Capitulo 4: Nadie sufrirá por mí.

Todo ocurrió tan rápido que ni siquiera se percató del instante en el cual había caído desmayada ante la niña y una vez más se despertaba en un sitio totalmente desconocido, incluso llegó a pensar que todo lo ocurrido no había sido más que un simple sueño.

"Para haber sido un sueño... lo he sentido muy real". Ese pensamiento lo provocó una punzada en su cabeza, enterró una mano entre sus cabellos, palpando la zona que tenía notablemente adolorida e hinchada y al retirarla pudo divisar con claridad restos de sangre en sus dedos.

En ese momento recordó las últimas palabras de Rin "¿Sr. Inuyasha?", seguidas de una sombra rojiza que se acercaba a ellas velozmente y luego nada, sólo oscuridad.

Puede que ese tal Inuyasha tuviese algo contra ellas o que sólo deseara devorarlas más tarde y entre estas cavilaciones cayó en la cuenta de que no veía a Rin por ninguna parte. Se incorporó poniéndose en pié lastimosamente para analizar el lugar.

Se hallaba en una habitación oscura, sólo iluminada por la incandescente llama de una vela moribunda. Parecía abandonada durante muchos años pues todos los muebles a su alrededor se encontraban en un estado deplorable y cubiertos de polvo, tanto que sólo observarlos la hizo estornudar.

Se acercó con cautela hasta la puerta e intentó sin éxito forzar la cerradura, comenzaba a hacerse evidente que era prisionera de alguien, pero ¿de quién?.

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Al impasible taiyoukai de dorado mirar, se le empezaba a acabar la paciencia¿dónde demonios se habían metido esas humanas?, era imposible que alguien se hubiese atrevido a acercarse a ellas, sobretodo a la más pequeña que llevaba impregnado su olor, cosa que advertía a cualquier despistado. Era cierto que había notado una fuerza demoníaca en las cercanías pero era tan débil que no le había prestado atención esperando que el individuo se diera por aludido ante su omnipresencia y huyese despavorido... pero extrañamente no sólo había desaparecido el demonio que merodeaba por los alrededores sino que los olores tanto de Rin como de la otra humana, se habían esfumado también.

Se levantó del sitio que ocupaba y se dirigió hasta su fiel seguidor.

- No están... las humanas. – Su voz era tajante, como admitiendo que debía recuperar algo que le pertenecía y daba por perdido. – ¡Jaken, vamos!

Dijo esto y con un gesto casi imperceptible en su rostro de perplejidad, pues la situación le sorprendía, emprendió su camino hacia el río.

Jaken por su parte hacía un rato que había notado la tardanza del las chicas y ya estaba temiendo por ellas aunque no se atrevía a incordiar a su amo con esas banalidades y más pudiendo ser que las muy ilusas se hubiesen entretenido con cualquier tontería. Cuando regresó a la realidad vio como su amo se perdía entre la maleza y dando un brinco corrió tras él.

- ¡Espéreme, señor Sesshomaru!

Una vez cerca de la orilla, el perfecto olfato canino del youkai detectó un olor metálico muy conocido para él pero nuevo a la vez, "sangre", estaba seguro de que no pertenecía a su protegida, de la cual tampoco notaba la presencia. Se agachó y acercó su única garra hasta las manchas del líquido vital que aun se mantenían frescas y acercándola a su rostro olfateó sin inmutarse.

- Pertenece a esa humana, su rastro me llevará hasta quien haya sido el responsable.

Jaken que observaba atónito la escena, interfirió cuidadosamente.

- ¿Nuraku, señor?.

- No. – Sesshomaru se mostró frío mientras la ira le carcomía por dentro, tanto que el pequeño sapo retrocedió asustado. Una vez más utilizaban algo suyo para atraerlo a él pues era imposible que un demonio en su sano juicio hubiese ignorado su territorio. Miró, con furia retenida en sus orbes doradas, hacia la dirección que delataba el rastro de Zen.

- Quien haya sido, morirá.

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Hacía al menos 3 horas que Zen intentaba abrir la puerta, con sus manos y su rostro negros de polvo y un montón de objetos punzantes a su alrededor, que había utilizado para desarmar la terca cerradura.

