Hola a todos!!

Vuelvo de nuevo a la carga con un nuevo capítulo. Si he tardado en actualizar, lo siento. Pero creo que tardaré más o menos el mismo tiempo que ahora en actualizar. Me es imposible hacerlo antes, así que tenerme paciencia.

Dije que éste sería el último chap, pero al final me han venido tantas ideas en la cabeza que era imposible terminarlo en tres chaps. Por lo tanto habrá más. ¿Cuántos? Pues no lo sé. Los que salgan.

Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Naoko Takeuchi. Excepto los que yo pueda inventar, esos son míos.

Os dejo con el tercer chap. Espero que os guste.

Abajo nos vemos.


Capítulo 3. Reencuentros.

Colocar las lonchas de plátano en el fondo del molde. Añadir también las manzanas salteadas y la mezcla del bol.

En la cocina a la hora de preparar cualquier alimento, había que ser sumamente ordenado. Esa fue una de las primeras cosas que Darien aprendió en el centro de discapacitados. El orden y el saber dónde estaba cada cosa, era muy importante para evitar peligros innecesarios.

Normalmente y siempre que podía, le gustaba colocar los ingredientes que iba a utilizar en el orden en el que le harían falta, así como los utensilios que necesitara.

En la gran encimera de la cocina, donde estaba trabajando, todo se encontraba correctamente acomodado: en el centro, el molde donde iba a verter los ingredientes y que metería al horno, a su derecha, un plato con las lonchas de plátano, a su izquierda, la sartén con las manzanas salteadas y arriba del molde, el bol con la mezcla de los huevos, la nata y el azúcar.

Darien cogió el platito con el plátano y fue colocando las lonchas una a una en el fondo del molde que previamente había cubierto con caramelo, tal y como indicaba la receta.

El fondo tenía que estar totalmente cubierto, por lo tanto dicha operación la realizó con mucho cuidado, comprobando de vez en cuando con sus dedos el espacio que le quedaba por llenar y que los trozos de plátano lo cubrieran bien.

Claro que así terminó pringándose los dedos con el caramelo, por lo que al terminar se tuvo que lavar las manos. Seguidamente vertió en el molde las manzanas y la mezcla del bol.

Ya sólo quedaba terminar el postre, así que dio la vuelta a la página del libro de recetas y continuó leyendo.

"Risotto"

- Pero… me he debido de saltar una página.

Giró la hoja de nuevo y deslizando los dedos de su mano derecha por la superficie, leyó la última línea en braille.

"las manzanas salteadas y la mezcla del bol".

- Pues no, no me he saltado ninguna página. Michiru debió olvidar transcribir la última parte de la receta cuando copió el libro. ¡Genial! ¿Y ahora que hago yo?

«Eso te pasa por meterte a cocinero de alto postín. Cierra el pico, nadie necesita tu opinión. Vale, pero no me digas luego que no te lo advertí.»

Nunca había hecho un pudin.

De hecho, hacía mucho tiempo que no hacía repostería, no desde que Rei había muerto.

A su hermana le encantaba cocinar, y los postres eran su debilidad. Tartas, bizcochos, galletas, helados… no había algo que ella no cocinara. Y él, sobre todo, hacía de conejillo de indias probando todo lo que Rei preparaba.

Hubo incluso una vez que tuvo que comer algo realmente asqueroso. Rei había preparado un bizcocho, pero le puso sal en vez de azúcar. Cuando Darien lo probó le entraron unas ganas terribles de vomitar, pero no quería desilusionar a su hermana, por lo que compuso su mejor cara, se lo comió todo sin rechistar y le dijo que estaba buenísimo.

Sólo con ver la hermosa sonrisa en el rostro de Rei, había merecido la pena.

Después su mamá se deshizo de él. Le dijo a Rei que lo había servido en una de las reuniones con sus amigas y que se lo habían comido todo. Lo que ella nunca supo es que el bendito bizcocho terminó en el cubo de la basura.

Recordar todo aquello le hacía ponerse nostálgico. Fue una época realmente feliz, cómo le gustaría regresar a ella.

Su mamá les había enseñado a cocinar a él y a sus hermanas cuando Rei cumplió trece años. Aún lo recordaba como si hubiera sucedido apenas unos segundos antes.

- Mamá ¿por qué nos has llamado con tanta urgencia? ¿Pasa algo? – dijo Darien mientras entraba en la cocina seguido por Setsuna.

- Sí mamá – le apoyó Setsuna – porque no tengo mucho tiempo. Kevin va a pasar a por mí en menos de diez minutos.

- Si no dejáis hablar a mamá nunca lo vais a saber – les regañó Rei que ya estaba en la cocina y después les sacó la lengua.

- ¿Sabes que sacar la lengua es de mala educación?- gruñó Setsuna.

Rei iba a replicar, pero su mamá habló antes.

- ¡Basta ya! No os peléis, parecéis niños – la señora Chiba puso orden en la cocina – Nos hemos reunido aquí…

- Para unir en matrimonio a un hombre y a una mujer – Darien no pudo evitar hacer un chiste y todos terminaron riéndose a carcajadas.

- Darien cariño, deja de hacer bromas que así no vamos a terminar nunca y seguro que tenéis cosas que hacer. Rei lleva un tiempo pidiéndome que le enseñe a cocinar. Le dije que lo haría cuando cumpliera trece años. Pues bien, el momento ha llegado, así que he decidido que os voy a enseñar a los tres.

- ¡Gracias mamá! Eres la mejor – gritó Rei entusiasmada para después tirarse a los brazos de su mamá y darle un beso.

- uh, hu, pues conmigo no contéis – dijo Darien – no tengo ningún interés.

- Cielo – habló la señora Chiba – en dos meses te mudas a tu apartamento y no pienses que voy a ir a prepararte la comida todos los días. Además no quiero que te alimentes sólo de precocinados y comida basura. Tú mejor que nadie deberías saber que no es sano.

- Siendo así… creo que no me queda más remedio – le respondió Darien resignado.

- ¿Alguien más tiene algo que objetar? – preguntó la señora Chiba frunciendo el ceño y dirigiendo su mirada a Setsuna.

- Mamá, no me mires así. No pensaba decir nada. Kevin es un excelente chef y me gustaría estar a su altura.

- Muy bien. Pues como todos estamos de acuerdo, comenzaremos mañana con las clases.

La verdad es que disfrutó enormemente, pasó ratos muy agradables con su mamá y sus hermanas. La señora Chiba era muy buena maestra y les contagió a ellos su pasión por la cocina.

Rei enseguida se decantó por la repostería y todos los años por navidad ella y Darien preparaban galletas para toda la familia.

Era algo que siempre hacían ellos dos juntos y no permitían que nadie más les ayudara. Era un momento para los dos, para estar a solas y contarse sus cosas. Rei confiaba mucho en Darien, por eso fue que éste se extrañó muchísimo cuando no fue el primero en enterarse de que su hermana se había enamorado.

Tal vez, pensó, esas cosas se hablen primero entre mujeres, o bien pudiera ser que Rei tuviera miedo de la reacción de su hermano. Él nunca preguntó el motivo.

Hoy era un día muy importante para Darien. Su mamá y Setsuna venían a su casa a comer. Por fin, después de tanto tiempo volvería a abrazar a su mamá.

Cuanto la extrañaba.

En los últimos tres años apenas habían tenido contacto. Su mamá no salía de casa, el había ido a verla varias veces, cuando sabía que su papá no estaba. Pero un día el señor Chiba llegó antes de tiempo a casa y vio a su hijo.

