IV. Tercer Círculo: Gula
En el descenso hacia el circulo de la Gula, la pelinegra podía divisar en su andar como todos los pecadores que caían ante este pecado están inmersos en el fango, bajo una lluvia incesante de granizo y nieve, y golpeados por Cerbero, guardián del tercer círculo.
El contrapaso es más complejo respecto al anterior círculo, pero se puede ver igual: en el fango en el cual están obligados a arrastrarse una antítesis del uso refinado que hicieron en vida en el sentido del gusto y, en la avidez del guardián que los maltrata, los desgarra con uñas y dientes, un reflejo de la avidez y la codicia. En conclusión, se puede decir que está potenciado al máximo el aspecto bestial de la avidez de comida, como se nota también en la degradación que sufre el mismo Cerbero además los ensordecidos ladridos de este animal lastimaban los oídos de quienes sufren su condena en este lugar.
Tan solo mirar esas escenas eran realmente algo atroz de presenciar, Nico se estaba arrepintiendo de seguir, sus ropajes se manchaban con sustancias pútridas que solo le daban más y más ganas de vomitar. Finalmente llegando a lo más profundo del acantilado comenzó a caminar entre tanta putrefacción soportando lo más que podía lo que llegaba a sus fosas nasales siendo inevitable bufar y maldecir su desgracia tan asquerosa en ese momento, pero debía seguir, su misión no se detendría por eso… Ni por una bestia de 3 cabezas de aspecto diabólico ni mucho menos pro un entorno sacado de los intestinos del estómago de su mujer que irónicamente a ella le gustaba comer mucho, nunca hubo cosa que no le apeteciera, Hanayo era una comensal realmente esplendida ya que difícilmente rechazaba cualquier cosa que le ofrecieran hasta las cosas más desagradables desde el punto de vista de ella o de cualquier otra persona las "devoraba" con un gusto sin igual.
Por dios… que es ese maldito olor… huele a muerto aquí…. — Ya ni sabía que era lo que estaba pudriéndose a su alrededor.
En este círculo se encuentran todos aquellos que han dejado que su hambre los consuma convirtiéndolo en placer el cual no pueden saciar, ni será saciado… teniendo que sufrir una condena eterna con el ansia, el deseo de satisfacer su apetito por la comida— Su guía la explicaba que era lo que se castigaba en este círculo atenta a los gestos desagradables de Nico
Caminaría con sumo cuidado para no caer en una fosa de carne muerta o en algo mucho peor, se acercaría a la posición de aquel can infernal Cerbero poseía la apariencia de un perro de ojos saltones, garras en las patas y finalizando con unos dientes tan afilados que podrían triturar como papel cualquier cosa que se echara a la boca. La pelinegra cada vez que se acercaba más le era más fácil escuchar el sonido de la carne siendo rasgada, mutilada y despedazada sin piedad alguna, los gritos de dolor de los condenados eran un lamento tan profundo que calarían hasta los huesos, los bramidos y bufidos de ese guardián degustando su cena aun consiente solo aumentaba más sus nauseas, al punto de detenerse y caer de rodillas vomitando.
Realmente era algo insoportable de realizar, saco todo lo que tuviera en su estómago con un asco indescriptible en esos ojos carmesí limpiándose los residuos con la muñeca volvió a levantarse ignorando por completo a la presencia de Cerbero y lo que hacía para dirigirse por un sendero el cual atravesaba un rio de ácidos, líquidos viscosos que soltaban burbujas pero antes de encaminarse a lo que parecía una cueva escucho un grito de auxilio, uno muy agudo y difícil de ignorar por lo que tuvo que voltear con miedo a ver lo que estaría pasando a sus espaldas. Sus peores pesadillas se volvían reales ya que veía a su amada Hanayo siendo tomada por una de las garras de Cerbero abriendo las fauces de sus cabezas para tragarse a la castaña que lucía demacrada y con mucho miedo en sus ojos.
Hanayo! ¡Espera voy a salvarte! — Desenfundo la oz que portaba con ella decidida a salvar a su amor.
