Disclaimer: nada de esto es mío.


20th Century Boys

Capitán -Yoshitsune-

Él no ha pedido esto. Él no ha pedido tenerles a todos bajo su mando, tomar decisiones importantes. No le gusta dar discursos; siempre acaba llorando. Y, sin embargo, todos le saludan y sonríen, y le llaman capitán, y hay veces en que Yoshitsune querría gritar de frustración y de miedo. No sirve para nada de esto, no sirve. Tendrían que ser los demás, Kenji o quizás Otcho, quienes los lideraran a todos. Sería mucho más fácil, más natural. Yoshitsune no ha nacido para hacer de líder.

Cada mañana se mira al espejo durante unos minutos; el hombrecillo que le devuelve la mirada tiene los ojos pequeños, y es tímido y apocado y confundió un pedido de cuatro con uno de mil cartuchos. Un hombre así no puede liderar una revolución, no puede acabar con un régimen, se dice. Luego se echa agua en la cara, y piensa en los otros. Sus amigos. Piensa en que todo esto es sólo provisional, sólo hasta que vuelvan, hasta que aparezca alguno. Kenji. Otcho. Yukiji, incluso. A Yukiji le cedería el mando encantado; ella los llevaría a todos a la victoria.

Sabe que no será así, por supuesto. Sabe que, se mire por donde se mire, están muertos, o perdidos, o han dejado de luchar, simplemente. Es como cuando eran niños, en el verano del setenta y uno. No recuerda qué fue lo que hizo entonces. Quizás esperar.

Al salir de su cuarto, al entrar de lleno en la base secreta –una que es quizás un poco mejor que la que tenían de niños-, Yoshitsune recorre a sus compañeros con la mirada, uno por uno. Los conoce a todos por sus nombres, y sabe que son gente valiente, luchadores que sólo buscan un mundo mejor, distinto. Le gustaría saber jalearlos, animarles e instarles a la batalla; sólo le salen palabras flojas, estupideces risibles, patéticas. Recuerda los discursos de Kenji, cuando eran niños, frases sueltas sin mucho sentido. Se reía mucho, entonces; era tan gracioso ver a su amigo en apuros.

Ahora entiende un poco cómo se sentía entonces, el Kenji niño, con tantas palabras delante para escoger.

Y aún así le aplauden, sus chicos. Aún así le gritan ¡Sí, mi capitán! y sonríen y le vitorean, y a Yoshitsune se le hace un nudo en la garganta. Dependen de él, le guste o no. El mundo entero depende de él, hasta que vuelvan los demás. Es como ese verano, ese verano que no recuerda, y él sigue siendo el niño que construye poco a poco una nueva base secreta, y les espera. A Kenji, a Otcho, a Maruo. Seré el capitán hasta que vuelvan, dice.

Ellos no volvieron nunca.


Danny