Los personajes de Gintama no me pertenecen como tampoco lo hace la imagen de cover. Si la historia contiene semejanza con alguna otra, mis disculpas.
Ooc
SoulmatesAU - Gintama High AU
Disfruten la lectura.

Conejos destinados

Escarlata en el destino.


No había ni un cómo ni un porqué, pero todos en el mundo nacían sin poder ver a color, tan repentina condición que se estableció. Leyendas comenzaban diciendo que las almas destinadas a estar juntas al haberse conocido y hablado por primera vez los colores comenzaran a aparecer poco a poco, iniciando con el color de los ojos de tu pareja. Estas personas se les denominaban almas gemelas.

Había historias de almas gemelas que habían prosperado tanto que solo necesitaron un segundo para decidir si pasar su vida completamente junto al otro y declararse firmemente al instante de tan solo conocerse, personas románticas que morirían por aquel sentimiento, enamorados del amor y que corrieron con suerte en la situación.

Pero, habían otras historias de destinados que por mucho que su destino los quisiera juntos nunca pudieron permanecer más de un gran tiempo a su lado, aquellos que tenían una relación con tanta química que al primer desborde asustados corrían de aquella relación.

Los padres de ambos las habían experimentado, Kamui tuvo un buen ejemplo de personas destinadas aquellas que se amaban más de lo que podían, por lo que sabía su padre le echaron de casa por hacer semejante estupidez y fue acogido por la familia de su esposa, donde formaron una hermosa familia hasta que la madre de éste falleció por leucemia, la cual la mantuvo postrada en cama debido a las insistencias y cuidados exhaustivos que tenía su marido con ella, el amor de ambos hizo que su hijo pensase que él era demasiado denso para conocer a su destino.

Kagura por su parte conoció el lado malo de las parejas destinadas, veía a sus padres recurrentemente pelear para luego terminar en apasionados besos, pero cuando las cosas ya no pudieron más Kazuma dejó a su esposa e hija abandonadas valiéndose por ellas mismas. Kōka le enseñó a su hija el maravilloso sentimiento de todo lo que conllevaba tener una pareja sin embargo su hija ya estaba con esa clara imagen de no confiar en nadie más que en ella misma y su madre.

El mundo quedaba embobado cuando ella pegaba una de sus míticas patadas al aire dejando casi noqueado al muchacho que con dificultad lograba ponerse de pie, usaba el típico traje de los estudiantes de allí con el logo que enunciaba "conejo nocturno" en su espalda y su cabello rosa estaba en una coleta alta la cual su destinado le había hecho para no tener problemas.

La furia en sus ojos se veía latente. Al medio día llamaron a la puerta de su departamento y ella como de costumbre fue a abrir encontrándose con la sorpresa más asquerosa que podía ver, el cabello castaño y sus ojos azules estaban igual a lo que recordaba de cuando era más pequeña, alto como de costumbre y un par de arrugas en su cara.

— Kagura… —su cuerpo se erizó al escuchar su voz.

— ¿Qué hace aquí?

— Tu madre pidió verme.

No bastó más y lo hizo pasar pues sabía qué él en ningún momento de su vida había dicho mentiras. Estaba con sus labios apretados y con sus ojos a punto de estallar en lágrimas, pero en ese instante cuando lo iba a echar llegó su madre diciéndole que ella lo había citado para hablar de unas cosas, ella al no poder decir nada asintió con la cabeza y mirando constantemente el teléfono esperando que pasase una media hora rápido para marcharse de allí.

El sonido del timbre volvió a escucharse y ella saltó arisca—. Es Kamui.

Vio como su padre levantaba su ceja poniendo más atención a las palabras de su hija quien corrió a su habitación e inmediatamente salió de allí con un bolsón en los brazos y una chaqueta negra masculina que tenía el bordado de flores de loto en la espalda y su nombre en lo más bajo. Al abrir la puerta se mostró al muchacho recién nombrado quien la saludó con un beso en la mejilla, entró a la casa con una caja en mano y miró sorprendido a quien era nuevo en la sala.

— Buenas tardes Kōka-san, señor —recibió una cálida sonrisa de la mujer y un apretón de manos del hombre.

— ¿A dónde irán? —preguntó amena agradeciendo el obsequio del muchacho.

— Donde Hōsen-san —respondió Kagura a su madre.

— No irás a pelear me imagino.

— Má, es el tío de Kamui si termino dañada el cuidará de mí.

— Estoy acostumbrado a salvarle el culo, no le pasará nada —rio al decir aquello provocando una mala mirada—, bueno, vamos.

— Vuelvo tarde, te amo má —le dijo al despedirse desde la entrada—, adiós Kazuma-san.

No esperó nada para salir de allí y golpear a un árbol cercano, su acompañante solo se dedicó a verla y tomarla de los hombros para dirigirse al dōjo de su tío para darles la golpiza de sus vidas a los contrincantes que irían.

Estaba ya cansada y prácticamente se tiró encima del tatami esperando el fresco del ventilador mientras escuchaba la voz de los dos hombres hablando acerca de cómo partir una sandía y como Hinowa-san conversaba con su hijo acerca de que no debía preocuparse pues era solo un resfriado casual.

Amaba estar allí tanto como le gustaba estar en casa de Sōgo hablando con su hermana, la tía de Kamui era una mujer tan adorable y buena con ella que casi la sentía como tía suya e insistía que le tratase de igual forma, en cambio su esposo siempre humillaba a su sobrino cuando iba ella contándole anécdotas de antaño y como es que su hermana cuidaba de él tan bien que Kankō se ponía celoso. Eran tan diferentes a su pequeña familia pero le entregaban el mismo calor que si estuviese con su amigo de la infancia o el regazo de su madre.