La discusión fue monumental, aunque no podía llamarse discusión como tal pues los insultos, los reproches y los gritos sólo venían de una parte, ya que Darien aguantó estoicamente todo lo que su papá le gritó sin decir absolutamente nada.

Sin embargo, cada palabra hizo más profunda la herida y más oscuro el abismo. Le dolía profundamente haber perdido el cariño y el respeto de su papá.

Pero Darien sabía que merecía todo lo que su papá pudiera decirle, todo eso y mucho más.

La señora Chiba se llevó un disgusto tremendo.

- Basta querido, por favor – rogaba la señora Chiba a su esposo – Así sólo le estás haciendo más daño.

- ¿Daño? – dijo sarcástico el señor Chiba – Daño fue lo que nos hizo él, o acaso no recuerdas que tú hija está muerta por su culpa.

- Darien no tuvo la culpa.

- ¡No le defiendas, siempre lo estás haciendo! ¡Y tú! – dijo refiriéndose a Darien –¡Te dije que no quería volver a verte! No sé cómo te atreves a pisar esta casa. ¡Debería darte vergüenza!

Darien bajo la cabeza.

- ¡¿No vas a decir nada?! ¡¿Ni si quiera te vas a defender?! – le gritó mientras le tomaba por las solapas de la chaqueta y lo zarandeaba.

Darien no lo sintió venir. Sólo notó el aliento de su papá en la cara mientras le gritaba y el tirón de sus manos en su chaqueta. Pero siguió sin decir una palabra o hacer algo para que su papá lo soltara.

Sin embargo estaba asustado. El señor Chiba estaba fuera de sí, nunca anteriormente se había comportado de esa manera.

- ¡Eres un cobarde! – volvió a gritarle.

- Por favor, déjalo ya – suplicó entre lágrimas la señora Chiba.

- ¡No me digas lo que tengo que hacer! – rugió su esposo preso de la ira.

De repente el llanto cesó y se escuchó el sonido de un cuerpo desplomándose.

El señor Chiba se giró y contempló con horror el cuerpo de su esposa tirado en la alfombra. Soltó la chaqueta de Darien y se arrodilló en el suelo al lado de ella.

- Celia, amor, reacciona por favor – le decía mientras le daba pequeños toquecitos en la cara.

- ¿Qué ha pasado papá? – preguntó Darien.

- Tu madre se ha desmayado – dijo con la voz ahogada – hay que llamar a un médico.

Darien se agachó y gateó tanteando el suelo, hasta que tocó el brazo de su mamá.

- Déjame revisarla a mí – pidió el muchacho.

- ¿Y tú qué vas a poder hacer? ¿Dónde se ha visto a un médico ciego?

Darien ignoró el doloroso comentario y deslizó su mano por el brazo de su mamá hasta llegar a la muñeca. Allí colocó sus dedos índice y corazón para localizar el pulso.

- Tiene el pulso un poco débil – comentó – Ha tenido una bajada de tensión. Lo mejor es mantenerla tumbada y con los pies en alto.

En ese momento, Setsuna, que acababa de venir de la calle, entró en la habitación y al ver la escena se llevó una mano a la boca asustada.

- ¡Santo Cielo! ¿Qué ha pasado aquí?

- Tu madre se ha desmayado – respondió el señor Chiba – Darien dice que ha tenido una bajada de tensión. Hay que poner sus piernas en alto, hija ayúdame a acercarla al sofá.

Entre el señor Chiba y Setsuna trasladaron a Celia unos metros, hasta situarla al lado del sofá. La dejaron tumbada en el suelo, Setsuna colocó un cojín bajo su cabeza y elevó sus piernas colocándolas encima del sofá.

- Será mejor que llaméis al médico – habló Darien – Sin ver no puedo hacer mucho más. Mamá se ha golpeado la cabeza al desmayarse y eso puede ser grave.

- Darien, mira lo que has provocado – le dijo su papá, escupiendo las palabras- ¡Lárgate, aquí ya no tienes nada que hacer!

- Yo… Lo siento.

- Será mejor que te vayas peque – a Setsuna le gustaba llamarlo así desde niños, a pesar de que sólo se llevan un año – Yo te llamo para decirte como está mamá.

Darien asintió resignado y con la incertidumbre sobre el estado de su mamá abandonó la casa.

Desde ese día no había vuelto a estar con su mamá. No había querido arriesgarse a que su papá lo encontrara de nuevo allí.

Afortunadamente, aquella vez no pasó nada grave. Celia reaccionó a los pocos segundos de haberse marchado su hijo.

El médico que la atendió coincidió en su diagnóstico con Darien. La señora Chiba había tenido una bajada de tensión a consecuencia del disgusto que le había producido la discusión, sin embargo decidió cerciorarse de que todo estuviera bien y la llevó al hospital donde le realizaron un escáner. El tac salió limpio, pero la señora Chiba pasó la noche en el hospital en observación para asegurar que no hubiera ninguna complicación.

Desde entonces el único contacto que tuvo con ella fueron las llamadas telefónicas.

Celia no permitió que su esposo la aislara por completo de su hijo. Si bien Darien no llamaba para evitar que sus papás pelearan, ella impuso su voluntad y le telefoneaba todos los días, incluso en aquellos en los que estaba tan hundida que no salía de la cama.

Ayer, al igual que todos los años, Darien no había faltado a la misa de funeral por su hermana. Pero como era su costumbre, se había sentado en uno de los bancos de la última fila, aislado del resto de la gente. Sus papás y su hermana tomaban asiento en la primera fila y los amigos y conocidos ocupaban el resto.

Este año su tía Suyi y la hija de ésta, su prima Esmeralda, se sentaron con él en vez de con el resto de la familia, gesto que él agradeció profundamente. Al menos esa vez estuvo acompañado y se sintió querido y protegido, pues su tía y su prima le tomaron las manos y no le soltaron durante toda la misa.

Su prima Esmeralda trabajaba para Black Technologies, una importante empresa japonesa dedicada a las nuevas tecnologías. El último año lo había pasado fuera de Tokio, pues había sido trasladada a la sede que tenía la empresa en Estados Unidos, concretamente en Los Ángeles.

Siempre procuraba cuadrar su agenda y dejar ese día libre para acompañar a su familia.

Esta vez iba a pasar una semana en Tokio. De nuevo había sido trasladada de sede, ahora su destino sería Madrid. La empresa estaba realizando un proyecto muy importante y ella se tenía que incorporar a la fase final.

Le habían concedido diez días para hacer la mudanza. Eran muy oportunos, pues así podría asistir a la misa por Rei, estar unos días con su mamá y visitar a su tía y a sus primos.

El día del aniversario de la muerte de Rei, Darien y Celia, por expreso deseo de él y para evitar males mayores, no tenían ningún contacto en la iglesia. Ninguna palabra de cariño y apoyo, simplemente actuaban como dos extraños.

Era mejor así.

Su mamá siempre insistía en que se sentara con ellos, pero él siempre le daba la misma respuesta: NO.

Tampoco coincidían en el cementerio. Su familia acudía al terminar la misa y él más tarde, cuando no había nadie y podía hablarle a su hermana con total privacidad.

Ya por la noche, Celia llamaba por teléfono a su hijo y conversaban durante un rato sobre Rei y sobre cómo habían pasado el día.

