Rápidamente trazó un plan. Nadie debía darse cuenta de lo que pasaba –al menos al principio–, debían creer que todo seguía como siempre y que nada le sucedía mientras iba poco a poco librándose de todos.
Empezó alejando a los Weasley de la Orden. Le dijo a Ron que no confiaba ya en Dumbledore, que la muerte de Sirius era únicamente su culpa y que creía que les estaban ocultando algo importante. El chico, aunque al principio dudó, finalmente acabó por creerlo y se lo contó a sus hermanos mayores, que convencieron a sus padres para trasladarse a otro lugar «donde esos indeseables no pudieran encontrarlos». Molly y Arthur no fueron tan fáciles de convencer, pero debido a la insistencia de sus hijos, lo único que pudieron hacer fue creerlos y alejarse todo lo que pudieron del Reino Unido.
Los Weasley se marcharon al continente y así la Orden perdió a sus aliados más fuertes.
