Unos cuarenta minutos mas tarde después de lo que empezó en la cocina de París, Northen Ireland rueda sobre Francia estirándose de espaldas en el suelo de frías baldosas, aun con la respiración agitada.
Francia, sorprendentemente, esta mas agitado que él. Pone los labios en sonrisa mientras se lleva una mano a la cara y se ríe.
—You are a —respira—. Perfect —respira—. Bloody —respira—. Git —decide por fin llevándose las manos a los ojos y sonriendo también—. Y definitivamente te odio —añade.
Francia se ríe un poco más, respirando con dificultad mientras gira para ponerse de lado y luego boca abajo.
—Trés... Fan... Tas... Tique... —resopla entrecortadamente, no aludiendo precisamente a que le odie, pero sin especificar.
El inglés saborea el paladar con los labios y la lengua un par de veces y se incorpora un poco.
Francia sigue sin moverse, respirando entrecortadamente.
—Amerique... Hay algo diferente —se ríe—. Técnicas nuevas, mon amour... Eso es...
Nothen Ireland se pone de rodillas pasando por encima de Francia para tomar algo de encima de la mesa y cuando le oye se detiene apoyado en el canto, mirándole.
—No. No me quejo. Hay un... Movimiento de cadera que... —le mira de reojo y le sonrie, poniéndole una mano en la pierna.
El inglés se vuelve a la mesa, toma la botella de vino que se quedo abierta de la noche, la descorcha y vuelve a sentarse en el suelo, dandole un trago.
Francia se gira de lado y le extiende una mano para que le pase la botella.
—Quiero un cigarrillo...
—No pienso hablarte de the kid —sentencia pasándosela cuando ha acabado.
—No espero que me hables de él, cher... —toma un trago de la botella—. Hablo de ti y de ese movimiento —se ríe, le devuelve la botella y gira hasta el mueble del otro lado, incorporandose un poco y sacando de un cajón unos cigarrillos—. ¿Quieres?
Northen Ireland se sonroja un poco con la mención del movimiento y toma un cigarrillo.
—Tampoco pretendo hablarte de mi.
—¿Y qué pretendes? ¿Que hablemos de mi? —se arrastra hasta él y se acuesta en sus piernas. Prende el encendedor y se lo acerca.
El inglés se acerca con el cigarrillo en la boca hasta que se prende y luego se apoya con un brazo en el suelo.
—Eso suena menos aburrido.
Francia prende el suyo y se ríe un poco.
—Oui? Vaya, ¿qué quieres saber, cher?
—Ahora en serio... qué te ha pasado? —vuelve a señalarle la barbilla afeitada.
—Me... —vacila—. Me han dado ganas de afeitarme. Sabia que no te gustaría —le da una calada al cigarrillo.
—Of course, es la conclusión más sencilla que obtener del hecho que te diga que lo hagas practicamente cada vez que te veo —replica. El francés le sonrie.
—¿Qué quieres que te diga, mon ami?
Northen Ireland sonríe también.
—De todas maneras tienes una pasmosa facilidad para molestarme con cualquier cosa que hagas. Sea cual sea.
—¿Sea cual sea? No digas mentiras, Angleterre —susurra sonriendo después de poner los ojos en blanco.
—No es mentira. Es medio absurdo, pero no falso. No puedo luchar contra el absurdo —se defiende. Francia parpadea y levanta una ceja, divertido.
—Bien. Entonces hago bien mi trabajo.
—Yes... but I'm better than you —afirma.
Francia le pasa la mejilla afeitada por la pierna.
—Depende de para que...
Northen Ireland se estremece un poco, removiendose.
—Ja! así no funciona, Frog! —se burla sin darse cuenta de lo que eso lleva implicito. El nombrado levanta las cejas.
—Sí funciona, siempre funciona. El día que no funcione —le mira intensamente—. Vamos a tener problema. —le sonríe—. Pero estamos hablando, cher... —le mira las regiones vitales, de reojo y sonríe.
—No, me refiero a que así afeitado no... —y entonces se da cuenta de lo que esta diciendo—. No... da lo mismo —se incomoda al notar su mirada buscando alrededor—. ¿Dónde está mi ropa interior?
Francia se ríe un poco, con la primera parte y luego escucha lo segundo.
—Non, non. Estamos hablando, no rompas el ritmo —quita la vista a las regiones—. ¿Qué más quieres saber?
Aun así, el inglés busca por si acaso, por que además no olvidemos que Francia esta sobre su regazo, asi que debe estar a escasos centimetros de la zona en cuestión, lo que ahora que se ha dado cuenta, le pone nervioso.
—¿Qué es lo que no quieres contarme? —pregunta.
—No voy a decirte lo que no quiero contarte... ¿Qué es lo que no quieres preguntarme? —devuelve la pregunta, echando el humo por la boca de forma lenta y sensual.
—No voy a preguntarte lo que no quiero preguntarte... me expondría al riesgo de que me respondieras —le mira olvidándose de su busqueda momentaneamente.
—Yo no pregunté qué era lo que no querías saber, pregunté que era lo que no querías preguntar... Quizás te da vergüenza hacerlo, aunque quieras saber la respuesta. Si te atreves a preguntar, prometo responderte con sinceridad —le mira, y sonrie de nuevo.
Northen Ireland se lo piensa y se sonroja un poco.
—Creo que la respuesta tampoco me interesa tanto —miente. Francia se encoge de hombros.
—Que aburrido.
El inglés aparta la vista y refunfuña algo en tono de pregunta de forma inteligible, sonrojándose más.
—¿De qué quieres hablar entonces? —prende otro cigarrillo mientras él levanta las cejas pensando que al final le ha hecho la pregnta y ahora la esta esquivando. Frunce el ceño y bufa.
—¿Qué preguntaste? —levanta las cejas.
—Medalomismo —responde el de ojos verdes.
—Pero a mi no —sonríe—. Pregunta...
—Me da lo mismo de lo que hablar y me da lo mismo lo que ti no te da lo mismo —replica. Francia le mira a los ojos.
—Me hiciste una pregunta y yo prometí contestarla. Necesito saber qué preguntaste.
—I... —vacila.
—Oui? —pregunta mirándole aún.
—W-Why you... I mean, how you... —sigue con la vista perdida en algo aparentemente de sumo interes en la parte baja de la nevera.
El francés le mira con atención, dejándole hablar.
—¿Cómo haces para... —se sonroja un poco haciendo una pausa—. Resistirte tanto? —pregunta en un susurro.
Francia sonríe un poquito (imperceptiblemente) y se lo piensa.
—Mmmm...
Northen Ireland se sonroja más y le mira.
—No es como que me importe en realidad —añade.
—Me gusta el juego previo —concluye—. Me gusta la tensión y no es que no este muy tentado, es que he aprendido a que se me note menos —le sonríe.
—Jum! —bufa—. Presumido.
—Tu eres demasiado impaciente —concluye él—. Deberías dejarte llevar y tener menos vergüenza —agrega.
—"Ye sui le mesie frog e ye sui le pli contgrolé" —le imita el acento con burla. Francia se rie.
—Hablas mejor François que Angles.
—Eso quisieras tú, bloody git —protesta, a lo que aun se ríe más.
—Allez... Dime, si yo hago una pregunta ¿La contestarias?
—¿Crees que que me preguntes esto primero cambiara el hecho de que te mienta luego si es lo que me conviene? —pregunta de vuelta.
—Non, pero caerá sobre tu consciencia y quizás no duermas hoy en la noche —bromea.
—Quizás si lo haga y puedas probar a preguntar entonces —suelta riendo un poco refiriéndose a sus declaraciones en sueños.
Francia se ríe más.
—Voy a preguntar igual.
—Me lo temía —responde en tono de falsa molestia, a lo que el francés le pega juguetonamente en la pierna y él se ríe esperando.
—¿Realmente no te gusta mi barba? —pregunta vacilando y descartando la pregunta anterior que de verdad querría hacer, quizás de manera demasiado obvia.
Northern Ireland se incomoda.
—¿Ese es el gran misterio?
—¿De verdad tu te crees tus propias mentiras? O solo las dices, pero en realidad... Cuando estas solo, en la noche, en tu casa, te dices a ti mismo la verdad —pregunta mirándole fijamente.
El inglés parpadea poniéndose un poco más serio.
—What lies?
Francia se gira y mira al techo, sin aclarar pensando en todo el supuesto odio que el inglés le profesa.
—I know the truth —responde. El francés asiente con la cabeza.
—Merci —sonríe—. Eso imaginaba. ¿Y lo de la barba? —lo mira de reojo, riéndose.
—¿Desde cuando jugamos a verdad o reto? —pregunta como respuesta.
—Desde que estamos aburridos —se ríe un poco—. Es inofensivo.
—En ese caso creo que es mi turno —responde Northern Ireland tratando de esquivar la pregunta.
—Pues.., dispara —se acurruca un poco en su pierna, empezando a tener frío pero sin atreverse a sugerir que se muevan pensando que si se mueven se perfecta el momento.
—¿Tienes planeada alguna huelga de algo cerca de Montmartre? Me parece que debo rendirme a la ineludible labor de ir a comprobar que el té de la place du tertre sigue siendo tan repulsivo como siempre —explica.
Francia se ríe también.
—Non. No que Me hayan informado al menos, lo cual no es ninguna garantía —confiesa y vuelve a acariciarle la pierna con la mejilla, que debe estar helada ya—. ¿Y bien?
—Desafortunado país desorganizado... ¡esto es el sur! fiate de los latinos —protesta no muy en serio mientras se tumba para llegar a dónde hay algunas de las prendas pasándole a Francia las que alcanza suyas—. Quizás podamos seguir jugando de camino —propone.
Francia sonríe, de excelente humor y duda un segundo si presionarlo o no antes de levantarse. Al final, concluye que puede presionarle en el coche.
—Bien. Pero tu conduces o vamos en metro —propone girándose y mordiéndole suavemente la pierna.