Al acabar la misa, Darien se despidió de Suyi y Esmeralda. Ese día era para él una auténtica tortura, la culpa lo mataba y una opresión se instalaba en su pecho y apenas le dejaba respirar. Sólo deseaba llegar cuanto antes a su casa, meterse en la cama y llorar.

Pero Setsuna le impidió su rápida huída.

Después de esquivar a la gente, Darien por fin llegó a la salida. Antes de que pudiera dar un paso más notó que una mano se posó sobre su hombro.

- Peque, esta vez no te me escapas – le dijo una voz que él reconoció en seguida.

- ¿Qué quieres Setsuna? – habló él.

- Saber cómo te encuentras. Este día nunca hablamos, siempre te escabulles.

- Creo que tú misma puedes contestar a eso. No estoy dando palmas ni saltando de alegría – dijo sarcástico Darien, pero en seguida se arrepintió de lo que había dicho – Lo siento Setsuna, no quería decir eso.

Un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas. Por eso quería salir rápido de allí, ya no se aguantaba las ganas de llorar. Setsuna limpió sus lágrimas con mucha ternura y le abrazó.

- No te disculpes Darien. Soy tonta por preguntar, sé lo difícil que es este día para nosotros y más aun para ti.

- Setsu, la echo tanto de menos… Todo por mi culpa – murmuró bajito.

- ¿Cuándo vas a dejar de hacer eso? – dijo elevando el tono de voz – Estoy harta de tu actitud, de que te eches la culpa y te compadezcas de ti mismo. ¡Quiero al Darien alegre y bromista de vuelta!

- Creo que es mejor que me vaya. Dale un beso a mamá de mi parte.

El moreno retomó la marcha con paso firme, deslizando su bastón por el suelo.

- Espera por favor – Darien se detuvo pero no giró su cuerpo, quedando de espaldas a su hermana – Mamá quiere verte.

Darien volteó.

- ¿Por qué no venís mañana mamá y tú a comer a mi casa? Los viernes sólo trabajo dos horas.

- Está bien – aceptó su hermana – No habrá problema, los viernes no paso consulta y mamá estará encantada.

- Entonces os espero a las dos y media.

El reloj de la sala de estar del apartamento de Darien acababa de dar la una del mediodía.

Hoy había entrado un niño nuevo al grupo de Darien y eso había retrasado su salida del trabajo. Siempre que venía un niño nuevo, Darien hacía un aparte con él y sus padres para conocerle mejor y saber algunos datos sobre su caso para así poder preparar bien el aprendizaje que el pequeño fuera a necesitar.

El moreno tenía el tiempo justo para terminar el pudin que estaba preparando y cocinar el resto del menú para la comida.

Afortunadamente la noche anterior, gracias a que no era capaz de conciliar el sueño, había dejado echo el primer plato, una deliciosa crema de champiñones, y avanzado el segundo, redondo de ternera, del que sólo le quedaba juntar la salsa que tenía preparada con la carne y dejar que cociera hasta que la carne estuviera tierna.

Pero precisamente había surgido un problema con el postre y Darien estaba empezando a desesperarse porque no sabía qué hacer para terminar de prepararlo.

Hasta que de repente se acordó de Lita, ella seguro que sí sabía cómo se cocinaba el maldito pudin.

Salió de la cocina y atravesó el recibidor hasta llegar a la salita. Había un sofá de tres plazas pegando a la pared izquierda, nada más entrar y al lado del sofá estaba la mesita del teléfono, con el inalámbrico y una lamparita. Ésta última estaba más bien de adorno, pues él no necesitaba de luz. Pero no estaba de más tenerla, siempre podía venir alguna visita inoportuna y no era plan de que si se hacía de noche estuviera a oscuras.

Sabía perfectamente la distancia que separaba la puerta del sofá, apenas tres pasos que ni se molestaba en contar. Caminar dentro de su casa era un acto completamente automático, cualquiera que le viera pensaría que no era ciego.

Cuando sus piernas hicieron contacto con el sofá se sentó y extendió su mano hasta coger el teléfono. Comprobó que hubiera línea y después localizó la tecla de la memoria. La apretó y seguidamente buscó con su dedo índice el número dos, justamente debajo de la tecla de memoria.

En este número tenía memorizado el teléfono de la casa de Andrew y Lita.

Un tono, dos tonos, tres tonos, cuatro tonos… Nadie cogía el teléfono.

Estaba a punto de colgar, cuando contestaron.

- ¿Diga? – preguntó una somnolienta voz al otro lado.

- Soy Darien. Gracias a Dios que te encuentro, pensé que no había nadie. Iba a llamar al Crown.

- Hola Darien. Siento haber tardado tanto en responder, me había quedado traspuesta en el sillón.

- Perdona Lita – habló apenado – si hubiera sabido que estabas dormida no hubiera llamado.

- Oh no, al contrario. Estoy aburridísima – suspiró – Andrew me ha prohibido bajar al Crown y aquí estoy, leyendo revistas de maternidad y aguantándome las ganas de comer. ¡He engordado dos kilos! Esta mañana el ginecólogo me ha dicho que debo controlarme, pero es que ¡tengo hambre a todas horas!

- Tu médico tiene razón Lita, debes tener cuidado con tu peso. ¿Y cómo está mi ahijada?

- Perfecta. Con todo en su sitio y creciendo sana y fuerte – dijo Lita orgullosa – Hoy me han hecho una ecografía en 3D. He visto la carita de mi niña, Darien es tan bonita… Y Andrew estaba tan emocionado, si hasta se le caía la baba.

- Me lo puedo imaginar – habló el moreno con una gran sonrisa en su cara – Andrew está como loco con esa niña.

- Bueno ¿y a qué debo el honor de tu llamada? Realmente me ha sorprendido.

- Tengo un problema y necesito ayuda.

- ¿Darien Chiba pidiendo ayuda? Definitivamente eres una caja de sorpresas. ¿En qué puedo ayudarte?

- Verás – dijo pensativo – Estoy haciendo un pudin. Tengo ya todos los ingredientes mezclados, pero la receta no está completa y no sé cómo se termina.

- ¿Has precalentado el horno?

- Me temo que se me ha olvidado – respondió avergonzado.

- Bueno, pues entonces tienes que precalentar el horno a 200 grados durante diez minutos. Después bajas la temperatura a 160 y metes el molde al baño maría y lo dejas durante una hora. ¿Te ha quedado claro?

- Sí Lita, muchas gracias. Me has salvado la vida.

- Me alegra haber podido ayudarte – habló Lita en medio de un bostezo – Lo siento, es que la pequeña no ha parado de moverse en toda la noche y apenas he pegado ojo.

- Ya no te entretengo más, te dejo descansar. Cuídate y cuida mucho a mi ahijada.

- Estoy contenta de que me hayas llamado y espero verte más seguido. La visita de antes de ayer me supo a poco. Cuídate tú también. Adiós.

- Adiós Lita.

,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸ ,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸,.-´¨¯¨·-..

,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸

A las siete y media de la mañana el despertador sonó, rompiendo el silencio que envolvía la habitación donde una rubia dormía plácidamente, escondida bajo las sábanas y un calentito edredón azul.

Estaba teniendo el más bello de los sueños, cuando aquel ruido estridente la despertó, arrancándola en contra de su voluntad de los brazos de su amado.

- ¡¡MALDITO DESPERTADOR!! – gruñó.

Serena sacó un brazo de debajo de las sábanas desprendiéndose del calorcito de la cama y lo llevó hasta la mesilla de noche apagando de un manotazo la alarma que aún seguía sonando.

