Envy
Mis pasos resonaban por el pasillo desierto de la enorme mansión. Tenía algo así como media hora buscándolo, sin embargo no tenía buenos resultados.
Giré mi cabeza. Había escuchado una risa proveniente del jardín de la parte este del castillo. Arrugué la nariz, sabía perfectamente de quién se trataba.
Molesta, me dirigí al lugar de donde había escuchado la sonora carcajada del escandaloso y estúpido de Jack, ¿por qué tenía que venir todos los días a la mansión, es que a caso no tenía casa propia el muy sin vergüenza?
Guardé un inquieto mechón de hebras rosa detrás de mi oreja mientras salía al jardín. Ahí lo encontré, a esa persona a la que tenía rato buscando, a esa persona que tanto aprecio; mi querido amo Glen.
La sonrisa que había aparecido en mi rostro cuando por fin lo encontré desapareció tan rápido como llegó cuando posé mi vista en… el ser que estaba a su lado. Mi amo, con su actitud fría y tranquila como siempre, se encontraba recostado del tronco de un árbol. Jack por su parte, se revolcaba en el piso con las manos en el estómago mientras se reía.
Maldito Vessalius, ¿por qué? Siempre que iba a donde estaba Glen, el idiota estaba ahí también. ¿Es qué acaso se había enamorado de su amo, que no lo dejaba en paz ni para ir al baño?
Giré sobre mis talones y me marché del sitio. No quería estar en el mismo lugar que Jack. No me caía mal… bueno, la gran mayoría de las veces me sacaba de quicio y terminaba halándolo por su trenza, pero no significaba que me cayera precisamente mal. Simplemente, no me gustaba que fuese tan alegre, tan extrovertido, mucho menos que pasara todo el día pegado a Glen… Yo, creo que en cierta parte le envidiaba un poco al rubio.