Nico! ¡Sálvame! — Gritaba moviendo las manos con pánico.
Tan solo era cuestión de segundos para que el final de la castaña llegase cayendo en el estómago del can para ser digerida sin punto de retorno, pero su amada Nico quien sabe de dónde saco tanto valor y fuerza… quizás del amor que siente hacia su castaña glotona corrió hacia donde estaba, dando un salto dando un golpe de tajo que cortaría la garra del animal quien chillo con furia retorciéndose de dolor por breves instantes siendo vitales para tomarla en sus brazos cayendo de pie intercambiando miradas serenas y llenas de esperanza, lilas y carmines se miraban con calidez, con un profundo amor, con una ternura que solamente ellas conocían. Finalmente, la bajo de sus brazos para dejarla de pie atrás de ella para protegerla de los siguientes ataques de un enfurecido guardián del infierno.
Mi amor… quédate detrás de mi… ocúltate yo voy a encargarme de este animal… — Se ponía en guardia con su oz en ambas manos. — Vamos! Acércate… tengo más para ti.
Ten cuidado… ¿sí? — Diría eso con su habitual tono de voz tímido y tan dulce que le daría más confianza a la pelinegra, pero algo andaba mal y esta última no se percataría aun de ello.
Cerbero se lanzó al ataque con su garra restante con un zarpazo que esquivaría la caballero pelinegra saltando hacia arirriba lanzando ráfagas de energía que cortarían varias partes del cuerpo del animal liberándose sustancias que solamente quemarían el suelo que estaba debajo de él, gritando con desesperación usaría sus cabezas para intentar morder con sus dientes a Nico pero cayendo en picada le clavaria la hoja de su guadaña en el centro de una de las cabezas ejerciendo presión comenzando a abrirla hacia los lados. Moviéndose como loco la bestia intentaba bajarla a toda costa, pero en un jalón estrepitoso solo le facilito a la pelinegra romper la cabeza que estaba partiendo en pedazos esparciendo las vísceras y sesos por todos lados. Ahora solamente le faltarían 2 por lo que dio un salto y solo por milímetros la garra lograba impactarla de lleno en su cuerpo lo que posiblemente la tumbaría contra el suelo, corriendo con mucha suerte llego a la segunda usando su arma para rasgar su mandíbula, su nariz, sacándole los ojos hasta que de tanto desangrarse termino cayendo restándole solamente una.
Ya el enemigo estaba tan débil que no le daría ya más resistencia que antes así que viendo un pico sobresaliendo del suelo salto ejerciendo tanta fuerza en el momento de impactar la 3er cabeza que terminaría clavándola del hocico contra ese pilar dándole una muerte segura terminando algo exhausta por el esfuerzo que hizo en acabar con él.
Al fin acabe contigo… maldito animal…. — Pateando lo que quedaba de cerbero empuño nuevamente su arma para ir a donde estaba su amada.
¿Estás bien Nico? — Se acercaba tocándole el rostro, el cuerpo, todo mostrando un gesto preocupado pero atento con su pelinegra.
Si… estoy bien…. Pero tú lo estas ¿No te hizo nada ese maldito de lucifer? — Ahora el turno de ella para ver a Hanayo tomándole por las mejillas, su mirada lucia apagada.
S.. i…. descuida…. Estoy… bi… en…. — En ese momento comenzó a llorar abrazándola al cuerpo de la menor pelinegra llorando de manera agónica y llena de miedo.
Simplemente no podía verla así de triste, se le partía el corazón en miles de pedazos de tan solo escucharla sollozando desconsolada que tan solo pudo abrazarla con mucha ternura acariciando sus cabellos cortos besando su frente, dejando que se desahogara. Entendía perfectamente que debía estar aterrada, asqueada y con ganas de gritar porque ese lugar era demasiado tétrico y eso que solamente estaban en el tercer circulo, simplemente no podría imaginar cómo serían los demás, honestamente no estaba dispuesta ni mucho menos quería averiguarlo por lo cual saldrían de aquí ambas pero el único camino posible para hacerlo era seguir adelante en su camino hacia lo más profundo del infierno pensando que si podía vencer al señor del infierno ambas serian libres de su cautiverio en esa morada de oscuridad, desolación, angustia y eterno dolor. Lo peor de esa situación estaba por venir.
