Los personajes de esta historia no me pertenecen, son propiedad de Disney.


Junto a Elsa había conocido muchas cosas nuevas, ella sabía tanto de su reino como yo del mío, era una persona que le encantaba leer y conocer más y más de lo que la vida le tenía para mostrar, era tan impresionable que un sencillo viento que lleva las miles de esporas de los dientes de león le parecía la cosa más fascinante en ese instante. Elsa no era una chica a la cual vi actuar como debería actuar un muchacho, puede que vista con ropas de caballero y que sepa la mayoría de las prácticas que ellos conocen a lo largo de su preparación, ella en realidad era una mujer delicada, con un tono de voz calmado, nada comparable al tono fuerte de un hombre. Elsa tenía una manera tan noble y tierna de tomar mi mano al caminar, sin esforzarse de no hacerme daño si no mide su fuerza, a ella le gusta la música y la pintura, era excelente en las tareas de una doncella, sabe bailar con gracia, cantar con ritmo y armonía, incluso podría decir que su costura es mucho mejor que la mía.

Elsa es una mujer que le gusta contar historias y cantar baladas mientras me quedo dormida en el despacho y ella me observa con cautela sentada a mi lado, con ella vuelvo estar en tranquilidad y en confianza a todas horas, vuelvo a sonreír con ganas de despertar todos los días para volver a verla tras mi puerta esperando para darme los buenos días.

El pensar en ella, en el día en que por fin pueda recibir esos buenos días desde la cama me hace estremecer, pensar en cómo podría complacerla me intriga mucho, pero no me daba miedo vivir esa nueva experiencia a su lado.

La fecha de nuestra boda fue dada, sería el mismo día en que cumpliera dieciocho años. Esa fecha sería dentro de dos semanas así que todos estaban ocupados día y noche haciendo los preparativos para dicho día. Mandando cartas a los otros reinos invitados, familiares, mercantiles, etc. Arendelle era pequeño, pero era bien conocido que sus socios comerciales eran los más estables y que había forjado amistades fuertes, por lo que este evento iba a ser recordado por muchos años tanto en lugares cercanos como lejanos.

Todos podían ver el inmenso amor que Elsa desbordaba por los ojos, mis padres estaban contentos de haber hecho esta unión debido a que lo que más querían en la vida era verme feliz, y ahora lo era, infinitamente feliz con ella.

Faltando una semana para que la boda se realizara mis padres y mis suegros realizaron un viaje hacía un pequeño poblado a dos días del reino, así que tomando en cuenta, el tiempo de ida, el día de negociación y el regreso estarían a tiempo para la celebración y hacer los últimos ajustes correspondientes.

Ese tiempo lo iba a aprovechar para estar todavía más cerca de Elsa, íntimamente hablando, estaba segura de que las nuevas sensaciones que tenía eran por el descubrimiento de la sexualidad y no quería perder más tiempo para poner en práctica muchas cosas. No era realmente conocedora de esos temas, lo único que sabía era basado en anécdotas que se cuentan en el pueblo y por libros, siendo estos generalmente de relaciones entre hombre y mujer, pero eso no iba a impedirme conocer a la mujer que iba a ser mi esposa.

Elsa era muy respetuosa pero sabía que en cada beso deseaba sentir más tanto como yo. Fuera del castillo o en cenas familiares y socios Elsa siempre vestía con su elegante traje pero cuando estábamos las dos solas se deshacía de el y sólo se quedaba con una camisa de lana sencilla que me permitía apreciar encantada su figura, las hermosas curvas su cuerpo, su pequeña cintura y aquellos grandes y perfectos senos. Mis pechos son de tamaño normal, me siento bien con ellos pero los de Elsa... eran una tentación que me moría por descubrir.

Algunas veces que nos quedábamos solas en el despacho nos tumbábamos muy cerca la una de la otra enfrente de la chimenea a hablar de nuestras cosas o a escuchar las maravillosas historias que Elsa tenía para contar y entre platicas me incorporaba y comenzaba a besarla, ella me corresponde con paciencia, dejándome a mí llevar las riendas de aquello, pero siempre en el momento que comienzan a ponerse las cosas más enserio, en donde mis manos intentar hacen un recorrido por su cuerpo ella para en seco y se excusa con que alguien entrará y nos verá.

