La Guardia del Lobo – 3

La mañana la saludaba cálida y dulce, entraban los rayos por la ventana y acariciaban sus rosados cabellos. El perfil de Isuke frunció el ceño con la iluminación repentina, gruño malhumorada y escondiose la cara rehuyendo del sol y persiguiendo el sueño tardío de un sábado bien ganado. Pero algo más la convenció de despertar, un olor agradable, no sabía exactamente que se preparaba, pero el imaginar su textura suave, derritiéndose al toque de la saliva en su boca, una sensación alojada en su estómago como hambre, lo suficiente fuerte para sacarla de la cama y caminar siguiendo sólo a su nariz. Distinguió la espalda cubierta por una camisa blanca hecha por ella y esos pantalones que le encantaba quitar por la noche. La felicidad en una visión, su pareja, su amada, su alma gemela, preparaba el desayuno para ambas y ella, contenta, se acercó sin hacer ruido hasta abrazarla.

En ese punto las cosas salieron mal, el cuerpo de su pareja se agrandó, un explosión a pequeña escala, cada rasgo, cada musculo, hueso y tendón crecieron igual que una esponja. El cabello que tanto le encantaba estaba por todos lados, y temblaba…temblaba por el gruñido en su pecho. La criatura volteó poco a poco y cuando ambas miradas chocaron, esta abrió sus fauces y la atacó, vio con lujo de detalle esos colmillos amarillentos y la lengua rosada, tan rosada que daban ganas de tocarla o ser tocad por ella en medio de esa cavernosa que era la boca del lobo, la boca de lo que creía era su amor, pero la persona que creía conocer era una bestia y la lógica de la bestia era muy simple, si se mueve puede cazarla, si la caza puede matarla y si la mata…puede comerla. ¡Ghraaa!

― ¡No! ¡No!― despertó de golpe, antes de ser alcanzada por esa boca, esa gran boca para comerla mejor. Miró a todos lados en su habitación, sentía que la criatura estaba allí, la bestia que desesperada la devoraría a la primera respiración que diese, en esa misma habitación, agazapada a las sombras que con alguna extraña magia la hacían ver mucho más pequeña de lo que realmente era, pues al saltar se extendería completa, las grandes zarpas con garras filosas como cuchillas, el pelaje pardo-rojizo que daba una idea muy acertada de la procedencia de aquella bestia. Todos los detalles gravados a fuego, junto con el terror en sus pupilas y rostro.

Pero la bestia no estaba libre, dormía, dormía desnuda a su lado con una tranquilidad casi ofensiva a su persona, sonreía y respiraba acompasadamente. Haruki era el lobo, por tres meses, en tres lunas cada mes, había salido a las calles hecha una enorme criatura con enormes brazos que terminaban en zarpas humanizadas, un cuerpo enorme y peludo con una especie de melena alrededor de su cuello, más grande que cualquier vaca o toro que hubiese visto en la vida, orejas puntiagudas y un hocico largo lleno de dientes, sus colmillos sobresaliendo de entre los labios. Conocía a la criatura luego de haberla visto en su habitación, luego de ver como la pelirroja se arrancaba la piel humana como si fuese ropa, los brazos, la piel del pecho de la cara, la criatura vivía dentro de ella y reclamaba por salir.

Miró a la ventana, la luz de la luna no era tan fuerte, pero el cuarto creciente se veía cada noche más pronunciado, una semana más y tendríamos a la enorme dama plateada en todo su esplendor en el cielo.

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―Lo siento, pero Tokaku aún no regresa―dijo una chica pelirroja a la entrada de esa casa tan alejada del resto, un pequeño de cabellera azul se escondía tras sus faldas y una bebe dormía en sus brazos.

―Entiendo, volveré otro día entonces.

―Am ¿disculpe? ―la detuvo, Isuke volteó el rostro pero sin dirigir el cuerpo de vuelta a la ciudad― ¿si no es indiscreción, qué asunto la trae a…usted a buscar a mi esposa?

―Ella me prometió ayudarme en un asunto difícil, dijo que volvería en unos días y la fecha límite se acaba ―leyó en un viejo libro de la vendedora joven del mercado que esas bestias se descontrolaban a como avanzaban las lunas y si no la detenían antes de la luna sangrienta próxima… ―dígale que estuve aquí, que me busque tan pronto como llegue.

―Lo haré. Cuídese, señorita.

― ¿Señorita?

Pocas personas le tenían aún la consideración de llamarla con aquel apelativo, o la educación a lo menos. Todos cuanto la conocían la tuteaban al verla pasar, o bien si eran jóvenes usaban el "señorita". Un hombre maneja perfectamente la idea de acostarse con una prostituta, mientras este alza un velo de fingido respeto al llamarla señorita, pero todo se desmorona si ella misma le pregunta descaradamente por esa forma de llamarla, si es todo menos virtuosa. La hacían reír al hacerlo y no perdía oportunidad de humillarlos dándose la ocasión, una manera eficaz de deshacerse de los que le molestaban.

