4. El reencuentro
Valeria P.D.V
No podía ser cierto, estaba soñando, ¡si creíamos que había muerto!
La persona a la que más extrañábamos, la que siempre estuvo con nosotras, la que nos enseñó a luchar y a defendernos, la que estuvo ahí cuando nos metíamos en problemas…. Nuestro querido y amado hermano estaba frente a nosotras, con cara de consternación pero de felicidad al mismo tiempo. Estaba lleno de magulladuras y moratones por todas partes, y le habían cortado el pelo ¿qué le había pasado?
No lo puedo creer, ¡estás vivo! – dijo Brenda abrazándole fuertemente – te dábamos por muerto. Creía que nos habías dejado solas.
Me extrañaba que acabaran tan rápido contigo, – dije acercándome – un puñado de romanos no es suficiente para nuestro hermano ¿verdad? – sonreímos y nos abrazamos fuertemente – Te he extrañado hermano, bueno, te hemos extrañado.
Y yo a vosotras hermanas – dijo mientras se retiraba del abrazo – Creía que habíais muerto con los demás. Me temí lo peor.
Tuvimos suerte, – dijo Brenda – conseguimos escapar en el último momento.
Aunque no sabemos que es peor, haber muerto o quedarnos encerradas aquí siendo esclavas hasta el fin de nuestros días. Los Dioses nos odian.
Lo importante es que estáis vivas, y no tengo que lloraros – dijo con positivismo nuestro hermano, que en estos tiempos faltaba.
Curamos sus heridas, algunas eran profundas y si no se curaban rápido, llegarían a infectarse.
Nos contó como llegó allí: la traición a Roma; lo que pasó con Sura; la lucha por la supervivencia en la arena de Capua; la muerte de los luchadores tracios; la llegada al ludus; el nuevo nombre que le pusieron , Espartaco, por el cual teníamos que llamarle así, nadie debía saber su autentico nombre; el juramento que le hizo a domine: él se sometería al entrenamiento y sería gladiador, y domine en cambio buscaría a Sura y la traería de vuelta con él; nos habló de algunos de los gladiadores, pero no dejaba de nombrar a un tal Crixo, el campeón de Capua; como terminó luchando en la fosa por rendirse en la arena y dejar en ridículo a domine; nos habló también de un tal Varro, alguien a quién podía llamar "amigo"… resumiendo, Brenda y yo íbamos a morir en este lugar. Nosotras le contamos todo lo que nos pasó y cómo terminamos en el ludus por unos 20 denarios. Pero después de todo, me alegro de que esté vivo, aquí con nosotras.
Espartaco, te llaman – dijo un soldado en la puerta.
Hablaremos mas tarde – dijo mientras se levantaba.
Cuando salió por la puerta, nos avisaron de que teníamos que servirles la comida a los gladiadores, y después limpiar todos los cuencos.
Llegamos a la arena, Brenda y yo nos pusimos a hacer nuestro trabajo. Había muchos gladiadores, y seguro que muchos no habían visto una mujer de cerca en mucho tiempo, esto no iba bien. De repente, escuchamos el golpe de un látigo.
Comed y descansad – dijo Doctore
Empezamos a sacar todos los cuencos con sus cucharas correspondientes. Apartamos la comida a los gladiadores, y muchos de ellos nos miraban de arriba abajo, algunos con cara de obseso y otros preguntándose que hacíamos en esta parte del ludus.
Vaya, vaya. Después de todo los Dioses me ha mandado un regalo – dijo un gladiador que tenía la cabeza rapada y cara de cochino – Dos gemelas para divertirme por las noches. Todo un regalo.
Tócanos un pelo y te dejo sin huevos – dije en voz baja
¿Qué has dicho?
Qué como nos toques te dejo sin descendencia – dije mirándole a los ojos directamente
Con carácter Rhaskos, como a ti te gustan – dijo una voz al fondo. Provenía de un hombre con la cabeza rapada por los lados.