Northern Ireland pone los ojos en blanco, pero sonríe.
—¿Qué le ha pasado a esa cafetera a la que te atreves a llamar coche que tenías en algún lado? —pregunta mientras se mueve para que se levante de sus piernas y no le muerda.
—Debe estar en algún sitio... Hace demasiado que no tengo la necesidad de usarla, siempre vienen pr mi —se ríe, cínico.
—Supongo que mylord tendrá suficiente con mi Bentley —responde levantando las cejas.
—Quizás en el garage —se plantea sentándose, empezando a ponerse la camisa y le mira de reojo—. Han pasado por mi en cosas mejores pero... —se encoge de hombros y se ríe.
—Of course, pero esta vez no había de recoger a nadie más además de a ti como para traer el Rolls —replica sonriendo también y poniéndose de pie, recogiendo su ropa, cubriéndose un poco.
Francia pone los ojos en blanco.
—Hablaba de algo mas aventurero. No que tu conozcas el significado de eso.
El inglés levanta las cejas.
—Sorry?
—Oui, tu solo tienes coches aburridos en los que no eres capaz de tener sexo para no manchar las vestiduras, por ejemplo —se levanta y se pone los jeans que traía, aparentemente olvidando la ropa interior.
Northen Ireland le mira sabiendo perfectamente sus instenciones... y unos instantes despues, cuando cae en la cuenta de sus INTENCIONES, se sonroja, notando que además, él aun está desnudo.
—Dame unos minutos, necesito pasar al baño. Tu deberías hacer lo mismo.
—El baño esta al fondo a la izquierda —bromea sabiendo perfecto que sabe dónde está—. ¿Necesitas ayuda?
—Seguramente, pero prefiero que te quedes con las ganas —responde picándole, saliendo de la cocina.
El francés levanta las cejas por la implicación y luego se ríe, saliendo tras él para ir a las escaleras, subir a peinarse y arreglarse del todo en su cuarto. Baja unos diez minutos después luciendo BIEN y de muy buen humor. Listo para su cita.
—Angleterre?
Después de haberse limpiado, vestido y tratado de peinarse lo mejor que ha podido, es decir, nada en absoluto, Northern Ireland vuelve al salón buscando a Francia a ver si esta ahí.
—Oh... ¿Ya estás? —pregunta el francés mirándole y pasándose la mano por el pelo.
—Yes, te estaba... ¿Te has cambiado...? —prefunta confundido al principio y luego piensa que es una buena idea—. Oh, yo no tengo mas ropa —protesta recordando que no trajo maleta por que ni siquiera planeaba quedarse a cenar—. Bollocks —reniega.
—¿Quieres que te preste algo? O... Seguro tengo algo tuyo o de alguien —sonríe—. Para mi te ves bien —inclina la cabeza.
—No es un problema de verme mal, yo soy muy elegante —repite por si alguien no se ha enterado.
Francia levanta las cejas, sonriendo con malicia.
—¿Ah, si? ¿Entonces cual es el problema?
—Pues... El olor claro —responde—. Aunque no me he manchado.
—¿El olor a... Sexo? —se ríe un poco—. Oh cher, nadie va a notarlo —le cierra un ojo y se le acerca. Northen Ireland se sonroja un poco y frunce el ceño, cuzandose de brazos.
—No tiene por... Bah, da lo mismo.
—Además, solo yo sé a qué hueles —le mira intensamente—. Lo cual lo hace más interesante —se ríe bajito—. ¿Nos vamos?
Northen Ireland se sonroja más.
—Yes —responde a lo que es más fácil, yendo a la puerta.
El francés camina tras él, sonriendo ampliamente al tiempo que el inglés carraspea nervioso, mientras anda al coche sabiendo perfectamente del olfato de Francia y sintiendose incomodo pensando que toooodo el tiempo va a estar notandolo.
—Entonces... —empieza el de ojos azules en cuanto se sube al coche.
—¿Entonces? —pregunta al oirle, prendiendo el motor. Francia le mira.
—No me has respondido.
—¿A qué?
Francia levanta las cejas y se pasa una mano por la barbilla, de manera muy evidente. Northern Ireland le mira de reojo y traga saliva entendiendo.
—¿Y si elijo reto? —bromea.
—¡Oh! ¿De verdaaad? —se ríe bajito—. Angleterre, tu SABES que clase de retos puedo pedir —le sonríe.
El inglés se incomoda un poco más solo por el tono pensado quién sabe qué y arripintiéndose.
—Eeeeeh...
—Quizás prefieras que cambie la pregunta... —propone.
—No serás capaz —responde mirándole de reojo mientras conduce augurando quién sabe qué pero peor.
—Claro que seré más que capaz, mon amour —se ríe—. Parece que no me conoces.
—Pero estamos... No hace ni... Esto... Eres... —empieza protestando.
—¡Oh, vaya! No crees PODER. eso lo explica todo —se ríe maligno—. Bien, entiendo. Es tu turno.
—Wait wait wait! Yo no he dicho eso! —responde orgulloso el tonto... Por que es toooonto y sieeeeempre cae en estas cosas.
—No tienes que explicarte, entiendo que no tengas suficiente práctica —sonríe—. ¿Vas a hacerme una pregunta, o no?
—¿Práctica? ¿Práctica de qué? —sigue orgulloso.
—¿Cómo que de qué, Angleterre? —pregunta en tono suave, estirando la mano y acariciandole la mejilla.
—¿Cómo puedes decir que no tengo práctica? Si tu... Yo... —se sonroja y aparta la vista—. Olvídalo —añade con la boca pequeña. Francia se ríe contento y se le acerca.
—Quizás no tienes la suficiente —le susurra al oído, sonriendo—. Es tu turno.
—¡Jum! —bufa—. Por que tu lo digas. Pero al menos tengo más aguante —sonríe en el mismo tono soberbio sin mirarle.
—¿Más aguante que quién? —se ríe y le hace mas cariños, ahora en el cuello—. ¿No vas a preguntar nada?
Northern ireland se aparta un poco de los cariños de una forma que da risa de lo poco efectiva mientras finge seguir muy concentrado conduciendo.
—Que tu. Mmmm... —se piensa una pregunta.
—¿Tienes más aguante que yo? —pregunta levantando las cejas—. ¿No me preguntabas hace rato como es que podía resistirme tanto?
El inglés se sonroja otra vez.
—No me refiero a eso. Eras tu quien se quejaba ayer noche de repetir.
—Ah, pero eso no quería decir que no PUDIERA —dice en broma—. Además no me estaba quejando, solo estaba sorprendido, cher —se acerca a él y recarga su cabeza en su hombro. El inglés le mira de soslayo extrañado de eso, pero no le aparta y se mete un dedo por el cuello de la camisa para abrirla un poco.
—Ehm... Why...? —empieza a preguntar sin saber muy bien que preguntar—. ¿Porqué siempre te molesta tanto que me vaya?
—¿Cómo va a molestarme cuando te vas a casa si eres tan molesto e irritante? —lo mira de reojo—. ¿O no hablas de eso?
Northern Ireland vuelve a mirarle un instante en silencio y se detiene en un semáforo.
—Of course, por eso no me voy hasta que no tengo algo más importante que hacer, para fastidiar —asiente. Francia entrecierra los ojos.
—Eso no era lo que estabas preguntando, solo que no sé que tan sinceramente querrías que te contestara —responde mirándole aun de reojo—. ¿Porqué te da tanta vergüenza? —pregunta él.
—¿V-Vergüenza? ¡No me da vergüenza! —miente—. ¿Qué es lo que me da vergüenza según tu? —pregunta como si no lo supiera.
—Te da vergüenza todo, mon petit chou —levanta la vista, gira la cabeza y le da un beso en el cuello—. Te da vergüenza que te bese, que te guste y que yo lo sepa. Te da vergüenza incluso que te vea, Angleterre... Siendo que eres, creo yo, a quién he visto desnudo más veces.
Northern Ireland se sonroja otra vez, pero esta vez bastante más que hasta ahora.
—¡N-No me gusta! ¡No te inventes! —responde nervioso, sin mirarle—. ¡Y lo de la desnudez se llama pudor! —añade.
—¿Entonces no te da vergüenza, Angleterre? ¿No te da vergüenza que te bese? —pregunta ignorando lo del pudor.
El inglés abre la boca para decir algo y luego vuelve a cerrarla y vuelve a abrirla y vuelve a arrepentirse y el semáforo vuelve a ponerse verde.
—¡Jum! es una cuestión de discreción y decoro... y de que lo que pasa es que no me gusta —explica mirando al frente y empezando a buscar un lugar donde aparcar.
—¿No te gusta de verdad?—le mira intensamente con los ojos entrecerrados.
Él le mira con ojos ligeramente aterrorizados un sengundo y luego parpadea volviendo la vista al frente y pasandose un sitio donde aparcar.
—Ejem... eso es.
—Había uno ahí atrás, cher —Francia se separa de él y mira al frente, sonriendo.
—What? —mira por el retrovisor sin entender.
—Un lugar para aparcar —le sonríe.
—¡Oh! ¡bugger! —protesta mirando—. No lo he visto —asegura girando por la siguiente calle para dar la vuelta.
—Claro que no lo has visto, estabas pensando en lo que no te gusta nada.
—Estaba... jum! —protesta—. ¡Estaba concentrado por que en este bloody país se conduce al revés y tu solo tratas que de distraerme! —protesta.
—Ya, ya. Yo no TRATO de distraerte, Angleterre, yo te distraigo —se ríe—. Y me debes dos respuestas.
—Two? —pregunta mirándole de lado y llegando de nuevo al sitio vacío, empezando a hacer la maniobra.
—Oui, deux —sonríe y le vuelve a hacer un cariño en la cara.
—¿Cuáles dos? —pregunta apartándose un poco más esta vez, por que tiene que concentrarse en mirar por los retrovisores y no quiere darle ni un golpe al coche.
—La barba y la vergüenza —resume. El inglés frena en mitad de la marcha atrás y le mira.