- ¡Nada!, no hay manera de abrir esta enorme puerta... me rindo.

Con el seño fruncido, se dejó caer resignada con su espalda apoyada en la propia puerta y esta como si de una burla se tratase cedió dejando a Zen extendida en el suelo con un montón de trozos de madera y termitas debajo de su cuerpo, mientras otras tantas caían sobre su pecho del interior de los bordes desgarrados del agujero en la puerta.

Por un momento la invadió el pánico por la asquerosa sensación que causaban los bichos en su piel y se levanto cual posesa, sacudiéndose la ropa frenéticamente.

- Que asco.

Ese pequeño incidente, sería algo que seguramente ocultaría por el resto de su vida, ni siquiera se le había ocurrido empujar la maldita puerta, si lo hubiese hecho, seguramente habría caído hecha pedazos por lo vacía que estaba.

- Idiota... que idiota he sido. – Y aunque se estaba auto insultando, no pudo evitar reír en silencio mientras caminaba sobre la moqueta negra de un largo y oscuro pasillo. "¿Dónde estoy?".

Por la altura del techo y los laboriosos grabados de las inmensas puerta imaginó que debía tratarse de un castillo o algo parecido. Mantenía la discreción aunque sentía el impulso de llamar a Rin a través de las puertas cerradas, que prefería no tocar por precaución doble, por una parte cabía la posibilidad de que hubiese alguien indeseado en su interior, que bien podía ser su propio cautor y por otra temía que se desplomara ante ella si tenía los mismos inquilinos que la anterior. Finalmente tras una de ellas sintió un suave sollozo, puso toda su atención y estuvo segura que provenían de una niña, así que en un ligero susurro pronunció el nombre de Rin cerca de la rendija.

La niña dejó de llorar y Zen escuchó movimiento en el interior de la habitación.

- Srta. Zen... ¿es usted?

- Si Rin, soy yo, no temas te sacaré de ahí.

Como si de un espectro se tratara sintió una presencia a su espalda que no había notado hasta ese momento y antes de girarse escuchó una voz masculina.

- No será necesario, ambas vendréis conmigo... él se acerca, después de todo ha sido una brillante idea, quien iba a decir que el gran Sesshomaru aprecia la vida de dos insignificantes humanas.

Zen se giró enérgicamente para encontrarse a escasos centímetros del rostro de un chico pelirrojo poseedor de unos profundos ojos grises de mirada vivaz y rebosante de juventud, se tuvo que auto regañar por el sonrojo que apareció en su rostro, era muy atractivo y estaba tan cerca.

El joven la olfateó lentamente, tan cerca que Zen casi pudo respirar su aliento.

- ¡Wow! Que bien hueles humana... tu aroma es tan dulce, tan provocador.

Si la castaña estaba sonrojada, este comentario quemó sus mejillas, desvió eufórica sus pardos ojos de los del chico, que prácticamente la estaban desnudando.

Al mirar al suelo se llevó una curiosa sorpresa, el chico no sólo poseía unos rasgos atractivos y peculiares, después de lo que vió, estuvo segura de que no era humano pues una peluda y larga cola del mismo color que su cabello y similar a la de un zorro, se meneaba de un lado a otro inquieta, tras el pelirrojo que la miraba altanero y divertido.

Zen estaba en un extraño trance de temor y curiosidad a la vez. En un descuido de la chica el demonio la tomó bruscamente de la cintura, incrustándola contra su cuerpo.

- Veo que tiene buen gusto ese maldito demonio.

La castaña se debatía con las manos en el pecho del muchacho y en la postura más forzada de rechazo que había adoptado en su vida.

- ¿Quién eres, tu no eres el mismo que estaba en el río... acaso lo habéis planeado juntos... qué quieres de nosotras? – Su respiración se agotó y tenía demasiadas preguntas que formular.

- Tranquila muñeca, de una en una. – La observó con lujuria por un instante, antes de continuar. – Si hay algo que me fascina de los humanos, es su infinita inconciencia, lo que para un demonio es un juego de niños para vosotros es todo un rompecabezas.

- No te entiendo¿porqué?

