-Los Whitlock Brandon seguimos creciendo señores, viene en camino un nuevo miembro para nuestra familia y espero que esta vez sea una Alice en miniatura- Jasper puso sus brazos alrededor de Alice y Dylan, se veían extremadamente felices pero por mi parte las palabras de Jasper me cayeron como un cubo de agua helada
Me tensé y Edward a mi lado también, volteó a verme, sentí su mirada sobre mi mientras yo intentaba controlar la rabia, el dolor, la envidia y los celos que sentía por mi mejor amiga y la familia que ella tiene y yo nunca podré tener. También intenté controlar el impulso de gritarle a Edward que por eso no era feliz, que yo quería un hijo, un esposo, una familia feliz como toda mujer sueña tener. Mis dudas se disiparon y mi resolución se solidificó como una roca, tendría un bebé, esa sería mi familia, no me importa nadie más, mi familia serian mis amigos y mi bebé.
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-Pero si Alice de por sí ya es una miniatura -dijo Emmett en tono de broma sacándome de mis pensamientos egoístas y miserables, se levantó a felicitarlos y antes de que Rosalie abrazara a Alice y Emmett a Jasper estos los detuvieron con sonrisas en sus labios.
-Queremos que sean los Padrinos -les dijo Alice expectante.
Rosalie y Emmett se miraron el uno al otro y juntos saltaron de emoción, era raro que una pareja consolidada como ellos no tuvieran hijos aún, por lo que me había dicho Alice ellos llevaban al menos cinco años casados. Los ojos de Rosalie se llenaron de lágrimas al abrazar a Alice, yo también quería llorar pero no tenía motivos, ni siquiera cuando me pidieron ser la madrina de Dylan lloré y esta vez no podía hacerlo.
Edward tomó mi mano sacudiéndola para sacarme de mi letargo, me lanzó una mirada de advertencia y se levantó impulsándome a hacerlo con él, nos unimos a los abrazos de felicitación, Emmett nos abrazó también, parecía un niño el día de navidad, yo me sentía fuera de lugar e incómoda, estaba feliz por ellos, pero muy en el fondo dentro de mí, a la felicidad la superaban la envidia, los celos, la rabia, la impotencia, la frustración, ese mar negro superaba cualquier indicio de luz en mi interior.
-¿Qué te parece, Bells? - me preguntó Alice mientras me abrazaba, su voz se notaba nerviosa, no entendía por qué.
Se separó de mí lo justo para verme a los ojos agarrándome de las manos.
-Es maravilloso, Ali- le dije con mi mejor sonrisa pero no me creyó, su mirada se volvió suspicaz e interrogante.
-¿Algo va mal?- preguntó más calladamente y mirando a los lados para cerciorarse de que no era escuchada, tragué grueso y sonreí intentando tranquilizarla.
-Estoy muy feliz por ti amiga, no te preocupes por mí que le podría hacer daño a la bebé, lo mío solo es un problema normal con Edward, ya lo solucionaremos- dije encogiéndome de hombros.
Ella suspiró y me miró tiernamente.
-Cuentas conmigo para lo que sea Bella- le asentí y ella sonrió- Y no le digas "la bebé" aún no sabemos si es niña y podríamos crearle un problema de personalidad- dijo a modo de broma y yo rodé los ojos, confortada un poco por la camaradería con Alice.
Sí, podría vivir y ser feliz solo con la compañía de mis amigos si tuviera un bebé propio que cuidar.
El resto de la noche la pasamos en la sala, hablando entre nosotros, Dylan se sentó apoyando sus pies en el regazo de Edward y su cabeza en el mío, se quedó dormido de esa manera mientras yo acariciaba su suave cabello y hablaba con Alice y Rosalie, planificando la decoración del cuarto del bebé aunque Alice quería conocer primero el sexo porque si era niña definitivamente tendría su habitación de princesa así estuviera trillado el tema.
Cuando ya nos íbamos Jasper cargó al niño hasta su habitación y bajó rápidamente a despedirnos, Rosalie y Emmett entraron en su auto al mismo tiempo que Edward y yo al nuestro, corrección, nuestro no, al auto de Edward.