- ¡Tenías que sonar en este preciso momento! – siguió refunfuñando – ¡Eres muy cruel! ¿Lo sabías? – le habló al despertador como si fuera un ser animado.

La mujer retiró de una patada las sábanas y el edredón que cubrían su cuerpo y se incorporó en la cama bostezando. Se desperezó estirando sus brazos, sin abrir todavía sus ojos. Estaba rememorando su maravilloso sueño, no quería volver a la realidad tan pronto. Quién sabe cuánto tiempo pasaría hasta que lo volviera a ver de nuevo.

- Te extraño tanto… - susurró bajito y después suspiró.

Abrió los ojos y se levantó sin mucho ánimo de la cama. Se calzó sus pantuflas y en la penumbra de la habitación caminó hacia la ventana. Subió la persiana y admiró la perspectiva del nuevo día.

Estaba amaneciendo. En el horizonte, el cielo empezaba a teñirse de un sutil anaranjado llevándose la oscuridad de la noche. No había ni una sola nube. Eso era bueno, los dos días anteriores había estado lloviendo y si llovía hoy se arruinaría la excursión con sus alumnos.

- ¡Dios mío la excursión! – exclamó todavía mirando por la ventana - ¡Se me había olvidado!

Fue mencionarla y los nervios se posaron en su estómago apoderándose de él.

Por suerte, la responsabilidad de cuidar de todos esos niños no recaía sobre ella sola. Contaba con la ayuda de su compañera Hotaru, que era la profesora del otro grupo de niños que iría junto con el suyo. Y además iban dos padres por aula. En total tocaban a cinco niños por persona.

El destino de la excursión era una granja-escuela. Allí los niños podrían ver todo tipo de animales, como vacas, cerdos, gallinas, caballos… y aprender cosas sobre la naturaleza. Saldrían del colegio hacia las nueve y cuarto de la mañana. El viaje se haría en autocar y duraría cerca de una hora. Comerían allí y por la tarde estarían de regreso.

Serena se retiró de la ventana y sacó del armario la ropa interior. De la ropa que se iba a poner se ocuparía luego. Estaba por tomar su bata del perchero que había colocado en una esquina de la habitación, justo al lado de la ventana, para meterse a tomar una ducha, cuando tocaron a la puerta.

- Cariño, ¿estás despierta? – preguntó la mamá de Serena abriendo la puerta muy despacio.

- Pasa mamá – respondió – Ya me levanté.

Ikuko entró en la habitación. Llevaba puesto su abrigo de paño marrón, preparada para salir a la calle. Trabajaba como enfermera en un ambulatorio y comenzaba su jornada a las ocho.

De hecho, fue gracias a su profesión que conoció al que ahora era su esposo. Llevaba apenas unos meses trabajando en el Hospital General de Tokio cuando conoció a Kenji Tsukino. Ikuko se había mudado desde Osaka junto con su hija cuando su primer marido falleció.

La primera vez que coincidió con él fue en una operación. La enfermera que debía entrar al quirófano con el doctor Tsukino se había puesto enferma esa misma mañana y a ella le tocó sustituirla.

El flechazo fue instantáneo. El doctor Tsukino era un hombre muy apuesto e Ikuko no se quedaba atrás. Después de la operación quedaron para tomar un café juntos.

Poco a poco se fueron conociendo y un año tres meses después unieron sus vidas, dando el "sí quiero" delante de todos sus seres queridos y amigos. Tiempo después su amor fue bendecido con una nueva vida. Fueron padres de una hermosa niña: Serena, que recibió su nombre en honor a su abuela paterna.

Cuando Ikuko agotó su baja por maternidad decidió dejar su estresante trabajo en el hospital por uno más tranquilo. Así pasó a trabajar en un ambulatorio.

- Serena hija, ya me voy a trabajar. Sólo quería desearte suerte con tu excursión. Pásalo muy bien.

- Oh, gracias mamá – le dijo mientras la abrazaba y le daba un beso – Estoy nerviosa, pero sé que todo va a salir bien.

- Claro hija, ya verás como sí. Te he dejado hecho café, me había tomado lo último que quedaba.

- Mamá, no te hubieras molestado. Venga, vete ya. No vayas a llegar tarde – le dio otro beso y la tomó del brazo y la sacó de la habitación – Nos vemos por la tarde.

De regreso a su cuarto, tomó su bata y la ropa interior y se metió al baño.

Veinte minutos más tarde bajaba a la cocina para prepararse el desayuno. Vestía ropa cómoda, la ideal para pasar un día en el campo: jeans, camiseta de manga corta blanca, sudadera amarilla y zapatillas de deporte. En una mini mochila había metido sus cosas, junto con su teléfono móvil con la batería recién cargada.

Enchufó el tostador y colocó dos rebanadas de pan. Seguidamente puso a calentar algo de leche en el microondas. Por las mañanas le gustaba tomar el café con leche, sin embargo después de comer lo tomaba solo.

Mientras tanto, sacó el exprimidor de uno de los armarios, tomó dos naranjas del frutero que estaba encima de la nevera y preparó un zumo.

Cuando todo estuvo listo, se sentó en la mesa para disfrutar de su desayuno. Estaba poniendo mermelada en sus tostadas, cuando su papá llegó a casa. Al ver luz en la cocina Kenji entró.

- Buenos días hija – le dijo cariñosamente.

- Buenos días papi – correspondió Serena mientras dejaba su tostada en el plato. Después se levantó de la silla y le saludó con un beso en la mejilla. - ¿Qué tal fue tu guardia?

- Muy pesada, más bien aburrida. No hemos tenido mucho movimiento, aunque eso por otra parte es bueno.

- ¿Te preparo algo para desayunar?

- No cariño, sólo voy a tomar algo de café y después me voy a dormir.

- Yo te lo sirvo. Siéntate – dijo mientras le retiraba una silla.

El papá de Serena se tomó el café y se retiró a descansar. Cuando ella hubo terminado fregó los cacharros que había usado. Se puso el abrigo, tomó su mochila y las llaves del coche y se fue al colegio.

Pasadas las nueve, estaban todos los niños esperando al autocar en la puerta del colegio. Los padres que habían ido a despedir a sus hijos conversaban entre ellos. Serena y Hotaru pasaban lista a sus respectivas clases para cerciorarse de que estuvieran todos los niños.

Una vez que el autocar hubo llegado, los pequeños fueron subiendo con cuidado, con la pareja que previamente se les había asignado como compañero durante el viaje. Serena y Hotaru tomaron asiento una junto a la otra.

Durante la mitad del trayecto Serena permaneció dormida, hasta que el sonido de un móvil hizo que abriera los ojos.

- Serena, tu móvil está sonando – le informó Hotaru.

La rubia sacó el teléfono de la mochila que estaba colocada sobre sus piernas y miró el número de la pantalla. Sonrió al ver quién era.

- ¿Tienes insomnio? – saludó Serena.

- Ja, ja, ja – rió una grave voz masculina al otro lado del teléfono – No, lo que tengo es demasiado trabajo.

- Así que me llamas sólo porque tienes trabajo, sino ahora mismo estarías durmiendo y ni si quiera te habrías acordado de mí – le reprochó divertida.

- Sere, eso dolió, ha sido un golpe bajo. Sabes que siempre te llevo en mi pensamiento aunque no hablemos tan seguido como me gustaría. Sólo quería desearle mucha suerte a mi linda profesora con su primera excursión.

