Sachiko cogió el móvil del regazo, y abrió la cámara frontal para poder ver su rostro. Efectivamente, sus ojos aún estaban rojos después de las lágrimas derramadas, y también tenía las mejillas sonrosadas. Podría levantarse e ir a echarse agua al baño para quitar el rastro de tristeza y frustración de su cara, pero para ello tenía que entrar al edificio otra vez, evitar como fuera que todos los alumnos la vieran en ese estado y luego volver. Sin embargo, no conseguiría pasar desapercibida entre ellos, y en el baño de chicas podrían acorralarla o provocarla. Pensó que mejor se quedaba allí, esperando. Le daba vergüenza que Madoka la viera así, que viera su debilidad y que visualizara en su rostro la mella que habían hecho en ella los estúpidos rumores. Pero por otra parte, también quería liberarlo todo y que Madoka la reconfortara, que la hiciera sentir mejor.

Cerró el móvil y lo guardó en su bolsillo. Terminó su almuerzo, del que ya casi no quedaba nada más que unos granos de arroz y un poco de verdura, y cerró la caja dónde lo guardaba. Oyó pasos que se acercaban, y supo que era él. Cerró los ojos por un momento, y dejó que la idea que minutos antes se le había cruzado por la mente sobre que Madoka tuviera la culpa de los rumores, la inundara otra vez como olas de frustración y decepción. Sin embargo, aunque guardara tanto dentro que quería liberar, le dejaría hablar a él primero porque no sabía exactamente si era conocedor de todo o no.

Primero vio sus largas piernas doblar la esquina del blanco y alto edificio, y después todo su perfil. Antes de levantarse para que pudiera verla y acercarse a ella, contempló su rostro. Tenía el ceño fruncido, y un gesto de inquietud y preocupación que pocas veces veía plasmado en sus rasgos. Se levantó y comenzó a caminar hacia él, pero Madoka la vio antes de que diera dos pasos, y se acercó a ella con rapidez, aunque mantuvo las distancias. Cambió totalmente la expresión que había contemplado antes en él, por una más típica, alegre y despreocupada. En ese aspecto se parecían bastante, odiaban mostrar sus lados más sensibles, aún con personas de confianza.

-¿Estabas escondiéndote de mí?-preguntó, en tono divertido.

-Si hubiera querido esconderme de ti, jamás me hubieras encontrado.-contestó Sachiko, siguiéndole el juego. Entonces Madoka volvió a mostrar ese gesto de inquietud y preocupación, y ella supo que se había fijado en sus mejillas sonrosadas y sus ojos rojos. Era hora de preguntar.- ¿De qué querías hablar?

Madoka bajó la mirada hacia el verde césped en el que se encontraban de pie. Sachiko ya sabía de qué quería hablar, estos últimos gestos le habían delatado. Normalmente, al verla en ese estado, hubiera preguntado de inmediato qué había pasado o la había estrechado en sus brazos. Pero en su lugar mostraba lejanía y secretismo, más allá de su normal preocupación e inquietud.

Con la cabeza aún agachada y metiéndose las manos en los bolsillos, contestó a su pregunta.

-Creo que ya sabes de lo que quiero hablarte.

Sachiko cruzó los brazos, impaciente.

-Ayer quedé con Natsumi-chan para ir al cine. Resulta que cumplimos tres meses de novios, y ella quería celebrarlo a lo grande. Me sorprendió con varios regalos y se arregló mucho para la ocasión… ¡Hasta compró una tarta! Y yo, tan estúpido que soy, no me acordé de la fecha en la que estábamos y no llevé nada. Pero, ¿qué quería que hiciera? Nunca había celebrado salir tres meses con una persona, y lo veía innecesario también, así que no estoy pendiente de este tipo de cosas... Aunque ella pensó que sí. Cuando se dio cuenta de todo, se enfadó mucho. Empezó a gritarme y toda la gente nos miraba y se reía, yo no soportaba tanto estrés y le dije la verdad, que soy despistado y no me acuerdo de esas cosas. Pero eso no la calmó, al contrario, se enfadó aún más. Así que le mentí.

Después de eso se quedó callado, y Sachiko empezó a sospechar cómo iba a terminar la historia. De repente levantó la cabeza, y la miró directamente a los ojos.