Ahora tenía casi una semana para hacer con ella lo que quisiera sin que nadie pudiera interrumpir.

Los primeros días sólo buscaba tentarla, besándola furtivamente, en sus mejillas, en los labios, su blanco y delicioso cuello, arrinconarla en algunos pasillos, en lugares oscuros, besarla dejándola con ganas de más, jugando con ella mientras la dejaba tocar, sentir mi cuerpo intencionalmente cada día un poco más. Iba despacio para que no sospechara de lo que tenía planeado para finales de la semana.

La última noche antes de que nuestros padres volvieran, me escabullí a su habitación y entré con la excusa de sólo querer dormir con mi futura esposa, no fue difícil convencer a Elsa ya que a pesar de ser casi cuatro años más grande que yo tenía una inocencia con la cual le podría robar un beso haciéndole creer que solo quería saber de qué sabor había sido el jugo que tomó en el desayuno.

Elsa es inocente pero estaba segura que sólo necesitaba un empujón para que las cosas tomaran su curso.

Mientras ella dormía con unos pantalones holgados a media rodilla y su camisa habitual de lana, yo llevaba un camisón corto. Me recosté en su cama y quedé encantada, todo lo que había en ella estaba impregnado de su delicioso aroma, sus sábanas, las almohadas, todo a su alrededor tenía ese delicado olor a hierbabuena que me encantaba. Elsa apagó todas las velas que conformaban aquel ambiente cálido dejando solamente la del buró de su lado.

Nos recostamos mientras veíamos el rostro de la otra fijamente, comencé a pasar mi mano sobre su delicado rostro, delineando cada facción de él, tocando su frente, delineando sus cejas, tocando sus sonrojadas mejillas, su preciosa nariz fría y finalizando con sus labios delgados y suaves, sin palabra alguna me acerqué a ellos y comencé a masajearlos con los míos suavemente.

Elsa respondió a mis cariños al mismo tiempo y con la misma necesidad. Estaba segura que esta noche las cosas serían diferentes con respecto a nuestra intimidad.

Conforme nuestro beso iba subiendo su intensidad yo iba acercando mi cuerpo cada vez más al suyo, Elsa me correspondía como lo hacía habitualmente, incluso podría sentir un poco de más soltura, pero en el momento en que me coloqué sobre ella fue cuando comenzó a mostrar un poco de resistencia, como eso ya lo tenía previsto no hice caso a sus pequeños jadeos para que me apartara y seguí con lo mío.

- Anna, no –decía entre besos – No deberíamos e-estar haciendo e-esto…

- Tranquila, nadie tiene que saberlo –sabía que no podíamos hacer el acto completo, algo me decía que Elsa era un poco tradicional y le encantaría esperar hasta después de la boda, pero eso no significa que no pudiéramos tener algo un poco más íntimo que nuestros ya habituales besos acalorados.

- Anna, quiero e-es-sperar hasta la boda –decía tratando de evitar que mis manos comenzaran a tocarla de lleno.

- Sé que no vamos a hacerlo, pero no sabes lo mucho que me he contenido estos días para poder tener un poco de ti a solas sin que nadie nos pueda interrumpir.

Con la mano libre que no cubría ya la parte superior de su cuerpo, comencé a bajar lentamente, incluso sin tocarla en sus totalidad para que no sintiera mis caricias tan bruscas, fui recorriendo su abdomen, bajando con lentitud, sintiendo con cada centímetro como su cuerpo se iba tensando, pero yo estando decidida a hacer que se tranquilizara ya que llegara a mi objetivo.

