¡Al fin! La cuarta entrega de esta serie. Disculpan la horrible demora, pero mi musa habia sido secuestrada, pero reaparecio recientemente…y de forma inesperada.
Lo de siempre, Las chicas son de Naoko, la historia mia.
A los lectores, gracias por los comentarios. Los flames, arena para la cajeta de mis gatos.
Dedicada a los románticos sin remedio.
Battle On!
Haruka Warrior.
Capítulo 4: La Propuesta.
El amor es un misterio. Todo en él son fenómenos a cual más inéxplicable; todo en él es ilógico, todo en él es vaguedad y absurdo.- Gustavo Adolfo Bécquer
Haruka se miró rápidamente por el retrovisor. Sus ojos verdes estaban resplandecientes. Movió su cabeza de un lado al otro, se ajustó la corbata, y se pasó su mano derecha entre sus cabellos dorados.
"La vanidad es un pecado capital" Dijo Michiru con voz burlona, al mismo tiempo en que se miraba en el espejo de su polvera.
"Un pecado capital que evidentemente las dos compartimos" Le respondió Haruka.
La ninfa de ojos azules retiró su mirada de la polvera e hizo gesto de indignación. Pero Haruka solo le guiñó un ojo, se acercó a ella y le plantó un fugaz beso en los labios.
Se alejó un poco del rostro de su amada, y en voz baja le dijo "Vamos a bajarnos Michi, que estamos a tiempo".
Haruka la miró a los ojos y sonrió. Se desabrochó el cinturón de seguridad, quitó la llave y se disponía a bajar, pero mientras salía murmuró "Si el precio de tu belleza es pecado, me voy al infierno contigo". Y se bajó del auto para abrirle la puerta a la senshi de los mares.
"Dramática", murmuró por su lado Michiru. Pero sin poder quitarse de su rostro una pequeña risa de satisfacción. Nunca pensó que alguien le diría esas cosas. Se miró por última vez y guardó la polvera en su pequeña cartera. Inmediatamente su puerta se abrió y su galante senshi de Urano la esperaba sonriente.
Haruka le ofreció su mano izquierda. Desde el asiento, la princesa de neptuno le regaló una coqueta sonrisa. Y como toda una noble, sacó primero su pierna izquierda, luego la derecha , con una de sus manos se acomodó el vestido y con la otra tomó la mano de Haruka y se levantó del asiento.
Quedó tan cerca del cuerpo de su amante, que podía sentir su respiración, el olor de su perfume y la esencia de su piel. A pesar de usar tacones altos, su menuda figura solo le alcanzaba para que su rostro quedara a nivel de los hombros de la rubia, de manera que alzó la vista, y todavía con esa sonrisa muy propia de ella le dijo "Arigato".
Haruka le respondió con un moviminiento de su cabeza. Con su mano libre cerró la puerta y se colocó el estilizado antebrazo de Michiru entrelazado con el suyo.
El chico del Valet parking los miraba con los ojos desorbitados. No todos los días una pareja tan hermosa se asomaba por ese lugar, y no solo eso, sino que se trataba de celebridades.
Y era cierto. Ambas iban vestidas de negro. Michiru con aquel vestido negro intoxicante que dejó estupefacta a la apuesta guerrera de Urano cuando la fue a buscar a su casa, su juego de diamantes, la cascada de su cabello, la perfección de su rostro y su cuerpo. Haruka, vistiendo un tuxedo negro, cuya talla era perfecta, de manera que no ocultaba totalmente su figura femenina, dándole esa apariencia andrógena que es muy atractiva; llevaba además una camisa blanca reluciente, su cabello dorado estaba impecable.
Haruka miró rápidamente su reloj. '7 y media', 'excelente', pensó.
El valet se acercó a ambas, recibiéndolas con un cordial saludo y ofreciéndose para estacionar el lujoso Ferrari blanco de Haruka.
Haruka le entregó las llaves de su auto, no sin darle primero una mirada de hielo. El muchacho tragó en seco, tomó las llaves y se subió al Ferrari.
Michiru no pudo evitar reírse de la actitud de su amada.
"Ara Ruka, creo que te preocupas mas por ese auto que por mi", dijo en voz juguetón la senshi de neptuno.
Haruka la miró de reojo mientras seguían caminando hacia la entrada del lugar, sonriendo por el comentario lanzado al aire por su compañera. "Tonterias", murmuró.
