Capítulo 4

Azula parte 2.

Asami termino de forzar la cerradura de la puerta de madera que daba al apartamento al que querían entrar ilegalmente y al hacerlo observo a Bolin con una sonrisa picara en sus labios.

Bolin, por su parte, le observo con cara de pocos amigos. No le agradaba la idea de que una chica si hubiera conseguido abrir la cerradura con tan solo un sujetador para el cabello cuando él lo había intentado en varias ocasiones.

Te dije que si podía – le expreso su acompañante moviendo su cabello con gracia -. Las mujeres no solo son para cocinar, Bolin.

El chico asintió distraído. Se apresuro a adelantarse a Asami y entro de primero en el apartamento con la linterna preparada.

Dentro estaba a oscuras. Por las ventanas abiertas se dejaba entrar un rectángulo de luz proveniente de la luna que confería a la habitación la soledad y el misterio con que estaba impregnada la habitación.

A Bolin cuando le habían ordenado que investigara aquel apartamento abandonado pero que estaba siendo utilizado aun por los igualitarios se lo había pensado dos veces. El ser el juguetón, el bromista del grupo lo hacía para no ser el valiente. ¡Ese puesto lo ocupaba Mako!

Pero él no está y me toca a mi representarlo pensó mientras apuntaba con la linterna a los rincones donde la luz de la luna no alcanzaba. Bajo la mirada hacia el bolsillo de la camisa, exactamente en el mismo lugar donde está su corazón, y vislumbro el brillo plateado de la placa de Mako. Que por los momentos le pertenecía. Sonrió al verla. Desde que se la había puesto había sentido que algo en él había cambiado. Se sentía… diferente.

¿Puedes dejar ya quieta esa placa? – le soltó Asami en más un tono burlón que uno recriminatorio -. Limítate a buscar.

Asami desapareció por el umbral de una entrada que daba hacia las habitaciones. Bolin podía distinguir la respiración agitada de la chica entre tanto silencio sepulcral.

Pero además de la respiración oyó algo más. Un silbido continúo. Inclino la cabeza y comenzó a andar por la habitación maloliente tan solo con su oído como guía.

Llego hasta un mueble viejo y destartalado. Lo empujo y se sobresalto al mueble chirriar contra el suelo.

¡Asami…! – grito a todo pulmón al observar la caja negra que había encontrado detrás de la habitación y que parecía estar viva. Respiraba. Subía y bajaba al compa -.

Asami llego junto a él y ni le dio tiempo de decir algo más porque de un salto se lanzaron por la ventana, cayendo junto a los fragmentos de vidrio que, a su lado, caían al vacio.

Korra desvió la vista. La mirada penetrante de Azula y el tan solo tenerla al otro lado del escritorio le hacía sentirse incomoda. No entendía el porqué ese comportamiento. No estaba acostumbrada a sentirse incomoda delante de personas mayores.

Aquello no es solo una persona mayor. Fue una princesa que hizo cosas muy malas se dijo en un intento por calmarse.

No pensé que viviría para ver al siguiente Avatar – la voz de Azula la volvió a la realidad y Korra se obligo a verla -. ¡Cada Avatar ha contribuido a algo en el mundo, pero dudo que tú superes lo que hizo Aang!

Korra trago saliva. Le habían advertido que Azula era tenaz en decir las cosas sin pensarla y en afectar a quien afectara. No se debía dejar llevar por sus palabras.

Necesito tu ayuda – dijo al fin. Quería ir al grano para cuando antes salir de ahí -. Necesito encontrar un libro de Sozin que está en la gran biblioteca. Solo que no se su nombre…

La risotada de Azula le interrumpió. Una risa que se convirtió en un ataque de tos.

Korra aprovecho a estudiar a Azula. No aparentaba más de setenta y cinco años y a pesar de tener unos cuantos según sus cálculos no los aparentaba. Su rostro no estaba plagado de arrugas como el de Katara y su cabello tan poco era canoso. Solo unos cuantos mechones pero que en vez de darle el aspecto de una mujer que entraba en años le confería lo opuesto. Azula estaba en forma.