Pero algo pasó, algo que no hubiera imaginado jamás. Mientras mi mano iba abarcando más terreno, esperando sentir algo similar a lo que yo sentía cuando tocaba mi propio cuerpo, fue que se encontró con algo que no era para nada similar, a través de la ropa se sentía caliente y muy duro, era algo que imaginaria tocar si se tratara de un chico con quien estuviese. Rápidamente aparté mi mano en el momento en el que Elsa gritó mi nombre con un tono de voz muy diferente al anterior.

Estaba aterrada.

Vi cómo se iba a levantar de la cama y posiblemente irse, pero logré sujetar su mano antes de que eso pasara, así que sólo logró incorporarse y sentarse en una esquina de la cama dándome la espalda.

Pasaron muchos minutos donde nadie dijo nada, yo estaba confundida y no sabía qué pensar, era algo que no tenía explicación en mi cabeza, había visto a Elsa, había convivido con ella poco más de tres meses, incluso había inspeccionado su cuerpo mil veces sobre su ropa y ahora que le daba vueltas a ello en mi cabeza el resultado era siempre el mismo. Elsa era una mujer hermosa, pero una mujer a mis ojos, pero eso que había tocado hace unos minutos no era algo que conociera pudiera tener una.

El silencio se hizo eterno, pero en parte entendía cómo podía estarse sintiendo. Así que esperé pacientemente a que dijera algo.

Luego de algunos minutos más rompió el silencio.

- Lo siento mucho, Anna –se escuchaba su voz entrecortada con mucho pesar –, yo sabía que no podía esconder esto para siempre, sabía que debía decírtelo hace mucho pero cada que lo intentaba el miedo se apoderaba de mí. Tenía miedo a tu definitivo rechazo y mientras más pasaban los días más difícil se hacía esto, ya no quería separarme de ti… Incluso me había mentalizado a que el día que llegases a descubrirlo, ofrecerte seguir siendo mi esposa y si sentías asco por mí, estaba bien si solamente fuéramos compañeras, te hubiera dejado estar con alguien más si así querías pero con la única condición de seguir estando casadas para que nadie supiera este horrible secreto y que nuestras familias y reinos no tuvieran posibles conflictos a futuro, te hubiera rogado todo el tiempo necesario para que aceptaras esa propuesta aceptando cualquier condición de tu parte.

- No entiendo, Elsa, explícame, ¿Qué es eso que sentí y porqué quieres que esté con otras personas? ¿qué pasa?

- No quiero que estés con otras personas, Anna, pero al descubrir que tenía esto, yo estaba segura que no querrías volver a plantearte la idea de siquiera tomar mi mano.