Michiru sonrió y alejó su mirada de su amante por un instante. Quería llenarse de sus alrededores.
Hace poco había dejado de llover y en el ambiente se respiraba el aroma de hierba mojada, cuando la brisa soplaba y jugaba con sus largos cabellos, traía consigo el sabor del mar a sus labios e incluso podía sentir el salitre en su boca.
La ninfa cerró sus ojos, dejando que su cuerpo se impregnara de esas sensaciones, y agudizó su oído para así escuchar el rugir de las olas al chocar con la orilla, el suave sonido de algunas gaviotas que aún no se decidían a dormir, el sonido rítmico de los botes que se encontraban en la orilla con el vaivén de las olas.
A pesar de estar caminando sobre un camino de madera, podía sentir la arena bajo sus pies, sentía como el mar la llamaba, invitándola a que se olvidara de su vestimenta, sus zapatos y sus joyas, que se despojara de todo y se lanzara a nadar y perderse en las profundidades y ser uno.
La ninfa abrió sus hermosos ojos y se enfocó en su acompañante. Se quedó observándola mientras hablaba con un hombre que parecía ser el anfitrión del lugar. Miraba la contextura de su rostro, las líneas de su boca, su gentil pero feroz mirada, el desorden de sus cabellos, los remolinos dorados que caían tímidamente en su nuca.
Michiru soltó un poco su brazo para alejarse un poquito más y observarla desde una relativa perspectiva. Y es que, nunca se cansaba de admirarla, simplemente se llenaba toda de ella, quizás era la rebeldía e independencia que toda su persona manifestaba, quilas era la forma en como la miraba o el tono de su voz cuando decía su nombre, son tantas cosas que nadie le había hecho sentir, que no se imaginaba su vida sin aquella rubia.
Haruka terminó de finiquitar unos asuntos con el anfitrión. Dirigió su mirada hacia Michiru y se encontró que esta la estaba mirando intensamente.
Al darse cuenta de la situación la ninfa se ruborizó un poco, le quitó la mirada y se distrajo un rato con una estrella que tiritaba a lo lejos en el cielo.
Haruka se limitó a no decir nada y solo sonrió para dentro de ella. La acercó hacia si y la miró a los ojos. "Vamos Michi, espero que te agrade este lugar".
Se encontraban en un puerto de la Bahia de Tokyo, y estaban a punto de abordar a uno de los yates de lujo que tienen un recorrido a través de la costa.
Las senshis subieron a bordo donde fueron recibidas por el capitán y algunos asistentes. El lugar de abordaje se encontraba finamente decorado con alfombras, rematados de color dorados en las paredes, y luces tenues que iluminaban el ambiente.
Al pasar la entrada una azafata les indicó el camino hacia el lugar que había sido reservado. Subieron una escalera y llegaron a la cubierta. Habían unas cuantas parejas y uno que otro individuo solitario que se encontraba tomando cerca de la borda. En el centro del lugar habían unas cuantas mesas, cerca de ellas se encontraba una pequeña tarima con un piano y una orquesta.
La azafata las llevó a una mesa apartada, desde la cual había una vista espectacular hacia el horizonte. La mesa tenia un mantel rojo vino largo, decorada en el centro por una humilde vela. Al lado una hielera de plata, con un poco de hielo dentro, dentro resaltaba una botella de vino Chateau Lafite Rothschild Pauillac de 1805, afuera un pequeño cartel, firmado por el capitán, decía: "Cortesía de la casa, para Kaioh y Tenou".
Inmediatamente Haruka movió una de las sillas para que su amante se sentara y luego se dispuso a sentarse en frente de ella.
Ambas se miraron y sonrieron. En ese momento, un mesero se acercó para darles la bienvenida y les acercó un menú a cada una, para luego alejarse.
La velada continuó sin nada fuera de lo común. Comieron las entradas, luego el plato principal, vino, e incluso postre; la música en vivo sonaba en el fondo; el ruido de las olas al chocar contra el barco susurraba a lo lejos. Incluso el ir y venir del personal y los otros tripulantes era lo esperado.
Entre la tranquilidad y sensualidad del ambiente, y rompiendo el silencio complaciente que habia en la mesa, Haruka se levantó de su silla y extendió una de sus elegantes manos hacia su amante.