- Una de las habilidades de los demonios zorro es el camuflaje, podemos tomar la forma física de quien deseemos y sabía de sobras que la única forma de acercarme a la niñita de Sesshomaru sin alertarla, era haciéndome pasar por el hermanito de su amo... el tal Inuyasha. – Zen se retorció nuevamente intentando librarse del tedioso abrazo. – Aunque... no contaba con una segunda presa, llevo meses siguiendo a ese perro y nunca te había visto... dime¿quién ere tu preciosa?.

Zen pensó rápido, tal vez le interesaba darse más importancia de la que realmente tenía para el taiyoukai, posiblemente sería la manera de que aquel demonio se lo pensase dos veces antes de tocarla o de hacerle daño. De no ser así tendría muy pocas posibilidades de sobrevivir, al fin y al cabo nadie sufriría si ella desaparecía de aquel mundo al que nunca debió llegar, no era más que una indefensa humana, desconocida para todos. Respiró profundamente cogiendo todo el aire que le permitieron sus estrujados pulmones y contestó intentando sonar convincente.

- Yo... soy muy importante para Sesshomaru y te matará si me haces daño.

El chico aflojó su agarre y dudó por un momento para luego retomar su semblante bizarro.

- Mejor, así seguramente vendrá antes, de hecho creo que se acerca porque ya noto su arrogante presencia. – Finalmente la soltó con desdén, de buena gana se habría deleitado con su cuerpo, que por su aroma impoluto podía certificar que nunca había sido profanado, por lo que el alegato de la chica no era sostenible ya que dudaba, que de pertenecer al taiyoukai, no la hubiese tomado ya, no obstante continuaría un poco más con el juego, sería divertido hasta conseguir su objetivo.

- Ambas me serviréis de salvaguardo, de momento, ya veremos cuan valiosas sois para Sesshomaru. – En su rostro se dibujó una expresión de soberbia y dio un paso hacia la puerta, sacó una vieja y oxidada llave de su ahori, abrió la puerta de un gesto firme y se giró hacia Zen. – Tú y la niña me acompañaréis, me seréis muy útiles para llevar a cabo mi plan.

Zen ignoró sus últimas palabras para recibir en sus brazos a Rin que corrió hasta ella, entre sollozos miró temerosa al kitsune y dijo.

- ¡El señor Sesshomaru vendrá!

Los grises ojos de su interlocutor le prestaron atención un instante antes de ajustar en las manos de ambas chicas, unos estrechos grilletes.

- Eso espero pequeña humana... por cierto mi nombre es Linzaku y... soy un hanyou. – Dicho esto les dedicó una hermosa sonrisa para luego, casi arrastrarlas por el pasillo.

Durante un segundo miró hacia arriba, como si le estuviese observando alguien.

- Muy pronto regresarás padre... y podremos vengar juntos tu muerte.

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Sesshomaru seguía el olor de la sangre de la joven mujer pero no sólo era eso lo que lo guiaba hasta ella, también su embriagador aroma, que ciertamente no era fácil distinguir las notas de este pero para su agudo olfato era una caricia, como un abanico de flores blancas, quizás con una nota de té verde y jazmín... Un olor acuoso y floral, tan sutil que recordaba a una gota de agua en el pétalo de una flor. Era pureza e inocencia... en el aire.

No, definitivamente para el gran lord la extraña humana venida del futuro, no había pasado desapercibida.

Despejó su mente y se centró en su objetivo, eliminar al pobre miserable que había pisado su terreno y luego recuperar a su protegida y tal vez, si es que estaba viva, de lo que inconscientemente estaba convencido... a la humana.

Comentarios de la autora:

Bien aquí os dejo la cuarta entrega y particularmente creo que a cosa se pone más interesante. Aunque no tengo mucho éxito, quiero agradecer a todos los que dediquen su valioso tiempo a leer mi historia, que no estoy segura de que sea buena porque prácticamente no ha recibido reviews. No obstante no me rendiré, al fin y al cabo los que publicamos aquí buscamos un rinconsito para dar riendas a la imaginación sin tabús ni formalismos. El quinto capítulo tardaré un poquillo más en publicarlo, más que nada porque en casi una semana he subido 4 capis y necesito un descansillo, así que hasta la semana que viene no me veréis por aquí.

¡Matta ne!