La casa estilo japonés sabía que pertenecía a la familia de su amigo pues por muy delincuente y estudiante de la secundaria Harusame era perteneciente a una familia acomodada que pertenecía al círculo más antiguo de nombres en Japón.

Escuchó la voz de su amigo y se dirigió hasta él que estaba en su habitación con unas rebanadas de fruta, estaba fresca y con poca humedad característica de Tokyo, se tiró a la cama entrando en contacto con su yo interior y sonrió al sentir el jugo dulce de sandía en sus labios.

— ¿Era tu padre? —la sonrisa se esfumo tan repentinamente que quiso haberse tragado las palabras.

— No, yo no tengo papá, ya lo sabes solo mamá y yo.

Negó con la cabeza. Recordó las palabras de la madre de su destinada acerca del padre de ella, y el impacto que dejó en el mundo de su hija quien lo adoraba tanto como si fuese un súper héroe.

Posó sus labios encima del frente de la femenina tratando de calmarla y la abrazó contra si para que se recuperase, ella sin contención se aferró a su cuerpo como si fuese su salvación y comenzó a llorar tan fuerte como pudo tratando de que todo se fuese de dentro de ella. Aquellos miedos que tenía desde pequeña, todo eso de que los hombres eran unos estúpidos Kamui y Sōgo lo expulsaron en su medida.

— Hey —murmuró contra su oído—… no te dejaré sola, nunca, te mostraré que tu destinado le patea tres veces el culo al destinado de tu madre, soy el mejor del mundo, ya sabes —la separó un poco de su lado para mirarla a los ojos—, Yato Kamui a tus servicios, hermosa.

Largo una risa con la cual lo abrazó dándole las gracias y peligrosamente se lanzó a sus labios besándolos con rapidez, tal fue el impacto que él se demoró en reaccionar pero al lograrlo la besó con más intensidad sentándola encima de sus piernas. Ambas manos enterradas en el cabello fundiéndose y el leve jaloneo que entregaba ella con su alargada trenza. No pudieron separarse una vez comenzando y llevaron sus emociones a un paso más allá del que habían tocado en un comienzo, los amigos no hacían eso y lo sabían, pero no necesitaban palabras para entender los sentimientos que estaban teniendo, así que con gran afán y apuro el muchacho bajó su cuello para marcarlo levemente.

Al creer que podían continuar decidieron tomar un respiro para verse las caras y recostarse en la cama pues ya el sueño comenzaba a invadir el cuerpo de Kagura y una buena siesta les sentaría bien pues el día había sido muy agitado.

Estaban frente a frente mirándose como si quisiesen matarse mutuamente pero en ese instante ambos apretándose la mano ninguno cedió, Kōka quiso ir y golpear a su exesposo quien estaba actuando como un idiota al recién introducido novio de su hija, pero Kagura ya estaba en el casi proceso de matar a su progenitor con la mirada.

Kazuma estaba por irse cuando ambos llegaron, la chica estaba en un trance de no querer verlo y con mirada dolida se escondía al lado de su destinado quien hacía de muralla entre el hombre y su hija, la madre de esta trataba de calmar las aguas pero terminó por despedir al hombre haciendo que este se retirara inmediatamente de la casa.

Los tres pasaron a la sala de estar donde estaban sentados sin hablar hasta que Kamui rompió el hielo—. Bueno, me iré.

— No, prefiero que también escuches Kamui-kun —ambos se llevaron la sorpresa pues no pensaron en ningún momento que quisiera compartir esto más que con su hija—, Kazuma-san vino pues quería compartirle como estabas y que ya habías encontrado a tu destinado.

— ¿Qué tiene que ver con que haya conocido a mi destinado?

— Que es tu padre… y debe aceptar a la persona con la que debes de estar, o mínimamente encontrarse con él en algún momento de tu iniciada relación —la miró con sinceridad tratando de encontrar a su pequeña hija.

— Mami, sigues enamorada de él, no puedes hacerte esto, aunque sea por mi bien.

— Mi niña —le sonrió levemente—, no quiero que lo odies por lo que me hizo, es tu padre y en ningún momento quiso alejarse de ti, pero era necesario pues nuestro lazo es más grande y eres como un amplificador de éste, si él venía a verte comenzaría a caer en el vicio nuevamente de querer estar conmigo por simplemente ser mi destinado.

— Está bien —asintió—, ahora entiendo la fuerza del lazo, me encontraré con él.

Con una sonrisa en los labios Kōka salió de la habitación dejando a los dos chicos solos.

Kagura casi tambaleante enterró sus uñas en sus piernas que estaban cubiertas por unos pantalones, rápidamente el brazo de Kamui la rodeo apretándola a él haciéndole saber que no estaba sola, ni lo estaría.

A veces el lazo era tan fuerte desde tan temprana edad y podía hacer saber cosas al otro por mero contacto con su cuerpo, ahora los dos entendían cosas que se planteaban pocas veces en la sociedad, y sabían que estarían apoyándose para superar los miedos que tenía la chica en su mente, él le enseñaría que sería el único hombre en su vida que le haría llorar de ahora en adelante, y no por pena sino por felicidad.

Pues ella le enseñó en ese corto periodo que duró su amistad que habían maneras diferentes de demostrar sus sentimientos aparte de estampar sus puños en las personas.


Hoy creo que es un buen día, y tengo la esperanza de que mañana también lo será, bueno, último capítulo de este maravilloso fanfic que han querido bien poco he de decir, pero mi amor lo tiene eterno pues digamos que nunca creí hacer fanfic algo largo como lo es éste. No digo que se acabe pero no sé cuando subiré algunos extras que tengo por allí guardados. Nos leemos en una siguiente publicación, se cuidan. Maddo Onna-san. No olviden su review.