La tensión dentro del coche se podía cortar con un cuchillo, un silencio tan inquietante como la calma que precede a la tormenta, mis puños estaban cerrados en mi regazo con fuerza intentando contenerme de pedirle que lo soltara de una vez.
Se detuvo frente a mi puerta unos segundos como esperando que yo me bajara, no lo hice, no quería que huyera de nuevo, si teníamos que discutir, que pelear, que terminar, que fuera de una vez. Los segundos se convirtieron en minutos y yo no me moví, él pareció entender que no lo dejaría huir esta vez y arrancó el auto para estacionarse en mi garaje, ésta vez si me salí del auto, dejando la puerta abierta para él, llegué al salón derrumbándome en el sofá sosteniendo mi cabeza entre las manos.
-¿Cómo te sientes?- preguntó con voz seca- Aparte de infeliz, me refiero- dijo encogiéndose de hombros restándole importancia al peso de sus palabras y afianzando al mismo tiempo una acusación velada-. Respóndeme - exigió acercándose.
-Como la peor escoria del mundo Edward, así me siento- le respondí con rabia mientras me levantaba y lo encaraba-. ¿Tienes idea de cómo se siente que otra persona tenga aquello que tú tanto deseas? - le pregunté histérica-. ¿Tienes alguna mínima idea de lo que es sentirte como mierda por no poder alegrarte de la felicidad de la que consideras tu mejor amiga? -Él no dijo nada y yo proseguí-. ¿Acaso no merezco que mis sueños se cumplan, Edward? - mi voz sonó un poco más calmada-. ¿No tengo derecho a luchar por ellos?
-¡Estás exagerando, Bella!- gritó exasperado-. Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua -dijo despectivamente sentándose en el sofá y montando los pies en la mesa de centro, cruzándolos por sus tobillos despreocupadamente.
-¿Exagerando, Edward? - chillé en respuesta-. Tú no sabes lo que es no tener a nadie, no sabes lo que se siente estar tan sola y querer aferrarte a lo único que tienes - comencé a llorar, mis padres murieron hace un par de años, por eso tenía esta casa sola para mí, mi vida amorosa no era un ejemplo y solo contaba incondicionalmente con Alice pero ella tiene su propia vida, sus propios problemas que solucionar, su familia que cuidar, no podía exigirle a ella lo que solo una familia propia podía brindarme, me desplomé en el suelo, llorando y cubriendo mi rostro con las manos.
-Bella -la voz conciliadora de Edward estaba ya desprovista de arrogancia, estaba preocupado por mi-. Lo siento- dijo levantando mi rostro, su mirada era impenetrable pero podía notar que estaba apenado por su actitud.
Me abracé a él llorando amargamente, refugiando mi cara en su pecho, descargando mi frustración y mi rabia por no poder hacerle entender que mi mayor deseo era tener un hijo, un niño suyo y mío de preferencia que él se quedara a mi lado, cuidando de ese pedacito de cada uno, de esa persona que estará atada a nosotros por el lazo más poderoso e irrompible, el lazo de sangre.
Pasó mucho rato para que yo me calmara y mis sollozos disminuyeran, con delicadeza Edward quitó mis brazos de su cuello y me tomó de las manos, levanté mi rostro y en sus ojos pude ver su resolución antes de que la dijera.
-No -susurré débilmente.
-No podemos seguir haciéndonos daño Bella. -Fue su justificación.
-Sé que he sido estúpida y desagradable presionándote, no me dejes, Edward -la presión en mi pecho me decía que me había estado mintiendo a mí misma diciendo que no necesito a Edward a mi lado, lo necesito, tanto como necesito respirar.
-No puedo quedarme, Bella, la situación es que tú quieres algo que yo no puedo darte, no puedo. -Me soltó levantándose del suelo y lo vi subir las escaleras.
Unos minutos después reaccioné, Edward no podía irse de mi lado, no podía hacerme esto.
-Edward -lo llamé desde la puerta de la habitación, donde preparaba su acostumbrada mochila, agregando a ella los artículos personales que había ido dejando aquí-. No puedes dejarme por favor… -le pedí con voz ahogada mientras él continuaba con su trabajo.