Tomándose de las manos las 2 se adentraron a la oscura cueva pegadas la una de la otra en un camino demasiado angosto en el cual solamente era audible el sonido de agua goteando de posiblemente estalactitas además de unos gruñidos extraños y amenazadores que lentamente se escuchaban más cercanos al tiempo que avanzaban por ese lugar del cual no veían ninguna salida posible pasando un tiempo que pareció eterno para las 2 hasta que finalmente vieron una luz blanca en el fondo y mirándose ambas sonrientes corrieron con suma alegría hasta encontrarse del otro lado.. Sus ojos no podían creer lo que estaban observando.
Era un pequeño pero hermoso jardín de lirios con árboles frondosos con varios frutos en las copas y en el centro de ese hermoso paraíso había una mesa con lo que aparentemente era un banquete, Hanayo daba un paso de repente Nico la detuvo tomándole la muñeca luciendo seria y con desconfianza en su semblante.
¿Qué sucede mi amor? — Curiosa ante la acción de la pelinegra la castaña la miraba a los ojos.
Mi amor… Mi Hanayo… algo aquí no está bien…. Por sentido común, no puede existir un lugar así en esta cloaca de perdición es como jugar una broma de pésimo gusto y no estoy de humor para eso — Analizaba la zona mientras caminaba viendo los árboles, aquella mesa con 2 asientos y el banquete extrañamente preparado.
Nico… jejejee porque piensas que esto puede ser un truco, dime…— Sonrió lo mejor que pudo Hanayo, pero su cuerpo comenzaba a ponerse negro.
Sencillo, este lugar es la prisión de castigo de "Lucifer" — Haría énfasis en lo último para que quedara claro lo que quería decirle
La castaña solamente sonrió y se rio con ternura ante la actitud desconfiada de su mujer, siempre había sido de esa forma, por lo cual no debería sorprenderle para nada, pero por otra parte la pelinegra analizaba exhaustivamente la zona dudando completamente que eso fuera algo que realmente existiera, debía haber un truco y estaba segura de que así era solo quería saber cuál era para no caer en el de una manera tan infantil dándole al enemigo armas para atacarlas. Pero entonces Hanayo se sentó en una de las sillas viendo los platos que habían, un sinfín de frutos, manjares exquisitos de varias partes del mundo, incluso esas bolas de arroz que tanto le gustaban… poca importancia le daba a las palabras de su amor que le advertía que esto era seguro que fuese una trampa comiendo tranquilamente sin suceder nada por el momento.
Al darse cuenta de ello, a regañadientes se sentó en el otro extremo de la mesa para empezar a analizar la comida tomar un trozo de pavo para comerlo, debiendo admitir que tenía un sabor único y demasiado agradable hasta que pasados algunos minutos escucho como su chica se quejaba cayendo al suelo tomándose la garganta con desesperación, con signos de no poder respirar.
¡Mi amor! ¿Qué pasa?! ¡¿Estas bien?! — la pelinegra se acercaba a ella tomándole en brazos mientras la castaña se tomaba el cuello comenzándose a ponerse más y más negro su cuerpo asustándola en demasía a Nico.
Porque…. Porque me dejaste… Morir… yo te amaba…. — Lentamente se volvía una masa sanguinolenta el cuerpo de Hanayo quien lentamente se esparcía por el suelo arrastrándose para volver a surgir como un ente demoniaco y con voz grave — Yo te amaba… Nico… —
Hanayo… yo…. — Su estado de shock fue más que evidente volviendo su dolor en su pecho volviendo a ver imágenes en su mente.