"¿Me concedes este pieza Michiru?" Dijo con voz galante la senshi de Urano
Michiru sonriente, tomo su mano y se dirigieron a la pista de baile. Ambas comenzaron a danzar al ritmo de una dulce melodía, con el sonido del mar en el fondo y uno que otro murmullo de los presentes que observaban la escena.
Haruka tenía sus dos manos sobre la cintura de la senshi de neptuno, aproximando su cuerpo contra el de ella. Michiru posaba sus manos delicadamente el cuello de la princesa de Urano, elevando un poco su rostro mientras Haruka bajaba el suyo, de manera que podían sentir ambas sus respiraciones.
Haruka inhalaba el dulce aroma de los cabellos de la princesa de Neptuno; un olor dulce, mezclado con un tenue salitre marino. Sus manos sentían cada movimiento de la cadera de Michiru, y debajo de sus dedos sentía la textura de la tela que separa sus pieles.
Haruka apretó un poco más sus cuerpos. Michiru dejó escapar un suspiro de satisfacción. Ambas cerraron sus ojos y se dejaron llevar por la sensación del movimiento creado por sus cuerpos, el torbellino de sonidos y la intoxicante mezcla de olores que se percibían en el ambiente.
Era una danza lenta, hipnotizante, siendo la luna su única luz. Nadie mas existía en su mundo, solo eran ellas dos, juntas, mezclándose, uniéndose, dejándose llevar por la armonia de sus cuerpos.
Haruka bajó un poco mas su rostro, acercando sus labios al oído de Michiru. Tenía que decirlo, este era el momento.
"Michiru"- le susurró Haruka al oído. Michiru se disponía a alzar su cabeza para mirarla a los ojos. "No, solo quiero que me escuches". Le suspiró rápidamente
Los ojos de Michiru reflejaban curiosidad, pero al sentir el compás tranquilizante de los latidos del corazón de su amada, cerró sus ojos y relajó su cuerpo. "Te escucho amor".
La música seguía sonando en el fondo, el barco continuaba deslizándose por la bahía, y la brisa del mar jugaba con las cabelleras de las guerreras.
Haruka, respiró hondo, sintiendo que su corazón saltaba un poco, apretó un poco sus labios y comenzó a pronunciar dulcemente su confesión de amor.
"Desde la primera vez que te vi, aquella tarde, nunca pude sacarte de mi mente. Desde ese instante te grabaste en mi memoria y cambiaste mi existencia."
"Sin ti, la vida no significa nada. Los días se convierten en un abismo, el tiempo se hace eterno…"
Michiru dejó de escuchar todos los sonidos a su alrededor, sentía el corazón apretado y que latía rápidamente, solo escuchaba la voz de la princesa de Urano.
La brisa del mar sacudió un poco el vestido de la ninfa y desordenó los mechones rubios de Haruka, como dandole valor a la senshi de los vientos de seguir.
Haruka continuó hablando al oído de la ninfa. Su voz era trémula y delicada.
"Quiero…quiero pasar mis días contigo, saber que cada mañana que me levanto, lo primero que vea sean tu ojos, que el primer sonido que escuche sea tu melodiosa voz. Quiero envejecer a tu lado, poder llevarte de la mano en lo que queda de nuestras vidas, y que, al pasar los años, pueda contar cada uno de los cabellos blancos que el tiempo ponga en tu hermosa cabellera aguamarina."
La música cesó y ambas quedaron estáticas en el centro de la pista, solo se escuchaba la respiración de ambas y el sonido de las olas que chocaba contra el barco.
"Quiero pasar mi vida contigo, tenerte entre mis brazos todas la noches y poder guardar tus sueños, protegerte mientras duermes, ser tu guardián y compañía"
Michiru elevó su rostro y miró directamente los ojos verde selva de su amada. "Haruka…".
"sh…" Dijo Haruka, mientras silenciaba a la senshi de neptuno con sus propios labios. Fue un beso corto, fugaz y tierno.
La rubia apartó tan solo un poco sus labios de los de Michiru, inclinándose para que su rostro chocara contra el de ella, sintiendo sus respiraciones.
"Quiero seguir compartiendo ese mundo mágico, el cual lo habitamos solo tu y yo; seguir con esas miradas cómplices, pasar el restos de mis días besando tus labios, tu cuello, tus hombros, tu espalda, tus muslos. Pero no solo como tu amante..."
Michiru colocó sus manos sobre el pecho de Haruka. Su rostro dibujó una sonrisa. Haruka sonrió también. Su voz era mas clara, mas firme, llena ce convicción.
