Un leve temblar y un gemido lo sacó de su mundo de los sueños. Se incorporó abruptamente y miró a su prometida, asustado.
Ella se movía de un lado a otro, con una mueca de dolor en su rostro y murmuraba algo que no llegaba con claridad a los oídos del muchacho.
-Tranquila, Akane… Tranquila- murmuró entre las penumbras de la habitación sólo iluminada únicamente por la luz natural de la noche.
Agarró una de las manos de la joven que se aferraban con fuerza a las sábanas, parecía que las rompería de un segundo a otro. Sintió como la mano de ella se aferraba ahora con fuerza a la suya como si de eso dependiese su vida, y las lágrimas se escapaban de sus ojos cerrados mostrando su desesperación.
-Akane- pronunció acercándose a su oído, intentando despertarla y la llamó otra vez- ¡Akane!
-Mamá, por favor no me dejes- aquella frase salió de sus labios de forma desgarradora. Ella comenzó a llorar ahora sonoramente, y Ranma con la mano libre comenzó a mecerla para que despertase. Lo mataba ver a su prometida de esa forma, tan frágil, tan diferente a como se muestra día a día.
Abrió lentamente sus ojos y lo primero que vio fueron un par de ojos azules que la observaban expectantes, tanto es que conocía a su dueño que pudo percibir la felicidad reflejarse en ellos al verla abrir los ojos. Aquel brillo que pasó por su mirada lo delató.
-Ranma… -murmuró débilmente.
Le dolía la cabeza y sentía un ligero dolor en todo su cuerpo. Y los recuerdos de aquella pesadilla seguía en su mente, estaba confundida… ¿Cómo había llegado ahí? Sin embargo, no era lo que más le importaba… Aquella pesadilla tan real seguía presente.
Ranma sacó el paño húmedo que reposaba sobre la frente de la muchacha y posó su mano sobre ella.
-Aún tienes fiebre- dijo mirándola preocupado- Te dije que no jugaras en la nieve, te dije que entraras a casa, ¿Pero qué hiciste tú? Para variar no hiciste caso- dijo con voz cansada.
-Acuéstate conmigo- murmuró débilmente, se sentía mal y acalorada, pero no quería estar sola… No después de lo que había soñado.
-D… Debe ser la fiebre- dedujo nervioso, y sumergió el trozo de tela en el agua fría que Kasumi le había dejado la noche anterior, lo estrujó y lo volvió a colocar en la frente de la joven.
-Quiero dormir contigo- repitió mirándolo con los ojos llorosos, suplicándole.
-Pe…. Pero Akane…- dudó, sintiendo su corazón encogerse por la forma en que ella lo miraba y le suplicaba…
No estaba seguro si era buena idea, si al día siguiente alguien entraba sería tachado como un canalla que abusa de una mujer enferma careciente de las agallas para defenderse.
-Por favor, te lo ruego… - murmuró y algunas lágrimas es escaparon de sus ojos castaños.
Ranma tragó duro, si se lo decía de esa forma cruelmente no podría negarse y sería capaz de cumplir cualquier deseo que le pidiese. Miró el reloj que tenía su prometida colgado en la pared de la habitación, aquellas manecillas indicaban que eran las tres de la mañana. Tal vez si tenía algo de suerte podría no quedarse dormido, y esperar a que su prometida quede inmersamente perdida en el mundo de los sueños para luego dejar sigilosamente el lecho. Con esa idea en mente asintió.
Akane sonrió levemente, pero aquella tristeza que inundaba su alma seguía expresándose en su mirada. Aún con su cuerpo adolorido se apegó a la pared para que su prometido se recostase a su lado.
El joven algo nervioso accedió a la petición de su prometida, abrió las sábanas y se acostó debajo de ellas pudiendo experimentar el cambio de temperatura, el calor que su prometida había impregnado entre las sábanas y el frío que sentía arrodillado en esa posición que le había dejado como secuela un dolor de espalda, que no había notado debido a lo que era su centro en esos momentos.
Inmediatamente sus mejillas se sonrojaron al sentir el cuerpo de la mujer pegado al suyo.
-Ak… Akane…
Su corazón comenzó a latir con fuerza, el nerviosismo se apoderaba de él, pero el sentir la humedad cálida de las lágrimas de su prometida en su roja camisa, lo tensó.
-Akane…
-Prométeme que…- murmuró levantando ligeramente la cabeza para encontrarse con aquellos preciosos ojos azules mirándola. A pesar de sentir cierta vergüenza al saber que la veía llorando, se sentía protegida a su lado, sintiendo cómo todos sus miedos que amenazaban de forma cruel en sus sueños, se marchaban atemorizados por la presencia de su prometido.
-¿Qué?- dijo al ver que la joven no terminaba la oración.
-Que nunca te alejarás de mi lado como mamá- murmuró dificultosamente, indagando en aquella mirada azulina.
-Te lo prometo- sonrió levemente y acarició con suavidad y ternura el cabello de la joven.
Akane respiró algo más tranquila, sintiendo cómo el dolor de cabeza era reemplazado por la paz y la calma que sólo ese hombre es capaz de entregarle. Él era su único antídoto en todo ámbito de su vida.
-Gracias…-susurró, cerrando los ojos y volviendo a su mundo de fantasía, pero ésta vez los únicos protagonistas eran ella y él.
Continuará…
¿Estubo muy mal?