-Es lo mejor, Bella, podrás conseguir un hombre que esté dispuesto a darte un hijo, yo no puedo hacerlo. -Volteó a mirarme y su mirada me dolió, me veía con lástima y yo no quería que él me viera de esa manera.
-Podría estar embarazada justo ahora- le dije con rabia, era casi totalmente improbable que lo estuviera realmente, ya que tenía apenas dos días de haber dejado de tomar la pastilla, sabía que olvidar tomar una aumentaba las probabilidades de embarazo pero también era cierto que como yo tengo mucho tiempo tomando anticonceptivos puede que pasen unos meses antes de ser completamente fértil, pero necesitaba hacer algo para mantenerlo a mi lado.
Edward se quedó paralizado apenas me escuchó, su respiración se volvió superficial y yo me preparé para la ola de furia que suponía vendría a continuación.
-¿Qué dijiste? -Preguntó con rabia contenida, apretando fuertemente una camiseta que estaba por meter en la mochila y volteando a mirarme.
Tragué grueso e intentando detener los temblores de mi cuerpo levanté la barbilla desafiantemente.
-Dejé de tomar las pastillas y hemos estado juntos muchas veces desde que lo hice. -Omití hace cuánto había dejado de tomarlas.
No sé cómo esperaba que Edward reaccionara ante la información que le di, pero definitivamente lo que menos me esperaba era ver como su rostro pasaba de la rabia a la sorpresa y finalmente al asco en cuestión de segundos.
-Que arpía resultaste ser, Isabella -dijo con desprecio volviendo a armar su mochila pero ésta vez lanzando las cosas en el interior con rabia.
Yo me quedé en silencio viéndolo seguir con su actividad, negándome a creer que él verdaderamente se iría aún con la posibilidad de que yo estuviera embarazada.
-¡¿Se puede saber… qué demonios pensabas hacer en caso de quedar embarazada? -Explotó de pronto lanzando la mochila hacia un lado contra la pared de la habitación, con su grito yo pegué un respingo y mis temblores se hicieron más incontrolables.
-Yo… yo… -Tenía miedo, no podía articular más que una palabra, los pensamientos se arremolinaban desordenadamente en mi cabeza mientras mi corazón latía duramente en mi pecho resonando en mis oídos.
-¡¿Crees que soy el tipo de hombre que puedes amarrar con un hijo? -Estaba paralizada, lo único que se me ocurría era volver atrás en el tiempo, detener las palabras que salieron de mi boca, pero no podía hacer eso, una medida desesperada era decir "Hola, Edward, sonríe a la cámara escondida", pero dudaba que eso resultara. Edward estaba frente a mí, me tomó la cara apretando ligeramente para que levantara la vista y lo viera a los ojos-. Créeme Bella, no soy ese tipo de hombre. -Su voz era suave, sarcástica y burlona, el Edward que conocí en el supermercado.
Escuchar de sus labios que en caso de estar embarazada igual me abandonaría me hizo derrumbarme, el Edward que yo conocía, el hombre del que me había enamorado, ese que yo tenía como un santo en un altísimo pedestal cayó al suelo rompiéndose en pedacitos como mis sueños e ilusiones.
-No te lo iba a decir -logré articular con voz ahogada, tenía que defender mi dignidad, me había comportado como la mala de la película, pero no podía dejarme romper más por él.
-Aja -dijo incrédulamente mientras me soltaba y se iba a recoger la mochila, volvió a acomodar lo que se había salido en su arrebato y pasó por mi lado para bajar las escaleras, lo seguí con la mirada no sé si esperando que se fuera realmente porque ese no era mi Edward o si en realidad estaba esperando que se arrepintiera y me dijera que no le importaba que mal me hubiese comportado y que se quedaría a mi lado y de nuestro hijo.
Se detuvo antes de bajar el primer escalón y mi corazón traicionero se saltó un latido.