¿Crees que te ayudare? – le espeto la mujer limpiándose las comisuras de los labios con un pañuelo que le había traído el guardia -. ¿Qué mente tan ingenua tienes, Avatar? He pasado la mayoría de mi vida aquí… ¡Por culpa de Aang!

Korra se levanto sobresaltada ante el gripo de su contrincante ya que esta se había levantado con sorpresa. Korra observo a Mako que estaba repantigado con la pared en la esquina más lejana.

Era tu oportunidad de redimirte. Me imagino que aquí tuviste mucho tiempo para pensar y reflexionar sobre lo que tu padre y tú hicieron. Pero veo que fue una pérdida de tiempo.

Korra le hizo una seña a Mako para marcharse. Cuando estaban por salir de la habitación, la voz ya calmada de Azula los detuvo.

Te ayudare a encontrarlo. Solo si prometes que a cambio me das mi liberación. ¡Soy una anciana ya y quisiera pasar mis últimos años libre!

Korra se lo pensó. No dependía de ella el aceptar o no aquella petición pero ser el Avatar le confería ciertos beneficios.

Hablare con el Rey a ver qué puedo hacer – le dijo tras pensarlo -. Es un trato.

Azula asintió y sonrió para sus adentros. Había ganado algo tan fácilmente que cuando encontraran el libro Korra lamentaría el no haber ido a pedir ayuda al bibliotecario en vez que a ella.

Mientras habían caído, Bolin había hecho levantar un muro de la tierra que los había detenido en su caída. Asami había gritado al tiempo que una explosión sacudía el apartamento donde habían estado y el fuego zigzagueante se extinguía de a poco.

¡Había una bomba! – dijo la muchacha con el cabello despeinado y con el semblante de puro terror -. Estuvimos a punto de morir si no hubiese sido por ti, Bolin. ¡Eres mi héroe!

El chico se ruborizo y los nervios le atacaron.

Eso no fue una bomba – susurro al final tras calmarse -. No sé lo que era, pero bomba no. Estoy seguro.

Asami frunció el ceño. ¿Qué había sido entonces?

Tengo que buscar algo en los archivos – Bolin comenzó a andar con paso apresurado. Se volvió hacia Asami - ¿Vienes?

La chica asintió perpleja.

Tengo un computador en la empresa. Está conectado al Registro. Te puede funcionar.

Bolin estuvo de acuerdo y ambos enfilaron por calle mientras en la lejanía las sirenas comenzaban a sonar.

La Gran Biblioteca era un espacio que a Korra le había dejado con la mandíbula desencajada. Era de una arquitectura tan exquisita y de una elegancia tan refinada que nunca antes había visto algo asi. En el polo sur no había construcciones asi.

Observo atónita las inmensas y largas estanterías llenas de libros de todos los tamaños, colores y antigüedad posible. Se alzaban hasta el techo que terminaba en una cúpula con una perfecta claraboya por la cual se filtraba la luz rojiza del exterior.

Esto es precioso – le dijo a Mako que estaba tan maravillado como ella -.

Si, si. Los libros más antiguos están en la última sección – intervino Azula como con flojera e ironía -. Habrá tiempo para contemplaciones después.

Enfilaron por un pasillo elegante y con los pasos resonando en la cerámica que reflejaba todo el entorno. Korra sintió como si caminara por sobre un espejo.

En el último estante era donde estaban los libros gordos que parecían tener más de mil años por su desgastada encuadernación. Unos sobre y al lado de otros.

Ahora viene la parte buena – comenzó a decir Azula atrayendo la atención de los presentes -. Sozin no era un muy buen escritor. Por ello, solo escribió un solo libro – y señalo el tercer segmento de la estantería donde reposaba un libro con la encuadernación en rojo y las páginas amarillas.

Korra se pensó aquello. Encontrar el libro hubiera sido muy fácil. Por eso Aang le había dicho primero que encontrara el libro y ella en su terquedad y desconfianza había hecho las cosas al revés. Azula le había engañado. Prácticamente la había ayudado y ahora… tendría que negociar por su libertad.