¿No eso ocurrió la primera noche que pasó con la capitana de la guardia? ¿Cuáles habían sido sus palabras? "Señorita Inukai, un gusto poder verla, ya me doy cuenta que los rumores de su bella presencia no le hacían honor en absoluto" Esas habían sido al pie de la letra, recuerda haber reído y negar con la cabeza, nada menos que la capitana de la guardia era la que llegaba a ese bar, a esa esquina perteneciente sólo a ella, se despojaba de la capucha e inclinaba en una corta reverencia, tal como lo haría con una hija de orgulloso padre miembro de la corte. "¿Señorita? ¿No me conoces o vienes a burlarte? ¿No sabes con cuantos he estado?" de lo más crudo "O espera, ¿eres tú quien viene aquí a darme una virtud?" y humillante que se le podía decir a alguien como esa persona. Bebió de su copa de vino hasta acabarla, miró a la capitana que no parecía afectada por la forma tan tóxica de ser, esta sólo le chifló al cantinero y pidió otra botella, quitose su capa y tomó asiento a su lado. "La mujeres tienen otras virtudes que sólo su pureza, y las más destacadas pertenecen a quienes precisamente la perdieron, imposible engañarlas con meras palabras al oído, nada fácil sorprenderlas con regalos que pudieron ya haber recibido, pero que dulce es sacarles una sincera sonrisa y eso las hace igual de dignas de ser llamadas mujer" chocó su copa con ella y se quedó allí el resto de la noche, hasta la hora en que se hundía entre las sabanas y piernas de la mujer mantenida.

― ¿En qué piensas? ―estaban tiradas en la cama, ambas observaban la luna a través de la ventana, tendrían a lo sumo tres días más antes que llegara la primera luna.

―Tokaku aún no vuelve con la posición, me preocupa que lleguen las tres lunas y lo que tienes sea…irreversible.

― ¿Eso tendría algo de malo? Aún soy yo cuando pasa.

―No, no eres tú ―se levantó, las sabanas bajaron por su espalda descubriendo sus pechos―, si lo fueses no hubieras matado a esas personas.

―Era la única forma de pararlos, nos habían eludido muchas veces. En ese estado…soy la única que puede ayudar a esta pobre ciudad sumida en la pobreza, ayudo más siendo una lunática que como capitana de la guardia.

―Eso no es verdad, no puedes ser eso, no eres tú.

―Cállate ya, ¿tú que puedes saber de eso, si eres sólo una ramera? ―las palabras eran duras, pero no más de lo que era su voz y la presión de la mano sobre su brazo. Otro ataque de ira, eran cada vez en menor lapso y más violentos. Cada vez daban más miedo porque la desconocía en ese estado.

―Me das miedo cuando esa cosa sale…

―Pero yo no digo nada sobre ti y tu trabajo…me da rabia cada vez que escucho de ti en las calles. No tienes idea de cuánto te presumen los hombres, con cuanto detalle te describen y sé que hablan de ti porque reconozco lo que dicen ¡reconozco cada centímetro de tu cuerpo! ―le gritaba a la cara, ella debajo, mirando directo a quien tenía una bestia en el interior y esta quería salir, salir y comerla…devorarla, hacerla suya por siempre y para siempre. El terror escapo de sus ojos en forma de lágrimas y como venía pasando desde hace unas noches, Haruki vistió rápido y se fue de allí. ― ¿Por qué me tratas así, si yo te amo? ―le dijo mientras la capitana ataba su capa.

―Porque tus palabras…son otra mercancía que vendes…

Y con esto regresó a las tinieblas, a las calles, lejos del calor de un ser que le amaba.

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―Tardaste mucho.

―La pócima no es sencilla de preparar, tuve que recorrer mucho terreno para conseguir los ingredientes que Suzu me pedía. ¿Cómo está ella?

―Cada vez está peor, no quiere saber nada acerca de su cura, piensa que ayuda más a las personas siendo una bestia, me llama ramera cuando se enoja…ya casi no puedo reconocerla.

―Se consiente que esto no la ayudara si ella no está dispuesta a dejarlo.

―Es nuestra última esperanza. Tiene que funcionar.

―Una vez escuche que el amor puede curar a las bestias.

―Yo…yo la amo, se lo he dicho.

― ¿Y ella no te ama a ti?

―Lo hace, eso creo. Nunca me lo ha dicho, no lo hace por mi trabajo, no le gusta.

―Aclaren su situación, dile lo que sientes y reza porque esto funcione. Es la única forma si dices que ella ya conoce tus sentimientos.

―Tokaku…yo sería capaz de dejar mi ocupación, si con eso ella se cura ―apretó el pequeño frasco contra su pecho, orando a su dios por que fuese suficiente.

―Una cosa más, tienes que poner una lagrima de virgen en la posición…―Isuke frunció el seo, parecía a punto de llorar, mordió su labio inferior. Era una muestra de rabia, no tristeza― Lo siento, ve con Kaminaga Kouko, en el convento de la ciudad vecina, te llevaré esta misma noche, pero antes iré a ver a mi familia…habla con ella, dile sobre lo que estarías dispuesta a hacer por ella. Te veo al anochecer.

N/A: Este fic ya se ha alargado mucho, se supone sería un pequeño short y pasaría al siguiente, uff que cansada estoy, es de madrugada y ya quiero dormir. Dejen sus comentarios por favor, yo apoyo al fandom escribiendo, ustedes pueden hacerlo al decir si les gustó. Nos veremos pronto.