-Si estás embarazada infórmamelo y me haré cargo de mi hijo, pero no quiero volver a enredarme con una manipuladora como tú. -La opción que no había considerado me golpeó de maneras diferentes; por un lado me sentí aliviada porque Edward quería hacerse cargo de su hijo y ese sí era el hombre que yo amaba pero por otro lado me dolió la imagen que se estaba llevando de mí.
Cuando logré moverme y llegar a lo alto de la escalera la puerta principal se cerraba con un portazo, como una autómata me senté en el último escalón a llorar desconsoladamente esperando que se volviera a abrir y apareciera extrañándome y perdonándome.
-No me dejes, Edward, por favor, no me dejes -susurré al silencio abrazando mis piernas y apoyando la cabeza en mis rodillas.
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Como autómata dirigía a la fila de mis alumnos a la salida de la escuela, vigilaba que los que se fueran en el autobús se subieran, a los que fueran a buscar se montaran en el auto que yo identificara como el de alguno de sus padres y algunos padres esperaban para hablar conmigo de cualquier tontería que se les ocurriera.
Estaba apática desde que Edward me dejó. Dos meses habían pasado, en los cuales en cada uno había aparecido mi menstruación puntualmente como para burlarse de mí, a pesar de eso me hice pruebas de embarazo de farmacia casi semanales porque había oído que a algunas mujeres menstruaban en los primeros meses del embarazo, pero todas daban negativas.
Sé que no tiene sentido esperar y anhelar a alguien que piensa que eres la mayor arpía manipuladora, sobre todo sabiendo que lo que piensa sea probablemente cierto; pero igual cada día tenía la esperanza que Edward volviera, y cada noche dormía desilusionada porque él no tocaba a mi puerta.
Alice me miraba preocupada desde el sitio donde ella misma estaba despidiendo a sus alumnos, mi trato con ella cada día era más distante, verla tan radiantemente feliz me hacía sentir mal por envidiarla, Dylan era mi mejor medicina, con él volvía a sonreír aunque fuera por una horas, a veces Alice lo dejaba ir conmigo a mi casa.
Alice solo sabía que Edward había terminado conmigo, pero no había tenido la fortaleza de contarle a mi mejor amiga, la única persona con la que podía contar incondicionalmente en el mundo el motivo por el cual él se había ido.
-¿Pero qué diablos sucedió, Bella? -Me preguntó mi amiga mientras me consolaba en su salón de clases el lunes siguiente al fin de semana de la cena, era la hora del recreo y sin poder evitarlo fui a su salón buscando que ella me reconfortara con sus palabras.
-Yo hice algo mal, Alice. -Fue lo que dije como respuesta, ella solo suspiró exasperada.
-¿Algo mal como una comida quemada? O ¿Algo mal como asesinar a su mascota? -Quise liberar un amago de risa pero salió fue un lastimero sollozo-. Shhhh. -Intentó consolarme nuevamente abrazándome-. No haré mas bromas, lo prometo, es solo que me frustra no saber qué pasa contigo, sé que esto no es algo que vino de pronto.
-Lo que pasó Alice es que él no quiso mudarse definitivamente a vivir conmigo, yo me tomé la relación muy en serio, eso fue lo que pasó -dije una verdad a medias para salir del paso y Alice hizo una mueca de pena.
-Lo siento, nena, pero si no es él otro será -me dijo y yo negué.
-El problema con eso es que yo siento que Edward es el indicado -le confesé con un nuevo sollozo.
-Al César lo que es del César, Bells. -Fue su respuesta.
Ella intentaba ayudarme, pero el agujero negro en mi pecho se tragaba cualquier indicio de felicidad, como dije antes, Dylan era el que lograba hacerme sonreír, lo único lo suficientemente puro para no ser absorbido por la oscuridad.
Alice hasta había cuadrado más de una reunión conmigo y Rosalie, con la excusa de comprar cosas para el bebé o hacer simples cosas de chicas. Ella me reunía con su amiga terapeuta y ésta intentaba tratarme aunque su especialidad fueran parejas, era inútil, yo lo que necesitaría era ser internada en un sanatorio porque estaba realmente loca.