- Y qué es lo que descubrí, dímelo – Exigí ya sin aguantar tanta incertidumbre

- Anna… yo... –noté como le costaba mucho soltar las palabras y quise acercarme para reconfortarla – No… -me pidió – Anna… -respiró hondo –, yo estuve en un orfanato desde pequeña no porque mis padres hayan muerto o porque no tuvieran los recursos para cuidarme, yo estuve ahí porque a mí me abandonaron a mi suerte desde que notaron que había algo que no estaba bien en mí. La monja encargada de aquel sitio me encontró sola en las afueras de la ciudad diez días después de que mis padres biológicos me abandonaran, hubiera muerto de sed e inanición si no fuera que ella decidió dar una ronda extra esa noche buscando niños que pudiesen haber huido de casa o hubieran sido abandonados como yo. ¿Pero por qué me abandonaron? Por que nací con algo que una niña no debería tener... Siempre se supo que era una niña, afortunada o desafortunadamente, ya ni siquiera sabía que pensar, desde pequeña tuve rasgos muy distintivos y era obvio que era una señorita, los niños del orfanato no querían acercarse a mí porque tenían miedo de lo que era, eso daba hincapié a que supiera que nunca iba a ser adoptada por nadie, la única persona que me daba apoyo moral y me quería era esa monja que me había encontrado, mostrando un amor incondicional por todos sus niños. La idea de llevarme a un médico para saber lo que era mi condición fue muy cuestionada pero al final nunca se ponía en práctica porque podía ser transferida como un animal a ser partícipe de miles de estudios crueles para saber qué es lo que tenía o porque sencillamente el orfanato no contaba con los fondos para ello. Después de los once, mis senos comenzaron aparecer junto con esas molestas erecciones que sólo hacían más que confundir e incomodar a cualquiera que tenía el más mínimo interés de acercarse a conocerme, ya había dado todo por perdido y abrazando la soledad que posiblemente me acompañaría toda la vida, pero un día, llegaron mis padres adoptivos y desde entonces todo fue muy diferente, ellos me aceptaron con los brazos abiertos, supieron lo de mi condición y no les pareció algo aberrante como todo el mundo me hacía ver, al tener ellos los medios, fui llevada con innumerables médicos de la familia que pudieran mantener el secreto oculto, pero todos daban el mismo veredicto, no había diagnóstico alguno ya que era algo que no se había visto nunca, una mujer con órganos reproductores masculinos… – paró unos segundos para seguir narrando con más calma – Tras muchos diagnósticos y pocas esperanzas, me hice a la idea de que era momento de aceptar esto y aprender a vivir con ello, porque parte de las pruebas siempre fueron ver si mi pene funcionaba como el de un muchacho normal y este no hacía de la simple tarea de realizar mis necesidades fisiológicas algo complicado, al corroborar que todo eso fuera "normal", como sabes, a mí me criaron para conocer los dos mundos, sé de cosas de caballeros como lo delicado de las actividades femeninas, y cuando fui notificada de que había la posibilidad de unir mi vida a una dama mi corazón no pudo estar más feliz –volví a escuchar como lloraba por lo bajo – ¿Recuerdas que te dije que como tú había replicado cuando me lo notificaron?

- Sí

- Pues no fue por que no quisiera casarme contigo… Yo sabía que cuando supieras lo malo que había en mí me rechazarías sin pensarlo dos veces. ¿Quién, aparte de que le condicionan a una mujer, va a aceptar además una mujer con pene? ¿En qué mundo eso podía ser posible?

- En mi mundo… –desde que comencé a escucharla decir esas horribles palabras sobre su persona, sabía que Elsa era la mejor persona que pudiera haber conocido, no porque fuera capaz de pisotear su propia existencia por mí y con ello sentirme ahora importante, para nada, lo supe porque era capaz de ver por alguien, por lo que pudiera molestarle o no aún sin siquiera haberle conocido, porque su corazón era tan noble de pensar en lo que a alguien le fuese a disgustar a pesar de no saber ni cómo era. Me estaba dando opciones desde mucho antes de siquiera yo poder dar una definitiva. Sin pensarlo más me acerqué a ella por detrás y la abracé con fuerza – Elsa, yo no estoy enamorada de ti por que seas una mujer o seas un hombre y no me importa que tengas entre las piernas, mi reacción de antes fue por la impresión. Si tú misma te comenzaste a hacer un juicio sobre mi rechazo sin siquiera haberme conocido eso sólo fue algo de tu mente –hice que volteara a verme – Elsa, yo estoy enamorada de ti por lo que eres y cómo eres conmigo, no por el género que seas o lo que tengas.

- Anna… –dijo soltando lagrimas sin parar

- No quiero que vuelvas a llorar, Elsa, y mucho menos por algo así –comencé a repartir besos por todo su rostro, limpiando las lágrimas que derramadas lo cubrían, besando sus ojos, sus pómulos, sus sonrojadas mejillas, la cicatriz que me recordaría siempre el día que decidí aceptar lo mucho que la adoraba, para finalizar en sus dulces labios.

- Tengo tanta suerte de haberte conocido, Princesa –decía mientras me abrazaba con fuerza tras terminar nuestro beso.

- La de la suerte y la que tiene que agradecer a la vida soy yo, por ponerme a alguien como tú en mi camino. Tú me libraste de aquel sujeto que posiblemente me hubiera arruinado la vida, sólo tú has sabido calmar mis arrebatos y mis penas, y me has querido y esperado como nunca nadie, ¿Dónde estuviste todo este tiempo?