- Oh Ante, no lo has olvidado – habló Serena muy emocionada.

- Claro amor, ¿cómo podría? Sé que hoy es un día importante para ti.

- Gracias, no sabes lo feliz que me haces.

- Ya sabes, si tú eres feliz yo soy feliz. ¿Te están dando mucha lata los niños?

- No, por supuesto que no. Estos niños son unos benditos. Están muy entretenidos viendo una peli de dibujos.

- Entonces, ¿todavía no habéis llegado a la granja-escuela?

- Aún nos queda media hora - dijo mirando el reloj - ¿Sabes Ante? Esta noche he soñado contigo. Cariño, te extraño muchísimo y tengo tantas ganas de verte… ¿Cuándo vas a poder venir?

- Sere, yo también me muero por verte, pero está muy complicado. Ahora estamos en medio de un gran proyecto y no puedo moverme de aquí. Sabes que mi papá ha depositado toda su confianza en mí, no quiero defraudarle. Tal vez para diciembre pueda escaparme unos días.

- ¿Diciembre? «Es demasiado tiempo». Está bien, entiendo – dijo triste la rubia – No quiero entretenerte más, esta llamada te va a salir carísima y además tienes trabajo.

- Por eso no te preocupes, la llamada la paga la empresa.

- Ante, ¿estás en la oficina? ¡Pero si es tardísimo! ¿Qué es, la una de la mañana?

- Las dos menos cuarto – corrigió Ante – Hay mucho papeleo pendiente y muchos informes que acabar, no merecía la pena ir a casa. Por lo menos me quedan dos horas para terminar. Tengo que dejarlo todo listo para la reunión de las siete.

- Casi no vas a poder dormir. ¿Quién ha sido el listo que ha programado una reunión tan pronto?

- Yo.

- No sé ni para que pregunto, es tan típico de ti. Anda amor, termínalo pronto y duerme un poco aunque sea.

- Tus deseos son órdenes. Por cierto ¿de qué iba tu sueño? Me dejaste intrigado.

- Creo que te lo contaré otro día – le contesto Serena con las mejillas encendidas.

- Vaya, sí que te volviste tímida de repente. Me vuelvo a trabajar. Te amo.

- Yo también.

Serena guardó el teléfono, suspiró y dejó vagar su mirada por el paisaje que corría veloz. Había estado tan contenta cuando oyó la voz de Ante… Pero saber que no podría verlo hasta diciembre opacó la luz que había iluminado sus ojos.

Cada vez se le hacía más difícil estar lejos de él. El trabajo y la responsabilidad le estaban absorbiendo demasiado y últimamente las llamadas ya no eran tan constantes. Ella había intentado llamarle varias veces, pero nunca pudo hablar con él. Siempre estaba en alguna reunión.

- Serena, ¿era tu novio? – la voz de Hotaru la sacó de sus pensamientos.

Serena volteó y contestó a Hotaru, intentado no dejar traslucir su tristeza.

- Sí. Ante me ha llamado para desearme suerte con la excursión.

- ¡Qué lindo! – exclamó Hotaru poniendo ojitos tiernos – Pero lo echas mucho de menos, ¿verdad?

- Demasiado. Fíjate que estoy por decir en el colegio que me he puesto enferma y coger el primer vuelo que salga para Madrid.

- ¿Hace cuánto que no le ves?

- Cinco meses. Desde mayo. El director de la sede que tiene la empresa de su familia en Madrid se jubiló y el papá de Ante lo mandó allí. Ni si quiera pudimos pasar las vacaciones de verano juntos, como habíamos planeado. Insistí en viajar a España, pero Ante no me dejó. Me dijo que apenas tendría tiempo para mí, pues iba a estar muy ocupado. Sólo espero que en diciembre pueda escaparse unos días como me ha dicho, pero no quiero hacerme ilusiones.

Serena bajó la mirada y sus ojos se aguaron, pero no dejó escapar ninguna lágrima.

- Cuanto lo siento – la consoló Hotaru tomándole una mano.

- Estoy bien – dijo forzando una sonrisa – Enseguida se me pasa.

- La verdad, yo no sé si podría estar separada tanto tiempo de Nicholas.

- Claro que sí, terminas acostumbrándote – habló Serena resignada.

- Bueno, realmente no creo que Nicholas quisiera separarse de mí. Hay veces que me atosiga demasiado, aunque le comprendo. Lo pasó muy mal cuando su primera novia murió.

- ¿Qué le pasó? – preguntó la rubia, más por curiosidad que por morbosidad.

- Tuvo un accidente de tráfico hace tres años. Iba con su hermano. Ella no sobrevivió y el hermano quedó ciego.

- Vaya, menuda tragedia.

En ese momento y sin saber por qué, Serena recordó al hombre invidente al que ayudó a cruzar la calle dos días atrás y la tristeza de sus ojos. ¿Habría pasado él por una experiencia similar?

,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸ ,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸,.-´¨¯¨·-..

,.-´¨¯¨·-..-´¨¯¨·-.¸

La mesa debía de lucir espléndida. Eso era lo que Darien pensaba, ya que desgraciadamente él no podía verlo con sus propios ojos.

Platos llanos, hondos, copas para vino y agua, los cubiertos y las servilletas. Todo para tres personas. En el centro, un jarrón con las flores preferidas de su mamá, de Rei y de Setsuna: lirios blancos, margaritas naranjas y rosas amarillas.

Podía parecer ridículo y que la combinación de las flores no pegara para nada y fuera un atentado contra el buen gusto, pero eso poco le importaba a Darien. Sabía que Setsuna y su mamá no dirían nada, ¿qué podrían decir cuando se encontraban la mesa adornada con sus flores favoritas?

Aprovechando que ya tenía la comida preparada y la mesa puesta, el moreno había bajado un momento a la floristería, que quedaba al lado de su apartamento, para comprar el ramillete.

Darien volvió a la cocina para buscar las bebidas. Abrió el armario que quedaba a la derecha del horno. En la primera balda había instalado un botellero pequeño, para seis botellas. No estaba lleno: dos botellas de vino tinto y una de vino blanco.

Cogió la primera botella de la parte de arriba y la puso en la encimera. De dos cajones más allá, rebuscó con su mano derecha hasta que localizó el sacacorchos que se metió en el bolsillo de su pantalón. Llenó una jarra con agua, cogió la botella de vino y regresó a la salita. Dejó ambas cosas, junto con el sacacorchos, en la mesa, con cuidado de no tirar ninguna copa.

Consultó su reloj. La voz metálica, a la que no lograba acostumbrarse, habló: "Son las catorce horas y diez minutos".

Un timbre sonó de forma perentoria. No era el de la puerta, sino el del portero automático. Volvió a sonar de nuevo, insistentemente. El sonido estridente le había sobresaltado. No estaba acostumbrado a oírlo muy a menudo. Nadie iba a visitarlo, la única su hermana, pero ella tenía llave.

Preguntándose quién podría ser, caminó hacia el recibidor. Subió su mano por el marco de la puerta hasta cierta altura, desplazándola después hacia la izquierda, hasta que tocó el telefonillo. Descolgó y se llevó el auricular a la oreja.

- ¿Quién es? – preguntó.

- Darien, soy Esmeralda. He venido con mamá, ábrenos.