Yo sabía que mi comportamiento con Edward no había sido racional, había perdido la cabeza y el sentido de la realidad, en mi cometido de mantenerlo a mi lado me había cegado y sé que le causé mucho daño, esa última pelea nos había destrozado a ambos, yo lo tomé por tonto al dejar de cuidarme y él me hirió con cada una de sus palabras. Ni siquiera me había llamado para saber si estaba o no embarazada, lo que me decía que le daba igual, si lo estuviera tampoco se lo diría, mi plan original hubiese quedado a la perfección en caso de que esas pruebas fueran positivas, solo que me había engañado a mí misma y no quería ser solo la madre del hijo de Edward, yo quería seguir siendo su mujer.
El último de mis alumnos fue recogido por su padre y yo vi mi vía de escape libre, Alice no me haría ir con Rosalie nuevamente, le hice una seña a mi amiga y la vi desesperarse porque aún le quedaban un par de niños.
-¡Bella, espera! -me dijo con voz alta y a mi vez yo maldije en silencio porque no podía hacerme la que no escuché con semejante grito que lanzó.
Me voltee forzando una sonrisa y ella respiró aliviada, incómoda comencé a mover nerviosa uno de mis pies mientras esperaba en las escaleras del colegio a que Alice se desocupara. Luego de unos minutos estuvo libre de responsabilidades y juntas en silencio nos encaminamos a la guardería a buscar a Dylan.
-Acompáñame a llevar a Dylan al hospital -dijo a medio camino en el estacionamiento.
-¿Qué le pasa? ¿Está enfermo? -pregunté preocupada.
-No - dijo tranquilizándome-. Solo que lo dejaré con Jasper unas horas mientras tú y yo hablamos como debimos haberlo hecho desde hace más de dos meses. -Abrí la boca para inventar una excusa o decir que no había nada que hablar, que eran ideas suyas pero no me dejó-. Bella, no estás bien… no es necesario que me mientas y no puedes guardarte todo eso para siempre.
Cuando Dylan salió yo me encargué prácticamente de él, Alice nos miraba y sonreía poco, ella me pidió que dejara en la escuela mi carro, que luego lo vendríamos a buscar y fuimos a dejar a Dylan en el hospital.
Era increíble como ahora todo el mundo sabía quién era Alice, apenas puso un pie en el hospital, todos la saludaban con respeto y cariño como la Sra. Whitlock, el cambio considerable a que antes la Sra. Whitlock era un fantasma que ellos sabían que existía pero que no la conocían ya que ella decía no querer involucrarse en la vida de Jasper, pero aprendieron que debe existir equilibrio y que ella debe tener su lugar como debe ser.
Ver a Jasper recibir a su familia apretó aun más mi corazón, aunque Alice se mostraba cauta y hasta un poco renuente a las muestras de afecto de su marido, pero sabía que lo hacía por "solidaridad" conmigo, para que no me sintiera mal, solo que sentirme mal ya era mi hobbie favorito.
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Sentadas en un café, en una mesa un poco apartada del resto con una taza humeante del brebaje enfrente de nosotras le relaté la verdadera historia a mi mejor amiga, yo estaba cansada de ocultar mis sentimientos, de mentir sobre lo que pasó y sobretodo de ser la victima cuando en realidad fui la culpable. Ella me miraba con la preocupación marcada en su rostro, no emitió ni una palabra desde que comencé mi historia, yo me desahogué completamente, expresándole mis dudas, inquietudes y mis inseguridades.
Cuando le conté totalmente apenada la envidia y los celos que me embargaban al verla con su familia pude ver como se entristecía y avergonzaba, lo cual era ilógico ya que la envidiosa era yo, no ella.
-Bells, querida -me consoló cuando terminé de hablar y me ahogaba en el llanto, arrepentida y deseando con todas mis fuerzas recuperar a Edward, se cambió a la silla junto a mí y me abrazó reconfortándome.
-Lo quiero de vuelta, Ali, sé que fui tonta y egoísta, pero deseo tanto tener un bebé…- sollocé en su hombro.