—He respondido a ambas.
Francia se ríe.
—Mentira.
El inglés sonríe y acaba de aparcar.
—Of course is true, si no me prestas atención no tengo la culpa.
—Entonces te da vergüenza por que te gusta y sí te gusta mi barba rozando tus muslos —sonrie, tomándole de la oreja.
El inglés se sonroja apartándose, dando con la espalda contra la puerta y mirándole.
—¡Yo no he dicho eso! —chilla con voz aguda. Francia levanta las cejas y sonríe a la intensidad de la reacción.
—Ya veo.
Northern Ireland se ríe un poco, nervioso, carraspea y se vuelve a la puerta, abriéndola, para bajar del coche.
Francia se baja con absoluta tranquilidad y parsimonia, sonriendo. El inglés se arregla un poco la ropa, cierra la puerta, cierra el coche y se sube a la acera, al lado de Francia... pero sin mirarle.
Hay algunas tiendas y terrazas de bares con sombrillas de colores brillantes en la acera, un grupo de acordeonistas toca frente a una de ellas. La calle está adoquinada y hay flores en todas las ventanas.
El francés le pasa una mano por arriba de los hombros y con la otra mano le gira la cara hacia él besándole suavemente. El inglés abre los ojos tomado por sorpresa, sonrojándose y histérico perdido... pero sin apartarse.
El de ojos azules se separa solo un poco y sonríe.
—Mentiras... —susurra y el inglés acaba por empujarle, rojo como un tomate.
—W-Wanker! esto... es... git! —se queja. Francia se mete las manos a los bolsillos del pantalón, riendo y negando con la cabeza.
—Té, dijiste... ¿Verdad?
—Of course —responde aún sin mirarle. El francés sonríe aun.
—¿Vamos a seguir jugando o te ha dado miedo?
—¿Miedo? —protesta prgulloso—. ¡No me da miedo! Es que tu te inventas cosas que no son, Frog.
—No se puede jugar contigo cuando tu dices tantas mentiras, Rosbif. Y mentiras TAN evidentes.
El inglés le mira y frunce el ceño sonriendo un poco.
—Eres aburrido. Y además no es justo.
—¿Yo soy aburrido? —se señala a si mismo—. ¿Dónde esta la injusticia?
—Pues... por ejemplo, ¿por qué a ti no te da verguenza? —pregunta y aparta la vista otra vez—. No que a mi me la dé, pero... Well, you know.
Francia se ríe y luego se lo piensa.
—Mmmm... No me da vergüenza porque los placeres carnales son eso: Placeres. No veo por que avergonzarme de algo que me gusta. No me importa que haya quienes se pasen la vida diciendome wanker.
—No, no. Pero ¿qué hay de la integridad, del decoro... del hecho de que a nadie le importe? —sigue insistiendo, olvidando un poco el asunto incómodo (como si fuera la primera vez que discuten sobre esto).
—¿Me estás diciendo que tener sexo es algo poco decoroso? ¿Algo que no es íntegro? —le sonríe—. Para mi es una de las mejores actividades que hay, tan buena como un buen vino —sonrie de nuevo—. Quien no lo entienda, es porque nunca ha tenido buen sexo.
—Lo que es indecoroso es hablar de ello. I mean, ¡A nadie le importa! —explica.
—Oh... —le mira de reojo y le brillan los ojos—. Realmente dudo que no les importe. Todo el mundo tiene el morbo de hablar de ello —se ríe más—. O de querer hacerlo al menos, por pura curiosidad.
—Precisamente que solo se interesen por lo morboso lo hace aun más... —se detiene, mirándole—. Es cínico.
—¿Y qué si es cínico? —se detiene y le mira también. Northern Ireland vuelve a andar.
—Eso lo hace aun peor... lo vuelve frívolo.
Francia frunce el ceño y le sigue.
—No estoy de acuerdo. Que uno pueda hablar de ello no hace que no importe... Al menos no todo el tiempo. Para ti, o te avergüenza o es frívolo... —se vuelve a meter las manos a las bolsas, pensando.
—Algunas cosas deberían poseer el respeto de ser tratadas como merecen, hablar de algo así sólo por satisfacer la morbosidad le quita la parte... —se incomoda—. Es cínico, conviertes algo importante en un simple objeto con el que conseguir una reacción, así que se vuelve un chiste.
—Pero espera, espera. Non. Tu estas hablando de dos cosas diferentes. Sorprendentemente estas describiendo un acto que no es puramente sexual —le mira de reojo.
El inglés baja la cabeza, sonrojándose increíblemente incómodo... manteniéndose en silencio. Francia se queda en silencio unos segundos más y luego extiende la mano buscando la mano de su acompañante, quien sigue con la cabeza hacia el lado contrario a dónde está el francés.
—¿Qué te parece ahí? —Northern Ireland, por decir cualquier cosa y cambiar de tema señala uno de los cafés al azar. Tiene las puertas y ventanas de madera envejecida con grandes ventanales y un toldo de rayas rojas y blancas descoloridas.
—Bien. Tienen buen café y buen te anglés —se ríe un poco—... O eso dicen. Veo que sabes bien a dónde te diriges —concede.
—¡Ja! Eso habrá que verlo —sentencia desconfiado pasando por al lado de algunos de los dibujantes, mirando los dibujos de reojo.
—Seguro mentirás y dirás que es malo, aún cuando sepa mejor que en tu casa —le pica. A lo que él le mira levantando las cejas.
—¡No va a saber mejor que en mi casa! —asegura confiado—. Pero quizás no sea absolutamente abominable... aunque lo dudo.
—Eres un quejica. Ni yo me quejo tanto de lo que preparas —replica mintiendo.
—¡Ja! ¿Que no? —pregunta entrando y sujetándole la puerta sin pensar—. Podrías quejarte más, pero entonces seguramente no hablarías de nada más... de hecho, podrías quejarte más, pero entonces necesitarías estar hablando durante más de lo que ya lo haces
Francia pasa a su lado notando que le detiene la puerta y sonriendo un poco por eso.
—¿Te parece bien esa mesa? —señala una que da a la calle.
—¿Se ve a los dibujantes? —pregunta mirando a donde señala. El francés levanta las cejas y sonríe sinceramente.
—Oui.
Northern Ireland asiente y luego niega con la cabeza.
—No que quiera... I mean, todos esos vagabundos por ahí haciendo... perdiendo el tiempo en vez de trabajando —miente mientras va a la mesa igual, mirando por la ventana a través de las flores blancas en el alféizar.
Francia hace los ojos en blanco y se ríe sentandose delante suyo en la mesa de mármol blanco y frío con patas de hierro. Mirando a la place du tertre también.
—¿Ves? —empieza tras unos segundos volviendo a mirarle—. A todas esas mentiras me refería hace rato. Te gusta dibujar y los dibujantes, no veo que es lo que haya de malo en eso.
—No es malo —concede mirándole también—. Solo completamente inútil y una perdida de tiempo. Y no me gusta tanto.
—Y crees que es una debilidad con la que me podría burlar de ti, pero a mi me gustan tus dibujos.
—Bah... —suelta de un poquito menos mal humor de como lo suelta normalmente mientras mira en la carta a ver que tipos de té tienen.
Francia ni siquiera abre la carta. Le espera unos segundos y luego pregunta.
—Por cierto... ¿vas a decirme cómo es que planeas ser el mas fuerte?
—What? —pregunta distraídamente, devolviendo la carta a su sitio decidiendo que va a pedir un earl grey, por supuesto.
—Oui. Tu plan de ayer para conquistar el mundo de nuevo o... Lo que sea que planearas.
—¡Oh! —sonríe—. Es un plan perfecto.
—¿Lo es? Porque eso decías del anterior...
—No, no, pero esta vez es diferente. Excepto por un par de detalles —piensa en el asunto del cowboy otra vez y en lo de tener que ir a Manchester—. Pero tiene puntos fuertes muy interesantes —asegura pensando en la reunion en la que debería estar y está Great Britain.
—Y suena terriblemente sospechoso... —valora Francia—. Quizás incluya matarme mientras duermo, exhausto... Como anoche —frunce el ceño.
—No seas nenaza, yo estaba más cansado que tu y aun estoy convaleciente. Y si crees eso, entonces quizás deberías dejar de dormir —sonríe maligno.
—No hay manera que estuvieras mas cansado que yo —replica levantando las cejas—. Tu casi NUNCA haces nada. Y mira lo que sugiere aquel al que "no le gusta". El mismo que aparentemente no puede hacerlo en el coche después de una sola ronda matutina.
El inglés se incomoda dándose cuenta de lo que estan hablando... otra vez.
—No tienes por que quedarte despierto haciendo eso, git —especifica.
—Si alguien es nenaza es otro. "No en publico", "no me atrevo", "no puedo" —sonríe—. ¿Ya no bordas? —pregunta aparentemente cambiando el tema.
Northern Ireland levanta las cejas por esa pregunta.
—Yes... tengo las cosas en casa. ¿No estaras insinuando que bordar es de nena? —empieza entrecerrando los ojos.
—No estoy insinuando nada, pero bordas unicornios y hadas madrinas y a cenicienta —le mira sonriendo.
—También bordo otras cosas —replica ignorando el otro asunto.
—¿Flores de lis como la que me dibujaste una vez tatuada en el culo?
Se sonroja, frunce el ceño y cierra los ojos, aun con la cara hacia la ventana.
—Elijo reto.
Francia se ríe a carcajadas.
—Dame un beso.
—What? —pregunta abriendo la boca y volviendose a él.
—Elegiste reto, non?
—Yes, but... N-Now? —pregunta mirando la cafetería, hay algunas mesas más con gente.
—¡Claro! Todo el mundo esta en sus propios asuntos, nadie siquiera va a voltearnos a ver. Es casi menos vergonzoso que estando solos, mon ami —sonríe.