"Ya yo pasé esa etapa de darte rosas, chocolates, regalos y frases bonitas; lo único que me falta entregarte es mi corazón."
Tomando el rostro de su amada entre sus manos de pianista, perdiéndose en aquellos ojos azules profundos, respiró profundo y continuó.
"Yo simplemente estoy parada aquí, esta noche, enfrente tuyo con mi alma y corazón completamente desnudos, diciéndote, aquí estoy… quiero hacer una vida contigo…"
Michiru alejó su mirada un instante, sus mejillas estaban coloreadas de un rojo intenso y de sus ojos un par de lagrimas querían escaparse. La rubia secó aquellas gotas necias con sus pulgares y acarició suavemente una de sus mejillas.
"Michiru, quiero que mires a mis ojos, y que veas a través de ellos mi alma, mi sinceridad, mi mas profunda amistad que tengo por ti, el mas sincero amor que jamás te han proclamado, el deseo mas insaciable que ha durado por ti y la mas grande verdad de tu vida…Yo estoy grabada en tu ser, tanto como tu estas en el mío….y…yo… yo te amo"
Haruka tomó nuevamente las manos de violinista de la ninfa entre las suyas, las acercó a sus labios y les dio un beso a cada una de ellas, y sonrió.
"Michiru…" ambas se miraron. La ninfa de neptuno contuvo el aliento, la brisa marina dejó de sentirse hasta incluso que el movimiento del barco cesó.
Haruka, sin soltarle las manos, se arrodilló y dejó que de sus labios se escapara aquella pregunta necia, que pretendía materializar un sueño.
"¿Quieres casarte conmigo?"
La hermosa mujer de cabellos aquas quedó en silencio absoluto. Sus ojos destellaban con un azul brillante, sus mejillas estaban encendidas y su corazón latía dentro de su pecho como su estuviera a punto de reventar. Su mente era una vorágine de ideas y su alma rebosaba de felicidad; al fin, la mujer que amaba declaraba su amor hacia ella y le proponía matrimonio.
Pero al darse cuenta que la senshi de Urano se estaba poniendo azul por su silencio, se dio cuenta que debía dar su respuesta rápidamente.
"Ruka…."
'¡Shimata!, No me ha dicho que si…Oh Dios…no puede ser…no, no, no…"
El rostro de la rubia se tornó pálido y sus ojos se comenzaron a llenar de lágrimas. Se levantó de un tirón, y comenzó a decir algo nerviosamente mientras miraba a su alrededor a todas las personas que observaban el espectáculo.
"Michiru, yo…eh…creo que…" dijo torpemente la rubia mientras se tocaba la corbata.
Michiru solo sonreía y la miraba sorprendida, y no pudo evitar reírse ante la reacción de su amada. "Baka" y se abalanzó a sus brazos, atrapando sus labios en un beso apasionado.
"nani?" Dijo una muy confundida y abrumada Haruka.
"Claro que me quiero casar contigo Ruka" Michiru tomó el rostro de la senshi de los cielos entre sus manos "Yo te amo con toda mi alma y quiero vivir el resto de mi vida contigo, y ser tuya únicamente".
"Dios, ¡Michiru!" dijo con júbilo la rubia mientras la alzaba con sus poderosos brazos, para luego ambas fundirse en un beso.
La tripulación del barco comenzó a aplaudir y a silbar a la joven pareja que acaba de comprometerse. La música comenzó a sonar y el ambiente de fiesta de alzó entre las personas presentes.
Las senshis se miraron nuevamente. "Bueno, ahora solo queda organizar la boda" Dijo Haruka.
"Claro que si mi amor…pero en este momento no pensemos en eso…", dijo Michiru con voz seductora mientras arqueaba una de sus cejas "…mejor…" , arreglando la corbata de su apuesta rubia "…vamos a consumar nuestro amor".
Y sin decir mas nada agarró de la mano a la senshi de Urano, dejaron la pista de baile y descendieron a los cuartos. Afuera de uno de ellos se leía un letrero 'Reservado'.
Michiru introdujo una llave y abrió la puerta. Agarró a la rubia por uno de sus brazos y la tiró a la cama.
"¿Qué demoni… Michiruuuu?" Dijo la rubia, totalmente confundida.
"No preguntes y hagamos el amor" Dijo la princesa de Neptuno mientras se despojaba de sus ropas.
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