-Bella. -El tono en la voz de Alice me hizo entender que lo que venía era un llamado de atención-. Intentaste hacer las cosas a un ritmo y en un tiempo diferente a como el destino lo tenía planeado, si Edward era el hombre para ti, tarde o temprano irían dando los pasos para avanzar en su relación, pero tú quisiste apresurar las cosas y cuando eso no resultó, te quisiste saltar unos cuantos metros y creo que la caída ha sido aparatosa.
-Edward no quería compromiso de ninguna forma, Alice, y yo sé que él es el hombre indicado para ser el padre de mis hijos -me excusé patéticamente.
-Quítate eso de la cabeza, Bella -me riñó con fuerza-. ¿Cómo iba a ser el padre si pensabas botarlo cuando salieras embarazada? Porque si no estaba en tus planes informarlo para que participara en la crianza, no estabas viendo a Edward más que como un donante de esperma.
Me sonrojé porque en el fondo yo esperaba que él se quedara conmigo al saberme embarazada, mi subconsciente había hecho un plan para que él descubriera por "casualidad" mi embarazo y así se quedara conmigo.
-Yo…-intenté defenderme pero tuve que bajar la cabeza avergonzada.
-Si quieres recuperar a Edward de verdad, tienes que hacer las cosas bien, Bella, tampoco puedes presionarlo a hacer algo que no quiere, es un ser humano con sus propios criterios, a los hombres no les gusta que los manden, fíjate en Jasper y cuál era su válvula de escape a mis dominios. Si no hubieses reaccionado tan disgustada cuando él rechazó tu propuesta y no hubieses sido tan impulsiva con lo de las pastillas quizás a estas alturas él te hubiese sorprendido llegando a tu casa con todas sus cosas, pero hiciste todo eso y no hay marcha atrás.
-Lo quiero de vuelta, Alice -le dije con un puchero.
-Si lo quieres de vuelta tienes que enmendar tus errores, buscarlo y demostrarle que la loca que hizo todas esas cosas no es "tu verdadero yo", que estás dispuesta a recibir de él lo que él quiere darte y disfruta, amiga, no apresures las cosas con los hijos, cuando tengan que llegar llegarán, no te preocupes por eso. No fuerces la situación y deja que las cosas fluyan sin presiones.
-Pareces toda una hippie hablándome así -dije sonriendo entre lágrimas.
-Quién sabe, quizás en otra vida fui hippie - dijo Alice encogiéndose de hombros.
Tenía que recuperar a Edward, no podía perderlo definitivamente por causa de un deseo que me estaba consumiendo hasta la cordura, podía comportarme como una adulta y aceptar mis errores aceptando que quizás no sea el momento para hacer mis sueños realidad. Respiré profundo y me sequé las lágrimas, Alice tenía razón, no podía perder al hombre de mi vida por un sueño que tarde o temprano conseguiría, solo tenía que armarme de paciencia y esperar.
Mientras esperaba que se me hiciera realidad el sueño de ser madre, me dedicaría recuperar y ser feliz con Edward.
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NOTA DE AUTORA: Hola Chicas, si es que todavía queda alguien por ahí que lea, apuesto que si leyeron el capi tuvieron que repasar el anterior para saber de que venía la cosa. Sé que me tarde mucho pero les dije que me venían cambios en mi vida y el más grande es que me casé, hoy hace exactamente un mes, trate de tener el capi antes de eso pero definitivamente no pude, lo tenía por la mitad hasta que en Semana Santa, con los días libres fue que pude terminarlo. Al matrimonio se le agrega obviamente mi mudanza y todo eso, además comencé a estudiar en las noches y ahí sí que se monto la gata en la batea. Pero bueh, continuaré el fic asi tarde en subir pero espero que comprendan que estoy en proceso de adaptación a una nueva vida.
Sin más cháchara les agradezco a las lectoras que me dejaron su comentario en el capitulo pasado: Tata XOXO; Asira Cullen; VaNeSaErK y MarVe.S. También a las nuevas alertas y favoritos que recibí de esta y mis otras historias, por si se pasan por aquí.
Gracias ENORMES a mis amadas Betas: Ginegine y betzacosta!
¿Merezco Review?