—¿Crees que soy idiota? ¡Todos van a volverse! Además, no pienso hacer eso. N-No me gustas, no sé por que iba a hacer eso —mieeeente descaradamente.
—Vas a hacerlo porque eres un gentleman —responde con voz suave—. Y nadie va a volverse, te lo garantizo.
—¿Qué tiene que ver ser un gentleman con esto? —¿He comentado que sigue sonrojado?
—¡Has pedido reto! —replica Francia—. Cuando hagas una pregunta y yo no quiera responderla, podrás pedirme... —baja la voz y se acomoda el pelo mirándole intensamente—. Lo. Que. Quieras.
Northern Ireland abre la boca idiotamente y se sonroja hasta límites insospechados.
—¡Yonoquieronadadeti! —chilla y Francia se encoge de hombros.
—Entonces has perdido.
El inglés frunce el ceño.
—¡No he perdido! —protesta. Pero el francés le ignora y suspira.
—Hemos de decir que has mostrado tu verdadero yo actualmente después de este juego... —explica—. Primero lo de la barba, luego lo de que no puedes hacerlo en el coche y ahora esto. Decepcionante.
—¡Estás sacando conclusiones! —frunce más el ceño y aprieta los labios.
—Estoy viendo que solo parloteas y eres incapaz de hacer —se encoge de hombros y se acerca un camarero de color, de mediana edad, con un delantal blanco a pedir la orden.
Northern Ireland, sentado al borde de la silla, ni se entera de quien viene, así que le toma del cuello de la camisa, poniendose de pie y besándole... y por si no habia bastante con eso tira la silla por el suelo con un enorme "PLAF" sordo.
Francia sonríe y le responde el beso, empeñandose por hacerlo bien con todas las habilidades que posee.
El hombre que ha venido a tomar la orden flipa un poco, levanta las cejas y se queda pasmado en donde está, sin poder evitar sonreír un poco ante la escena.
Y cuando el inglés oye en ruido de la silla, que por supuesto hace que todos los presentes se vuelvan hacia ellos, da un pequeño saltito, sin soltarse y... él hecho de que Francia esté empeñándose hace que se le olvide durante los intantes que dura.
Francia no hace NINGÚN ademan por terminar el beso y finalmente, a Northen Ireland se le pasa el efecto derretido y se separa.
El francés sonríe, sin dejar de mirarle. El inglés mira a Francia y se sonroja. Nota al camarero y se sonroja más. Nota todo el resto del local... y se sonroja aún más, planteándose sus opciones de huída, de entre esconderse bajo la mesa durante los proximos cincuenta años, hasta salir corriendo hasta Manchester.
—Un cortado doble para mi y un early grey para mon petit lapin, s'il vous plait —pide Francia al mesero, sonriendo. El mesero los mira a ambos y luego asiente con una sonrisita—. Si sales corriendo, te dejo de hablar —agrega el francés en tono desinteresado, mirando hacia afuera—. ¿Ya viste eso?
Finalmente el inglés decide volver a subir su silla a la posicion normal pasandose la mani por el pelo y sentarse en ella haciendose bolita, con la cara entre las manos, lo más discretamente que es capaz.
—Mon amour, no ha pasado nada —comenta Francia mirándole—. Venga, es tu turno.
—Bloody hell... —susurra aun muy avergonzado.
—Puedes desquitarte si quieres —le sonríe.
—¿Que me desquite? si tu eres un sinverguenza —responde aun con las manos en los ojos, muy bajito. Francia le mira.
—Tú tiraste la silla —alega en su defensa.
—¡Tu me hiciste enojar! —protesta mirandole entre los dedos.
—Esto es un juego —le sonríe—. Venga, no ha pasado nada grave.
—No ha pasado nada tan grave hasta que tu has decidido...—le fulmina—. I hate you —añade cuando traen el té y el café. Francia le sonríe de nuevo.
—¿Cómo quieres que te compense?
El inglés aparta los codos de la mesa, atrayendo su taza hacia si y respira profundamente, tratando de conservar su dignidad. Francia le mira a la expectativa.
—No veo por que ibas a hacer eso. No creo que puedas hacer eso —le mira mezclando un poco el té para que suelte la esencia de la bolsita.
Francia levanta las cejas.
—Non?
—No.—responde secamente, tomando la taza y llevándosela a los labios, dando un sorbo corto, por que quema, el de ojos azules le mira.
—¿Cómo está?
—Quema —resume dejándolo de nuevo en el platillo, toma distraidamente el sobre de azucar y lo abre—. ¿Qué es lo que me mostrabas antes? —pregunta mirando por la ventana como quien no quiere la cosa.
—Un dibujo. Ese —le señala—.Se parece a ti.
Northen Ireland aprovecha que Francia se ha vuelto a la ventana para echarle el sobre de azucar en su café disimuladamente.
—¿Cuál?
—Ese de ahí. El pelirrojo —lo señala sin darse cuenta—. Se parece a ti pero en atractivo —bromea.
—Parece un duende —comenta con el ceño fruncido— ja-ja-ja.
—Pues... Tu dirás —se ríe y se acerca el café a la boca dándole un trago y arrugando inmediatamente la nariz.
—yo no parezco un duende —comenta con una absoluta cara de poker. El francés le mira y sonríe.
—Non, en realidad no.
El inglés levanta las cejas, aun con su expresion neutra.
—¿Cómo lo sabes, si no has visto nunca ninguno? —pregunta suspicaz volviendo a llevarse la tacita a los labios y entonces si escondiendo la sonrisa traviesa tras ella.
—Este café es... —busca al mesero con la mirada—. Dulce.
Northen Ireland levanta las cejas.
—Oh, ¿Así que tampoco sabeis hacer café ahora? me pregunto qué será lo siguiente —comenta.
—Detesto el café dulce —protesta y oyendo lo ultimo le fulmina—
—Oui? —pregunta servicialmente el mesero mirándoles a ambos otra vez, primero a uno y luego al otro con la sonrisilla de antes... puede que este mesero tenga raices Hungaras.
—Me ha traído cafe endulzado —le comenta—. Debe haber habido algún error.
—¿Endulzado? —parpadea confundido—. Impossible, monsieur, el azucar siempre se sirve aparte para que pueda usted ponerse el que quiera —explica.
—Pues el café está dulce y yo no le he puesto azúcar —explica. Nothen Ireland suelta una risita inaudible aun con su taza en la boca, aparentemente desinteresado. Francia le fulmina.
El mesero mira a Francia desconcertado.
—P-Pero monsieur. Así es todo nuestro café, no le añadimos azucar excepto a la copa con nata, o al capuccino que lleva chocolate. Puedo traerle otra taza, pero lamento decirle que tendrá el mismo sabor —ofrece.
—¿Van a ponerle azúcar? —levanta las cejas.
—Non! —responde—. A no ser que se lo ponga usted —explica pacientemente.
—No le he puesto azúcar —explica impacientandose—. Me trajo usted un café azucarado, que es distinto.
—Es... debe haber un error, monsieur, es politica de la casa no añadir el azúcar nunca —repite. Francia le acerca el café.
—Pruébelo y verá si tiene o no azúcar.
—France, tómate el café y no marees más a este pobre hombre —pide Nothen Ireland con desgana—. Ya te ha dicho que no le ponen azúcar.
—Non. No estoy mareando al hombre, estoy diciendo que tiene azúcar. No me va a decir que no la tiene —protesta—. Pruebe el cafe y traigame uno sin azúcar. No me obligue a levantarme y hacerlo yo mismo.
—No se preocupe, monsieur, le traeré otro café —asegura el mesero tomando la tacita un poco mosqueado. Francia mira al mesero con el ceño fruncido.
—Pero que quejica llegas a ser, te ha dicho cinco veces que no tiene azúcar, acepta que no sabeis hacer buen café y ya —sigue Nothen Ireland tomando un poco más de su té.
—Sí sé hacer buen café, pero no soporto que le pongan azúcar —se cruzase brazos—. No voy a aceptar una mentira —protesta.
El inglés hace los ojos en blanco y se echa un poco más de agua en su tacita.
—Pues yo voy a buscar más azúcar —anuncia levantándose. El francés hace los ojos en blanco y se queda ahí, mosqueado.
Northen Ireland se acerca a la barra y pide el café de su mesa y el azúcar diciendo que lo llevará él mismo, cuando se lo dejan frente suyo, toma el bote de mostaza que hay ahí encima para ponerles a los bocadillos y le echa una cantidad importante ante la mirada del camarero.
—No se preocupe, yo pagaré cuantos cafés le haga traerle de nuevo —asegura con una inclinación de cabeza, volviendose a la mesa.
Le deja el café frente a él de mejor humor y se sienta con el sobre de azucar intacto en su mano.
—¿Quieres? —le ofrece azúcar bromeando.
—Non —le mira con cara de pocos amigos. El inglés sonríe de mejor humor ahora.
Francia se acerca el café a la boca, le da un trago y escupe aparatosamente mientras Northen Ireland suelta un "Pfffff" mirando su té y tratando de mantenerse serio.
—Merde! —protesta—. Garçón! —busca al camarero con la mirada mientras el inglés toma una servilleta de papel para limpiarse un poco lo que le ha escupido encima.
—What is wrong now? —pregunta aparentemente molesto por haberle rociado.
—¡Esta cosa es una mierda de café! —protesta.
—¿Vuelve a llevar azucar? —pregunta aparentemente sorprendido al tiempo que el mesero vuelve a acercarse.
—Non. Esto sabe amargo... Como a mostaza —protesta muy enojado.
—Pues el café es amargo, tu lo querias amargo —responde Nothen Ireland mirando de reojo al mesero.
—NON! Esto... ¡Esto es inadmisible en un café francés! —se levanta con los brazos cruzados—. ¿QUIEN hizo este café? —pregunta.
—Oui? —pregunta el mesero al acercarse—. ¿Quiere que le cambiemos el café de nuevo?
—No hagas un numerito, Frog —pide Nothen Ireland—. Ya hemos amenizado bastante la tarde a esta gente.