Una fierecilla, esto va a estar bien – dijo relamiéndose – Eres de las que me gustan, ¿lo sabías? – dijo mientras me cogía por la cintura y me acercaba hacia él. Acto seguido le solté una bofetada.
Vuelve a tocarme y será peor – le dije muy seria, pero en el fondo tenía mucho miedo.
Escúchame zorra – dijo cogiéndome por el brazo – A mí nadie me pega, y menos una zorra como tú – después me empezó a meter mano sin soltarme
¡Suelta a mi hermana cabrón! – dijo Brenda mientras se echaba encima de él.
Empezamos una pelea con ese gladiador, Rhaskos. Algunos gladiadores se metieron en la pelea, solo para ayudarlo a él, o para parar la pelea y separarnos. Muchos se reían de la situación y otros simplemente no decían nada, pero todos estaban pendientes de la pelea.
Unos segundos más tarde, llegaron los soldados romanos y nos separaron. Nos llevaron a la arena a Brenda, a Rhaskos y a mí, sin dejar de soltarnos. Apareció domine en el balcón con cara de pocos amigos. Todo se quedó en silencio.
No sé que ha ocurrido, ni quiero saberlo – dijo muy serio – pero desde que llegasteis aquí, zorras, nada mas que me habéis dado problemas. Media ración toda la semana para los tres. Y que no se vuelva a repetir, sino las consecuencias serán peores – y acto seguido desapareció de nuestra vista.
Nos soltaron y los soldados se fueron. Rhaskos nos sonrió y nos tiró un beso a cada una, en respuesta, Brenda le escupió y yo le hice un corte de manga. Se escucharon risas provenientes del fondo. Creo que a partir de ahora, un poquito de respeto nos tendrán.
Terminaron todos de comer y recogimos un poco el lugar. Limpiamos todos los cuencos y las cucharas y descansamos un poco. Brenda se fue hacia "nuestra alcoba"
y yo me senté en el borde del acantilado con las piernas cruzadas mientras observaba el paisaje, la verdad es que era precioso.
Nunca había conocido a nadie como vosotras – dijo una voz a mis espaldas. Me volví y era un hombre rubio con el pelo rizado, alto y con una sonrisa muy bonita – nadie se atrevería a desafiar a un gladiador, y menos una mujer.
¿Estás diciendo que por ser mujer tengo que ser débil? – dije enfadada mientras me levantaba – gladiador o no, no tiene derecho a tratarnos como mierda.
¡Eh, eh, eh, tranquila! No estoy diciendo eso – dijo mientras levantaba las manos - Solo digo que sois muy valientes al plantarles cara, nada más. Por cierto, soy Varro.
Yo soy Valeria, y mi hermana es Brenda – dije con desconfianza.
Vengo en son de paz, así que puedes tranquilizarte – dijo con una sonrisa – tengo esposa e hijo, no me interesan otras mujeres que no sea ella, si eso te deja mas tranquila.
Lo siento – resoplé – es que nunca he tenido buena relación con los hombres, excepto con mi hermano. Los demás solo me ven como su presa a la que pueden cazar e hincarle el diente.
Espera, ¿Valeria has dicho? Espartaco me habló sobre sus hermanas, y una de ellas creo que se llamaba como tú, ¿no seréis vosotras no? – dijo sorprendido.
No se lo digas a nadie, por favor. Demasiado estamos pasando como para que ahora se enteren de que nuestro hermano es Espartaco.
Tranquila, no se lo contaré a nadie, tu secreto está a salvo conmigo. Pero tarde o temprano se enterarán.
Cuanto más tarde, mejor
Estuvimos hasta el atardecer hablando. Él me habló sobre su mujer y su hijo, por qué acabó aquí, y como consigue sobrevivir en este lugar. También sobre su antigua vida y sobre nuestro hermano, lo mal que lo ha pasado y como lo ve él después de todo este tiempo. Yo le conté como Brenda y yo acabamos en el ludus, nuestra antigua vida y lo felices que éramos antes de que los romanos nos atacaran. Resumiendo, Varro era una gran persona y alguien en quien se podía confiar, se le veía en los ojos.