Se acabó la tranquilidad. Darien había deseado disfrutar de una comida tranquila con su hermana y su mamá. Hubiera preferido que Esmeralda no se presentara y de no ser por su tía Suyi que estaba con ella esperando en la calle, le habría dicho que volviera otro día. No porque no la quisiera, al contrario, adoraba a su prima, pero hoy no quería bullicio ni alboroto y esas dos palabras eran sinónimo de Esmeralda. Aunque, por otro lado, quizá no se quedaran a comer.

- Os abro. Subid.

Apretó el botón cuadrado situado al lado del auricular, que era el que abría la puerta de la calle, y colgó el telefonillo.

Dos minutos después llamaban al timbre. Darien, que no se había movido de allí, abrió la puerta.

Esmeralda entró como un torbellino, sus ojos recorriendo toda la estancia hasta posarse en su primo. Se paró frente a él y le plantó un sonoro beso en cada mejilla. Darien apenas pudo reaccionar cuando sintió unos labios en su cara.

- ¿Esmeralda? – preguntó.

- Sí, tontito. ¿Es que todavía no me diferencias de mamá?

Darien iba a replicar, pero su tía Suyi habló desde el umbral.

- Hijo, no te molestes en contestar. Tu prima ya entró como Pedro por su casa.

Efectivamente, Esmeralda ya no estaba en el recibidor. Sin ni siquiera esperar a que Darien le respondiera caminó rápido hacia la sala, haciendo resonar sus tacones por el suelo.

- ¿Vas a pasar o te vas a quedar ahí? – cuestionó Darien a su tía, suponiendo que seguía parada en el umbral.

- ¿De verdad no molestamos? – respondió Suyi traspasando la puerta.

- No tía, tú nunca molestas.

- Entonces es Esmeralda – afirmó más que preguntó.

- No. Es sólo que mamá y Setsuna están a punto de llegar y querría pasar un rato tranquilo.

- Te entiendo. Sé perfectamente cómo es mi hija. Pero Darien, de vez en cuando te vendría bien un poco de alegría. Desde que murió tu hermana tus ojos no han vuelto a ser los mismos.

Darien se tensó y su rostro se contrajo en una mueca. Se oyó un gritito procedente de la sala.

- ¡Mamá, esto es fabuloso! ¡Tienes que venir a verlo!

El moreno empezó a caminar hacia la sala, pero Suyi lo alcanzó y tomándole por el brazo hizo que se parara y se puso frente a él.

- Cariño – dijo poniendo ambas manos en su rostro – creo que no me has entendido. Tus ojos ya no brillan, la luz que había en ellos ha desaparecido.

- Mamá, ¿me has oído? – interrumpió Esmeralda, pero Suyi no contestó.

- Es lógico, ¿no? – habló Darien con amargura – Estoy ciego, es normal que mis ojos no brillen.

- Pero…

- Tía, déjalo. Vamos a ver que quiere Esmeralda, o sino nos va a volver locos.

- «Tus ojos están tristes, muy tristes». Sí, vamos. Debe estar a punto de venir a buscarme. ¿Puedo? – preguntó Suyi enroscando su brazo en el de su sobrino.

- Claro – fue la respuesta de Darien.

Cuando Esmeralda los vio entrar en la sala arrancó a su mamá del brazo de su primo y la arrastró hacia la mesa.

- Mira mamá, ¿has visto que mesa tan ideal? ¿ no es adorable?

Suyi puso los ojos en blanco. Había días que su hija la sacaba de quicio. Todo el alboroto sólo por una mesa, meno mal que en su trabajo se tomaba las cosas muy en serio. Aunque había que reconocer que la mesa estaba preciosa.

- Sí, cariño. Darien, has hecho un buen trabajo. A tu madre le va a encantar.

- Darien, ¿verdad que podemos quedarnos a comer? – preguntó Esmeralda en tono meloso.

- Esmeralda, no – habló Suyi de forma autoritaria – Sólo hemos venido a visitar a tu primo. Además tu tía y tu prima están a punto de llegar y querrán estar solos. Así que ahora mismo nos vamos.

- No, está bien tía. Quedaros, hay comida de sobra y seguro que mamá estará encantada de que la familia esté reunida. Voy a poner dos puestos más en la mesa.

- Yo te ayudo Darien – dijo Esmeralda.

La tía Suyi se sentó en el sofá y su hija fue con Darien a la cocina. En seguida regresaron con los platos, las copas y los cubiertos. Esmeralda hizo hueco en la mesa y colocó los utensilios, mientras Darien sacó dos servilletas del primer cajón del aparador que estaba en la pared de enfrente al sofá y se las dio a su prima para que las pusiera en la mesa.

Se oyó la cerradura y la puerta del apartamento de Darien se abrió dando paso a Celia y a Setsuna.

- ¡Peque, ya llegamos! – informó Setsuna.

- Estoy en la sala – habló Darien – Tenemos visita.

La mamá y la hermana del muchacho avanzaron por el recibidor y entraron en la sala. Celia era una mujer muy guapa y de estatura considerable. Vestía impecablemente: falda azul marino por debajo de la rodilla, blusa blanca, chaqueta negra de punto y zapatos tipo bailarina. Su pelo castaño iba recogido en una coleta baja y el flequillo lo llevaba peinado de lado. Sus ojos color azul medianoche, que su hijo había heredado, se cristalizaron al verlo.

- Darien – pronunció Celia emocionada.

- Mami.

Las mejillas de Darien se humedecieron con sus lágrimas y avanzó torpemente hacia donde provenía la voz de su mamá. La señora Chiba no tardó más de dos segundos en llegar hasta él y lo envolvió con sus brazos, abrazándole tan fuerte como pudo.

El moreno notó como los cálidos brazos de Celia le rodearon y a pesar de que el abrazo de oso que le estaba dando su mamá apenas le dejaba respirar, no dijo nada.

Qué bien se sentía uno ahí. Protegido, querido. Sintió las lágrimas de su mamá mojando su cuello, pero esto tampoco importaba.

Celia deshizo el abrazo y tomó el rostro de su hijo entre sus manos. Le miró tierna y amorosamente.

- Cariño, qué guapo estás – dijo, todavía entre lágrimas.

- Mami, no sabes las ganas que tenía de abrazarte.

- Yo también hijo, yo también. Pensé que nunca más iba a poder hacerlo.

La señora Chiba besó la cara de Darien. Un beso, dos besos, tres besos… No quedó ningún trocito que no hubiera sido cubierto por los dulces besos de Celia. El muchacho también besó a su mamá, hacía tanto tiempo ya del último beso…

- A ver hijo, date una vuelta – pidió Celia tomando la mano derecha de Darien para que girara.

- Mamá… - dijo su hijo algo avergonzado – Ya no soy un niño y además no estamos solos.

- Ahora me dirás que tienes vergüenza de tu propia familia.

- Está bien.

Darien giró sujeto por la mano de su mamá, que lo contemplaba con amor.

- Cielo, si hasta has crecido – pronunció emocionada.

- Mamá, eso es imposible – replicó Darien – Los chicos dejan de crecer a los veintiún años y yo ya tengo veintisiete.

- ¿Y si comemos ya? – preguntó Esmeralda interrumpiendo la escena de reencuentro entre madre e hijo – Es que empiezo a tener hambre.

Todos se rieron. De verdad es que Esmeralda era única. Suyi le lanzó a su hija una mirada de reproche por haber roto tan conmovedor encuentro, pero la suavizó al ver que Darien reía. Ya casi no recordaba la última vez que había escuchado reír a su sobrino.

- Hija – habló Suyi – acompáñame a la cocina para traer la comida.