—Quiero que APRENDAN a hacer cafe! —le mira y luego mira al mesero—. Tiene una oportunidad más para hacerme un café decente —se sienta, mirando a Nothen Ireland de mal humor él vuelve a hacer los ojos en blanco (casi sin poder esconder la risa) y el mesero vuelve a llevarse el café.
—Es increíble —sigue protestando el francés.
—¡Ja! esto sería más rápido si te rindieras —suelta con suficiencia.
—¿Si me rindiera a qué? —le fulmina.
—A la evidencia —explica señalando su té.
—¿Evidencia de quoi? —pregunta de mala gana.
—Pues no lo he probado pero es obvio que estas perdiendo facultades —explica.
—¡No estoy perdiendo nada! Que haya una persona incapaz de hacer café... —le fulmina—. Seguro es Angles.
Northen Ireland frunce el ceño.
—Te ha hablado en Francés... y no puede ser inglés con la forma que tiene de hacer el Earl Grey.
Francia pone los ojos en blanco con morro fruncido, de malas. Northen Ireland frunce el ceño también.
—Creo que voy a ir al baño para perederme el número que vas a montar en cuanto te traiga de nuevo un café malo —decide.
—No va a estar malo... —le fulmina.
—Lo que tu digas —se levanta y el francés refunfuña malhumorado.
El inglés se acerca a la barra silvando el himno del arsenal y llama con la mano al camarero que está haciendo el café, este frunce el ceño y se le acerca.
Northen Ireland saca la cartera y de ella un billete de cincuenta libras, se lo muestra y se lo tiende.
—Por los cafés, las molestias... y un poco de sal en el proximo —pide sonriendo antes de meterse al baño.
El camarero levanta las cejas y se va contrariado a seguir haciendo el café. Francia mira de reojo al mesero, tarde para notar lo que pasa.
El mesero vuelve a llevarle el café a Francia, antes de que Nothen Ireland salga del baño siquiera. El francés mira el café, lo prueba y es tan asqueroso como los demás. Tiene sal... Frunce el ceño y mira al mesero que ha vuelto a la barra, con suspicacia.
El camarero limpia un vaso con parsimonia y Nothen Ireland regresa del baño. Francia mira al Inglés con suspicacia también él sonríe levantando las cejas y se sienta.
—No he oido gritos —comenta con burla.
—Está delicioso —miente el francés llevándose la taza a la boca.
—Oh... —frunce el ceño un segundo y luego se encoge de hombros, aparentemente desinteresado— A la tercera va la vencida.
—Los anteriores... Bueno, ya ne contaron —da tiros al aire. Northen Ireland levanta las cejas.
—¿Qué te contaron?
—Hubo un problema... Con la maquina —se inventa Francia.
—Pfffffff —se ríe—. Eso suena a escusa pésima.
—¿Nos vamos? —pide el francés fulminándole.
—¿Puedo probarlo? —pide señalando el café que le queda.
—A ti no te gusta el cafe... —toma la taza—. No quiero desperdiciad mi delicioso cafe contigo —le da un trago al café y suprime una arcada.
El inglés levanta las cejas sin tener claro si le han puesto o no lo que ha pedido.
—Pues no, pero me apetecia probar el café delicioso. Debe ser que estás exagerando.
—No lo estoy haciendo... —le da otro trago y suprime otra arcada, con esfuerzo—. Pero a ti aunque sea el mejor cafe del mundo te va a parecer malo —agrega—. Especialmente si lo hicieron en France.
Esta vez el inglés sí nota la arcada y se ríe un poco.
—En absoluto, tengo una opinión perfectamente objetiva sobre el café.
—No es verdad... —contesta con cara de asco—. ¿Podemos irnos? S'il vous plait.
Northen Ireland se ríe otra vez, abiertamente.
—Yes, creo que sí —añade un poco compasivo despues de todo.
—¿Qué es lo que te hace tanta gracia?—Francia le mira con el ceño fruncido.
—¿Gracia? —pregunta aún sonriendo.
—Te estas riendo de algo —entrecierra los ojos.
—Solo estoy de buen humor —responde—. Pffffffff
—No lo estabas hace un minuto. ¿Tanta gracia te ha hecho lo del café? —levanta una ceja, malhumorado.
—Yes. Saber que desués de todo hay cosas de cocina que no sabes hacer me produce una maligna satisfacción —sonríe.
—No hay nada de cocina que no pueda hacer —le señala con un dedo, molesto.
—No he dicho que no puedas, he dicho que no sepas —corrige con calma.
—¿Insinúas que no se hacer café? —levanta las cejas.
—No soy yo quien lo ha escupido por ahí —responde altivo.
—Esto... —frunce el ceño, enojado—. Esto no prueba nada —se levanta y deja un billete en la mesa, exacto.
—Vámonos —ordena malhumorado.
—Guárdate eso, he pagado antes —dice señalando el dinero.
Francia le mira con el ceño fruncido, considerando que hay algo raro ahí, sin saber porqué. Toma el billete, se lo guarda en la bolsa y camina a la puerta, fulminando al mesero a la salida. Northen Ireland le sigue sonriendo de buen humor.
—¿Y ahora qué? —pregunta cruzando los brazos, de malas.
—Pues te diría de ir a comer algo, pero parece que no es un buen día —se burla el inglés.
—Quizás sea mejor que te mueras de hambre —responde frunciendo el ceño pero sonriendo un poco, acercándosele.
—Oh, no dudo que dejarías que me pasara eso —replica coqueteandole sin darse cuenta, sonriendito.
—Si me paso la vida dándote de comer —levanta las cejas y sonríe más
—¿Y porqué haces eso? —pregunta acercándosele un poco incoscientemente.
—Je ne sé pas, me gusta cocinar —responde mirándole a los ojos acercándosele.
Northen Ireland le sostiene la mirada sonriendo y de pronto se aparta, acercándose a uno de los dibujantes, para ver los dibujos.
—Lo haces bien —responde no muy fuerte y sin que quede calro si lo dice por lo de la cocina o por los dibujos que está viendo. Francia le sigue y le mira de reojo.
—Lo sé —responde seguro de que habla con él.
—Se lo decía al dibujante —responde sin mirarle, a lo que el francés no responde nada.
El inglés anda un poco más, hasta el siguiente, este hace acuarelas.
—Son bonitos, es innegable —le sonríe—.
Casi tanto como tú —le pone una mano en la espalda.
—Costumbristas. Prefiero el blanco y ne... —se queda callado al oir eso segundo y luego reacciona pensando que debe haber oído mal. Carraspea— el tratamiento de la luz es más apurado —explica como si no hubiera pasado.
—¿Que tal este de acá? —le acerca la mano al cuello y sonríe al ver una poca de incomodidad.
—Me gusta la textura —concede y luego se da cuenta de que acaba de darle la razón—. Pero es de Marseille, las calas mediterraneas no tienen mucho que envidiarles a los campos verdes del norte y los acantilados.
El francés sonríe de nuevo.
—A mi también me gustan tus acantilados.
—Eeeeeh... ehm... —se incomoda aun más sonrojándose un poco y luego decide otra vez que no, que debe estar oyendo mal, anda hasta el siguiente dibujante. Francia camina junto a él y le pone una mano en la cintura.
—¿Qué tal este?
Northen Ireland se sobresalta sonrojándose un poco más al notar ahí la mano. Se aparta un poco.
—Ehm... ¿Cuál?
—Este —señala unas frutas—. Es... Plano.
El inglés asiente y vuelve a darse cuenta de que está de acuerdo tratando de buscar algo bonito que decir, frunciendo el ceño mientras el francés le vuelve a poner la mano en la cintura y lo atrae un poco para si, asi que el de ojos verdes vuelve a incomodarse mirándole de reojo.
—Ehm... me gusta más este —señala cualquier otro al azar sin verlo siquiera, concentrado en el francés y su mano.
—A mi también —asiente Francia ignorando la incomodidad—. Me gusta el fondo verde.
El inglés parpadea viendo cual es el que tiene el fondo verde y tratando de apartarse un poco, sutilmente, mientras se abre el cuello de la camisa nervioso. Francia le mantiene ahí, sin soltarle.
—¿Y ese de allá que tal? —señala un paisaje.
—Ehm —hace un amago más evidente de soltarse, cada vez más nervioso—. Es... no me gusta —responde sin verlo siquiera, andando para ir al siguiente.
Francia le suelta esperando exactamente tres segundos antes de volver por atrás de el, pasándole ambos brazos por el cuello, recargando la cabeza en sus hombros. señala hacia el cuadro que ve.
—¿Y este qué? —ronronea en su oído.
El inglés tiene un micro infarto del susto, por que no se lo esperaba. Le mira de soslayo y luego aparta la vista.
—Ehm... pues... es... como muy... —balbucea sin saber que decir.
—¿Abstracto? —propone en un susurro.
—Y-YeNO! —responde moviendo los hombros para que le suelte y apartando la cara. Francia le da un beso en el cuello y luego lo suelta.
Nothen Ireland tiene un escalofrío y se cruza de brazos andando al siguiente a lo que el francés le pone un brazo en los hombros ahora del otro lado.
—Horrible...
—Pues a mi me gusta —miente preguntándose que diablos pasa con Francia, normalmente no se pega tanto.
—¿Lo hace? Que raro... —reflexiona—. ¿Si te lo compro, lo cuelgas?
—Eh... ¿Eh? ¡No! no seas ridiculo —protesta.
—¿Ridículo porqué? —le mira de reojo y sonríe—. Tu invitaste el café, yo puedo comprarte un recuerdo
—No tengo paredes donde colgarlo —responde pensando que en realidad si es horrible.
—Bueno... —se encoge de hombros y extiende una mano para que le dé la suya. El inglés mira la mano que le tiende entendiendo y casi por inercia acerca un poco la suya... volviendo a bajarla rápidamente.
Francia levanta las cejas y se agacha y acerca para tomarle la mano igual.