- En algún lugar congelando mi nariz –sonrió al fin

- ¿Cómo sabes eso? –dije sorprendida

- No lo regañes, ¿si? pero Kai me lo dijo hace mucho, creo que desde la primera vez que me lo dijiste, me contó que escuchó como me llamabas así junto con aquel chico.

- ¿No estás molesta? –dije sin querer mirarla a los ojos de la vergüenza

- Hubiera sido preocupante si no fuera porque cuando me lo dijiste el tono de tu voz fue todo menos algo despectivo. Además, te sonrojaste después de llamarme así –me sonrió con ternura

- ¿Quieres saber porque me sonrojé? –le pregunté con cierta picardía

- Cuéntame –dijo curiosa

- Antes de bajar esa noche, soñé que estabas en mi habitación mientras yo dormía y antes de que me besaras me llamaste así.

- ¿Soñaste que te besaba desde el primer día que nos conocimos? –dijo con cierta sorpresa y sonrojo

- Y fue lo más apasionante que había soñado hasta entonces en toda mi vida... –para esto ya había hecho que Elsa se apoyara en la cabecera de la cama mientras me sentada sobre su regazo – Dime, ¿tú nunca has soñado conmigo? –musité entre sus labios mientras movía mis caderas sobre su pelvis.

- Anna… –sentía como su cuerpo volvía a tensarse y su voz se entrecortada

- Cuéntame… o ¿Acaso nunca he sido una tentación para ti? –le dije al oído de la manera más sexual que pude.

Después de decir aquello me tomó de la cintura con firmeza pero con cuidado de no hacerme daño y me acercó aún más a su cuerpo, esta vez sintiendo por primera vez como su miembro me tocaba por sobre la ropa y se acercaba a mi oído izquierdo de la manera en que yo había hecho anteriormente.

- Eres la tentación más grande que pudiera conocer en mi vida, Anna. No tienes idea de cuantas noches he soñado contigo y las cosas dignas de una condena que desearía hacerte por horas... –decía ya sin intentar disimular los roces que hacía su miembro contra mi vagina sobre la prenda

- Hazme todo lo que quieras, Elsa, quiero sentirte –le exigí entre beso y beso, perdida en el deseo.

- Aún no es tiempo, mi Ana, quiero que hagamos el amor cuando sea debido

- No tiene nada de malo empezar a conocernos antes de nuestra luna de miel, ¿no? –mencioné antes de morderle el labio intentando convencerla

Mientras Elsa repartía besos y ligeras mordidas por mi cuello, con mis manos iba apoderándome de los bordes de la tela de su camisa y comenzaba a subirla con un poco de dificultad, mientras hacía esto con su ágiles manos iba desabotonando mi camisón abarcando más y más espacio para el camino de sus besos hacia mis pechos que pedían a gritos atención.

Cuando estuvo lo suficientemente abierto, delicadamente fue liberando mis senos y con ello repartiendo pequeños y dulces besos por toda la extensión repitiéndome una y otra vez lo hermosa que era. Acariciaba con paciencia mi torso mientras subía con cautela y se acercaba cada vez más a mi pezón derecho, mientras que con su boca hacía lo mismo pero con el izquierdo.

Sentir la lengua fresca y juguetona de Elsa y sus dedos ágiles sobre mis pezones era una sensación deliciosa, por un lado lamiendo, succionando y mordiendo un poco y del otro acariciando y pellizcando con delicadeza, todo esto hacía de mi un mar de sensaciones en mi bajo vientre. Elsa estuvo haciéndolo hasta que pude sentir como mi intimidad lubricaba de una forma que no creí posible, unos cuantos minutos después me abrazó para dejarme acostada sobre la cama sin despegar sus labios de mis senos, posteriormente dejó poco a poco mis pezones y siguió repartiendo besos por todo mi torso bajando por mi abdomen terminando en mi ombligo.

- Me haces cosquillas –me reía por lo bajo haciendo que Elsa subiera nuevamente con una sonrisa a besarme.

- Te amo, Anna –me dijo saturada de amor mirándome directamente.

- Elsa… –mis ojos comenzaron a brillar.