Al ver que su hija no se movía del sofá donde estaba sentada, se acercó a ella, la tomó del brazo y de un tirón la levantó.

- ¡Vamos! ¿No tenías tanta hambre?

- Tía – habló Darien – no hace falta que os molestéis. Puedo hacerlo yo.

- Oh, no, no, no. De eso nada. Disfruta de tu madre. Ya que Esmeralda nos ha autoinvitado, lo menos que podemos hacer es esto. Vamos hija, a la cocina ya.

Madre e hija marcharon hacia la cocina, dejando solos a Darien, Celia y Setsuna. Los tres se sentaron en el sofá, quedando Darien en el medio de su mamá y su hermana. Setsuna abrazó a su hermano y también le dio un beso en cada mejilla.

- Qué bien que estemos juntos, como en los viejos tiempos – habló la morena, sin darse cuenta de lo que había dicho. Pero es que estaba tan feliz que no pensó lo que decía.

- Nada es como en los viejos tiempos – dijo Darien tristemente – Rei no está y papá… - no pudo seguir, pues su voz se quebró.

- Tu padre un día entrará en razón – consoló Celia – No puede estar así toda la vida.

- Pero papá tiene razón – el moreno bajó su mirada – Yo maté a su hija, es normal que me odie.

- ¡No quiero que vuelvas a decir eso nunca más! ¿Me oyes? ¡Nunca más! – dijo Celia al borde del llanto.

- Venga mamá, si hasta tú también lo piensas – protestó Darien.

Suyi y Esmeralda, que estaban a punto de salir de la cocina, al oír parte de la conversación que estaban teniendo Celia y Darien decidieron quedarse allí y esperar a que la tormenta pasara.

- Darien – pronunció torpemente la señora Chiba, pues estaba llorando - ¿Cómo puedes decir eso? – con su mano tomó el mentó de su hijo y le giró la cabeza hasta verle los ojos que también estaban llenos de lágrimas - ¡Escúchame! Yo nunca he pensado que tú mataras a Rei. El culpable ya tuvo su castigo, así que por favor deja de atormentarte de esa manera.

- Lo siento mamá. Perdóname.

Darien tapó su rostro con sus manos y agachó la cabeza. Celia lo atrajo hacia ella y le abrazó con su brazo izquierdo, mientras que con la mano derecha acarició suavemente el azabache cabello de su hijo. Setsuna estaba conmovida, se le había cerrado la garganta y no podía pronunciar palabra. Nunca imaginó que su hermano pensara semejante cosa sobre su mamá. Sentía que estaba a punto de llorar.

- Necesito ir al servicio – habló Setsuna con dificultad para después levantarse y huir hacia el baño, donde se desahogó sin que nadie la viera.

- ¿Estás mejor? – preguntó la señora Chiba a Darien.

- Sí, gracias mamá – dijo el muchacho incorporándose en el sofá.

De repente Celia comenzó a reír, dejando desconcertado al moreno.

- ¿Qué pasa mamá? – preguntó.

- Cariño, alguien te ha dejado marcados sus besos. Será mejor que te limpies la cara.

La risa de Celia fue la señal de que la tormenta había terminado dando paso a la calma. Suyi y Esmeralda suspiraron aliviadas y decidieron volver a la sala.

Darien en seguida supo quién le había dejado la cara marcada: SU PRIMA. Celia aún seguía de luto por Rei, por lo que no se maquillaba y su hermana usaba pintalabios que no dejaban marca, Setsuna siempre había odiado manchar con su labial a las personas.

- ¡Esmeralda! – exclamó Darien, dejando un tanto confundida a la mujer que junto con su mamá estaban dejando en la mesa la cazuela con la crema de champiñones.

- Yo no he hecho nada – fue lo primero que se le ocurrió decir a Esmeralda.

- ¿Tan poco dinero ganas que no eres capaz de comprarte un pintalabios que no deje huella?

La mujer se rio, sin poderlo evitar. Más bien con una risa nerviosa, pues pensó que iba a regañarla por algo.

- Es que este color me gustaba mucho – habló cuando se calmó su risa.

- Hija, no tienes remedio – espetó su mamá.

La comida transcurrió de lo más tranquila. Hubo momentos de silencio y también de risa. Darien decidió por un día abandonar su actitud de mártir y dejarse lleva, quería que su mamá se sintiera feliz.

Todas felicitaron a Darien por la riquísima comida y lo ovacionaron cuando llegó el postre. No quedó nada en el plato. El de ojos azules agradeció mentalmente a Lita por su ayuda.

Hacia las cuatro de la tarde estaban tomando el café. Celia se empeñó en prepararlo y nadie se opuso, el café de la señora Chiba era el mejor. La sobremesa fue interrumpida por el sonido de un teléfono.

- Ups – dijo Esmeralda – es el mi móvil.

Se levantó del sofá, pues el café había sido servido en la mesita baja que acompañaba al sofá y fue hacia el recibidor. Sacó el móvil de su bolso y miró el número en la pantalla.

- Cariño – dijo su mamá desde la sala – No contestes y ven a sentarte.

- No puedo mamá. Es mi nuevo jefe, me está llamando desde Madrid. Buenos días señor Black – habló Esmeralda, pues allí eran las ocho de la mañana.

La mujer estuvo hablando con su jefe casi diez minutos. Después regresó a la sala y se sentó de nuevo.

- Tengo malas noticias – habló un poco triste – En dos días tengo que salir para Madrid.

- ¿No puedes quedarte un poco más? – preguntó su mamá – Hasta dentro de una semana no tenías que estar allí.

- No mamá, me necesitan ya. Han surgido algunas complicaciones.

Cuando hubieron fregado y recogido todo, salieron a dar un paseo para disfrutar de la magnífica tarde que hacía.


Hola de nuevo!!

Muchas gracias a todas por vuestros reviews. Estoy muy contenta por la cantidad que he recibido y me alegro de que mi fic esté gustando.

Gracias también a las personas nuevas que se han pasado por aquí y también a las que leen y no dejan review.

Espero que sigáis dejando vuestras opiniones.

Ahora os dejo con las respuestas a vuestros reviews. Nos vemos en el próximo chap.

Patty Ramirez de Chiba: Hola Patty!! Gracias por tu review y por seguir leyendo. Me alegro mucho de que te gustara el anterior capítulo. Quise contar como era un poquito la vida de Serena y lo que le pasó, para que así se entendiera su insistencia en ayudar a cruzar a Darien. Su experiencia y sus ganas de vivir van a ser de mucha ayuda con Darien. He visto que has actualizado uno de tus fics, en éste te dejaré rw. Además la historia me encanta. Espero que hayas disfrutado del tercer capítulo. Cuídate mucho tú también. Besotes!!

Isabel: Hola Isabel!! Gracias por tu review y por seguir leyendo. Me alegro de que te gustara el chap. Me pareció buena idea que ella contara como había sido su encuentro con Darien, así tenemos ambos puntos de vista y sabemos como lo vivió cada uno. Espero que hayas disfrutado del tercer chap. Besotes!!

pichicoy: Hola Ana Lucía!! Gracias por tu review y por haberte animado a leer mi historia. Me hace ilusión recibir rws de personas nuevas. Me alegro de que te guste mi fic. Bueno, ya has sabido algo más de cómo sigue la historia. He pasado por tu perfil y he empezado a leer el fic del que me hablaste. Me gusta la idea mucho, en cuanto termine de leerlo te dejaré mi opinión. Espero que continúes leyendo y que hayas disfrutado del tercer chap. Besotes!!

yumi kamagatha: Hola Yumi!! Gracias por tu review y por seguir leyendo. Si eres como la Serena de mi fic, entonces eso quiere decir que eres una buena persona, me alegro por ello. Y sí, supongo que es difícil hacer un fic sobre un sordomudo, la verdad no lo había pensado. La idea de hacer que Darien fuera ciego me vino de repente a la cabeza. Como viste, Darien no fue el que atropelló a Serena, el accidente de Darien fue posterior. Espero que te haya gustado el tercer chap. Besotes!!