—What are you doing? —pregunta al verlo, cada vez más nervioso.
—Tomarte la mano —le sonríe.
—Yes, but... —aparta la vista y traga saliva—. Why?
—Pues... Me han dado ganas — se encoge de hombros sin dejar de sonreír, a lo que Northen Ireland se reasca la nuca con la otra mano sonronájdose.
—Ehm...
—Sonríe —murmura.
—What? —pregunta sin estar seguro de lo que ha oido.
—Que sonrías, cher... —se le acerca un poco y le acaricia la manibula y el inglés no puede hacer más que sonrojarse de nuevo, cada vez más histerico. Levanta un poco la comisura de los labios en una sonrisa nerviosa y forzadamirando alrrededor.
—Eh... vamos a... ¿vamos a algún lado? —propone. Francia entiende eso como una propuesta indecorosa.
—Oui, claro... ¿A dónde?—le pregunta sonriendo, haciéndole un cariño en la nuca.
—Eh... no... I don't know. Quieres... eh... ¿quieres ir al teatro? —pregunta vacilando al ver por casualidad un dibujo que le recuerda a una obra.
—Al... Te... ¿Al teatro? —repite ligeramente descolocado, pensando unos segundos—. Emm... Bien. El teatro es una buena actividad —le sonríe y se le acerca al oído—. Al menos por lo pronto.
Northen Ireland se siente un poco aliviado cuando accede pensando que se ha salvado y luego se tensa otra vez al oir la frase del final. Pero acaba por decidir que ya arreglara eso a su debido tiempo.
—Ehm... y ¿qué obras hacen?
—Je ne sé pas. No tengo idea —le sonrie y le da un beso en la comisura de los labios—. Hay que averiguar.
El inglés se tensa más con el beso, dando un par de pasos hacia atrás viendo alredor que están en una calle concurrida.
—¿Ves? A nadie le importa —sonríe.
—¡A mi me importa! —protesta y luego se lleva las manos a la boca en plan "no debería haber dicho eso".
—¿L-Lo hace? —levanta las cejas—. Porquoi?
—B-Because... La calle —balbucea.
—Bien. Vamos al coche entonces —le extiende una mano—. O al teatro —sonríe.
—P-Pues habrá que ir al coche para bajar al centro —responde.
—Bien. Aun puedes demostrarme como no eres un cobarde y todavía puedes... —explica jalando de su mano para ir hacia el coche.
—¡No soy un cobarde! —protesta sin saber de que habla—. ¡Más cobarde eres tú!
—Pues vas a tener que demostrarme porque hace rato fuiste muy claro —sonríe de nuevo.
—¿Muy claro en qué? —pregunta siguiéndole y olvidando el asunto de la mano ahora.
—En que no podías. Con eso te quitaste lo de la barba.
—¡No dije que no podía! Tu te inventaste la mitad de lo relativo a la Barba. ¡Por no decir todo! —protesta.
—No me has contestado...
—¿A qué?
—Pero entonces insinúas que aún te atreves a hacerlo en un coche. Deberíamos de tener carros con caballos aún. Tener sexo ahí era mucho mas dulce, factible y cómodo —sonríe—. Ahora no te atreves, antes lo hacías.
—What? But no! I mean... Por que iba... What? —Nothen Ireland perdiendo el hilo.
—Así que no puedes. Te da miedo. Pfff... Recuerdo cuando tenias espíritu aventurero.
—¡No me da miedo! —protesta y le da un tirón para que se pare— ¿Cómo me va a dar miedo? ¿Tu sabes con quién estás hablando?
—Pues eso creía pero a estas alturas... —se encoge de hombros—. Casi te mueres por un besito.
—¡No es el beso! ¡Es la bloody indiscreción! —protesta.
—Oh ¿Así que el beso no te importa? —sonrie—. ¿Y no sería una indiscreción eso también? El sexo en el coche es una indiscreción y no te atreves.
—¡Claro que es una indiscreción y no es que no me atreva! —grita y luego vuelve a tirar de él acercándole y tomándole del cuello de la camisa se lo acerca hasta que la punta de las narices se tocan—. Nothing. NOTHING de lo que tu hagas o puedas hacerme incluye darme miedo, ¿me oyes, Frog?
Francia sonríe y aprovechando la cercanía, a pesar del sobresalto y la agresion, le besa en los labios y Nothen Ireland el valiente, se asusta un poco dando un pasito atrás por que no lo esperaba.
—Bien, Rosbif —susurra al separarse—. Aclarado eso, tendremos sexo en el coche.
—B-But... —balbucea tensándose otra vez y tratando de entender como han llegado a eso otra vez. El francés camina al coche.
—"But but" —le imita—. Si no tienes miedo, no veo el por que hay "buts".
—¡Por que no es una cuestión de miedo! —protesta siguiéndole.
—Claro que es una cuestión se miedo. Si no, no te importaría hacerlo —le mira—. Vamos, será divertido.
—C-Como va a ser una cuestión de miedo —responde cada vez mas nervioso—. Tú... ¡Solo dices incoherencias!
—No estoy diciendo ninguna incoherencia. Estoy diciendo que si no tienes miedo de hacerlo en el coche, lo haremos en el coche y ya. Prometo esforzarme —le cierra un ojo y el inglés se sonroja.
—Lo que no entiendo es que tiene que ver el hecho de no tener miedo con...
—Oui? —sonríe.
—Con te... Te... Tener que... —tartamundea un poco con dificultades para decirlo en voz alta.
—No es tener. No es que tengas, mon amour —se le acerca de nuevo y le da un beso en la comisura de los labios, de nuevo—. Es porque es divertido.
Nothen Ireland se incomoda. Pero se incomoda de verdad. Una cosa es en casa o en la casa de Francia y otra MUY diferente es una calle concurrida de Paris donde cualquiera puede verles... En el Bentley que además técnicamente es cam-free pero luego quién sabe donde tiene micrófonos y cámaras el americano.
—Vengaaa... Yo sé que quieres —le da otro beso, a lo que el inglés se sonroja más, por que el caso no es que no quiera.
—P-Puede vernos alguien —explica.
—Oui, pero tu coche tiene los vidrios polarizados, cher. Y... Bueno, el que nos puedan ver lo hace un poco más sensual —explica—. Solo nos ven si se acercan mucho —agrega.
El inglés se sonroja otra vez. Bastante más, sin motivo alguno aparentemente, bajando la cabeza. Francia extiende una mano, le hace un cariño en la cara y llegan al coche
El de ojos azules mira el coche y jala a Northen Ireland de la mano, de manera tal que lo apresa contra la puerta del pasajero.
Y en ese momento justo debido al paralelismo entre ambos Inglaterra, tienen Iggy-visión y por un instante uno ve lo que está viendo en otro.
Francia le sonríe.
—¿Entonces, cher?
—¿Ame...? —Northen Ireland flipa un momento y sacude la cabeza. Francia levanta las cejas hasta el cielo.
—¿Cómo me llamaste?
El inglés sacude la cabeza y vuelve a ver a Francia.
—¿Llamarte? N-No te llame —responde.
—¿Ame? —levanta las cejas de nuevo, mirándole suspicaz.
—Me —repite golpeándose el pecho—. Me refiero a mi mismo —explica y le sonríe in poquito tratando de sonar creíble.
—Bien —se acerca y le besa de nuevo sin dejar de pensar—. ¿No me habrás confundido con alguien?
Durante el beso vuelve la Iggy-visión. Un poco incomodo el asunto.
—¿C-Confundirte?
Francia frunce el ceño.
—Oui, tengo la idea de que ese "ame"... —le pasa un dedo por las cejas.
—Why? —pregunta cerrando los ojos.
—¿En qué estás pensado?—pregunta serio.
—¿Por qué crees que te confundo? —devuelve la pregunta. Francia le besa nuevamente, apretándolo más contra el coche.
Northen Ireland le sigue sin saber muy bien a quién besa mientras busca en sus bolsillos las llaves. El francés se separa.
—Abre—ordena.
Francia vuelve a besarlo apresándolo con más fuerza contra el coche, separándose después de unos instantes.
—¿Vas a atreverte entonces? —pregunta casi en un susurro, mirándole a los ojos y tratando de sacarse la idea de la cabeza de que está pensando en... es decir, es que no puede.
—Not here, please —suspira aun con los ojos cerrados. Francia frunce el ceño.
—No planeaba hacerlo aquí. Planeaba hacerlo ahí —señala el coche y sonríe.
—Me refiero aquí... aquí. Hay demasiada gente —explica con el ceño fruncido—. Y yo no quiero —añade en plan tsundere.
—Bien. Dame las llaves —sonríe.
—What? —pregunta descolocado.
—Oui. Si te parece que hay mucha gente, vamos a un lugar en donde nadie nos moleste —le da un beso en la oreja, otro en la mejilla y otro en la comisura de los labios, el inglés se sonroja y no le mira.
—¿Qué te hace pensar que quiero ir a eso, Frog?
—Dame las llaves —ordena de nuevo, ignorando la pregunta.
—Yo conduzco —le mira a los ojos, apartando las llaves. Francia le sonríe y le da un rápido beso en los labios.
—D'accord.
Northen Ireland tensa la espalda otra vez y luego trata de calmarse un poco mientras el francés le da la vuelta al coche y se sube en el lado del pasajero, mientras se pasa la mano por le pelo. Antes de abrir la puerta, le mira y le cierra un ojo.
El inglés se sonroja un poco más cuando le guiña el ojo al darse cuenta de que se habia embobado un poquito con todo el asunto del pelo y estaba mirándole en vez de entrar al coche. Frunce el ceño como si no acabara de pasar, buscando las llaves en su bolsillo. Llaves que ya tiene en la mano. Le dan ganas de golpearse la cabeza contra algo por el atontamiento cuando abre la puerta y entra al coche.
—No vamos a ir lejos —le explica en cuanto se sube, sonriendo—. Vamos a ir a un callejón cerca de Pigalle Place que está realmente cerca. Ahí... bien, es posible hacer lo que propongo —se ríe un poco—. Aunque, mon chou, tu coche llama un poquito la atención.