- No tienes que dec–no la dejé terminar.

- Yo también te amo, Elsa. Mucho –dije segura de lo que sentía viéndola con cariño.

Tomé su rostro con mis manos y la besé como nunca había besado a nadie. Hice, hicimos de ese beso algo aún más especial que cuando nos dimos nuestro primer beso. Era un beso completamente entregado, correspondido de la misma forma de ambas partes.

Con mis manos iba recorriendo los costados de su cuerpo buscando tocar aquellos pechos que tanto llamaban mi atención, pero no quería tomarme mucho tiempo en ellos este día, los acaricié un poco por sobre la tela, sintiendo como los pezones de mi amada se endurecían por mis caricias, caricias que pausadamente iban bajando a otra zona de su cuerpo, zona que había atrapado mi atención hace unos momentos atrás, y mientras lo hacía sentía como Elsa paraba de besarme para abrir sus ojos y mirarme fijamente mientras me acercaba a aquella zona.

- Tranquila Elsa, déjame a mí –dije con tranquilidad buscando que se relajara

Sentirlo por sobre la tela del pantalón era algo inquietante, siendo sincera no era la primera vez que esto pasaba. Nunca tuve algo tan íntimo con Kristoff, para nada parecido a esto pero él siempre buscaba tocarme un poco más de lo que le permitía cada que nos besábamos estando solos, y las pocas veces que eso sucedía él estando sobre mí siempre notaba que el bulto en su pantalón crecía, y una vez me hizo tocarlo, aunque no pasó de eso de todas formas puedo decir que esta no era la primera vez que algo así pasaba. Ahora que lo pienso bien, si creía que él estaba bien dotado ahora me retracto de lo dicho. Lo que estaba tocando, ahora perfectamente, no tenía punto de comparación.

Comencé a recorrer mi mano por toda la extensión que me ofrecía, sintiéndolo, el calor que despedía me causaba un morbo indescriptible, quería tocarlo de lleno así que metí mi mano en su pantalón, cuando esto pasó Elsa escondió su rostro en mi cuello y con mi mano libre acaricié su cabello intentando que se tranquilizara. Unos segundos después ya me encontraba abarcándolo y apretando un poco mientras hacía movimientos arriba y abajo para hacerla sentir bien, estaba actuando por inercia, internamente no tenía idea de qué hacer, pero me pareció lo más coherente para poder estimularla. Rápidamente reaccionaba porque sus pequeños gemidos no se hacían esperar, eran lo único que inundaba la habitación junto con los pequeños jadeos que yo emitía, hacer esto me estaba excitando mucho más de lo que creí, su miembro comenzaba a palpitar y lubricar haciendo que los movimientos pudieran ser cada vez más fluidos y rápidos.

No tomó mucho para que su posición cambiara y ahora estuviera recostada en la cama, esto facilitó mucho más los movimientos de mi mano sobre su pene, veía como agarraba las sabanas con fuerza intentando liberar tensión, mientras me encontraba de costado y mi mano derecha dándole placer, con mi boca repartía besos por su cuello terminando en su dulce boca que apenas podía corresponderme bien. Unos minutos más fueron suficientes para que sintiera como las palpitaciones y el rigor de su pene fuera mayor y un líquido blanco saliera disparado manchando un poco las sábanas y la palma de mi mano.

Elsa estuvo jadeando unos minutos mientras se recuperaba y yo la miraba con sumo cariño quitando los pequeños cabellos de su rostro.

- Quiero hacerte sentir así de bien también, mi Princesa –se colocó de costado junto a mí para que quedáramos de frente, y repartía tiernos besos por mis labios.

- Y lo harás, mi Elsa, pero ya es bastante tarde, por hoy sólo quiero que me abraces toda la noche, quiero dormir en tus brazos –le pedí mientras me acurrucaba en su pecho.

- Todo el tiempo y todos los días que quieras, mi amor.

Esa noche dormimos abrazadas sintiendo nuestro mutuo calor mientras Elsa veló mi sueño hasta quedar profundamente dormidas.