Flash Back
Hogar Yazawa-Koizumi antes de iniciar las cruzadas
Las familias Yazawa y Koizumi, celebraban un suceso que ambas familias las llenaba de júbilo, satisfacción y una inmensa alegría ya que sus hijas mayores, Nico Yazawa la mayor de 3 y Hanayo la única heredera de los Koizumi estaban a pocos meses de unirse en sagrado matrimonio ya que horas antes la pelinegra le pidió su mano en frente de los padres de cada una así que esto merecía un banquete digno de celebrarse. Había risas, sonrisas, felicidad, algunas que otra broma de la vida de casados que hacían avergonzarse a las 2 chicas, pero finalmente todo era completa alegría para todos.
Pasada la media noche, las 2 chicas se habían separado de sus familias para hablar en privado ya que sus respectivos padres ya estaban en estado de ebriedad, sus madres les pidieron a ambas se retirarán, a los hermanos pequeños de la pelinegra se les envió dormir ya que al día siguiente debían ir a la escuela en el monasterio de la entonces monja Rin Hoshizora. Ambas miraban el cielo y las estrellas tomadas de la mano recargando sus cabezas sobre la otra, sonrientes y ansiosas de que el día llegase.
Nico… — Exclamaba la castaña sin dejar de ver el cielo
Si amor… — Viendo las estrellas respondía suavemente
¿Me amas? — Una pregunta que realmente le sacaría de sus pensamientos
Pero qué clase de pregunta es esa… por supuesto…. — La acerco más a su cuerpo abrazándola con ambos brazos acuñándola contra su pecho con ternura.
Aunque coma mucho, posiblemente engorde y me ponga fea… Me… me… seguirías… amando…. — eso ultimo lo menciono en un susurro, pero no pasó desapercibido por la mayor.
Aunque pecaras de gula, incluso si estuvieras condenada a ello, te seguiría amando mi Hanayo.. pero sé que jamás llegarías a cometer ese pecado, porque te mantengo controlada —
Mouh! Eres mala! — Haría un tierno mohín con sus labios enterneciendo a su pelinegra quien solo le tomo de la mejilla con la diestra apoyando su frente con la suya cerrando los ojos.
Te amo Hanayo… lo hare incluso después de la muerte… lo juro por dios — Finalizando sus palabras la beso de manera dulce y tierna uniendo sus cuerpos en un sentimiento puro, sincero volviéndose ambos corazones uno.
Después de esas imágenes, cambiaran a la única vez que ambas pelearon y donde fue capaz de ponerle una mano encima a su castaña, estas consistían en una cena con compañeros de Nico en batalla, su mujer les atendía tranquilamente, pero con el paso del tiempo la pelinegra bebía más y más hasta el grado de perderse en el alcohol. Esto no le agrado a Hanayo que intento convencerla para que se fuera a dormir hasta le pidió a las otros que se retiraran que ya era tarde algo que entendieron perfectamente logrando enfadar a Nico quién en un arrebato le dio una golpiza hasta el punto de dejarle moretones en el la espalda y pecho. Retirándose al comedor para seguir comiendo y bebiendo hasta el amanecer dejando a una triste, lastimada y temerosa castaña en la habitación de ambas.
Fin del Flash Back
El simpe hecho de dejar que la gula le hay nublado el juicio para levantarle la mano a la mujer que amaba sin razón aparente le hizo sentir una profunda culpa, ella quien juro en el altar protegerla, cuidarle, estar en las buenas y en las malas las 2, había roto dicho juramento haciendo que un dolor mucho peor se tornara en su pecho. Las palabras de ese espectro le dolían como no tenía idea, pero aun había una oportunidad de remediar ese error, debía pedir perdón de corazón y con completa honestidad, incluso ante dios debía hacerlo por haber cometido tal falta.
Acercándose a quien creía era su amada, intento disuadirla hablando de manera pacífica.
Mi amor… yo de verdad… te amo y te pido perdón por todas las veces que te haya fallado, incluso de aquella vez que te levante la mano lastimándote…. En mí nunca estuvo hacerlo — Se acercaba con pasos dudosos, pero solo ese ente se enfurecía.