—Este coche es muy bonito, envidioso —se pone el cinturón y arranca el motor.
—Dicen que todas las cosas se parecen a su dueño —se pone el cinturón también, sin dejar de mirarle.
—Se lo que intentas y no va a funcionar —miente sonrojándose otra vez y frunciendo el ceño.
Francia se ríe grave y vuelve a pasarse la mano por el pelo.
—Mais oui... ¿y qué es lo que asume el gran Empire britannique que intento?
—You know —replica mirándole de soslayo acabando de desaparcar.
—Oh, non. Ciertamente no tengo idea —le pone una mano en la pierna. El ingles mira la mano, poniéndose tenso.
—You are... you are trying to... make me nervous.
—Oh, mon amour. You ARE nervous already —sonríe un poco más—, no es como que necesites mi ayuda.
—Lie! —chilla con voz aguda abriendo mucho los ojos. Francia quita la mano y se ríe.
—En la esquina, a la derecha.
Northen Ireland frunce el ceño obedeciendo y piensa en lo que iba a decir antes y no ha dicho por que... realmente Francia tiene razón y está demasiado nervioso.
—Quizás deberías relajarte un poco, cher... esto lo hemos hecho muchas veces ya —mira por la ventana—. Y bueno, ya te lo he dicho hace rato, la diferencia entre hacerlo sobre un carro tirado por caballos y esto es quizás el espacio —agrega—. Y las ventanas —agrega más quedito.
—El carro de caballos fue un error —asegura. Francia levanta las cejas.
—LOS carros de caballos. Recuerdo uno en Bordeaux, otro en Newcastle, otro en...
—Era generico, git —corrige cortándole y sonrojandose al recordarlos. El francés se detiene al oirlo.
—Ohh...
—Y siempre era extremadamente caro —protesta.
—¿Caro? —le mira el inglés le mira de soslayo.
—A ti te da lo mismo, pero yo tengo una reputación... una bloody reputación absurdamente cara en cuanto a silencio de los cocheros —protesta.
—A mi no me da lo mismo... —aclara y Northen Ireland levanta una ceja escéptico—. Y algo caro, pensaría yo, es algo que no vale lo que cuesta —se acomoda en el asiento—. Tenía un precio elevado, quizás, pero yo no le llamaría caro —explica.
—Era caro para ser un capricho que igualmente podía llevarse a cabo de una forma menos pomposa —replica.
—¿Insinuas que no te parecía excepcionalmente sensual? —se ríe un poco—. Tus mentiras son terriblemente cínicas, ¿sabes? Yo también estaba ahí.
—La excepcionalidad deja de tener sentido para ti en el terreno sensual, desde el punto en que todo te lo parece —protesta sonrojándose.
—Eso NO es cierto. Es quizás una idea que TU tienes, que es distinto —frunce el ceño y contesta ligeramente irritado, por primera vez en un buen rato.
—JA! dime una sola cosa que no te parezca sensual —le reta.
—Hay grados de sensualidad —se defiende—. Y bien, eso es fácil —se acomoda en el asiento, y trata de pensar seriamente en algo no sensual—. Sexo con Rusia.
—Hay grados de enfermedad —sonríe sintiéndose vencedor el francés abre la boca para replicar, y luego la cierra, frunciendo el ceño.
—¿No te pareció...? ¿en What the hell estabas pen...? no, es igual, no quiero saberlo —repite como una letania cada vez que sale el tema, levantando las cejas.
—No, no fue sensual —confiesa—. Fue otras múltiples cosas, pero no fue particularmente... sensual.
—Aun así... Mírate, podrías haber dicho cualquier cosa, y aun así te has ido al terreno sexual —vuelve a mirarle de soslayo.
—No me jodas, Angleterre... ¿qué queires que te diga? ¿que la merde no es sensual? ¿que la basura no es sensual? —ojos en blanco—. Estás empeñado en desestimar todos mis argumentos, te diga lo que te diga y más aún cuando te digo algo tuyo o contigo que me parece sensual —protesta.
Northen Ireland se queda callado.
—Aún así, de todas las veces que ha sido "demasiado caro" —dice con voz de burla, imitándole—, todas las veces te ha parecido que, la siguiente vez, valía la pena.
—You... es tu culpa —le acusa sin mirarle y sin pensar muy bien en lo que acaba de decir.
—Eso espero —responde recuperando el buen humor—. Métete ahí, en esa calle angosta a la derecha —indica señalándola.
—I mean... I'm... no... —balbucea nervioso sin saber como arreglarlo—. Tu me seduces y... —abre los ojos poniendose nervioso él solo, por que eso no sonaba tan mal en su cabeza—. I mean... que yo no quiero —sentencia deciendo que mejor se calla y hace lo que le dice.
I—Le hace un cariño en la mejilla
—Al final de la calle, ve en reversa y métete en el segundo callejón que está del lado izquierdo —pide haciéndole un cariño en la mejilla, el inglés lo hace sin protestar, con el ceño fruncido y toooodo sonrojado.
—¿Sigues tenso, cher? —le pregunta en cuanto apaga el coche.
—No! —responde en un tono demasiado elevado y demasiado rápido para ser cierto. Francia se ríe.
—¿Quieres poner un poco de música?
Northen Ireland carraspea encenciendo la radio y Francia baja un centimetro el vidrio de su lado
—No querrás que terminemos como Jack y Rose...
Suena un tango en la radio y el inglés se pone más tenso, cambiado rápidamente de emisora. Luego se da cuenta de esa referencia a Titanic y levanta las cejas mirandole.
—Hablo de los vidrios empañados —sonríe un poco—. Errr... estaba en la tele ayer —se excusa por la mala referencia.
—Yes, I know —sigue mirándole, frunciendo el ceño y luego niega con la cabeza.
—Tu vas a ser el ahogado, te lo advierto —extiende una mano para desabotonarle un botón de la camisa, con una gran facilidad.
—Bloody hell... —protesta cuando se da cuenta del boton y vuelve en si, en general.
Francia busca en el radio una estación con musica francesa cosa que no debe ser muy dificil en parís y hace para atrás su asiento.
—Aunque yo no soy la dama —sonríe con ESA sonrisa.
—¿Insinuas que yo sí? —pregunta el inglés y echa para atras su asiento también, retándole.
—Non. Careces de ciertas partes... —explica—. Aunque hay otras características... —agrega, mientras sonríe malévolo.
Northen Ireland levanta las cejas mirándole.
—Los unicornios, las hadas, los bordados —bromea, inglés se cruza de brazos.
—Y lo dice mesier vestidos, perfumes y pelo largo —replica.
—¿Tienes algo en contra de mi pelo largo? —se mete una mano en el moviéndolo un poco— Mon Dieu! Al rato voy a terminar completamente lampiño, si es que te doy gusto.
—Lo que digo es que es más femenino. Hay más cosas, lo de la cocina, lo de que no se te de el futbol, lo de la moda... —sigue con el ceño fruncido.
—¿Debo empezar a sentirme ofendido? —pregunta con una sonrisa coqueteando un poco.
—JA! no creo que me dieras ese placer de una forma tan gratuita —responde frunciendo el ceño, pero sonriendo y coqueteando también.
Francia se ríe más al verle la mueca y se le acerca, dándole un beso en la mandíbula y poniéndole una mano en la pierna, a lo que Northen Ireland descruza los brazos echándose un poco para atrás.
—Yo —beso— recomiendo —beso— que seas tu —beso— el que vengas acá —beso— Angleterre...
—Esto es incomodo... y puede vernos alguien —se defiende en un ultimo intento desesperado que nadie se cree.
—Bien. Quien lo vea, tendrá envidia —le toma del cuello de la camisa y le atrae hacia él, jalándolo para se le siente encima y Northen Ireland se deja tirar, pensando que, joder, de hecho podria ser peor pero... y luego se reprende a si mismo por no estar teniendo pensamientos negativos
Mientras Francia empieza a hacer maravillas, a lo que el inglés deja de pensar directamente.
—¿Sabes, cher? —le pregunta un poco después de quitarle el cinturón y desabotonarle el pantalon.
Nothen Ireland, que no sabemos como, esta vez ha cedido super rápido y debe estar ahora mismo muy enfrascado en alguna actividad alrededor del pecho o el cuello o los hombros de Francia, hace algo como "mmm" para indicar que le está escuchando.
—Tu también tienes la culpa —admite a lo que el de ojos verdes se detiene tensándose, sin saber muy bien como tomarse eso—. Y creo que —beso— no hay nadie más —beso— de quien recuerde —beso— todas y cada una —beso— de las veces.
El inglés se sonroja, se incorpora un poco para mirarle y luego le besa en la boca para que se calle.
Francia se ríe en el beso, callándose, y poniéndose palomita otra vez porque siempre, siempre, logra que Inglaterra le bese.
xoXOXox
Exactamente cinco minutos con cuarenta segundos más tarde se oyen dos golpes en el cristal de coche, que no son tintados.
Francia, que es quién tiene el cerebro un poco (muy poco) más conectado que Northen Ireland, es el primero en notarlo se gira al lugar de procedencia de los golpes.
El inglés está A PUNTO de morirse, cuando siente que Francia se detiene y cuando se gira a ver que es lo que está mirando, ambos encuentran la cara de un policia en la ventanilla.
—C'est vraiment des conneries! —murmura Francia por lo bajo a lo que Nothen Ireland le da un infarto. Bueno un mini infarto, por que prefiero que siga con vida, mientras se separa de francia ROJO como un tomate.
—Calla —le ordena Francia arreglandose las regiones vitales, y bajando el vidrio—. Oui? —le pregunta al policía, con absoluto cinismo.
El policia vuelve a golpear el vidrio cuando nota que este baja, parpadea un segundo.
—No pueden parar aquí —explica.