WinnitaMoon: Hola Winnie!! Gracias por tu review y por animarte a leer mi fic. Me alegro de que te haya gustado el capítulo. Sí, es una pena que Darien esté ciego y lo de la operación ya se verá más adelante. Serena se interesará por Darien, pero ahora es la novia de Ante, habrá que esperar. Espero que te haya gustado el tercer chap y que sigas leyendo. Besotes!!

Isa1181: Hola Isa!! Gracias por tu review y por seguir leyendo. Me encantó tu rw, tan largo y con todas esas cosas tan bonitas que dices. En este fic no hay casualidades y todo está relacionado, lo irás descubriendo a medida que leas. En este chap ya dejé caer alguna cosilla, espero que te hayas dado cuenta. Y habrá otras cosillas más en el siguiente. En cuanto a cómo fue el accidente de Darien, no te preocupes porque lo voy a contar, no sé si en el siguiente chap, pero lo voy a hacer. Me alegra saber que transmito lo que pretendo, y yo también soy muy llorona, me emociono con mucha facilidad y ya algún fic me ha arrancado algunas lágrimas. Cuando te animes a escribir quiero saberlo porque quiero leerte, así que ya sabes, tienes que avisar. Me encanta recibir rws como los tuyos, no importa si son burradas tuyas o es repetitivo, o desvarías, así que los quiero así. Como has leído al principio, no es el último chap, así que espero que estés contenta. Espero que te haya gustado el tercer chap y que sigas leyendo. No te preocupes por la ortografía, a todos nos pasa. Besotes!!

Cherrie SA: Hola Cherrie!! Gracias por tu review y por seguir leyendo. Me alegro de que te gustara el chap anterior. El libro es una de las tantas cosas que Darien y Serena tienen en común. Serena ya lo leyó y Darien está en ello, pero sí, va a tener que ver más adelante. Serena y Darien pronto se van a volver a encontrar. Serena sí conoce a Setsuna, ya sabrás por qué, si es que no te has dado cuenta con el chap. Espero que te haya gustado el tercer chap y que sigas leyendo. Besotes!!

Suyi: Suyi!!!! Amiga!!!! Gracias por tu rw. Qué bueno que ya no tienes que cuidar de tu ahijada. Felicidades por tu 10, estupenda notaza y después de que te cambiaran el examen de hora… Que se fastidien, que tú has sacado una nota estupenda. Los adelantitos no han faltado. Me he guardado la última parte y sólo la puedes leer aquí, ya me contarás que tal. Me alegro de que te gustara la actitud de Serena, es fundamental para que pueda ayudar a Darien. Ya sé que te dije que en este chap Sere y Darien se encontraban, pero me quedó muy largo y decidí dejarlo así, y que el encuentro sea en el siguiente chap. Espero que te haya gustado el tercer chap (aunque sé que la respuesta es sí). Besitos de esquimal!!

liebende Lesung: Hola Jaemmy!! Gracias por tu review y por haberte animado a leer mi fic. Espero que ya te encuentres más animada y un poco más feliz. Si tu amigo te hizo eso es que no era un verdadero amigo. Como decimos por aquí, los verdaderos amigos se cuentan con los dedos de una mano. Me alegro mucho de que te haya gustado mucho el fic. Darien y Serena estaban el mismo día en el hospital, aunque Serena ya estaba allí desde hacía un tiempo. En este fic hay muchas casualidades que no son tal. Quiero exponer todo lo que tienen en común Serena y Darien. Me alegro de que el primer chap te emocionara, la verdad era bastante triste. Éste no es el único fic que voy a escribir, de hecho tengo uno a medias y cuando acabe éste y lleve unos cuantos chaps avanzados del otro lo subiré. Espero que te haya gustado el tercer capítulo y que sigas leyendo. Besotes!!

arias serena: Hola Ana María!! Gracias por tu review y por haberte animado a leer mi fic. Gracias por tus hermosas palabras, me alegra mucho que te haya gustado la historia. Al principio es un poco triste, pero luego cambiará. Y claro que en el fondo de la oscuridad habrá una luz: Serena. Espero que te haya gustado el tercer chap y que sigas leyendo. Besotes!!

patty-moon-de-chiva: Hola Patty!! Gracias por tu review y por haber leído el fic. Gracias también por tus palabras y me alegro de que te haya gustado. Me siento alagada por considerarte mi fan. Los dos accidentes fueron tristes, uno con peores consecuencias que el otro. Espero que hayas disfrutado del trecer chap y que sigas leyendo. Besotes!!

Susy: Susy, amiga!! Gracias por tu review y por seguir leyendo. Supongo que ya estarás en casita, espero que todo te vaya muy bien. Me alegro de que te gustara el agregado y siento que en este chap Darien y Serena no se hayan encontrado como te dije, pero es que se me hizo muy largo y lo he dejado para el siguiente. La luz a Darien llegará, pero hay que ser pacientes. No he podido hablar contigo este finde, por ahí leí que no tenías internet. Te voy a echar de menos. Sabes que estoy deseando leer el siguiente chap de La mentira. Espero que te haya gustado el tercer chap. Besotes a puñados!!

SalyLuna: Hola Sandra!! Gracias por tu review. Que bueno que te animaste a leer mi fic, muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado. Pobre Darien en este fic le toca sufrir un poquito, pero con el tiempo volverá a ser el mismo de antes. Como habrás leído arriba, al final habrá más de tres chaps, porque como dices la historia da para rato. Espero que te haya gustado el tercer chap y que sigas leyendo. Besotes!!

jokkisere86: Hola jokkisere86!! Gracias por dejar review y por animarte a leer mi fic. Me alegro de que te haya gustado la historia. "Ella" es Serena, pero supongo que lo habrás leído en el segundo chap. Sere y Darien se van a encontrar muy prontito. Espero que te haya servido el link que te pasé para descargar el manga. Espero que hayas disfrutado con el tercer chap. Cuídate tú también. Besotes!!

Jenny: Hola Jenny amiga!! Gracias por tu review y por seguir leyendo. Sí, es un poco trágico el comienzo, pero más adelante será más alegre, aunque pueda haber algo triste en algún momento. Parece casualidad lo del "encuentro" en el hospital, pero en el fic no existen las casualidades, todo está relacionado. Los dos tienen muchas cosas en común. Ya sabrás como se acerca Serena a Darien, ya falta poquito. Ya sabes que espero las críticas, así que si encuentras ya sabes… Espero que te haya gustado el tercer chap y que sigas leyendo. Muchos besotes!!

SereyDarien: Hola SereyDarien!! (No sé tu nombre) Gracias por tu review y por seguir leyendo. Sí, en este fic se podría decir que el mundo es un pañuelo porque hay muchas cosas que Sere y Darien tienen en común. Pero ellos no se conocen. Espero que hayas disfrutado con el tercer chap y que sigas leyendo. Besotes!!