¡¿Ahora pides perdón?! ¡No crees que es muy tarde! — Lanzándose contra Nico la embistió con brutalidad tomándole del cuello, apretándoselo con una fuerza desmedida, aun estando poseída… ella reconocía que era imposible que tuviera tanta fuerza.
Tu… tú no eres Hanayo… donde esta… ¿Dónde está?! — Recriminaba mientras tomaba las muñecas de ese ente que, aunque tuviera su apariencia no era ella.
¡La has condenado a un sufrimiento eterno es tu culpa! — Sonaba demandante haciéndose más grave la voz, hasta el punto de parecer la de un demonio.
Ambas forcejeaban luchando una por matar a la pelinegra y la otra por saber dónde estaba su amada, iniciándose un intercambio de manotazos, golpes que tenían la intención de aturdir a su enemigo, pero este tenía demasiada fuerza a tal extremo que la pelinegra empezó a perder la conciencia logrando a duras penas tomar la guadaña del suelo para levantarla, pero entre más se movía más fuerza imponía sobre ella para matarla pareciendo que hasta llegaría su camino y que quizás no podría salvarla, que ambas estarían condenadas a la soledad y el sufrimiento eterno. A punto de perder la conciencia en sus pensamientos escucho una voz que le imploraba que no se rindiera que la esperaría sin importar cuanto deberían sufrir, pero que su amor era tan puro y honesto que ni el mismo lucifer podría con ese sentimiento porque tenían la bendición de dios en sus manos.
Desesperada completamente la pelinegra levanto su brazo para clavar la punta de la hoja de la guadaña en la yugular de ese ser oscuro mientras comenzaba a desaparecer consumiendo en llamas eternas.
Pro certo Dei tui in loco recipietis iniquitates vestras et perditionis fiat —
Su misión y tormento desgraciadamente aun no terminaban, su camino parecía no tener fin, levantándose del suelo para mirar como entre los arboles unas puertas se abrían mostrando nuevamente aquella lúgubre mazmorra de horrores y penurias, pero antes de siquiera salir escucho otra voz dirigiéndose a ella con burla y arrogancia en cada una de sus palabras.
Esto aún no termina Nico Yazawa…. Jajajaja… ríndete, jamás podrás recuperar a Hanayo… tus dudas y angustias solamente me hacen más fuerte… si crees poder lograr esta odisea te estaré esperando en lo más profundo de Cocytos… y ella —
En ese momento otra voz en son de auxilio le hablo desesperada.
Nico… por favor no te rindas! Yo te amo… y esperare por ti, es una promesa…. —
Después de una carcajada las voces desaparecieron saliendo de aquel lugar estando al otro lado del circulo de la gula, su rostro manifestaba furia, frustración, odio, deseos de venganza llegando junto a Tsubasa quien miraba el siguiente circulo al cual debía acudir la pelinegra. Notando su afligido semblante le dio unas palabras de aliento para que no perdiera la fe o la esperanza que eran las únicas cosas que en este lugar lograrían mantenerla cuerda y en pie.
Tus pruebas serán más fuertes que antes, debes mantenerte firme y no flaquear, tu fuerza de voluntad y buen corazón son tus mejores armas para enfrentar al señor de las tinieblas— La castaña de orbes esmeraldas miraba a la pelinegra carmín tocando su hombro con la diestra.
Lo se…. Bueno continuemos. — Decía ella mientras caminaban a un gran valle montañoso donde había multitudes de personas.
La entrada al siguiente circulo estaba muy cerca pudiendo leer las siglas en latín "Avaritia", sin duda este círculo sería demasiado complicado de transitar ya que en su pasado ese pecado le dejo marcas que ella misma se comprometió a dejar de lado, pero como antes, sus fantasmas volverían para atormentarla ero era 100% seguro.
Continuara….
Nota del autor: Ya he vuelto con esta historia como se lo dije a Takade Junior, aquí dejo este capítulo jajaja, supongo no era lo que esperaban o ¿sí? Dejen sus reviews para decirme que opinan, nos vemos en la próxima actualización