—Bien. Nos vamos ya —asiente, subiendo la ventanilla de nuevo
El policía se echa para atrás, aún mirando el coche, completamente seguro de que hay un par de cosas más que no pueden hacer en la via publica, se queda de brazos cruzados, esperando a que se muevan.
Francia mira al inglés a los ojos, haciendo un gesto de... VENGAAAAAAAAAAAAAAA!
Northen Ireland que se ha quedado paralizado en TODOS los sentidos, esta más o menos echo bolita en el asiento del conductor, pero tambien tiene esa necesidad de SALIR DE AHÍ lo antes posible, así que desnud y todo, pone en marcha el coche dando marcha atrás.
—Sacrebleu... —sisea Francia al verlo moverse, sin poder evitar una mueca divertida.
El de ojos verdes se concentra en conducir por la derecha sin chocar contra nada y tratando de ignorar el hecho de que estan los dos desnudos y estaban haciendo lo que hacían y que les ha pillado un policía.
—¡Por la reina! —protesta cuando estan lo bastante lejos, pero sin aminorar la marcha. Francia se ríe—. ¿Qué les...? ¿cómo...? bloody hell! —sigue protestando parándose en un semáforo y viendo el condutor del coche de su lado.
—¿Que les qué? —el conductor los mira, Francia le da un beso en la mejilla a Northen Ireland y le dice al hombre, con señas y buena dicción para que le entienda—. ¿Tengo suerte, o no?
El inglés se sonroja aparatando a Francia de un empujón, por que además en el estado que está cualquier minimo contacto puede ser fatal. Cuando el conductor sonríe y baja su ventanilla como si quisiera hablar con ellos. Northen Ireland entra en PÁNICO mirando el semáforo.
Francia se ríe y niega con la cabeza al conductor.
—Non, non... solo somos dos hoy —le cierra un ojo cuando el semáforo se pone verde y Nothen Ireland aprieta el accelerador como si no hubiera mañana.
—Respira, cher —le pide al inglés—, S'il vous plait. ¿Quieres ir a casa?
—Bloody hel! ¿Pero que le pasa a la gente en este bloody país? —pregunta.
—Venga, Angleterre ¡Relajate! No ha pasado nada... —le pide.
—¿Cómo puedes decir que no ha pasado nada? ¿Estabas aquí hace solo dos minutos? —pregunta histérico.
—Oui. Pero solo ha sido un pequeño incidente. ¿Quieres detenerte y terminar? Ya sería muy mala suerte que dos...—lo mira sonriendo—, es broma —le hace un cariño en la cara.
—Yo no... Bollocks! Bloody bollocks! Bloody buggery bollocks! —grita histérico—. Para que venga otro conductor a decirnos algo, o quizás podamos indicarle a alguien la dirección! Creo que esa ancianita agradecería que le acercáramos a su casa con las bolsas y quizás podamos llevar a esa niña a clase de ballet para que no le encuentren dos bloody pervertidos y le aaaaargh!
—Cher, cálmate...
—Detesto este bloody país of the hell! —protesta.
—Bien. Di esto hubiera pasado en tu bloody país of the hell, seguramente estaríamos los dos en la comisaría con un montón de cosas que explicar —le pasa una mano por el pelo hasta atrás de la oreja, el inglés le fulmina... Y se encuentra trafico para su absoluta crispación.
Francia se estira hacia atrás, y busca tras el asiento su propia camisa (por que es la primera que encuentra), se la da a Inglaterra.
—Ponte esto
Nothen Ireland la mira, pero se la pone igual.
—¿Dónde están mis calzoncillos? —pide.
—Planeaba... —le señala las regiones y hace ademán que indica exactamente lo que planeaba.
—¡¿Y que es lo que pasa que esto no avanza?! ¡Te juro que como sea una de tus huelgas o manifestaciones voy a disolverla a patadas! —protesta mirando afuera sin mirarle—.
What? —se vuelve a él.
—Pues pensé que querrías que terminara con... —le mira entendiendo que es una mala idea—. No... no tengo idea de lo que sea. A dónde... ¿a dónde vas?
Se sonroja mucho apretando las piernas imaginando a Francia haciéndole lo que ha gesticulado mientras él conduce.
—Eh... Ehm... Eh... I... I do not know. No lo he pensado —vacila— ¿A Charles de Gaulle? —propone en plan desesperado.
—¿Quieres ir a casa? ¿Quieres...? Bueno, pensé que podríamos pasar la noche en el... —se detiene y lo mira— A Charles de... —levanta las cejas— ¡Dieu! —mira al frente— Y yo pensando en el Four Seasons —murmura.
—¿Quieres ir a un... Hotel? —pregunta no muy seguro.
—Pues pensé que podría tener alguna gracia —lo mira de reojo—. Asumiendo que podríamos ir al teatro y... —se encoge de hombros.
—¡El teatro! Todo esto es... —Nothen Ireland da la vuelta en la siguente calle para salir del atasco y un coche de caballos grande y cerrado, muy pomposo y recargado de maqueteria toda en color negro se cruza frente suyo—. My god... —protesta siguiéndolo con la mirada.
Francia lo mira también y se le ilumina la mirada.
—Angleterre... ¿Estás pensando lo mismo que yo?
Nothen Ireland debe esta haciéndolo por que se esta golpeando la cabeza contra el volante.
—Porlareinaporlareinaporlarei n
a
Francia hace un movimiento rápido, tomando sus pantalones los del inglés y la camisa.
—Estacionate ahí... —le señala un lugar que cono Francia tiene suerte, está vacio y le pone sus pantalones en las piernas—. Ponte esto, y baja...
Northen Ireland casi no puede ni protestar mientras el francés termina de ponerse los pantalones, toma sus zapatos en las manos y sin siquiera ponerselos se baja del coche dejándose la camisa del inglés sin cerrar siquiera. Se acerca corriendo al conductor del carro.
—Hey! Monsieur! —se sube en la parte delantera donde va el cochero, un hombre bajito y grueso con un pañuelo rojo al cuello y una boina.
Nothen Ireland para en coche y sale acabando de subirse los pantalones, cierra las puertas del coche y lo cierra, acercándose al coche de caballos y a Francia un poco más tarde.
—Alló —saluda el conductor así todo risueño. Francia le sonríe.
—No sabe lo felices que estamos de... ¿Cuanto la hora? —cambia el tema, mirando al hombre quien empieza a explicar pos trayectos y tarifas.
—... y les llevo alrededor de Champs Elysses y volvemos aquí a Champs du Mars —acaba mirándoles a ambos. A lo que Nothen Ireland baja la cabeza sonrojandose otra vez por que saaaabe lo que van a haceeeer (tonillo burlón).
Francia se acerca al hombre y saca la cartera. Saca cien euros.
—Le doy esto, por dos horas y le advierto... vamos a hacer ruido, va a moverse el carro y usted no va a decir ni pio ni va a detenerse —le sonríe levantando las cejas sugerementemte.
El cochero levanta las cejas.
—Merci beacoup, monsieur!
—Bien... y si estamos lo suficientemente contentos al bajar, puede que le de otro igual. Aquí de regreso en dos horas —se baja y mira a Northen Ireland, extasiado. Quien vuelve a sonrojarse al ver que Francia se vuelve a él.
—Oh, mon amour... esto... —camina los pasos que lo separan y le besa en la boca. Nothen Ireland reacciona casi al instante, por supuesto.
Francia se separa, abriendo la puerta del carro dejando pasar a Inglaterra como si fuera una damisela (con toda la pompa que debe haberlo hecho cientos de miles de veces en esos tiempos).
Nothen Ireland se sonroja aun más por su reacción llevándose las manos a las regiones vitales y se sube al carro primero sin protestar siquiera por la pompa exagerada de Francia.
Francia se sube atrás y antes de cerrar la puerta le silba al hombre del carruaje.
—Ehh! Adelante!
Éll pone en marcha el carro con un latigueo de la bridas de los caballos.
—¿Ves? Si no fuera por el policía, seguiriamos en tu coche, cher —Francia cierra las cortinas de las ventanas. Luego le mira a los ojos—. No podrás negar que esto es mucho, MUCHO mejor.
Nothen Ireland, sentado en el banco mira alrededor.
—Es como si siguiéramos en la bloody belle epoque.
—¿Y qué ha cambiado desde entonces?—pregunta el francés sentándose junto a él y ríendose encantado.
—A mi se me ha pasado la decadencia y tu... Bueno, tu eres más viejo —bromea para picarle.
—Pero más atractivo —le responde abriendo un poco una cortina y mirando el atardecer en Paris y como florece la ciudad de las luces—. Y aún así... tu y yo seguimos odiandonos como siempre —le mira de reojo.
El inglés mira por la obertura de las cortinas de soslayo sin decir nada unos instantes.
—Of course —responde por fin mientras Francia le da un beso en el cuello.
—Quizás... —empieza y Northen Ireland se deja, volviendo a cerrar la cortina—. Angleterre... —murmura en su cuello y le sonríe—. No rompas la tradición.
—¿La tradición? —pregunta con los ojos cerrados pero frunciendo el ceño. Francia le besa en la comisura de los labios y el inglés abre los ojos al notarlo.
—Kiss me.. —pide Francia en inglés.
Northen Ireland cierra los ojos y se le acerca para ponersele encima otra vez hasta rozarle los labios y Francia sonríe, absolutamente feliz y si Inglaterra deseaba que reaccionara en algún momento... es ESTE.
Así que el inglés termina el beso también muy orgulloso de si mismo y Francia termina por quitarle toda la ropa a la desesperada, teniendo sexo con él esta vez(porque seguro querrá hacerlo al menos dos), de manera medio bestia, transportado a otra época y sin pensar, ni un solo segundo, que quizás todo esto traiga consecuencias.
Nothen Ireland se deja hacer y corresponde con igual premura por que además le duelen los huevos y odia a ese policía de mierda al que va a mandarle flores por haber hecho que ahora sea mejor, por supuesto sin siquiera intuir las consecuencias.