-Le dije que no le había comprado nada y que había salido de casa así porque tú estabas celosa, y no quería que supieras que habíamos quedado ese día para celebrar eso porque podrías hacerle algo malo. Que te darías cuenta de que había comprado regalos y no sé, fastidiarías la cita…

Se quedaron callados ambos, él observándola intensamente a los ojos con esa mirada dorada y brillante, bastante ruborizado y avergonzado, y esperando una respuesta o una reacción exaltada. Sacó una mano de los bolsillos, y se la pasó por el cabello, cómo solía hacer cuando estaba nervioso. Pero su mejor amiga sólo se tapó el rostro con la mano, y miró al suelo, indicando decepción o cansancio.

Entonces, sorprendentemente para Madoka, Sachiko empezó a reírse. Llevó su otra mano a la cara, para taparse mejor, y esconder su explosiva risa. Sin embargo no podía.

-¿Le dijiste eso, y ella se lo creyó? ¡No puede ser verdad!- gritó entre risas.

Madoka cambió su postura, y se mostró algo dolido y decepcionado. Sin embargo, eso ella no lo notó.

Tras unos segundos, Sachiko recuperó su compostura y comenzó a hablar, esta vez con un tono serio y una mirada penetrante.

-Entonces ella corrió el rumor entre sus amigas de que yo estaba colada por ti y que estoy dispuesta a lo que sea por robarle el novio, ¿me equivoco?

Madoka se encogió de hombros y miró hacia otro lado.

-Bueno, no lo sé exactamente… Pero es lo más lógico, sí.

Sachiko asintió, confirmando sus teorías.

-Para empezar, eres tonto. Tú ya sabes cómo se comporta Fujii-chan conmigo desde que sales con ella, sospecha de mí todo el tiempo porque tenemos una relación muy cercana. Y a veces, siento que está celosa de nuestra confianza. Que tú le dijeras eso, le ha dado una excusa para comportarse así conmigo, y para extender un rumor que me pusiera en evidencia ante todos.

Sachiko resopló.

-Parece una telenovela. Pero a veces las personas son capaces de llegar a tales extremos por aquellos a quienes quieren… Sinceramente, estoy contenta de que haya sido esto, y no algo peor. Pensaba que me habías metido en un lío más gordo con alguno de tus ligues, pero todo el mundo sabe que Fujii-chan es impulsiva, y bastante celosa, así que cuando le digas a ella que te lo inventaste y yo hable con mis compañeros para desmentir el rumor, todo volverá a la normalidad.

Sachiko miró hacia el claro cielo azul, y cerró los ojos, aliviada. Madoka era un estúpido, pero no tenía ni un poco de maldad en él. Era cierto que él la había metido en ese embrollo, pero no para dañarla. Sin embargo, no había pensado en ella a la hora de mentir y eso sí la había decepcionado.

-No sé por qué se te ocurrió una mentira así, Madoka. No pensaste en mí y en cómo podía afectarme.-le regañó, aunque con un tono suave.

-Puede que sí…

-¿Cómo?

El rostro de Sachiko volvió a tornarse hacia su mejor amigo. Se encontró directamente con la atrayente mirada de él, que no huía de ella como antes, si no que estaba enfrentándola. Pudo notar ese efecto. Pero no volvió a abrir la boca. Una sensación abrumadora se extendió en ella, impidiendo que siguiera preguntando o hablando. No era ingenua, ni tampoco tonta, pero sí le costaba reaccionar en momentos impactantes.

Una ráfaga de viento, suave pero insistente, avanzó hacia ellos, y movió sus cabellos y ropas. Sachiko contempló cómo los pétalos de los árboles de sakura, rosados y delicados, caían a causa del viento y volaban en la dirección que éste quería. También contempló, parada dónde estaba, con el cuerpo entero temblando, cómo Madoka empezó a acercarse a ella, atravesando pétalos rosas e ignorando el aire frío que llegaba a su cuerpo. Era una escena hermosa. Abrumadora. Por ello Sachiko, sabiendo lo que vendría a continuación cuando Madoka llegara hasta ella, sintió sus órganos y pensamientos congelarse. Sintió, una vez más, cómo las circunstancias la superaban.