon te encuentras bien? Al instante que escuché los balazos, de inmediato me comunique con la policía; y por las dudas, también pedí una ambulancia. Repito, te encuentras bien.
—Tranquilo Jay, me encuentro bien. Mi ángel me salvo la vida.
—Tu saco blanco está empapado de sangre —Jay, expresó en tono angustiado. El pobre anda en muletas.
—Señor Flowers, por favor subase a la camilla. Es vital curar esa herida —ordena el paramédico.
Algún tiempo después. Brandon le platica a Jay, el encuentro fantasmagórico que tuvo con Chris. Jay le cree cada palabra, ya que él, es fanático de los hechos inexplicables. También es adicto a los creepypastas.
Una tarde de asueto. Brandon y Jay, asisten a la cafetería. Jay anima a Brandon para que enmiende su error con la mesera.
—¡Maldito cerdo! Debería echarte a patadas —gritó Kaley, zarandeando la charola.
—¡Dejalo! ¡No vale la pena!
Barbie da media vuelta, se dirige hacia otra mesa, Brandon la detiene en el camino.
—¡Discúlpame fui un tonto, me comporte como todo un patán…! ¡Un momento, si a esas vamos, la víctima soy yo, porque te entregue mi castidad! —mencionó lo último en tono quedo.
Barbie suspira fuertemente y con resignación, acepta su disculpa.
—¡Esta bien, acepto tu disculpa!
—¡De verdad! —rectifica él.
—¡Ajá!
Sin más chitchat se besan con mucha pasión. Y más allá de ese lugar, Jay coquetea con Kaley.
Varios días después. Brandon pone manos a la obra; su siguiente novela es autobiográfica, tratara de todo lo que le aconteció. Quiere homenajear al fantasma Chris. Su historia llevará por título: Ghost Stories.
Nota de autor: Así concluye esta pequeña historia, espero les haya gustado y si lo desean porfa brinden sus reviews. Voy a tardar mucho en publicar otra historia nueva. Aunque tengo un par de fics en mi blog de Wordpress, no vistos por aquí, porque están algo subidos de tono (ni tanto). :P ¡Muchas gracias por tu atención! Antes de irme una pequeña aclaración: ¡Adivinaste! Kaley, la mesera, es Kaley Cuoco aka Penny de TBBT, y Jay, el muchacho de veinte, es Jay Baruchel. Bye. ^^
(Bárbara E.)
